Mabel Moreno

“Tengo un alma muy libre, pero también una cabeza que me pone todos los límites. Soy mi mayor juez.”
Paulina Laponte - Revista La Lupa

El alma de Mabel es libre, le pide a gritos la libertad, pero al mismo tiempo su cabeza le pone límites. Es exigente con ella misma, crítica con sus acciones, rigurosa con su trabajo. Cree en el destino, recorre con el pensamiento su camino y le gusta. Con la actuación ha podido descubrirse a sí misma y darse cuenta de sus matices. Es una mujer que sin duda alguna genera curiosidad no sólo por su innegable belleza, sino porque su personalidad es una mezcla entre la libertad y la mesura, el arte y la practicidad, la alegría y la melancolía. Le pusimos La Lupa a Mabel, lejos de las pantallas, para descubrir a una mujer que sin duda, nació para brillar. 


 


LL: Yo quería que empezáramos devolviéndonos un poco y que nos contaras cómo te recuerdas de niña.

MM: De niña. Mira, apenas dijiste eso, viene a mí una foto que estaba viendo en Instagram hace unos días, y estoy yo como a los 4 años en mi triciclo, y lo que yo pensaba en ese momento, me acuerdo, era que yo quería volar como en E.T. ¿Si te acuerdas que empezaban en la bicicleta y salían volando? Toda mi fuerza mental y mi fe eran para que en algún momento volara. Creo que lo bonito es que siempre llegaba a sentir que lo lograba. Siempre llegaba a soñar. Yo creo que, si me acuerdo de chiquita, siempre fui muy, y creo que lo sigo siendo, muy soñadora.

LL: ¿Cómo recuerdas tu ambiente familiar?

MM: Yo me la pasaba era como soñando. Tengo dos hermanos mayores, tuve mucho tiempo en que crecí sola. Y como buena hija sola, me tocó aprender a jugar sola. Entonces yo siempre estaba por ahí jugando. Pero entonces mi papá me hizo caer en cuenta hace unos meses que yo nunca jugaba pues a la mamá y al bebé, sino que yo estaba haciendo mi emisora entonces “oye mi emisora, mira monté esta canción.” Cuando había reunión en la casa: “todo el mundo pare que la niña va a bailar” entonces hacía un show de baile. Siempre estuve muy por ese lado de lo que hago, de actuar, de las películas, de cantar. Siempre fue mi búsqueda, y yo creo que mucho de eso tiene que ver con que haya sido una niña que le haya tocado sin hermanos para jugar porque tenía que meterme en mis propias historias, y por eso también me gusta escribir historias, contar historias desde donde sea; desde una canción, desde un personaje o una que me siente a escribir.

LL: ¿Y de dónde crees que sacaste eso?

MM: Yo siempre he dicho que para bien y para mal, es culpa de mi papá. Cuando estoy en los gozosos: “Pá, qué bueno, gracias”. Cuando estoy reventada de trabajo: “Pá, de verdad por qué no estudié contaduría”. Desde chiquita los planes con mi papá, yo tengo un recuerdo de un cumpleaños al que llega con una máquina de escribir y me dice: “vamos a hacer un juego; yo voy a empezar una historia y tú la vas a completar. Te voy a dar tres palabras y tú haces una historia.” Esos eran los juegos con mi papá. Hace algunos años me entregó todo lo que yo había escrito, era una caja gigante de cosas. Creo que en un ataque de Feng Shui la saqué y ahora me arrepiento, pero tenía todos los escritos, todo lo que tenía, y de verdad esos eran nuestros juegos. Ya más grandes, entonces era jueves… yo no sé si a ti te tocó, de pronto eres muy chiquita, pero en una época el cine era mucho más barato los martes y los jueves. Yo llegaba del colegio martes y jueves y estaba mi papá: “nos vamos pa’ cine”. Y el domingo cine arte. Entonces era inyección por todos lados de cine, de películas, de música, porque él tocaba la guitarra, y entonces yo aprendí a rasparla ahí más o menos. Entonces como que él siempre estuvo cultivándome, yo creo que muy inconscientemente porque no creo que lo haya hecho porque quería que yo fuera artista, sino porque esa era su manera de ver el mundo y esa era su manera de comunicarse conmigo. Entonces a raíz de eso, me empieza a gustar muchísimo, y de ahí para adelante ¿qué más podía hacer yo? Si todo el tiempo estaba viendo actrices, todo el tiempo estaba oyendo las historias, yo no hubiera podido ser una psicóloga, por ejemplo. La misma vida me estaba dando todo el tiempo una recarga de esto. Yo me acuerdo jugando a los diez años a grabar películas. “Corte, acción”. Y hacía del personaje, o sea, desde siempre. A mí me preguntaban a los quince, ¿qué vas a estudiar? Y yo decía: quiero ser actriz. Lo tenía clarísimo desde doce años.

