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Jorge Duque

“El día que dejé de esconder quién era, dejé de pelear conmigo mismo”
Jorge Duque | La Lupa Revista Digital

Jorge Duque no se imaginó que la vida lo iba a llevar por el camino de la moda. Más allá del talento, Jorge tiene una historia de vida que no despierta más que admiración. Ha sabido defender lo que es y ha llegado más lejos de lo que alguna vez imaginó. La magia no está solamente en sus diseños sino en su capacidad de adaptación, en su inteligencia y en esa forma característica de rescatar la alegría y el amor por la vida en cada situación. La Lupa lo descubrió a través de un diálogo profundo y sorprendente.


LL: ¿Qué te gustaba hacer de niño?


JD:
De todo. Yo era súper precoz. Jugaba todo el tiempo. Me tocó una infancia donde éramos muy lejanos de la tecnología. Yo tengo 42 años y para ese entonces la tecnología no era justamente el centro de nuestra infancia, como sucede ahora. Nuestros juegos eran muy lúdicos, eran muy manuales, era de crear nuestros propios juguetes. Vivíamos en ciudades que estaban en pleno desarrollo entonces también teníamos mucha área rural. Quiero decir que cercano a nuestras casas podría haber fácilmente una finca con vacas. Entonces sí, mi infancia transcurrió como en ese tipo de lugares. En mi casa jugando a las escondidas, haciendo nuestros propios artefactos de juegos; hacíamos cometas, hacíamos arcos con guaduas. Teníamos cosechas de mango entonces cogíamos mangos, también guayabas, hacíamos fogatas. En general, una infancia muy inocente, pero muy creativa en términos de cómo nosotros teníamos que hacer todo un ejercicio lúdico a partir de lo que teníamos en nuestro entorno.

LL: ¿Cómo era tu ambiente familiar, qué trataron de inculcarte tus papás cuando chiquito?

JD: Yo soy el menor de cuatro hijos. Mis papás dos personas de clase media, muy trabajadores, los dos trabajaban, era raro para esa época que la mamá trabajara. Me metían a cuanto curso existiera, me imagino que era para mantenerme ocupado. Una infancia en donde uno vive esa primera sociedad de una manera muy equitativa. Yo sí recuerdo una familia muy amorosa, donde el abuso no hacía parte ni en lo más mínimo, ni mucho menos ningún tipo de violencia. Mi papá, era esa figura paternal, un hombre muy fuerte. Mi mamá una mujer abnegada y entregada a su hogar, cuidándonos mucho, cuidando las peleas cotidianas entre hermanos, sobretodo porque hay un salto generacional entre mis hermanos y yo. Ellos son muy seguiditos en edad yo fui la ñapa. Entonces, claro, a mí me tocaba el bullying de mis hermanos, me tocaba la ropa que ellos dejaban, ellos a regañadientes me llevaban de paseo porque mis papás los obligaban a llevarme. Pero fue una infancia realmente feliz. Yo la recuerdo con mucha felicidad y mucho cariño.

LL: ¿De quién eras más consentido, de tu mamá o de tu papá?

JD: Diría que de mi mamá. Quizás porque era el menor y el más pequeñito entonces tenía más cuidado conmigo.

LL: ¿Cuál dirías tú que fue el mejor legado o la mejor enseñanza que te dejó ella para la vida?

JD: La transparencia. El sentir ser único en su vida, de decir todo de la manera más escueta posible y de la manera más clara posible. Lo lindo que es el tema del trabajo. Mi mamá tuvo ese sentido del trabajar toda la vida, y lo sigue teniendo. Lo que pasa es que ahora es una mujer jubilada, pero me entregó eso, me acuerdo que me criaba siendo muy sensible frente a esas cosas.

LL: ¿Qué soñabas ser?

JD: Yo, como todos los niños, quise ser bombero, quise ser policía, quise ser zapatero, yo pasé por todas en cuanto a qué quería ser. Realmente todavía no sé qué quiero ser.

LL: ¿Y la moda, de dónde el amor hacia este mundo?

JD: Mi mamá tiene que ver mucho, mi familia, mis influencias, este mundo de la moda es la substracción de muchas cosas de las que he vivido. Esa pregunta, decirle a alguien qué quiere ser es bien difícil.

LL: ¿Pero este mundo en el que vives hoy en día, no te lo imaginabas?

JD: No, jamás. Pero es que la moda para mí es simplemente mi oficio. Es decir, tengo un vínculo súper profundo porque me apasiona mi oficio, pero es mi oficio, entonces siempre lo he visto desde esa perspectiva. Un día me puede pasar algo en mis manos y no puedo volver a coser, un día me puedo quebrar como muchas veces que he entrado en banca rota, un día, inclusive, se me puede acabar la motivación como a todo ser humano. A mí no me da miedo que estas cosas puedan pasar, pero claramente tengo que estar muy fortalecido al interior, porque todo esto entra a las posibilidades que trae el universo.

