Orlando Sánchez

“Quiero ser alguien, quiero ser un motor para mis hijos”
Orlando Sánchez | La Lupa Revista Digital

La historia de Orlando es la de un guerrillero raso, como él dice. Su infancia estuvo marcada por la falta de oportunidades, la soledad, la pobreza y la violencia. Entró a la Farc siendo un niño, sin entender nada pero creyendo que ahí encontraría lo que nunca había tenido en la vida: la oportunidad de ser alguien. Desde entonces su vida estuvo cargada de más soledades y temores de los que ya había soportado, y fue por eso que con la valentía que lo caracteriza se desmovilizó para darle pie a una vida distinta. Una vida como civil, que aunque no ha sido fácil, le ha dado la opción de descubrirse a sí mismo y de encontrar una vida más allá del fusil que lo acompañó por años. La Lupa conoció a Orlando, sus historias y sus anhelos.


LL: Bueno Orlando, yo quiero que empecemos entonces devolviéndonos a cuando tú eras chiquito.


O:
Bueno, pues mi juventud no fue fácil. Yo me crie en el campo. Eso queda por Santafé de Antioquia, más allacito. Como en inmediaciones de Santafé de Antioquia y Bolombolo. Una finca cafetera. Hasta los doce años yo estuve en esa finca, de ahí me vine para Medellín y empecé a estudiar en Medellín, y yo trabajaba.

LL: ¿Con quién vivías en esa finca?

O: Con mis abuelos.

LL: Con tus abuelos. ¿Y tus papás?

O: Mis papás… Bueno, mi mamá esta es la fecha en que yo a ella no la distingo. Bueno, la vi hace como unos ocho meses que murió mi abuela, la mamá de ella. Y yo estuve allá, y pues mi mamá, no, muy normal. O sea, pues yo la vi así, como de paso. Pero nunca he tenido relación con ella. Desde pequeñito, desde la edad de dos años, yo quedé en manos de mi papá y mi papá me llevó a donde mis abuelos, entonces mis abuelos paternos fueron los que me criaron.

LL: ¿Y tu papá, digamos, tampoco estuvo presente?

O: Pues mi papá se fue por allá para la zona de Urabá, y todo el tiempo la pasó fue por allá lejos, y pues venía a visitarme pero muy poco.

LL: ¿Y hermanos?

O: Hermanos todos son medios. Por parte de papá tengo como cinco. Bueno cuatro, porque mataron a uno hace como dos años. Y por parte de mamá, me dicen que tengo cinco también. O sea que hermanos tengo hartos.

LL: Pero no los conoces.

O: No, así por fotos me los han mostrado, pero no.

L: Llegaste a Medellín y trabajabas…

O: Bueno yo estudiaba en las mañanas, y en las tardes me iba a vender paletas. Entonces, pues, en una ocasión, estaba yo vendiendo las paletas ahí, al lado de un Conavi. En ese entonces era Conavi, no era Bancolombia. Un día normal, llegaron dos muchachos en una moto, me dijeron que si a mí me iba bien vendiendo las paletas. Yo les dije que pues sí, eso fue hace 22 años más o menos, en el 94. Entonces me dijeron “oiga, es que usted se ve ahí como echado pa’ elante. Mire vea, en ese cajero ahí llegan personas y ellos meten la tarjeta y anotan unos números. Pues mire a ver usted esos números, a ver si los alcanza a ver”. Yo tenía en ese entonces como doce años, yo no le vi cosa del otro mundo. Yo sabía que era para retirar plata, lógico, pero nunca me imaginé que era para robar a la gente. No sé, de todas maneras, mi inocencia, mi falta de información o de tener sabiduría. Yo empecé a anotar números. Cogía las paletas, las echaba en una bandejita y miraba, recogí un poco de números y los pasé. “Mire vea, aquí están los números”. “¿Pero está seguro?” Y yo, sí, pues es lo que yo alcanzaba ver. Pues ahí resulté enredado, enredado. Como a los quince días que nuevamente llegaron, me dijeron que yo pertenecía ya a un grupo, que ya no era pues cualquier pelagato de la ciudad. Yo preguntaba, pero pues nadie me decía nada. “Lo voy a invitar a una rumba”. Estuvimos en el 20 de Julio, me emborracharon, me dieron plata, y ahí, ya como cuando fueron pasando los días, me dijeron “Bueno mano, ya es hora de que nos demuestre de qué es que usted está hecho”. Entonces me dieron una moto para que yo anduviera por ahí. Como mis abuelos estaban en la finca – porque esos sí me daban duro – yo estaba en Medellín, con unos tíos, entonces podía hacer libremente lo que quisiera. Cuando ya me di cuenta es que estaba metido con el 34 frente de las FARC. Y pues ahí comenzó todo un calvario de siete años.

LL: Pero ¿en qué momento pasas de hacer lo de las paletas y mirar los números en el banco, a darte cuenta de que eras parte de un grupo armado?

O: Bueno, yo, o sea, de pronto, cómo le dijera. Era falta de yo entender, porque pues en ese entonces sí había violencia, creo que estaba muy recién pasado lo de Pablo Escobar entonces, yo veía a las personas bien vestidas, y las veía como en motos, y todo eso. Entonces, pues uno decía, ¿será que uno también puede? Pero entonces yo nunca me imaginé que era que estaba ya metido en un grupo armado. O sea, yo nunca alcancé a percatarme que iba a llegar allá. Pero las cosas fueron avanzando, o sea, a medida que me iban haciendo propuestas, pues yo las hacía. No cosas malas, un ejemplo, por decir.

LL: Pero nunca fue ningún tipo de obligación.

O: No, no, no, o sea, es que yo por la inexperiencia de no conocer, fue que resulté enredado. Nadie llegó, me puso un arma en la cabeza y me dijo “hermano… es que usted se tiene que ir con nosotros”. No, o sea, el caso mío fue muy diferente. El caso mío fue pasar de recoger números y vender paletas a hacer “vuelticas”. Yo iba en la moto, llevaba una persona, por ejemplo yo iba en la moto, iba a una estación de policía y estar pendiente de la policía, porque ya hacía parte de un grupo. Pero ya, pasaron dos meses de estar recogiendo números, a cuando me dijeron: “es que usted ya es fariano”. Y yo “fariano… ¿cómo así que fariano? ¿Qué es eso?” Porque pues yo sí había escuchado hablar de las Farc, pero fariano nunca. Así dicen es allá. “Ah es que somos es farianos”. “Es que nosotros somos parte del 34 frente de las Farc”.

LL: Tú eras un niño, ¿qué te decían ellos? ¿Por qué luchaban? ¿Qué es lo que querían lograr?


