María Lucía Fernández

“A mí la vida me empujó más rápido”
María Lucía Fernández | La Lupa Revista Digital

Malú es una de las presentadoras y periodistas más importantes y reconocidas del país. Su carisma, inteligencia, impecabilidad para presentar las noticias, y el amor por el periodismo no han sido en vano. El camino no siempre ha sido fácil pero la fortaleza que ha tenido desde niña la ha hecho llegar al lugar que hoy ocupa. Detrás de las pantallas se esconde una historia que pocos conocen, una historia en la que el recorrido ha sido infinito. La Lupa llegó a ella y esto fue lo que descubrió.



LL: Bueno Malú, me gustaría devolverme un poquito a tu infancia y conocer esa Malú niña. ¿Cómo eras cuando chiquita? ¿Cómo era el ambiente en tu familia? Creciste en una familia en donde casi todos eran hombres…


MLF:
Es verdad, el recuerdo más antiguo, o el primero que tengo en mi memoria de mi papá y mi mamá, porque ellos murieron muy jóvenes, es un día que yo no quería jugar con muñecas quería jugar con carros, y todo el mundo decía, las niñas con muñecas, los niños con carros, y me acuerdo de que mi mamá dijo, si quieres jugar con carros juega con carros, sé lo que tú quieres ser, nada es malo en la vida mientras se haga bien. Me acuerdo que esa fue la gran enseñanza. Nunca casarme con modos de vida, no pensar que las niñas tienen que aprender a cocinar y a coser. Entendí que uno debe vivir sin estereotipos, sin esquemas. Crecí en una familia muy bonita, papá mamá y dos hermanos, con un agregado que yo siempre resalto: una biblioteca. Me sorprende cuando entro a una casa y no veo libros. Yo crecí en una biblioteca. Mi casa giraba alrededor de los libros. Nosotros no teníamos cuadros, teníamos un reloj y muchos libros. Y así son mis hijos y mi casa hoy en día.

LL: ¿Siempre te gustó leer?

MLF: Nunca me obligaron, los libros estaban ahí, en el momento en que queríamos ahí estaban. Cuando tú creces en un medio donde ves a tu papá y a tu mamá siempre con un libro, pues ese es el ejemplo.

LL: ¿En ese momento, qué soñabas ser?

MLF: Siempre lo tuve claro. Chiquita quería ser astronauta y viajar a la luna, pero cuando se acercó el momento de decidir primero quise ser médica oftalmóloga, pero no pasé y entonces estudié un semestre de optometría. Fíjate que todo tiene relación. La lectura, los medios audiovisuales. Pero cuando entré a estudiar optometría me di cuenta de que lo mío no era eso exactamente, me di cuenta de que lo mío era la otra parte de los ojos. Me retiré, me inscribí en Comunicación Social y dije, este es mi nicho. El sueño dentro de la carrera era la televisión infantil. Mi tesis fue sobre esto, hice un muy buen trabajo de investigación sobre la televisión infantil en Colombia y encontré un panorama desolador, donde los enlatados, como los llamábamos, habían invadido la televisión infantil. Las pocas propuestas existentes, o se diluyeron o no eran tan comerciales. Gloria Valencia de Castaño, programas de concurso, desaparecieron. Yo quería abordar ese nicho.

LL: ¿Por qué crees que te llamaba tanto la televisión infantil?

MLF: Los niños son el futuro, si los involucras, el día de mañana entienden qué es un medio, porque han tenido relación con el medio, y si sólo aprenden a ver cosas de afuera, no hay una identidad con el país.

LL: Terminando tu carrera, tienes un primer momento difícil en tu vida, la muerte de tu papá. Por necesidad empiezas con lo del modelaje, que fue el comienzo de esta etapa de tu vida. Fue una etapa difícil pero al mismo tiempo fue el comienzo de la carrera que te estaba esperando…


