Paula López

“Aprendí a abrazar mi realidad y entendí que el perdón y la felicidad son una decisión”
Paula López | La Lupa Revista Digital

Popola decidió entregar su vida al servicio, a ayudar a jóvenes a encontrar la espiritualidad, a reencontrar el camino, a buscar la verdad, a sanar corazones rotos. Para lograr esto, tuvo primero que sanar el suyo, entender su propio camino y abrazar su vida tal y como era. El recorrido no ha sido fácil, pero el coraje y la determinación que la definen le han permitido siempre llegar a donde ha querido. Es una mujer de una dulzura y compasión infinitas que cree que el perdón y la felicidad son una decisión, y que sabe mostrarle a los jóvenes que por más soledad que se sienta en la vida, uno en realidad, jamás está solo. La Lupa descubrió a Popola, una mujer que transformó su dolor en amor sin límites, ese amor que todo lo puede.


LL: Bueno, yo quiero que nos devolvamos a tu infancia, a tus años de juventud, y quiero que la gente conozca a esa Popola que está detrás de Jóvenes del Cenáculo, que nos ha enseñado tantas cosas, pero que la gente no sabe realmente cuál ha sido tu experiencia, la gente no sabe que tú también has tenido el corazón roto, que también has necesitado ayuda, entonces quiero empezar devolviéndonos a esa Popola joven, chiquita.


P:
Bueno Laurita, yo desde chiquita… imagínate que yo jugaba a ser la psicóloga de mis muñecas y siempre tenía esa curiosidad del alma, de saber qué pasaba en el corazón de las personas. Cómo vivían, por qué lloraban, por qué se preocupaba, qué les dolía. Entonces yo sentaba a todas mis muñecas como si fuera un consultorio, una clase, todas mis muñecas se llamaban Verónica (risas) entonces era como que desde chiquita yo me soñaba con que una hija mía se llamara así, y jugaba a eso, a investigar siempre qué pasaba en el corazón de las personas y en ese momento de mi vida… yo tuve una infancia de mucha soledad, absolutamente sola, porque mi madre en esa época estaba dedicada primero a la Liga Colombiana de Lucha contra el Cáncer, ella fue la directora durante muchos años, fundó 17 seccionales a nivel nacional, y luego en un momento dado incurrió en todo el tema de la política, entonces fue una mamá que siempre estuvo trabajando y a nosotros nos crio una monjita, y esa monjita era como mi mamá, era como mi abuela, era todo para mí, y mi papá toda la vida ha sido empresario, entonces fue una persona que viajaba mucho, que estaba dedicado a sus empresas, así que tuve una infancia como monástica. Como sola. Absolutamente solitaria.

LL: ¿Y crees que ese primer momento de soledad en tu infancia fue como la primera marca grande en tu vida?

P: Yo creo que la primera marca grande realmente que dejó huella en mi vida y en mi corazón fue mi enfermedad. Yo toda la vida he cargado una enfermedad que ha sido una de mis maestras espirituales, pero desde que yo nací, a los tres meses de nacida me diagnosticaron un problema en todo mi aparato digestivo muy grave, y cuando tenía tres meses de nacida fui sometida como a tres cirugías, de las cuales, en la tercera le dijeron a mis papás que me moría, porque ningún ser humano puede vivir sin aparato digestivo. Tenía el aparato digestivo, todo lo que son los intestinos y las vías digestivas, absolutamente paralizadas. Casi sin motricidad. Fue genético. Nací así. Y en la tercera cirugía había un 5% de posibilidad de que yo me salvara. Entonces en esa época trajeron una imagen de la Virgen de Fátima y mi madre me consagró a ella y le hizo una promesa, que si me salvaba, me vestía con el hábito de la Virgen de Fátima un año. Yo tenía tres meses. Entonces dicen que yo soy un milagro de la virgen. En esa época a mi abuelo le dio cáncer y él reunió a toda la familia y les dijo que él ya ha vivido suficiente, y que él va a dar la vida por mí. Mi abuelo murió y yo empecé a vivir. Entonces desde ahí hay como… yo siento que desde ahí había ya un propósito, un propósito espiritual y existencial para mi vida. Había algo en mi vida que yo tenía que hacer para lo cual Dios permitió que yo siguiera viviendo. Porque después de eso, he tenido casi cinco cirugías más, he tenido un total de ocho cirugías del intestino, y en la última cirugía estuve casi muerta, ahí me quitaron casi todo el intestino. Entonces he aprendido a sobrevivir así, a tener muchas limitaciones en el tema de alimentación, a pasar gran parte de mi vida enferma, sintiéndome mal, pero aprendiendo a abrazar la enfermedad. A abrazarla y a saber que gracias a todas esas cirugías estoy viva.

LL: Ahorita decías que la enfermedad había sido una de tus maestras en la vida. Ya viéndolo un poco de lejos, ¿qué crees que te ha dejado eso para la vida?

P: Pues ha sido mi maestra. Ha sido una de mis maestras espirituales. He aprendido la aceptación. Creo que gran parte de la felicidad del ser humano está en la aceptación de su realidad personal. Yo pienso, dentro de todo lo que he aprendido, que uno muchas veces batalla y batalla por cambiar su realidad personal y gran parte de nuestra vida la vivimos infelices. Y pienso que cuando uno acepta su realidad personal y la abraza, y deja de pelear con ella, entonces ya empieza a lograr realmente encontrarse con la plenitud.

LL: A hacer las paces con uno mismo.

P: Exactamente. Y con su historia. Abrazar su biografía. Es algo que trabajo mucho hoy en día en mi vida personal y a todas las personas que acompaño espiritualmente les enseño eso: “abraza tu biografía, no la batalles más”. Y ahí yo creo que marca la diferencia entre la angustia y la plenitud.

LL: De la Popolita ya joven, que empieza a estudiar, que va creciendo, ¿cuál dirías tú que es de los recuerdos más marcados? ¿Cómo te recuerdas tú a los 20 años?

