Tito Puccetti

“En mi carrera he hecho muchos sacrificios. Y sí, he tenido suerte”, pero ha sido una suerte buscada.
Tito Puccetti | La Lupa Revista Digital

Tito es uno de los periodistas deportivos más reconocidos del país. Desde niño supo que quería pertenecer al mundo del periodismo y del deporte, y aunque tuvo que superar retos y dificultades, ha ido consiguiendo, uno a uno, todos los objetivos propuestos. La suerte lo ha acompañado, las oportunidades se le han presentado siempre de una manera fascinante, pero como él dice, golpes de suerte, sí, pero buscados, porque ser un periodista preparado, entregado, y amante de su oficio es lo que siempre lo ha caracterizado. La Lupa conoció a Tito, el que va más allá de los deportes, la historia de una voz que ha recorrido un largo camino.


LL: ¿De dónde nace este amor por los deportes y por lo que haces ahora? ¿Eso viene desde niño?


TP:
Sí, yo tuve unos primos, hijos de una tía, hermana de mi papá, que me llevaban al estadio en Bucaramanga. Yo soy costeño, por cosas de la vida nací en un pequeño pueblito que se llama Calamar. Quiero mucho la costa, mi esposa es cartagenera, pero yo me crie en Bucaramanga. Entonces mis primos me llevaban al Alfonso López desde muy niño y empecé, de verdad, a identificarme, no con el equipo, sino con el fútbol. Me encantaba ir a cualquier partido y desde pequeño me lo gozaba, y lo sufría y lo vivía… pero ahí me di cuenta de que no iba necesariamente por un equipo sino por el que jugaba mejor. Mis primos me daban cocotazos y me decían “no, el suyo es el amarillo.” Porque yo le hacía fuerza al otro equipo a veces ya fuera porque me gustaba más, tenía figuras o jugaban mejor. Y ahí fue cuando me enamoré del fútbol.

LL: Has hablado de la importancia que tuvo tu papá en tu vida. ¿Qué nos podrías decir de él?

TP: Le tocó viajar mucho ¿no? Las obras de ingeniería en las que él trabajaba eran en Territorios Nacionales, como se llamaba antes, el Putumayo, Urabá, cuando era mucho más difícil comunicarse. Entonces lo tuve poco, pero siempre fue un papá demasiado responsable. Absolutamente responsable. Cumplía con todo. Somos cinco, todos profesionales, coincidimos tres o cuatro en la universidad. Era duro, ¿no? (risas). Nunca fui tan pobre como cuando me independicé la verdad, y me di cuenta de lo duro que es sacar adelante una familia. Un tipo muy trabajador, y tal vez me enseñó eso, a sacrificar cosas familiares por el beneficio de toda la familia.

LL: ¿Qué tanto te apoyó?

TP: Muy poco. Nada. Y lo entiendo. Ahora lo entiendo. Él quería que yo estudiara ingeniería, porque él me podía ayudar. Pero en el mundo del deporte, en el mundo de periodismo, no había nadie en mi familia. Nadie. Ni un tío ni nadie. Si quiere meterse al ejército, tenemos familiares que están en el ejército, en altos mandos. ¿Médicos? Hay médicos. ¿Ingenieros? Todos los que quiera. Pero nosotros no conocemos ni un periodista. Dígame quién. Nada, nada. Ninguna clase. Y muchas veces, pues mis papás y la experiencia decían: “esto se hace con amistades” porque es muy difícil, él fue y me sacó un cálculo y me dijo: “Este año salieron tantos estudiantes de comunicación. Hay tantas facultades de comunicación social. Y me puse a ver en los noticieros de televisión solamente hay veinte periodistas deportivos.” Me hizo el cálculo. “Las estadísticas de que usted consiga trabajo en lo que quiere, que es hacer televisión o radio, es del 0,001%.” Entonces me dijo, no, usted no va. Entonces a mí me tocó escaparme de mi casa, yo vendía ropa en Bucaramanga. Con unos amigos nos íbamos a Medellín a comprar ropa. La vendíamos al doble, al triple, así muy marquilleros. Me encantaban las cosas que hacían en Medellín y ahorré algo y me pude escapar de mi casa.

LL: ¿Qué edad tenías ahí?

TP: Como 17 años. Porque yo perdí un par de años, no era tan joven. 18 años. Y les dije a mis papás que me iba para un paseo, y lo que hice fue venir a presentarme a la Javeriana. Pasé. No me pude matricular, porque mi papá, cuando se enteró que había pasado en la universidad, me dijo: “no, usted no va… o vaya, pero yo no le voy a pagar un peso.” O sea, él me quería presionar para que yo me quedara en la UIS estudiando ingeniería. Y yo me fui. Lo que pasó fue que no me alcanzó, entonces me matriculé en una academia de locución que se llamaba Arco, que creo que todavía existe. Y guardé mi cupo en la Javeriana seis meses. Y cuando él se dio cuenta de que efectivamente no había nada que hacer, que yo me había venido, que había tenido el valor de venirme, me dijo bueno. Me mandó una tarjeta de crédito amparada y ya me apoyó.

LL: A pesar de todas las adversidades que viviste y de todas las cosas difíciles que te tocó pasar, seguías firme y convencido de que como fuera ibas a llegar…

TP: Imagínate uno con su habitación para uno solo en Bucaramanga, porque yo tenía cuatro hermanas, era el único hombre, yo tenía habitación para mí… y llegar a compartir la habitación con cuatro más, en una residencia en Chapinero fue muy duro, había un pastuso que se levantaba a las seis de la mañana, agarraba las sábanas y me las tiraba encima. Vine a hacer cosas que no me habían tocado gracias al esfuerzo de mis papás. Entonces él se dio cuenta y dijo, bueno, ahora sí lo apoyo, porque usted me mostró que quería.