O:
La lucha es por un poder, por una igualdad. Y pues, ¿qué era lo que pretendían? Era pues tomarse el poder. Yo entré como miliciano, al ser miliciano, a uno ya le leen el reglamento, los estatutos. Entonces a usted le explican por qué es que estamos luchando, la igualdad, etc. Todo lo que ustedes ya han escuchado. “Que nos vamos a tomar el poder” Entonces ahí es donde ya empieza la cuestión. A mí me recogieron a los ocho meses, al año, de estar haciendo vuelticas en Medellín, ya me recogieron para el bloque. Porque ya estaba caliente. Ya estaba quemado. Entonces me metieron al monte, llegué al bloque José María Córdoba, y ahí fue donde comencé ya uniformado, con un arma. Estaba metido en la grande. Pero pues a mí, la verdad, o sea, al principio no me chocó la idea. Porque yo lo vi bien. Cuando llegué al campamento yo estaba bien vestido, tenía mis cosas, tenía una pistola, hacía parte de un poder, ¿sí? Pues eso era lo que yo creía, pero ya al llegar allá, al monte, ya todo cambió. Ahí sí ya me tocaba pagar guardia tarde en la noche, en el día, me tocaba la rancha, me tocaba cargar leña, mejor dicho.

LL: ¿Qué siente uno cuando a uno le dicen que uno está luchando por esta causa que, digamos, suena comprometedora…?

O: Claro, oiga uno se siente pues como con un orgullo, cuando uno dice es que vamos a hacer parte de un poder. Vamos a ser, por decir, vamos a ser un estado, que vamos a dominar en Colombia. Entonces, wow, algunos decían: vamos a ser un ministro, o vamos a ser… bueno, no sé, como por decir, pues hablemos de los cargos que tienen acá. Pues a uno le decían muchas cosas, pero ya vamos a tomarnos el poder. O sea, nosotros vamos a ser el ejército revolucionario, no el ejército de ahorita, sino el que vamos a ser nosotros, como Farc. Y yo, wow, con todas esas cosas… Pues claro, es que hay un poder de convencimiento, que cuando usted aprende a decir algo, y aprende a convencer, convence al que sea, pero pues la realidad era otra. Usted en el monte donde no se podía dejar ver, donde le tocaba andar cuatro, cinco, veinte o más días. Y de ahí para allá hay mucho que recorrer.

LL: Cuando entras a hacer parte del grupo armado. Seguías siendo un niño…

O: Sí, ya tenía 13 años. 13 o 14. Sí, pero pues, yo no sé, yo era fornido. Aunque al principio yo no cargaba mucho peso.

LL: Cuando te dieron el ama, ¿qué sentiste?

O: Ah no, ya uno quiere como imponer, uno ya quiere ordenar, uno ya quiere ser más grande que los grandes. Un arma, para una persona, sea niño, mujer, viejo, lo que sea, un arma lo hace sentir grande. Usted tiene un arma en la mano, y usted se siente grande. Sea lo que sea. A no ser… hay personas que no les gustan las armas. No les gustan por, cómo dijera yo, ¿por generación? No les gusta, como puede haber personas que no les guste un carro. A mí me fascinan los carros, me fascinan. Pero hay personas que no les gustan. Entonces pasa lo mismo.

LL: Pero cuando entendiste que esas armas hacían lo que hacían. ¿Cómo es ese momento?

O: Bueno, mi primer combate fue en Santafé de Antioquia. En un punto que se llama El Pescado. Yendo de Santafé de Antioquia hacia Urrao, por este lado pasa uno por Caicedo, al frente de Caicedo, de ese pueblito, a mí me tocó un combate con los paramilitares. Entonces ahí me dieron un fusil, un AK-47. Yo escuchaba cuando sonaban, pero pues nunca la había sentido. Por ahí en las películas. Yo quería ser como en las películas. Esa es la realidad. Cuando ya me tocó disparar todo cambió. Esto sí ya es maluco, ya no me sentí bien. No me sentí como con esa ansiedad que yo tenía, ahí ya se perdió. Pues ahí mataron a un compañero, resulta que lo mataron cerquita, entonces fue peor. A mí casi me da un infarto. Pero pues, yo estaba pelado. Y claro, ese día fue tanto lo que corrí, tanto lo que sudé, yo me mareé, eso me dio un montón de cosas. Ya por la noche llegamos al campamento, yo asustado, “ahora qué voy a hacer.” “En qué realmente es que estoy metido”. Porque ahí sí me di cuenta en qué era que estaba metido.

LL: Ya lo del arma no era tan interesante…

O: No, yo quería que eso ya no hiciera parte de mí, pero ya tenía que ser parte de mí. Porque pues al principio, cuando a mí me la entregaron, lo primero que me dijeron era que esa arma era lo que me iba a proteger y yo tenía que responder por ella, entonces en ningún momento la podía dejar en ningún lado. Siempre tenía que permanecer encima de mí. Por decir, es como cuando usted se compromete con una persona. Usted se compromete y usted le va a ser fiel a esa persona, por siempre. Entonces más o menos así era lo mío.

LL: Entonces podrías decir que estuviste comprometido por muchos años con alguien que no querías.

O: Algo que ya no quería. Algo que ya era una pesadilla.


LL: Digamos que hay muchos casos como el tuyo donde ha habido falta de oportunidades, donde entran siendo muy niños, donde hay una ingenuidad frente a lo que se está haciendo muy grande, pero hay otros casos donde no lo es. Entonces siempre me ha causado una gran curiosidad, que hay personas como tú, que podían estar asombradas por esta nueva vida en cierto punto, pero cuando ya se dan cuenta de lo que están haciendo, digamos, dicen “ya no quiero hacer parte de esta vida”. Pero hay personas que siempre cargan con esa constante de querer seguir haciendo lo que están haciendo. ¿Cómo hace uno para vivir todos esos años y compartir con personas que uno sabe que de cierta forma no les genera un cargo de conciencia lo que están haciendo cuando a ti sí te lo genera?

