Paloma Valencia

“Siempre he querido cambiar el mundo. Me hace falta ver que sí se puede”
Paloma Valencia | La Lupa Revista Digital

Detrás de esta senadora del Centro Democrático que se ha ganado las peores críticas y los más grandes elogios, hay una mujer sensible, que no debate cuando está con sus amigos, que le gusta estar tranquila cuando puede y que espera cambiar su país, como lo aprendió en su Popayán del alma. Esta es la historia de Paloma Valencia y lo que La Lupa descubrió de ella.


¿Cómo recuerdas tu niñez?

Bueno pues mi niñez la verdad yo creo que fue como cualquier otra. Bastante normal, no tuve nada específico, era muy cuidadosa, poco dañina, muy acoplada a las reglas de la casa, a las del colegio; unos hermanos sí más dañinos. ¿Ese es el drama de los mayores no?

¿Y a quién le sacaste el carácter, esa contundencia al hablar?


No, si en mi casa yo soy la más mansita (risas). Lo que pasa es que en mi casa sí hay una pasión por discutir
. Todo el mundo discute, todo el mundo tiene posiciones y todos las defendemos mucho. Y todos entendemos que cada quien tiene derecho a defender su posición y está bien que la defienda. De hecho eso incentiva que cada quien defienda lo que piensa y sea propositivo en sus ideas y tenga ideas sobre todos los temas.

¿Y fuiste consentida?

Mucho. Fui malcriada en ese sentido. Unos papás totalmente malcriadores. Además papás separados… yo creo que fui una de las primeras generaciones a las que les tocó papás separados. Entonces uno pedía un permiso y uno le decía que sí y el otro que no, entonces yo creo que nunca hubo como tanta capacidad de imposición de normas. Yo creo que fui criada muy en la anarquía (risas).

¿Quién te dio la enseñanza más grande, la que más apliques hoy, quién te la dio?

Yo creo que mi papá es una persona muy importante en mi vida. Siempre he sido una persona demasiado apegada a él y me enseñó muchas cosas sobre la preocupación por el país, sobre qué quisiera que tuviera este país, cómo hacer para que sea mejor. Y además desde muy chiquita. Yo le preguntaba que por qué había gente pobre, que cómo hacíamos para distribuir mejor la plata y él gastaba mucho tiempo contestándome y alimentándome mis preguntas existenciales sobre la política y el país. Pero en general yo creo que el entorno de mi familia, todo es totalmente… todo el tiempo es pensando en el país. Entonces mi abuela me decía y tú qué vas a hacer por este país, y a mis hermanos les preguntaba también y como solucionaríamos los problemas. Yo creo que es una familia muy dedicada a pensar en lo público.

¿Y te soñaste desde chiquita que ibas a hacer política

Cuando yo era chiquita sí, después no. Después me pareció que la política era espantosa y que yo no iba a llegar a la política, y después ya más grande me parecía imposible. Porque en la política electoral tradicional es imposible ganar elecciones. De no ser porque el presidente Álvaro Uribe me metió en una lista cerrada, difícilmente llego al Congreso.

Y para esos años una mujer en política era una cosa bastante difícil de pensar…

Pues yo no tanto porque tengo una tía abuela, que se llama Josefina Valencia, que fue la primera ministra mujer, la primera gobernadora mujer, que fue pionera en los derechos políticos de las mujeres con Esmeralda Arboleda, y creo que ella como constituyente que fue y como figura política, pues ha sido de una presencia muy grande en mi vida y en mi familia. En mi familia era muy claro que las mujeres podían hacer política. No había discusión sobre el tema.

 Bueno y después te fuiste a hacer una maestría en NYU en Escritura Creativa. ¿Cómo te nace hacer eso? ¿De dónde sale tu pasión por escribir?

Esa es una historia interesante porque yo sentía que lo que yo debía hacer era un doctorado y quería hacerlo en filosofía continental, que es la de los filósofos europeos, porque ahora la filosofía está dominada por la analítica, que a mí no me llama tanto la atención. Entonces apliqué al New School en Nueva York y me aceptaron y me dieron una beca y estaba feliz. No quería dejar de lado la escritura creativa, que era un tema que yo quería hacer. Pero me habían becado y entré en un debate muy grande frente a qué debía hacer y pensé que yo siempre había querido sacar más tiempo para escribir sobre literatura y no solo de política. Entonces me di ese gustico (risas).