LL: También te interesaba mucho la moda ¿no?

MM: La moda siempre me ha gustado, pero eso ya fue más grande. Digamos que de chiquita era más el tema de arte. Ya la moda fue una cosa como de la adolescencia, cuando empiezas como a encontrarte con otro mundo y a ver a tus amigas que se visten así, porque yo realmente me acuerdo de ir al colegio con botas de escalar, jeans y un saco de lana. Y ya a los quince años fue una amiga mía que dijo como: “Mabel, hay otras formas de vestirse”. Y yo digo: ¿En serio? ¿Pero por qué? ¡Yo estoy cómoda!” entonces fue ella la que me hizo… Siempre hay una persona, eso es súper bonito. Siempre hay una persona que te lleva a descubrir algo que después se vuelve importante en tu vida. Y yo creo que, bueno, esta fue una muy buena amiga que aún conservo, gracias a Dios. Y empecé a ver, porque yo realmente crecí fue con mi papá, entonces la moda era como una cosa secundaria. Entró a mi vida ya como a los quince años y me empezó a gustar. Me fui a vivir a EEUU un tiempo, y ahí como que me embalé ya más con el tema y se volvió una cosa como del día a día, pero llegó tarde. Digamos que no era desde chiquita.

LL: El mundo de la actuación, al que perteneces ahora, es un mundo de difícil acceso. ¿Quién fue esa persona que te dio tu primera oportunidad, o cómo fue que tú lograste a acceder a este mundo?

MM: Yo empecé porque en un centro comercial me vio un cazatalentos y a partir de eso empecé a hacer fotos y campañas, pero yo siempre queriendo ser actriz. Pero digamos que eso fue una exposición interesante para llegar a los canales y para que la gente de los castings de los canales me pusiera cuidado. Y realmente fue de hacer castings. Yo me la guerrié: era “castings: no quedé. Castings: sí quedé”. O sea, toda mi vida ha sido de trabajarle, de hacer castings, de quedar. Pero fíjate que era una cosa tan bonita, porque uno lo hace desde una manera como con tanta fe, como de: “pa’ allá voy, y yo sé que pa’ allá voy”, con una inocencia que de pronto uno hoy en día ya no tiene y ya le mete más cabeza y piensa mucho todo antes. En ese momento no, uno va, y voy a por lo que quiero, y este es el personaje, y si no quedé, bueno, pues voy y sigo en otro, y así fue.

LL: ¿Qué tan difícil es aceptar o entender que a veces las cosas no son para uno?

MM: Mira que es muy fuerte, sobretodo porque en esta profesión, los fracasos y los éxitos son muy visibles. Lo que sea que pase, yo todavía no sé (risas) cómo asumir eso realmente. ¡Todavía me pega durísimo! Yo me siento y lloro unos dos días así la tusa y ya después uno se para y lo deja ir. Pero duele, duele. Y a mí, digamos, yo tengo un recuerdo con una película, con un personaje que yo quería, y lo quería y lo quería, y no quedé, y lloré, y después una de mis mejores amigas que también es actriz estaba para otro personaje en la misma película y tampoco quedó, y estábamos las dos yo creo que el mismo día llorando, y yo creo que ninguna se había contado, y después vimos la película y las dos dijimos: “¡menos mal no quedamos!”. Acabaron con una historia que todos soñábamos con que la contaran, entonces fue como, bueno, Dios sabe cómo hace sus cosas. Y desde ahí, yo creo que por lo menos la enseñanza es que de verdad uno nunca sabe de qué te están cuidando, y de qué experiencia no tienes que vivir, y por algo pasa. Pero pues siempre va a doler.

