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Francisco Santos

“CUANDO UNO SE SALVA DE UN SECUESTRO DE PABLO ESCOBAR EL MIEDO SE ACABA. YO VIVÍ CON LA MUERTE OCHO MESES”
Francisco Santos | La Lupa Revista Digital

Estuvo secuestrado por el Cartel de Medellín y duró ocho meses sin ver a su familia. Es un adicto a los libros. El único que nunca se va leer es el que escribió Gabo sobre su secuestro. Dice que no le dolió perder la alcaldía y que le hubiera gustado ser músico. La Lupa habló profundo, muy profundo con Francisco Santos. Éste es el hombre detrás de “Pacho”.


La Lupa: Bueno Francisco, cuéntenos, ¿cómo era cuando chiquito?

Francisco Santos: Muy inquieto, hiperactivo, me habrían clavado inmensas dosis de ritalina, me habrían llevado donde todo tipo de terapistas. Duré la mitad de mi infancia con mi cuarto como cárcel. Vivía como en una cárcel y de ahí sale mi amor por la lectura. Uno encerrado en su cuarto no puede hacer más. Entendí que la soledad es una gran compañía, leía enciclopedias, a Julio Verne, desde ahí soy un lector voraz.

LL: ¿Cómo era en el colegio?

FS: Era un vago. Cogía media hora antes al mejor de mi curso como German Varón, miraba los cuadernos y sacaba 4 sobre 5. Todos mis amigos se clavaban y sacaban 3.8, es que yo tengo una memoria fotográfica. Me la pasaba jugando fútbol, leyendo lo que me gustaba y mamando gallo. En la universidad fui muy pilo, me gradué suma cum laude. Ahí si me la pasaba estudiando, y fue pasar de la obligación a hacer lo que quería, lo que yo creo que hizo que me fuera tan bien.

LL: ¿Con qué soñaba ser?

FS: Yo quería ser futbolista, le dije a mi papá y todo. Él me dijo: bueno. Me fui hasta Santa Fe. Y le dicen a mi papá que no fui al colegio en tres días y me pegó un regaño…y hasta ahí llegó mi carrera como futbolista. La verdad es que nunca supe qué quería ser. Me dediqué a leer, a soñar, nunca pensé qué quería ser. Nunca he hecho planes en mi vida. He dejado más bien que la vida me diga qué hacer. Iba a estudiar medicina. Mi hermano estaba haciendo la especialización y me llevó a hacer turnos. Estudié historia, producción y dirección de televisión, y un día entré al periódico y me enamoré. Empecé cortando cables, llegaban por un télex. Se los entregaba al jefe y me enamoré.

LL: ¿Cómo eran las cosas en su casa?

FS: Yo era el sexto de siete. Entonces era un poco como la mayonesa de los sánduches, que todo el mundo sabe que está pero a nadie le importa. Era invisible. En mi casa cuando comíamos yo era el último. Eso me sirvió para ser paciente y aguantar y aguantar y no dejarme. Entonces mi vida fue muy solitaria, con mi hermana pequeña, que somos muy unidos. Fue una infancia solitaria. Después me volví el consentido de mi papá. Me acuerdo que él era muy bohemio, pero no trasnochaba. Yo llegaba del colegio por la tarde y estaban Fernando Botero, Julio Mario Santo Domingo, Gabo, y yo me metía a oír. Era tan inquieto que Alejandro Obregón me puso “la rata mecánica”, y oía y me metía en las conversaciones. Entonces sí me acuerdo de ese mundo de cultura, de intelectualidad.

LL: ¿Pero no era tímido?

FS: ¿Yo? Yo soy lo más fresco. No soy para nada tímido. Me encanta la gente, pero me encanta la soledad también. Me gusta ir a cine solo. Herencia de mi papá también, que era un cineasta nato. Entonces no me preocupa ni estar solo, ni acompañado.

LL: ¿Qué le dejó su mamá?