P: Bueno, yo tuve también una adolescencia bastante tormentosa. Tuve momentos de dificultad terribles en mi adolescencia. Fui violentada física y emocionalmente por mis parejas en esa época, porque era una niña muy sola, entonces también tenía esa problemática de buscar el afecto, buscar cariño en las personas que me acompañaban durante mi adolescencia. Entonces tuve una adolescencia en donde mi alma y mi ser fueron muy violentados. Viví muchísima violencia, digamos, afuera en el mundo, todo esto de manera muy silenciosa, nadie en mi vida lo conocía, nadie lo sabía. Entonces de esa soledad también nacen esas experiencias de buscar amor, de buscar afecto quizás en los lugares equivocados, y de esa adolescencia nace también el comprender a los jóvenes y comprender a los adolescentes. Mucho más adelante en mi vida empiezo a trabajar con jóvenes. Pero en ese momento de mi vida, por ahí a los 19-20 años, me voy a estudiar arte. Me voy a Italia a estudiar diseño de joyas porque siempre he tenido esa vena espiritual, existencial, de lo profundo, de lo divino, como una mezcla de todo eso, entonces me voy a Roma a estudiar diseño de joyas. Estudio 4 años de diseño de joyas en Roma, y de ahí me voy a hacer una maestría en diamantes. Soy gemóloga, tengo una maestría en piedras preciosas, gemología, y una especialización en diamantes, soy diamantóloga también.

LL: ¿Y qué crees que te llamaba la atención de eso? ¿Por qué estudiaste eso?

P: Yo creo que por la parte del arte. Mi abuelo fue coleccionista de esmeraldas y durante toda su vida… él no trabajaba en eso, era su pasión, era su hobbie, y toda la vida coleccionó esmeraldas para mi abuela. Y él mismo le diseño un aderezo muy lindo que mi abuela toda la vida tuvo, y yo creo que por ahí viene un poco como la vena artística, entonces, pues me dediqué a eso mucho tiempo porque también yo creo que el arte es una expresión espiritual, es una forma de expresarse, de expresar la espiritualidad, esa dimensión espiritual del ser humano se expresa a través del arte: del arte plasmado en la danza, en el diseño, en muchas cosas, entonces me dediqué muchos años de mi vida a eso, pero siempre había un pequeño vacío. Un bache que no se lograba llenar.

LL: Te casas muy joven. ¿Crees que fue de pronto para poder llenar ese vacío? ¿Creías que casándote de pronto era la forma de sentirte mejor?

P: Sí. Yo no había tenido un hogar muy convencional, como los hogares de papá, mamá e hijos. Mi mamá siempre estaba trabajando, mi papá también estaba trabajando, yo, como te conté, pues estaba siempre muy solita, entonces siempre soñaba como con ese hogar. Con tener un hogar en el que estuvieran papá y mamá presentes, de tener a mis hijos presentes como mamá gallina, entonces me casé con un hombre muchísimo mayor, un hombre 14 años mayor que yo. Yo estaba muy chiquita, tenía 23 años, un poco con ese afán de perseguir ese sueño que no había tenido en mi infancia de tener ese hogar. Y bueno, teniendo ya mi segundo hijo de un año, Simón, Vero tenía dos, tenemos que irnos de Colombia, era la época de la violencia, y pues tuvimos que prácticamente en una semana empacar maletas e irnos a vivir a Estados Unidos. Ahí empecé a trabajar ya de lleno como joyera. Fui diseñadora de Sachs en Nueva York y en Miami. Tenía mis joyas al lado de Paloma Picasso. Gané un Oscar mundial de joyería, muy importante, pero llegó un punto de mi vida profesional en donde yo decía: “bueno, ya vendí los diamantes que quería vender, ya vendí las joyas que quería vender, ya me gané los premios, ya he tenido todo tipo de reconocimientos a nivel profesional” y se me rompe la vida otra vez. Y es cuando me divorcio.

L: Y ¿por qué pasa eso?


P:
Yo creo que me casé muy inmadura. Me casé chiquita, sin saber los requerimientos emocionales y de la estructura de personalidad para asumir un matrimonio, entonces me divorcio, mis hijos estaban muy chiquitos. Vero tenía cinco años, Simón tenía cuatro, y la cachetona chiquita tenía 9 meses. Y en ese momento que encuentro esta situación límite en mi vida, ahí es cuando empiezo una búsqueda profunda existencial de mi dimensión espiritual. Sentía que tenía un gran vacío. Yo sentía que profesionalmente ya había vendido lo que quería, había ganado los premios que quería, y quería dejar una huella en el mundo. De alguna manera sentía que, cuando yo muriera y llegara a encontrarme con Dios (porque yo creo profundamente en Dios), y Dios me preguntara: “Bueno, ¿qué huella dejaste en el mundo?” Yo no le podría decir: “Piedras y joyas”. Eso es absolutamente fútil.  Aunque está el arte implícito ahí, es algo absolutamente fútil. Y digo, no, yo no quiero que Dios me diga: “te devuelves a la tierra a hacer algo productivo”. Y empecé entonces esa búsqueda existencial profunda de mi dimensión espiritual y ahí fue en donde sentí como ese llamado de Dios y abandoné absolutamente toda mi carrera. Absolutamente.

LL: ¿Recuerdas algún momento específico en el que tú hayas dicho: “Yo realmente necesito hacer esto”?

P: Yo creo que todos los seres humanos tocamos fondo. En algún momento determinado de la vida, la vida misma se nos rompe, se nos parte, y pienso que la vida permite que eso te pase, la vida misma y Dios en mi caso, permite que la vida se te rompa y se te parta. Y cuando estás en un momento profundo de oscuridad es cuando empiezas a mirar hacia arriba y  a decir: “bueno, ¿para qué es esto?” Hay personas que se quedan en ese hoyo profundo, pero hay personas que ven eso como un milagro de vida en donde tú realmente apelas a la resiliencia y dices: “Bueno, ¿yo qué voy a hacer con este dolor?” El dolor es un maestro. El dolor es un maestro de vida. Entonces a través de ese dolor, en ese momento donde estoy sola, se me rompe mi familia, ese sueño que tanto había perseguido, vuelve y me pasa. Otra vez la vida te niega eso que tanto había perseguido. Y en ese momento vuelvo a encontrarme con esa esencia mía profunda de buscar la parte espiritual, la dimensión espiritual. Yo sabía que ahí había unos recursos que yo necesitaba en ese momento para darle sentido a mi vida. Entonces me invitaron a un retiro espiritual, yo vivía en Miami en esa época y en ese retiro espiritual realmente encontré que necesitaba dejar todo y empezar a buscar la espiritualidad en mi vida. No podía cerrar la joyería, era joyera, tenía una joyería muy exitosa en Key Biscayne, en Miami, entonces sigo un poco paralelamente debatiéndome entre lo fútil y lo divino (risas).

LL: Entre lo mundano y lo espiritual. ¿Cómo decides irte solamente por el lado espiritual?

