Manuela Álvarez

“Para mí diseñar no es un hobbie, es una necesidad”
Manuela Álvarez | La Lupa Revista Digital

Manuela Álvarez es una de las diseñadoras jóvenes más reconocidas en el país. Desde niña supo que quería ser parte del mundo de la moda y ha trabajado duro para conseguirlo. Cuando estudiaba en Milán, entendió que un buen diseñador es el que diseña a partir de su propia esencia, y por eso siempre está en un proceso constante de encontrarse a sí misma para poder crear. Se considera una mujer complicada en un buen sentido, defiende sus espacios y su autonomía y no da el brazo a torcer cuando se propone un nuevo reto. La Lupa conoció la raíz donde nacen los diseños de MAZ y encontró a Manuela, una auténtica guerrera urbana.


LL: ¿Cómo era Manuela Álvarez de chiquita?


MA:
Yo era un medio tomboy, realmente (risas). Toda la vida viví en La Conejera entonces, obviamente, eso es montaña, pasto, árboles, arenera, juegos y toda la cosa. Mi mamá me vestía con overoles y casi que ropa, no de hombre pero sí muy masculina, cero vestidos, cuando me ponían vestidos me sentía rarísima, flores rarísima, colores como muy rosado y eso rarísima. Era una niña muy alegre, todo el tiempo estaba buscando qué hacer; me encantaba todo lo que era manual, me ensuciaba mucho, pintaba mucho; había paredes de mi casa que me dejaban pintar, entonces las rayaba, como loca. Le hacía, obviamente, ropa a mis muñecas. A mis barbies las tusaba no sé porque, raro sí, las tusaba y después las vestía. Jugaba mucho con mis hermanos, tengo dos hermanos uno más grande y uno más chiquito, los dos son hombres entonces éramos muy físicos, como de pegarnos mucho (risas). Me encantaba también desde chiquita cocinar postrecitos y ponqués, me encantaba hacerle cosas a mis hermanos, a mis papás, muy manual.

LL: ¿Tenías tu maquinita de coser o cómo funcionaba eso?

MA: No para nada, era solo drapeado, drapeado sobre Barbie (risas). Cogía todo lo que era como pareítos y la misma ropita de ellas, las cortaba y las intervenía, les ponía cosas y las pegaba, cero profesional.

LL: ¿Este tema manual viene de tus papás o tú eres la única manual en tu casa?

MA: Mi mamá es cero manual, mi papá es súper manual. De hecho él antes de volverse empresario lo que quería ser era artista, lo que pasó fue que su mamá no lo dejó, pero él tallaba en madera, hacía como esculturas, pintaba, pero lo dejó mucho cuando creció y bueno, pues se casó con mi mamá, tuvo ochenta hijos y toda la cosa (risas). Entonces yo creo que esa parte viene muy de él y para mí realmente ni siquiera es un hobbie, es una necesidad, yo me hallo a mí misma y me siento en esencia yo misma cuando estoy haciendo algo que es una labor.

LL: ¿Entonces pasas de hacerle vestidos a las barbies, de cocinar, de ser muy manual y entras enseguida a estudiar o cómo viene tu carrera?

MA: Yo desde chiquita quería ser diseñadora de modas, uno desde chiquito maneja muy bien la intuición, yo creo que uno se oye a uno mismo mucho, es muy fluido, muy orgánico el oírse. Y yo sabía que no quería quedarme aquí en Colombia, en ese momento no había casi nada realmente. Desde chiquita les dije a mis papas “oigan, yo me quiero ir a Europa a estudiar moda.” En ese momento tenía de referente a París y pero terminé estudiando en Milán en La Marangoni. Antes de eso cuando estaba en bachillerato, hice muchos cursos de patronaje, de costura, de pintura, de todo, me mantenía muy ocupada manualmente. Después entré a trabajarle un rato, como un año casi, a Bettina Spitz, de pura pasante rasa para aprenderle todo lo que pudiera. Ella tiene una marca increíble, ha manejado el tema de comercialización de marca y de productos increíbles. Yo tenía diecisiete, acababa de salir del colegio. Después sí me mudé a Milán y viví ahí cuatro años.