FS: La disciplina. Ella era la que cascaba. A mí me dieron rejo. Yo me merecí cada juetazo. Lo único que no me merecí, que es por creer en la gente, nace de una experiencia de chiquito: cuando yo estaba en el kínder, llevaba una leche condensada y un niño me dio cinco pesos por la lechera. Cuando llegué a la casa se los di a mi hermano. Él llegó con una bolsa llena de dulces y mi papá le preguntó de dónde había sacado la plata. Por supuesto le dijo que yo se la había dado. Yo le conté que había vendido la lechera pero no me creyó.

Me dio una cueriza y me hizo pedirle perdón a la profesora por robar plata. Y me acuerdo chiquitico diciéndole, yo no sé cómo decirle que yo me robé una plata que no me robé. Y eso me produjo algo y es que yo le creo a todo el mundo. Eso generó tal impacto en mí que prefiero creerle a la gente que hacer lo que me hicieron a mí. Mi mamá era la de la disciplina y conmigo, que era muy indisciplinado, lo necesitaba.

LL: ¿La enseñanza más grande que le dejó su papá?

FS: No odiar. Mi papá nunca odió y es tan fácil odiar. El odio le hace más daño a la persona que odia que al odiado porque eso le carcome a uno el alma. Yo me acuerdo que una vez escribieron un libro que se llamaba “El tío” y decía que mi mamá era una prostituta y lo había escrito alguien de la familia que terminó en la cárcel. Mi papá lo ayudó a salir. Esa lección de mi padre la tengo acá. Y otra cosa, fue un hombre poderosísimo, pero frente al gamín, frente al conductor, frente al presidente, era igualito. No se comportaba de manera distinta. Yo soy así.

LL: De sus hermanos, ¿con cuál es con el que más se entiende?

FS: Mi hermana menor. Cada uno tiene unas particularidades y nos llevamos muy bien. Diría que con mi hermana menor y con mi hermano el médico tengo una gran relación. Pero con todos hay una buena relación de familia, estamos ahí cuando se necesita. Ojalá fuéramos más cercanos…

LL: Ya cuando entra a hacer parte de la redacción de El Tiempo, ¿cuál fue la mayor lección?

FS: Mi tío Enrique, el papá del presidente Juan Manuel Santos. Un periodista brutal. Ese señor cogía una cuartilla y en dos segundos le quitaba todo lo que sobraba. Y el periodismo es eso: directo, al grano, sin matices. El periodismo me enseñó una cosa muy bonita y es que el débil puede tener una voz. Me encantaba ir a las zonas donde no iba nadie. Cuando mataban policías yo iba a recorrer las comunas, una vez llegó la policía, me tiraron al piso hasta que les dije que era periodista. Meterse en los zapatos del otro es muy importante. Eso y no creerse ahora que porque soy periodista de El Tiempo o de Semana ya me siento más. Todos los periodistas de la vieja guardia le dejan a uno la lección de que uno no es un juez, que uno tiene un poder inmenso para arruinarle la vida a alguien. Una lección magistral me la dio Germán Santamaría. Nos fuimos con él cuando vino lo de Armero y Germán vio a Omaira, la niña que murió enterrada. Estaba Jorge, el fotógrafo y Germán duró una hora haciendo la entrevista y él me dijo: ésta niña le va a dar la vuelta al mundo. Y efectivamente. Porque en el rostro de la niña se vio el drama de 23 mil muertos. Otra lección, un pedacito de la realidad muestra más que un mega titular. Tuve el privilegio de conocer a grandes periodistas.

LL: ¿Qué se necesita para ser un buen periodista? ¿Hay que estudiar periodismo para ser un buen periodista?

FS: El peor error que puede cometer un periodista es estudiar periodismo. Los periodistas tienen que estudiar diseño, fotografía, historia y sobretodo leer. El criterio que debe tener un periodista nace de la lectura, de la comprensión de la realidad, no de las cinco preguntas de cuándo, dónde, cómo, por qué y qué. El buen periodista se hace, es puro criterio, lectura, conocimiento y curiosidad. Yo me leo hasta las fórmulas médicas.

LL: ¿Qué le gusta leer?