LL: Siempre tuviste la certeza de que lo que querías era esto…

TP: Sí, pero tenía mucho susto de no lograrlo. La verdad tenía muchísimo susto porque también, a ver, uno es soñador cuando tiene cierta edad, más a los 18 años. Uno cree que puede con todo, pero también había una parte de mí que decía “¿Y si no lo logro? ¿Y si me meto en una carrera carísima en la Javeriana, apartamento lejos, plata que me tiene que mandar mi papá mensualmente, y qué tal que yo llegue, estudie cinco años y no encuentre trabajo y termine trabajando con él, llevándole la maleta?” Yo decía, me estoy arriesgando, me la estoy jugando, pero rápidamente las cosas de la vida, tal vez creer mucho, las oraciones de mi mamá, me tocó coincidir con un grupo de gente que estaba muy conectada, compañeros que estaban muy conectados con los medios desde el primer semestre. Eran compañeros míos y ya trabajaban. Y salían en televisión y hacían cosas. Entonces, ahí hice esas relaciones que no tenía y tuve la oportunidad desde el primer semestre de trabajar en medios. Fue también un golpe de suerte. Tanto así que yo nunca hice prácticas profesionales. A mí me firmaron las prácticas cuando ya me pagaban por lo que hacía.

LL: Ahorita hablabas del susto que te daba decir, “bueno yo lo arriesgo todo y de pronto no lo logro” y decías después que eso se te fue quitando a medida que fuiste conociendo gente y pudiste entrar al medio, pero digamos que eso es un poco intermitente, ¿no? El susto va y viene todo el tiempo. ¿Qué momento recuerdas como de decir, de pronto ya no lo estoy logrando tanto como creía?


TP:
No, siempre, siempre… cualquier regaño. Yo a los dos meses de estar en televisión cometí un gravísimo error. Yo era el que rodaba el telepronter en el noticiero AM/PM en el año 92. Yo rodaba el telepronter, y el que tenía que hacer una nota de la selección Colombia, que estaba en Pereira en un partido amistoso, no la mandó… yo tenía que recibirla por el microondas, lo que pasa es que este es un cuento… estamos hablando de historia… era muy distinto. Uno mandaba microondas; metía un casete en Pereira, eso viajaba a través de los cerros, vía microondas, y llegaba al sexto piso de Inravisión en el centro, y después lo mandaban a la 26, ahí quedaba Inravisión. Y yo tenía que ir a Inravisión, agarrar un casete y grabar esa señal, pasarla a otro, unos casetes grandísimos que se llamaban tres cuartos y ese sí iba al aire. Pero el muchacho que fue a hacer esa nota no la terminó. Porque lo agarró el tiempo, se esperó mucho y no la terminó. Y yo quise ser el gran salvador, entonces, en lugar de irme a rodar el telepronter, le dije a un practicante que lo hiciera. Dándomelas de héroe me fui a editar la nota. Lo hice, pero el muchacho que fue a rodar el telepronter no supo cómo y se enredó y los presentadores se enredaron, y hay una cosa que se llama en los noticieros: “se empasteló el noticiero”. Ese noticiero fue un desastre total por mi culpa. Era un noticiero que salía de 8:30 a 9:00, entonces de regreso, llevando mis casetes, las hojitas, yo decía “bueno, hasta aquí llegó mi vida de televisión.” Y llegué, y cuando se iban a reunir, todo el mundo mirándome mal, entonces yo tomé la palabra: “¿Qué quiere decir?” No, que todo es mi culpa, yo hice esto, esto, y esto, la nota no llegó entonces yo hice esto irresponsablemente… cuando… lo más fácil hubiera sido haber agarrado el teléfono y decir, lo siento no llegó la nota, me importa nada la nota, pero cometí ese error”. Uno siempre tiene que ir a la instancia superior y decir “¿Qué hago?”. Y más un peladito que está en primer semestre de universidad. Año 91 fue eso, arrancando. Entonces cuando vieron eso, en este medio, en esa época, había muy poca gente que se echara la culpa. Entonces cuando yo veo que mi jefe directo dice “no, no, no, la culpa no es de Tito, la culpa es mía porque yo debí haber estado más pendiente”, entonces el jefe de él dijo, “no, no, no, la culpa es mía porque yo debí…” Y yo, miércoles, creo que me salvé. ¡Y me salvé! En la televisión y la radio se necesita de mucha, mucha gente, es una cadena de trabajo, el eslabón que falló desbarata todo el trabajo. Muchas veces el trabajo de uno se ve perjudicado porque alguien en el máster no abrió el micrófono, y tu nota no salió. Y se fue al carajo todo lo que hiciste. Se necesita de mucha colaboración. Es un trabajo en equipo absolutamente, con mucha presión y el tiempo te ataca permanentemente. Ese día me salvé y pude seguir trabajando.

LL: El mundo que tú escogiste tenía ciertas fichas o ciertos personajes muy establecidos. ¿Cómo lograste hacerte un espacio?