O: Bueno, yo hablaba con un comandante… él llevaba muchos años allá, el entró porque le mataron al papá, pero no porque le gustara. El hombre es muy inteligente, entonces él me decía… Mi nombre allá era Fercho, entonces él me decía, “Fercho, esto ya se convierte en una necesidad. ¿Por qué razón? Porque estamos luchando por una causa. Y si nosotros nos rendimos, nunca va a haber pues realmente lo que queremos. ¿Qué es lo que queremos nosotros? Nosotros queremos que las personas no tengan necesidades, no aguanten hambre, bueno. Una igualdad.” Ya estaba tan comprometido con el movimiento, que para él era muy difícil salirse. Esto fue como en el 2001, él llevaba como unos 17 años ya allá. Son 17 años contra 5 o 6 que era lo que yo llevaba, entonces ya usted se hace parte a ese compromiso y es muy difícil retirarse. ¿Por qué razón? Porque cuando ya una persona… allí hay muchos comandantes que se han volado, inclusive, cuando se voló el que le mochó la mano a este… bueno, él hacía parte del secretariado, que el segundo al mando de él le mochó la mano y vino y se entregó. O sea, era un comandante. Él se voló, y ¿qué hicieron con esa persona? El gobierno lo sacó de acá inmediatamente, pero es tan grande el compromiso, que al tipo no le fue muy bien, porque quizás a donde llegó… con tantas cosas que el hombre sabía, no lo dejaron en paz, hasta donde yo tengo entendido, lo que yo escuché, fue que a él le fue mal. Entonces, una persona digamos cuando ya está tan comprometida, es muy difícil.

LL: ¿Y eso te pasó a ti?

O: No, lo mío era muy diferente porque yo tuve grado, pero fue muy poco. O sea, yo comandante de escuadra fui nomás como unos 7 u 8 meses. De resto, fue reemplazante de escuadra como un año, y ya, guerrillero de base. O sea, cuando usted no es tan conocedor… hay un dicho que dice: “entre usted menos conoce, más vive.” Cuando usted conoce mucho, está peligrando y eso es muy real. Yo lo viví, lo sé. Cuando usted se hace como el de la oreja mocha, y el que no sabe, puede sobrevivir.

LL: Cuéntanos un poquito sobre la vida allá.

O: Uy. Allá la vida es dura, dura. Hay muchos momentos que usted aguanta hambre. Yo creo que más momentos que los que usted goza en el monte. No sé si era por lo que yo estaba en un sector… Yo estuve mucho en lo que fue Urabá, Córdoba y Antioquia. Esas tres zonas fueron las que yo recorrí. Y hubo muchos días que me tocó inclusive que en combates en Dabeiba, duré allá dos días y medio sin comer nada. Solamente hacíamos unas cancharinas, y eso lo cargábamos en unas bolsas, tres, cuatro. A lo último cuando nos las íbamos a comer estaban hasta lamosas. Del sudor que cogían en la bolsa, porque en los operativos no se podía cocinar en la noche, de pronto por allá a la una de la mañana prendían el fogón un ratico. Mientras dejaba el avión de funcionar, pero a las tres y media, cuatro de la mañana, otra vez. Entonces apague, eran tenaces los operativos. Ahora, uno caminaba y se pelaba los pies en el agua. Era complicado.

LL: Digamos que los comandantes, o las personas de altos mandos, cuando identificaban a alguien que de pronto no estaba tan comprometido con la causa, o que estaba un poco dudoso, que de pronto sentían algún cargo de conciencia, por decirlo así, ¿cómo manejaban eso?

O: Hay un dicho que dice: Usted se educa o se desnuca. Ese era un dilema allá. O sea, usted ya sabía cómo se comportaba o graves. No era que iban a poner un psicólogo o “no venga papito, ¿usted por qué está haciendo esto?”. No, usted la embarra, carga leña, hace chontos o hace trillos, o a recoger trillo, pero lo sancionan. Allá lo corrigen a usted, lo enseñan a ser un hombre. Usted se vuelve un hombre o le hacen consejo de guerra. Porque lo que sirve se cuida, lo que no sirve… la verdad es esa.

LL: ¿Qué tan buenos amigos o qué relaciones tan cercanas pudiste hacer allá?

O: Bueno, amigos allá no… Se tienen compañeros, amigos no. Amigo es la persona en la que usted pueda confiar, y decirle, “Uy mira, me pasa esto”. Si usted le dice a esa persona que usted está aburrido, que está desmoralizado, pierde. Usted inmediatamente en una relación lo zapatean y qué pasa. ¿A usted lo zapatean en una relación? Imagínese. No, es que Fulano de Tal está desmoralizado. Le van poniendo la cumbrera. “¿Ah está desmoralizado? Venga pa acá”. Le ponen la cumbrera inmediatamente y consejo de guerra. Y no tiene posibilidades de salvarse.

LL: ¿Qué es eso?

O: Consejo de guerra. Consejo de guerra es, como el castigo máximo que le hacen a una persona allá. Por decir, yo maté a una persona porque la quise matar. Sin ningún motivo, por decir. Inmediatamente a usted lo amarran, le ponen un guardia y recogen a todas la personas, si hay una compañía o hay cinco compañía, o está el bloque, los reúnen a todos, y listo, sale el comandante superior que haya, y empieza él a hablar. “Bueno, el Fulano ha sido desaplicado, ha sido muy desordenado.” Él siempre va a hablar mal de uno. El comandante. De ahí pasa el remplazante, y de ahí van pasando así en escala. Entonces así mismo, se van todos. El comandante va a decir “pena máxima.” Pena máxima es que ya, lo matan, se va para el hueco. Si el reemplazante va a ser más suave, como el abogado, entonces él va a decir “no, pues, el camarada ha hecho cosas buenas, ha hecho obras buenas, sí, que tuvo unos errores, pero bueno, eso se le puede perdonar, yo pido una oportunidad.” Pero si él también dice “pena máxima”, todos se van ahí en escala. Todo el mundo. Si hay 200 y todos dicen pena máxima, usted ya está muerto.

LL: Pero si hay uno… O sea, es por mayoría…

O: Sí, claro. Muchas veces: “Yo pido una oportunidad para el camarada”.

LL: ¿Alguna vez te pasó eso?

O: No, no, gracias a Dios a mí nunca me pusieron la cumbrera. No, donde me la hubieran puesto yo no estaría aquí contando el cuento porque es que de ahí uno no se salva.

LL: ¿Y a algún compañero del que tuvieras algún afecto especial?


O:
Me pasó una historia bastante… uff… eso sí me conmovió. Yo no sé, yo, pues he tenido un corazón, soy noble. Y esta historia que les voy a contar me impactó mucho. Había una niña que tenía 13 años cuando entró allá. No sé cómo entró. Ella llegó al bloque, con más camaradas, y no supe cómo ingresó, pero el caso es que llegó allá. Pues, la pelada, al ir pasando el tiempo, ella se fue haciendo amiga de los muchachos, y todos, y bueno, y pues ella no sabía decir que no. A ella un guerrillero le hacía una propuesta y ella listo, y se acostaba con él. Ella se acostó con muchos. Pues hubo una guerrillera que la zapateó, eso decimos nosotros allá, en relación. Entonces ahí comenzó, y la sancionaron.

LL: ¿Cómo funcionan las relaciones allá?