FS: Biografías, historia.

LL: ¿Cuál recuerda mucho?

FS: De literatura “Los Hermanos Karamazov” de Dostoiewski, “El filo de la navaja” de W. Somerset Maugham. Y de biografías me encantó una de Abraham Lincoln que se llama “Team of Rivals” de Doris Kearns Goodwin.

LL: ¿Cuál ha sido su peor error como periodista?

FS: Mire yo soy el único periodista en Colombia que por un error, y grande, así de grande, no ha salido. Teníamos tres fuentes de una reunión del gobierno en La Habana y una era una monja y lo que me dijo era falso. Yo les dije en la redacción: ustedes me tienen que echar. Y no me echaron. Aprendí de lo bueno y de lo malo. La rectificación fue de la misma manera y tamaño que la equivocación. Hoy sale un frasecita chiquitica en la última página, por allá abajo y la honra de la gente destruida.

LL: ¿Qué tanta independencia había en ese momento?

FS: Toda, toda, absolutamente toda. Jamás había censura. Eso se ha perdido porque los medios están tan amarrados al poder y al rating que hay unos límites muchísimo mayores. Se ha perdido por un lado, pero se ha ganado en redes para darle voz a la gente.

LL: Hablemos de su secuestro. ¿Cuál es la escena que más recuerda?


FS
: Ush…Tantas. Yo casi nunca hablo de mi secuestro. A mí me gusta pasar la página. El libro de Gabo, “Noticia de un secuestro” no me lo voy a leer. El secuestro me demostró lo fuerte que es el ser humano. Estuve metido y encadenado en una cama ocho meses, en un cubículo chiquitico en una casa en Bogotá y jamás me dio una gripa cuando yo vivo con gripas y alergias. Entonces, la fuerza del ser humano, su capacidad de resistencia es tan grande que allá me di cuenta por qué el homo sapiens es el que domina el mundo.

LL: ¿Y en términos emocionales, qué es lo que más recuerda?

FS: Pues mire, una de las cosas que me pasó fue que como al mes de estar secuestrado, publicaron una foto de un periódico con la foto de mis dos hijos, ahora son cuatro. Duré llorando una semana y ahí creé una barrera emocional tan grande…hice un castillo emocional inmenso. Ocho meses después, que era el día de la madre, veo la primera página y estaban mi esposa y mis dos hijos y yo no me había dado cuenta. Pasé la página sin darme cuenta. Ese castillo me duró 30 años y vine a derrumbarlo hace dos.

LL: ¿Cómo lo hizo?

FS: Con terapia, entendiéndolo, donde un amigo que se llama Jorge Llano. Y pues salí adelante. Pero eso le deja a uno unas cicatrices emocionales brutales. El secuestro es el gran dinamizador de la violencia en Colombia. Cuando las Farc y el ELN comienzan a secuestrar, generan toda la dinámica de los paramilitares. Lo paramilitares son hijos del secuestro.

Eso acabó armando todo el desorden de los ochentas y noventas hasta casi la década pasada, este país todavía no ha entendido que es un trauma que no hemos sanado. Ojalá pueda algún día hacer un museo sobre el secuestro. Parecido al museo judío que hay en Berlín, donde usted arranca y el diseño del museo lo mueve.

LL: ¿Cómo hace uno para olvidar?

FS: Yo duré con estrés postraumático como tres o cuatro años. Fui a donde una terapista en Boston. Cuando estaba secuestrado me dormía y me veía de pronto en mi casa y me despertaba y lo primero que veía era un chicle pegado al techo. Y decía: otra vez estoy acá. Muchos meses después estaba soñando que estaba viendo el chicle y veía que era el techo de mi casa. Eso me duró un tiempo y eso que yo considero que no me fue mal en el secuestro y que sobreviví. Yo no odio a mis secuestradores.

LL: ¿Esas caras las ha podido borrar?