TP: Por suerte. Suerte porque apareció en Colombia una cosa que se llama el cable. Si el cable no hubiera aparecido no hubiera podido crecer como, afortunadamente, crecí. Yo duré en Caracol prácticamente 10 años. A mí me contrató Caracol en el año 98 cuando se convirtió en un canal para hacer notas, para ser reportero, pero empecé a presentar noticieros, porque el señor que estaba presentado o se enfermaba, o lo movieron. Me dieron la oportunidad, y no lo hice tan mal, y me dejaron. Hacía periodismo de campo en los partidos, en el Gol Caracol que es la marca más importante del deporte en el país en toda su historia. Y bueno, era parte de eso. Pero esos puestos estaban, los altos, estaban muy bien ubicados. O sea, había gente muy buena, que era muy difícil que un pelado como yo los pudiera desbancar. Entonces no había posibilidad. Y atrás ya venía una generación pisando. Entonces nuestra generación fue un sánduche hasta que aparecieron los canales internacionales como ESPN y FOX. En mi caso, ESPN, después de llevar 10 años en Caracol, después de presentar mil noticieros, pero yo seguía siendo reportero. Para la empresa, yo seguía siendo reportero. Porque eso pasa. Hasta que llegó alguien… Y ahí hay otro tema del que me gustaría hablar. Estoy seguro de que todo el mundo tiene al menos una oportunidad en la vida. Si ese vector se cruza con el de la preparación, tu vida cambia laboralmente. Si a uno una oportunidad lo agarra listo… yo ahorita voy a hacer un par de entrevistas para contratar gente, si esos chicos vienen preparados seguramente van a conseguir sus objetivos. Y a mí me pasaron dos cosas en la vida que me permitieron dar un salto. Una de esas fue pasar por una sala de edición y que estuvieran necesitando a alguien para que leyera un texto. Y yo pasé por ahí y llegué a un noticiero, que fue el que le entregaron al M19 en el proceso de paz. Yo venía de la Javeriana. Entonces ponte a pensar el choque. ¿Sabes cómo me decían a mí? El gomelo. “¡gomelo! Venga. ¿Usted sabe leer?” Así. Y yo, “pues más o menos.” Lea esto. Entonces yo entro a una sala de edición, y digo (con voz de presentador): “La policía acaba de incautar diez toneladas de cocaína del Aeropuerto El Dorado.” Yo sentí cuando los tipos se miraron. ¿Sabes por qué? ¿Te acuerdas que te conté que había estado en la academia Arco los seis mesecitos antes de entrar a la Javeriana? Ahí aprendí a leer. Y me agarró preparado. Era mi primera semana de trabajo, y a partir de ahí, empecé a leer. Mi voz, en el primer semestre, salía al aire en un noticiero que terminó siendo número uno en la televisión Colombiana. AM/PM. Todo, por estar preparado y una oportunidad.

LL: Hablando un poquito de ese tema, tú hablas de estar preparado, y al mismo tiempo correr con la suerte de encontrarse con una oportunidad, pero hay ciertas cosas en la vida con las que uno nace, por ejemplo la voz, eso es algo con lo que naciste. Por más preparación que uno tenga o por más experiencia, hay talentos con los que uno viene. Entonces, es como esa duda de si realmente es cuestión de oportunidades o si uno viene con unos talentos y un destino medianamente marcado.

TP: Yo todavía sigo creyendo, que el periodismo, los medios, la locución deportiva, la producción y realización de notas periodísticas, la creación de una revista digital, no es para genios. Es para gente con metas, y que trabaje. Y que tenga gran capacidad de sacrificio. Si tú te preparas, leyendo, preparando una nota, haciendo buenas entrevistas, siendo inquieta, preguntando, con pasión, probablemente no ganes el Pulitzer, pero vas a hacer una buena nota que la gente quiera leer o quiera ver en tu revista. No creo que tengamos que ser García Márquez para poder hacer buenos contenidos en los medios de comunicación. Tenemos que entender un poquito, tener un poquito de inteligencia, de sensibilidad, y saber qué quiere la gente de nosotros. Yo creo que esto no es para genios. Es más, yo estoy muy lejos de ser un tipo con grandes atributos. Tengo una voz normal, si la comparas con otros locutores, mi voz no es de las mejores. No es de las peores tampoco, pero cada partido que me toca relatar, yo me sé la historia y milagros de los veintidós tipos que están en calzoncillos detrás de la pelota. Sé que la mamá es de Burkina Faso, y lo sacaron después de una revolución, y sé que el 16, polaco, vio cuando su papá mataba a la mamá, y cosas que por ahí a otros no les interesan porque tienen tan buena voz… Yo me mato trabajando. Yo voy a hacer mi programa y me mato trabajando. Porque siento que ni soy el mejor, ni el más chistoso, ni el más bonito, ni nada de eso. Por eso yo creo que esto de los medios no es para genios, es para gente que tenga método, que se prepare y que trabaje.

LL: O sea, no se trata de qué tanto talento se tiene, sino qué tanto se logra persistir…

TP: Sí. Y he conocido gente muy talentosa y muy vaga que se queda en el camino.

LL: ¿Van evolucionando los sueños? Digamos que tú tenías como un primer objetivo llegar acá y una vez acá, descubres que ese objetivo ha cambiado porque ahora quieres ir un poco más allá.