P: Bueno, mi padre tuvo un derrame cerebral. Y en el momento en que otra vez la vida me pone ese momento límite de dificultad, yo digo: “bueno, me estoy perdiendo de tener un encuentro cercano con mi papá y de que mis hijos conozcan a un abuelo”, entonces tomo la decisión de empacar maletas y regresar a Colombia, y ahí es donde empieza la nueva historia de mi vida. El antes y el después. Renuncio absolutamente a la joyería. La joyería la vendo a una francesa. Fue un momento de desprendimiento increíble, pero yo estaba lista. Las joyas las guardo en unas maletas, y las dejo en una caja fuerte y me olvido absolutamente de eso. Y regreso a Colombia y empiezo a traer esos retiros espirituales a Colombia, luego creo mi propia fundación en donde me dedico a empezar a crear y diseñar un itinerario espiritual para acompañar a jóvenes. De ahí nace “Jóvenes del Cenáculo”, y en ese momento de angustia existencial de mi padre, él me dice: “Ahora yo sí entiendo lo que estás haciendo. Te voy a regalar la finca.” Entonces me la donó para la fundación que yo había creado en ese momento y ahí construimos el centro de retiros espirituales que hoy en día acompaña a más de 12.000 personas al año. Casa De Paz.

LL: Para poder empezar a dedicarte  a eso tuviste que haber resuelto un montón de cosas contigo misma primero. Entre ellas, me imagino que fue un poco perdonar desde a tu papá y a tu mamá, y perdonar esa infancia que habías tenido tan sola; perdonar a esa Popola de joven buscando amor desesperadamente, perdonar a un esposo que no terminó siendo el que habías soñado… Hoy en día, después de todo lo que has tenido que perdonar, ¿Qué se necesita para perdonar, tú qué me dices?

P: Ay Laurita, es una decisión. Yo creo que el perdón es una decisión. Yo creo que la falta de paz en el mundo, hoy en día en este mundo caotizado que vemos, en donde los jóvenes están rotos y angustiados y tristes, papás rotos, desestructurados, el mundo en guerra, naciones contra naciones, religiones contra religiones. Yo creo que toda esa falta de paz nace de la falta de corazón de cada ser humano. Yo creo que para que haya paz en el mundo, debe haber paz en nuestros corazones. Y si no hay paz en nuestros corazones nunca va a haber paz en las familias, y nunca va a haber paz en el mundo. Yo creo que la guerra más fuerte que se vive hoy en día no es la guerra de oriente contra occidente, o de los cristianos contra los musulmanes, yo creo que la guerra más fuerte que se vive hoy en el mundo es la guerra interna de las familias. La guerra de corrientes, hostilidades dentro de los mismos hogares. Ahí nace todo. Entonces yo soy una creyente absoluta de que el perdón es una decisión, de que no necesariamente perdonas porque te piden perdón sino que es algo que tú decides. Y en el momento en el que tú liberas tu corazón, y en el que quizás tienes empatía con la otra persona, te pones en los zapatos de la otra persona, entiendes que la mayoría de los dolores y de las heridas que nosotros cargamos no es porque nos las hayan hecho, es porque quizás la otra persona también tiene heridas. La otra persona también tiene soledades. La otra persona también tiene dolores. Y cuando se encuentran dolores con dolores, heridas con heridas, ahí es cuando empieza a haber como un torrente de dolores acumulados, heridas simultáneas dentro de familias, dentro de parejas, dentro de hermanos, dentro del mundo entero. Sobre todo muchísimos patrones que se repiten. Eso fue lo que yo decidí. Yo decidí primero trabajar en mí misma, hacer muchísimos procesos espirituales, procesos terapéuticos, acudí a la logoterapia, me formé en la Universidad de Flores de Buenos Aires como logo terapeuta. La logoterapia es la postura de Viktor Frankl, tercera escuela de psicología de Viena, en donde Viktor Frankl, que es un sobreviviente del Holocausto, nos enseña que no podemos cambiar las circunstancias de nuestra vida, lo único que podemos cambiar es la actitud que tenemos para enfrentar cada una de las adversidades que la vida nos arroja. Entonces es una psicología que aborda la dimensión espiritual. Un poco que se antepone a toda la filosofía de Freud. Y él dice: “No, tú puedes tener una actitud diferente porque todos los recursos que tú necesitas para enfrentar la adversidad están depositados en tu dimensión espiritual.” Esa dimensión espiritual la tenemos todos no importa si eres católico, o eres ateo, o eres musulmán, o lo que sea. Tú puedes ser una persona espiritual desde el camino que elijas. En mi caso, yo elegí el catolicismo, pero abrazo a todas las personas y acojo a todas las personas de cualquier credo o religión en Casa de Paz porque creo que todos somos hijos de Dios. Entonces apelando a esa dimensión espiritual, lo que aprendí estudiando logoterapia es, digamos, esa postura psicológica que yo adopto para empezar a crear todo el itinerario para jóvenes, y bueno, hoy en día, desde Casa de Paz, tenemos acompañamientos espirituales para jóvenes, para familias, para instituciones, hemos trabajado con Naciones Unidas, con BBVA, con Cencosud, con muchísimas instituciones que acompañamos para que las personas tengan ese equilibrio y esa paz interior como un eje para que domine en toda su vida laboral, familiar y personal, y ahora el proyecto más lindo que estamos haciendo es con el Ejército Nacional, estamos haciendo restauración emocional y psicológica a los soldados de guerra heridos en combate.

LL: Ha sido un trabajo inmenso todo lo que has hecho hasta ahora. Hubo algún momento en el que dijeras no, esto la verdad me quedó grande. Quiero botar la toalla acá, no la voy a lograr. ¿Hubo algún momento en el que pensaste en desistir?

P: Muchos. Muchos momentos. Este es un camino de subir montañas durísimas, es un camino de renuncias. He tenido que hacer muchísimas renuncias, a momentos ricos, a viajes, a momentos quizás de estar con mi familia, a momentos de quizás hacer planes como todas mis amigas que de pronto se van todo el fin de semana a jugar golf o a jugar tenis, o tienen los viajes divinos por todo el mundo. Yo decidí darle todo lo material que tengo, todo lo emocional que tengo, toda mi vida a ayudar a las personas a encontrar la paz. Pero es un camino que, primero me ha exigido muchísimas renuncias personales, muchísimos sacrificios, son momentos de muchísima soledad, en donde yo, por ejemplo, este fin de semana me voy con 150 jóvenes, sola, y con mi staff de Casa de Paz, a ayudarlos a cada de uno de ellos a encontrar la paz. Me llevo jóvenes universitarios, soldados que han perdido piernas, brazos, que tienen traumas psicológicos y emocionales fuertísimos. Muchas veces yo me voy a ayudar a las personas a encontrar la paz, pero yo misma también tengo mi corazoncito a veces partido, a veces solo, a veces angustiado, con situaciones de la vida ¿no? Porque nadie está exento del dolor ni del sufrimiento. Entonces es un camino de mucha templanza, se requiere muchísima templanza personal, mucho coraje, mucha perseverancia, mucha fortaleza interior, y yo creo que también para eso es muy importante la formación que uno como persona tiene que decidir tener, por eso ahora soy una psicóloga en gestación, estoy empezando a estudiar psicología.