 Pero te diste cuenta de que además eras buena…

Sí, pues me sorprendió que me dieran la beca y que lo que había enviado escrito hubiera impactado. Yo nunca le había mostrado nada de lo que había escrito a nadie, entonces fue divertido y pude sacar ahí un libro de cuentos y tengo material para, en algún momento, volver a eso.

Tres libros infaltables para el que quiera escribir bien

Es que yo no sé si uno aprende leyendo… pero bueno, si uno quiere como técnica de escritura yo diría que ‘Logoi’ de Fernando Vallejo, es el único libro sobre cómo escribir literatura porque hace un análisis de todas las técnicas que uno puede utilizar y que de hecho cuando uno lo lee, entiende cómo escribe Vallejo. En literatura yo diría que un libro infaltable es ‘El obsceno pájaro de la noche’ de José Donoso. Me parece que es la mejor novela. Yo recomendaría definitivamente ‘Los excluidos’ de Elfriede Jelinek. Me parece que también es una novela chiquitica e increíble. Y tal vez ‘Los errores’ de José Revueltas. Creo que nadie se habrá leído ninguno (risas) pero se los recomiendo.

¿Y tú crees que escribir es un talento innato?

Yo diría que uno escribe por necesidad. Si uno puede evitar escribir, pues no escribe. Pero mucha gente, incluyéndome, escribimos porque uno está a punto de explotar y necesita sacar un montón de cosas.

Qué es más difícil: ¿Escribir o hacer política?

Hacer política. Porque escribir es una cosa muy íntima, que depende de uno mismo, y está uno tranquilo frente a su texto y frente a su computador y su papel. Hacer política en cambio es un ejercicio que involucra mucha gente. Gente que está de acuerdo contigo, gente que está en desacuerdo contigo, gente que no sabe, que requiere una aproximación a las personas y que no depende de qué tanto te esfuerces tú, sino del sentimiento social que habita en una sociedad en un momento dado. Entonces esa complejidad de los dos lados me parece que la hace más dura.

Bueno, y estuviste también muy cerca de los medios de comunicación. ¿Qué crees que le hace falta al periodismo en Colombia?

Yo creo que le hace falta, y no lo digo por el último medio en el que estuve, aceptar que uno no es objetivo y que todos estamos hablando desde un punto de vista. Que todos estamos parados en un lugar, que tenemos unas creencias y unas visiones de las cosas y que entonces es importante componer los escenarios periodísticos con personas con visiones distintas para que la noticia no sea aparentemente objetiva, sino que uno pueda verla desde los diferentes puntos de vista, y que sea el receptor, el escucha, el televidente, el que tome la posición final. Yo creo que nos hace falta reconocer eso, porque todavía estamos en el positivismo donde creemos en la objetividad, y yo sí creo que objetividad no hay. Es imposible.

¿Cuándo te convenciste de las propuestas de Uribe?

Uy eso fue mucho tiempo atrás. Yo estaba en los Andes estudiando todavía y él fue a dar una conferencia y yo lo fui a ver y pensé, wow, increíble y creo que eso tenía que ver con que yo crecí e hice mi bachillerato en Popayán, en una época bastante dura que eran los noventas. Yo me gradué en el 94, digamos que ya habíamos vivido parte de lo que fue la violencia más dura de Colombia y lo que era interesante en esos momentos era que nadie hablaba de la violencia del país. Nadie decía nada de lo que estaba pasando. A la gente la estaban secuestrando, las carreteras se las estaban tomando, dinamitaban los puertos y nadie decía nada. Nadie hablaba de seguridad. Y cuando yo vi a Uribe y dijo que no estaba bien que los ciudadanos tuvieran que resistir eso, no estaba bien que los ciudadanos tuvieran que depender de grupos paramilitares para su defensa, no estaba bien que el Estado no cumpliera con su labor fundamental que es la seguridad, yo sentí que había alguien que estaba viendo lo que estaba pasando en el país, y me impactó mucho porque yo creo que era la ausencia de los problemas reales que yo había visto en el discurso político y una sola persona hablaba de esos temas. Entonces para mí fue totalmente sorprendente, me volví muy uribista. Me rompió el corazón cuando vino y apoyó a Serpa después de lo de Samper, que fue como para los que éramos uribistas, pero cómo así, yo pensé que este señor era otra cosa. Y efectivamente resultó siendo otra cosa y digamos, yo no lo conocía personalmente salvo un par de veces que lo vi por ahí, cuando le dio la cruz de Boyacá a mi abuelo, Mario Laserna, que lo vi por ahí y yo soy más bien tímida aunque no parezca (risas) y soy temerosa con la autoridad, entonces mi hermana le decía mire es que mi hermana es súper fan suya. Y él me decía bueno cuénteme algo y yo no pues, presidente…

