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Oscar Iván Zuluaga

“A mi no me obsesiona el poder. Me obsesiona poder trabajar por los demás.”
Paulina Laponte - Revista La Lupa

Oscar Iván Zuluaga nació en Pensilvania, Caldas, en una familia numerosa y trabajadora. Su afinidad por la política fue creciendo con el pasar de los años. Desde niño jugaba a que era presidente y en 2014 estuvo cerca de serlo. Es una de las caras más importantes del Centro Democrático y su anhelo por ser presidente sigue vigente. Es amante del fútbol, de la naturaleza y del tiempo en familia. La Lupa estuvo con él, mas cerca del hombre, más allá de la figura pública.


LL: Bueno cuéntenos qué fue para usted haber nacido en Caldas

OIZ: Pues Laura, lo primero es que yo me siento muy orgulloso de haber nacido en un pueblo como Pensilvania. Yo estuve ahí hasta los seis años y eso marca lo que es el concepto de familia y de comunidad. Cuando uno vive y nace en un pueblo, pues es mucho más cercano a las personas, a las comunidades, porque un pueblo tiene unas realidades muy diferentes a una gran ciudad. Y el hecho de mantener siempre un contacto con Pensilvania, a pesar de haberme venido hace tantos años, pues es un arraigo de que uno siempre quiere el lugar donde nació, donde vivió y donde dio sus primeros pasos. Luego, eso ha marcado mucho mi estilo, mi personalidad, y por eso incluso, mi vida política la inicié como concejal de mi pueblo Pensilvania.

LL: ¿Qué extraña de Pensilvania?

OIZ: Pues todo, porque este es un lugar, digamos, de una riqueza de aguas, de bosques, es aire puro. Es el ciudadano sencillo, tranquilo, alejado de todo tipo de modernismos. Una vida muy auténtica, muy tradicional, donde las cosas valen, donde la vida es sencilla. Entonces es como volver a lo que debe ser la vida en sus pilares esenciales; la tranquilidad, la paz, en el sentido de que hay tiempo para todo, para pensar, es volver uno a lo que es una vida en medio de la naturaleza, sin los afanes, sin las afugias y eso lo hace reencontrar mucho con los valores de la vida.

LL: ¿Cómo era su familia? ¿Sus papás eran consentidores, estrictos? ¿Cómo fue educado usted en ese sentido?

OIZ: Pues digamos estrictos y son personas que vienen de otra generación. Mi papá y mi mamá no pudieron ir a la universidad. Eran de familias muy numerosas, con muchas limitaciones de recursos, y ellos no tuvieron la oportunidad de educarse en una universidad entonces muchas cosas son por la propia intuición de padres. Eran estrictos, pero en medio de sus exigencias eran muy abiertos, unos papás de una vida matrimonial excepcional, ya van para 60 años de matrimonio, y nunca los veía uno en una pelea, un irrespeto, una agresividad. Mi papá, por ejemplo, es una persona muy respetuosa de la mujer y eso nos lo inculcó desde niños, entonces ellos nos inculcaron unas normas de respeto, fundamentales, esenciales. Muy creyentes. Incluso ellos hoy todavía siguen muy vinculados, desde hace diez años hacen una obra social en la parroquia. Somos una familia muy católica, de convicciones católicas, y ellos siguen ayudando haciendo obras sociales. Siempre ha estado presente en el ambiente de la familia ayudar a personas pobres, ayudar a personas necesitadas, estar muy involucrados con las comunidades, y ellos, a pesar de su edad, todavía siguen haciendo una obra social muy importante con una venta de empanadas en la iglesia todos los domingos, y con eso han ayudado a construir obras sociales y demás.

LL: ¿Cómo fueron esos primeros años cuando usted trabajaba en el negocio de su papá?

OIZ: Mi padre tenía un negocio y yo empecé a acompañarlo. Siempre en vacaciones mi papá nos ponía a trabajar. Mi mamá decía que no nos podíamos quedar en la casa haciendo nada, y él nos llevaba a la oficina a mi hermano y a mí, los dos mayores, a trabajar. Y desde la edad de los doce años, yo recuerdo que yo le ayudaba y mi primera actividad fue vender licores en épocas de noviembre, diciembre, para regalos de navidad. Y después trabajábamos con él en labores básicas, de mensajería. Siempre estar activos, ocupados, pero conociendo cosas. Hubo una época en la que él construyó una bodega en el sector de Paloquemao y nos tomó a los tres hermanos, a mi hermano mayor, a mi hermano menor y a mí, y nos llevó un día y le dijo al maestro de obra: “aquí están mis hijos, ellos van a trabajar en estas vacaciones con usted sin ninguna consideración. Póngalos a hacer actividad.” Y nosotros trabajamos un mes en la obra, con los trabajadores, haciendo actividades obviamente que teníamos la capacidad de hacer, pero siempre como inculcar el sentido del trabajo, el sentido del esfuerzo, de la disciplina, y eso se aprendió con él. Ya luego terminé la universidad, yo no me vinculé directamente con mi papá, sino con los negocios de los tíos por el lado de mi madre, pero después volví en una circunstancia particular a uno de los negocios que tenía mi papá con un sobrino de él, entonces es como aprender el valor de lo que significa construir con tanto esfuerzo, esa lucha por tratar se surgir para poder financiar a una familia todos en proceso de educación, de lo difícil que es conseguir la plata. El trabajo nos sirvió mucho para aprender el valor de pagar las cosas a tiempo, de honrar los créditos. Uno veía que mi papá con su negocio los créditos siempre había que pagarlos el día antes. A los proveedores, a los bancos, hay que ser muy serio, cumplir la palabra. Y uno escuchar todo eso desde niño pues le da un gran sentido y son valores que le quedan para toda la vida. El valor de la palabra, pagar los créditos, la transparencia, las cuentas claras, cómo debe uno reportar todo gasto. Todo eso va inculcado desde esa formación de niño.

