Natalia Espitia

“Entendí que la mejor manera de transformar y sanar mi vida era ayudando a las niñas a vencer el miedo”
Natalia Espitia | La Lupa Revista Digital

Natalia fue víctima de violencia sexual cuando tenía 25 años. Quiso borrar ese episodio de su vida durante mucho tiempo hasta que entendió que la mejor manera de sanarlo era ayudando a otras niñas que habían vivido lo mismo. Dejó atrás sus inseguridades, el miedo a lo que los demás opinaran, el ideal de la vida productiva y perfecta para crear la fundación Niñas sin miedo. Con su fundación le enseña a niñas de Soacha a empoderarse a través de las bicicletas para enseñarles a vivir sin miedo. Le pusimos La Lupa a Natalia, una mujer que entendió que la mejor forma de ser feliz es ayudando a otros.


LL: Bueno Natalia, yo quería que empezáramos a hablar un poco de en qué momento decides ponerte hacer esto, crear esta fundación.


NE:
Pues bueno fue este año cuando empecé a intervenir en la comunidad de Soacha, pero yo ya conocía la problemática. Hacía dos años que trabajaba en esa comunidad con otra ONG y decidí empezar a investigar y hacer algo en noviembre del 2015, a recaudar datos, a investigar qué era lo que estaba pasando ahí con las niñas, a hablar con ellas y así es como empieza todo a moverme a mí a hacer algo y no quedarme en los datos, sino hacer.

LL: ¿Siempre desde niña te han interesado los temas sociales, siempre te viste teniendo este tipo de vida, ayudando?

NE: No, yo soy publicista, yo inicié mi carrera en las agencias de publicidad como en el sector de marketing, y la vida me fue llevando poco a poco como a este mundo que es el mundo del sector social, que es otra cosa súper diferente, donde tú tienes contacto con las personas y donde estás trabajando por algo realmente importante, digo importante porque a veces son cosas banales que van y vienen, pero a partir del 2011 cuando empecé a ser voluntaria en una ONG internacional yo dije como “creo que me equivoque de carrera”.

LL: ¿Por qué crees que de pronto te habías inclinado a la publicidad y que este lado tuyo de la parte social estaba tan escondido?

NE: Porque yo creo que siempre tuve el ideal de tener el trabajo perfecto, de tener status a nivel laboral y la vida me fue dando como unas lecciones importantes, una, que cuando te sales un poco de tu círculo de trabajo y empiezas a conocer otras cosas te das cuenta de que lo que tú sabes hacer lo puedes aplicar en otras cosas, y así fue cuando empecé a ser voluntaria en un ONG que es de estudiantes, empecé a conocer el mundo de las ONG del sector social y dije “creo que me equivoque totalmente” porque hoy en día, yo dure casi tres años fuera del sector publicitario y me salí con rebeldía, como “no quiero saber más de esto” y duré un año sin empleo porque quería entrar a una fundación y no me daban trabajo, ¡no me daban trabajo! Hasta que cuando por fin me dieron trabajo me di cuenta de que quería hacer mi propia ONG, y ahí empezó todo.

LL: ¿Qué tan difícil es dejar la vida que tú ahorita me decías, de tener un status social, del trabajo y arriesgarse a hacer algo que también es un mundo y un camino difícil?

NE: Pues es difícil porque siempre las personas que te rodean te están tildando de que por qué haces eso, que por qué no piensas mejor en el dinero, que eso no te va a dar dinero y pues al final yo tomé la decisión con toda la convicción del caso, como mi proyecto de vida para poder transformar mi vida y también la de otras personas y no había vuelta atrás, o sea no había forma de decir no.

LL: ¿Qué te ha dado a ti, haberte arriesgado y haber creado tu fundación? ¿Qué te ha aportado?

Me ha aportado creer en mí y en mis capacidades, como siempre fui muy insegura de mi misma y creía que yo iba a tener un trabajo, de pronto un puesto, pero realmente explotar lo que yo podía lograr, solamente lo he podido ver hasta que ya me arriesgué a tener este proyecto y a ver en qué puedo también inspirar a otras personas, como a mí me han inspirado otras personas en la vida.

