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Geraldine Pomato

“Soy una mujer obstinada, trabajo por lo que quiero hasta que lo logro. Con Wikimujeres fue así”
Geraldine Pomato | La Lupa Revista Digital

Geraldine llegó a Colombia hace ocho años, recién casada y con la ilusión de hacer de Bogotá su hogar, pero pronto se enfrentó a un mundo desconocido que la impulsó a crear lo que según ella hacía falta en el país: un espacio para el empoderamiento  femenino. Aunque para muchos Wikimujeres es un misterio, para todos es evidente el poder de este grupo para lograr lo inalcanzable. Geraldine lidera 15000 ‘wikis’ y va por más, nada le queda grande. La Lupa descubrió a la mujer que ha hecho posible lo imposible, la que ha creado una comunidad inquebrantable que muchos envidian. Esta es la gran wiki. 



LL: Bueno, quiero que empecemos con que nos cuentes un poquito de tu infancia.


GP:
Siempre fui como medio abuelita (risas) en el pensamiento. Me gustaba mucho irme al campo con mi tía de 60 años, por ejemplo. Mientras mis amigas se quedaban en Buenos Aires y salían a bailar, a mí me gustaba ese plan de irme al campo. Siempre me gustó. Yo salía al parque de mi casa y podía estar cuatro horas jugando sola, pensando, imaginando una historia, etcétera. Pero sabes, me veo muy reflejada en mi hijo, que es muy imaginativo, es exactamente igual: se mete en los cuentos un montón. Me veo como mucho en él, siempre fui muy imaginativa para jugar.

LL: ¿El ambiente en tu casa cómo era?

GP: Yo soy la mayor de cuatro hermanos. Y bien, digamos… me acuerdo de que mi mamá nos vestía a las tres primeras hijas iguales y eso no me gustaba nada (risas). Creo que a ningún niño le gusta ¿no? No, un ambiente muy chévere, mi mamá siempre estuvo como con nosotros, cuidándonos, y creo que parte como de la creatividad que uno tiene viene de ahí, porque se sentaba a jugar con nosotros, desarmábamos cajas y hacíamos cosas con las cajas. O sea, siempre estábamos creando, todos los días, y haciendo algo nuevo y diferente; muchas manualidades… una infancia muy divertida y también con muchos animales, mucho campo porque me encantaba, siempre me encantó irme al campo y poder estar allá, montar a caballo. Tuve todo tipo de mascotas, tuve patos, conejos… (Risas).

LL: ¿Y con tus hermanos cómo te llevabas?

GP: Bien, con mis dos hermanos me llevo súper. Con la hermana que me sigue, o sea la menor que yo, me llevo mejor porque bueno, somos más contemporáneas en edad. Y mi hermano más chico… también nos llevamos ahora muy bien, pero en realidad cuando éramos chiquitos, la distancia era un montón. Él era el bebé con el que yo jugaba, más o menos yo muñequeaba con él. Pero siempre nos llevamos muy bien, somos todos muy seguidos, entonces eso siempre hizo que hubiera una buena dinámica familiar y como siempre, uno se terminaba peleando por alguna cosa ¿no? Llegando a la adolescencia nos peleábamos, que alguna le uso la ropa a la otra o le sacó el collar… lo que pasa siempre entre hermanos y mi hermano siempre alejado obviamente de todos esos problemas.

LL: ¿Cuál ha sido la lección más grande que te dejaron tus papás… de la niñez?

GP: Eh, quizás no solo de la niñez, sino como… algo a la adultez y es ser una persona justa y que los valores están por encima de todo ¿no? Como que así uno tenga que sacrificar un montón de cosas siempre es más importante hacer lo correcto. Y no solo viene de mis papás, sino de mis abuelos. Mis abuelos de ambos lados son así, los que siguen vivos y los que no están… siempre fueron muy así. Hacer lo correcto. Es esa la lección.

LL: En ese momento de tu vida, en estos recuerdos que nos contabas ahorita, ¿con qué soñabas? ¿Qué te veías siendo ya más adulta?