LL: ¿Siempre fuiste hábil con tus manos?


JD:
Sí, sí, eso sí. Yo recuerdo inclusive en mi infancia que yo decoraba mi habitación y de hecho quedaba horrorosa (risas), pero siempre la decoraba. Hacía tendidos, o me sentaba y pintaba las paredes, me inventaba móviles, me encantaban las manualidades, tejer. Me encantaba una clase que se llamaba manualidades y estética, no sé si eso todavía exista.

LL: No, eso ya no existe, ahora son puras matemáticas…

JD: Yo sé que no debe existir (risas).  Pero en esa clase uno pintaba, hacía vasijas de barro, platos también. Nos ponían a coser botones en una tela, a mí me fascinaba esa clase.

LL: ¿Y en qué momento la vida te va guiando por el camino de la moda?

JD: Lo mío fue realmente una cosa súper orgánica y no te podría decir que un día hice clic, porque eso no existe. Desde muy joven me gusta coser, estamos hablando casi desde principios de mi adolescencia. Pero todo empezó porque me regalaron una máquina de coser y me pareció fantástico el regalo. Para mí fue descubrir otra manera de poder hacer manualidades. Entonces me sentaba y hacía una sábana, o una funda de alguna almohada, o alteraba alguna prenda, y esto me empezó a acompañar todo el tiempo. Además ver a mi mamá que yo creería que a todos los hombres, no sé si a las mujeres también, nos pasó que su mamá se convirtió en el epítome del refinamiento y la sofisticación. Yo creo que cuando uno estaba en el colegio veía a la mamá ir a recoger las notas y a uno le parecía que era la mujer más linda del mundo, o por lo menos ese era mi caso. Entonces mi mamá sí fue una gran guía para mí en este camino, ella para mí es un ejemplo de una mujer refinada, con unos vestidos finísimos, todo lo de ella era divino, y eso de alguna manera seduce. Pero en todo caso la moda para mí no fue una posibilidad sino hasta ya de adulto.

LL: Pero la vida te fue guiando en todo caso hacia ese camino…

JD: Sí, claro. Terminé el colegio. Estuve un tiempo en el conservatorio de música. Entré a la universidad y me hago fisioterapeuta. Una etapa que amo y amé profundamente. Me apasiona el estudio, me encanta la lectura. Me gustó que como fisioterapeuta el estudio es muy formal y eso es muy importante en la vida, el formalismo, la manera correcta de hacer una pregunta y la manera correcta de llegar a la respuesta. Es algo que toca verlo más como del lado de la epistemología, que tiene un método para llegar a un fin y creo que eso se aplica en todos los oficios, inclusive en la parte creativa. Tiene que haber una manera de establecer una pregunta creativa y mirar cómo la vamos a resolver desde una cantidad de referentes plásticos  para poder convertirla en un vestido, por ponerte un ejemplo. Entonces ese formalismo que me dio mi profesión me ayudó mucho. Me encantaba sentarme a estudiar física, bioquímica, neuropsicología, y hoy en día, todavía leo acerca de todo esto. 

LL: Mejor dicho, súper buen estudiante…

JD: Sí. Siempre me consideré muy buen estudiante. Eso sí, la moda y la costura, me acompañaban todo el tiempo.

LL: Pero en ese momento nunca contemplaste dejar todo y dedicarte a la moda…

JD: No, claro que no. Solo hasta que conocí a Santiago.

LL: Cuéntanos esa historia de cómo se conocieron…

JD: Yo era mesero de un restaurante y sus hermanos también eran meseros. Ellos me presentaron a Santiago. De hecho, Santiago fue paciente mío. Cuando lo conocí le dije, ¿bueno y vos que hacés? y me dijo “yo soy fotógrafo”. Y yo me acuerdo que me dije a mí mismo, qué tan bacano ese trabajo (risas). Yo metido en un mundo como tan formal, de hospital, de bata blanca, llegar al consultorio, hacer historias clínicas, y de repente me encuentro con alguien que me muestra que la vida también tiene otros matices. En ese momento descubro las primeras cosas hermosas que pueden pasar en la vida. Es que te cuento que uno se mete tanto en un universo, que no se da la oportunidad de percibir que hay otros que también tienen mucha belleza.

LL: Además tener en cuenta que conoces lo que es el amor…

JD: Además (risas).

LL: Pero ya que empezaste a hablar de Santiago, toquemos ese tema. ¿Qué pasa apenas se conocen, hubo una conexión inmediata?