LL: Digamos que las personas por lo general se dedican a esta parte social y dicen me voy a arriesgar hacer mi fundación y a dejar esta vida que he construido, son personas que han tenido momentos de vida importantes y difíciles que los han marcado un montón. Yo quisiera saber si ese motivo de tu vida que a ti te marcó fue así de determinante, y a pesar de que en tu trabajo de publicidad estabas contenta o lo que fuera, decías “Dios mío yo tengo algo que resolver dentro de mí y también lo necesito para poder ayudar a los demás.”


NE:
Pues yo creo que en ese tiempo era como muy ciega y sorda, como a lo que realmente pasaba, y hasta que tuve un episodio de violencia sexual en el 2012 en una calle de Buenos Aires y yo lo guardé casi tres años, o sea nunca le dije a nadie. Y cuando era más pequeña siempre sufrí como de acoso en la calle y cuando era pequeña muchas veces me guardaba de mi feminidad porque me daba miedo que un hombre me dijera cosas en la calle. Yo crecí con ese miedo hasta que ya a los 26, 27 empecé a ser consciente de que yo tenía miedo de lo que había pasado, que tenía que empezar a hablarlo, a contarle a la gente, y eso fue un punto importante porque cuando ya me di cuenta de que me había pasado eso entendí que no estaba sola. Que había muchas personas a las que les estaba pasando lo mismo.

LL: ¿Cuántos años tenías cuando te pasó eso?

NE: Cuando pasó el episodio de violencia sexual yo tenía 25.

LL: ¿Y vivías allá?

NE: Sí, yo vivía en la ciudad de Buenos Aires.

LL: ¿Estabas estudiando?

NE: Trabajaba en una empresa de marketing y en mi tiempo libre era voluntaria también de otra organización.

LL: ¿Y el episodio es que tú estabas caminando por la calle y sucedió y tú no quisiste ni pedir ayuda ni hablar con nadie?

NE: No, en ese momento yo iba para una fiesta y un tipo por detrás intento abusar de mí en una calle grande y nadie hizo nada, nadie hizo nada. Yo después de eso lo que hice fue devolverme para mi casa a llorar toda la noche y nunca más, cerrar el libro y decir esto nunca pasó, en ese momento no intenté de pronto que alguien me ayudara a cogerlo y denunciar, o sea hacer el proceso que tenía que hacer, sino que simplemente hice que no pasó.

LL: Es increíble que uno siempre piensa que esos episodios ocurren en lugares donde nadie está viendo, que todo es una cosa oculta y no, la gente presencia eso y es una cosa que nadie se atreve a decir nada, nadie se atreve a hablar, nadie se atreve a reaccionar. De pronto eso fue un llamado para ti de decir Dios mío esto me paso a mí y nadie se atreve a ayudar.

NE: Sí, eso me indignó, pero también me indignó más que no hubiera tenido la fortaleza para decir “esto no está bien, esto no está bien” y simplemente lo dejara pasar, o sea y tampoco le conté a nadie y eso pasa mucho. Las niñas con las que yo trabajo tienen un silencio de a veces dos años en que ellas no dicen.

LL: ¿Por qué uno no se atreve a hablar?

NE: Porque uno cree que es culpable de lo que pasó, yo en ese momento dije bueno, ¿yo porque me bajé ahí? Yo debí haber llegado del taxi directo al bar, yo no me debí haber puesto ese vestido porque iba demasiado corta la falda, como que me empecé a echar la culpa. Dije como “di papaya”.

LL: Tú estabas convencida de que tú tenías que haber vivido eso porque creías que era tu culpa.

NE: Sí, era mi culpa, “¿cómo me voy a bajar ahí? ¿Cómo me voy a vestir así?” Y obviamente mi comportamiento empezó a cambiar yo nunca me volví a poner una falda hasta ahora, cuando ya empecé a ser consciente de la situación, me daba pena, me daba miedo no era capaz de mostrarme femenina en la calle porque yo sentía que cualquier persona me podía atacar así mostraba un poquito de mi piel.

LL: ¿Cómo se va quitando uno el miedo?

NE: Lo primero que hice fue aprender a montar en bici, que fue un punto importante en mi vida.

LL: ¿Por qué?