GP: Desde chica quise estudiar publicidad. Desde que tengo uso de razón (Risas). Desde los ocho años (Risas). No me preguntes por qué. No tengo ni idea. Me encantaba ver las publicidades desde que era muy pequeña. Me quedaba viendo los cortes comerciales en vez de los programas, para mí lo más fantástico eran los cortes comerciales. Y desde muy chiquita quise estudiar eso y decidí cuál iba a ser mi carrera. De hecho, cuando me hacían dibujar cómo me imaginaba de grande, que es dando charlas, dando talleres, enseñando, me dibujaba así, y es a la larga lo que terminé siendo. Fui profesora acá de universidad, también y di clases y bueno, y ahora estoy dando conferencias (risas), entonces, de alguna manera eso que yo me imaginaba de mí se hizo realidad.

LL: Uno ve todo lo que has logrado hasta ahora y creería que, digamos, la disciplina y la responsabilidad y el ser una niña aplicada en sus cosas es una característica que te define. ¿Fuiste así siempre? ¿En el colegio fuiste una niña responsable, juiciosa, en la universidad igual, en el trabajo igual?

GP: Yo no estudiaba hasta el día anterior. Me da estrés estudiar con mucho tiempo de anticipación, de hecho, como que uno va conociéndose a sí mismo y entendiendo los procesos de aprendizaje, y en mis conferencias me pasa lo mismo. Hasta dos días antes no tengo nada.

LL: O sea trabajas mejor bajo presión.

GP: Sí, no sé por qué (risas). No sé por qué, pero tipo dos días antes es como que lo hago, espero hasta último momento y en el colegio era igual. Siempre me terminaba yendo muy bien. En la universidad era la que hacía los resúmenes de todo el mundo. Después en el tercer año ya me empezó a dar como un poco de pereza eso porque me acuerdo que todo el mundo esperaba el resumen mío. Porque yo era sólo lo básico, lo conciso. Me gustaba mucho eso, pero nunca me gustó estudiar, me gustaba resumir, ir al punto fijo, pero no ponerme a estudiar mucho tiempo antes. Pero a la vez era aplicada. Hablaba mucho, me separaban de mis amigos y de mis amigas en el colegio. Creo que me cambiaban cada semana de puesto porque siempre me la pasaba hablando con el de al lado (risas). Creo que hoy hubiera sido catalogada como una chica hiperactiva. En ese momento quizás los profesores tenían otra paciencia. Uno se acuerda del colegio, y a mí me da como estrés. No sé por qué, estar sentada en una clase larga… me da como estrés de sólo pensarlo (risas). De hecho, por eso no sería capaz de volver a estudiar nada en mi vida, porque me da estrés el pensar en un salón de clase. Aunque la pasé muy bien en el colegio. Fue muy divertido, toda la época de colegio para mí fue genial, y lo recuerdo como con mucho cariño, pero sí me da estrés el tema del estudio (risas).

LL: Muchos dicen que la adolescencia o los primeros años de los veintes, esa etapa en la que uno se está definiendo a uno mismo y buscando qué es lo que quiere ser, es un etapa difícil, de tomar muchas decisiones. ¿Qué recuerdas tú que haya sido lo más difícil en todo ese proceso?


