Yaneth Waldman

¨Yo soy terca en buscar la felicidad todos los días de mi vida¨
Yaneth Waldman - Revista La Lupa

Yaneth cree que para ser feliz solo hay que tomar la decisión de serlo. Siempre supo que quería dedicarse al mundo del teatro, de la televisión, de lo artístico, su mundo no podía ser otro. La alegría y el positivismo son características con las que nació, las lleva en la sangre, y aunque la vida no siempre ha sido fácil, hasta las crisis y las tristezas se traducen en carcajadas en su Stand Up Comedy. Con su talento y profesionalismo ha logrado conquistar al público colombiano. La Lupa descubrió a una mujer familiar, detallista, de alegría contagiosa, y que como ella misma dice ama sin límites.


LL: Bueno, yo quería que empezáramos recordando si de niña cargabas con la misma alegría que te caracteriza hoy en día.

YW: Absolutamente. Yo creo que fui una niña muy feliz. En mi casa nunca hubo mucho conflicto, ni mucha pelea. Bueno, pues peleas normales, de hermanas, porque somos tres mujeres, y tres niñas pelean, pero ¿sabes que sí? Tuve una infancia súper, feliz, súper tranquila, relajada, me he reído así escandalosamente desde niña. Esa risa la saqué de mi mamá; mi mamá y yo nos reímos igualito. Pero sí, fui una niña muy feliz.

LL: ¿Tú crees que la alegría es algo con lo que uno nace?

YW: La alegría y la felicidad tienen que ver mucho con el entorno y con querer serlo. Hay gente que vive en un medio en el que se puede ser feliz, pero le gusta ser infeliz. Le gusta complicarse. De cualquier cosa arma un drama, y todo le parece duro, y todo le parece difícil, y todo le parece horroroso. Yo pienso que depende mucho del entorno en el que uno viva también.

LL: Tu familia, digamos tu mamá, ahorita que la mencionabas, ¿cuál crees que fue el legado más importante que te dejaron?

YW: El amor nunca es demasiado. Hasta el día de hoy, mi mamá es la mujer más cariñosa del planeta, hablamos todos los días de la vida, todos los días me dice: “mamita linda te amo, te quiero, te adoro, la más divina, la más talentosa, la más maravillosa…” Y toda la vida mi mamá me dijo: “Amor nunca es demasiado.” Yo soy igual con mis hijos y con mis amigas; soy abrazadora, soy besuqueadora, soy pellizcona, y creo que ese es uno de los legados grandes que me va a quedar: amor nunca es demasiado. También es la bondad, ser tan dadivoso con la gente, no solamente en lo material, sino regalar un poco de uno a la gente también da felicidad.

LL: ¿En ese momento qué soñabas tú ser algún día? ¿Desde chiquita tuviste claro para dónde ibas?

YW: Toda la vida. Toda la vida yo sabía que iba a terminar en esto. Aunque estudié educación especial, terminé mi carrera, me gradué, toda la vida fui una imitadora de mis profesoras, de mis tías, toda la vida era payasa, toda la vida armaba los grupos de teatro, en el colegio, con los vecinos, yo sabía que este era mi destino. Lo sabía.

LL: ¿Recuerdas algún momento puntual en el que dijiste: ‘Yo realmente sí me puedo dedicar a esto’?

YW: Bueno, yo como te dije antes, yo sabía que esto era mi mundo, mi vida, mi todo. Estudié educación especial, y resulta que en el año 1982 estaba empezando un programa que se llamaba “Pequeños Gigantes”. Fueron de ese programa para que hiciéramos dos programas con los niños de educación especial ¿no? Y cuando llegamos a grabar a todas las personas les daban pena, y yo sí tomé el control, y cuando salí de ahí, literal, dije “esto es lo mío”. Esto fue en el año 82, y desde ese momento estoy en la televisión. Porque nunca dejé de salir. Eso fue un sábado, el jueves siguiente me llamó Toni Navia, que era la directora del programa, y para hacer corto el cuento, ahí me quedé ocho años, y de ahí en adelante seguí todo el tiempo y nunca he parado.