LL: No paras.

P: No paro. (Risas).

LL: Tú ahorita hablabas de cómo el amor de esa niña joven a lo mejor no era tan amor. Has podido ir evidenciando la evolución en ti misma hacia lo demás. ¿Cómo piensas tú, después de todo lo que viviste, que esta es una nueva oportunidad que te han dado en el amor?

P: Mira ha sido una bendición. Llevo con Alejandro, mi esposo, nueve años. Ya completamos nueve años de construir una relación espectacular, y es algo que yo le he querido dejar como legado a mis hijos, no solamente a mis hijos biológicos sino a mis hijos espirituales; tengo más de dos mil jóvenes al año que acompañamos y trato, desde mi experiencia personal, y desde mi coherencia de vida, porque creo que para poder uno predicar tiene que primero vivir, si no, la predica no sirve para nada, creo que nosotros vivimos hoy en día desde Casa de Paz, somos testigos de una racha interminable de divorcios. Hoy en día, más del 70 % de los jóvenes que se acercan a Casa de Paz vienen de familias rotas y de papás divorciados, y siempre para mí ha sido un cuestionamiento, ¿por qué? ¿Por qué se acaban tan rápido las familias y las parejas? Y yo lo pude ver, lo pude vivir en mi vida personal, no solamente por mis papás, sino también en mi vida personal y en todos los jóvenes que acompañamos, es imposible que una pareja pueda funcionar cuando papá y mamá tienen tal cantidad de problemáticas personales, de temperamentos aprendidos por sus antepasados, heredados, por todo lo que se aprende en sus familias nucleares, entonces somos personas que vamos acumulando en nuestra dimensión psicológica también una cantidad de basura, una cantidad de sombras. Y si nosotros no trabajamos esos defectos de carácter, si no trabajamos el ego, si no trabajamos muchísimas sombras que están escondidas dentro de, muchas veces, lo maravillosos que somos, o lo maravillosos que nos presentamos al mundo, si individualmente cada persona, no se trabaja, no hace un proceso de autoconocimiento, de depuración de defectos, de sometimiento del ego, todos estos defectos, es imposible que una pareja pueda funcionar. Y si nosotros cargamos esa cantidad de basura, y la metemos dentro del vínculo, y después dentro de ese vínculo tenemos hijos y heredamos todas esas patologías, por así decirlo a nuestros hijos, es imposible que tengamos una sociedad que sepa construir en valores, en virtudes. Entonces digamos que la primera dimensión que yo tuve fue conocerme a mí misma: ver qué era lo lindo, lo feo, lo brillante, lo oscuro, para poder entonces trabajar ya un vínculo, una relación con otra persona, pero ¿cuál es la problemática hoy en día? Las parejas pretenden ser felices aportando una cantidad de basura, por lado y lado, a un vínculo, y llega un momento en el que éste se revienta, porque es un vínculo sucio. Es muy necesario que hoy en día las parejas acudan a la humildad, al diálogo, y sobre todo a conocerse a ellas mismas para que después puedan construir algo con otra persona. Si no tienes paz contigo misma, es imposible que tengas paz con alguien más.

LL: ¿En algún momento te resignaste al amor? Antes de conocer a Alejandro dijiste ¿tal vez esto no es para mí?

P: Sí, mira, cuando salí de mi última cirugía, que fue la más violenta de todas, estuve por periodos de tres meses en el hospital, en cuidados intensivos, con transfusiones de sangre, entubada por todas partes, o sea, ya prácticamente no se sabía sí vivía o moría y fue una batalla muy dura por vivir porque ya tenía mis tres chiquitos. Ya estaban grandes, pero para mí siempre seguirán siendo mis chiquitos. Y yo decía: “yo tengo que vivir”. Tengo que vivir porque tengo a Vero, a Simón y a Valerie y todavía me falta terminar esta tarea primera de mi vida que es ser mamá y sentía que no había culminado esa tarea. Y en noches interminables de dolor profundo, en cuidados intensivos, le pedí a Dios que no me llevara todavía, que yo tenía que terminar primero con mi tarea de ser mamá, luego tenía esa tarea espiritual de dejar una huella en el mundo, y luego, si Dios me lo permitía, encontrar el amor. Pero me había auto desahuciado, la verdad cuando salí del hospital tomé la decisión de dedicarme a este camino espiritual en mi vida, y yo ya dije: “no, yo ya encontrar otra persona… volver a rehacer mi vida…” y en ese momento dije: no, yo ya me dedico a mi tema espiritual y a ser mamá. Y en un retiro espiritual conocí a Alejandro, porque a él también se le había roto su vida, él también estaba absolutamente desahuciado emocionalmente, había encontrado un momento de profundo dolor donde también se estaba cuestionando muchas cosas, y ahí empezamos un camino espiritual juntos en donde nos hicimos el propósito de hacer una peregrinación al año. Una vez al año vamos a algún lugar espiritual y en donde él también empezó un camino de espiritualidad, de autoconocimiento, de buscar esa plenitud, entonces esa plenitud la hemos ido construyendo. Las cosas no se dan solas. Cuando tú ves parejas felices, no es porque se ganaron la lotería, no es suerte, eso no existe. Es porque realmente lo han luchado. Y lo primero, someter el ego. Para que una pareja sea feliz hay que aplastar el ego y trabajar con humildad.

LL: ¿Qué puedes decir que te tocó cambiar de la Popola de antes a lo que eres hoy en día?