MLF:
Exacto. Muy duro. La vida te empuja o tú das el paso, o a veces la vida te hace dar el paso de una forma muy dura. Uno a veces no entiende. En ese momento no entendía por qué si mis papás eran tan jóvenes habían muerto. Ellos tenían muchas cosas que hacer en la vida y tres hijos por terminar de educar. Mis papás eran muy jóvenes, yo estaba en la universidad y mis hermanos estaban en el colegio. Yo asumí un rol que era de papá y mamá, organizar que mis hermanos terminaran el colegio, y yo, terminar de pagar la universidad, pero esas cosas en la vida te fortalecen cuando no te dejas embestir. Sí, fue una tragedia, a mí la vida me empujó más rápido. El modelaje se me presentó por cosas de la vida, una tarde faltó una modelo a una sesión de fotos en una casa sabanera y me dijeron que yo lo hiciera, yo me puse el traje y comencé a modelar. Fue un escenario de muy buena remuneración, tenía que ayudar a mis hermanos que estaban terminando el colegio y tenía que pagarme la carrera. Y te quiero decir otra cosa, el cliché del modelaje y de ver a las modelos como niñas fatuas, yo lo viví y lo desmantelé completamente. El mundo del modelaje no es tan fácil como la gente piensa. Es un mundo comercial, muy competitivo e interesante, y es una profesión que te permite proyectarte para muchas cosas.

LL: Ahorita hablabas de cómo te tocó crecer rápido por las circunstancias que te tocó vivir, de dónde sacaste la fuerza para hacer lo que tenías que hacer desde tan chiquita, sacar adelante a tus hermanos, forjarte una carrera tan rápido.

MLF: No había alternativa, o te tiras y te dejas morir, o sales adelante. Cuando la vida te pone las cosas así, hay que coger los toros por los cachos. Eso es lo que soy, eso es lo que me tocó, y eso es lo que tengo que asumir. Tuvimos épocas económicas muy difíciles, además yo no sabía qué era manejar una casa. Aprendimos los tres lo que es amarrarnos el cinturón, a trabajar, a superar las crisis económicas. Aprendimos que uno no siempre se puede dar gusto, entendimos que teníamos que ser profesionales. Sí, hay una diferencia, y es que digamos mis amigas que tuvieron a sus papás cerca tuvieron una vida un poco más fácil que la mía, pero igual de respetable. Yo o trabajaba o no tenía como pagarme mi universidad.

LL: ¿Qué es lo que más recuerdas de tus papás? Lo que más te genera nostalgia de ellos.

MLF: Todo, absolutamente todo. Tener siempre ese mensaje, ese consejo de “te lo dije, te lo advertí”. Me habría encantado que conocieran a mis hijos. Me hubiera encantado que mis hijos conocieran a sus abuelos y que vivieran esa tradición de la lectura. Yo creo que el mundo de la lectura, el de los cuentos, va de la mano de los abuelos. En mi memoria, a pesar de que la muerte de ellos fue dura y dolorosa, porque murieron de cáncer, muertes muy largas y muy sufridas, lo que siempre añoro, fíjate, es un consejo, un mensaje, la sabiduría de la vida.

LL: Bueno, te casaste joven, tuviste dos hijos, ¿qué has tratado de inculcarles?

MLF: Mira el mismo mensaje de mi mamá, desde pequeños. Es lo primero que yo recuerdo, y por eso también quiero que mis hijos me recuerden como yo recuerdo a mi mamá: sé lo que tú quieras ser y lucha por eso, siempre en la ruta del bien. Yo no quiero educar ni grandes empresarios, ni los mega profesionales. No, mi meta es educar buenos seres humanos, que el día que yo me vaya de este mundo, deje dos buenos seres humanos. Ese es el objetivo que uno debe tener como mamá y como miembro de una sociedad. Hay que dejar un buen trabajo, un recuerdo bonito. Quiero dejar dos seres humanos que sumen al mundo y no resten.

LL: ¿Y ellos qué te han enseñado a ti?

MLF: ¡Que sí han aprendido! A veces me corrigen (risas). A veces me dicen no seas egoísta, no seas así. Lo más rico con los hijos, en la etapa en la que están porque ya son grandes, es que ya no doy órdenes, ahora discutimos los temas. Nunca he pretendido ser la mejor amiga, porque las mamás no son amigas, pero hay un escenario donde ya no impongo sino que discutimos, escuchamos y aprendemos.

LL: Hay un segundo momento difícil en tu vida, que es tu separación, y es ahí donde aplicas la lección de tu mamá de romper esquemas y no seguir estereotipos. ¿Por qué esto es tan importante?


MLF:
Porque tienes que ser tú. Tienes que poder lograr de la mejor manera posible, lo que quieres. La vida te lleva a veces por otros caminos, pero toca hacerlos bien. La separación fue dura, yo tenía cuatro meses de embarazo de mi segundo hijo. No funcionó la relación, me hacía daño a mí y les hacía daño a mis hijos. Una mala relación puede terminar en maltrato psicológico y verbal, y a ese punto no se podía llegar porque yo me quería, quería que mis hijos tuvieran una buena vida y el papá de mis hijos también. Tomé la decisión, pero hice lo correcto. No era un matrimonio con el cual hubiera podido ser feliz. Pero tuve que pensar, mis hijos se merecen una buena vida. Está bien, me equivoqué, pero tengo dos hijos maravillosos, así que debo seguir. Hoy en día soy muy feliz.