TP: Sí, es increíble ¿no? Porque ahí queda demostrado que, definitivamente, la vida no se trata de conseguir objetivos, la vida es tener objetivos. Estar en un camino porque es un camino que nunca acaba. Vas a ver que tú vas a posicionar tu revista, y te va a ir muy bien y vas a querer hacer otra cosa después o llevarla a otro nivel. Triunfaste en Latinoamérica, entonces ya quieres la versión en francés (risas) y la versión en italiano, y después el mundo árabe se abrió… entonces… uno siempre va a querer un objetivo nuevo. La vida te va a enseñar que cuando uno es inquieto y no quiere hacer siempre lo mismo, vas a estar estirando la meta, un kilómetro más, un kilómetro más, y cuando te das cuenta, vas a llegar a la tercera edad a punto de morir diciendo “oiga nunca llegué porque siempre corrí el objetivo”. La vida es eso. Es estar en una etapa del tour que nunca acaba, pedaleas y pedaleas, y pese a que llegas a metas volantes o a premios de montaña, siempre vas a querer algo más allá. Eso pasa.

LL: ¿Qué ha sido lo más duro o retador que has tenido que vivir tanto en esta carrera como en tú vida?


TP:
A ver, hay cosas… cómo funcionan a veces las organizaciones. Uno tiene que ser muy, muy inteligente. No es que uno tenga que ser hipócrita ni nada, sino aprender a decir las cosas. A veces uno falla por decir mucho, o hablar mucho, o falla uno por quedarse callado. Entonces se debe tener la sensibilidad para saber cuándo estallar o cuándo decir las cosas, o cuándo aguantarse. Como tener esa medida en la vida para… o con tus jefes, o con la gente que está abajo, cuándo exigir más o cuándo pedir más, depende ¿no? Porque en este mundo uno tiene jefes, y gente que trabaja para uno. Me parece que eso es un límite tan difícil de saber, y no solamente en el trabajo, sino en la vida. Cuando tú estás, no sé, en una relación, hay algo que te molesta y siempre es: “será que se lo digo, será que no se lo digo, ¿qué es lo mejor?” Me parece que las relaciones humanas es lo más complicado. El trabajo es fácil de hacer, pero decirle a esa persona que no te gusta o como te trata, o como está trabajando es tan difícil. Sobre todo en nuestra cultura. Cuando estuve en Argentina vi que dos personas se mataban en el trabajo y yo decía, “ustedes dos se odian.” Y salían, “Ché, vamos a comer algo”. Y se abrazaban y ya.

LL: Se mataban, pero después bien…

TP: Claro (risas) , porque ellos tienen una cultura donde separan el trabajo de su vida personal. En Colombia la vida es el trabajo y el trabajo es la vida. Entonces es difícil a veces. Es fácil hacer una entrevista, pero muchas veces es la parte humana la que se complica.

LL: ¿Qué tan difícil fue llegar a ESPN y posicionarte?

TP: No fue tan difícil ¿sabes? O sea, cosas de oportunidades. ¿Cómo llegué a ESPN? Imagínate que un día en Caracol, en el año 2004, yo tenía 34 años, ya no era ningún niño, era un tipo grande, se dañó un equipo de transmisión. Yo no viajé a esa copa, era una copa que se jugaba en Perú. Me quedé en Bogotá. Yo estaba durmiendo en mi casa, me llamó alguien, gritando, que por favor fuera corriendo al noticiero. Me estaban esperando, Caracol quedaba en una casa en La Soledad, alguien agarró mi auto y lo estacionó, una señora me cogió de la mano, mientras caminábamos hacia adentro me iban maquillando, y me sentaron en un set. Y yo no sabía qué estaba pasando. Entonces ¿Qué pasó? Que arrancaba la copa, Colombia defendía el título ganado en 2001 aquí en Colombia, y se dañó la fly away, un aparato que sube el relato y las imágenes de nuestros periodistas. La imagen del partido llegaba por un sistema multidestino que es el que mandan para todo el mundo, esa la tenían, las imágenes del partido, pero no había quién relatara el partido. Entonces el productor, cuando me conecta, me pone una cosita acá que se llama el talento, me dice “¿oiga, usted no narra por allá en la emisora La voz de la conciencia?” (Yo relataba en emisoras pequeñitas tratando de aprender.)”. Y yo, “sí, algo, bueno, narro.” No me pasó la alineación ni nada, y me tocó relatar quince minutos de partido. Cómo lo pude hacer, gracias a que estaba preparado, me escuchó un cazatalentos de ESPN que estaba allá, no sé cómo escuchó, no sé… Entonces llamó a un directivo del fútbol colombiano y dijo: “ese Puccetti que está en Caracol ahorita, ¿es el mismo Puccetti que conduce el noticiero? ¿Ahora relata fútbol?” Y el otro contesta, “pues yo no lo conocía como relator, pero es el mismo.” Entonces el tipo escribió en un Excel: colombiano, relator, periodista, conductor de noticiero, tal. Y años después, cuando necesitaron un colombiano, relator, conductor, le saltó a la pantalla y me llamaron.

LL: ¿No te has puesto a pensar que has corrido con mucha suerte? Eso es muy extraño que pase.