LL: ¿Y cuál diría usted que fue la enseñanza más grande que le dejó su mamá?

OIZ: Pues mi mamá… esa capacidad de lucha, esa visión. Viviendo en un pueblo, mi mamá fue la que arrastró a mi papá para podernos salir de Pensilvania y llegar a Bogotá y poder educar a los hijos, entonces ella siempre pensando hacia delante, que uno no puede tener simplemente una decisión midiendo las cosas hoy sino siempre pensando adelante. Siempre pensando. Inculcándonos mucho el sentido de la unión y la solidaridad entre los hermanos. Y de hecho hoy que somos todos ya adultos y tenemos hijos, hay una gran hermandad. Nos apoyamos mucho, en dificultades, en problemas, con los hijos, muy unidos. En eso hacía mucho énfasis mi mamá siempre.

LL: ¿Cómo fue usted como estudiante?

OIZ: Pues a mí me fue bien. En el colegio, en términos generales, tenía muy buenas notas, siempre estaba dentro de los primero lugares, era una persona bien activa, buen amigo. Siempre ejercí liderazgo con mis compañeros y liderazgo social. Tenía mucha personalidad porque yo era muy, muy bajito. Yo no vine a crecer sino casi en el último año del colegio, entrando a la universidad. Era muy bajito y tenía un problema, pero mi mamá y mi papá creían que yo era bajito porque mi mamá era bajita, mi abuelo era bajito, y nunca pensaron que yo debía ir a donde un médico. Bueno, eso fue ya una persona que me vio y les sugirió a ellos que yo debería hacerme un examen donde un médico, un endocrinólogo y él fue el que detectó que tenía un problema hormonal que podía ser tratado y podría crecer un poco más. Por eso tengo la estatura que tengo, si no, sería enano. Sería enano. Porque se detectó a tiempo y pude hacerme un tratamiento. Entonces en el colegio, por ejemplo, yo recuerdo estando en quinto de bachillerato, yo estudié en el Liceo Cervantes, y allá eran muy importantes las revistas que se hacían para Educación Física, para gimnasia, para ciertos eventos, pero en el colegio nos formaban no por grupos, sino por estatura, entonces yo en quinto de bachillerato terminaba con los de primaria por la estatura. Eso requería una personalidad muy fuerte para manejar a esa edad el hecho de ser tan bajito que lo priva a uno de muchas cosas. Íbamos a las fiestas y a las chicas sólo les gustaban a los grandes y lo veían a uno como a un niño. Entonces que eso no le fuera a crear a uno traumas. Y yo pues superaba todas esas cosas, y en eso ejercía un liderazgo propio fuerte.

LL: Se fue preparando para lo que iba a hacer más adelante…

OIZ: Digamos que la familia siempre ha estado cerca a la política porque desde Pensilvania, mi abuelo y todos participaban en las campañas. A mi abuelo por el lado de mamá siempre le gustó mucho la política y mi mamá era muy activa en campañas políticas. Como activista. Haciendo trabajo, colaborando. Siempre lo fue. Yo creo que ahí hay como un gen…

LL: Pero ¿usted siempre soñó desde chiquito con estar en la política?

OIZ: Sí. Hay muchas anécdotas de pequeño en las que jugaba con el tema de hacer un gabinete siendo Presidente de la República. Estoy hablando de la edad de 12, 13 años. Y yo el gabinete lo armaba con las personas que conocía buscándoles una afinidad, entonces: “ah, esta persona es muy activa, entonces puede ser ministro de tal y tal.” Eso se volvió muy divertido y mi mamá siempre me lo recordaba que yo de niño decía: “yo voy a ser presidente, yo voy a ser presidente”.

LL: Bueno, y ya más adelante, ¿cuál es ese momento en el que usted decide saltar a la política? ¿Por qué decide hacerlo?