LL: ¿Tú crees que de alguna manera se está destinado a ser algo en la vida?


MM:
Sí, yo creo que uno viene con tareas. Yo sí creo firmemente en eso. Yo creo que uno escoge antes de venir, pero sí, uno viene con un destino marcado.

LL: O sea, crees que el destino sí existe, sí sucede, sí es real.

MM: Sí. Yo no creo en la casualidad.

LL: ¿Y cuál crees que es tu destino?

MM: Pues no, yo creo que los aprendizajes son muchos. O sea, el destino es para aprender. Yo no creo que sea para pasarla bueno (que también pasa, y bienvenido, gracias universo), pero yo creo que lo que tú escoges, ya del lado más místico, para vivir en la encarnación, porque yo creo que hay un momento en que eres alma y escoges qué quieres aprender, y creo que hay muchas vidas, yo creo que el único sentido de la experiencia en este planeta es de aprendizaje. Y tú verás si lo haces a las buenas, a las regulares o si lo haces a las malas. Eso lo vas aprendiendo también. Yo creo que venimos a pulir el alma. El destino simplemente es como ese recorrido para aprender las cosas que tú escogiste trabajar.

LL: En los momentos duros, en los momentos difíciles que se presentan en la vida, uno se sorprende mucho de lo que es capaz de hacer y de esa fortaleza que uno saca. En tus momentos más difíciles, ¿Qué es lo que más te ha sorprendido de ti misma?

MM: Yo creo que lo bonito es que el viaje es único. Uno está solo. O sea, uno puede tener mucha compañía, y puede tener muchas personas alrededor y otras que vienen a enseñarte cosas, pero la decisión de pararse cada día de la cama y lucharla es de uno con uno. Me sorprendía porque yo creo que antes de tener una experiencia fuerte como que no había entendido todo eso. Todavía me sentía como la niña protegida por mis papás, porque siempre fui muy protegida, muy consentida, y llegar a entender que hay momentos en los que mi papá no va a poder hacer nada por mí, mi mamá no va a poder hacer nada por mí, la gente que está alrededor, por más que quieran, no pueden hacer nada por uno. Es entender esa responsabilidad y ese gran poder que tienes de decidir cada segundo: cómo vives las experiencias. Y yo creo que a mí una experiencia fuerte me enseñó eso: el poder es de uno, la decisión es de uno, y venimos solos y nos vamos solos de este planeta, después de compartir muchas cosas obviamente, pero el viaje profundo y la experiencia profunda es única, y es contigo. Y es la relación más valiosa, y la única duradera que uno realmente puede tener.

LL: ¿En algún momento sentiste que no tuviste esa relación contigo misma?

MM: Claro, yo creo que cuando uno es niño, uno está afuera, mirando, curioseando el mundo alrededor, en la adolescencia, entonces son las hormonas, es todo físico y pasa, y llega un momento que, me imagino es la madurez, (que espero estará allí). Donde tú ya entiendes que hay un mundo interior y que si no lo cultivas, pues… no sé, también es válido, y cada cual con su camino, pero si no lo cultivas no estás cultivando esa relación contigo, y no tiene un sentido la vida, a menos que tú lo busques y se lo des. Y es el viaje, ese camino interno.

LL: ¿Cuál crees tú que es el miedo, o el temor más grande que te ha acompañado siempre?