P:
Uy muchísimo Laurita. Muchísimo. Yo creo que lo primero es que yo era una persona muy pública. Vivía rodeada de mil amigos. “Amigos”. Vivía rodeada de una cantidad de personas… Hoy en día, muchas veces nosotros buscamos afuera en el mundo lo que no somos capaces de encontrar en nuestro interior, y nos llenamos de vida social, y nos llenamos de una cantidad de “tengo que”, tengo que trabajar, tengo que tener este sueldo, tengo que tener este carro, tengo que ser exitoso, sobre todo en la juventud, tengo que tener mil amigos, y empecé a darme cuenta de que realmente primero tenemos que ser. Y lo importante es ser personas, ser seres humanos. ¿Quién soy yo? Cuando respondamos esa pregunta, entonces ya el tener no importa. No tiene absolutamente ninguna relevancia. Entonces tuve que hacer una depuración muy fuerte, de toda esa basurita que había acumulado a lo largo de mi vida, tuve que sanar muchas heridas, tuve que hacer muchas peregrinaciones, muchos silencios interiores hasta que empecé a tener una vida realmente solitaria otra vez, pero no solitaria porque me sentía abandonada por el mundo, sino solitaria porque empecé a disfrutar el estar sola. Empecé a estudiar, empecé a leer. Empecé a tener este recorrido hacia mi propio corazón y cuando llegué hacia mi propio corazón, como Santa Teresa de Ávila, recorriendo esas siete moradas de nuestro propio corazón, llegué a esa morada interior en donde me encontré realmente con Dios y ahí me quedé.

LL: Hoy en día ¿crees que te hace falta perdonarte algo?

P: Nada. Absolutamente nada. Hoy en día me considero una persona absolutamente plena. Tengo, claramente, como todos los seres humanos hasta el día que paremos de respirar, dolores, situaciones familiares difíciles, situaciones laborales difíciles, llevar una fundación adelante que acompañe a tantas personas al año no es fácil, requiere una infraestructura muy poderosa, un equilibrio y un balance interior que a veces no es fácil de mantener, pero considero que la vida es como esos surfistas que van surfeando con las olas; a veces tienes una ola arriba, y vas ahí absolutamente feliz, y de pronto la ola te tira hacia abajo. Yo creo que en la vida uno va surfeando con las olas y lo importante es que cuando estés en la ola de abajo, tomes impulso para volver a estar en la de arriba. Yo le digo a mis jóvenes: “mira, no hay un dolor eterno para toda la vida, no existe una crisis permanente, no existen las crisis crónicas para toda la vida, todos son aprendizajes, y cada una de las crisis te edifica si tú la sabes aprovechar.” Y siempre les digo: “apela a ese momento de crisis en tu vida que ya superaste y piensa de dónde las sacaste fuerzas para hacerlo. Piensa cuáles fueron esos momentos que tú ya pasaste y de dónde sacaste esos recursos para salir adelante”. Así que la vida es un aprendizaje permanente, desde que uno lo vea así: salir de posiciones de víctima. No nos quedemos en las posiciones de víctima: “porque a mí me hicieron, porque a mí me rompieron, porque a mí me traicionaron, porque a mí no me quieren”. No. Ser feliz es una decisión, y cuando sales de la posición de víctima y empiezas ese camino espiritual, encuentras la felicidad.

LL: Ahorita que hablabas de aprendizajes, ¿qué dirías tú que es el aprendizaje más grande que te han dejado tus hijos?

P: Bueno, aceptarlos como son. Muchas veces creo que los defectos o los errores que cometemos las mamás, que es algo que también trabajo muchísimo con las mamás de los jóvenes que acompaño, es: nosotros creemos a veces que educar a nuestros hijos es como si tuviéramos niñitos de plastilina que los queremos hacer a nuestra imagen y semejanza. Entonces yo quiero que mi hija se vista así, yo quiero que me hijo hable así, yo quiero que mi hija se case con tal persona, que mi hijo se enamore de tal otra, no quiero que haga esto, no quiero que se peine así, quiero que salude así, quiero que estudie tal carrera para que sea exitoso. Y me he encontrado con tantos dolores en los jóvenes, tantos dolores, tantas frustraciones de tantos jóvenes que dicen: “Quisiera que mi mamá me aceptara como soy, quisiera que mi papá me abrazara como soy”. Y aprendí en un momento dado de mi vida a no hacer fuerza, a simplemente a tomar a cada uno de mis hijos como es, con su personalidad. Son DIFERENTÍSIMOS, cada uno de ellos tres. Y siempre he tratado de decirle a las mamás y a los papás: “acepta a tu hijo como es”. En el momento en el que aceptes a tu hijo como es y veas realmente el valor tan grande que hay en esa personita, desde que es chiquito hasta que crece, acepta a tu hijo como es, mírale las cualidades, mírale las virtudes. Yo siempre digo en los retiros a los papás: “pilla a tu hijo haciendo algo bueno”.  Todos los días. Pilla a tu hijo haciendo algo bueno. ¿Por qué siempre estamos regañando? ¿Por qué siempre somos las mamás cantaletudas? Vístete así, péinate así, estudia tal cosa, y a veces yo misma incurro en eso. Yo creo que la mayor lección que nos pueden dejar a nosotros nuestros hijos es que nosotros reconozcamos como papás en ellos esa huella de sentido que ellos tienen en su vida personal y cotidiana que la aprendieron de nosotros por el ejemplo y no por la cantaleta. Creo que nosotros a los hijos los podemos construir más desde el ejemplo que desde la cantaleta.

LL: ¿Qué tanto lloras?

P: Mucho. Cada vez menos. Cada vez lloro menos y es una cosa que me preguntan los jóvenes en los retiros, me dicen: “Popolita, ¿tú por qué no lloras?” En los retiros siempre hay muchísimas lágrimas y las personas a veces se asustan porque se llora mucho, y yo digo que las lágrimas son el bálsamo para el alma. Cuando lloramos esas lágrimas van sanando, van cerrando heridas. Hoy en día no lloro tanto. Particularmente en los retiros no lloro tanto, en mi vida cotidiana claro que sí, tengo a veces dificultades, pero cuando veo a los jóvenes sanar, veo que cada llaga de dolor es un milagro en gestación, y ahí, cuando veo eso, y reconozco eso en cada uno de los jóvenes que acompaño, me doy cuenta realmente que las lágrimas son benditas. Que las lágrimas son como la pomadita para el morado.

LL: Hoy en día, si te tuvieras que describir a ti misma en tres o cuatro palabras, ¿cuáles serían?

P: Bueno yo diría: perseverante, resiliente, espiritual y amorosa.

LL: ¿De qué te arrepientes hoy en día?