OIZ: Bueno son varios hechos. En Colombia se iba a dar la primera elección popular de alcaldes. Estamos hablando del año 1988. Yo ya había terminado la universidad, y en nuestro municipio se había dado una circunstancia política: habían asesinado, por motivos políticos, a varios líderes y dirigentes muy amigos nuestros. Entonces el municipio, cuando se iba a iniciar la elección popular de alcaldes, enfrentaba la oportunidad de poder empezar a recuperar lo que podría ser un buen ambiente político, y surgió, por diversas circunstancias, con quien ha sido mi compañero político: Luis Alfonso Hoyos. Él había regresado también de una especialización y se le acababa de morir su padre que había sido representante a la Cámara, y él decidió asumir ese liderazgo político. Estaba muy joven, 23 años. Yo tenía 24, 25 años. Entonces él me planteó que por qué no iniciábamos un proyecto político aprovechando que en Colombia se estaba generando la elección popular de alcaldes, y construíamos un proyecto que significara una renovación política, que éramos jóvenes, y que podíamos empezar a probar, entonces se dieron varias circunstancias, y yo le dije: “claro, yo lo acompaño. Yo estoy dedicado al sector privado, pero asuma usted el liderazgo político que yo lo acompaño.” Y ahí empezamos el ejercicio, yo me incluí en la lista al consejo. Me incluí de séptimo, u octavo renglón como para no salir, porque pues yo estaba en el sector privado y no tenía previsto que me fuera a dedicar a la política. Me gustaban la política y lo público, pero veía que mi vocación era estar en los negocios de la familia, entonces salí concejal. Y esa fue una época muy interesante porque los dos empezamos a trabajar y era como un sueño en un pueblo de Colombia. Porque los dos ser concejales… él tenía maestría, y yo había terminado también mi maestría en Inglaterra, entonces le dimos un altísimo nivel de discusión y de trabajo al Concejo. Hacíamos debates, y empezamos a generar una motivación en la ciudadanía que siempre iba a las sesiones del Concejo. Se llenaban las barras, porque era fascinante, de un nivel académico. Entonces ahí empezamos a hacer un trabajo, luego vino el tema de mi precandidatura a la alcaldía y bueno, yo pensé, es el momento de ayudarle a mi pueblo, de prestarle un servicio a la comunidad, renuncié a todo lo que tenía y me fui como candidato a la alcaldía, gané, y fui dos años alcalde. Yo estaba relativamente recién casado, mi mujer barranquillera, esa fue la primera prueba de amor fuerte. Yo me casé a los 28 años. En los planes jamás hablamos de que yo me iba a ir para Pensilvania, y de un momento a otro le dije: “mi amor, surgió esto” y ella me dijo: “yo me casé contigo, nos vamos para Pensilvania”. Entonces yo sentí que había un proyecto de vida al lado de ella, de ver esa prueba, y bueno, eso fue súper exitoso, ella se involucró en trabajos sociales, ella, sin conocer a nadie, se hizo al cariño y logramos armar un buen equipo. Eso fue fascinante. Yo tenía un hijo recién nacido, y ya mi señora estaba en embarazo del segundo. Cuando yo gané la alcaldía, a los pocos meses, nació mi segundo hijo, entonces tuvimos que empezar a educar una familia pero viviendo allá. Ese fue un momento muy interesante en la vida, porque digamos que rompía toda la lógica. Yo con un puesto bueno en el sector privado, después de haber regresado de una especialización, todos mis amigos me decían: “usted se va a ir a un pueblo a qué, ¿de qué va a vivir?, a atrasarse”. A todo el mundo le parecía una locura. Yo tenía un propósito de ayudarle a mi comunidad y decir: “bueno, yo tengo que hacer algo por otros. No a toda hora puedo estar pensando en mí.” Me fui, y eso marcó, pues obviamente fue una gestión súper exitosa, hicimos cosas maravillosas, entonces eso marcó una imagen, y la consolidó. Yo no pensaba seguir en la política. Yo ayudaba. Ayudaba a Luis Alfonso, él asumía los liderazgos y no estaba previsto que yo terminara en eso. Pero no como un actor directo aspirando a una gobernación, a un senado, a una cámara.

LL: O sea, usted nunca se imaginó que iba a estar a punto de llegar a la presidencia.

OIZ: No, no en ese recorrido. Yo no he sido nunca obsesionado con el poder, tal vez eso es una gran ventaja. Porque hay muchos que viven de la política porque tienen una obsesión por el poder, y muchos hacen lo que sea con tal de lograr el poder. Yo no. A mí me obsesiona el trabajar por la comunidad. El poderle servir a la ciudadanía, ayudarle a solucionar problemas. Entender que hay tantas diferencias, y se puede hacer tanto. Y la forma de hacerlo es ejerciendo el liderazgo público, porque esa es la naturaleza. Uno no logra impactar si uno no es un líder público, y la alcaldía en Pensilvania me enseñó que es posible: manejando bien los recursos del Estado, con transparencia, trabajando, es posible ayudar muchísimo a la comunidad.

LL: Y hoy en día va a Pensilvania y ¿cómo lo recibe la gente?

OIZ: No, con un gran cariño. Allá tenemos pues a toda la familia que se mantiene muy activa, muy vinculada. Vamos a vacaciones. La familia además es grandísima y ver la tercera y la cuarta generación, y ver esos niños que nacieron en Bogotá, que estudian con todas las comodidades, y verles esa felicidad de pasar sus vacaciones en Pensilvania, ese reencuentro, eso le da unos equilibrios a la vida muy interesantes y le da lecciones a todos y le permite uno a toda hora observar valores esenciales que no se pueden perder. Y esa tradición familiar, construida alrededor del amor al pueblo donde nació toda la primera generación, donde se aprendieron los primeros negocios, pues es bonito. Yo creo que eso da mucha sensibilidad. El ser humano tiene que tener apego a algo y tiene que tener fijación en cosas en la vida, que le representen gratitud, alegría, paz, paz interior, y eso es lo que representa ir uno a su pueblo, a Pensilvania. Todos vamos y somos felices.

LL: ¿Le da nostalgia?