O: No, sí se puede tener relaciones. O sea, allá sí se puede. Por ejemplo, si los dos somos compañeros y los dos nos gustamos, entonces hablamos con el comandante y no pasa nada. Lo que no se puede es por decir, yo le hago la propuesta a usted y usted me dice que sí listo y yo me la llevo por allá para la caleta y no pedimos permiso. O sea, eso ya se está haciendo sin permiso. Eso es prohibido. Hay que pedir permiso.

LL: Y ¿qué tantas violaciones hay dentro de la guerrilla?

O: Bueno, haber, de violaciones… Lo que no me gusta es, por ejemplo; una mujer queda en embarazo y la hacen abortar. Una muchacha que quedó en embarazo, a ella la sacaron y tuvo el bebé. Llegó nuevamente allá. Volvió y quedó en embarazo entonces la hicieron abortar. No se cómo, pero la hicieron abortar.

LL: ¿La violación es castigada?

O: Sí, allá la violación es castigada. Allá, inclusive, pues en el tiempo que yo estuve, si uno tenía relaciones con una civil lo castigaban. Uno no podía tener relaciones con una civil. Usted estaba con ellas, pero a lo escondido, y que nadie se fuera a dar cuenta, pero era prohibido estando en el movimiento estar con una persona civil.

LL: ¿Qué pasó entonces con la otra niña…?

O: Bueno, volvemos al tema. Entonces ya después de que todos dieron pena máxima, solamente hubo una mujer que habló, que era comandante, y dijo pues que la camarada en sí no estaba haciendo nada malo. Que se estaba relajando sí mucho, pero pues que se le podía dar otra oportunidad. Una sanción pues, drástica, pero darle una oportunidad. Fue la única persona que habló. Entonces cuando determinaron todos a la persona, pues siempre le dan la palabra, pero ya todos saben, que ya cuando a usted le dan la palabra de último… Entonces ella dijo que ella llegó a aportarle al movimiento y se murió aportándole al movimiento. Que hay muchos camaradas que necesitaban de una mujer y ella hizo el favor. Que si ella se iba a morir por eso, pues que la mataran. Lo dijo así, y ya. Fueron las últimas palabras.

LL: ¿Y la matan ahí?

O: No, no, no. Ahí no. Sacan a unas personas, van y hacen el hueco, y después la llevan y ya. Pero la persona nunca se mata así de frente, pues que usted vea. No. La persona va aquí adelante y van los dos detrás, y va normalmente pues el que la lleva, y ya le han dado la orden a una persona y ese es el que la mata. Pero le dan el tiro por detrás.

LL: ¿Tú añoraste llegar en algún momento a un alto mando?

O: No, porque cuando usted llega a ser un alto mando son muchas las cosas que hay que hacer. Y no. Eso no es para cualquier persona. No sería capaz de soportar eso. Porque usted dar una orden no es fácil. O es muy fácil, pero hacerla cumplir… Usted dar una orden de que vayan y maten cinco, o x personas supongamos, en una limpieza que vayan a hacer. Usted es el que va a dar esa orden. Entonces esa orden, el único que da esa orden es el comandante del bloque, y ya pasa al comandante de la compañía que es el que manda a hacer eso. Yo fui comandante de escuadra porque me tocó. Y a pesar de que ya cuando fui comandante de escuadra, la pasaba más sancionado que cuando no era. ¿Por qué razón? Porque yo tenía que hacer cumplir en mi escuadra, tenía que hacer cumplir las órdenes que nos daban. Entonces, ¿cómo cuáles? Tener la caleta organizada, no dejar regueros, a veces me tocaba sacar los guardias, bueno, ya había un círculo de órdenes que hay que hacer cumplir, pero entonces yo era como muy relajado, yo no quería estar encima de los muchachos. Cuando estábamos en el campamento podíamos descansar, entonces yo trataba de no… entonces pasaba el guardia y encontraba una olla, o una cantimplora, o una carpa, bueno cualquier cosa, entonces me llamaban a mí. “¿Fercho qué pasó?”. Sancionado. “Hermano, si usted no hace cumplir, yo lo hago cumplir.” Entonces me sancionaban. ¿Entonces yo qué? Yo no sancionaba a ninguno, o sea, yo era, como por decir, como el escudo de los que estaban bajo mi mando.

LL: ¿Te tocó en algún momento…? No sé cómo funcione bien, me tendrás que explicar, todo el tema de los secuestrados por ejemplo…

O: No, yo con los secuestrados gracias a Dios nunca tuve contacto. Nunca. Gracias a Dios. Gracias a Dios, cómo le dijera… Gracias a Dios a esa papaya no me tocó partirla. ¿Por qué razón lo digo así? Porque en el 2000, que yo ya me enteré realmente que había secuestrados, que fue por los de Medellín, yo dije, ya esto se está saliendo de control. Dije no, lo pensé. Yo dije, pues, porque es que ya es delicado, o sea, tener a una persona… Yo he visto los videos del Mono Jojoy, esos videos que salen en las noticias, pero gracias a Dios, yo nunca, nunca vi a un secuestrado. Paramilitares muchos. Los vi amarrados, pero no secuestrados. Sólo los amarraban y de pronto los desaparecían, supongo que pues claro, los mataban. Ejército también.

LL: ¿Cuál era la percepción tuya estando dentro del grupo armado de lo que estaba pasando aquí afuera?

O: Pues yo quería estar acá, el problema era que yo duré más de dos años sin ver un civil. No miento, como año y medio. Año y medio duré sin ver un civil, y cuando salí el primer civil que vi fue en Juradó, Chocó, esto es en la frontera con Panamá. Cuando yo vi el primer civil me asusté. ¿Por qué razón? Porque yo dije, “este es el que me va a hacer matar.” No era porque él me iba a matar o porque era un monstruo, no. Porque yo dije “este es el que me va a hacer matar, este ya me vio.” Porque cuando uno está allá, a usted siempre le van a decir “usted no puede confiar en nadie”. Porque usted confía en una persona, esa persona lo entrega, lo hace matar, lo hace meter a la cárcel, bueno. Allá es una vida de temor, usted a todo el mundo le teme. A sus compañeros usted siempre les va a temer porque nunca les va a poder decir lo que siente. Cuando yo fui comandante, que más adelante se los voy a contar, cuando yo me volé y cómo me volé, ahí yo rompí esa barrera. Dije pues, si estas dos personas en las que voy a confiar me van a seguir, o sea, se van conmigo. Y si no, pues desafortunadamente son ellos o soy yo, pero gracias a Dios, Dios estaba ahí conmigo, lo que yo les hablé a ellos, ellos lo aceptaron, y listo, nos vamos.