GP:
No sé, nunca me costó mucho quizás porque desde muy chica sentía que sabía qué era lo que quería y no tuve mayores conflictos internos en la adolescencia. De hecho creo que fui una adolescente bastante aplicada. Yo salía con mis amigas y si iba a llegar tarde le avisaba a mi mamá “voy a llegar tarde”… por suerte mis papás siempre fueron también los papás relajados que no te dicen por qué vas a llegar tarde una hora más, pero yo era muy responsable de avisar, de qué era lo que tenía que hacer para no preocupar a mis papás. La adolescencia y la toma de decisiones, en cuanto a la carrera y a muchas cosas, como que la viví con naturalidad, quizás porque pasaba mucho tiempo rodeada de mis amigas, pero también mucho tiempo rodeada a mi tía que tiene como otro pensamiento y otra visión más tranquila de la vida, y nunca tuve ese estrés de tomar una decisión incorrecta. Como que uno va tomando las decisiones que su corazón le dice, y su instinto le dice, después te podés equivocar pero tampoco está mal. Quizás yo veo de esa manera la vida, siempre ver el vaso lleno y desde el lado positivo, de que si algo sale mal es porque tenía que pasar y ya. De hecho, me casé súper joven, a los 23 años, y me vine a vivir a Colombia, que era una decisión que todo el mundo me decía, “pero cómo, que vos sos tan estructurada”… Porque a mí siempre mis amigas me dicen “vos sos tan estructurada, tan perfeccionista. ¿Cómo vas a hacer algo tan arriesgado?” Yo decía, bueno, me surgió, me voy y era muy chiquita y hoy digo “bueno, no me equivoqué” porque llevo casi ocho años de casada (risas).

LL: O sea, 23 años, tú ya te habías graduado de la universidad.

GP: ¿Cuando me casé? Sí me había graduado, de hecho cuando decidimos casarnos no me había graduado, y me casé cuando me casé porque tenía que esperar a graduarme, para poder venirme por lo menos con el título.

LL: Y ¿cómo se conocieron?

GP: Yo lo conocí a él en Argentina, cuando tenía como diecisiete, dieciocho años. Él había viajado con sus amigos, yo en ese momento estaba de novia, y nada, todo bien, él y sus amigos todos muy queridos. Él dice que cuando me vio sabía que se iba a casar conmigo. Yo no le creo (risas).

LL: Fueron novios de lejos por bastante tiempo…

GP: De novios, a la distancia. No salíamos los viernes y nos quedábamos hablando. Todo muy extraño. Llego acá a Colombia, y en menos de una semana – creo que fue a los tres días – que dijimos “bueno, nos casamos” (risas). Lo que pasa es que suena raro decir que fue tan rápido, y todo el mundo me dice “es una locura”, y bueno, pusimos como fecha para cuando me graduara. Y así fue, en ese tiempo largo de un año y pico yo venía, él iba, yo venía, él iba, y así.

LL: O sea, esquemática, pero al mismo tiempo arriesgada, porque un país nuevo, una persona que uno ha estado como a la distancia todo el tiempo. ¿Qué te hizo tomar esa decisión? ¿Por qué?

GP: Yo creo que… Para mí lo más importante en una pareja es la comunicación. Y cuando vos estás a la distancia, solo tenés la comunicación. No tenés ninguna otra herramienta que te una a esa persona, y si sabés manejar la comunicación, todo lo demás funciona. Y creo que eso es en todas las relaciones: lo más importante es hablar y poder, digamos, contar lo que le pasa a cada uno y llegar a acuerdos, entonces tenía lo más importante que era la comunicación. Mucha gente nos decía “están locos”, los amigos de él sobre todo. Porque mis amigas decían no, no te representa, vos no eres ese tipo de persona que haría esto, pero como que me apoyaban mucho más. Los amigos de él decían, eso les va a durar un año, etcétera. Pero estábamos muy convencidos los dos de eso. Nos habíamos llegado a conocer tanto como una pareja que quizás se ve todas las semanas, no hablaba de las cosas que hablábamos, porque nosotros, de verdad solo podíamos hablar. Nada más. Solo teníamos eso. Hablar. O sea, yo creo que uno conoce a una persona de esa forma. Y si sabés resolver esos problemas de comunicación que puede llegar a tener una pareja, después todo fluye. Y la verdad que así fue. No hemos tenido mayores problemas o discusiones, lo normal digamos de cualquier pareja, pero nunca nada así que digas… terrible, y todo el mundo decía “ustedes no se conocen” (risas) y yo sí sentía que lo conocía mucho y él también a mí. Obviamente nos conocimos después más.

LL: ¿En qué radicó la decisión de venir acá? ¿Por qué no él allá?