OIZ: Me da nostalgia cuando uno se tiene que venir. Ahora, por ejemplo, en estas vacaciones de diciembre, por primera vez estaba solo con mi señora en la cabaña. Nosotros tenemos allá una cabaña. Porque los hijos estaban en el exterior y hacíamos esa reflexión: o sea, volver acá los dos, estar solos, ya los hijos grandes, ver esta belleza de naturaleza, ver uno cosas básicas, poder estar con esta tranquilidad… salimos de allá y nos dio una gran nostalgia. Uno dice: “qué rico poder quedarse allá un mes”. Qué bueno poder venir, dos, tres, cuatro veces en el año. Eso refleja cómo a uno se le arraigan ciertos sentimientos que le marcan en su vida.

LL: ¿Cómo fue ese acercamiento con Uribe por primera vez?

OIZ: Bueno, yo al presidente Uribe lo conocí cuando estaba en el sector privado, y fui a un congreso de Fedemetal en Medellín, y él era gobernador de Antioquia. Y yo recuerdo que él hizo una presentación sobre lo que estaba haciendo como gobernador de Antioquia. Entonces yo ahí quedé muy impactado. Luego tuve la oportunidad porque había una época de crisis en Pensilvania con las FARC. Pensilvania limita con Antioquia. Entonces fuimos a hablar con él como gobernador, nos recibió un lunes a las 7 de la mañana y nos invitó a uno de los consejos de seguridad que hacía semanalmente con muchas instituciones. Y yo decía, es increíble ver este liderazgo, esta forma de encarar los problemas, esta capacidad de integrar a tantos actores, y de ahí nació una admiración que se fue abonando en el tiempo. Y cuando él toma la decisión de lanzarse como presidente hacia el año 2001, pues con Luis Alfonso dijimos: “esta es la oportunidad, vamos a ayudarlo.” Y ahí fue cuando le ofrecimos que contara con nosotros y unos meses después la situación del país estaba muy crítica, el país estaba con unos problemas de seguridad perdidos, un problema económico muy serio, y por diferentes factores tomamos la decisión de que yo me lanzara al Senado para acompañar al presidente Uribe. Y ya significó estar con él desde el 2002. Primero como Senador, luego como Ministro de Hacienda. Los cuatro años anteriores estuvimos trabajando después de haber terminado el gobierno, y ahí nació la candidatura presidencial, entonces es una historia que tiene esas etapas.

LL: Hoy en día ¿cómo ve esa época de la campaña presidencial?

OIZ: Pues mira, eso fue una experiencia inolvidable porque yo empecé a hacer la campaña presidencial en el 2012 solo. Nadie creía que yo fuera a llegar a ser presidente. Incluso faltando 3 meses, yo recuerdo en el mes de febrero de 2014, las encuestas me daban que yo no tenía más del 5%. Entonces todo el mundo decía que no era viable, que era imposible, que cómo le iba a ganar a Santos, o a Peñalosa, o a Marta Lucía, que yo era un desconocido. Que era buena persona, que había sido un buen ministro de hacienda, pero yo era muy consciente del trabajo que había hecho, porque a lo largo de toda mi vida siempre he luchado contra esa lógica. Entonces yo era muy consciente del trabajo que había hecho y de lo que podía aportar. Mi primer paso fue haberme ganado ser el candidato al Uribismo, que lo había logrado. Y pasaron las elecciones del Congreso y yo empecé a ver que tenía posibilidades de recoger todo el trabajo que había construido y así se dio: gané la primera vuelta contra todos los pronósticos. Yo creo que fue una suma de muchas cosas bien hechas, y yo logré vincular a un equipo de brasileros que me dieron una gran fuerza en el mensaje, entendieron muy bien mi potencial, y construimos una campaña publicitaria súper exitosa. Súper exitosa. Una campaña alegre, una campaña de propuestas, una campaña que impactó. Siempre mi prioridad fue en el tema de la educación, el tema de los jóvenes, y logré enganchar propuestas que llamaron muchísimo la atención y yo sentía que crecía por todo el país.

 

LL: Pero usted siempre tuvo fe en que iba a lograrlo…

OIZ: Mi propósito era pasar a la segunda vuelta y demostrar… sabía que no era fácil derrotar al candidato presidente, pero lo derroté. Luego la segunda vuelta, y ver ese crecimiento de esa votación tan alta. A su vez quedan sentimientos de tristeza profundos. ¿Por qué? Por todo el montaje que me hicieron con el escándalo del hacker. Porque eso fue un montaje. Lamentablemente la justicia va muy lenta, pero nosotros sabemos cómo se dio ese montaje que tenía un propósito: dañarme. Luego, darme cuenta de la compra de votos tan descarada que hubo en la segunda vuelta, el uso indebido de los recursos públicos, a lo largo de estos dos años después de la campaña, pues ya las personas van hablando y le van contando a uno, y a mí me causa un inmenso dolor. Es un sentimiento humano muy fuerte porque sentir que realmente fueron otros factores los que no me permitieron ganar la presidencia, cuando uno lo evalúa en su soledad, pues eso genera tristeza, rabia interna, pero pues uno tiene que… la vida le enseña que uno tiene que seguir, porque si uno se encierra en eso, puede terminar atrapado por ese sentimiento, por esa tristeza, y ser una persona de odios, de rabias y no avanzar. Son lecciones muy duras, que pues yo las recibo, y el tiempo dirá por qué se dieron. En algún momento se tendrán que conocer muchos de esos hechos, espero que sea muy pronto. Y que eso me permita reestablecer también la verdad sobre lo que yo siempre dije alrededor de ese tema.