NE:
Porque yo nunca aprendí por el miedo de que mi papá decía “te va a pasar algo en la calle, te van a decir algo, mejor no,” él omitió la parte de enseñarme a montar en bici por protegerme de los peligros porque yo crecí en un barrio popular de Bogotá, no en un conjunto, donde estás seguro. Yo crecí en el barrio La Estrada en la localidad de Engativá, entonces no era seguro y yo veía que mis amigas vivían en conjunto y yo no podía, entonces era como no, la bicicleta no hasta que ya me di cuenta y dije puede ser un momento importante. Mi jefe un día me dijo; “Natalia, lloras por todo, yo te regaño y te trato de decir que hagas las cosas mejor y tú lloras y yo no entiendo” yo le dije “yo no sé” y me dijo “¿no será que de pronto tú eres muy insegura? ¿Porque no aprendes a montar en bici?”, y yo, “bueno sí” y me fui triste a mi casa y mi mamá me dijo “Nati, mañana vamos a aprender las dos porque yo tampoco sé.” Y nos fuimos las dos y aprendimos y estuve incapacitada un mes porque me fracture el pie.

LL: ¿Aprendiendo a montar bicicleta?

NE: ¡Sí! Y después ya dije bueno pues aquí como que me siento bien y mi papá me dijo “Nati, no vayas a salir sola porque Bogotá es una selva con bicicletas o sea, es terrible” y yo “no, no importa, lo voy hacer.”

LL: O sea era un miedo inculcado desde chiquita.

NE: Sí, y ya empecé a irme al trabajo que era poquito, 3 km, pero era tener que enfrentar la calle, enfrentar al señor que se pasa, al carro que te dice bruta, a ver que no sabes por donde estás pasando, es muchas cosas, son miedos que se van dando poquito a poco con pequeñas acciones, mi acción fue irme al trabajo en bici, ¡yo me sentía muy bien!

LL: Claro, son cosas que vienen desde la infancia y con el tiempo eso va volviéndose una bola de nieve hasta que termina en cosas así. Tus niñas ahorita, me contabas que tienes 26 niñas, ¿qué has podido ver en ellas? Porque trabajas en un sector social de bajos recursos pero eso es un tema que no pasa solamente en lugares de bajos recursos sino que pasa en todas partes, en todas las clases sociales, digamos es una cosa más común de lo que uno cree. ¿Qué has podido ver tú con las niñas que tienes ahorita?

NE: Pues yo veo que ellas ahora tienen un espacio para contar lo que pasa, lo que pasa detrás de las puertas de sus casas en cuanto al maltrato familiar, en cuanto al abuso sexual, entonces hay un espacio de conversación con ellas en donde tenemos temas específicos a tratar y ellas empiezan a contar sus cosas. Decidimos hacer un diagnóstico de cada niña con una psicóloga que lleva el seguimiento de qué es lo que está pasando, de cuál es la tendencia del grupo en ciertas problemáticas, y adicionalmente vemos que ellas se sienten motivadas a aprender a montar en bici y a hacerse presentes en el espacio público de Soacha, porque siempre ha sido también prohibido para ellas, cada 5 minutos hay un tipo diciéndoles algo en la calle. Y vamos juntas y vamos en bici pero el acoso es terrible, tanto acá en una calle de Bogotá como allá, entonces ellas se sienten acompañadas, se sienten fuertes de estar juntas y hacerse presentes en su espacio público, y adicionalmente las que están aprendiendo es una satisfacción muy grande verlas, es muy chévere.

LL: ¿Tú crees que eso es una situación o una característica de países como el nuestro? Uno tiende a pensar que eso es algo de países subdesarrollados o que tienen altos niveles de pobreza.

NE: Sí, yo creo que en muchos países porque yo también viví en otro lugares, viví también en el Reino Unido no se vivía el acoso, pues sí existe el abuso sexual pero digamos que las mujeres están más conscientes de la denuncia porque la ley es efectiva, aquí no. Entonces como la ley no es efectiva, pues tú para que te desgastas en ir a una comisaría o en poner una tutela. Simplemente lo dejas pasar. Solo en Perú se hizo la primera ley en contra del acoso callejero, el más pequeño acoso que sufre una mujer a diario es penalizado, es el único país en Latinoamérica donde está penalizado eso. Entonces si tú tienes desconfianza de la justicia es muy difícil que lo hagas, o sea que hay muchos casos de silencio que quedan en la impunidad.

LL: En cuanto al proceso que tú viviste, nunca te decidiste a denunciar, nunca te decidiste a hablar, nunca. Tú de devolviste a Colombia y nadie sabía lo que había pasado.