LL: Tú te metes en el tema de la moda en Milán, eso es un reto, pues llegas a un país diferente y digamos que el tema de la moda en Europa, en Colombia o en Sur América es diferente. ¿Cómo fue vivir ese reto para ti?


MA:
Pues fue lo máximo, realmente yo me fui a los dieciocho y uno a los dieciocho se cree muy grande pero en verdad es chiquito. Los papás le dicen a uno vete a la casa de una familia, para que te ayuden y te hagan conocer la ciudad un poco… no, pues como que no. Mi familia, mis hermanos y yo hemos sido rebeldes en el súper buen sentido, muy autónomos, muy individuales, digamos como muy libres. Y en ese momento yo decía, pasar a seguir reglas de una familia que ni siquiera es mí, era inimaginable. Me fui con una amiga, llegamos y nada, digamos que lo más difícil cuando uno llega ni siquiera es la parte de la universidad, porque la universidad son papitas, es decir, tú llegas a tal horario, o sea, te dicen qué hacer. No es tanto como ir a encontrar una casa, sacar los servicios en una ciudad que no conoces todo eso a los dieciocho es como ¿qué carajos hago? Esa fue la parte más difícil pero la parte que más me hizo crecer. Después entro a La Marangoni a encontrar un montón de gente, a abrirse uno la perspectiva a una moda de verdad global, a una moda italiana súper pura que es la milanesa, a conocer italianos, de todas las partes de Italia, a conocer europeos también de todas partes, los asiáticos que son tan pilos, tan ordenados a la hora de trabajar y estudiar. Entonces todo esto era como ¡Wow! Un montón de nutrición mental, emocional y creativa que era como “el mundo es todo para mí.” Y así fue.

LL: ¿Por qué volver a Colombia después de este mundo que describes tan rico y tan lleno?

MA: Tan perfecto (risa), pues nada es perfecto pero yo sí fui muy feliz allá. Cuando me gradué fue toda esta época política de Berlusconi, tenaz, estaba muy en la lupa el tema de los inmigrantes, a pesar de que yo tenía todo en regla, los papeles, la visa de estudiante absolutamente todo lo que se necesita tener. El tema era yo iba a las entrevistas y me decían: “perfecto, te queremos, entonces tráenos tu permiso soggiorno para trabajar” y yo era como “no, pero me dijeron que era al revés” entonces volvía a la cuestura, que es donde uno saca los papeles y decía: “bueno listo me van a dar este trabajo necesito que me den los papeles” y me decían: “no, primero tiene que tener el trabajo para después darle los papeles.” Dure así seis meses trabajándole a Tomas Stefanelli de pasante y ya cuando se me acabó la pasantía quería trabajar. Entonces en ese momento dije bueno me devuelvo y comienzo carrera en Colombia. No tenía a nadie porque obviamente mis papás no tienen nada que ver con moda, mis hermanos menos, entonces era un tema de bueno ir a Colombia a mirar también qué estaba pasando en cuanto a moda. Cuando uno hace la universidad en Colombia es diferente porque tus profesores tienen contactos o de pronto tú has comenzado una clientela, estás ya acá. Llegué de ceros y bueno ese fue el siguiente reto.

LL: Tú impones algo diferente, un sello. ¿De dónde viene? ¿Por qué empieza? ¿De dónde sale todo esto?