JD:
No, para nada. Cero. Como te dije, yo era mesero de un restaurante de hamburguesas, y recuerdo que cuando trabajaba ahí tenía que correr porque tenía que cumplir con mis clases de la universidad, o si no, tenía un seminario, o tenía que ir al hospital y tenía que ser súper puntual con eso porque estaban los pacientes haciendo fila, en fin. Todo lo que a un estudiante le puede suceder cuando está finalizando su carrera y sus prácticas. Cuando me lo presentan, yo acababa de perder a mi primera pareja. Yo tuve una pareja que fue víctima de un secuestro, a él lo mataron, y te digo que eso ha sido uno de los momentos más terribles que me ha tocado vivir a mí en la vida, sobre todo cuando estaba empezando a vivir mi vida como homosexual. Nadie lo sabía.

LL: ¿Qué tan difícil fue afrontar eso, empezar tu vida como homosexual?

JD: Súper difícil. En ese momento me entero de que a este hombre lo matan, llaman a mi casa, yo estaba en mi cuarto, pero nadie sabía nada en ese momento. Me acuerdo que cuando hablaba con él me tocaba meterme en el closet para que nadie me escuchara. Ahí tenía yo como diecisiete o dieciocho años. Eso no es emocionante. Yo creo que ocultar las cosas nunca tiene emoción, sobre todo si vienen acompañadas de la frustración porque no puedes ser lo que tú quieres ser. Entonces no es tan picante, no es tan chévere.

LL: ¿Y entonces como hiciste para salir a decir que tú eras gay?

JD: A este man lo matan y a mí se me viene el mundo encima, pero literal encima. Y yo en medio de ese dolor recuerdo, es que no pasó ni un día, recuerdo que cité a mi mamá, a mi papá y a mis hermanos, a todos, los senté en la sala de mi casa y les dije a todos tengo el corazón destrozado porque yo soy gay y acaban de matar a mi pareja, mi primer amor, con quien yo pensé que iba a vivir el resto de mi vida, porque uno siempre cree eso del primer amor. Y esto se volvió un conflicto terrible, en mi casa me dejaron de hablar, un conflicto de verdad. Entonces yo me acuerdo que les dije que yo no esperaba nada, y les dije a mi papá y a mi mamá, “yo recuerdo que ustedes me dieron la mejor niñez, las mejores enseñanzas, la mejor educación. Siempre me dijeron que fuera la mejor persona, que fuera auténtico, que dijera la verdad, ustedes me enseñaron todo eso y se los agradezco, y porque me enseñaron todo eso, les estoy diciendo esto en su cara, estoy siendo completamente consecuente con tus enseñanzas papá, solamente que nunca me dijiste con quien me tenía que acostar”. Fue muy duro, porque es la confrontación de muchas cosas. Y les dije, yo entiendo que ustedes no entiendan esto, pero yo ya no puedo cambiar mi realidad y ustedes tampoco, ni mucho menos podemos romper este lazo que tenemos, entonces papá, a partir de esto, tenemos que empezar a construir, pero sintiéndote sumamente orgulloso del hijo que tienes. Y el dolor que estoy viviendo en este momento se merece un respeto, el mismo que tienes hacia la novia de mi hermano.

LL: Pero de cierta forma es como una ironía, tenías que enfrentarte a esto, pero era algo que ellos no querían…

JD: Claro, pero eso uno no lo puede controlar. Yo no escogí tampoco esto, pero soy sumamente feliz. Y si tenía que ser feliz a partir de mi realidad, estaba siendo consecuente con eso. Yo les decía “papá y mamá yo solamente espero que en la mesa de un domingo cuando vengamos a almorzar todos, mi pareja también tenga un espacio, porque me lo merezco, porque soy su hijo”. Hoy en día yo me veo con ellos y siempre les digo que a mí nunca me va a alcanzar ni esta ni dos vidas más para pagarles todo lo que ellos han hecho por mí. Somos grandes amigos y cuando mis papás salen a pasear, salen es con nosotros dos, porque se sienten cómodos, porque han entendido una nueva manera de percibir el amor, la vida, el disfrute. Esto fue hace ya veintitantos años, pero en su momento fue una historia que me dijo “sin miedo a nada” y efectivamente, en ese momento logré liberarme de tantos miedos. Pude dejar de pelear conmigo mismo, porque las guerras con uno mismo son terribles, no tienen tregua, te acompañan hasta en la almohada cuando te vas a dormir. Menos mal yo me pude liberar de eso muy joven, y me dio la capacidad de tomar y enfrentar cualquier tipo de decisión. Si mañana me da por cerrar este taller e irme a una finca a sembrar lechugas, me parece perfecto, no tendría ningún inconveniente.

LL: Eso te fortaleció para el resto de lo que venía en tu vida…

JD: Se me puede venir el planeta encima, literal, y no me da miedo.

¿Cuéntanos qué ha sido Santiago para tu vida?