MM: El miedo. El miedo al miedo. O sea, de verdad, si hay alguien miedoso en esta vida soy yo. Yo creo que esa fue una tarea, ahora que lo mencionas, porque es… es como: “¡mire, usted va a querer comerse el mundo, pero le va a dar un miedo!” Entonces sí: “yo quiero todo esto, pero qué tal que no sé qué.” Por encima de esos miedos hay que botarse y hacerlo. Yo creo que el miedo ha sido de mis compañeros más constantes y es muy fuerte, porque no hay nada que paralice más que el miedo, pero también ha sido muy bonito, porque en muchas cosas he podido lanzarme a pesar del miedo. Yo creo que la valentía no es del que no tiene miedo, es del que se lanza a pesar del pánico que tiene.

LL: Tú hablas un montón de ese camino espiritual o de encontrarse uno con uno mismo, siendo consciente de que uno está solo en el mundo. ¿Cuál ha sido ese camino a tu espiritualidad? ¿Cuál es tu espiritualidad?

MM: Mira, a mí me ha faltado hacer solo Hare Krishna en realidad. He buscado en todos lados. Pero yo creo que al final, a la conclusión a la que he llegado es coger un poquito de todas las filosofías que he podido indagar, y sacar la que me ha hablado a mí. Al final todas cuentan lo mismo, pero entonces digamos a mí me gusta mucho rezar novena, por ejemplo, que es muy católico. Entonces yo rezo novena, pero entonces después de la novena a mí me gusta hacer meditación con color. De pronto entonces en la noche, Jesús, que es una figura importantísima para mí, pero también hay conceptos budistas que me gustan. Entonces uno va armando también… Igual, todavía estoy buscando. La búsqueda que va a ser siempre. Lo bonito, es que son momentos en los que te conectas con algo, con lo que sea. Y te da cierta fuerza. Después a uno se le olvida y se va. No sé, a mi digamos me empieza a dar como un desasosiego. Cómo lo busques tú no importa, pero el punto es hacerle caso a esos momentos de alerta. Me gustaría decir que yo medito todos los días, y que tengo una sana rutina. Aún no lo he logrado, pero siempre tengo un límite que no está muy lejos, entonces cuando siento que el corazoncito está como “qué pasa”. Listo, hay que saltar para adentro, hay que hacer algo. Ahí hago mi introspección.

LL: ¿Y en qué te ayuda la actuación para eso? ¿Qué te ha dado la actuación a ti?

MM: No, pues aparte de poder vivir el día a día, poder pagar mis cuentas, que es maravilloso, banal, pero necesario. Ya pasé la etapa hippie de “no, solo voy a hacer teatro”. Que llegue el billete también. Y el teatro también. Todo. Pues mira, yo siento que a mí cada personaje me habla muy directamente. Me pasó muy fuerte ahora con La Ley del Corazón, que estaba haciendo este personaje que es una mujer que está muy empoderada, pero vibra desde su energía más masculina. Como desde el macho. Está en un mundo muy masculino, entonces uno se pega de ahí. Entonces yo estaba pensando que ese es el poder que tenía en mí. Un día me vi hablando con mi hermano y estaba hablando con una pose muy rara, y me miré y fue como… tampoco. Entonces me empecé a preguntar mucho: ¿qué es ser mujer y qué es el poder? Porque de alguna manera, por como crecí, pensé que el poder era ponerse desde ese lado masculino. Y estar jugando a María del Pilar me hizo hacerme esas preguntas. Eso me lo regaló. Porque llegué a la conclusión, no sé si en unos años te diga que es todo lo contrario, pero en este momento de la vida pienso que el verdadero poder de una mujer está en lo femenino, o sea, no hay de otra. Que estás en un mundo masculino, sí, pero qué bonito es el detalle, la coquetería, el lado suave, eso no está mal. Yo lo peleaba mucho. Yo creo que la mujer tiene todo el derecho, y digamos, yo no me meto en una cocina porque no me gusta, si a mí me gustara lo haría, pero pues no lo disfruto, soy una mujer independiente, me pago mis cuentas desde los 17 años, pero sí hay un poder lindo en la feminidad. Y lo hemos perdido porque creemos que empoderarse es ser esto y tal, y no. Hay un poder muy bravo, y yo empiezo a ver a mis abuelos que llevan 71 años juntos. Le preguntan a mi abuelo: “Eto, nos vamos a comer a no sé dónde”. Y él responde: “lo que diga la doña”. Finalmente la mujer, desde su lugar en el hogar, también tiene un mandato, y también tiene un poder. Y volver a ese lado femenino, volver al baile, volver a la coquetería, porque, por lo menos yo, mi energía estaba muy hacia el lado masculino y lo descubrí por María del Pilar. Empecé a darme cuenta de que estaba vibrando por ahí, pero yo no quiero eso. Yo no quiero empoderarme desde ahí. Ese es un poder. Ya lo conozco. Pero qué pasa con el otro lado. ¿Qué es ser mujer? Me empecé a generar un montón de preguntas a través del personaje.