LL: ¿Te dio miedo entrar a este mundo?

YW: Absolutamente no. No, yo sabía que esto era lo mío. Yo sabía que aquí era donde me iba a desenvolver bien, y que esto era para mí.

LL: Preparando la entrevista noté que has vivido muy rápido. Has hecho muchas cosas en muy poco tiempo. ¿Sientes que ha sido así?

YW: La vida no sólo ha sido rápida, sino generosa conmigo. Si tú te das cuenta, y esto va a sonar horrible, pero lo digo humildemente: yo nunca he estado sin trabajo. Nunca. Siempre empato un proyecto con otro. Si no estoy en televisión, estoy en radio; si no estoy en radio, estoy en teatro; si no estoy en teatro, estoy haciendo un musical; si no estoy haciendo eso, estoy haciendo… lo que sea. Y la vida ha sido muy generosa conmigo, entonces me ha dado la oportunidad de hacer muchas cosas. He hecho, creo que básicamente, de todo lo que uno puede hacer en el medio porque he hecho radio, cine, televisión, teatro, musicales, bueno… creo que más o menos he hecho de todo, entonces por ese lado, sí, ha sido como rápida la vida, pero de todas maneras siento que todavía me falta mucho por hacer. Siento que tengo la ventaja de que al empezar tan rápido, tanto en mi vida como en esta carrera, aunque he hecho muchas cosas, siento que todavía me falta mucho por hacer.

LL: En la parte personal, tener tres hijos, casarte joven… ¿hoy en día sientes que eso pudo haber esperado un poco? ¿Que fue apresurado?

YW: ¡No, qué delicia! Cuando yo me casé ya llevaba siete años de novia, tuve a mi primer hijo muy niña, como a los dos años de haberme casado ya nació Joel, entonces somos súper contemporáneos porque mis tres hijos son enormes, ya son personas adultas. Yo todavía siento que tengo mucha vida por delante, entonces puedo compartir mucho con ellos, somos más o menos de la misma generación entonces tiene sus buenas ventajas. No, creo que fue el momento perfecto. Estamos viviendo una vida muy diferente cuando a los treinta y pico de años la gente dice: “Nooo, yo por ahí hasta los 40 no pienso todavía en empezar”. Así que, no, yo siento que ha sido una gran ventaja.

LL: Uno de joven siempre carga con miedos de no poder hacer las cosas. ¿Cuáles recuerdas que eran tus miedos más grandes cuando eras joven?

YW: ¿Sabes que yo no he sido una mujer de miedos ahora que lo pienso? Te podría decir que yo, cuando joven, le tenía miedo a la muerte, pero hoy en día ni siquiera eso. A mí no me da miedo ni el ridículo, ni el fracaso, porque son cosas humanas que nos pueden pasar a absolutamente todos. Todos podemos perder a la pareja, todos podemos ser traicionados por un amigo, todos podemos estar en algún momento escasos de plata. A mí no me da miedo nada de eso. No siento, ni tengo recuerdos de que le tuviera miedo a algo. Creo que solo a la muerte, y hoy en día, ni a eso.

LL: En tu show tú haces un poco de exorcismo de todo lo que pasó en tu vida, de la tristeza y el dolor que pudo generar tu separación. ¿Qué tan difícil fue tomar la decisión de salir a contar esto?