MA:
Realmente la estética MAZ Manuela Álvarez se fundamentó, se creó y floreció en Milán. Yo venía codificada mentalmente y creativamente con las estéticas comunes colombianas, que en muchos casos cae en tantos clichés: si es elegante entonces es brillante, si es femenino entonces es rosado, si es caro entonces es seda. Yo ya venía muy codificada con eso y entré a la Marangoni a trabajar sobre mis propios clichés mentales y sobre mis propios límites mentales. Había una profesora que se llamaba Titsiana que es mi profesora favorita del universo del mundo mundial, cuando yo le entregaba los trabajos, me ponía ocho sobre diez y yo decía: “Titsiana, ¿por qué ocho y no diez?”, y Titsiana me miraba como esta china intensa qué carajos, por qué me preguntas, pues las europeas no preguntan tanto esas vainas. Y yo era: pero es que no entiendo, “¿por qué no me estás poniendo un diez?”. Entonces un día me dijo “tu trabajo está bien presentado, está bien hecho, hiciste lo que te pedí, pero esto no eres tú. Esta colección no tiene nada que ver contigo y se te ve.” Y yo era pero ¡qué hago! (risas) ¡que angustia! Entonces comencé a utilizar arquitectura de prenda, a construir patrones a utilizar materiales no convencionales, es decir, no telas sino materiales de construcción para confección como bordados a mano hechos por mí; a crear todo este discurso sobre las guerreras urbanas contemporáneas que ahora es casi que el slogan de marca, a quienes les hablamos, en quienes nos inspiramos. Comencé a pensar quién era esta guerrera urbana contemporánea.

LL: A descubrirte también un poco a ti…

MA: También, me sirvió mucho. Este reto de estar afuera también me hacía sentir muy fuerte conmigo misma, es decir, juepucha, tengo dieciocho años y armé una casa, y mis dos roommates, que eran más grandes que yo, no se responsabilizaban ni de los servicios, ni del mercado, ni de nada. Entonces cuando comienzo yo toda esta parte estética y creativa y conceptual de construcción, arquitectura, minimalismo, etc., y la uno con el diálogo de guerrera urbana contemporánea, es cuando florezco. ¡Por fin me saqué diez! Pero más allá del diez que es lo de menos, eso es solamente una historia bonita, es encontrarme a mí, es saber quién era yo creativamente, quién era la artista y quién era la diseñadora. No de qué debería ser y qué estaba en mi cabeza, sino qué era realmente, de la manera más raw, de la manera más cruda.

LL: Imponer un poco tu estilo que es diferente y romper un poco con los paradigmas de lo que se decía elegante, y lindo. ¿No te dio miedo entrar con toda a imponer una cosa nueva en el mercado de la moda?

MA: Más que miedo, digamos que ya no me da miedo porque yo ya lo estoy creando acá pero es un mercado que definitivamente todavía no se mastica del todo acá en Colombia. Yo he contado con las mejores experiencias comerciales acá, con el mayor apoyo tanto de amigos y familiares como de gente del medio. De hecho MAZ nació cuando yo me gané Se busca diseñador Fucsia 2013 hace tres años, después nos dieron el Mejor nuevo diseñador de la revista Infashion, y una beca en Infashion por ganarnos esto. Después de ese año me llamaron los que son mis colegas y socios para crear Gris, que es una tienda increíble acá en Bogotá en donde estamos estas cuatro marcas bajo el mismo techo. Es perfecto a la hora de unir la parte comercial con la parte conceptual, además de poder crear una plataforma para que otros nuevos diseñadores puedan mostrar sus prendas y sus productos. Todo eso está muy bien, en cuanto a números podrían estar mejor, pero entiendo que es porque todavía esta estética no se mastica del todo, pero yo sé que eso va a pasar en algún momento. También entendí que para mí comercialmente y empresarialmente la meta no es seguir solo aquí en Colombia, sino comenzar comercializar en Europa y Estados Unidos. Estamos yendo a París Fashion Week cada seis meses, a un showroom de unos italianos. MAZ tiene casa acá, aquí es mi taller aquí es mi oficina, aquí es mi tienda, aquí es todo. Pero esta estética la quiero potencializar completamente afuera, y si es el caso que la gente la entienda más porque está afuera y la vio y aquí la compra, bienvenido sea.

LL: En este momento ya existen unas plataformas para darles la bienvenida a los diseñadores nuevos y darles la mano y la oportunidad, eso es reciente. Para ti fue duro entrar. ¿Qué fue lo más difícil de entrar al mundo de la moda en Bogotá? ¿Cuál fue el reto personal que tú de pronto decías no sé si voy a lograrlo porque esto está difícil?