GP:
En ese momento Argentina no estaba muy fácil para vivir, sobre todo para empezar una familia, porque uno dice, bueno, si ya tenés todo montado, si ya estás trabajando allá y todo, es más fácil comenzar, pero nosotros íbamos a estar empezando un hogar nuevo donde teníamos que pensar en sacar un crédito, comprar nuestra casa, un montón de cosas. Él trató de buscar trabajo allá pero no le ofrecieron lo que se estaba ganando acá. Como él se había graduado años antes que yo ya tenía su trabajo digamos… fijo.

LL: Más experiencia…

GP: Exacto. Y el país estaba muy inestable en ese momento, de hecho, hoy digo, bueno, estaba inestable y se puso peor después de que yo me vine. Entonces fue como una decisión más que nada de estabilidad económica y de pensar “Bueno, ¿dónde empezamos mejor la vida?” Y ahora ya llevo casi ocho años acá y no hay vistas de volver a Argentina. Sigue estando difícil, igual uno siempre tiene ganas como de volver.

LL: ¿Qué te hace falta de Argentina?

GP: Muchas cosas (risas). La comida es una, obviamente. Pero es la gente más que nada. Y también la libertad que uno siente allá, de la mirada de los demás, que no se juzga tanto, que uno puede ser más quien es. Y no hay como tanta presión social, yo siento que acá, sobre todo en Bogotá, hay mucha presión social por el cómo debe ser, qué debes alcanzar, qué debes estudiar, y esa presión social, no es saludable, considero que no es sana, y para uno como extranjero es difícil adaptarse. De hecho, los primeros años acá en Bogotá fueron muy felices, todo nuevo, todo te parece divino y después caes a la realidad y te querés ir (risas) como puedas. Digamos, me costó bastante adaptarme en ese sentido, y yo creo que lo que más extraño es eso: como esa apertura mental que no valoraba cuando estaba allá, porque uno hasta que no sale…

LL: ¿Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde?

GP: No valorás ciertas cosas hasta que tenés el comparativo. Y al principio fue una lucha para mí, como cuando uno se revela contra lo que es y no te gusta, y te quejás mucho y tenés una etapa de tu vida muy negativa, hasta que bueno, lo saqué a flote desde otro lado diciendo “bueno, hay muchas cosas que a mí no me gustan de esta sociedad. ¿Qué podría hacer yo para mejorar eso?”

LL: Pero puntualmente, ¿qué era eso que a ti te atormentaba, o qué era lo que no te gustaba de vivir acá?

GP: Muchas cosas en general, pero el tema de la presión social, o el qué dirán que a todo el mundo le importara tanto. Vivir en función de eso, o sea que la gente viviera en función de los demás. Y el juicio, ¿no? Juzgar cómo se visten los demás, que si se pinta el pelo, que si tiene un tatuaje. Me costaba mucho el choque con una sociedad que era muy así. Que después uno se va relajando y conociendo y viendo también las cosas muy buenas que tiene, pero sí, tuve una etapa que creo que le pasa a todos los que salen del país, en mayor o menor medida, que tenés una etapa como de enamoramiento con el nuevo país, y después una etapa donde ves como todo lo profundo o todas las porquerías, digamos, de una sociedad y uno se revela contra eso.

LL: La baja uno del pedestal y se da cuenta de lo que es.

GP: Por eso esa etapa fue medio negativa en pensamiento. Yo siempre fui una persona súper positiva, y estaba bastante negativa y bastante quejosa. Que no hay que ser así, pero sí me pasó, es algo que uno no puede controlar a veces, ¿no? Como que te volvés negativo y de repente decís “no me reconozco”. Yo no soy así de negativa, no soy así de quejosa. Y bueno, después resurges cuando aprendés a estabilizarte.

LL: Eso te iba a decir, fíjate que de los momentos más duros, o esos momentos en los que uno se encuentra más abajo emocionalmente, es donde las ideas ocurren, donde uno toma decisiones, donde uno se da la oportunidad de hacer nuevas cosas.