¿Y ese fue el primer acercamiento entre ustedes?

Sí, y después de eso él no me reconocía. Pero claro, como ya después empecé a escribir para periódicos y en medios regionales, la gente le hablaba mucho de mí. Entonces él sabía quién era yo, aunque no me reconociera en la calle (risas).

¿Cuál ha sido la mejor enseñanza que has recibido de Uribe?

Yo creo que todo. Uno aprende de él muchísimo porque es una persona muy generosa. Y yo creo que él como líder es impresionante por su enorme conexión con la gente, por su capacidad de entender que no hay problemas insignificantes. Que uno puede tener un problema y que ese problema a uno le puede parecer súper grave y cuando se lo cuenta a alguien así de importante, él lo entiende. Da muchas lecciones a través del ejemplo, y en el diálogo del día a día es impresionante porque es muy generoso. Entonces digamos que cuando fuimos a Estados Unidos yo creí que le iba a llevar el maletín y conocer a los congresistas gringos y cuando llegamos a la reunión todos le decían que lo querían, y él decía sí, pero quiero que oigan a nuestra senadora Paloma. Él le abre a uno mucho los espacios, lo deja a uno intentar las cosas. Uno llega a una plaza enorme donde la gente quiere oírlo, él echa un pedazo de discurso y después lo suelta a uno. Y eso es muy motivante cuando eres un político joven. Tener esos espacios que en otros partidos no te dan.

Pues es que es lo que necesita uno en la vida. Que alguien le dé una oportunidad…

Exacto. Que crean en uno. Yo estoy totalmente de acuerdo con eso porque uno piensa que está listo para hacer todo. Pero a veces te dan oportunidades y uno no es capaz, pero él es una persona que cree en la gente. En general, cree en todo el mundo y es muy estimulante porque uno todos los días quiere hacerlo mejor. Quiere mostrarle que se preparó.

Y fíjate que en la generación de nosotros es tanta la competencia y tan difícil acceder a las cosas, que realmente que alguien le dé la oportunidad a uno no es tan fácil. Hoy en día para la gente joven hacer esos primeros pinitos se ha vuelto dificilísimo.

Dificilísimo. Yo estuve en medios de comunicación tratando de entrar y me tocaba regalar el trabajo para poderme financiar el gusto. Es duro que alguien te dé la oportunidad.

¿Qué le cambiarías a Uribe?

Yo creo que a la gente no hay que cambiarle nada. La gente es como es y parte de lo que es divertido es que la gente lo sorprende a uno. Que tiene facetas desconocidas y que tiene cosas que uno no comparte, porque o si no sería muy aburrido que toda la gente fuera idéntica a uno.

¿Qué te ha dado la política?

Ha sido un ejercicio intelectual duro porque te toca estudiar muchos temas, tener suficiencia, aunque sea media, en todos los temas. Que el Código de Policía, que la minería ilegal, que el proyecto de donación de órganos, que el proyecto del ácido. Eso implica sumergirte en esos temas, leer, estudiar, poder decir algo que valga la pena. No repetir lo que todo el mundo ha dicho. Me ha servido, digamos, para conocer Colombia, para hablar con mucha gente, para entender mejor el país. Yo creo que Colombia en muchos sentidos vive en una crisis de autoestima. Nosotros somos como un país adolescente, donde unos quieren que se parezca a Estados Unidos, otros que sea más europeo; pero siempre están pensando por qué no somos buenos como somos. Y parte de por qué no somos buenos como somos es porque no somos capaces de querernos como somos. Entonces la política sí le da a uno la ocasión de conocer a la gente, de querer a la gente como es, de aceptarla. No querer ser otra cosa sino entender qué somos y qué quisiéramos ser. Yo creo que eso ha sido maravilloso. Poder recorrer los pueblos de Colombia, conocer las comidas típicas de todas partes, tener ese contacto, ver las carreteras… eso ha sido maravilloso.