LL: ¿Y tú crees que el mundo te había llevado un poco a irte más al lado masculino?

MM: Yo creo que uno lo va haciendo inconscientemente. Ahora, yo crecí con dos hermanos, yo crecí jugando fútbol, a mí nunca me gustó ni un tacón ni una princesa, de pronto alguna vez Barbie, pero yo siempre fui muy de jugar deportes, de las escondidas… también era una cosa muy innata en mí. También crecí con mis dos hermanos, que me llevan bastante, pero pues eran dos hermanos, entonces de alguna manera son cosas que inconscientemente te quedan. Y también la tarea es: “bueno, busque el otro lado. Este camino ya usted lo conoce, y le funciona”. Pero ¿qué pasa con el otro lado? Entonces también ha sido bonito explorar por esos lados.

LL: Ahora tú observas tu camino y dices: ¿Yo realmente he logrado lo que me propuse?

MM: Sí, mira que yo creo que lo que he soñado de verdad con el corazón, lo que he querido con el alma, son cosas que he podido hacer. Todavía me faltan, gracias a Dios, imagínate uno ya tenerlo todo resuelto. Pero sí, veo mi camino y me gusta, me gusta. No lo peleo.

L: ¿Y qué te falta por hacer?

MM: Pues mira, yo hasta ahora estoy perdiéndole el miedo a cantar y a la música, que es algo que a mí me gusta mucho desde chiquita, pero siempre fui muy miedosa y muy penosa, el año pasado fue como un “qué importa”, o sea, dale. Y si no, pues… el miedo, pero hágale. Y yo creo que quiero explorar mucho esa parte, quiero explorar qué es cantar. Quisiera viajar, trabajar en otros países, pero también el miedo de dejar el lado seguro, dejar lo que ya conozco, dejar un nombre que uno ya tiene. Pero yo creo que me lo estoy debiendo y cada vez siento que las ganas son más fuertes que el miedo. Cuando eso empieza a pasar es chévere, porque yo estoy en miedo-miedo-miedo, ganas-miedo-ganas-miedo, hasta que ya las ganas le ganan y bueno va uno y lo hace. Entonces, lo siento, que viene pronto eso.

LL: ¿Cómo te describiría alguien cercano que te conoce?


MM:
No sé. A uno le da un miedo preguntar eso. Qué fuerte. Yo creo que nunca lo he hecho, y me da miedo pensarlo porque soy muy juez de mí misma, entonces no me permito casi que ni equivocarme. El trabajo es eso, darse más permisos. Es una pregunta a la que le huyo mucho. Desde chiquita siempre me han dicho que soy expresiva. Yo tengo mi lado muy monja. Por eso te digo que yo soy muy juez, entonces tengo mis límites muy bien puestos. Por ejemplo en el amor yo nunca, y de verdad no lo hago de morronga porque la morronguería me fastidia, si yo lo hubiera hecho les diría y todo bien: yo nunca, jamás, me he acostado con un man que acabo de conocer. Jamás. Porque siento que me estoy agrediendo a mí. Claro, yo crecí con una abuela, entonces viene también toda esta información que ella me daba. Siendo muy adelantada a su época, siendo muy matrona, siempre fue como “ojo con los hombres, pilas, cuídate, tu cuerpo es importante”. Y siempre me metió eso en la cabeza, entonces, yo de llegar: “Hola ¿cómo estás? ¿Vamos a revolcarnos?” No soy capaz. Y no lo critico, porque si al otro día te levantas, y no te vas a dar palo y la pasaste buenísimo, o no, pero viviste la experiencia. Pero yo sé que me daría palo un mes entero. Tengo ese lado muy monja por ejemplo. Yo soy compleja con ese tema. Ya estando en una relación si ya no… (Risas), ya me voy es más bien para el otro lado (risas).