LL: ¿Usted tuvo alguna vez la oportunidad de sentarse con el Presidente Santos y decirle eso que usted me está diciendo a mí?

OIZ: No, nunca. Yo lo único que he tenido con él es comunicación telefónica. Lo llamé el día de la segunda vuelta, pues a felicitarlo. Me veía con él con los debates, pero ha sido de una gran decepción, o sea, el Presidente Santos… con él fundamos el Partido de la U, fuimos compañeros de gobierno, y después me di cuenta que él es capaz de hacer lo que sea con tal de ganar. Y en los debates, por ejemplo, él decirme a mí que yo había sido corrupto en el manejo de salud, simplemente como una estrategia de debate, eso me parece de una bajeza desde el punto de vista… porque él sabe, fuimos compañeros, yo en un debate nunca le planteaba cosas de esas porque sabía que no tenían ningún sentido. Yo esperaba un juego limpio, sin embargo, es una persona que es capaz de hacer lo que sea. La traición que nos hizo con el tema del gobierno, nosotros lo ayudamos a elegir y después él nos usó. Realmente es una persona con la cual uno quisiera tener es siempre distancia, porque es tan diferente a uno. Tiene una obsesión con el poder, es tan calculador, tan maquiavélico, tan distinto. Yo soy una persona buena. Probablemente esa es una limitación, porque en política, si uno es bueno, puede no ser tan atractivo para muchos. A veces la maldad es la que gana. La obsesión de poder, el ser arrogante, el parecer otras cosas. Yo tengo una concepción de la vida distinta, yo creo que uno debe ser una persona buena, tiene que tener creencia, tiene que tener valores, tiene que defender causas, uno tiene que actuar con respeto, uno no puede maltratar, uno no puede manipular.

LL: Pero dígame una cosa, ¿usted sueña con intentar volver otra vez a la casa de Nariño?

OIZ: Pues las circunstancias políticas van cambiando y yo no soy obsesivo con el poder. Uno tiene que saber leer los momentos de la política. La lógica diría que yo sí debería ser candidato: saqué 7 millones de votos, eso es un prestigio y es un volumen de apoyo de votantes muy grande, pero los momentos políticos hay que leerlos y todavía estamos muy lejos; faltan más de dos años y medio entonces no es el momento de tomar una decisión en ese sentido.

LL: ¿Cómo fue ese día usted viendo los resultados?

OIZ: Nosotros los estábamos viendo con toda la familia en el Tequendama porque teníamos el Centro de Convenciones con todos los seguidores y el equipo de trabajo. Arrancamos muy bien, rápidamente vi que Santos estaba subiendo, pero tal vez lo que marcó la diferencia fue cuando vi la votación de Bogotá. En Bogotá él me sacó casi 300.000 votos y eso es una diferencia muy grande. En las cuentas nuestras no estaba para que fuera de esa magnitud. Yo siempre me preparé para ganar o perder. Si Bogotá llegaba a tener una diferencia grande, y estaba muy reñido, eso abría la posibilidad de que Santos ganara. Pero fue sereno. La tristeza fue fuerte a nivel de los seguidores, de la familia, de todos modos, yo creo que lo duro para uno como candidato viene después, en el tiempo, como que ya enfrentar nuevamente esa realidad y empiezan a surgir todas estas cosas que te comento y es ahí donde uno dice “qué duro es esto”.

LL: ¿Cómo es usted como papá?

OIZ: Pues yo creo que soy muy aliado con los hijos. De un diálogo fácil. Muy respetuoso. Exigente, pero no de cosas imposibles. Me gusta que se diga la verdad. Esa es una premisa muy importante con los hijos y creo que han aprendido a hacerlo.

LL: ¿Y su esposa?

OIZ: Ah es una maravilla, o sea, es una relación espectacular. Ya son 28 años de casados. Hay un amor muy profundo, muy sincero. Hay una capacidad de diálogo… mi señora es barranquillera, tiene un espíritu alegre. Es una persona de una capacidad de interlocución, de ver cosas, de dialogar, de hablar, entonces eso nos complementa. Me ha acompañado, me ha respaldado en todas las decisiones.

LL: ¿Cómo la enamoró usted?

OIZ: Yo a ella la conocí en Barranquilla, yo era miembro de una organización de estudiantes que se llama IESEC, y fuimos a un congreso. Yo ya había terminado la universidad y ella estaba apenas en segundo semestre, y yo la vi, y la vi bailando y me pareció fascinante. Baila súper bien y me enseñó a bailar, y me encanta bailar, y salíamos a bailar de vez en cuando, ahora menos, pero nos íbamos a bailar. A ella le encanta. A veces la sorprendía. El costeño es fascinante. Para ellos, el baile es un lenguaje, y yo lo he aprendido a entender con mi señora, entonces ha sido una relación fascinante, estable.

LL: ¿Qué es lo más difícil del matrimonio para usted?