GP: Bueno, si uno lo ve desde el lado de Wikimujeres, yo siempre pensando, por dónde uno de a poquito puede empezar a trabajar esas cosas para bien. No desde el lado de la queja, porque uno cuando está en modo queja, es como que le cerrás puertas a los demás, a querer oír lo que está pasando, y a querer cambiarlo. Y empecé a entender que toda la transformación que uno pueda generar, tiene que ser pequeña y lenta. De a poquito. Y con cariño, viendo en las pequeñas cosas del día a día qué puede ir cambiando para ver el mundo de diferente manera y ver a los demás de diferente manera. Aceptarnos más entre todos.

LL: Recuerdas algún momento, o algún evento que te haya hecho pensar como “yo tengo que hacer esto”. O sea, ¿cuál es el momento en el que tú decides lanzarte a crear WikiMujeres?


GP
: Yo venía pensándolo desde que me mudé a Colombia, porque manejaba un foro igualito en Argentina donde pasaban las mismas cosas locas de desconocidas uniéndose, desconocidas festejando, por ejemplo, su despedida de soltera. Cosas así, que uno dice, no es fácil replicarlo, y lo venía pensando, cuando me mudé a Colombia le decía a mi marido, “pero las mujeres por qué no se encuentran con otras en internet por intereses, “no acá nadie lo va a hacer” me decía. “Nadie va a contar sus problemas personales en internet.” Cuando, gracias a mi trabajo empecé a hacer estudios socioculturales, siempre me dediqué a lo que es psicología del consumidor, y empecé a adentrarme en la cultura colombiana, y entender muy bien cómo era el ambiente de cada una de las personas que la componen… Entendí por qué lo que decía mi marido era cierto, no eran mentiras. Había un factor que impedía que eso sucediera, pero yo empecé a pensar, bueno, cómo esto podría pasar. Estaba en otros grupos de Facebook, donde había gente reunida, pero no había conexión entre las personas.

LL: No había comunidad.

GP: De hecho estaba en un grupo también y no pasaba nada. O sea, las mujeres no se conectaban, no se unían, no se veían, y yo decía, “uy ojalá yo manejara esto” porque yo lo haría conectar. Conectar emocionalmente a la gente, tanto online como offline, y como a las dos semanas se generó una cosa ahí, que tenía que ver con el prejuicio. Ese prejuicio que tanto a mí me había como molestado. Y dije, buenísimo poder abrir un grupo donde no importa quién seas. Ni quién sea tu familia, ni de dónde vengas, nada, sino los valores que tengas. Que te manejes con respeto. Pero pensando justamente en que la columna vertebral fuera el respeto que es algo que no sólo perdemos en la vida, sino que en las redes sociales está recontra perdido. Casi todos los ecosistemas en las redes sociales son bastante ácidos, irónicos, fuertes, si ponés algo en Twitter, lo más probable es que el 70, 80 por ciento de las personas te ataquen, en vez de aportar algo constructivo. O lo mismo pasa en Facebook en los propios muros las mismas familias terminan a veces bloqueándose por un tema que pueda ser político o lo que sea. Y yo pretendí unir todas esas cosas. Por un lado, el tema de empezar a erradicar esos prejuicios que hay de que uno no tiene valores si no pertenece a cierto colegio, o que uno no tiene valores si no… cuando en realidad eso no tiene nada que ver. Uní eso con el tema de volver a humanizarnos en internet, y volver al respeto a hacer una sociedad constructiva. Y pensar, hacer el esfuerzo por pensar en comunidad y no en lo que a mí me conviene como individuo, sino en lo que nos conviene a todos. Entonces fue como un experimento que empecé muy de a poquito.

LL: ¿Te dio miedo empezar a hacer esto?