LL: Me imagino que esto es una decisión que uno empieza a cocinar, a pensar “yo ya no quiero estar acá realmente”. Cómo fue ese proceso de decir, “yo me voy a volar, esta no es la vida que quiero.”

O: Bueno, cuando yo llegué a Burrado ya estaba uniformado, con mi fusil y todo, ya había estado en mi primer combate, o sea, ya hacía parte de la red y lo que nos decían era vencer o morir. Ese era uno de los más duros lemas. Vencer o morir. En cualquier momento lo que esperábamos era que nos iban a matar, fuera el ejército, los paramilitares, la policía… Llegamos a Burrado imagínese, cuando yo llegué allá éramos 1200, el bloque completo. 1200 hombres. Guerrilleros. Entonces cuando mandaron formar a las 05:30-06:00 de la tarde, salieron Iván Márquez e Isaías Trujillo. Iván Márquez era el comandante superior de ese bloque. Bueno, él era comandante de muchos bloques. Isaías Trujillo era el reemplazante. Entonces él nos formó y que tales. La compañía de él se llamaba “La Miller”, era su compañía escolta, 60 hombres escoltas de él. Pero, yo ver a ese man era como ver a cualquiera. Yo no conocía a ninguno. Bueno, el tipo salió, formó y que tal. Ya pasó el parte y que no sé qué. Entonces nos dijo “vamos a descansar, vamos a comer frijolitos”, porque fríjoles era lo único que había, y eso que no eran fríjoles, era caldo y cuatro o cinco pepas de frijol y listo, ese era el desayuno, almuerzo y comida. Y eso sí, panela la que usted quisiera comerse, porque por ahí hay mucha panela, y pues fríjol. Entonces pasamos ahí, y yo dije “ay Dios mío, yo en qué estoy metido”. Nuevamente reaccioné. Yo dije “pues estoy al lado de tantas personas que… pues todos son malos, aquí el único que pensé que era bueno era yo. Ahora sí estoy metido en la grande”, pensaba yo, pero al mismo tiempo, como que me tranquilizaba. Y llueva, todos mojados porque me tocó guardia. Al otro día, salimos para otro sitio. Nosotros nos manteníamos moviéndonos continuamente. Como a los tres días ya salimos para Carmen de Atrato, esto fue en el 99 o 98, que fue la toma de la policía en Carmen de Atrato. Ya fuimos allá y como yo era de los nuevos, a uno siempre lo dejaban atrás, yo estuve ahí con una avanzada y escuchaba el tastaseo, pero nunca realmente llegué allá. Eso fue ese día. A las dos, tres de la tarde, llegamos a donde nosotros nos quedábamos, y como a las cinco de la tarde empezó el tiroteo, pero estaba lejos. Se escuchaba lejos. Bueno, ahí fue la segunda toma, pero esa no me tocó a mí. De ahí salimos pal Chocó. Del Chocó estuvimos en Córdoba. De ahí de Córdoba salimos para Urabá. Bueno, andamos y andamos hasta que nuevamente regresamos al Chocó, y ahí sí fue cuando ya llegamos a Atrato. Y en Atrato fue donde yo ya pasé a Juradó, que de ahí me sacaron pa Panamá, y ahí fue cuando yo empecé ya… yo duré dos años planeando mi volada. Fueron dos años de todo ese trayecto.

L:L ¿En el momento en el que decides volarte no había posibilidad de desmovilizarte formalmente?