FS: Ellos tenían pasamontañas todo el tiempo. Había uno al que le decían ‘Tiberio’. Me levantó el primero de noviembre, el tipo me estaba mirando con los ojos inyectados de droga y me dice: “usted no sabe lo malo que soy yo”. Unos compañeros suyos me contaron que cuando iba de descanso volvía con seis, siete muertos encima. La señora que me daba la comida, me contó que le disparó y no la mató. Conocer la entraña del cartel de Medellín es una cosa aterradora y tuve la oportunidad de conocerla.

LL: ¿Logró comprender en algún momento por qué estaban en lo que estaban? ¿Logró, de alguna manera, empatizarse con ellos?

FS: Totalmente. A uno le enseñé a leer y me contaba su vida y era terriblemente difícil. La mamá de uno de ellos me escribía cartas y en un momento le dijo: o lo suelta o lo echo de la casa y él me regañó y todo, al tipo lo echaron de la casa. Me tocó escribirle que no lo echara. Yo poco he hablado de mi secuestro, muy poco. Hablarlo es un poco de catarsis…ese era un buen muchacho…si hubiera tenido oportunidades… Me faltó hacerle las pregunta de cómo hace uno para matar a un ser humano. A mí me pasó que uno de ellos un día dejó la ametralladora encima de la cama y se fue al baño. Y yo acostado tuve como diez minutos, y pensé: “cojo la ametralladora y arranco a disparar, mato dos de ellos”. Pero me di cuenta que no podía matar a un ser humano y le dije: “venga por esa ametralladora, no sea pendejo.” Esa línea ética de no matarás ya no la tenían, pero se lo digo, no era gente mala.

LL: ¿Usted cree que hay gente mala?

FS: Yo sí creo que hay maldad en el mundo. Hay gente intrínsecamente mala. Pero varios de ellos, por falta de oportunidades, sin justificar jamás la muerte, llegaron a ser sicarios. Como Popeye, pagó muchos años en la cárcel. Uno veía que era gente que cuidaba a su mamá pero que tenía unos desequilibrios emocionales tenaces.

LL: ¿Qué tan lejos ve esa época ahora?

FS: Yo ya la dejé atrás. Trato de no volver a entrar en ese mundo. Esa experiencia me llevó a crear País Libre, a meterme en marchas contra el secuestro, a liderar el “No más”, a tener que irme de Colombia, a ser vicepresidente. Pero no me paro ahí, no me quedo a mirar atrás. Prefiero mirar hacia delante porque o si no, acaba uno empantanado, inmovilizado y yo con esta inquietud que he tenido en la vida prefiero levantarme y aprovechar el sol, un día lluvioso o esta mañana que estuve en la Calera. Eso es más importante que el pasado.

LL: ¿En qué momento toma la decisión de saltar a la política?

FS: Fue tan rápido. Fue tan loco. Yo venía a otra cosa y entré a una reunión con el entonces candidato Álvaro Uribe y salí como candidato a la vicepresidencia. Jamás he hecho nada por decir mire, es que si hago esto, pasa esto. Yo no soy ajedrecista. Dejo que la vida me lleve. Por eso quizás no me ha ido tan bien en la política, pero no importa porque yo pienso que el poder es para servir, no para mí. Entonces, no es un tema de ambición ni de ego, jamás lo ha sido, es de servirles a los demás. Esa es una herencia que recibí de mi papá y que me dejó el trabajo con País Libre.

LL: ¿Qué lo convenció de Uribe?

FS: Yo no lo conocí mucho. Le cuento una cosa: estuvimos juntos en una comida en Boston y no me acuerdo. Sí me acuerdo cuando era gobernador, fui a Antioquia a ver lo que hacía porque me decían que era muy bueno. Sus secretarios no paraban de hablar de él y después un día en España me puse a investigar sobre los candidatos presidenciales de ese momento. Abrí la página de Noemí Sanín y no me gustó; la de Horacio Serpa, tampoco. Y vi la de Uribe y dije: este es el tipo. Escribí una columna diciendo que ojalá él fuera presidente, luego Peñalosa y después Mockus. Gente que de verdad puede transformar este país y ahí tomé la decisión de apoyarlo, pero desde mi columna, que era mi único enlace con Colombia, estaba en España, me había tocado salir con mis hijos y mi esposa porque me iban a matar.