NE:
No. Yo lo empecé a hablar con mi familia hasta el momento en que dije como yo ya quiero hacer algo social y dije ¿por dónde empiezo? Porque es que tengo una comunidad con miles de problemáticas, entonces dije bueno voy a empezar por mí, o sea qué es lo que me afecta a mí, porque realmente voy a luchar hasta el final de mi vida porque me afecta y me molesta demasiado, es esto, porque me pasó. Y en ese momento pues ya, creo que es el tema de prevención de abuso, prevención de todas estas problemáticas que hay en silencio y que yo me demoré mucho tiempo en hablar.

LL: ¿Eso te iba a preguntar, que pasa cuando uno no habla? ¿Qué efectos ve uno en uno mismo cuando lleva cargando y callándose una cosa tan fuerte tanto tiempo?

NE: Mira, la relación con los demás, o sea la relación con el sexo opuesto para tener una relación estable, para estar segura en tu trabajo o en todas las cosas que tú haces como que la vida siempre está en torno a la inseguridad de ti misma y esa inseguridad te tranca muchas cosas en la vida. Cuando yo empecé a quitar eso las cosas en mi vida empezaron a cambiar totalmente. Hoy en día tengo mi novio, vivo con él, tengo una relación sana y saludable con él y con mi entorno y antes no, era como nocivo y siempre me estaba diciendo “no soy suficiente, estoy fea, soy bruta” todo lo mal, me estaba yo misma contaminando de esas cosas.

LL: ¿Pero de esa inseguridad con la que viviste tanto tiempo, de dónde crees que venía?

NE: Venía de… yo creo, lo que te conté de pequeña, o sea que siempre estaban protegiéndome de realmente romper las barreras, romper los límites. La sobreprotección y adicionalmente esa situación de acoso, que me pasó cuando era pequeña como que me generó demasiada inseguridad. Y esas cosas les pasan mucho a las mujeres incluso les generan depresiones, que me paso a mí también.

LL: Este es un camino que puede ser un poco solo, porque como tú decías al principio, una fundación no es algo que te va a dar económicamente un sustento como muchos quisieran que fuera. ¿A quién has encontrado realmente como apoyo, cómo has logrado mantener esto y sostenerlo a pesar de las adversidades que pueda haber?

NE: El 8 de marzo en la carrera 13 con calle 53 salí con mi bici le puse flores, la adorné e hice una protesta pacífica para decirle a la gente que se uniera a lo que yo estaba haciendo, eso es lo más loco que he hecho en mi vida.

LL: ¿Sola?

NE: ¡Sola! O sea bajé y dije voy hacer esto y que pase lo que pase, y voy a empezar a contarle a la gente lo que estoy haciendo y la gente empezó a decir: “ay, qué chévere, quiero ayudarte.” Luego subí la foto a Facebook, a mi Facebook, y la gente me empezó a decir “Nati, yo te quiero apoyar.” Hoy en día el equipo de voluntarias de Niñas Sin Miedo son personas que llegaron de no sé dónde, realmente no sé, no las conocía de antes y ellas suben conmigo todos los sábados, estamos trabajando para que las cosas sean mejores, entonces son personas que llegaron gracias a las redes sociales, pero también como del cielo digo yo.

LL: Ahorita estás empezando, ¿cómo te imaginas esto a largo plazo?

NE: Yo me imagino que podemos llegar a otros lugares porque la problemática es real y yo espero que en unos 5 años podamos llegar a otra ciudades, podamos obviamente tener una cobertura mayor en Soacha y no solamente quedarnos con lo que hacemos de ese apoyo que le estamos dando a las niñas sino poder tener una atención integral a nivel de salud mental que es un vacío muy grande porque ellas no tienen a quien contarle sus cosas, la salud mental acá en Colombia es difícil.

LL: Total, es que acá la gente lo maneja como: “si vaya a su EPS y le hacen la cosa médica, el examen no sé qué” pero más allá de eso, no hay un acompañamiento realmente emocional que es, pensaría yo, lo más importante.

NE: Sí exacto.

LL: ¿Hoy en día crees que todos tus miedos ya se fueron?

NE: No, yo creo que siguen, mi miedo a no lograr de pronto que yo pueda seguir impactando a más personas por que a veces digo “esto es demasiada responsabilidad, esto es demasiado importante”, y tengo una responsabilidad muy grande y a veces eso me asusta mucho pero cada vez que voy, que estoy con ellas y que el equipo llega acá y que los sábados subimos a Soacha yo digo “no, es que vale la pena” siempre el miedo está latente y es algo que tú llevas toda la vida, pero todo el tiempo es luchando contra eso, es como tu sombra mala.