YW: Bueno, primero que todo tuve muy claro que siempre todo se escribía bajo el respeto. Con mucha responsabilidad, además porque tengo 3 hijos con el que fue mi pareja durante 32 años. Y creo que fue una buena terapia. Fue un exorcismo, una catarsis, una cosa dura. Todo el proceso de los ensayos era duro, lloraba, me reconciliaba un poco, perdonaba un poco, me culpaba también a veces de cosas. Creo que me ayudó mucho también a superarlo, porque hoy lo cuento sin ningún tipo de resentimiento, sin absolutamente nada, y qué privilegio tan grande uno poder reírse de lo que le pasó ¿no? De esas desgracias que son tan horrorosas, que lo único que uno tiene que hacer es reírse porque finalmente son situaciones súper graciosas. Hoy lo veo así. En ese momento lloré sangre. Pero sí pienso que fue un excelente ejercicio, una buena terapia.

LL: Siempre he creído que el amor va evolucionando. Dependiendo de la etapa de la vida en la que te encuentras, uno busca distintas cosas en el amor. Hoy en día tu situación es otra, volviste a encontrar una persona para compartir tu vida, ¿cómo crees que ha sido ese cambio en lo que has buscado en el amor?

YW: ¡Uy total! Es que ahora sí sé lo que realmente significa el amor sin ataduras, sin condiciones, sin miedos, sin tiempos, sin espacio… lo que uno vive es lo que hay. Pienso que de pronto yo también era un poco inmadura, y también idealiza uno ese primer amor, esa primera relación. No, ahora me parece que es el amor perfecto. No sé si esto les pasa a todas las personas que tienen una segunda relación. Yo nunca tuve otro novio, por ejemplo. Yo con el que me cuadré a los 14 años fue con el que me casé a los 21. Perdidamente enamorada. Hasta el último día. Pero después, echando el tiempo atrás y pudiendo comparar (porque es que antes no podía comparar) uno cuando tiene esa balanza donde uno puede decir: “claro, esto era una cosa muy horrible” y uno pensaba que eso era amor, cuando lo que realmente es amor es esto. Sí, es ideal, y en el momento en el que uno puede tener una relación así; libre, fresca, sin miedo, sin ataduras, suena fuerte, pero es una realidad. Yo no tengo que rendirle cuentas a nadie. Si llego tarde o si llego temprano, es mi vida, y hay confianza porque además uno no está haciendo nada malo. Pienso que la madurez también te da un poco eso. Y estoy viviendo una relación que digo, qué pesar que yo no pude vivir eso cuando era mucho más pelada. Además, no sé si tiene mucho que ver con el hecho de que ahora estoy sola, porque mis hijos son grandes, no me espera nadie, si llego, regio. Antes yo cocinaba, ahora me cocinan, antes yo atendía, ahora me atienden, antes yo cargaba, ahora me cargan, entonces pienso: “qué delicia, lo que es ahora es lo que es bueno.”(RISAS).

Eso de que uno se está muriendo de amor… Nadie se muere de amor, pero en ese momento yo sí sentía que me moría de amor. Uno tiene que valorarse, y todo el mundo dice: “sí, es que nos tenemos que valorar”. Pero es que es de verdad. Uno tiene que saber que uno es un verraco. Cuando uno se separa, uno se hecha a morir, yo no voy a ser capaz, yo sola de pronto no. Yo no sabía si tenía en la cuenta mil cien o cien mil, yo no sabía cómo se pagaba un impuesto. Cuando me vi obligada a coger el timón de mi vida, me di cuenta de que soy una verraca. Yo sé trabajar, yo me sé mantener sola, puedo llevar una casa sola, puedo tener un espacio tranquilo… no, una delicia, una delicia, UNA DELICIA. ¿Por qué no viví esto hace 30 años?

LL: ¿Pero te arrepientes?

YW: No. No me arrepiento, pero me hubiera gustado poder ver el amor desde esta perspectiva en la que lo veo hoy.