LL: ¿Cómo hace uno para no vivir con miedo?

FS: Cuando uno se salva de un secuestro de Pablo Escobar el miedo se acaba. Yo viví con la muerte ocho meses. A mí me pasó en el secuestro algo muy lindo, me iba a dormir y se me aparecía una mujer y tenía unas conversaciones que me calmaban. Yo no sé si era la Virgen o mi mamá y de pronto se desapareció y a la semana me dijeron que me iba. Cuando me iba a matar las Farc, que el general Naranjo me dijo porque tenían un infiltrado de la CIA en la guerrilla, se volvió a aparecer la señora. Y pues no sé, yo creo mucho en Dios y cuando uno ha vivido lo que ha vivido, se pierde el miedo.

LL: Ha sido un sobreviviente usted…

FS: Sí. Volvemos al tema del principio. El niño invisible que no se dejaba. Hoy eso está presente. Yo no me dejo, no me doblego, no me dejo vencer. Esas cosas que pasan cuando chiquito se ven ahora. Soy un sobreviviente pero también soy una persona que cree que la vida hay que vivirla cada segundo. Si aquí me da un infarto y me muero, me muero feliz porque dejo una familia divina, un servicio increíble.

LL: ¿Qué siente que le quito la política en su vida?

FS: Me quitó tiempo con mis hijos.

LL: ¿Se lo cobran?

FS: Hoy ya no, pero los dos más chiquitos que tenían de 7 y 6 años cuando yo era vicepresidente, la pasaban muy difícil y yo les decía que cuando llegaran del colegio, entraran a mis reuniones así fueran con quien fuera. El matrimonio sufrió mucho, todo el tema familiar sufre demasiado con la política. Es un desgaste.

LL: ¿Cómo describiría a su esposa?

FS: Es la fuerza de esta familia. Es la roca. Anticipa, no se equivoca, lo aterriza uno, no se obnubila con el poder, sabe manejar los hijos, sin ella no sabría qué hacer. El día que la conocí le dije: me voy a casar con usted.

LL: ¿Dónde la conoció?

FS: Por una cita a ciegas. Juan Gabriel Uribe nos presentó. Y él me dijo: le tengo la china y no me pasaba al teléfono y un día pasó y le dije, salgamos. Ese día la fui a recoger, me bajé del carro y alguien gritó desde la ventana: “uy es chiquitico”. Los dos novios anteriores de ella, los conozco, son altísimos. Ese día la dejé a las 6 de la mañana en la casa, nos fuimos de rumba y ahí le dije me voy a casar con usted. A los quince días le dije casémonos. Convencimos al cura Llano de que nos casara pero después entre mi papá y mi suegro nos convencieron de no hacerlo.

LL: ¿Qué es lo más difícil de mantener un matrimonio tan vigente?

FS: Vea, para mí lo más difícil es el diálogo. Me cuesta mucho trabajo todavía.

LL: Pero si usted es un buen conversador…

FS: Sí pero de libros y esas cosas. Lo demás me cuesta pero ¿sabe de qué se da uno cuenta? De que el matrimonio es pura inteligencia. Saber qué es lo importante, tomar decisiones que no son equivocadas, arrepentirse, arreglar las cosas. El amor dura cinco años, el sexo cuatro (risas). Estoy caricaturizando. Lo que queda es compañía, hijos, visión común, familia, una cosa poderosísima que se construye con los años. Yo hoy les puedo decir que estoy tan enamorado como hace veinte años. Agradezco todos los días por eso.

LL: ¿Cómo es como papá?

FS: Demasiado consentidor, poca disciplina. Me dieron tanto fuete que trato de ser un papá que dialoga. Yo creo que a mis hijos les habré pegado una bofetada una vez y después lloré y todo. Pero muy consentidor, muy hablador, mamador de gallo. A veces soy más amigo que papá y eso es un error. A veces un papá confunde esa relación y eso es malo.

LL: ¿Por qué?