LL: Y digamos como en cosas más amplias, cosas políticas…

MM: Mira, yo siempre he creído en los valores, yo siempre he creído en ser una persona honesta. A mí la falta de honestidad me pudre, me pudre. O sea, yo con la mentira no puedo. Cuando, a ver, yo entiendo cuando alguien no te dice algo porque aún no es consciente, pero cuando una persona conscientemente te oculta algo, eso a mí me produce… me da miedo además, que la gente pueda ser así. O sea, a mí algo me cayó mal y yo lo tengo que decir. A mí algo me dolió y yo lo tengo que decir. A mí se me nota todo. Me salen letreros. Mi mamá a veces me dice “nena, no demuestres tanto…” pero no puedo, o sea, a mí se me nota. Entonces esa falta de honestidad, y ver que hay gente que puede ocultar cosas, manejar cosas, eso a mí… no lo entiendo, no va con mis valores, no va con los límites que uno tiene en la vida.

LL: ¿Te consideras libre?

MM: Eso es bonito, porque siento que tengo un alma muy libre. Un alma que me pide libertad por todos los lados, pero una cabeza que me pone límites por todos los lados. Es una gran tarea, porque mi naturaleza es libertad, quiero entender, quiero no juzgar, pero mi cabeza tiene un lado súper fuerte de límites. Soy cáncer, con ascendente Sagitario. Tengo esos dos. Entonces a mí me decía un astrólogo: usted vino con tarea desde el principio, usted es totalmente contradictoria en su ser. Hasta hace unos años, Margarita Rosa de Francisco tenía una frase que yo había adoptado como mía: “Yo soy un Ferrari manejado por una monja.” Esa soy yo. Hasta hace tres años, que hubo algo en mí, que dijo, vamos a subirle un poquito el ruedo a la monijta, pero ya va subiéndole a la velocidad, cada vez con menos miedo. Si uno tiene la máquina, ándela. Obviamente con responsabilidad, pero no puede ser uno una monja manejando un Ferrari. Esa es mi pelea en el mundo.

LL: ¿Hoy en día te arrepientes de algo?

MM: No. Creo que no. De nada. Eso sí es una gran ventaja de mi personalidad, es que yo nunca me arrepiento. Siempre le encuentro como el lado bueno. No ahí mismo. Hay cosas que uno dice: “¡¿Yo por qué tengo que vivir esto?!” pero con el tiempo entiendo para qué. Entiendo que ahí hay un regalo para uno.

LL: Hablando de tu lado monja un poco, ¿te soñaste siempre con tener una familia, casarte, tener hijos?

MM: No, y fíjate que mi papá me lo decía, tú nunca jugaste a la familia, nada. Pero, también hay una parte de mí, y esto me pasó esta semana viendo un video… viendo a Manuela González que pone en el piano a Pedro, a su hijo, y entonces le dice: “toca”, y el man toca, y yo decía, no, esto es tener un parcero pa toda la vida, y esto hay que hacerlo en algún momento. Y fue la primera vez que yo dije, oiga sí, yo sí quiero tener hijos, no es como mi meta, pero sí debe ser un amor, y una conexión muy basta, y tiene que ser un parcero para toda la vida, y yo creo que eso no tiene precio y que también le da un sentido a la vida. Ahora, no ya.

LL: ¿Y casarte?