LL: Yo pienso que la gente te ve como una persona que siempre vive muerta de la risa, alegre, pero hay cosas de tu vida que la gente no conoce…

YW: Pero claro, la gente lo idealiza a uno y cree que a uno no le cortan el agua, que uno nunca llora, que uno es una figura ahí como inalcanzable, y eso es paja. Eso es paja. Yo también hago pipí, a mí también me duele el estómago, a mis hijos también les dio fiebre, no me los recogía la ruta del bus cuando no pagaba (risas). Claro, la gente piensa que todo es perfecto en mi vida, pero esa no es una realidad. Yo también tengo mis momentos duros, también me da tristeza, a veces también amanezco (me perdonan la palabra) con la malparidez alborotada, y es verdad. Uno es un ser humano común y corriente, lo que pasa es que la gente lo ve a uno en la televisión, pero de resto uno es igual que cualquier cristiano que está trabajando en un banco, o que sale a barrer las calles, o el reciclador, o la gente que trabaja en un restaurante. Lo que pasa es que como la cara de uno sale en televisión, la gente cree que uno es una cosa sí como inalcanzable… MENTIRA. Claro, también tengo mis momentos duros, de tristeza, trato de que no sean muchos, trato de reponerme pronto. Trato siempre de buscarle a cada cosa negativa su lado positivo. Porque todo lo tiene. Ejercicio obligado. Yo soy terca en eso de buscar la felicidad todos los días de mi vida. En la mañana o en la tarde o en la noche. O si me pasó alguna vaina mala, digo: “Juepucha, por algo es, algo tengo que aprender.” Y le hecho cabeza y le busco el lado bueno a lo más malo que me pueda pasar. Y si tú lo haces como ejercicio, tu vida es diferente. Si tú te levantas todos los días y obligatoriamente sonríes, así no tengas nada por qué sonreír (me explicaba esto un neurólogo), no sé qué vaina se mueve, y yo lo hago todos los días de mi vida. Yo me levanto, me siento en la cama, si me tengo que despertar a las 03:30, me levanto a las 03:30 y digo: “gracias, gracias, gracias, yo soy una verraca, yo puedo, yo soy feliz.” Y ya se me quedó y es una rutina que hago todos los días de mi vida y me levanto feliz, pongo música y bailo, y pongo de todo, cuando quiero pongo jazz, champeta, reggueaton, música de plancha, merengue, todos los días. Lo cogí como ejercicio diario para mi vida, y lo hago todos los días de mi vida llueva, truene o relampaguee.

LL: Más allá de la evidente alegría y emoción por la vida, ¿Cómo sientes que te describirían a ti? ¿Más allá de lo que es obvio?

YW: Yo diría que la gente me percibe como una mujer feliz. Por lo menos eso es lo que me escriben. Yo soy una mujer feliz con lo que tengo. No podría decir que soy conformista, porque esa palabra es fea, pero recibo lo que tengo como si fuera un gran regalo. Si eso de pronto es conformismo… Pero la gente me percibe como una mujer feliz, como que se quieren acercar a uno a contarle sus problemas, porque de hecho lo hacen, sus traumas, sus tristezas, sus cosas. Pero básicamente la gente me percibe como una mujer feliz.

LL: ¿Eres una mujer terca?

YW: No, no soy terca. Soy terca con eso de buscar la felicidad, en eso sí. Pero no soy terca. Me dejo convencer cuando hay buenos argumentos. (Silencio) Soy insegura. Soy una mujer insegura, aunque no lo crean. Por ejemplo, si tengo dos cosas para escoger de lo que sea, me cuesta trabajo decidirme. A veces me toca consultar mucho. Soy un poco insegura en eso. Y no me da pena decirlo porque es lo que es, pero sí creo que soy un poco insegura a veces en las decisiones de mi vida.

LL: ¿Qué tan chapada a la antigua eres?