FS: Porque a veces ser papá es dificilísimo. A nadie le enseñan a ser papá y los hijos son hijos, no amigos.

LL: ¿Quién es su consentido?

FS: La niña, porque es la niña. Pero todos. Soy muy consentidor. Los agarro de la mano si estamos en cine. Soy muy consentidor.

LL: ¿Qué fue lo más aburrido de ser vicepresidente?

FS: Ver el alma del ser humano político, que es un poco turbia. A mí no me tocó tener tanta relación con los senadores, pero eso de que en la política todo vale es terrible. Tengo amigos periodistas que me conocen de toda la vida, pero cuando Mancuso dice que yo creé un bloque, una periodista, por hacer oposición, dice que es cierto. Entonces eso es un tema que lo deja a uno asqueado. Ahí no hay agüeros. Y yo soy muy sensible, aunque he cogido cuero.

LL: ¿Qué le hace falta a Bogotá?

FS: Pensar en la ciudad del siglo XXI, la Bogotá con sistemas inteligentes, la Bogotá virtual. Hay que hacer las avenidas Alos, hacer parques. Pero la Bogotá del siglo XXI tiene que ser distinta y la competitividad de una sociedad es lo que le va permitir a la gente ser feliz. Se va a transformar todo tanto que si no pensamos en eso pues nos vamos a quedar atrás. Medellín lo está haciendo mejor.

LL: Su pelea más recordada con Uribe

FS: Mire, yo nunca tuve una pelea con Uribe. Peleas públicas nos inventaban. Hasta ahora nada. Quizás la conversación más difícil fue cuando cambiaron las reglas de juego para la elección del candidato presidencial del Centro Democrático. Eso fue una conversación de dos horas muy dura.

LL: ¿Escribir o hacer radio?

FS: Escribir. Me encanta, pero hay momentos en la radio donde a través de una conversación le llega al alma a un ser humano.

LL: ¿Qué se necesita para perdonar?

FS: No odiar

LL: ¿Un político no uribista que admire?

FS: Yo creo que unos momentos de Mockus. Sus dos gobiernos fueron fantásticos. Yo creo que Peñalosa es un político de trayectoria, pero no está entendiendo que esta ciudad es distinta a la de hace 20 años. Y de afuera una persona maravillosa con la que tuve una conversación larguísima y la mataron apuñaleada, Anna Lindh. Un ángel y me advirtió todo lo que iba a pasar antes de mi llegada a la vicepresidencia, duramos hablando mucho.

LL: ¿Le dolió perder la alcaldía?

FS: No. No porque lo hice con cariño y afecto. Estoy hasta el cuello de deudas, vendiendo de todo. Lo mío no es la ambición por el poder, hice una buena campaña, con buenas propuestas y de eso se trataba.

LL: Un hoobie

FS: Me gusta ver televisión y ver deportes. Me gusta leer. Me gusta mucho la comida criolla, morcilla, bofe, empanadas, y me gusta el golf.

LL: ¿Cómo descansa?

FS: Veo deportes, voy al estadio y pago mi boleta.

LL: Una virtud de su primo Juan Manuel Santos

FS: La ambición. No sé si es una virtud, pero la capacidad de reinventarse para lograr lo que quiere es impresionante.

LL: ¿Qué talento le hubiera gustado tener?

FS: Me hubiera encantado ser músico.

LL: ¿Qué característica no soporta de una persona?

FS: La mentira. Como creo tanto en la gente eso me derrumba.

LL: ¿Lo que más admira?

FS: La coherencia.

LL: ¿El mejor consejo que le han dado?

FS: Uno que me decía mi papá cuando había las grandes crisis: “Tranquilo mijito, no pasa nada.” Uno a veces se toma tan a pecho todo y nada es tan grave como parece.

LL: El peor regaño a sus hijos…

FS: Yo creo que los regaño cuando pelean. Detesto que peleen. Cuando chiquitos se daban en la jeta y eso me sacaba de quicio.

LL: ¿Este año a qué le apunta?