MM: Sí, yo creo que la vida en pareja es divina. Es maravillosa. Nunca la soñé y sin embargo así fue. Eso nunca ha sido como mi meta. Ahora, yo sí creo que la vida en pareja es muy linda, pero cuando uno ya haya trabajado y haya entendido cosas. Cuando uno ya esté lo suficientemente maduro y lleno como para no exigirle al otro que llene vacíos, sino que sea esa compañía, ese “vamos los dos a disfrutar de este paisaje. Ni tú me cargas ni yo te cargo, pero pues ahí estamos”. Pero todavía no estoy ahí evidentemente (risas). Todavía no, la verdad no.

LL: ¿Tienes, aparte de la frase de Margarita Rosa de Francisco, alguna frase de cabecera tuya?

MM: Ehhh. Pues toda la vida, mi abuela ha creído mucho en los ángeles, y yo también, entonces siempre los invoco, dependiendo de lo que tenga que hacer. Entonces, si siento que estoy en un lugar feo: San Miguel acompáñame. Si tengo que hablar, San Gabriel ilumíname. Son frases que me repito bastante.

LL: ¿Cuál es la característica que más odias y más admiras en una persona?

MM: La mentira yo creo que es una cosa que, no sé si odio, pero no me gusta, me repele. Y la nobleza. Me parece una gran virtud. Por encima de cualquier cosa. Una persona noble es una persona que admiro.

LL: ¿Ha habido algún momento a lo largo de tu carrera en el que hayas querido botar la toalla?


MM:
Sí. Y lo hice. Yo estaba en una novela, y dije “no quiero más esta vaina”. A mí me pasa eso. Yo me embalo con algo, y de pronto ya no lo quiero. Empecé a pelear mucho con el oficio. Porque el trabajo en las novelas es pesado, o sea, yo hoy en día ya lo manejo, y lo agradezco, y es un medio que ya sé cómo se maneja, pero digamos que estaba en una edad, más pequeña, y uno de alguna manera idealiza el oficio, y uno quiere hacer personajes que lo llenen, que es un derecho, un derecho a estar pleno en lo que haces, y empecé a sentir que en la tele es un afán por hacer, por hacer, por hacer, y yo no quería estar en ese momento. Estaba en un momento más romántico, más de personajes, de qué estoy contando, y no lo sentí ahí. Después he hecho cosas en tele que digo son maravillosas, que me han movido de manera impresionante, no es demeritando, pero en ese momento no lo encontré ahí, y renuncié, y me fui a vivir a Nueva York un tiempo, a estudiar y fue maravilloso porque yo siento que fue alimento total y empecé a escribir y empecé a montar mis obras, y dirigí, trabajé con grupos de teatro increíbles, hice improvisación teatral, y como que exploré una parte muy importante que también uno tiene que hacer y yo creo que, de hacer muchos proyectos en tele también tienes que parar y alimentarte, y aprender, y estudiar, y ya estoy en las herramientas de siempre, te empiezas a aburrir, necesitas novedad, ver qué más encuentras. Y eso fue muy bonito, sobre todo cuando estás en otra ciudad porque todo te inspira, te saca de tu zona de confort, entonces estás abierto a aprender, a dar, a ver más cosas. Fueron 5 años en los que no hice televisión, pero en los que encontré muchas cosas del oficio que me gustan, y donde me reencontré de verdad con lo que yo quiero hacer, y donde decidí cómo es la carrera que quiero tener.

LL: ¿Qué tanto lloras?

MM: Uff, hasta con un comercial de pañales. Ayer lloré viendo a Manuela y Pedro tocando piano. Yo soy lágrima facilísima.

LL: ¿Tu plan preferido?

MM: Playa, ukelele, y mojarra frita. Ya. Está todo lo que uno necesita en la vida. Y acá en Bogotá, bailar, bailar, bailar. Me gusta mucho bailar, pero no tiene que ser de rumba. Yo voy a clase de bailar los martes a las 10 am, para mí, es como mi mantra. Hay una conexión con algo que me regala seguridad, que me empodera, que me hace sentir que el mundo está bien. Ir a cine es otra. Eso es por mi papá. Yo decía en una entrevista que para mí, mi Tiffany’s, ese lugar donde nada malo puede pasar es ahí, es en el cine, es el sonido del proyector, es la crispeta, es la otra gente ahí. Es el lugar donde nada malo me puede pasar.

