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Felipe Acosta

“Las ideas me han nacido por necesidades y casualidades de la vida. Yo las he sabido leer.”
Paulina Laponte - Revista La Lupa

Cuando Felipe Acosta era niño no se imaginaba que llegaría a dirigir el negocio de su familia. Su sueño había sido ser tenista profesional, y aunque estaba siguiendo los pasos para lograrlo, la vida lo llevó por otro camino. Su visión para emprender, su disciplina, y su perseverancia hicieron que El Tambor se convirtiera en uno de los restaurantes de comida típica más importantes del país. Felipe es el ejemplo de un emprendedor innato que sabe aprovechar las ideas y situaciones de la vida para convertirlas en realidad. La Lupa descubrió cómo lo hace y hasta dónde ha llegado.


LL: Bueno Felipe, tú fuiste tenista casi profesional, o hasta profesional podría decirse, ¿Qué te dejó el tenis para tu vida?


FA:
Yo creo que ahora lo más importante, ya que no estoy jugando tenis de un nivel tan profesional o tan alto, son los buenos amigos, los buenos contactos, una disciplina y salud. Me abrió muchísimas puertas. Me fui a la universidad becado por jugar tenis. Y, pues, sin duda, cuando uno está creciendo en esas edades, quince, dieciséis años, muchos de mis amigos, que también jugaban, se fueron retirando y se fueron por el camino de la fiesta, del trago, y no digo que yo no es que no haya salido, pero sí siempre me mantuve en contacto con el deporte, con un objetivo claro que era jugar profesional y buscarme una buena beca para poder estudiar en Estados Unidos ya que las universidades gringas apoyan mucho el deporte.

LL: ¿Pero tú en ese momento lo que soñabas era que tu vida fuera el tenis?

FA: Sí. Yo creo que sí. A medida que uno va creciendo, y va viendo todos esos partidos por televisión, ve a Federer por ejemplo, siempre tienes una referencia y dices “yo quiero ser como él”. Pero es bien difícil (risas), sin duda, es muy duro porque es un mundo muy competitivo. Sin embargo, yo considero que me fue bien, alcancé a jugar unos torneos profesionales en la Florida. A esos torneos van muchas universidades a reclutar nuevos talentos, hasta que llegó un momento en el que tuve que tomar una decisión donde, o seguía jugando torneos profesionales o me iba a la universidad a estudiar. Entonces por eso tuve que tomar la decisión, me habían ofrecido una muy buena beca en una de las mejores universidades de Estados Unidos y la tomé.

LL: Te fuiste becado y allá decidiste estudiar administración de empresas. Es decir, eran dos vidas de una exigencia muy grande que requerían de un montón de disciplina. ¿De dónde heredaste esa disciplina, esa dedicación?

FA: Bueno, yo empecé a jugar tenis por mi papá. Yo creo que eso es normal, que los hijos traten de copiar lo que hacen sus papás. Me acuerdo que siempre me llevaba al club y que eso a él le generaba cierto grado de felicidad, sólo por el hecho de acompañarlo al club, y para mí eso era totalmente satisfactorio. Cuando crecí ya de dieciséis, diecisiete años, que uno ya está con las ganas de salir, de irse de fiesta, yo salía un viernes o un sábado sabiendo que al otro día entrenaba, me levantaba en parte por la responsabilidad y en parte por acompañar a mi papá y no quedarle mal. No me preguntes por qué pasan esas cosas, o por qué me motivaba eso, porque en ningún momento mi papá me obligó hacerlo. Es más, él mismo me decía, si no quiere ir, no vaya, pero yo veía que eso a él le producía tanta felicidad, que para mí era una motivación suficiente para levantarme e ir. Eso de cierto modo fue creándome una disciplina.

LL: Tu papá es también empresario y me imagino que te ha dado grandes enseñanzas de vida, ¿Cómo ha sido la relación de ustedes a lo largo del tiempo?


FA:
La verdad es que la relación con mi papá y con mi mamá, porque no puedo dejar a mi mamá a un lado (risas), ha sido increíble. Sin duda mi papá es el que ha estado ahí siempre, el que me ha apoyado en todas mis decisiones. Desde el punto de vista personal, ha sido siempre una excelente relación, siempre me apoyado. Desde muy pequeño he sido bastante independiente, yo creo que eso me lo dio el tenis en el sentido de que había torneos nacionales, torneos internacionales, me tocaba viajar y muchas veces fui solo. Algunas veces sí me acompañaban, pero cuando era un poco más grande me iba a viajes a jugar con amigos, con un entrenador, pero mi papá siempre estuvo ahí. Y en el caso de mi mamá, mi mamá es una excelente administradora. Realmente, lo que yo he aprendido de restaurantes, se lo debo a ella. Es excelente en lo que hace. Me encanta estar con ella, me encanta ver cómo es con los empleados, cómo les habla, cómo los maneja, creo que eso me ha servido mucho, el poder estar cerca de ella y ver ese trato humano que le da a las personas. Sin embargo, por el lado profesional, a veces chocamos. Es normal tener dos puntos de vista, mi papá es una persona de 72 años entonces tenemos dos formas de ver las cosas totalmente diferentes, desde el punto digital de Instagram (risas) a veces llegar hacerle propuestas, y no solo digitales sino cosas en las que él puede pensar diferente, chocamos. A pesar de eso, creo que hemos hecho un muy buen equipo. Yo me fui a montar una sede de El Tambor en Multiparque, que hoy en día es la sede de El Tambor que más representa en nuestras ventas, entonces para mí y para todos en general fue algo de credibilidad.