JD: Entonces yo conozco a este man (risas), y bueno era fotógrafo, a mí me encantaba, pero fuimos amigos como casi dos años. Pero amigos de salir de rumba con otros amigos, de pasarla súper bien y siempre fue cada uno en su rollo. Como te había dicho, sus hermanos que eran mayores eran amigos míos, entonces todos éramos de un mismo parche. Entonces pasaba el tiempo y a mí me fascinaba porque teníamos las motos Vespa, y las Vespas eran la bomba, la mía era vinotinto, no se me olvida. Entonces Santiago tuvo un accidente y un hermano me contacto para ver si yo le podía hacer la rehabilitación y yo les dije que por supuesto que sí. Empecé a hacerle la rehabilitación y eso nos permitió entrar en una fase todavía más profunda de conocimiento mutuo. Entonces esa relación de paciente médico no existe porque veníamos con una amistad previa y hablábamos de una cantidad de cosas mientras hacíamos la rehabilitación y empezamos a descubrirnos y a entender que de pronto esta era la persona que yo necesitaba en mi vida. Pero quiero decirte que Santiago no era mi tipo de persona, ni yo la de él, y así y todo nos dimos la oportunidad.

LL: ¿Qué te enamoró de él?


JD:
Me fascinaba su manera de percibir el respeto hacia sí mismo, lo que siempre deseó. También viene de una familia muy bien estructurada, donde el amor es muy importante, el afecto, con el sueño de compartir la vida con alguien, de casarse con alguien. Y yo también venía de ese lugar. Yo ahí ya tenía 21 años y sabía que ya no necesitaba ni rumbear más, ni estar solo más. Entonces empezamos a buscarnos y a encontrar puntos de encuentros a pesar de que vivíamos en mundos tan distantes, él en el mundo de la fotografía y yo siendo fisioterapeuta. Todo fue fantástico.

LL: Dicen que trabajar con la familia o con la pareja es difícil, ¿cómo han hecho ustedes?

JD: Depende de muchas cosas. Lo que pasa es que hoy en día la gente vive cada vez más del defecto que del afecto. Es como si vos salís con un hombre, le ves un defecto, y ya no querés volver a salir con él. Yo le vi muchos defectos  Santi, y él con seguridad me vio muchos a mí, pero es mejor guiarse por el afecto. Los defectos más bien se van modulando, se van acoplando. Otra cosa súper importante es que en una relación, es fundamental la admiración. Inclusive para mí, la admiración está por encima del deseo, de la atracción, de todo lo que tú quieras. La persona que tú amas, tienes que admirarla por siempre.

LL: ¿Qué admiras tú de Santiago?

JD: Su capacidad de ver todo en su justa dimensión, admiro su lealtad. Es impresionante, él es muy leal. Leal a él y leal a mí. Admiro su trabajo, admiro la fuerza y el temple que tiene, más que yo. Y espero que él también admire muchas cosas mías después de 21 años que llevamos juntos.

LL: Han logrado hacer un muy buen trabajo en equipo…

JD: Sí, y que quede claro que no vivimos como simbiosis. Él es un universo totalmente diferente al mío. Imagínate que yo no conozco el closet de Santiago en 21 años.

LL: No puede ser, pero viven juntos todo el día…

JD: Sí puede ser (risas). Él tiene su mesa de noche y ni idea él que tendrá ahí, es como si en mi cabeza no existiera. Yo no sé qué es abrir un cajón de Santiago. Si él me pide el favor de que le busque algo en su bolso yo voy hasta donde está él y le pido permiso para abrir su bolso, su billetera no se la agarro ni por equivocación, el teléfono no existe.

LL: Una individualidad clarísima…

JD: Claro, esas cosas hay que respetarlas. Y él es peor, imagínate que él va a acomodar unos zapatos míos en mi closet y me pide permiso: “Jorge voy abrir tu clóset para acomodarte estos zapatos”, “adelante Santiago”. En esos mínimos detalles es que viven las cosas.

LL: Y en el trabajo son unos y en la vida personal son otros…

JD: Claro. Definitivamente.

LL: Cuéntanos un poco cómo fue tu experiencia en Proyect Runway…

JD: Fue una experiencia totalmente positiva. Partamos de la base de que si no fuera por eso, no estaríamos tú y yo aquí sentados. La palabra es más como una experiencia transformadora. Yo la verdad es que solamente podré evaluar si todas las cosas que me han pasado han sido positivas o negativas cuando vea todo en retrospectiva. Y en este momento todavía me cuesta trabajo hacer una retrospectiva de todo lo que he vivido.

LL: ¿Por qué?

JD: Porque es muy pretencioso evaluarse a sí mismo, es muy pretencioso querer ver si lo que has hecho ha sido bueno o malo.

LL: Pero ya llevas bastante camino…

JD: No importa, así y todo, todavía no me siento capaz de hacerlo. Todavía no sé si mi trabajo ha tenido un impacto, ha tenido una relevancia, una importancia, todavía no lo puedo decir.

LL: Volviendo a Proyect Runway, ¿qué fue lo más difícil?