TP: Muuuucha suerte. Mi mamá rezaba mucho (Risas). ¿Sabes qué? Son cosas buscadas. Lo que tú dices, es suerte, y estamos de acuerdo, pero para que yo pudiera llegar a la Javeriana, y me invitaran a que fuera a ese primer noticiero AM/PM, yo me tuve que, como dicen los argentinos, bancar un par de meses viviendo en un sitio realmente difícil. Sin las comodidades de mi casa, aguantando hambre un poquito, aguantando frío, y ahí fue donde conocí… tengo que decirlo, Claudia Gurisati era compañera mía, y ella trabajaba en AM/PM y ella fue la que me llevó, porque a ella la ascendieron del telepronter al VTR. VTR era llevar los casetes, entonces yo fui a ocupar su puesto en el telepronter. Claudia fue la que me metió ahí. Entonces para poder conocer a Claudia, y tener esa fortuna de estar al lado de Claudia, a mí me tocó también irme, escaparme de mi casa, pelearme con mis papás, llegar a un sitio que no conocía… O sea, es suerte, pero también uno va forzando esas situaciones. Para poder leer bien, también me metí a un curso de locución que era a las diez de la noche al tiempo que trabajaba de mesero en el restaurante de un amigo santandereano, La Cuchara de Palo se llamaba. Hubo sacrificio, entonces son golpes de suerte, sí, pero buscados.

LL: ¿Cómo describirías tu carácter?

TP: A mí no me gustan los problemas, estoy en un mundo donde la gente choca, pero trato de que los choques sean siempre… choques argumentados, controversias sanas. Cuando la cosa pasa a otro nivel simplemente no me interesa. Me gusta saludar a la gente, se ha perdido la costumbre de saludar. Vivo feliz, vivo tranquilo, siento que es un trabajo normal como el que hace cualquier otra persona. No me creo que estoy en un mundo especial, soy muy tranquilo.

LL: ¿Qué tan psicorígido eres?

TP: Nada. (Risas). Trabajo mucho. Me gusta preparar un partido, no me gusta llegar a un partido, a un noticiero, a un programa sin estudiar. Pero no es que tenga pautas, es más, me aburre un poco la rutina, me gusta cambiar, pero no, cero.

LL: En tu tiempo libre ¿qué haces?

TP: Corro. En Argentina tuve la fortuna de vivir al lado de los bosques de Palermo, entonces salía y tenía todo el espacio para correr, espectacular. Corrí la media maratón de Buenos Aires el año pasado. No morí y seguí corriendo, me gusta mucho, bajé de peso. (Risas) Me sienta bien, es chévere.

LL: ¿Cuál ha sido un momento memorable en tu carrera?

TP: Lisboa 2014. Se acababa de coronar campeón de la Champions el Real Madrid, y yo tuve la fortuna de relatar ese partido para toda América, de ganar en rating en Colombia y un par de países más, y yo dije, “me puedo morir tranquilo”. Veía a Cristiano Ronaldo brincar y la décima del Real Madrid. A partir de ahí relaté tres finales de Champions. Con muy buenos resultados las tres. Y bueno, por encima de eso ya es difícil.

LL: ¿Qué te falta por hacer?


TP:
No sé, ya como que profesionalmente… ahorita estoy conciliando un programa que se llama “El Camerino” en Blu Radio. Me gustaría afianzarme más en programas de entrevistas, por ejemplo, esto que tú estás haciendo de sacarle la parte humana a la gente. Que la gente conozca al personaje desde otro ángulo. Muchas veces uno cree que, por ejemplo Iván Mejía es hosco, y estoy seguro que si le hago una entrevista a Iván Mejía y le hago las preguntas que tú me estás haciendo a mí, la gente se va a llevar otra idea de él. O de Javier Hernández o de toda esta gente. ¿No? O no sé, Maturana. Lo conocen serio… me encantaría sacar a la gente de ahí y llevarla a otro lugar. Creo que todavía no estoy en capacidad de hacerlo, poco a poco lo iré logrando.

LL: ¿Qué tan rápido crees que has vivido tú?

TP: No… Sabes, yo creo que voy despacio.

LL: ¡Pero has hecho mucho!

TP: ¡Mucho! Pero ya tengo 46 años, entonces son muchos años también en esto, son como 25 años, si estamos hablando del año 91 en el que arranqué, son 25 años, me ha tocado construir, ser parte de una historia muy linda como la de Canal Caracol, soy socio fundador del canal. No soy socio fundador de Blu Radio, pero llegué prácticamente a sus inicios, me tocó arrancar la parte colombiana de ESPN, me gustó muchísimo vivir esos proyectos, la verdad muy, muy afortunado, y lo he vivido lentamente. A veces cuando uno está manejando las cosas paso a paso las disfruta más.

LL: Bueno, estás casado con una costeña…

TP: Sí, una cartagenera. Olga Peinado se llama, ella es abogada y es una mujer espectacular, súper ordenada. Ella sí es psicorígida (risas), me pone a trotar y a marchar. Y se metió también en el mundo del periodismo, no como periodista, sino organizando, y creó su propia revista, una revista en papel que se llama La Liga. Ella considera que es increíble que un país como Colombia, que tiene a Nairo, que tiene a James Rodríguez, que tiene a Falcao García, que tiene tenistas, que tiene beisbolistas, no tenga una revista de papel que la gente pueda consumir, ya lleva 30 números y sigue luchando.

LL: ¿Qué le ha traído ella a tu vida?

TP: Orden, un marco, vida espiritual, mucha fe, compañía, amor, compresión, apoyo, lo que tiene que darle una pareja a cualquier ser humano. Ella es cansona también (risas), tampoco puedo pedir que sea perfecta. Me regaña mucho, pero bien.

LL: ¿Llevan bastante tiempo casados?

TP: Once años, vamos para once años. Sí, bastante.

LL: ¿Siempre quisiste casarte y tener una familia?