LL: ¿En qué momento dirías que decides dedicarte a hacer esto? Dejar un poco al lado la vida del tenis para empezar a trabajar en los restaurantes y a lo que estás haciendo.

FA: Bueno, eso fue después de estudiar, ya cuando llegue aquí a Colombia me involucré mucho en los restaurantes. Siempre he tenido esa mentalidad de hacer cosas, en el colegio todo el mundo tiene su negocio de brownies y de sánduches. Yo era diferente. Donde es hoy en día La Calera, antes de ser El Tambor ahí teníamos un campo de paintball, las piedras que ustedes ven se han vuelto un ícono del restaurante porque son las mesas, antes estaban paradas, eran las trincheras donde la gente se escondía y disparaba. Fue excelente negocio en los primeros años, uno de los primeros campos de paintball. Ya después empezaron a abrir en todo lado y fue cuando salió la idea del restaurante. Yo le dije a mi papá “déjame quedarme con dos pistolas y dame un espacio”. Lo que hice fue comprar, ahí tenía no se diez, once años, una maya de esas de construcción negras, paré dos postes, compré un alambre y una botella de coca- cola y balas. Las balas las compraba en 30 pesos y se las vendía a la clientela en 300 pesos. Uno a los diez, once años, pues que se pueda ganar 80, 100 mil pesos un domingo, feliz claro. También, antes de irme a la universidad tuve una idea de hacer un servicio de catering.

La historia te la cuento rápido, los domingos cuando terminaba el trabajo en El Tambor me bajaba a la casa de un amigo, a una fiesta o un plan, y siempre me decía “oiga, bájese unas arepitas, bájese una carne y la hacemos en mi casa.” Ahí se creó la idea de prestar un servicio de asados a domicilio de llevarle la comida y ponérsela en la casa. Con las utilidades del paintball compre una carpa y una parrilla, mi papá me prestaba una Hilux, montaba todo y me iba manejando a los eventos. Es un servicio que hoy en día todavía tenemos, yo hago entre tres y cuatro eventos cada fin de semana. Les facilitamos las cosas a las personas que quieren hacer un asado. Creo que sale más barato hacerlo con nosotros que irse a comprar las cosas por aparte y es la misma calidad y comida del El Tambor. Es con ese mismo servicio que vamos a Alimentarte, a conciertos, y hacemos muchos eventos.

LL: ¿Pero en algún momento te imaginaste El Tambor así de grande?

FA: Hoy no es nada a como me lo imagino, vamos quedados en el proceso.

LL: ¿Dónde te sueñas El Tambor?


FA:
Si lo tuviese que ver como una visión empresarial, me gustaría ser el restaurante número uno de comida típica de este país. ¿Qué veo? La gente que llega a La Calera con amigos que vienen de otras ciudades a mostrarles algo de nuestra comida típica, la encuentran en El Tambor y eso mismo se pueda adaptar a diferentes las ciudades de Colombia. Entonces sí, podemos poner puntos en estas ciudades sin cambiar el concepto pero sí algunos productos típicos de la gastronomía de esas otras regiones, en Cali el chicharrón, en la costa las carimañolas. Volvernos un referente de la comida típica de este país, que venga un extranjero a Bogotá de Cali, Medellín, y diga “esto es algo típico de Cali” sin perder lo que es hoy en día el restaurante. En Colombia tenemos platos típicos, el ajiaco, la bandeja paisa, pero no tenemos un sitio que lo reúna todo. Y ya como crecimiento netamente de restaurante he decidido seguir abriendo sedes, creo que la sabana de Bogotá da para unas dos o tres sedes más, por el occidente sobre la 80, que es la otra salida importante de los bogotanos el fin de semana, por Sopó también montamos una sede y en los diferentes sitios turísticos por Guasca y Tenjo.

LL: ¿Qué ha sido lo más difícil que has tenido que superar o la crisis más grande que has tenido que vivir?