GP: No. (Risas). No me dio miedo. Creo que mis mayores retos han sido cuando se generan conflictos, y yo tengo que salir a hacer mi reflexión tratando de ser lo más objetiva posible. Hay muchas cosas que la gente no ve, incluso en el mismo muro, de lo que yo vivo en mi día a día. Acarreando lo que se ve, y lo que no se ve, que es lo que está en mis mensajes privados y todo. Y uno trata como de construir, desde un lado y desde el otro, construir paz y unir a la gente, ya sea si estamos muy separados y todos somos diferentes. Y yo siempre digo, uno no va a convencer a alguien que es diferente que sea como uno. Y no es la idea. O sea, pensamos diferente y está bien, y no por eso todos tenemos que ir peleando con todo el mundo. Sino más bien, qué tiene esa otra persona que piensa diferente, que es diferente, que vive diferente, que cría diferente… qué me puede aportar a mi vida. Ya sea para introspección, decir ¿qué puedo yo cambiar o qué puedo mejorar? o unámonos para construir algo. O sea, todos podemos ser parte de la base de cualquier mujer, sobre todo pensando en que la comunidad es de mujeres. Cualquier mujer se puede unir a otra, por más diferente que sea, para co-crear. Somos esas piezas de un engranaje que somos distintas, pero que en algún momento encajamos las unas con las otras, en algo.

LL: Me imagino que este proceso ha estado lleno de tropiezos, que nunca faltan las críticas, las personas que quieren dañarte un poco en lo que estás. ¿Qué ha sido lo más difícil que has tenido que vivir?

GP: Las críticas son algo difícil sobretodo porque uno no está acostumbrado a que la gente no quiera saber qué es lo que pasa de verdad, sino que critique sin saber. O que no lo conozca a uno, y uno dice, yo no voy por la vida criticando a alguien que no conozco, podría criticar una acción, sí, pero no a una persona. Pero eso me hace aprender también mucho de la sociedad. Yo sí creo que esos no son como conflictos, sino que me fascina, ver cómo se mueven las comunidades y cómo se mueve la sociedad como tal, creo que es parte de ese experimento interno que yo hago. No dejas de pensar que todo es como una investigación (risas). Y es maravilloso ver que hay ciertas cosas que detonan reacciones en la gente, que puedan ser negativas hacia mí, pero que me hacen conocer también cómo funciona la sociedad y cómo funcionamos como seres humanos, qué cosas hay que trabajar o mejorar. Desde uno ¿no? Porque uno no puede ponerse a pelear con todo el mundo, ni a convencer a todo el mundo, sino decir, qué puedo hacer desde mí para empezar a contagiar a otras personas de buenas acciones, y que esas personas contagien a otras, y que nos volvamos un efecto dominó positivo. Porque si uno se empieza a enroscar en esas cosas negativas, le pasa lo que a mí me pasó cuando llegué, que uno se enrosca pensando en lo negativo, y no llegás a ninguna parte. Y cerrás puertas y te encerrás en esa negatividad.

LL: ¿Cómo te describirías a ti?

GP: Como una persona perseverante, paciente y obstinada quizás (risas).

LL: ¿Obstinada? ¿Terca?

GP: No sé si terca. Pero sí como que hay cosas que si yo quiero hacer algo, no lo suelto. No sé cómo llamarlo, pero sí… si me engancho con algo, si me emociona, yo le doy, le doy, le doy, le doy, le doy hasta que lo saco. Creo que lo que pasó con Wiki fue un poco eso. Desde el primer día no le solté la mano. Respondía todos los mensajes todos los días, y estaba ahí pendiente de lo que pasaba. Y no hubo un solo día, ni sábado ni domingo, ni vacaciones, que le soltara la mano, pensando en “construyamos algo mejor” y cada vez como que uno va tejiendo una red más grande y más fuerte ¿no? Y eso es lo que termina emocionando. Es decir, tratar de construir algo y además amoldarlo hacia lo positivo, porque podría ser un desastre. Y creo que me definen esas cosas, la paciencia también. No la tengo siempre, (risas) quizás a veces con mis hijos no tengo tanta paciencia. Pero el hecho de poder ver todo desde un lado, desde lo bueno que tiene cada cosa, hasta lo peor. Hasta la crítica tiene algo bueno, hasta el obstáculo que se te presenta, hasta lo que no sale tiene algo bueno, y lo que te muestra eso es que la vida es maravillosa, que todo tiene un porqué, un para qué, y que en cada cosita hay un aprendizaje. Y así es como somos.