TP: No, no, eso llegó cuando el noviazgo empezó a volverse serio, y uno dice “upa”. Como que esto está chévere también, compartir, vivir de a dos, no como esa fabricación muy de estos años del tipo soltero, que tiene apartamento de soltero y que no quiere responsabilidades, y que en vez de gastarse la plata en matrículas de un hijo se compra un deportivo rojo…, no, eso va cambiando con los años y uno se da cuenta de que la felicidad está por otros lados.

LL: ¿Y tú quieres ser papá?

TP: Sí, sí, sí. Me gustaría. Tengo sobrinos, me los gozo cada vez que puedo, regados por todo el mundo. Trato de visitarlos mucho. Le tengo miedo, es lo mismo, le tengo mucho miedo, pero creo poder con la responsabilidad. Ya a esta altura creo que puedo manejar las cosas. Mi mujer no quería tener hijos en Argentina. Ella decía que no quería quedarse sola, con un marido que se iba ocho horas a trabajar y donde no había tías, donde no había abuelas, pero ahora desde que regresamos quiere ser mamá.

LL: ¿Qué tan creyente eres tú?

TP: Muchísimo. No sé si han oído hablar de un lugar que se llama Medjugorje, que queda en Bosnia. Estuve de vacaciones con mi mujer, teníamos doce días para ir a Europa. Yo tengo una segunda nacionalidad que esa la italiana, mi abuelo era italiano, mi papá y mi mamá, todos somos italianos por adopción. Entonces me gusta ir permanentemente a Italia, al pueblo de mi papá… Ella quería meterme de los doce días de Europa, siete a Medjugorje a un retiro espiritual. Le dije “no, no, no, negociemos, vamos tres.” Y fuimos tres días. Y cuando terminó el retiro, me di cuenta que había sido un error. Que debí haber estado los siete días. Fue muy lindo. Fue encontrarse con muchas creencias que tenía por ahí. No es que no creyera, sino que no había un orden, no había unido todas esas piezas, todas esas cosas que me han pasado desde el punto de vista espiritual, y al estar allá las pude ordenar, pude ponerlas en perspectiva y me di cuenta de lo importante que ha sido Dios en mi vida. Primero mi mamá, las oraciones que ella hacía, y de verdad yo creo que eso me ayudó muchísimo en la vida. Me ha protegido mucho, soy muy creyente… dicen que se aparece la virgen, yo no la vi, obviamente. Tengo fe. La gente que tiene fe creerá, los que no, no. Es una virgen que se aparece desde hace más de treinta y pico de años. Cosas muy lindas pasan allá.

LL: Ahorita hablabas de tu familia italiana. Tu abuelo llegó acá después de la guerra. ¿Qué recuerdos tienes de eso?

TP: No lo pude conocer porque él murió muy joven. Tenía como cincuenta años cuando murió y no lo pude conocer. Me duele mucho eso. Era un tipo muy recio, amoroso y recio a la vez, era rara la combinación según me cuentan mi papá y mi abuela, pero fue un luchador. Se vino acá para no morirse de hambre porque la situación era muy difícil. En esa guerra murieron varios hermanos suyos. Era la Primera Guerra Mundial. Encontró a Colombia como el lugar para venirse. Y mi papá siempre nos inculcó que éramos muy colombianos, pero que teníamos que saber de dónde veníamos. Y por eso siempre nos motivó para que fuéramos y conociéramos de dónde veníamos. Es un lindo pueblo. Se llama Lucca, queda a 20 kilómetros de Pisa. De la torre inclinada, de la Toscana.

LL: ¿Y tu papá conoce a tu mamá en Barranquilla?

TP: No, ellos se conocen… mi abuelito llegó a un pueblito muy chiquito que se llama Cucutilla. No sé por qué. Mi papá tampoco sabe muy bien. De hecho, el Cristo que está ahí en la catedral de Cucutilla, lo trajo mi abuelo de Italia, y yo no he podido ir a conocerlo, queda muy lejos, hay que ir a Pamplona y meterse por allá… Ellos se conocieron en Norte de Santander, en Pamplona. Mi papá estudiaba en un colegio que era un internado, El Provincial, era un colegio muy importante en esa época. Mi mamá estudiaba en otro colegio que era también internado, allá se conocieron, se enamoraron y se casaron. Yo nací en la Costa, porque mi papá estaba construyendo un puente, entonces yo les digo a mis amigos que soy un “hijuepuente” (risas). Tú vas de Barranquilla hacia Carreto y ahí hay un puente altísimo, y los amigos de mi papá jodían que mucho ladrón, construir esa cosa tan alta, y es que en esa época sí pasaban buques gigantes por el río Magdalena. Allí arranca el canal del Dique. Infortunadamente por no cuidar nuestros ríos y la sedimentación, ya no puede tener grandes barcos, pero en esa época, por el año 70 y pico, por ahí pasaban grandes barcos.

LL: ¿De qué te arrepientes tú en la vida?

TP: Sabes que de muy pocas cosas. De pronto… mi mamá ya murió. Ella quería ir a México a la ver una virgen y nunca, nunca la pude llevar o no la quise llevar, o nunca lo organicé. Entonces ustedes que tienen a la mamá viva, cumplan todos los sueños bobos, porque es muy fácil agarrar un avión, sacar unos días e irse. Ahorrar, seis meses, no ir a comer helado durante tanto tiempo, y cumplirle un sueño al papá, o a la mamá. Háganlo porque cuando se mueren eso pesa mucho.

LL: ¿Cuál es tu gratitud más grande en la vida?