YW: Más que chapada a la antigua soy tradicional. Me gustan las costumbres de las casas viejas, de los abuelos, me gusta comer en familia, me gusta que haya cierta formalidad para algunas cosas, me gusta el romanticismo, que son cosas que vivían los abuelos de uno. Sí soy muy tradicionalista en eso. Me gusta que la familia mantenga cierto respeto. Eso para mí es súper importante y soy súper tradicionalista, súper disciplinada, y la gente piensa: “no, es que qué delicia ser hijo suyo”. No, yo soy psicorígida para las cosas, no resisto el desorden, los platos sucios en la cocina, me gusta levantarme y que ya la cama esté tendida, que esté todo recogidito, y con mis hijos soy así, a guayo, pero me gusta (Risas).

LL: ¿Qué has procurado dejar de legado para tus hijos?

YW: Mis hijos han visto muchas lecciones conmigo. De tenacidad, de constancia, de trabajo, de disciplina, soy súper disciplinada para todo en la vida. Soy súper amorosa, me gustaría que mis hijos siguieran eso. Pero sobretodo de verraquera, de ahínco, de tenacidad. Quiero que mis hijos me recuerden como una mujer verraca, tenaz, que no me quedó grande nada en la vida, ni las dificultades más grandes me quedan grandes.

LL: Aparte de tu separación, que siempre cuentas como un momento difícil, ¿ha habido algún otro momento donde sientas que no puedes seguir?

YW: No. Creo que el momento más difícil de mi vida fue ese. Como a cualquier cosa mala trato de buscarle un lado positivo, no sé si será una vaina que me hago un auto lavado psicológico, pero creo que no.

LL: ¿Con tus hijos eres muy alcahueta?

YW: Soy muy alcahueta, pero soy disciplinada. Soy súper amorosa. Una mamá súper presente. Tengo dos que viven lejos, pero igualmente estoy conectada todo el tiempo con ellos. Les doy su espacio, no es que los esté llamando todos los días a las ocho de la mañana porque creo que me matarían, pero sí les mando su mensajito. Soy bien presente. Una mamá absolutamente presente y me encanta. Ahorita solo vive uno conmigo. Le doy su espacio, pero también me gusta… no marcar territorio, porque suena feo, pero me gusta que me vean presente en sus vidas.

LL: ¿Qué tanto lloras?

YW: Mucho. Soy chillona: se me acerca un viejito a pedirme limosna y lloro, un niñito con mocos en la calle y lloro, un perrito que lo va a coger un carro y lloro; lloro con las injusticias, lloro de la felicidad. Cuando tengo así momentos súper alegres, lloro. Literal, lloro y lloro. Soy chillona. Así como me río igualmente así lloro.

LL: Volviendo un poco a tu trabajo, ¿cómo haces para prepararte justo antes de salir al escenario? ¿Tienes algún…?

YW: ¿Ritual? Sí. Siempre prendo una vela a mi papá. Le hablo un poquito a mi papá. Le pido primero a Dios y después a mi papá, obviamente. Miro rápido el libreto, ñoña mal. Porque soy ñoña. Horroroso. El libreto resaltado lo miro rápidamente. Me fumo un cigarrillo. Lo boto. Me como un chicle, rápido, lo masco, como para que me quede el saborcito a menta, me tomo un sorbo de agua, y hágale mamá. ¡Qué emoción! De sólo pensarlo ya le da a uno como esa adrenalina pura.

LL: ¿Qué hace uno cuando pierde el hilo?

YW: Uy, sudarla. Empieza uno a echar mano de lo que se acuerde. Vuelve uno para atrás, vuelve uno para adelante, y sacarla, porque no te puedes quedar en blanco. No te puedes quedar en blanco.

LL: Ahorita decías que le prendías una vela a tu papá. Hoy en día ¿crees que estaría orgulloso?

YW: Uy, absolutamente. Sí. La gente me dice: “ay, deje en paz a su papá. Déjelo descansar”. Y yo les digo: “¡no, cual!” Él está descansando, pero es mi ayudita.

LL: ¿Eras más consentida de tu papá que de tu mamá?