MA:
Sí, yo creo que cada año ha tenido un tinte distinto desde que llegué a Colombia hace ya seis años, un montón de tiempo. Todas las etapas han sido muy distintas y cada año es chistosísimo porque ha tenido como un nombre propio, por ejemplo, el primer año de esos seis era, cómo hago yo que no tengo nada, ni un contacto, ¿cómo entro al mundo de la moda? Después paso a armar hoja de vida acá en Colombia, entonces ya tengo la experiencia en Olga Piedrahita; luego me dieron el trabajo de dos años en Lafayette, que es una empresa gigante de dos mil empleados, tenía que hacer miles y miles de métodos de producción de estampados sobre telas para el sector de decoración. Entonces ahí ya tuve un insight muy distinto, empresarial; encontré jefes increíbles que me inspiraron muchísimo a muchas cosas que yo ahorita puedo hacer en mi propia marca. Después viene Fucsia. En ese año de Fucsia, fue el establecimiento de marca y que la gente supiera que MAZ existe y que Manuela Álvarez existe. Después de eso vino Gris y el cómo hacemos para que la parte conceptual este bien equilibrada con la parte comercial, porque, lo decía hace poquito en otra entrevista, tener una marca es como tener un matrimonio. Una marca es un ser vivo y va mutando con lo que le va pasando, con lo que tú le metes, con lo que tú le sacas, con tu equipo de trabajo, con el siguiente reto. Tienes que ir a la altura y al ritmo de la marca. Porque hay muchas personas que pueden tener igual talento que yo o incluso más, pero no han encontrado las vías para demostrarlo, yo sí.

LL: ¿Cómo se llega al éxito?

MA: No ni idea. Yo creo que el éxito es una cosa súper personal. Para mí, el éxito primero que todo es vivir tranquila y vivir tranquila es que hace poquito pude madurar lo suficiente para encontrar mis fundamentales de vida, yo los llamo fundamentales, son los fundamentos para estar tranquila y feliz, entonces, en este caso aprendí que es mi familia; mi papá, mamá, dos hermanos, mis amigos más cercanos, mi trabajo y una pareja que yo considero importante, siempre y cuando eso esté, no perfecto, sino bien, con salud, felices, tranquilos siendo individuos que viven su vida, autónomos, entonces, todo está bien. El resto de los retos es mirar qué quiero para este año, qué no, qué necesito, si me está alcanzando la plata para esta inversión, qué más tengo que hacer, qué más se me ocurre, entonces eso para mí es el éxito poder hacer lo que yo quiera en el mejor sentido, no pasando por encima de la gente, sino haciendo lo que está en mi corazón hacer y poder acompañarlo de las personas que más me importan. Eso es para mi felicidad total.

 LL: ¿Cómo se conquista a Manuela Álvarez?

MA: Yo no creo que sea tan fácil. Soy una persona complicada en el buen sentido, a mí me gustan muchos mis espacios, aunque yo creo que todos somos complicados y todos tenemos rayones mentales (risas). Pero yo aprecio mucho mi autonomía, mis tiempos, mis ritmos, precisamente porque tengo que estar al ritmo de MAZ y ponerme siempre a la par con MAZ, que es mi empresa…

LL: ¿Pero, entonces cómo te conquistan?

MA: Yo no creo, y creo que sería muy limitante para mí decir que tengo un estilo de hombre o de amiga o de amigo no, no, pero sí definitivamente hay características que para mí son claves: que sea inteligente, que tenga buen humor. Yo sé, y lo tengo claro, que tengo cierta manera de hablar, tiendo a decir groserías, a hablar muy duro a veces y hay personas que lo toman bien y se mueren de la risa, para otras puede llegar a ser insultante. Entonces que tenga el buen humor para manejar eso y que no le parezca nada malo, simplemente una característica más, como tu pelo mono, listo así es, no es ni bueno ni malo es un fact.

 LL: ¿Te ves casada y con hijos en un futuro?