JD: Lo más difícil fue exponerme. El tema de las exposiciones, qué tema tan difícil. Súper difícil someter todo lo que tú haces a un juicio. Súper difícil jugar a un juego que yo no pensé que tenía que jugar: el mundo de los medios, el juego de la creación, el juego de la exposición, de exponer mi propia vida. Fue tenaz.

LL: Pero mira en donde estás ahora…

JD: Exacto, súper agradecido también. Y muy transformador sí es porque me entregó otras herramientas que son necesarias para mi oficio, para mi trabajo.

LL: ¿Qué te falta por hacer?

JD: Me falta por comprar una casa, me falta por tener un espacio donde este man y yo podamos tener un futuro y nos podamos jubilar.

LL: ¿Quieren tener hijos?

JD: No. Eso nunca ha estado en mis planes. Me encantan los niños, pero hijos no.

LL: ¿Pero si te imaginas el resto de tu vida con Santiago?

JD: Pero por supuesto. Hoy en día sí. Es que si no para qué tengo yo una marca grande, para qué tengo yo un taller fantástico, para que hago moda, si uno no tiene la posibilidad de sentarse con alguien y decirle “¡Ole!, cómo nos quedó de lindo” (risas), ¿me entiendes? Imagínate uno en una soledad terrible, creciendo, haciendo cosas, viviendo de un lujo que te permita vivir esta vida y la otra, y uno sentado como un hongo, terrible, como quien dice “cerremos esto y vámonos”.

LL: ¿A qué le tienes miedo?

JD: ¡Uy! A muchas cosas. Imagínate que uno se va volviendo adulto y le va teniendo cada vez más miedo a los problemas de salud. Uno de chiquito pensaba que uno se podía tragar el mundo entero y no le pasaba nada. Antes alguien me decía que estaba enfermo y yo lo veía lejos, hoy en día alguien me dice que le dio cáncer y yo, “¡cómo!”

LL: ¿Algún momento en que hayas querido botar la toalla?

JD: Sí, una vez, que lo recuerde, una vez. Hace como ocho años. Lo que pasa es que mi inmersión en la moda ha sido un poco de terquedad. Yo hacía vestidos y veía que me quedaban bonitos y pensaba que eso podría convertirse en un oficio. Y fue justamente Santiago el que me impulsó y me dijo que él me ayudaba. Cuando yo creí que ya supuestamente era un diseñador, empiezo a tocar puertas, y ¡cuál de todas más cerrada, pero es que las trancan! La gente no ha podido entender que es un oficio como cualquier otro, con el que la gente tiene que poder vivir, y me van a matar por lo que voy a decir, pero hay demasiada basura metida. Entonces todos los días me fui encontrando cada vez más puertas cerradas, perdimos esa capacidad de la buena fe donde alguien llega de la nada y te dice “yo te creo que eres diseñador”. Qué tristeza. Yo todavía no he perdido eso, a mi viene gente a decirme que hace tal cosa y yo les creo.

LL: ¿Cuánto tiempo duró esta situación?

JD: Años. Hasta que un día dije, “¡No más!”. Me levante ese día, vi las máquinas, vi el vestido, el vestido lo veía horrible, y para mí todo estaba mal. Ahí dije “cerremos este chuzo” y empecé a mandar hojas de vida para irme a un hospital otra vez a ejercer mi profesión de fisioterapeuta. Y entonces aparecen los amigos, y vuelven a darle ánimo a uno, empiezan a decirle que toda la ropa está divina, y entonces uno dice “bueno, sigamos pues”, y volví a montar el “chuzo”.

LL: Mucha perseverancia…

JD: Sí, mucha. En todo se necesita un poco de perseverancia y paciencia, y alejarse un poco de la inmediatez, aunque soy inmediatista. Y no ver las situaciones como si uno no tuviera más opciones. Y ahí es cuando me presento a Proyect Runway, un momento muy difícil, desde todo punto de vista, inclusive económico, y paso a Proyect Runway con la menor intención de ganármelo. Yo te juro que nunca pensé que me fuera a ganar eso.

LL: ¿Nunca se te pasó por la mente que te lo podías ganar?


JD:
Uno llega y se encuentra con los diseñadores y uno ha trabajado en Gucci, el otro que había estudiado en el Instituto Marangoni, y uno siendo fisioterapeuta (risas). Y yo me decía a mí mismo “esto no me puede estar pasando”. Y yo en Argentina, en Buenos Aires, tres meses encerrado. No podía ver a Santiago, sólo podíamos hablar diez minutos por teléfono a la semana y alguien del reality escuchando por el otro lado por lo que uno firma al comienzo unas cláusulas de confidencialidad y no puede filtrar ningún tipo de información. Entonces, claro, yo me sentía del tamaño de una cabeza de un alfiler, me sentía en un sancocho. Me acuerdo que me preguntaban si había visto alguna vez alguna celebridad, y yo jamás había visto una (risas). A mí me encanta el tarot, más o menos sé leerlo, entonces sacaba mis cartas, y pensaba y decía que a lo mejor todo esto que me estaba pasando era para fortalecerme a mí mismo, para eliminar mis miedos. Hasta que un día recuerdo que le dije a un compañero “mire yo no estudié nada de esto pero que prendan ya las máquinas para que vea el vestido que yo le hago, en las máquinas nos toreamos”, porque a eso habíamos ido, no por medio de una hoja de vida. Y efectivamente, él terminó haciendo vestidos con silicona, y mis vestidos estaban planchados hasta por el revés. Y ahí es donde yo me pregunto “qué le da un título a uno”. Yo te juro que tengo más cartones que un tugurio, porque tengo una maleta llena de certificados. Claro que no le sirven de a mucho a la gente de la moda, porque son “técnicas de neuro rehabilitación” por ejemplo, no sirven de nada. Pero lo que sí sé es que gracias a todos estos estudios sé leer, y muy bien.