LL: En ese momento cuando a uno se le derrumba eso que ha sido tan importante, o que ha marcado tanto, ¿cómo se hace para volver a creer en el amor?

MLF: Laura, todo en la vida tiene su momento y su lugar. Mi mamá decía, que todo en la vida tiene su tiempo. Una ruptura a los veinte no es lo mismo que una a los treinta ni a los cuarenta. En la medida en que tienes más años, más experiencia en la vida, esas situaciones se asumen de manera diferente. Cada edad hace que uno asuma cada situación de manera diferente. Es duro, hay que hacer el duelo, pero hay que seguir. Por eso vivir es tan rico, porque tú miras atrás y a veces dices que no lo hubieras hecho, porque todo es un proceso en el que se aprende, se sufre diferente. La madurez está en la decisión que tomas cuando la vida te muestra nuevamente una situación de la que ya has aprendido antes. Uno en cierta edad, toma decisiones pasionales. El corazón no tiene razón, pero con el tiempo, yo siento que la razón tiene más cabida en el corazón. En la vida hay que equivocarse.

LL: La vida te recompensó con Ricardo…

MLF: Sí, un amor distinto. A uno se le va el tiempo criando los hijos, administrando la vida, sacrificando cosas por los hijos. Las mujeres hemos peleado nuestros roles y somos las mejores administradoras del tiempo. A mí me hubiera gustado estar más tiempo con mis hijos, por ejemplo no estuve cuando dieron el primer paso y lo siento mucho, pero esa fue la mamá que les tocó, una mamá trabajadora. Pero eso no me quita que soy mamá y muy buena mamá.

LL: ¿Qué te ha dado el periodismo en lo personal?


MLF:
Muchísimo. Este oficio te da la posibilidad de conocer lo que tú estás haciendo, las facetas de las personas en la vida, las cosas que hay alrededor del personaje. Las buenas crónicas por ejemplo, no se dan por la noticia, sino por lo que hay alrededor del personaje. Este país es tan diverso, que no tienes necesidad de conocer el mundo, porque no terminas de conocer Colombia. Los periodistas somos los ojos de los que no tienen la oportunidad de ver, somos los ojos de la sociedad. Fíjate por qué quería ser oftalmóloga, quería ser los ojos de los que no podían ver.

 LL: El periodismo da mucho poder. ¿Cómo no cruzar esa línea que es tan delgada?

MLF: Mira, yo creo que el poder se debe usar en pro de la sociedad y no a nivel personal, porque es peligroso y me parece reprochable en todo sentido. Empoderarse para hacer por la sociedad, por moverle el piso a los que están haciendo algo mal. Sirve para tocar a las personas que no pueden ser tocadas. Para decir cosas que a la sociedad y a la gente le da miedo denunciar.

LL: ¿La lección más grande que has aprendido?

MLF: La de Yamid. Un día me dijeron que tenía que ir a cubrir un desfile y yo dije que no porque tenía que ir a cubrir Casa de Nariño, y Yamid me dijo tienes que ir, todas las noticias son importantes. Todas están en el mismo nivel. Para un buen periodista, todas las fuentes y todas las noticias son importantes.

LL: ¿A qué le has tenido miedo?

MLF: A todo lo que tiene que ver con los niños. Niños que se mueren de desnutrición, niños que son secuestrados. El terror de la época de Pablo Escobar me marcó mucho. Pensar que una persona puede poner una bomba y matar me da mucho miedo. También los fanáticos religiosos y la burocracia.

LL: ¿Qué tan religiosa eres tú?

MLF: Yo vengo de una familia absolutamente católica, mi papá, mi mamá no. Soy una profunda admiradora de los católicos porque fue el nicho donde crecí. Un día leí una frase de Florence Thomas que es muy interesante y decía: soy católica por nacimiento y atea por convicción. Yo esa frase me la robé.

LL: ¿En qué aspectos eres rígida, o más conservadora?

MLF: Hay cosas que no se hacen, como lo dijo el Papa: no matar, no robar. Fíjate que me encanta el Papa que tenemos, pero en realidad se trata de ser correcto. Detalles tan bobos, como no botar papeles en la calle, si alguien quiere pasar, le doy el paso. Hay que ser correcto.

LL: ¿Qué te gusta hacer en tus ratos libres?