MA: A mí me parece muy chévere tener pareja, me parece muy rico compartir con la persona que uno considera especial. Para mí el matrimonio, más que casarse de blanco, con pajecitos, testigos e iglesia, es decidir estar juntos por lo que nos dure y ojalá sea toda la vida. Creo más en el matrimonio visto como vivir con la pareja y que esa sea mi persona especial. Y lo de los hijos en este momento no, no, no (risas). No tengo planes, no. Tengo algo ahí raro y es que yo, a mi hermanito chiquito que es un camaján de 25 años lo sigo viendo chiquito le digo que me deje arrullarlo, y él es como: aléjese de mí por favor. Entonces yo sé que soy muy maternal y yo sé que si tengo un hijo solo querría ser la mamá de esa persona, y yo no quiero ser solo una mamá. Entonces yo no tengo hijos porque no me parece tan funcional en este momento.

LL: ¿Qué haces en tu tiempo libre? ¿Cuáles son tus hobbies, cuáles son tus pasatiempos?

MA: Bueno estoy tratando de ser un poquito más healthy, de comer mejor y toda la cosa. No ha funcionado porque me caí y me tronché un pie y hasta hace diez días me quitaron la bota ortopédica. Me gusta mucho comer, pero comer rico, salir con amigos, ir a tomar; me gusta cocinar también, mucho, me gusta bailar. En la clase de zumba bailo como una loca y si no bailé en clase esa semana entonces salgo a rumbear. Y me encantan ciertas series, estaba como loca con el tema de Game of Thrones, me tiene enganchada House of Cards y por supuesto, el drama novelero número uno en Estados Unidos Grey´s Anatomy.

LL: ¿Qué te da miedo?

MA: Perder a mi familia o que les pase algo, digamos en cuanto a la salud, algo muy fuerte. Preferiría que me pasara a mí un dolor o una enfermedad que a ellos… no sabría cómo manejarlo, puedo manejar mi dolor físico, pero no el de mi familia. Eso me da pánico, pánico.

LL: Si pudieras darle un consejo a una persona que esté empezando en este mundo ¿qué le dirías? Tú que has vivido reto tras reto.

MA: Yo creo que todos los caminos, como las personas y las personalidades son múltiples. No creo que haya una sola vía de hacer bien las cosas. A mí me funcionó por ejemplo ser empleada por tres años, armar la hoja de vida recoger de las personas que yo consideraba admirables. Pero es mi modo de hacer las cosas. Digamos que siempre para dar el siguiente paso me tengo que sentir lo suficientemente segura, tranquila, confiada y enterada de lo que voy hacer.

LL: Tú dijiste al principio que uno debe escuchar su voz interna, pero a medida de que uno se va metiendo en la industria que eligió, empieza a escuchar opiniones ajenas. ¿Cómo hace uno mantenerse fiel a su voz interna?


MA:
Yo creo que nunca va a ser fácil, es como la buena comida o el ejercicio, una labor diaria, es ponerse a pensar ¿qué quiero yo? Y no es qué quiero de la manera más caprichosa y de la manera más inmadura. Es decir, sí mi objetivo es Europa. Por ejemplo, eso sí paso el año pasado literalmente, yo pude ir a Europa hasta este primer semestre del año, a París, a presentar mi colección porque en ese momento tenía toda la plata que necesitaba para hacerlo. Antes me tocaba pedir plata prestada, ya fuera a un banco o a mis papás y no lo iba hacer de esa manera. Entonces es saber qué te funciona, con qué te sientes a gusto, yo siento que la manera más fácil de saber es preguntándose: ¿me siento cómoda con esto? ¿Le estoy haciendo daño a alguien? ¿Me estoy haciendo daño a mí? Y claro, cómo lo voy hacer y prepararse para hacerlo.

LL: ¿Tienes alguna frase de cabecera?

MA: ¡Sí se puede! Eso lo aplicamos todo el tiempo acá en el taller. “salió mal esta cosa, ¡sí se puede!” Re pensémoslo ¡Sí se puede!

LL: ¿Cómo te describes tú en tres palabras?

MA: Fuerte y al mismo tiempo sensible, es raro, y pasional.

LL: Lo más difícil de ser empresario…

MA: La inestabilidad económica, totalmente.

LL: Ya para terminar… ¿A qué le pones La Lupa en tu vida?

MA: A mi familia y a mi trabajo.

 

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Manuela Álvarez, nos cuenta sobre su niñez, su pasión por la moda, su regreso a Colombia y su carrera como diseñadora de modas.
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