O: No. No porque los más cercanos que yo tenía eran los paracos, que a ver, esa gente… no. O sea, ahí sí me iba en picado, no me hubieran encontrado. Lo más amigable era el ejército y la pasábamos peleando. Cualquiera de los dos. Entonces nosotros quedamos disgregados 32, quedó el comandante, que era comandante de guerrilla, y yo era comandante de escuadra, entonces yo quedé de reemplazante, de esos 34. Llegamos allá a Juradó, entonces me dijo… Cuando el comandante era el 57, le decían “pataepilón”, no recuerdo el nombre de él ahorita, pero él salió en las noticias, inclusive ya lo mataron, salió en las noticias que lo mataron por allá en el Chocó. Entonces él me dijo, “Fercho, arranque pa Jaqué”, que ya Jaqué es Panamá, y Juradó es el último pueblo de Colombia. “Yo me quedo acá, y váyase usted con unos cuatro, cinco muchachos, mire a ver cuántos se lleva, y mire a ver qué consigue de comida por allá, porque por allá sí hay más posibilidades de rebuscarnos. Por allá no hay paramilitares, únicamente hay guardia panameña.” Entonces salimos para Panamá. Llegamos a Jaqué, ya empecé yo a reunir la gente, y hablarle a las personas y que bueno, que no se preocuparan. Y la gente “ah, no tranquilos, nosotros ya los conocemos, ustedes han venido muchas veces por acá.” Bueno, entonces ya como que descansamos un poquito, al otro día nos llegó la Guardia, pero entonces nosotros a la Guardia no les peleábamos, entonces yo lo que hacía era: hacía una nota y se las mandaba. De que nosotros no queríamos conflictos con ellos. Que queríamos era comida. Porque veníamos de un lado bien fogueados, esa es la palabra, bien fogueados, y llegar allá a seguir con otro grupo, entonces pues uno trataba… y habíamos como cinco, éramos cinco, entonces, pues uno… no, eso lo vuelven a uno ropa de trabajo rapidito. Entonces “ah que va a llegar un profesor a hablar con usted”. Y yo, “claro”. El tipo sí era profesor, el tipo… allá le dicen es… se me fue la palabra, allá a los educadores les dicen es otro nombre. Pero el man era policía. O sea, allá a los policías los mandan a las veredas a que enseñen. Entonces, bueno, cuando el señor llegó a las ocho de la mañana, llegó en un bote y tan, yo lo recibí, yo estaba de civil y yo no tenía nada de armas, pero a los muchachos los tenía pues, cualquier movimiento, o sea, que no me dejaran matar. Yo empecé a hablar con el tipo, pero lo veía como muy nervioso, se comía las uñas, yo todo eso lo notaba. Y yo le dije: “ve, y vos ¿qué grado tenés?” El hombre se timbró, porque ya a mí me habían dicho que era policía. Sino que a los policías allá tienen un tiempo que patrullan, y después los mandan de educadores, pero pues ellos siguen siendo policías. Entonces él se timbró “Chucha loco, que no sé qué”. Entonces yo le dije, “mire vea, la verdad, es que pues yo quiero ser sincero, pero pues usted también sea sincero conmigo. Hablemos normal. Yo sé que usted es policía, que ahorita no está ejerciendo, que está de educador, pero usted es policía”. Entonces ya el hombre me dijo, “sí, sí, es que a mí me mandaron para que hablara con usted” y yo “bueno, mire, yo vengo en son de paz”. “¿Qué es lo que yo quiero? Vea, nosotros queremos comida, queremos descansar, bueno, muchas cosas le dije, entonces ya yo entré en contacto con el… no recuerdo el nombre. Él fue el que me entregó a mí en Panamá. Él. Ese mismo. Duramos hablando alrededor de unos ocho meses, si no fue más. Porque de ahí, yo de ahí mandé para Costa Rica, y me trajeron unas armas, uniformes. Bueno. Yo era el puente. A mí me traían, y yo de ahí mandaba. Porque ya dejamos de hostigar, ya no se volvió ni a pelear con ninguno. O sea, ya yo pasé ahí en ese momento a ser… bueno, yo conseguía cosas. Entonces hablaba con el muchacho, de las armas nunca le hablé, de que yo las estaba trayendo. Pero él sí me dijo, “mano, yo le voy a dar un dato a usted, pero usted va a ser firme conmigo”. Yo le dije, “¿cuál? Listo, usted me va a dar ese dato, y a cambio yo le voy a dar otro”. Entonces él me dio el dato: resulta de que había un grupo de Medellín, que por Turbo estaban pasando coca a Costa Rica, ya tenían la ruta. Pero ellos, no sé por qué no podían hacer nada, no tenían la orden, entonces él me dijo, que más o menos a dos horas de donde yo estaba en la playa hacia adentro, me daba las coordenadas y todo, y yo podía recoger esa droga, y pues, él ya la legalizaba. Él la entregaba, y aparte de eso, él me daba lo que yo necesitaba, que era comida, y cosas: ropa, útiles de aseo. Entonces yo lo hice, pero bueno, me pegué una mareada, porque pues aquí en tierra estamos relajados, pero en una panga… a los veinte minutos ya está mareado. El caso fue que nosotros hicimos la vuelta. De ahí salió una panga que se llamaba La Orión, esa panga yo la entregué en Panamá, porque yo me quedé con ella. Entonces cuando ya hicimos todo eso, él me dijo bueno, “cuál es la propuesta que usted me tiene.” Pero entonces yo temía decirle, entonces le dije “vea, se la voy a decir tal día a tal hora. Nos vemos acá.” Listo. Yo tengo que cuadrar algo primero. Entonces yo me fui, organicé, mandé los muchachos, me quedé nomás con dos. Con mi persona, tres. Entonces cuando ya se fueron, que los mandé con cosas para el bloque, le dije al muchacho… él se llamaba Jailer y el otro se llamaba Cristóbal. Entonces yo les dije “Bueno muchachos, yo les voy a decir algo, el que no esté de acuerdo, si quiere se va y alcanza a los muchachos porque yo no quiero, o sea, no quiero que las cosas se vayan a ir a mayores.” Yo ya estaba preparado. Preparado en el sentido de que yo no me iba a dejar matar. Entonces ya estaba delante de ellos y les dije: “Yo me voy a volar. Ustedes verán. Lo toman y se van conmigo, o alcanzan a los muchachos. Eso sí, yo les pido el favor de que me den un tiempo y yo me voy.” “Listo, nos vamos, nos vamos.” Y se fueron conmigo. Entonces resulta que, en esas me llaman. Eso fue como a las dos de la tarde que yo le hablé a ellos, y en esas me llama el comandante y me dijo que se tenía que reunir conmigo, entonces que cogiera un bote y que nos veíamos en Juradó. Yo sí tenía que ir, yo no me podía volar, porque donde yo me volara… Yo tenía que hacer las cosas bien, entonces yo me fui, cogí la panga, llegué adelante de los muchachos, hablé con ellos, y me devolví. ¿Sí me entiendes? Pero entonces yo la embarré porque me devolví muy rápido. Yo debí haberme quedado amaneciendo allá. Yo me devolví, llegamos a la playa como a las 10 de la noche, pues resulta de que él me envío gente atrás, pero yo no me di cuenta, entonces nos organizamos, yo escondí la panga, escondí todo y como a las nueve de la mañana ya estábamos hablando con el personaje éste, con el profesor. Pues claro, ya nosotros estábamos de civil y todo, pero teníamos las armas. Cuando claro, sonó un tiro. Mataron a Jailer. A uno de los que iba conmigo. Porque el comandante sospechó, y nosotros ahí nos dimos plomo un ratico, y casi matan al profesor. De ahí eso se formó la pelotera, tiros pa’ allá, tiros pa’acá como unos veinte minutos, y de ahí nosotros nos salimos y más adelante cogimos una panga y nos estaba esperando la policía panameña, porque ahí mismo la policía panameña se vino, estaban esperándonos con un helicóptero y pa’ Panamá, pero ya habían matado a Jailer. Cristóbal sí se quedó en Jaqué, porque él había conocido a una pelada, a una indiecita, y se quedó con ella.

LL: ¿Y ya en Panamá qué pasa con ustedes?