MLF: Tú ya sabes (risas), me encanta nadar. Soy nadadora de alto rendimiento, nado dos horas diarias. También me encanta estar con mis hijos, tenemos un ritual que es la felicidad, ver Game of Thrones. Oímos Pink Floyd, Los Beatles. Esas cosas tan sencillas son las que conforman la vida. Me fascina el ejercicio, lo hago por salud y me encanta. Compartimos espacios con mis hijos y mi marido.

LL: ¿Qué tanto lloras?

MLF: ¡Mucho! Lloronsísima, cuando estoy al aire y la noticia es muy terrible, se me escurren las lágrimas. Hace poco tuvimos una noticia de una niña que cuando dejó las armas para reinsertarse a la sociedad, cuando quería hacer las cosas bien, fue víctima de matoneo. Hay noticias muy tristes que todavía tenemos que dar. Por fortuna no he perdido esa sensibilidad, el llanto no se me ha escapado, yo lloro con el personaje. Confieso que al aire se me escurren las lágrimas.

LL: ¿Cómo se puede lograr precisamente empatizar con las historias de las personas para que vean un poco más allá?

MLF: Nos acostumbramos a ver la guerra en televisión. Pero tienes que ponerte en los zapatos del otro. Yo quiero saber cuántos de los que critican la paz han dado una cuota de vida por un familiar. Criticar es muy fácil, pero como tú dices, nos hace falta empatizarnos. Todos nos equivocamos, pero todos tenemos derecho a una segunda oportunidad. Las personas que por circunstancias difíciles de inequidad se equivocaron, merecen una segunda oportunidad. Hay que hacerlo, vivimos 50 años de guerra y no funcionó, ¿por qué no intentamos unos años de paz? Te puedo asegurar que desde que comenzó el proceso de paz, yo ya no abro el noticiero con bombardeos de la guerrilla o el ejército, yo creo que el tema de muertes ha disminuido, eso es un síntoma en noticias positivo.

 LL: ¿Cómo damos el giro los periodistas, para que la gente entienda ese detrás de las noticias que nadie ve?

MLF: Hay que verlo por el lado positivo. Menos mal hoy en día nuestras noticias están en el atraco del día a día, porque antes las noticias eran el bombardeo, ahora es el atraco. Las noticias han migrado en un sentido positivo. Jartísimo lo del atraco y la inseguridad, pero es que acuérdate que hace unos años, no eran atracos sino bombardeos y muertes. Creo que eso es una buena noticia.

LL: Una noticia que sueñes dar

MLF: Que ya no hay un solo secuestrado. Que ya no hay inequidad.

LL: ¿Qué te hace falta por hacer?

MLF: ¡¡¡Descansar!!! (Risas). Estoy en una etapa privilegiada, en la que he disminuido un poco la jornada. Ya el corre corre no es tan fuerte, estoy con Código Caracol, el noticiero en un nicho privilegiado. He bajado un poco el nivel de estrés, estoy en un nicho rico, pero me hace falta estar detrás de los medios ya como directora.

LL: ¿En qué reencarnarías?

MLF: ¡Uy! Nunca me he hecho esa pregunta. Yo pienso que si uno ha hecho las cosas bien, debe reencarnar en un ser superior que tenga una capacidad de aprendizaje más grande. Me encantaría tocar piano, estudiar literatura, filosofía. Toco guitarra pero nunca pude con el piano.

 LL: Y tienes manos de pianista

MLF: Sí (risas), todavía toco guitarra, pero es porque no pude con el piano.

LL: ¿Cómo te ves en diez años?


MLF:
Con el mismo oficio pero con más tiempo en mi casa. Me veo dirigiendo nuevas generaciones. Las grandes presentadoras americanas nunca se desvincularon de los medios pero migraron a espacios que tienen que ver con arte, sicología, literatura. Siempre me gustó la literatura, me encantaría tener un espacio cultural como directora. Mi faro fue Gloria Valencia, porque tenía el tema del medio ambiente con Naturalia y los niños.

LL: Un libro que te haya marcado.

MLF: Tengo tantos, muchos. Toda la escuela y la corriente de alemanes y rusos, me encantan. Hace poco me leí uno de Javier Moro, A flor de piel, me encantó.

LL: A qué le pones tú La Lupa en tu vida.

MLF: A las buenas historias. Eso puede marcar la diferencia.

 

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María Lucía Fernández, nos cuenta sobe su infancia, el ambiente familiar, lo que más recuerda de sus padres y su profesión como periodista.
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