LL: ¿Cómo es la mujer a la que tú le diseñas?

JD: Yo no sé si esa mujer realmente exista, yo trato de alejarme mucho de ese cliché.

LL: Entonces para ti, ¿Cuál es el concepto de belleza de una mujer?

JD: Lo más bonito es cuando ella se conoce a sí misma. Eso es tan lindo verlo. Cuando una mujer llega y es decidida y dice “tengo las tetas divinas”. Eso es divino, así a mí no me parezca. Pero sé que el vestido va a quedar fantástico. Cuando una mujer llega y se conoce, cuando es dueña de sí misma, cuando es dueña hasta de su caminado. Cuando se viste porque ella simplemente quiere ser la más hermosa del mundo, y no porque el otro la tenga que validar, sino porque ella lo sabe. Ahí es donde habita la verdadera belleza de las mujeres. Mi marca está justamente para ayudarlas a encontrarlo a las que no lo han encontrado, y a las que lo tienen, a potenciarlo.

LL: ¿Cuál es el significado del amor para ti?

JD: No me quiero sentir como Milan Kundera (risas). Pero la verdad no sé, no sabría decirte cuál es el verdadero significado.

LL: ¿Si tuvieras que ver el amor en una imagen, cómo lo verías?

JD: Como el mar. El mar es muy bello, porque si el amor pacifica, el mar pacifica. Pero yo de verdad que no sabría decirte cual vendría siendo el significado del amor. Es decir, yo sí vivo el amor, vivo el amor en todo sentido, yo amo a quienes están al lado mío, yo soy el más leal, todo lo que hago lo hago con amor, inclusive mis vestidos todos son hechos con amor. En cuanto a mi pareja, procuro hacerle saber todos los días de mi vida lo importante que es para mí su compañía. Quizás como estoy dentro de esa esfera del amor por dentro de ella viviéndola día a día, no puedo describirla porque no la estoy viendo de lejos.

LL: ¿De qué te arrepientes?

JD: No sé si sea arrepentimiento, pero quisiera pedirle perdón a mucha gente que ha pasado por mi vida, decirles lo mucho que los quiero. Pero realmente mis arrepentimientos tienen que ver más con mi correlación con los demás y con algo que yo haya hecho, porque lo que yo haya hecho, ya me lo cargo. Pero también podría decir que me arrepiento de no haberme comprado unos zapatos espectaculares que vi en Nueva York porque todos los días me acuerdo de esos zapatos y de pendejo no me los compré (risas). Realmente, los arrepentimientos pueden ser millones, depende del punto de vista del que tú los veas.

LL: ¿Qué te conmueve?

JD: Me conmueve la compasión. Me conmueve profundamente la deslealtad. Me conmueve la gente ladrona. Me conmueve la gente que abusa de los demás. Todo esto, inclusive, me conmueve más, que las cosas que me conmueven por la belleza. Sin embargo, también me conmueve mucho la superación, cuando la gente manifiesta sus afectos. Me conmueve también cuando la gente tiene un presupuesto limitado y decide irse de shopping (risas).

LL: ¿Cuándo lloras?

JD: Lloro muy de vez en cuando, casi nunca. No me salen las lágrimas.

LL: ¿Pero a veces sientes la necesidad de hacerlo?

JD: Muy poquitas veces. Puedo llorar de emoción. Es muy personal, pero las lágrimas que me salen la mayoría de veces me salen con mi pareja. Pero, ¿llorar por un vestido? Jamás. ¡Qué tal yo llorando por un vestido, o gastándome una lágrima en alguna colección, (risas)! Serían las lágrimas más mal botadas. Lloro el día que haga falta alguien en mi familia o un amigo, eso sí me hace llorar.

LL: A ti te encanta viajar, ¿Cuál ha sido un lugar de inspiración para ti?