P: De nada. De nada. Quizás de lo único que podría arrepentirme es de haber vivido con el acelerador a fondo. Por muchos años de mi vida duré con el acelerador a fondo, de hacer, hacer, hacer, lograr, lograr, lograr y finalmente, cuando me di cuenta de que había logrado lo que me había propuesto, que había adquirido todo lo que quería, que había sido exitosa en mi carrera y en todo lo que me había propuesto, comprendí que gran parte del vacío existencial de las personas hoy en día, es que cuando llegan a una edad, yo digo que por ahí a los 50 – todavía no he llegado a los 50, tengo 48 – pero cuando llegamos por ahí a los 50 y miramos para atrás, decimos: “si hubiéramos vivido más despacio, si hubiéramos saboreado más la comida, si hubiéramos visto más atardeceres…” porque me encuentro con muchísimas personas cuando acompañamos adultos, o cuando acompañamos instituciones, sobre todo en el proyecto de espiritualidad gerencial que llevamos a las empresas, me doy cuenta que grandes ejecutivos importantísimos, que manejan carros elegantísimos, que tienen sueldos extraordinarios están enfermos de estrés, toman antidepresivos, tienen las familias absolutamente deshechas, toman ansiolíticos, se anestesian con trago, y ¿para qué? Entonces si aprendiéramos realmente a vivir la vida, a repensarnos la vida, a re significar nuestra vida, creo que seríamos muy felices. Entonces si me arrepiento de algo, solamente sería de no haber vivido la vida más despacio, más en calma. De lo único. De resto todo, todas las equivocaciones también han sido aprendizajes grandiosos.

LL: ¿Y miedo? ¿A qué le tienes miedo hoy en día?

P: Uy, le tengo miedo a los ascensores. (Risas) Soy súper claustrofóbica. Tengo una sola fobia en mi vida: a los aviones y a los ascensores. Lo he aprendido a manejar porque hago mucho mindfulness, mucha meditación y bueno, toda la meditación que yo trato de enseñarle a las personas en Casa de Paz, trato de yo misma hacerla en un ascensor o en un avión. Y eso fue porque muy chiquita me mandaron a un internado en Suiza, y cuando me mandaron yo sentí que me arrancaban de mi familia, de mis raíces, de mi mundo de seguridad, y el avión fue como el monstruo que me separaba de mi familia, de mis personas amadas. Pura simbología. Aprendizaje. Y luego también, en otro momento dado, tuve un novio al que quise muchísimo y cuando me separaron también de él porque no era la persona que mis papás consideraban la persona correcta – y tenían razón – pero en ese momento no lo entendía, también el avión fue como el monstruo que me separó de esa persona que amaba. Entonces por eso, hay que tener mucho cuidado y entender – por eso también estoy estudiando psicología – de dónde nacen las fobias, de dónde nacen los miedos, de dónde nacen esas autolimitaciones que nosotros nos ponemos en la vida para después podernos oponer a eso. Pero si no sabemos de dónde nacen, y cuáles son esos miedos aprendidos, no podemos someterlos. Hay tantas personas, hasta adultos, personas de la tercera edad, niños, que tienen tantos miedos y tantos pánicos ahí arraigados en su interior, que esa es otra de las cosas que también trabajamos en los retiros: someter ese miedo.

LL: Uno te oye hablar, y uno dice bueno, ella tuvo que reconstruirse mil y un veces. Casi que mirándolo como un dibujo, si uno pensara en el corazón de uno, tú crees que esas heridas, esos rotos, se vuelven a pegar, se vuelven a reconstruir, se vuelven a soldar, pero ¿siguen estando presentes? ¿Son heridas que se pueden volver a abrir?

P: Mira yo creo… Yo tengo, claramente, en el corazón muchas heridas. Yo creo que hay heridas que uno, aunque perdona y sana… yo las llamo heridas de guerra. Y creo que somos todos soldados de luz. ¿Por qué soldados de luz? Porque somos soldados que tenemos muchas batallas en la oscuridad, pero que finalmente cada una de esas batallas nos llevan a la luz. A la luz como cada uno lo quiera ver. Para mí la luz es la plenitud, para mí la luz es encontrar a Dios. Hay personas que no creen en Dios, pero pues encuentran la plenitud y eso es un pedazo de Dios en la vida de cada uno. Tengo heridas de guerra en mi cuerpo, tengo muchísimas cicatrices de todas las cirugías que me hicieron para poderme salvar la vida muchas veces, y cuando me miro en el espejo, digo: esas heridas en mi cuerpo, de esas cicatrices que están ahí, y esas heridas del alma, que a veces las miro en mi dimensión espiritual y me sacan lágrimas, todas esas heridas que cargamos como seres humanos nos dignifican. Si nosotros no tuviéramos heridas de guerra, a nivel físico y a nivel espiritual, no podríamos ser personas dignas, porque cada una de esas heridas representa un combate, y son combates espirituales. Yo creo que cada una de esas heridas te recuerdan a ese combate que a veces uno pudo haber ganado o pudo haber perdido, pero que indiferentemente de que ganes o pierdas los combates, la guerra final, es la existencia misma y yo quiero que cuando yo me vaya de este mundo no le quede debiendo nada al mundo, y no le quede debiendo nada a la vida. Y por eso cada día de mi vida lo vivo al máximo.

LL: ¿Hoy en día qué haces? ¿Cómo es tu vida hoy en día?

P: Uy no te imaginas, es una locura. No paro. Hoy en día… bueno, como te conté, acompañamos a más de dos mil jóvenes al año en Casa de Paz nuestro centro de espiritualidad en Subachoque. Acompañamos instituciones en donde dictamos talleres a ejecutivos, a todo el tema de todos los empleados de una institución. Nos mandan equipos de 100 personas a tomar estos talleres. Tenemos itinerarios espirituales para familias, para jóvenes desde los 14 años hasta los 30. Estoy también recuperando mi vena artística, entonces estoy sacando todas esas joyas porque pues  tengo que liquidar ese inventario también porque no me lo voy a llevar en el ataúd cuando me vaya (risas). Entonces estoy recuperando también esa parte de diseñar, de volver a encontrarme con mi vena artística que la tenía un poco guardada. Tenemos dos programas de televisión; “Casa de Paz TV”, que lo estamos pasando una vez a la semana. Nuestro eslogan es: Instituciones y Corazones que están cambiando el mundo. Otro programa que se llama “Escúchame”, que es de jóvenes, porque veo que lo que los jóvenes más necesitan hoy en día es ser escuchados. Y la mayoría de los jóvenes… yo he encontrado que, esos intentos de suicidio, esas autolesiones, todos esos trastornos emocionales que los jóvenes tienen hoy en día son porque no son escuchados. No podemos seguir silenciando a los jóvenes; hay que sentarnos y escucharlos. Y con solo escucharlos, los jóvenes se sanan.

LL: ¿Cuál es el plan perfecto para ti?