TP:
Tengo tanta gente que me ha ayudado. Tanta. Claudia Gurisatti, Carlos Julio Guzmán, Javier Hernández Bonett, Néstor Morales, Yamid Amat, mi papá, mi mamá, mis hermanas, mi hermana mayor que me prestó para mi primer carro cuando estaba en la universidad. Si no hubiera sido por ella no lo hubiera podido comprar. Tanta gente que me ha ayudado, mis compañeros, mi productor en el programa, Miguel Simón, Kike Wolf, Mario Kempes, un mundialista, un tipo que fue goleador de un mundial y es mi amigo. Puedo decir que Mario es mi amigo. Tanta gente. Se me olvida. Seguramente si muchos amigos ven esto van a decir “eh, no me nombró”, mucha gente que me ha ayudado. Tanta, tanta gente. El Doctor Gallego, Vizcaya que es el vicepresidente de Caracol Televisión. Ricardo Orrego. Todos. Ricardo Alfonso, un amigo periodista que me enseñó muchísimo. Todo el mundo, o sea, muy de buenas, un tipo muy de buenas. Con muy buenos amigos.

LL: ¿Lloras mucho?

TP: Sí, soy muy llorón. Yo lloré viendo Mi Pobre Angelito, entonces imagínense (risas). ¡Es muy duro! El peladito llega, y el 25 de diciembre se queda solo… (Risas). El día que se va el Chavo del Ocho porque creen que es ladrón y se va… me dio muy duro. (Risas). Sí, lloro mucho, y el deporte me hace llorar mucho porque hay historias muy duras. El deporte es la vida misma.

LL: ¿Qué le hace falta al deporte acá?

TP: Más apoyo, me parece que hay que apoyar ciertas disciplinas. Todo se queda en los deportes de multitud, en los que dan dinero. Entonces hay otros deportes que no dan tanto dinero, ni tienen tanta prensa. Esos deportes deberían ser muy subsidiados por el gobierno. Ha mejorado mucho, o sea, no podemos tampoco darles tanto palo a los dirigentes. Hay dirigentes muy buenos que han hecho cosas, pero falta más. Falta mucho más. Si nosotros apoyamos a los deportistas colombianos, mira la camada de ciclistas que viene, que está y que viene, porque hubo un par de años en que crearon un equipo de ciclismo, y gracias a ese equipo de ciclismo, que tenía la presidencia, el gobierno, se dieron a conocer nuevos ciclistas. Entonces si eso se hace en todos los deportes. Mira, yo te lo contaba ahorita fuera de cámaras, hay una niña que es la número uno de apnea en el mundo y no sabemos. Entonces a nosotros como medios tenemos responsabilidad, pero también es del Estado a través de sus ministerios, Coldeportes, debería ayudar a estas disciplinas que no tienen tanto mercadeo, ni pueden ellas mismas generar recursos, pero son muy lindas, y pueden dar muchas alegrías al país, y desarrollo, y encontrar para los chicos nuevas aficiones que los formen mejor. El deporte, es un cliché pero es verdad, definitivamente cuando uno hace deporte piensa mejor. Ahorita corrí cinco kilómetros y tuve tiempo para pensar hasta en qué te iba a contestar en la entrevista, entonces sirve para pensar de verdad.

LL: Dime tres deportistas que te parezcan fascinantes, que realmente admires.

TP: Michael Jordan, era un tipo impresionante, o sea, crecí con él, viéndolo. Los Bulls, eran… Michael tenía que lanzar, ante la presión la tenía que meter, y el tipo lanzaba y la metía, o sea, algo impresionante. Fue un deportista que cambió al baloncesto. Son tipos que hacen cambiar las cosas. Roger Federer, que para mí es el mejor tenista que ha existido, por como juega, no solamente porque es el que más torneos Grand Slam ha ganado y todo eso, sino por la manera en que juega. O sea, no es lo mismo como le pega Rafa Nadal a la pelota, que también le tengo gran respeto, a como le pega Roger Federer. Los movimientos que tiene en la cancha, cómo llega, cómo se desliza. Ese es un tipo impresionante. Y en el fútbol, el Pibe Valderrama, no sé, siempre me fascinó porque es un futbolista nuestro, pero además hace parte del combo de la bacanería. Hay unos tipos bacanes, el combo de la bacanería. Digamos, el Joe Arroyo hace parte del club de la bacanería, ¿sí? O sea, es un tipo que habla como con sabor. Así veo yo al Pibe Valderrama. Un tipo genial, muy macondiano. René Higuita también me parece que hace parte de ese combo. Parece escrito por García Márquez, René Higuita. Me parece impresionante. El día que hizo ese famoso truco en Wembley, yo me imaginaba que el tipo le pegaba, hacía el escorpión y abrían el plano y empezaban a caer mariposas amarillas. Súper macondiano. Esos tipos me deslumbran.

LL: ¿Tienes alguna frase de cabecera?

TP: Yo siempre digo cuando voy a relatar un partido “hay rumor de buen fútbol” porque siempre, el futbolero, por lo menos desde mi punto de vista, es un tipo ilusionado que cuando prende el televisor sabe que va a ver el mejor partido del mundo, o que va a entrar un chico de 17 años que va a ser el nuevo Messi. Siempre hay una ilusión de encontrar algo nuevo. Casi nunca pasa, pero uno es increíblemente tonto, no sé, vuelve a prender el televisor y vuelve a sentir que puede ser ese el día, el gran partido.