LL: ¿Con qué animal te identificas?

MM: León. Siempre han sido felinos. Paso del gato, al tigre y al león. Tengo un gato, una gatica que encontré… yo no la estaba buscando conscientemente y llegué al canal, me bajé de la van y Mario Ruiz me dice: “mira”. Y una cosita que cabía en mi mano, y le digo yo al portero que qué le pasó, y me dice que está abandonada. Y yo no lo pensé, o sea, me agaché y la cogí. Ocho días de nacida tenía. Ya la tengo hace dos meses, y pues nada. Me saca la piedra obviamente porque está insoportable porque es un bebé, pero también es lo más lindo que hay. Es una compañía increíble. Me encantan los felinos, siempre me han gustado.

LL: ¿Cuál es el sonido que más te gusta?

(Suena el celular de Mabel)

MM: Este es el que menos (risas). Por lo menos te puedo decir que esta vibración… El sonido que más me gusta, de pronto el del proyector, que ya hombre… ya no es porque todo es digital, pero ese trtrtrtrtr, me llevaba como a “todo está bien”, porque en mi época era así. Creo que es de los sonidos que más me gustan. El del mar también, obviamente. Me encanta el sonido del mar. Y pues la música. Yo soy totalmente musical, todo el tiempo estoy conectada, todo el tiempo le pido a la gente nueva música. Y odio el sonido de la alarma de las mañanas.

LL: Bueno y ya para terminar, ¿a qué le pones La Lupa en tu vida?

MM: A todo. Qué desgracia tan infinita. Todo lo que tengo que pensar, todo lo tengo que evaluar. La cabeza me hace hacer lista de pros y contras, para terminar haciendo lo que quiero, pero hago toda esa vuelta. Le pongo Lupa a todas mis decisiones.

 

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“Soy una persona estricta, coherente, con mucho compromiso por Colombia, a veces demasiado cuadriculada.”

Natalia Espitia

“Entendí que la mejor manera de transformar y sanar mi vida era ayudando a las niñas a vencer el miedo”

Natalia Ponce de León

“Escogí el camino de levantarme y hacerme grande. Esto fue un renacer, reinventarme desde cero.”

Oscar Iván Zuluaga

“A mi no me obsesiona el poder. Me obsesiona poder trabajar por los demás.”

Paloma Valencia

“Siempre he querido cambiar el mundo. Me hace falta ver que sí se puede”

Paula López

“Aprendí a abrazar mi realidad y entendí que el perdón y la felicidad son una decisión.”

Paulina Laponte

“Entendí que hay que aprender a fluir con la vida. En el camino encontré muchos talentos y pasiones que no conocía.”

Pilar Schmitt

“Trabajo en una cosa completamente diferente a lo que yo soy”

Regis Ortiz

“El proceso de reinserción no fue fácil. Pero cuando veo a mi mamá y a mi hijo sé que todo ha valido la pena.”

Santiago Prieto

“El camino es infinito. Lo más difícil es persistir, perseverar y resistir”

Tata Gnecco

“Si a tu sueño le pones un poquito de disciplina y empuje, lo consigues ”

Tito Puccetti

¨En mi carrera he hecho muchos sacrificios. Y sí, he tenido suerte, pero ha sido una suerte buscada.”

Yaneth Waldman

¨Yo soy terca en buscar la felicidad todos los días de mi vida.”

Vladdo

“Soy inquieto, sarcástico, malpensado. Tengo cara de bravo pero soy una melcocha.”

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Mabel Moreno
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Mabel Moreno
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Mabel Moreno, nos cuenta sobre su niñez, su ambiente familiar, su interés por la moda y su exitosa carrera como actriz.
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