P: El plan perfecto es irme para Casa de Paz, estar en silencio, escuchar los pajaritos, conversar con Dios. Tengo conversaciones larguísimas con Dios (risas), echo carreta con Dios por horas, le pregunto, lo regaño, le reclamo. Pero Dios a mí me habla de una manera increíble. Tenemos conversaciones interminables. Desde los 13 años escribo diarios entonces tengo toda mi vida escrita en diarios. Las leo y ahí está toda mi biografía. Esa biografía que trato de abrazar todos los días de mi vida. Y mi plan perfecto es irme a un retiro a Casa de Paz. Es lo que más me gusta, lo que más amo, poder ver la transformación de las personas cuando llegan allá cargando la cruz de cada uno, con posturas de dolor, de tristeza, de angustia existencial y ver después como van floreciendo, como van encontrando la felicidad. Sobre todo los chiquitos, los chiquitos de 14, 15 años que llegan allá diciéndote: “ya no quiero vivir, mi vida no tiene sentido, estoy absolutamente triste, desahuciado.” Soldados que no tienen piernas, que no tienen brazos, todas las personas que acompañamos, cuando yo veo ese proceso en el que nosotros los hemos podido llevar de la mano y también acariciarles sus heridas, para mí esa es la plenitud. Para mí ese es el plan más lindo, más rico, más espectacular de mi vida. Más que si me regalaran un tiquete para irme a viajar a Europa. Prefiero quedarme en Casa de Paz.

LL: ¿Qué te hace falta por hacer?

P: Bueno, mi sueño para terminar realmente, es graduarme como psicóloga, porque creo que cuando me gradúe como psicóloga va a ser ponerle nombre a lo que ya conozco. Digamos, los psicólogos con los que trabajo y mi coach personal me dicen: “tú necesitas estudiar psicología para ponerle nombre y un marco científico a lo que ya conoces”. Porque pues, lo estoy haciendo hace más de 17 años. Entonces ¿qué me falta por hacer? Ser psicóloga. Quiero ser conferencista a nivel internacional y nacional de todo el trabajo que estamos haciendo, poder compartirlo con la gente. Quiero escribir un libro del cual ya tengo el prólogo. Mío. No sé si lo voy a hacer a manera de testimonio de mi vida o a manera de la huella que yo he dejado en el mundo. Yo creo que sería más hacia la huella que estamos dejando en el mundo. El nombre ya lo tengo, va a ser: “Tu alma, equipaje perpetuo”. Entonces es como invitar a las personas a que vean el alma que cada uno tiene como un equipaje perpetuo porque es un equipaje que te va a acompañar más allá de tu propia vida, más allá de tu existencia. Cuando ya pares de respirar, cuando ya no vivas más, tú alma va a seguir acompañándote, es tu equipaje perpetuo. Es algo de lo que no te deshaces. Es algo que no puedes perder. Puedes perder tu estabilidad emocional, económica. Puedes perder la vida misma, pero el alma te acompaña de manera perpetua, entonces ese libro se va a llamar así. Ya tengo el prólogo y estoy ya empezando a escribir los diferentes capítulos, y bueno crear la universidad espiritual. Quiero tener una universidad espiritual en donde las personas lleguen a Casa de Paz y encuentren una escuela de vida.

LL: ¿Cuál es la cualidad que más admiras en una persona?

P: La honestidad, la transparencia.

LL: ¿Y a la que le huyes?

P: A la falta de ética. A la mentira, a la falsedad. No la soporto, no puedo con ella. Cuando encuentro personas falsas, cuando encuentro a personas que violan los códigos morales, me sacan de… no puedo… no lo resisto.

LL: ¿Qué te gusta comer? ¿Qué puedes comer?

P: Muy poquito. Soy vegetariana por salud, no por filosofía. Amo las aceitunas, las almendras, las arepas, las alcachofas, lo que no me caiga mal, porque siempre estoy, gran parte del tiempo, sintiéndome mal. Ya la he aprendido a manejar entonces ya como que la enfermedad es mi compañera, pero es difícil. Eso, vegetales, trato de sacar la proteína de la almendra. Como casi siempre lo mismo. Es aburrido, pero ya me acostumbré.

LL: ¿Tienes alguna frase de cabecera?

P: Una frase de cabecera. Bueno, tengo muchas, pero yo creo que la frase que me acompaña en mi vida es… le hablo mucho a Dios y siempre le digo como “En ti confío”. Y todas las mañanas me levanto, tengo un cuadro de un Jesús resucitado enfrente de mi cama y siempre digo: “En ti confío, no me sueltes, en ti confío.” Y le digo: “si en algo me equivoco, si algo hago mal…” porque claro, siempre tengo un temor de guiar a las personas por decisiones equivocadas, por caminos equivocados, me cuido mucho de eso. Por eso trato de mantener la fundación tan estructurada, con un equipo interdisciplinario de personas expertas en diferentes campos. Siempre le digo que yo como capitana de este gran barco, me guíe, me muestre el camino a través de mis silencios y de mis meditaciones, pero siempre le digo: En ti confío. Es un mantra. Y los niños se me burlan. Los jóvenes del cenáculo se me burlan porque cuando me llaman con una problemática existencial de sus vidas yo les digo: “confía”.  Entonces se les pierde el cuaderno, o los papás se separaron, o no tienen plata para el bus,  o van tirándose el semestre, o cosas ya dramáticas, les digo confía. Y entonces hoy en día es un lema que da hasta para tomarme del pelo.

LL: Bueno y ya para terminar, a ¿qué le pones La Lupa en tu vida?


P:
Al corazón. A mi corazón y al corazón de las personas, y es algo que quisiera dejar como legado en este encuentro tan lindo que tú y yo hemos tenido: pongamos La Lupa en el corazón de las personas. No en los prejuicios, no en las máscaras. Tantas veces estamos juzgando a las personas por las máscaras que se ponen y no nos damos cuenta de que la máscara es para cubrir su propio corazón. Si le pusiéramos La Lupa al corazón de las personas, cuando discutimos con alguien, cuando tenemos diferencias, cuando nos han lastimado, olvidémonos de la máscara que esa persona se pone para presentarse ante nosotros y vamos derecho al corazón. Y si pusiéramos La Lupa en el corazón de las personas que encontramos a lo largo de la vida, te juro que la vida sería distinta. Tendríamos menos conflictos, menos dolores.