OIZ: Pues entender que uno tiene que ceder y que tiene que construir una relación, y que uno tiene que superar muchas cosas que no valen la pena. Pero no es lo que uno diga, ni lo que la otra persona diga, no, sino ¿cuál es ese punto de encuentro? Pero entender que uno tiene que ceder, porque si uno no está dispuesto a ceder, pues no forma una pareja, porque entonces la pareja no se adapta a uno. Es muy exigente sostener un matrimonio. Pero cuando uno tiene el amor, y cuando uno tiene esa capacidad de entender que hay que ceder, que hay que buscar puntos de encuentro, pues es fascinante.

LL: ¿Qué le gusta leer?

OIZ: Pues no leo lo que quisiera por esta agenda que es inmanejable. Me gusta mucho leer de historia, de líderes, biografías, novelas. A mi señora le gusta mucho leer y me pasa libros y libros. Pero disfruto mucho eso. He estado leyendo también literatura, García Márquez, me encanta leer autores colombianos. Mucho que tenga que ver con el país. Uno en la vida pública cada que lee entiende mejor muchas cosas que ocurren en el país. Realidades regionales.

LL: ¿Qué anda haciendo ahorita?

OIZ: Pues ahora he estado como director del partido. Ayudando a construir la base del partido. Viajando a todas las regiones, armando los equipos de trabajo en cada región. He estado dedicado a contribuir a construir el partido político.

LL: ¿Y preparándose para las próximas elecciones?

OIZ: Pues digamos que todo el mundo empieza a buscarlo a uno en la medida en que se acercan. Seguramente hay que ir avanzando en eso e ir mirando cómo se ven las regiones, cómo se ve el país, cómo se ve todo este panorama político, y mantenerse en eso, hablando de los problemas del país, opinando, visitando las regiones, contribuyendo a hacer propuestas, ejerciendo liderazgo público, y eso va a determinar en su momento qué hay que hacer, si volver a la candidatura, o cuál es el camino que hay que tomar.

LL: ¿Hace ejercicio?

OIZ: Sí, trato. Esta mañana hice elíptica. Yo hago dos deportes que son los que puedo porque soy operado de la columna, he tenido problemas de rodilla y de ligamentos, entonces los dos deportes que yo hago son elíptica y natación. Me encanta nadar, pero tengo que ir al club, entonces hay que disponer de más tiempo.

LL: ¿Un amigo o persona entrañable?

OIZ: Bueno, yo he tenido una amistad fuerte, como te decía, con Luis Alfonso porque con él hemos construido una relación que nace desde la política y de ahí he desarrollado una amistad muy franca, muy sincera. Tengo un compañero de universidad con quien hemos mantenido siempre una amistad: Fernando París. Tengo muchos amigos. Yo no soy de mucha intimidad, yo soy más bien respetuoso. Por ejemplo mi hijo Esteban, el segundo, es sorprendente la cantidad de amigos que tiene, mi señora también, yo soy más bien solitario.

LL: ¿Cómo es un sábado para usted?

OIZ: El sábado trato de hacer ejercicio. En la casa almorzamos ajiaco, sancocho, fríjoles, trato de ver partidos de fútbol. Digamos que el equipo de mi tierra es el Once Caldas, de niño, cuando empezó mi afición por el fútbol, el equipo de moda era el Deportivo Cali, y siempre le he tenido un gran afecto. Me encanta ver fútbol en la televisión, el fútbol internacional. Un programa de sentarme el sábado a las dos de la tarde en la reclinomática, ver un partido de la liga española, inglesa, francesa, me encanta. Partidos de todo tipo. Me fascina.

LL: ¿A quién extraña profundamente?

OIZ: Bueno mire, el año pasado se murió un gran compañero de la universidad y fue muy doloroso. Hay un hermano de mi papá a quien tuve gran afecto en la época en la que yo trabajé, muy cercano a él y se murió también siendo muy joven. Unas personas que siempre estuvieron muy cerca: los abuelos por parte de mamá. Mi abuelo… él siempre me iba a buscar para que le hablara de los problemas del país, y eran diálogos muy fuertes, y con mi abuela hablábamos mucho del tema social, porque ella siempre le ayudó a los pobres. Extraño mucho esas ausencias. Esos diálogos.

LL: ¿Qué lo pone bravo a usted?

OIZ: Poco. Una de mis grandes cualidades es que soy muy equilibrado. No soy un hombre de peleas, soy siempre muy positivo, muy respetuoso, no le grito a nadie, entonces el que viene no tiene con quien pelear. Entonces mi temperamento es muy constructivo, muy positivo y respetuoso.

LL: Un mal hábito que quisiera cambiar.

OIZ: Quisiera leer más. Tener una disciplina donde todos los días sepa que tengo que leer y poder ajustarme como más a esa disciplina.

LL: ¿Cuál diría usted que ha sido la enseñanza más grande que le ha dejado la vida?

OIZ: Uy, esa es una pregunta muy difícil. Yo creo que la enseñanza grande, después de todo este recorrido es sentirse muy orgulloso de lo que es uno mismo, y siempre entender que puede mejorar, pero depende de uno. O sea que finalmente en la vida uno puede lograr las cosas y uno es capaz de hacer lo que se proponga. Y yo creo que la vida me ha ido enseñando que es posible avanzando, construyendo en la interacción con los demás. Si uno se valora, si uno tiene estima puede lograr las cosas.

LL: Una persona que le haya cambiado la forma de ver la política.