JD: Muchos. Buenos Aires, México, muchos. ¿Inspirar, inspirar? Más allá de que algún lugar desencadene la inspiración es el momento mental en el que te encuentras en cualquier lugar, porque si parás en este momento en el San Andresito de San José y estoy en un momento de paz interior fantástico, me puede, fácilmente, inspirar. ¿Sí me entiendes? Depende mucho del estado de ánimo. Conozco gente que tiene un apartamento en los Campos Elíseos en París y sus vidas tienen cero inspiración, cero motivación. Entonces por eso digo que eso ya viene de un estado mental. Porque yo sí te digo algo, si a mí me paran en una ventana viendo a la Torre Eiffel, viendo a las mujeres divinas caminar, seguramente se me ocurrirá algo que me inspire.

LL: ¿La característica que más te define?

JD: Autenticidad, ¿será? Pues sí, digamos que es eso.

LL: ¿Cómo te enamoran a ti?

JD: A mí me enamoran con la ternura, soy enemiguísimo de la violencia. Me enamoran con la sutilidad, con la admiración. La admiración es el velo más lindo que tú le puedes poner a alguien y te juro que borra hasta sus imperfectos físicos, es la mejor tela.

LL: ¿En qué reencarnarías?

JD: En unos zapatos (risas). No mentiras, ya he hablado mucho de zapatos. Es que, qué pereza volver a reencarnar en un humano.

LL: ¿En ti mismo?

JD: No tampoco, qué pereza. Sería súper frustrante. Mejor en un animalito. Un cóndor de los Andes podría ser.

LL: ¿Cuál es el mejor plan para descansar?

JD: Dormir, estar en la cama todo el día sin bañarse. Eso descansa mucho. Una ducha tibia por las tardes.

LL: ¿Perros o gatos?

JD: Los dos, sólo que gatos no puedo tener en mi taller. ¿Qué tal un gato echándole uña a un vestido? ¡Dios mío!

LL: Eso sería como llevar un niño a Disney…

JD: Exactamente. Pero la verdad me gustan los dos. De hecho siempre he querido tener un gato. Pero perro sí tengo, se llama Libertad, es divina.

LL: ¿Té o café?

JD: Café. El té a veces me parece amargo. Hay muchos sabores que toca educar, es como la primera vez que comí sushi, que cosa tan maluca (risas). Pero la segunda vez que lo probé ya no sabía tan maluco. Uno lo va educando. Para mí el té es así. Y voy y me gasto un dineral en los mejores tés para mis clientes y qué va, todos saben igual, no he podido saber la diferencia entre uno y otro.

LL: ¿Alguna frase de cabecera?

JD: Muchas, muchas. Yo soy muy de dichos. Por ejemplo, y me sirve mucho en mi vida, “el que no sabe para dónde va, cualquier autobús le sirve”. Me parece que es una pregunta que uno tiene que hacerse, ¿para dónde va uno?

LL: ¿Y tú para dónde vas?

JD: Yo voy para viejo, para una vejez digna. No me interesa ser el epítome de la moda, ni tampoco un imperio de moda porque me muero de susto. Quisiera comprarme una casa o un apartamento en el mar para pasar mi vejez.

LL: ¿Eres sicorrígido?

JD: No, cero. Nada me revienta los oídos. Es que lo rico de mi oficio es que no jugamos con la vida de nadie. Si un vestido se dañó, se repite. No logro entender el drama de la moda. Todo se puede volver a hacer.

LL: ¿A qué le pones La Lupa en tu vida?

JD: Yo le pongo La Lupa a que mi trabajo sea sumamente divertido. Al hecho de saber cómo me levanto, sin tener la menor idea de cómo me voy a acostar. Entonces solo sé que tengo que llegar al taller todos los días y que me basta, al llegar la noche,  con tener la sensación de que todo estuvo bien.

La Lupa en frases

Directorio de entrevistas A – Z

Jaqueline Brandwayn

¨El arte me ha dado toda la fascinación, el entendimiento, el poder satisfacer mis inquietudes.¨

Clemencia Vargas

¨Creo en el baile y en el movimiento como una herramienta potente y única para generar transformaciones.¨

Adolfo Zableh

“Sabía que de alguna manera algo me tenía que inventar para ser oído. Por eso escogí escribir”

Alejandra Azcárate

“Me gusta un estado de cordura no permanente. Creo que una alta dosis de irresponsabilidad es deliciosa en la vida.”

Alejandro Cuellar

“En la cocina el criterio solo existe cuando ha habido experiencia.”

Alexandra Santos

“Entendí que tenía que aprender a soltar para dejarme sorprender un poco más por la vida.”

Alejandro Riaño

“Este trabajo me ha dejado un amor por la vida y un amor por lo que hago que no puedo describir.”

Amalia Andrade

“He sido muy terca en querer creer que la vida está llena de magia.”

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“Actuar es un trabajo muy difícil y un estilo de vida complicado. Pero todo es una experiencia, hay papeles que te cambian la vida.”