FA: Yo creo que lo más importante a final de cuentas es la salud, más que cualquier otra cosa es estar bien es tener salud y en mi familia afortunadamente todos están bien. Crisis en los negocios, no sé, sin duda hay problemas.

LL: ¿Un momento en el que esto se te haya salido de las manos?

FA: Sí, es muy puntual, un evento con Bavaria de tres mil personas. Era el primer evento grande que hacía con el servicio de catering. Llevé a todo mi equipo, en ese entonces ya tenía 10 carpas, un montón de parrillas, un montaje espectacular, pero hubo un problema con el gas de muchas parrillas que no tuvieron la presión suficiente y a la hora de servir la comida no funcionaban. Entonces salió la gente por su comida y no había nada. Yo solo veía un mar de personas, y la gente con hambre es difícil, una persona con hambre es de cuidado (risas). Me veían a mí mandando la cosa. Traje unos cilindros que tenía en el camión para empezar a conectar las pocas parrillas que estaban funcionando, sabía que estaba en mí darle solución a eso. Salió terrible el evento y desde ahí no hemos hecho muchos eventos con Bavaria (risas). Aprendí mucho, de ahí en adelante me empecé a preparar mejor, a probar los equipos y a hacer el montaje desde el día anterior cuando es un evento grande.

Otro día un cliente me mandó un manotazo. Yo estaba en Multiparque, era un diciembre, época de eventos, estaba atendiendo uno evento tipo buffet, pero no estaba el servicio exclusivo para esa empresa. Entonces llegaron otros clientes, llegó este señor lo atendí, le tomé el pedido y le pedí un poquito de paciencia porque estábamos terminando de sacar el otro evento. Le entregué una cosita de esas que vibra y se sentó. A los 10-15 minutos llegó el señor, que quiubo, que qué había pasado, quedaban 10 personas en la fila para salir del evento, le dije señor faltan 10 clientes. En esa posición yo trato de ser lo más diplomático posible, y creo que lo único que hice que le pudo haber molestado fue haberle pedido un poquito de paciencia, solamente. Me volteé y el tipo me mando un manotazo y me alcanzó a rasguñar un poquito. Yo tenía a mi parrillero ahí listo con el cuchillo (risas) a ver qué hacía, el señor era enorme, ni pensé en mandarle la mano, me calmé y le dije “con o sin la policía pero usted se va de mi restaurante, devuélvanle la plata a este señor y chao”, me costó controlarme.

LL: ¿Qué dirías tú que se necesita para llegar al éxito?


FA:
Bueno, yo creo que hay que perseverar, es normal que los negocios al principio tengan sus obstáculos. Pero yo creo que si uno sabe qué está haciendo y es muy objetivo, si sabe que tiene un buen producto y está haciendo las cosas bien no hay que desfallecer, obviamente detrás viene un planeamiento financiero importante, yo creo que pasa mucho que muchos negocios se empiezan a rodar sin tener un capital de apoyo detrás, pretendiendo que el negocio salga adelante desde el día uno, y no. Hay que contar con cierto capital de respaldo que provea un arriendo y la nómina mientras que el negocio despega, pero yo creo que eso me ayudó mucho, la perseverancia.

LL: ¿Cómo te ha ido como papá?

FA: No pues feliz, es lo más lindo del mundo. Yo creo que hay que estar listo. Yo ya lo veía venir, no sé si es el timing de la vida. Sí tenía ganas tal vez de jugar tenis con él, ojalá juegue, pero si no quiere jugar que no juegue (risas), que juegue golf o algo. Para mí la familia ha sido muy importante y creo que al final de cuentas los hijos son un propósito de la vida, una motivación adicional del por qué estoy haciendo lo que hago, no solamente personal o netamente para mí sino para alguien.

LL: ¿En qué le cambia a uno la vida cuando se vuelve papá?

FA: A mí me ha ayudado mucho, ¿sabes? no solo por la motivación, sino por la disciplina porque me toca levantarme a las 5 de la mañana al tetero, me gusta estar ahí, me gusta estar con él, entonces me obliga a empezar el día desde temprano, le doy el tetero y se queda dormido pero yo ya no me vuelvo a dormir, quedo despierto desde las 6 de la mañana. Lo más lindo es llegar a la casa, ahorita estoy feliz porque ya aprendió algo, hace bombas es lo primero que aprendió. No sé si es algo innato en los bebés, pero yo creo que yo se lo enseñé. Ahí va aprendiendo cositas.

LL: ¿Qué te da miedo en este momento, a qué le temes ahorita?