O: Fui yo solo. Entonces llegué en un helicóptero y de ahí me pasaron a un automóvil, unas dos o tres horas, llegamos de noche a Panamá, a la ciudad. Allá me estaban esperando más policías, me llevaron a la cárcel que hizo Henao Castrillón, un colombiano narcotraficante que hizo su propia cárcel con antibombas y no sé qué más. A mí me metieron a esa cárcel esa noche por seguridad. Al otro día ya me sacaron. Me llevaron… eso sí, yo la pasaba de máquina en máquina, porque allá usted está hablando, entregué todo lo que tenía, les dije dónde están todos, me tocó entregar todo. Esa tarde me llevaron a un hotel, me dieron ropa, me preguntaron si quería comer pizza. La verdad yo no sabía… yo no tenía ni idea qué era una pizza, porque cuando yo estaba muy pequeño todavía la pizza no existía, pero ya en Panamá sí había, entonces me invitaron a comer pizza. Y yo dije: “¿Pizza? Bueno, pues vamos a ver qué es.” Pues bueno ahí fue donde comí la pizza. Al otro día a las ocho de la mañana una reunión con Mireya Moscoso, que era la presidente de Panamá. Y a ella sí, pues, mano, mejor decir, eso hubo muchas cosas, bueno, así pasó el tiempo, pero entonces, yo llegué a un acuerdo con ella: que no me fuera entregar acá en Colombia porque si a mí me traían a Colombia, a mí me mataban. O sea, al acuerdo a que llegamos con ella fue ese, que yo entregaba todo. Además ya me estaban buscando, inclusive ya me tenían en fotos: me tenían en una playa yo estaba con el fusil, con un chaleco, estaba sin camisa y estaba hablando por radio. Y esas fotos llegaron a Bogotá. Entonces listo, la señora esa: “listo, no hay problema, no se preocupe que aquí usted se va a quedar, vamos a mirar cómo le damos asilo o lo sacamos para…” no sé, ella empezó a nombrar un poco de ciudades más. Pero resulta de que Uribe, ya eso fue en el 2003, era Uribe presidente, inmediatamente el hombre mandó una carta de que yo era colombiano, por lo tanto, me tenían que repatriar para Colombia. A mí nunca me dijeron esa noticia. O sea, habíamos llegado a un acuerdo con todo lo que yo entregué, que me daban una plata, que no sé qué, y que me iban a dar una finca, pues a las afueras, bueno, eso me dijeron un poco de cosas, pero nunca lo cumplieron. Lo que hicieron fue mandarme pa’ acá. Me llevaron a un avión, esposado y con policía, me subieron al avión y me soltaron. Y se bajó el policía. Entonces yo pensaba, “ahora sí, y ¿yo cómo me vuelo de acá?”, porque pues…. Llegamos a Cali, y ahí mismo, de una vez, varios policías, ¡tan! me tomaron la huella, las huellas de todas las manos, nombre, todo, todo, todo, pero como yo no tenía cédula, a mí la cédula se me perdió ese día que mataron a Jailer, se me salió la billetera, se me perdió la cédula. Entonces yo estaba sin cédula, pero yo di el número de cédula y había aparecido ahí. Ahí apareció. Ya tenía orden de captura por rebelión, pero pues gracias a Dios ni por homicidio, ni por secuestro, nada de todas esas vainas. Yo nunca participé en eso, entonces pues yo estaba, pues entre comillas por un lado, limpio. Así de que yo fuera a matar a alguien, no. A los 40 minutos de toda esa vaina, volvieron y me subieron al avión. Claro, ya la gente asustada conmigo. Que yo quién era. Que siempre me estaban esperando, entonces el policía dijo, no, no, no, él es policía, lo que pasa es que él es de inteligencia, entonces toca subirlo al avión así.

LL: Pero bueno, quiero que lleguemos ya a la parte en la que empieza todo el proceso formal acá.

O: Bueno acá yo llego, ya me recibe un albergue.

LL: Y empiezas tú ya con el programa de desmovilización, desarme y reintegración…

O: Sí. Bueno. Entonces. Llego a un albergue, ahí ya comienza, me dieron útiles de aseo, toda la cuestión, vaya a las citas, comencé a estudiar en el postal. Yo tengo correo y mensajería, tengo lenguaje y comunicación, tengo… Uy yo tengo, hasta de automóvil también tengo un curso, tengo sistemas… yo he hecho muchos cursos.

LL: ¿Qué tan positivo te pareció el proceso?


O:
No, el proceso muy bueno, la CR, pues inclusive ya después de 13 años, me citan, me visitan, están pendientes de mí. Yo la verdad no quise seguir más estudiando, yo terminé el bachillerato, pero donde yo hubiera querido hacer una carrera me daban la universidad, pero pues, yo conseguí mujer, tengo dos niños, ya soy separado (risas). Tengo dos hombres, uno de doce años y el otro ya va a cumplir siete años.

LL: ¿Qué percepción tenías tú de Álvaro Uribe Vélez?

O: Dentro del grupo era la piedra en el zapato. Él entró a ser presidente en el 2001. Inmediatamente a nosotros nos alarmaron. Nos dijeron “Ahora sí. Ahora sí se nos terminó el cuartico de hora.” Entrando Uribe, ya todo se va a complicar. Y preciso, claro, Uribe entró y es… pues, gracias a Dios yo duré nada más dos años. Porque yo me volé en el 2003. En sí duré nada más un año, porque yo me volé (no se me va a olvidar esa fecha) yo me volé el 4 de febrero de 2003. Fue esa tortura que terminó, hasta que ya llegué acá.

LL: ¿Por qué crees tú que se puede llegar a las negociaciones de paz?

O: Porque Marulanda murió. Donde Marulanda estuviera vivo esto no estaría pasando, porque es que el hombre pues, él estaba con un ideal y lo hacía cumplir. Cuando el hombre empezó a pelear por una igualdad porque el vio que el gobierno no estaba haciendo las cosas bien entonces se fue en contra y nunca le pudieron hacer nada porque él tenía los ideales y sabía lo que estaba haciendo. ¿Sí? Yo no lo estoy favoreciendo, simplemente estoy diciendo que el hombre, lo que hacía, lo hacía bien. Supongo yo. ¿Por qué el gobierno nunca lo pudo matar? La demora fue del hombre en morirse y ahí sí llegaron a esto. ¿Por qué razón? Porque los que estaban por debajo, yo le digo una cosa, donde de pronto no hubieran llegado las negociaciones quizás hasta estos duros se hubieran cansado de esto y se hubieran ido. Tienen mucho dinero, recogido, pues con eso se van. Digo yo. Pues lo digo yo muy personal.

LL: ¿Tú crees que el debilitamiento de las Farc por parte de Álvaro Uribe Vélez sirvió?

O: Sí, mucho. Hizo mucho roto. Bastante. Bastante.

LL: ¿O sea, si eso no hubiera pasado, tal vez no se hubiera dado el Proceso de Paz?

O: De pronto… Pues las Farc hubieran tenido más crecimiento… Lo que pasa es que las Farc cometieron un error: ellos ya no se centraron en la igualdad sino en el narcotráfico. En conseguir plata. Se pierde el ideal. Si eso fuera así entonces ¿por qué llegaron a una negociación? Y ¿qué hicieron en la negociación? Pues entregar, pero ahí, el gobierno… hasta donde yo tengo entendido, no sé a fondo lo que hayan negociado, pero si las Farc van a tomar el poder como lo que se decía era vencer o morir, o sea, muy pronto entonces vamos a estar como, no como un Venezuela pero sí como un Cuba. Porque Maduro lo que hizo fue alborotar esa vaina y tiene a la gente aguantando hambre.

De pronto cogen más fuerza. En tomar el poder, no creo, pero que coger fuerza y hacer más daño, puede suceder. De tantas que tienen entregan las armas más malas. Hacen lo de los paramilitares. Se entregaron algunos. No sé hasta donde sea cierto, porque hasta uno no ver… Y qué hicieron los otros, ahí que salieron los Rastrojos, los Urabeños, ya no son paramilitares ¿no? Siguen de todas maneras grupos ilegales. Muchos ex combatientes guerrilleros que llegaron acá se entregaron al programa, se fueron para el llano a trabajar con los paramilitares. Ya llegaban allá recomendados, y entraban con un cargo y seguían delinquiendo. Yo he oído comentar de varios.