FS: A reinventarme. A ver qué voy a hacer. A ver qué me depara la vida. A estudiar mucho porque estoy tomando unos cursos. El corazón me va a decir a dónde ir.

LL: ¿A qué le pone La Lupa en su vida?

FS: Ahorita, después de 54 años, a mantener los pies en la tierra, a no creer en las vanidades porque ahí es donde uno se equivoca.

La Lupa en frases

Directorio de entrevistas A – Z

Jaqueline Brandwayn

¨El arte me ha dado toda la fascinación, el entendimiento, el poder satisfacer mis inquietudes.¨

Adolfo Zableh

“Sabía que de alguna manera algo me tenía que inventar para ser oído. Por eso escogí escribir”

Alejandra Azcárate

“Me gusta un estado de cordura no permanente. Creo que una alta dosis de irresponsabilidad es deliciosa en la vida.”

Alejandro Cuellar

“En la cocina el criterio solo existe cuando ha habido experiencia.”

Alexandra Santos

“He sido muy terca en querer creer que la vida está llena de magia.”

Alejandro Riaño

“Este trabajo me ha dejado un amor por la vida y un amor por lo que hago que no puedo describir.”

Amalia Andrade

“He sido muy terca en querer creer que la vida está llena de magia.”

Ana Wills

“Actuar es un trabajo muy difícil y un estilo de vida complicado. Pero todo es una experiencia, hay papeles que te cambian la vida.”

Andy Gaitán

¨Siempre me he dejado llevar, hay que ser arriesgado¨

Andrea Novoa

“Tenía una voz interna que me decía que tenía que hacer esto como fuera”

Antonina Canal

“Hay que romper la rigidez y fluir. Soy una aventurera, una gitana”

Beatriz Fernández

“Soy una revolucionaria de las leyes. Mi ley es la ley del amor. Detesto la rigidez”

Beto Gaitán

¨Nunca me ha gustado comer cuento. Siempre me ha gustado indagar, ir más allá.”

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“Con el violín se crea un vínculo muy fuerte. No es solo emocional sino físico y emocional.”

Catalina Escobar

“Yo tengo un motor adentro, yo trabajo en sintonía con mi hijo. Él y yo somos socios en esto.”

Daniella Álvarez

“Los sacrificios y la disciplina me han hecho alcanzar lo que siempre quiero”

Daniella Moscarella

“Siempre he sido diferente. Nunca me ha gustado ser una niña más del montón.”

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“Es duro saber que yo tuve que darle más de la mitad de mi vida a la guerra. Nunca me imaginé que habría más oportunidades para mí.”

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¨Uno se preocupa por qué hacer pero es mejor saber lo que no quieres hacer¨

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“Me desmovilicé buscando una oportunidad de mejorar mi vida, pero entré a una sociedad que señala, estigmatiza, rechaza y aisla.”

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¨El sufrimiento que he vivido, me hizo armarme de valor.¨

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“Para ser actor no es suficiente ser bueno. Hay que ser obsesivo.”

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“Soy una mujer obstinada, trabajo por lo que quiero hasta que lo logro. Con Wikimujeres fue así”

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“Yo presiento siempre lo que va a pasar. Sé cuándo voy a ganar y cuándo no”

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“El día que dejé de esconder quién era, dejé de pelear conmigo mismo”

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¨Seguir los sueños, con todo lo romanticón que suena, siempre va a ser válido, siempre va a ser lo más chévere¨

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“Si a tu sueño le pones un poquito de disciplina y empuje, lo consigues ”

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¨En mi carrera he hecho muchos sacrificios. Y sí, he tenido suerte, pero ha sido una suerte buscada.”

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¨Yo soy terca en buscar la felicidad todos los días de mi vida.”

Vladdo

“Soy inquieto, sarcástico, malpensado. Tengo cara de bravo pero soy una melcocha.”

Francisco Santos | La Lupa Revista Digital
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Francisco Santos
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Francisco Santos, nos cuenta sobre su infancia, su sueño, el ambiente y entorno familiar, que valor le dejo la madre y su papel como periodista.
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