OIZ: Bueno, el presidente Uribe. Por la relación que he tenido con él. Y hay una persona con la que tuve una relación, que no ha sido muy intensa ni muy estrecha, pero que cuando nos vemos me aporta muchos elementos: Gustavo Bell, quien fue vicepresidente de la República, ministro de defensa, barranquillero, fue gobernador. Por ejemplo ahora lo vi en diciembre, nos encontramos en un vuelo Bogotá-Barranquilla y hacía dos años que no lo veía, y es un diálogo muy enriquecedor. Es un hombre muy culto y tiene una visión muy precisa de las cosas. Es de esos diálogos que le ayudan a uno mucho, y cuando hablamos de cosas políticas dice ideas y dice cosas que son bien importantes y le quedan a uno sonando en la cabeza, lo marcan.

LL: ¿A qué característica de una persona usted le huye?

OIZ: A la mentira, a la manipulación. Personas que están dispuestas a hacer lo que sea por engañar. Ese tipo de personas me parecen… el presidente Santos. Es difícil parar eso. Una de mis motivaciones en la política es demostrar que cuando uno es bueno, cuando actúa con transparencia, cuando protege los valores… demostrar que la política tiene que hacerse con gente buena.

LL: ¿A qué le tiene miedo?

OIZ: Le tengo miedo digamos a que me ocurra algo… a morir sin haber disfrutado muchas cosas con los hijos y ver que ellos puedan ir por sus méritos, avanzando en el desarrollo profesional. Le tengo miedo a una enfermedad que lo deje a uno postrado y completamente incomunicado. Yo veo una persona que por ejemplo tiene Alzheimer. Le tengo miedo a que seguramente uno tenga que enfrentarse a una circunstancia de esas y que se le pueda acabar su ímpetu de vida por un factor de esos.

LL: ¿De qué se arrepiente usted?

OIZ: Pues uno en la vida, digamos que yo al final digo yo no me arrepiento de nada porque lo he tenido que vivir para llegar a donde estoy. Probablemente yo hubiera podido hacer un estudio más grande en el exterior, haber estado un poco más de tiempo. Hay algo que siempre quise hacer y no lo pude, prestar servicio militar. Hubiera querido, pero en esa época no podían los que tuvieran alguna limitación: yo tenía problemas de visión. Tenía astigmatismo hipermetrópico, entonces no califiqué en el examen, pero siempre quise prestarle un servicio a mi país. Eso siempre me dejó un déficit.

LL: ¿Tiene alguna frase de cabecera?

OIZ: No. Nada como fijo. No.

LL: ¿Algún agüero?

OIZ: Tampoco.

LL: Mejor dicho, no se ata a nada.

OIZ: No me ato a nada, soy muy de vivir las cosas en función de lo que uno puede hacer, no como expuesto a la suerte.

LL: Cuénteme algo que probablemente los colombianos no sepan de usted.

OIZ: Seguramente muchas cosas, los colombianos me conocieron fue a lo largo de la campaña política, pero por ejemplo soy muy estricto con los hijos. Yo detecté que uno de mis hijos adulteró la cédula como lo hacían todos los jóvenes con un permiso para poder ingresar a las discotecas. Cuando yo me di cuenta de eso, lo que le dije a mi hijo fue: “vamos a enfrentar esto ante las autoridades. Lo vamos a denunciar para poder descubrir quién es el que está haciendo esto.” Y eso lo hicimos, para él fue una lección y logramos encontrar que había un grupo que era el que hacía esto y se logró desmontar esa banda.

LL: ¿Cuál es el momento más duro que ha tenido que vivir?

OIZ: Uno de los más duros fue cuando se dio el tema en la campaña del hacker. Y sentir que eso fue usado como un argumento para poderme acabar en un proceso político, ese fue un momento muy complejo. Me desestabilizó porque yo era una persona que venía haciendo un trabajo bueno, serio, honesto, con todo este esfuerzo, y sentir que me lanzan una carga de esta magnitud para acabarme. Fue un momento muy duro.

LL: ¿Usted cree en los medios de comunicación?

OIZ: Claro, porque son los formadores de opinión. Lo que no creo es en la manipulación, y en que se perdió la independencia y la objetividad, y que los medios – y la campaña le deja eso a uno claro – tienen unos intereses. Entonces el medio, que es el cuarto poder, el formador de la opinión, al perder su independencia, genera una parcialidad.

LL: Bueno y ya para terminar, ¿a qué le pone usted La Lupa en su vida?

OIZ: A qué le pongo la lupa… pues a mí siempre me gusta, y lo que busco es que se diga la verdad, y a la honradez.

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“Sabía que de alguna manera algo me tenía que inventar para ser oído. Por eso escogí escribir”

Alejandra Azcárate

“Me gusta un estado de cordura no permanente. Creo que una alta dosis de irresponsabilidad es deliciosa en la vida.”

Alejandro Cuellar

“En la cocina el criterio solo existe cuando ha habido experiencia.”

Alexandra Santos

“Entendí que tenía que aprender a soltar para dejarme sorprender un poco más por la vida.”

Alejandro Riaño

“Este trabajo me ha dejado un amor por la vida y un amor por lo que hago que no puedo describir.”

Amalia Andrade

“He sido muy terca en querer creer que la vida está llena de magia.”

Ana Wills

“Actuar es un trabajo muy difícil y un estilo de vida complicado. Pero todo es una experiencia, hay papeles que te cambian la vida.”