LL: Orlando ¿qué tanto lloras?

O: Pues lloré mucho, cuando el accidente, cuando se me derrumbó… Yo sentí que no iba a ser capaz de seguir. Lloré por ahí unos meses. Lloré mucho. Personas que fueron a verme a la casa, se dieron cuenta, yo quedé… lo que usted hace en la tierra lo paga en la tierra, y las lágrimas son las únicas que lo ayudan a uno a sacar un poquito.

LL: ¿Tú crees que lo que te pasó es algo que estabas pagando?

O: Pues esa respuesta no sabría decirla, de pronto uno puede cometer errores en lo que diga. Dios es el único que sabe. Yo sé que Dios no me mandó esto, porque él nunca quiere el mal para los hijos, pero yo sí creo que la naturaleza se encargó de tratar de limpiar algo.

LL: ¿Tus hijos son tu motor de vida?

O: Uy sí, mis hijos son lo más grande que tengo. Primero Dios y segundo mis hijos, entonces, para adelante.

LL: ¿Por ellos fue que no te dejaste derrumbar?

O: Sí, por ellos. Yo cuando tenía como un año de haber caído, yo casi me le tiro a un carro del desespero que tenía, porque perdí la familia. No me dolió tanto haber perdido la pierna, sino la familia. Yo quedé solo. Me refiero a que perdí la familia porque quedé solo. La ex se fue y se llevó los niños. No a raíz del accidente, sino que eso fue muy duro, ella quedó sola, ella quedó, yo en una clínica, ella trabajaba, con los dos niños, pagaba arriendo, mercaba, todo eso, entonces ella se sintió que no podía y apareció alguien, como esa voz de aliento, y la cogió, y la envolvió y la enredó y se la llevó. Lo que hizo fue hacer un daño. Porque nos separó, y ella se fue con él, a mí me sacó de la casa, y al año de que llevaban viviendo juntos ellos, él fue y estuvo con una prima de ella, y fue el desorden. Yo solo, salí solo, pagué arriendo, gracias a Dios me pensionaron, me pude estabilizar, fui creciendo, fui saliendo de ese hueco en el que estaba. Ahorita ya soy otra persona, ahorita inclusive vivo muy tranquilo. Llevo ya siete meses, desde enero que no veo a mis hijos. Hablo todos los días con ellos. Están con la mamá, en Neiva. Y yo normal, hablo con ella, hablamos por ahí día de por medio, hablamos por los niños, yo les mando su plata, entonces uno se da cuenta de que todo ha cambiado, que yo siento que ella está muy arrepentida de lo que hizo e intenta como volver, pero ya es demasiado tarde, dejó un hueco muy profundo que ya se está como llenando, pero me da miedo volver con ella.

LL: ¿Y no te has vuelto a enamorar?

O: No, no, inclusive por ahí me han salido propuestas, pero yo trato de… Yo le digo a Dios, “mándame la mujer que tu veas que es”. No me quiero equivocar más. Tengo 37 años y ya estoy cansado de equivocarme. Me equivoco mucho.

LL: Pero bueno, tienes una facilidad y es que te equivocas, pero vuelves y enmiendas el camino.

O: El doctor que me hizo toda la cirugía, que le agradezco mucho, él me decía: “Orlando, hermano usted sí es flojo.” A mí me hizo el acortamiento de fémur para no cortarme el pie. Y yo le decía: “Doctor, ¿de verdad yo soy flojo?” Me miraba y se reía. Por algo lo diría. A mí me daba mal genio, me daba rabia. “Si usted me dice que soy cobarde y flojo, lo acepto.” Y yo salía y comenzaba la ex, eh, ese doctor… toda brava. Bueno, las últimas veces que me ha visto: “hermano usted es un verraco. Usted es una voz de aliento para muchas personas. Yo quisiera verlo a usted dando su testimonio.” Y yo le decía: “Pero doctor, a mí no se me olvida lo que me decía antes.” Y me decía, no hermano, es que cómo le voy a decir pobrecito, yo conociéndolo más a usted de lo que usted se estaba conociendo, donde yo le dijera que usted no va a poder pararse de esa silla de ruedas… Porque yo lo creí, porque el día que usted llegó, yo no pensé que se salvaba. Inclusive hablamos con el sacerdote, le echamos los santos óleos, porque usted se moría en cualquier momento. Y mírelo ahorita. Cómo cree que yo le iba a decir todo eso”

LL: ¿Qué estás haciendo ahorita?

O: Bueno, ahorita yo hago unas figuras, yo me la rebusco mucho. Yo vendo unas goticas, un neutralizador de olores. Yo creo que he hecho de todo, y hago de todo. Y ahorita quiero dar unas conferencias. Lo he hablado con muchas personas, pero no he encontrado esa persona que me ayude. Quiero llevar estas palabras, y muchas, a esos jóvenes que se están yendo por donde no es. Es que se están yendo a un camino que no tiene sentido. Con mi experiencia vivida, quiero transmitirla para que de pronto ellos entiendan, al menos que miren y tengan esa idea. Ahorita no están cogiendo para un grupo armado, no, pero entonces qué están haciendo: Se están entregando al vicio, van y cogen a cualquiera y lo roban, lo puñalean, lo vuelven nada, porque qué inseguridad la que hay en Bogotá. Entonces que entiendan que la vida no se gana haciéndola daño a otra persona: se gana trabajando. Aquí en Bogotá hay mucho por hacer.

LL: Y lo puedes hacer porque ya estás limpio, ya pudiste perdonar, ya pudiste pedir perdón.

O: Mira, te digo una cosa que no sería como Garavito que dijo que ya Dios lo perdonó, yo soy más bien… sería iluso decir que dios me perdonó, pero siento tranquilidad. Eso sí lo siento. Yo todos los días me acuesto y rezo el padre nuestro y empiezo a hablar con él y siento como que me erizo. Y le digo, gracias Dios. El Espíritu Santo está cerca de mí, porque he hecho cosas… que yo sé que no están bien ante los ojos de Dios. Inclusive, uno mira a una mujer y ya peca. Así de sencillo. Dios nos la dejó muy de para arriba (risas).

LL: ¿A qué le pones la lupa en tu vida?

O: En estos momentos quiero ser alguien. Quiero ser un motor para mis hijos. Quiero que el día de mañana que yo toque a la puerta y me abran mis hijos, quiero que me abran los brazos. Yo hablo con ellos por celular y ellos me hablan bacano.

 

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Orlando Sánchez | La Lupa Revista Digital
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Orlando Sánchez, nos cuenta sobre su niñez, el momento en el que llega a formar parte de las FARC, y su proceso de reintegración.
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