LL: Ok, digamos que te tocó transformar la inseguridad y el miedo en coraje absoluto, o sea no se ha ido pero te toca todo el tiempo cargar con él. ¿Te arrepientes de algo?

NE: No, yo creo que no, lo hecho, hecho está (risas), cuando le expreso a las niñas las cosas que me han pasado trato de decirles que los errores a veces se convierten en oportunidades.

LL: ¿Tienes alguna niña o algún caso que te haya marcado o tocado puntualmente?

NE: Sí, cuando inicié. Nosotros tenemos un porcentaje del 3% de niñas con el tema de abuso sexual y cuando nos llegó el primer caso, que ha sido como el que más me ha impactado, ella llegó a la EPS a que le hicieran su tratamiento y finalmente no siguió porque decía que le ponían un video y ya, una atención muy mala y nosotros tenemos personas en el equipo que no son profesionales pero que están muy comprometidas, están por graduarse, y ya empezaron el tratamiento con una de las psicólogas y en menos de tres semanas la niña ha tenido una evolución gigante. Se escolarizó otra vez, está compartiendo mucho más, bueno obviamente está montando en bici con nosotras y tú te das cuenta de que esto es muy chévere, vale la pena.

LL: ¿Qué crees que se necesita para salir adelante?

NE: Se necesita caerse a veces, no tener la vida perfecta si no caerse y mirar qué es lo que tienes tú para poder salir adelante con esas cosas que tienes y que a veces las ves perdidas, o cosas que todo el mundo ve y tú no, es empezar a recoger lo mejor de ti y levantarte.

LL: ¿Crees que todo el mundo tiene de alguna forma cierta responsabilidad social pero no se hace cargo de ella?

NE: Yo creo que muchas personas están ahí pero no se dan cuenta de lo que pueden aportarle a los demás. Hemos llevado a varias voluntarias que no conocían Soacha, que no conocían la problemática, todo el tiempo tenemos personas nuevas que van y siempre se llevan algo increíble y es como una conversación que te puede cambiar la vida, no necesariamente tienes que dictar un taller sino hablar con alguien, conocer su realidad y ver que tú de pronto puedes también compartir algo tuyo, es algo por donde se puede empezar a tener empatía con el tema social.

LL: ¿Y tu familia como ha sido en todo este proceso?


NE:
Mi papá es el donante numero uno (risas), él es arquitecto trabaja en comunidades en el Vaupés y me dijo que desde allá me iba a apoyar con este proyecto, dijo que creía en mí, fue la persona que desde el primer día me dijo: “creo en ti y te voy a apoyar porque yo sé que tú esto lo vas a sacar adelante, escogiste otro camino pero no importa, a mí me encanta que hayas escogido este camino y no otro.” Y mi familia en general, mi mamá y mis tías siempre están haciendo recaudación para el tema de dotación de las niñas para ayudarnos, también en temas administrativos, en contenido, un montón de cosas para las que ellos siempre están ahí pendientes, pero pues obviamente mi papá ha sido la persona que ha estado siempre de manera incondicional.

LL: ¿En qué crees tú?

NE: Yo creo en las cosas que tú haces desde el corazón y que realmente no las haces para demostrarle a los demás, sino que tú haces lo que haces, en lo que yo puedo ver no en lo que hablas.

LL: ¿Eres creyente?

NE: Soy creyente de la vida y de las cosas que las personas dan a los demás.

LL: ¿Lo más puntual que tratas de inculcarle a tus niñas, qué es?

NE: Yo les trato de inculcar que crean que ellas son la mejor versión de ellas mismas para poder dar lo mejor al mundo, siempre les digo que son bellas, que son hermosas, que son importantes y que tienen una fuerza que puede transformar el mundo. Eso les digo.

LL: ¿Bueno, y ya para terminar, a qué le pones La Lupa en tu vida?

NE: Le pongo La Lupa a las situaciones que tal vez se ven difíciles de solucionar como el abuso sexual y a la prevención de este problema, le pongo La Lupa a eso.

 

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Natalia Espitia | La Lupa Revista Digital
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Natalia Espitia, nos cuenta sobre su fundación, que la motivo para crearla, su compromiso con lo social, y sobre su niñez
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