¿Y qué te ha impedido hacer la política?

Yo creo que acaba mucho la vida familiar, social. Los fines de semana te tienes que ir. Entre semana estás clavado toda la semana, pierdes mucho contacto con tus amigos, con el diario vivir que uno tenía antes, de ir a comer un domingo, todo eso se acaba.

¿Y te da duro o ya estás acostumbrada?

No pues uno se acostumbra, uno no se da cuenta qué tan rápido pasa el tiempo. Yo llevo como dos años y medio frenéticos y ahora en diciembre que vi a mis amigos todo el mundo decía que no me había vuelto a ver y pues sí. Uno cae en cuenta de eso y al tiempo hay un constante movimiento que te tiene muy ocupado. Son muchas cosas muy rápido y no tienes tiempo de pensar mucho. Yo creo que eso también es negativo y es que uno deja de tener perspectiva sobre uno mismo.

¿Qué crees que se necesita para ser un buen político?

Devoción. Se necesita un sentimiento muy potente de devoción porque es un esfuerzo muy grande. La gente no lo ve, la gente cree que la gente en el Congreso no trabaja, que se acuesta a dormir, que se quedan dormidos en las sesiones. Y sí se quedan algunos, pero no porque no hagan nada, sino porque el ritmo político en Colombia es muy competido. Hay un ejercicio duro. Claro, hay muchos móviles. Hay gente que está embebida con el poder y todo lo que eso significa, hay otros que están embebidos con la asignación presupuestal en las regiones y hay otros que quieren cambiar el mundo. Yo creo que todos son capaces y hábiles en lo que hacen. La política en Colombia es una competencia absurda, si tú piensas, hay más de mil candidatos para elegir cien. Es una competencia absurda. Es dura. No te puedes quedar dormido en una esquina y pensar que después vas a salir elegido. No.

¿Cómo ha sido el proceso de hacer política?

Pues la política tiene muchas cosas. Tienes gente adorándote, entonces el pecado más grande es la vanidad. Es que tú empiezas a creerte el cuento de que eres chévere y creo que el ejercicio que uno tiene que hacer es sentir que la política es un medio, no es un fin y que el día que se vuelva un fin, te comió. Porque la política tiene que ser un medio y tus fines tienen que ser lo que tú estás pensando que tienes que hacer. Y creo que eso hace muy difícil la política porque cuando tú estás haciendo algo, empiezas a ver lo que haces. En la política hay que tener mucho cuidado de no volverse un político. Yo todos los días pienso en que hay que tener claro que es un medio y que hay otros medios para esos mismos fines. Entonces, digamos, esa constante lucha, la veo bastante en estos años y sobre todo cada vez que me pregunto qué hago aquí. Es un tiempo muy intenso, de abandono de muchas cosas, de estar muy conectado con el país y dejar morir todo lo demás. No volví a escribir una línea de literatura, leo muy poquito de literatura, me la paso leyendo leyes y estudios, deja uno de lado muchas facetas.

¿Qué crees tú que ha sido lo mejor que has hecho en la política?

Yo creo que lo mejor es poder decir las cosas que pienso con mucha sinceridad. Y creo que eso es muy importante porque la política tiende a volverse un sitio donde no hay debate sobre nada porque todo el mundo tiende a decir lo que quieren que diga o lo que menor riesgo suponga. Entonces, no se pueden debatir los temas porque terminamos todos diciendo lo mismo sobre todo. Y yo pienso que a Colombia le falta dar debates sobre temas, tener menos tabús sobre los temas. Poder decir las cosas y sobre todo, la sinceridad. Uno debe en la política, y creo que uno se lo aprende a Uribe, de no ser tan estratégico, de estar ahí, sentir lo que está pasando y responder a lo que pasa responsablemente, por supuesto.

¿Y así como eres en la política eres en tu vida privada?