 

La Lupa en frases

Directorio de entrevistas A – Z

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¨El arte me ha dado toda la fascinación, el entendimiento, el poder satisfacer mis inquietudes.¨

Clemencia Vargas

¨Creo en el baile y en el movimiento como una herramienta potente y única para generar transformaciones.¨

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Antonio Sanint nos dio a conocer una faceta muy personal que no muchos conocíamos, en la cual nos cuenta cuales son sus inspiraciones, quienes lo apoyaron desde un principio, como se ha mantenido en el medio, como supera sus miedos día a día y como hace reír a cientos...

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#LaLupa, con Laura Anzola y Canal Capital: Bombardeamos a Antonina Canal Davila directora de la academia Prem Shakti con 32 preguntas que contestó sin dudar. LL: Anto ¿A que hora te levantas? AC: A las seis.   LL: La primera actividad de tu día. AC: Darle un beso...

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“Sabía que de alguna manera algo me tenía que inventar para ser oído. Por eso escogí escribir”

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“Me gusta un estado de cordura no permanente. Creo que una alta dosis de irresponsabilidad es deliciosa en la vida.”

Alejandro Cuellar

“En la cocina el criterio solo existe cuando ha habido experiencia.”

Alexandra Santos

“Entendí que tenía que aprender a soltar para dejarme sorprender un poco más por la vida.”

Alejandro Riaño

“Este trabajo me ha dejado un amor por la vida y un amor por lo que hago que no puedo describir.”

Amalia Andrade

“He sido muy terca en querer creer que la vida está llena de magia.”

Ana Wills

“Actuar es un trabajo muy difícil y un estilo de vida complicado. Pero todo es una experiencia, hay papeles que te cambian la vida.”

Andy Gaitán

¨Siempre me he dejado llevar, hay que ser arriesgado¨

Andrea Novoa

“Tenía una voz interna que me decía que tenía que hacer esto como fuera”

Antonina Canal

“Hay que romper la rigidez y fluir. Soy una aventurera, una gitana”

Beatriz Fernández

“Soy una revolucionaria de las leyes. Mi ley es la ley del amor. Detesto la rigidez”

Beto Gaitán

¨Nunca me ha gustado comer cuento. Siempre me ha gustado indagar, ir más allá.”

Carlos Villa

“Con el violín se crea un vínculo muy fuerte. No es solo emocional sino físico y emocional.”

Catalina Escobar

“Yo tengo un motor adentro, yo trabajo en sintonía con mi hijo. Él y yo somos socios en esto.”

Daniella Álvarez

“Los sacrificios y la disciplina me han hecho alcanzar lo que siempre quiero”

Daniella Moscarella

“Siempre he sido diferente. Nunca me ha gustado ser una niña más del montón.”

Diana Alvarado

“Es duro saber que yo tuve que darle más de la mitad de mi vida a la guerra. Nunca me imaginé que habría más oportunidades para mí.”

Diego Sáenz

¨Uno se preocupa por qué hacer pero es mejor saber lo que no quieres hacer¨

Duván Barato

“Me desmovilicé buscando una oportunidad de mejorar mi vida, pero entré a una sociedad que señala, estigmatiza, rechaza y aisla.”

Elkin Serna

¨El sufrimiento que he vivido, me hizo armarme de valor.¨

Emmanuel Esparza

“Para ser actor no es suficiente ser bueno. Hay que ser obsesivo.”

Felipe Acosta

“Las ideas me han nacido por necesidades y casualidades de la vida. Yo las he sabido leer.¨

Francisco Santos

“Cuando uno se salva de un secuestro de Pablo Escobar el miedo se acaba. Yo viví con la muerte ocho meses”

Geraldine Pomato

“Soy una mujer obstinada, trabajo por lo que quiero hasta que lo logro. Con Wikimujeres fue así”

Gustavo Yacamán

“Pongo mi mente en blanco antes de poner el pie en el acelerador”

Jaime Lombana

“Yo presiento siempre lo que va a pasar. Sé cuándo voy a ganar y cuándo no”

Jorge Duque

“El día que dejé de esconder quién era, dejé de pelear conmigo mismo”

Juan Felipe Samper

¨Seguir los sueños, con todo lo romanticón que suena, siempre va a ser válido, siempre va a ser lo más chévere¨

Juan Pablo Socarrás

“Si la vida me había dado tantas oportunidades era por algo. Me dediqué a luchar por este sueño”

Laura Tobón

“Me lo propuse, lo soñé y lo luché y todo ha llegado en medidas que nunca imaginé”

Mabel Moreno

“Tengo un alma muy libre, pero también una cabeza que me pone todos los límites. Soy mi mayor juez.”

Marcelo Rozo

“No hay nada en la vida como levantar un trofeo. Es como tener el mundo en las manos”

María Del Rosario Guerra

“Mi disciplina, mi formación cristiana y mi preparación académica son lo que me ha permitido lograr todo en la vida.”

Marianela González

“Pareciera que soy conservadora pero no. Todo lo que sea distinto a la costumbre me atrae mucho. Soy muy curiosa”

Marta Lucía Ramirez

“Soy una persona estricta, coherente, con mucho compromiso por Colombia, a veces demasiado cuadriculada.”

Natalia Espitia

“Entendí que la mejor manera de transformar y sanar mi vida era ayudando a las niñas a vencer el miedo”

Natalia Ponce de León

“Escogí el camino de levantarme y hacerme grande. Esto fue un renacer, reinventarme desde cero.”

Oscar Iván Zuluaga

“A mi no me obsesiona el poder. Me obsesiona poder trabajar por los demás.”

Paloma Valencia

“Siempre he querido cambiar el mundo. Me hace falta ver que sí se puede”

Paulina Laponte

“Entendí que hay que aprender a fluir con la vida. En el camino encontré muchos talentos y pasiones que no conocía.”

Pilar Schmitt

“Trabajo en una cosa completamente diferente a lo que yo soy”

Regis Ortiz

“El proceso de reinserción no fue fácil. Pero cuando veo a mi mamá y a mi hijo sé que todo ha valido la pena.”

Santiago Prieto

“El camino es infinito. Lo más difícil es persistir, perseverar y resistir”

Tata Gnecco

“Si a tu sueño le pones un poquito de disciplina y empuje, lo consigues ”

Tito Puccetti

¨En mi carrera he hecho muchos sacrificios. Y sí, he tenido suerte, pero ha sido una suerte buscada.”

Yaneth Waldman

¨Yo soy terca en buscar la felicidad todos los días de mi vida.”

Vladdo

“Soy inquieto, sarcástico, malpensado. Tengo cara de bravo pero soy una melcocha.”

Paula Lopez  | La Lupa Revista Digital
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Paula López
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Paula López, nos cuenta sobre su juventud, sobre su profesión, su relación con sus padres y su vida de casada.
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