Andy Gaitán

¨Siempre me he dejado llevar, hay que ser arriesgado¨

Andrea Novoa

“Tenía una voz interna que me decía que tenía que hacer esto como fuera”

Antonina Canal

“Hay que romper la rigidez y fluir. Soy una aventurera, una gitana”

Beatriz Fernández

“Soy una revolucionaria de las leyes. Mi ley es la ley del amor. Detesto la rigidez”

Beto Gaitán

¨Nunca me ha gustado comer cuento. Siempre me ha gustado indagar, ir más allá.”

Carlos Villa

“Con el violín se crea un vínculo muy fuerte. No es solo emocional sino físico y emocional.”

Catalina Escobar

“Yo tengo un motor adentro, yo trabajo en sintonía con mi hijo. Él y yo somos socios en esto.”

Daniella Álvarez

“Los sacrificios y la disciplina me han hecho alcanzar lo que siempre quiero”

Daniella Moscarella

“Siempre he sido diferente. Nunca me ha gustado ser una niña más del montón.”

Diana Alvarado

“Es duro saber que yo tuve que darle más de la mitad de mi vida a la guerra. Nunca me imaginé que habría más oportunidades para mí.”

Diego Sáenz

¨Uno se preocupa por qué hacer pero es mejor saber lo que no quieres hacer¨

Duván Barato

“Me desmovilicé buscando una oportunidad de mejorar mi vida, pero entré a una sociedad que señala, estigmatiza, rechaza y aisla.”

Elkin Serna

¨El sufrimiento que he vivido, me hizo armarme de valor.¨

Emmanuel Esparza

“Para ser actor no es suficiente ser bueno. Hay que ser obsesivo.”

Felipe Acosta

“Las ideas me han nacido por necesidades y casualidades de la vida. Yo las he sabido leer.¨

Francisco Santos

“Cuando uno se salva de un secuestro de Pablo Escobar el miedo se acaba. Yo viví con la muerte ocho meses”

Geraldine Pomato

“Soy una mujer obstinada, trabajo por lo que quiero hasta que lo logro. Con Wikimujeres fue así”

Gustavo Yacamán

“Pongo mi mente en blanco antes de poner el pie en el acelerador”

Jaime Lombana

“Yo presiento siempre lo que va a pasar. Sé cuándo voy a ganar y cuándo no”

Jorge Duque

“El día que dejé de esconder quién era, dejé de pelear conmigo mismo”

Juan Felipe Samper

¨Seguir los sueños, con todo lo romanticón que suena, siempre va a ser válido, siempre va a ser lo más chévere¨

Juan Pablo Socarrás

“Si la vida me había dado tantas oportunidades era por algo. Me dediqué a luchar por este sueño”

Laura Tobón

“Me lo propuse, lo soñé y lo luché y todo ha llegado en medidas que nunca imaginé”

Mabel Moreno

“Tengo un alma muy libre, pero también una cabeza que me pone todos los límites. Soy mi mayor juez.”

Marcelo Rozo

“No hay nada en la vida como levantar un trofeo. Es como tener el mundo en las manos”

María Del Rosario Guerra

“Mi disciplina, mi formación cristiana y mi preparación académica son lo que me ha permitido lograr todo en la vida.”

Marianela González

“Pareciera que soy conservadora pero no. Todo lo que sea distinto a la costumbre me atrae mucho. Soy muy curiosa”

Marta Lucía Ramirez

“Soy una persona estricta, coherente, con mucho compromiso por Colombia, a veces demasiado cuadriculada.”

Natalia Espitia

“Entendí que la mejor manera de transformar y sanar mi vida era ayudando a las niñas a vencer el miedo”

Natalia Ponce de León

“Escogí el camino de levantarme y hacerme grande. Esto fue un renacer, reinventarme desde cero.”

Paloma Valencia

“Siempre he querido cambiar el mundo. Me hace falta ver que sí se puede”

Paula López

“Aprendí a abrazar mi realidad y entendí que el perdón y la felicidad son una decisión.”

Paulina Laponte

“Entendí que hay que aprender a fluir con la vida. En el camino encontré muchos talentos y pasiones que no conocía.”

Pilar Schmitt

“Trabajo en una cosa completamente diferente a lo que yo soy”

Regis Ortiz

“El proceso de reinserción no fue fácil. Pero cuando veo a mi mamá y a mi hijo sé que todo ha valido la pena.”

Santiago Prieto

“El camino es infinito. Lo más difícil es persistir, perseverar y resistir”

Tata Gnecco

“Si a tu sueño le pones un poquito de disciplina y empuje, lo consigues ”

Tito Puccetti

¨En mi carrera he hecho muchos sacrificios. Y sí, he tenido suerte, pero ha sido una suerte buscada.”

Yaneth Waldman

¨Yo soy terca en buscar la felicidad todos los días de mi vida.”

Vladdo

“Soy inquieto, sarcástico, malpensado. Tengo cara de bravo pero soy una melcocha.”

Oscar Iván Zuluaga | La Lupa Revista Digital
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Oscar Iván Zuluaga
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Oscar Iván Zuluaga
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Oscar Iván Zuluaga, nos cuenta lo que piensa de ser nacido en Caldas, su familia, sus primeros años trabajando con su padre y sus enseñanzas
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