LL: ¿Cómo haces para organizar todo lo que tienes que hacer? Tantas cosas…

GP: No sé. No sé, hay días que digo “voy a colapsar”. Pero lo que me ha demostrado todo esto, es que a todos nos falta mucho entender y ponernos en los zapatos del otro. Mi día a día es súper agobiante entre mis chiquitos y la demanda de tantas mujeres. Y me pasa por ejemplo cuando alguien me dice “qué falta de respeto que en tres días no me contestaste” y yo digo no, nadie está en mis zapatos.

LL: ¿Qué no delegas?

GP: Hablar con la gente, poder estar atendiendo ciertas cosas que surjan ahí, o reflexiones que surjan. ¿Qué delego? Algunas reuniones porque no puedo. Me encantaría reunirme con 700 personas que tienen sus ideas, y que quieren reunirse, y a mí a veces no me da la agenda, y eso lo empiezo a delegar en el equipo, eventos también. Todavía yo creo que no he logrado organizarme y soy como un mal ejemplo de lo que uno hace. Porque a uno siempre le dicen “tenés que guardar un momento de tu agenda para estar sentada en el computador a hacer las cosas”. Yo estoy todo el día en reuniones. A las seis de la tarde empiezo a hacer las cosas, y no me acuesto hasta las dos de la mañana. Entonces, creo que soy el ejemplo de lo que no toca hacer.

LL: ¿Y a qué horas eres mamá?

GP: A la mañana, a la noche, a la mañana, a la noche, a la tarde, o sea, hay cosas que no cedo, como por ejemplo llevar a mi hija a las terapias, ir con ellos al parque los fines de semanas. Los fines de semana sí los estoy volviendo más sagrados, ya no respondo a todo el que me llama, ni a todo el que me escribe. Aun cuando me empiezan a bombardear, porque si no respondo, le dicen a todas las amigas que también me llamen.

LL: ¿Pero esos mensajes son de gente que quiere entrar en el grupo?

GP: No, gente del grupo, o “alguien se salió” por ejemplo, (risas). “Alguien se salió y yo…” A veces puedo decir, me paro y lo meto. Y hay algo en mí que me dice, “todos deberíamos poder educar a los demás un poquito en que aprendan a esperar” ¿no? Entonces a veces puedo, a veces lo hago, y yo creo que es un error reaccionar tan rápido, porque uno está dando un mal mensaje de todo es urgente, todo es para ya, y no, nada es para ya. Solo la muerte es para ya, y el resto de las cosas no. Y creo que uno aprende, empieza como a aprender a valorarse a sí mismo, a darse su lugar dentro de lo que está construyendo y a darle el lugar también a su familia. Estoy cada vez más organizada. Cada mes, o sea, cada mes que hables conmigo vas a decir: “ah, vas mejor, vas mejor” (risas). Pero los últimos dos meses fueron un caos en mi vida. Terminé mi libro, lo escribí en quince días.

LL: ¿Cuándo sale?


GP:
Sale la semana que viene. Fue una locura. Yo creo que ni siquiera me acuerdo bien qué puse, porque todo ocurrió como en una nebulosa, entre las diez de la noche y las dos de la mañana, cuando uno se inspira. Fue una locura, cuando me dicen “tenés que entregarlo en dos semanas”, y yo no tenía nada escrito, y faltaban cinco días para entregar el primer capítulo, y lo hice el día anterior, o sea, una locura, fue una locura, pero también disfruté ese proceso, pero eso le enseña a uno a decir bueno, la próxima vez lo voy a hacer con más tiempo, me voy a organizar.

LL: Ya no sirve eso de que el último día hago todo.

GP: Exacto. El último día no… Se dio así porque tocaba – estaba en cola de impresión – tocaba hacerlo así, pero como que uno va a aprendiendo de esas cosas, y sí, si miro hacia atrás aprendí un montón de cosas como que no puedo tener una agenda tan desordenada porque uno se acaba. Y creo que este aprendizaje, más que para el resto de las personas es para mí misma.

LL: Bueno, te voy a hacer ahora unas preguntas de respuesta corta.