Andy Gaitán

¨Siempre me he dejado llevar, hay que ser arriesgado¨

Andrea Novoa

“Tenía una voz interna que me decía que tenía que hacer esto como fuera”

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“Hay que romper la rigidez y fluir. Soy una aventurera, una gitana”

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“Soy una revolucionaria de las leyes. Mi ley es la ley del amor. Detesto la rigidez”

Beto Gaitán

¨Nunca me ha gustado comer cuento. Siempre me ha gustado indagar, ir más allá.”

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“Con el violín se crea un vínculo muy fuerte. No es solo emocional sino físico y emocional.”

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“Yo tengo un motor adentro, yo trabajo en sintonía con mi hijo. Él y yo somos socios en esto.”

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“Los sacrificios y la disciplina me han hecho alcanzar lo que siempre quiero”

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“Siempre he sido diferente. Nunca me ha gustado ser una niña más del montón.”

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“Es duro saber que yo tuve que darle más de la mitad de mi vida a la guerra. Nunca me imaginé que habría más oportunidades para mí.”

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¨Uno se preocupa por qué hacer pero es mejor saber lo que no quieres hacer¨

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“Me desmovilicé buscando una oportunidad de mejorar mi vida, pero entré a una sociedad que señala, estigmatiza, rechaza y aisla.”

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¨El sufrimiento que he vivido, me hizo armarme de valor.¨

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“Para ser actor no es suficiente ser bueno. Hay que ser obsesivo.”

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“Las ideas me han nacido por necesidades y casualidades de la vida. Yo las he sabido leer.¨

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“Cuando uno se salva de un secuestro de Pablo Escobar el miedo se acaba. Yo viví con la muerte ocho meses”

Geraldine Pomato

“Soy una mujer obstinada, trabajo por lo que quiero hasta que lo logro. Con Wikimujeres fue así”

Gustavo Yacamán

“Pongo mi mente en blanco antes de poner el pie en el acelerador”

Jaime Lombana

“Yo presiento siempre lo que va a pasar. Sé cuándo voy a ganar y cuándo no”

Juan Felipe Samper

¨Seguir los sueños, con todo lo romanticón que suena, siempre va a ser válido, siempre va a ser lo más chévere¨

Juan Pablo Socarrás

“Si la vida me había dado tantas oportunidades era por algo. Me dediqué a luchar por este sueño”

Laura Tobón

“Me lo propuse, lo soñé y lo luché y todo ha llegado en medidas que nunca imaginé”

Mabel Moreno

“Tengo un alma muy libre, pero también una cabeza que me pone todos los límites. Soy mi mayor juez.”

Marcelo Rozo

“No hay nada en la vida como levantar un trofeo. Es como tener el mundo en las manos”

María Del Rosario Guerra

“Mi disciplina, mi formación cristiana y mi preparación académica son lo que me ha permitido lograr todo en la vida.”

Marianela González

“Pareciera que soy conservadora pero no. Todo lo que sea distinto a la costumbre me atrae mucho. Soy muy curiosa”

Marta Lucía Ramirez

“Soy una persona estricta, coherente, con mucho compromiso por Colombia, a veces demasiado cuadriculada.”

Natalia Espitia

“Entendí que la mejor manera de transformar y sanar mi vida era ayudando a las niñas a vencer el miedo”

Natalia Ponce de León

“Escogí el camino de levantarme y hacerme grande. Esto fue un renacer, reinventarme desde cero.”

Oscar Iván Zuluaga

“A mi no me obsesiona el poder. Me obsesiona poder trabajar por los demás.”

Paloma Valencia

“Siempre he querido cambiar el mundo. Me hace falta ver que sí se puede”

Paula López

“Aprendí a abrazar mi realidad y entendí que el perdón y la felicidad son una decisión.”

Paulina Laponte

“Entendí que hay que aprender a fluir con la vida. En el camino encontré muchos talentos y pasiones que no conocía.”

Pilar Schmitt

“Trabajo en una cosa completamente diferente a lo que yo soy”

Regis Ortiz

“El proceso de reinserción no fue fácil. Pero cuando veo a mi mamá y a mi hijo sé que todo ha valido la pena.”

Santiago Prieto

“El camino es infinito. Lo más difícil es persistir, perseverar y resistir”

Tata Gnecco

“Si a tu sueño le pones un poquito de disciplina y empuje, lo consigues ”

Tito Puccetti

¨En mi carrera he hecho muchos sacrificios. Y sí, he tenido suerte, pero ha sido una suerte buscada.”

Yaneth Waldman

¨Yo soy terca en buscar la felicidad todos los días de mi vida.”

Vladdo

“Soy inquieto, sarcástico, malpensado. Tengo cara de bravo pero soy una melcocha.”

Jorge Duque | La Lupa Revista Digital
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Jorge Duque
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Jorge Duque
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Jorge Duque, nos cuenta sobre su infancia, su ambiente y relación familiar, sus sueño, su desempeño en el mundo de la moda y su vida como homosexual.
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