FA: Ahorita el 80 por ciento de mi pensamiento lo ocupan mi esposa y Feliciano. Ahorita las cosas van muy bien, pero creo que algo que aprendí de mi papá es esa humildad, tratar de ser feliz con lo mínimo. La parte profesional es necesaria, fija una motivación y unas metas y es parte fundamental de la vida, pero ahorita lo que más me preocupa es que ellos estén bien, de pronto uno a veces está más preocupado de lo que debería, no quiero ser un papá sobre protector, mis papás no lo fueron conmigo y es importante desde chiquitos darles esa independencia a los hijos. La primera casa en la que viví fue una finca en Sopó, mi papá es ingeniero agrónomo, ahí tenía sus cultivos, sus vacas y yo crecí en la tierra hasta los 4 o 5 años, ya después, por el colegio, nos mudamos a Bogotá pero siempre crecí con animales, con la tierra, la lluvia. No quiero ser un papá preocupado, pero es difícil.

LL: Tres palabras que te describan

FA: Perseverante, disciplinado y visionario. Me gusta pensar que puedo hacer cosas que dejen algo, crear cosas.

LL: ¿De dónde surgió la idea de Romeo y Paleta?

FA: Romeo y Paleta sale de El Tambor, de aprovechar esas grandes cantidades de clientes que tenemos, de ocho a diez mil personas que nos visitan cada fin de semana. Es increíble cómo se siembran las ideas en la cabeza. A veces llegaban unos amigos los domingos a El Tambor, almorzábamos y después pedíamos unas paletas de San Jerónimo. Me casé con un sabor de maracuyá, y siempre lo pedía. Un domingo voy por mi paleta y me dicen “no hay”, bueno no importa. Volví otro domingo, y de nuevo, “no hay”, entonces llamé directamente a San Jerónimo y les pregunté: qué pasó, por qué no trajeron paleta de maracuyá. Me respondieron que tuvieron un problema con ese sabor, me pidieron disculpas y me dijeron que para el próximo fin de semana contara con ese sabor. Volví y otra vez, no había paleta de maracuyá y dije voy hacer mi propia paleta de maracuyá y la voy hacer mejor. Entonces me puse a pensar qué tal si yo hago paletas y las vendo, ya tengo el público. Eso fue hace tres años. De ahí viaje a Italia a aprender de heladería y con los ahorros del catering hice la inversión en la planta de producción, tengo una maquinaria importante. Ahora que me preguntaste por un consejo, y esto me ha ayudado mucho, es que uno no puede crecer solo, uno no puede pretender hacer las cosas solo. Tenía que buscar a alguien y encontré a Paula Solero, ella es una repostera, es excelente en lo que hace. Nos conocimos haciendo eventos de Alimentarte y la llamé. Hoy en día tenemos veinte puntos a nivel nacional, abrimos en Cali, en Medellín, en Cartagena, va muy bien. Increíble cómo nacen las ideas, de una necesidad o una casualidad de la vida, no sé, nace cuando se sabe leer y analizar la situación.

LL: ¿Tienes alguna frase de cabecera que te repitas permanentemente?

FA: ¡Vamos! Tal vez por tenis, tuve un coach que me decía: en un entrenamiento es normal que le pegue mal a una bola, si quiere entrenar conmigo no puedo oír ni una sola cosa negativa, diga cualquier cosa pero que sea algo positivo. De cierta forma lo he aplicado en mi vida, estoy en un problema con los restaurantes y digo ¡Vamos!

LL: ¿Cómo han surgido los nombres de tus negocios?

FA: El Tambor porque ese era el nombre de nuestra finca cuando yo era chiquito. Y el de Romeo y Paleta fui yo, quería jugar con el nombre, quería que hubiera una buena recordación de marca, quería algo italiano y estaba cansado de los típicos nombres. Un día estaba en Direct TV bajando canales y de verdad vi Romeo y Paleta, tenía tan metido lo del nombre que no leí Romeo y Julieta, te juro que vi Romeo y Paleta, te lo juro por Dios. Me gustó, hice un pequeño estudio con mis amigos y chévere, creo que fue una muy buena elección, el nombre ha sido clave.

LL: Bueno ya para terminar ¿A qué le pones tu La Lupa en tu vida?


FA:
Ahorita me gustaría mucho buscar nuevas experiencias, quiero seguir creciendo profesionalmente, pero quiero también dedicarle tiempo a mi familia, a mi hijo. Ahorita es difícil viajar por lo que todavía esta chiquito pero apenas podamos quiero empezar a disfrutar un poquito, a buscar nuevos negocios, ir a nuevos destinos, conocer y viajar. Siempre he sido una persona muy curiosa, leo, sigo un montón de páginas de destinos, destinos arquitectónica y naturalmente lindos. Siempre que veo algo lindo y digo wow le hago screenshot y averiguo dónde es.

 

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Felipe Acosta, nos cuenta sobre pasión por el tenis, las enseñanzas de sus padres, sus estudios como becado y la crisis más grande que ha tenido que vivir.
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