Sí, en la realidad soy más mansita (risas), menos dada a tener opiniones fuertes. Yo hago lo que me digan. Creo que el debate tiene sus escenarios y yo no soy una persona confrontativa todo el tiempo. El escenario político es un escenario para la confrontación Es precisamente eso: un lugar donde se ponen posturas para que la gente decida qué es mejor. Pero en la vida social no hay necesidad de discutir sobre nada. No es necesario así no estés de acuerdo, porque hay conversaciones que son para pasar el tiempo, sin necesidad de hacer claridad sobre las diferencias.

¿Cómo haces para manejar tanta ofensa y crítica? ¿Cómo haces para que no te importe?

No, claro que me importa. El bullyng es duro. Sobre todo porque uno no puede salir. La gracia del bullyng es que tú ofendes a alguien que no puede hacer nada. Y es duro. Cuando ves por ejemplo cómo malinterpretan lo que has dicho, cómo te ridiculizan… crean una persona que no eres tú, es duro.

¿Pero tratas de no leer mucho eso?

Sí, la gente que me insulta la bloqueo. De una. Porque uno queda golpeado. La gente cree que no importa, pero sí. Uno vive demasiado estresado, con mil cosas encima, como para además tener que recibir… yo no te digo críticas, porque la crítica es bienvenida, pero ofensas, insultos… yo no te puedo decir que no me importa, pero sí que trato de ignorarlo. El otro día vi una encuesta que decía que normalmente no se habla de mujeres en la política y yo creo que el 70 por ciento de lo que se habla nos lo repartimos entre María Fernanda Cabal y yo. Es significativo. Ahora, yo no me tomo muy en serio a mí misma. Yo veo todo esto como una etapa y mi vida no depende de eso. Ahora, el debate empobrecido de ridiculizar al otro para ganar es mediocre. Es un debate al que le faltan ideas, que muestra que en Colombia el debate es muy bajo todavía, no es un país que está listo para la paz, no en el sentido de firmar un papel, sino de tener respeto por el otro. De uno entender que podemos pensar distinto y ser amigos. Que uno puede tener una discusión ideológica dura sin tocar a la persona. Y yo creo que eso en redes y en muchos políticos uno lo ve, cuando sienten que están perdiendo, acuden al argumento personal.

Hace poquito en un programa de radio me decían que Uribe y sus amigos los paras que querían refundar la patria… yo le dije, no. No me falte al respeto. Y creo que el debate es otro. No hay que meterse con las personas y pasa mucho, sobre todo con los uribistas, que los insultan.

¿Sueñas con tener una familia?

Sí, claro. Yo creo que todos soñamos. Hay que ver si se le da a uno y uno debe aceptar las cosas como lleguen. Si se puede bien y si no, habrá tiempo después. Es difícil empatarlo todo (risas).

¿Cómo es un día de Paloma Valencia?

Uy es duro. Me levanto, hago medios de comunicación, hago medios de provincia. Si es un día de Congreso, salgo para allá o normalmente tengo desayunos con alguien que me quiere hablar de algún tema. Llego a la oficina, me entero de qué hay preparado para las comisiones, porque a veces cambian los órdenes del día, y si hay un tema nuevo investigarlo. Nos vamos para comisión, da uno de los debates, se mete de lleno en cada tema. De ahí normalmente se almuerza en comisión, luego plenaria con el mismo ejercicio, y de ahí salimos a las doce de la noche. Llegas y mientras te organizas te da la una, te acuestas. Y al día siguiente estás parado viendo a ver qué hay para responder. Los fines de semana trato de ir a las regiones, si es en avión vas a un aeropuerto, llegas tarde, la gente quiere invitarte a comer y al otro día arrancas temprano.

¿Y cuál es la mejor forma de descansar?

Trato de ver a la gente que no he visto. A mi familia, a mis amigos, a mis sobrinos. El otro día dicen que si yo no voy a ir y mi sobrino se voltea y dice que no me van a volver a ver hasta que deje de ser senadora.

Un mal hábito que te gustaría cambiar.

Comer tan mal. Como pésimo. No almuerzo, después pico. Yo quisiera y me gustaría hacer más ejercicio (risas).

¿Crees en el destino?

No, yo creo que uno se hace su destino. Si uno está listo cuando le llegan las oportunidades construye su destino. Creo en el esfuerzo, en la dedicación y en que no hay nada imposible. Que uno puede hacer muchas cosas. Y creo que Dios le ayuda a uno de cuando en cuando (risas).