YW: No. Más de mi mamá que de mi papá. Los últimos momentos sí estuve con mi papá. Murió conmigo, yo le cerré los ojos, pero él vivía muy orgulloso de mí. Pero mi relación fue mucho más cercana siempre con mi mamá que con mi papá. Todos los días de mi vida le prendo una vela a mi papá. El sueldo se me va entre zapatos y velas (risas).

LL: Y ya para terminar, ¿a qué le pones La Lupa en tu vida?

YW: A las relaciones. Porque al toro no lo capan dos veces. A algo que sea absolutamente maravilloso, a eso le pongo la lupa, porque algo escondido tiene. A todo lo que es tan perfecto, tan maravilloso, a eso le pongo la lupa. De resto no, porque soy súper descomplicada para todo. Recibo lo que me van dando, soy súper buena onda para todo, creo en la gente todavía, pero en eso que es tan perfecto, tan perfecto, algo raro tiene. De resto, a nada.

La Lupa en frases

Bajo La Lupa

L: Una frase que siempre te acompañe.

YW: Qué viva el amor, que viva la felicidad. Amor nunca es demasiado.

L: La mejor forma de romper el hielo…

YW: Con una sonrisa.

L: En qué se debe basar una buena amistad.

YW: Sinceridad, honestidad.

L: La mejor edad para amar.

YW:Cuarentas, cincuentas.

L: La mejor hora del día.

YW: 7 de la mañana aunque no lo crean (risas).

L: Para que eres negada.

YW: Para el piano.

L: Cuándo se te nota el mal genio

YW: Cuando tengo hambre

 L: La palabra que más repites

YW: (Risas) mm.. tengo tantas… te amo…. Y eso que iba a decir malparida (risas)

L: De uno a 10 que tan puntual eres.

YW: 86, puntualísima, peor que novia fea.

 L: De 1 a 10 qué tan organizada eres

YW: 8

L: De 1 a 10 que tan conservadora eres

YW: 5

 L: Un personaje con el que difieras de opinión

YW: Todos los políticos

L: En una palabra qué es ser mamá

YW: Todo. Gratitud

 L: Un miedo no superado

YW: Las cucarachas

 L: Un miedo superado

YW: La muerte

 L: Lo que más admiras de ti misma

YW: La tenacidad

 L: Qué se necesita para salir adelante

YW: Fé, fuerza

 L: Una comida

YW: Las ensaladas y la pasta

 L: Un animal

YW: El perro

 L: De qué color es la risa

YW: Blanca

 L: A quién le das explicaciones

YW: Quisiera decir que a nadie pero a todo el mundo (risas).

 L: A quién has perdonado

YW: A todos, de verdad que sí.   A todos los que me han hecho daño los he perdonado.

 

Directorio de entrevistas A – Z

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¨El arte me ha dado toda la fascinación, el entendimiento, el poder satisfacer mis inquietudes.¨

Clemencia Vargas

¨Creo en el baile y en el movimiento como una herramienta potente y única para generar transformaciones.¨

Antonio Sanint

Antonio Sanint nos dio a conocer una faceta muy personal que no muchos conocíamos, en la cual nos cuenta cuales son sus inspiraciones, quienes lo apoyaron desde un principio, como se ha mantenido en el medio, como supera sus miedos día a día y como hace reír a cientos...

Antonina Canal

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“Los sacrificios y la disciplina me han hecho alcanzar lo que siempre quiero”

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“Es duro saber que yo tuve que darle más de la mitad de mi vida a la guerra. Nunca me imaginé que habría más oportunidades para mí.”

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¨Uno se preocupa por qué hacer pero es mejor saber lo que no quieres hacer¨

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“Me desmovilicé buscando una oportunidad de mejorar mi vida, pero entré a una sociedad que señala, estigmatiza, rechaza y aisla.”

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“Escogí el camino de levantarme y hacerme grande. Esto fue un renacer, reinventarme desde cero.”

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Yaneth, habla sobre su infancia, sobre el amor, su vida en la televisión y a que le pone la Lupa en la vida.
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