LL: ¿De qué te arrepientes?

GP: No sé, (risas) de nada. No me arrepiento de nada porque uno de cada error aprende un montón. O sea, sí equivocarse, te equivocas un millón de veces, pero eso te sirve.

LL: ¿A qué le tienes miedo?

GP: A no estar para mis hijos cuando ellos me necesitan. A que algo me pase y no estar para ellos. Cuando uno es mamá piensa en todos esos peligros o cosas que te puedan pasar y sí, es algo como que atemoriza.

LL: ¿En qué rencarnarías?

GP: Qué pregunta tan difícil. (Risas). No sé, no sé. Eh… en una mujer también. Nuevamente. Creo que este ejercicio y este aprendizaje se disfrutan mucho, entonces sí, volvería a reencarnar en una mujer.

LL: Una frase de cabecera

GP: Que las diferencias no hacen la diferencia.

LL: Lo que más admiras en una mujer

GP: La tenacidad, la perseverancia. Esa confianza en sí mismas. Todas la tenemos. Hay algunas que creemos que no tenemos esa confianza y esa autoestima, y nos cuesta encontrarlos, pero está ahí y eso es lo que más admiro, esa confianza en sí mismas que es la que les ayuda a emprender lo que sea.

LL: A lo que más le huyes

GP: A la crítica, obvio. (Risas) Siempre tiene algo bueno, pero le huyo porque es jarto. Como que yo vivo la vida con la mejor de las intenciones, o sea, nunca nada que salga de mí es con una mala intención. Me puedo equivocar… seguramente un millón de veces me voy a equivocar, pero sí, uno le huye a eso porque no hace nada con esa intención.

LL: El amor de tu vida.

GP: Mi marido.

LL: Bueno, ya para terminar, ¿a qué le pones La Lupa en tu vida?

GP: ¿A qué le pongo La Lupa? A mí misma, en este momento. Creo que todo esto, aprender de las demás, me hace mirarme a mí, hacia adentro, y creo que eso es súper valioso porque si uno se conoce y aprende de sí mismo, puede dar mejores cosas para los demás.

 

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¨Creo en el baile y en el movimiento como una herramienta potente y única para generar transformaciones.¨

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“Me gusta un estado de cordura no permanente. Creo que una alta dosis de irresponsabilidad es deliciosa en la vida.”

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“En la cocina el criterio solo existe cuando ha habido experiencia.”

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“Entendí que tenía que aprender a soltar para dejarme sorprender un poco más por la vida.”

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“He sido muy terca en querer creer que la vida está llena de magia.”

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¨Siempre me he dejado llevar, hay que ser arriesgado¨

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“Tenía una voz interna que me decía que tenía que hacer esto como fuera”

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¨El sufrimiento que he vivido, me hizo armarme de valor.¨

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“Aprendí a abrazar mi realidad y entendí que el perdón y la felicidad son una decisión.”

Paulina Laponte

“Entendí que hay que aprender a fluir con la vida. En el camino encontré muchos talentos y pasiones que no conocía.”

Pilar Schmitt

“Trabajo en una cosa completamente diferente a lo que yo soy”

Regis Ortiz

“El proceso de reinserción no fue fácil. Pero cuando veo a mi mamá y a mi hijo sé que todo ha valido la pena.”

Santiago Prieto

“El camino es infinito. Lo más difícil es persistir, perseverar y resistir”

Tata Gnecco

“Si a tu sueño le pones un poquito de disciplina y empuje, lo consigues ”

Tito Puccetti

¨En mi carrera he hecho muchos sacrificios. Y sí, he tenido suerte, pero ha sido una suerte buscada.”

Yaneth Waldman

¨Yo soy terca en buscar la felicidad todos los días de mi vida.”

Vladdo

“Soy inquieto, sarcástico, malpensado. Tengo cara de bravo pero soy una melcocha.”

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Geraldine Pomato
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Geraldine Pomato
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Geraldine Pomato, nos cuenta sobre su infancia, su ambiente familiar, la lección más grande que le dejaron sus padres y su ocupación.
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