¿Cuál es el defecto al que más le huyes?

Mi mayor defecto es mi mayor virtud. Es no ser estratégica. No meterme en problemas sin haberlos pensado. Pero también creo que es bueno no planificar, no jugar ajedrez, sino vivir la vida día tras día.

¿A quién le pides consejos?

Uy a mis papás, a mis hermanos, a mis amigos, al presidente Uribe. Yo le pido consejos a todo el mundo. Me gusta que la gente opine y al final termino aplicando pedacitos. No me gustan los secretos ni soy dada a tomar decisiones sola.

Un político santista que pase tu prueba.

Hay varios que me parece que tienen cosas interesantes… Carlos Fernando Galán me parece inteligente, preparado. Viviane Morales me parece que es una mujer… Sofía Gaviria me encanta, nos hemos hecho amigas y me parece que es una mujer increíble. Es que uno en el Congreso aprende a entender qué está haciendo cada uno, cuáles son las virtudes. Toda la gente te puede encantar si le gastas un poco de tiempo. Y uno aprende a quererlos. Digamos políticos que no son santistas y me encantan como Jorge Enrique Robledo, el mismo Alexander López. Uno aprende a quererlos a todos así políticamente no comparta cosas.

¿Cuál es la mujer más capaz en la política?

Uy es que ha habido tantas. Hay muchas. Uno tiene que mencionar a Noemí Sanín, que abrió muchos espacios para las mujeres. A las candidatas presidenciales, a Marta Lucía Ramírez, a Clara López, a Sofía Gaviria, a Claudia López, a Angélica Lozano. Angélica me parece un hit. Las mujeres del Centro Democrático, Doña Thania, Paola Holguín, Susana Correa, es que la que mires. Es que las mujeres tienen una virtud y es que como no han tenido mucho espacio en la política, nos están dando la oportunidad y nos estamos moliendo para mostrar que somos capaces. María del Rosario Guerra también. Todas tienen algo increíble.

¿Cuál es el colmo de un político?

Ay hombre… creer que no es corrupción poner los contratistas para que se gasten la plata y después que ellos te financien la campaña.

¿Cuál es la mejor forma de matar el tiempo?

Pues yo no mato mucho el tiempo (risas)…. pero creo que una película.

¿Cuál es tu mayor fortaleza?

Mi mayor fortaleza es la sinceridad. La gente percibe que no tengo una agenda por detrás, y mi debilidad, meterme en mil peleas que no busqué por decir las cosas como son.

¿Rezas?

Sí, creo mucho en Dios. No soy de ir a misa, pero sí creo que uno no debería pedir cosas porque es que te den a ti y no a otros. Pero cuando ya es el último empujón siento que ayuda en momentos clave.

¿Un lugar en Colombia?

Ahora estoy enamorada del Vichada. Puerto Carreño con ese Orinoco corriendo me parece increíble.

¿Dónde y cuándo fuiste más feliz?

En Popayán en el colegio, en mi adolescencia.

¿Qué te falta por hacer?

Todo. Hay que impactar en la vida de otra gente. Yo siempre he querido cambiar el mundo. Me hace falta ver que si se puede.

¿A qué le pones La Lupa en tu vida?

A todo. Soy bastante perfeccionista. Le pongo La Lupa al país, a que las decisiones no sean equivocadas, que no privilegien el corto plazo. Hay que ponerle La Lupa a la plata de los colombianos, a la corrupción. Hay que ponerle La Lupa a mejorar el sector agropecuario porque todo el mundo se echa el discurso y nadie lo mira cuando es la base de los colombianos que han vivido la violencia.

La Lupa en frases

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¨El arte me ha dado toda la fascinación, el entendimiento, el poder satisfacer mis inquietudes.¨

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#LaLupa, con Laura Anzola y Canal Capital: Bombardeamos a Antonina Canal Davila directora de la academia Prem Shakti con 32 preguntas que contestó sin dudar. LL: Anto ¿A que hora te levantas? AC: A las seis.   LL: La primera actividad de tu día. AC: Darle un beso...

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“Sabía que de alguna manera algo me tenía que inventar para ser oído. Por eso escogí escribir”

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Paloma Valencia, nos cuesta sobre su infancia, la persona que le dio su mayor enseñanza y la enseñanza que le brindó Alvaro Uribe.
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