LL: ¿Por qué pasa eso?

TP: No sé. Porque el ser humano vive de la ilusión. Y el hincha de fútbol también. Uno se levanta siempre ilusionado. Si uno no tuviera ilusión de algo no se levantaría. Entonces eso nos pasa a los futboleros y lo increíble es que cuando menos lo espera aparece alguien que lo deslumbra, una jugada fantástica.

LL: ¿Y cuál es tu ilusión en este momento?

TP: Hacer un buen programa, que salga bien, que tengamos un gran invitado, que la gente nos escriba y que se sienta feliz. Poderle sacar algo bueno, algún valor, que le sirva a la gente. Que la gente que va en su auto escuchando la pase bien. Esa es básicamente.

LL: ¿Tienes algún agüero antes de los partidos?

TP: En Argentina la gente es demasiado agorera. Cabaleros como dicen allá. Cábalas para todo. Y con la vida religiosa, cuando vos te empiezas a meter mucho, te das cuenta de que eso pasa a un segundo plano y no, yo rezo mucho. La oración te pone, te limpia la cabeza, te la organiza, sientes también un trabajo mental. La oración es eso, es como pensar mejor. Pero cábala, que calzoncillos de algún color, no, nada de eso.

LL: ¿A qué le pones La Lupa en tu vida?

TP: Últimamente me he dado cuenta de que a mí me llenan los obsesivos. La gente obsesiva, la gente que está pendiente y que trabaja mucho en los pequeños detalles. Para ser un tipo detallista se necesita una lupa, para encontrar… meterse, buscar… yo veo un partido de fútbol como una historia, siempre. Y cuando tú le pones la lupa encuentras algo, te das cuenta de que ese partido entre el Junior y Santafé pasa por algo, por encima de que sea la cuarta fecha y de que chocan dos equipos, hay una historia detrás, por encima de jugar por tres puntos, hay algo más. Cuando empiezas a trabajar y consigues los datos y les pones la lupa, te das cuenta de que encontraste otra cosa que le puedes vender a la gente que está escuchando o viendo, además de las imágenes y de los goles hay otra cosa. Están luchando por otra cosa, no llegaron ahí simplemente a cobrar un sueldo, a jugar un partido, sino que hay una historia paralela que camina al lado del partido. A eso le pongo yo la lupa.

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¨Creo en el baile y en el movimiento como una herramienta potente y única para generar transformaciones.¨

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Beatriz Fernández

“Soy una revolucionaria de las leyes. Mi ley es la ley del amor. Detesto la rigidez”

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¨Nunca me ha gustado comer cuento. Siempre me ha gustado indagar, ir más allá.”

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“Yo tengo un motor adentro, yo trabajo en sintonía con mi hijo. Él y yo somos socios en esto.”

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“El día que dejé de esconder quién era, dejé de pelear conmigo mismo”

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¨Seguir los sueños, con todo lo romanticón que suena, siempre va a ser válido, siempre va a ser lo más chévere¨

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“Si la vida me había dado tantas oportunidades era por algo. Me dediqué a luchar por este sueño”

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“Me lo propuse, lo soñé y lo luché y todo ha llegado en medidas que nunca imaginé”

Mabel Moreno

“Tengo un alma muy libre, pero también una cabeza que me pone todos los límites. Soy mi mayor juez.”

Marcelo Rozo

“No hay nada en la vida como levantar un trofeo. Es como tener el mundo en las manos”

María Del Rosario Guerra

“Mi disciplina, mi formación cristiana y mi preparación académica son lo que me ha permitido lograr todo en la vida.”

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“Pareciera que soy conservadora pero no. Todo lo que sea distinto a la costumbre me atrae mucho. Soy muy curiosa”

Marta Lucía Ramirez

“Soy una persona estricta, coherente, con mucho compromiso por Colombia, a veces demasiado cuadriculada.”

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“Entendí que la mejor manera de transformar y sanar mi vida era ayudando a las niñas a vencer el miedo”

Natalia Ponce de León

“Escogí el camino de levantarme y hacerme grande. Esto fue un renacer, reinventarme desde cero.”

Oscar Iván Zuluaga

“A mi no me obsesiona el poder. Me obsesiona poder trabajar por los demás.”

Paloma Valencia

“Siempre he querido cambiar el mundo. Me hace falta ver que sí se puede”

Paula López

“Aprendí a abrazar mi realidad y entendí que el perdón y la felicidad son una decisión.”

Paulina Laponte

“Entendí que hay que aprender a fluir con la vida. En el camino encontré muchos talentos y pasiones que no conocía.”

Pilar Schmitt

“Trabajo en una cosa completamente diferente a lo que yo soy”

Regis Ortiz

“El proceso de reinserción no fue fácil. Pero cuando veo a mi mamá y a mi hijo sé que todo ha valido la pena.”

Santiago Prieto

“El camino es infinito. Lo más difícil es persistir, perseverar y resistir”

Tata Gnecco

“Si a tu sueño le pones un poquito de disciplina y empuje, lo consigues ”

Yaneth Waldman

¨Yo soy terca en buscar la felicidad todos los días de mi vida.”

Vladdo

“Soy inquieto, sarcástico, malpensado. Tengo cara de bravo pero soy una melcocha.”

Tito Puccetti | La Lupa Revista Digital
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Tito Puccetti
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Tito Puccetti, nos cuenta sobre su amor por los deportes, la importancia de su papá en su vida y las adversidades por las que atravesó
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