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Enrique Peñalosa

“Yo tenía que ser político para poder hacer lo que soñaba”
Enrique Peñalosa | La Lupa Revista Digital

Peñalosa se asoma todos los días a ver la Plaza de Bolívar y todavía no se la cree. En su oficina en el Palacio de Liévano tiene una colchoneta para dormir cuando su agenda se lo permite. Los domingos se toma tres jugos de naranja en Patios, y desde su bicicleta se conoce calle a calle Bogotá. Se ve serio, pero la Lupa se dio cuenta de que detrás de este gerente hay un hombre que se ríe mucho.


Peñalosa se asoma todos los días a ver la Plaza de Bolívar y todavía no se la cree. En su oficina en el Palacio de Liévano tiene una colchoneta para dormir cuando su agenda se lo permite. Los domingos se toma tres jugos de naranja en Patios, y desde su bicicleta se conoce calle a calle Bogotá. Se ve serio, pero la Lupa se dio cuenta de que detrás de este gerente hay un hombre que se ríe mucho.

LL: Vamos a devolvernos a su infancia. ¿Qué quería ser cuando niño?

EP: Cuando estaba en la preparación de la primera comunión, como a los siete años, yo quería ser santo (risas). Leía muchas cosas de santos. Después, en un momento dado me volé los dedos de las manos y quería ser cirujano plástico. Tenía una colección de insectos, me gustaba escribir, escribía cuentos que leía el profesor en clase, y después escribí telenovelas. Siempre me gustaron las montañas, las selvas. Me la pasaba cogiendo mariposas, tenía lagartijas con formol. Entonces me gustaba eso de ser biólogo o algo por el estilo. Mi mamá tuvo un vivero toda la vida entonces crecí en medio de las flores y los árboles nativos. Sabía mucho de plantas y flores… ese tema también me gustaba mucho.

LL: ¿Cómo recuerda su juventud?

EP: Yo nací en Washington porque mi papá fue un joven profesional del Banco Mundial, pero solo estuve dos meses porque mi familia se regresó a Colombia. Después volví a los 15 y regresé a los 25. Yo nunca había salido de Colombia, que en ese entonces era un país muy pobre. Mi familia era de clase media o alta, o algo así, mi papá fue ministro, pero digamos que nunca fuimos socios de un club, ni teníamos finca. Conocí el mar cuando tenía 12. El paseo el domingo era con mi abuelo, íbamos a comprar carne y papas en el camino, y nos metíamos en los potreros a hacer paseo de olla.

LL: ¿Cómo fue vivir en Estados Unidos?

EP: A los 15 años mi familia se fue a vivir a Estados Unidos, estuve en un colegio público, gigante, los tres últimos años de bachillerato… jugué fútbol, baloncesto, era un colegio enorme, como de 3500 personas. Cuando llegué no tenía idea de hablar inglés, además yo soy pésimo para hablarlo, tiene más ritmo un eucalipto sabanero. Tengo mal acento, pero buen vocabulario. Para mí el inglés y el español son iguales, los domino igual, pero hablo inglés con acento totalmente colombiano.

LL: ¿Era buen estudiante?

EP: No. Yo me tiré un año por perder álgebra y geometría. Estaba en el Campestre, mi papá se había graduado de ahí. Mis papás me pasaron a otro colegio, no era buen estudiante en ese entonces, en los últimos años sí y en la universidad también. Estuve en una de las mejores universidades en Estados Unidos pero no entré por inteligente, sino porque jugaba fútbol. Después me volví más o menos bueno, sin ser la estrella.


LL: ¿Cuándo se interesa por el urbanismo?

EP: Esa es una historia larguísima. Por mi familia, mi padre siempre estuvo dedicado al sector público. Mi papá era empresario cuando no podía ser servidor público. Le apasionaba el país y como fue gerente de la reforma agraria la pelea fue durísima, en esa época se expropiaban las fincas para darles tierras a campesinos, y muchos de mis amigos eran dueños de esas fincas expropiadas. Me tocó tomar conciencia rápidamente. Era un país distinto, sesenta por ciento era rural y no ochenta por ciento urbano, como ahora. Y los ricos no eran ni empresarios ni banqueros, sino latifundistas. Era una pelea política dura.

Pero en resumen, a mí me obsesionó desde muy niño el tema de la igualdad. Y como todas las personas jóvenes de la época, yo era un convencido del socialismo. Recuerdo las primeras fiestas a las que fui, no solo bailaba mal sino que hablaba de socialismo. Las niñas no me aguantaban ni diez minutos.

LL: ¿Por qué dejó de creer en el socialismo?

EP: Pero en el camino me di cuenta de que el socialismo era un fracaso porque no producía ni igualdad ni desarrollo económico. Y como estudié economía e historia, vi también que el desarrollo económico iba a llegar tarde o temprano. Mi padre fue un apasionado del tema urbano, fue concejal, y después fue subsecretario general de la ONU, encargado del tema urbano, y secretario general de la primera conferencia mundial del hábitat. En esa época yo estaba en la universidad. Y empecé a darme cuenta de que el tema urbano era más interesante que el desarrollo económico. Y que las ciudades que se estaban haciendo, si las hacíamos bien, iban a resolver la calidad de vida de miles de personas por muchísimos años. Comencé a pensar que el tema urbano era más importante para la felicidad y para la igualdad de la gente.

LL: ¿Cuándo empezó a trabajar?

EP: Como a los 15 o 16 años. Limpié pisos, baños, saqué canecas en un Mc Donald’s, fui mesero, obrero raso por dos años. En Europa trabajé en Francia y éramos vaciados, vivía con un amigo, compartíamos el baño, pero yo era feliz. Nunca me sentí pobre. Y entendí el poder que puede tener una ciudad para hacer feliz a la gente. No tenía plata ni para comprarme un ponqué, pero tenía a París. Sus parques, su transporte público, las aceras, las universidades. Entonces todo eso llevó a que me obsesionara con ese tema en función de la igualdad y la felicidad. La ciudad tiene un poder infinito para lograr que nadie se sienta excluido e inferior.

LL: ¿Y ahí ya montaba en bicicleta?

EP: Curiosamente no. De hecho, nosotros fuimos los primeros en construir ciclorutas en Latinoamérica. A mí me tocó inventarme esa palabra porque no existía. Bogotá es la ciudad que tiene el mayor porcentaje de gente movilizándose en bicicleta, pero curiosamente en París no había eso. Cuando estuve de director de planeación de Cundinamarca como en el 81, propuse hacer una red de ciclorutas por toda la sabana. Como en el 83 publiqué un artículo para un congreso donde decía que debía haber ciclorutas por toda la ciudad. En ese entonces decir eso era rarísimo. Yo era el bobo de las bicicletas. Era como si a alguien le diera por decir que anduviéramos en globo. El plan con mi esposa, recién casados, era levantarnos a las cuatro de la mañana a contar bicicletas en una cicloruta que quedaba entre Funza y Mosquera, y ver qué tanto servía, cuánta gente pasaba, la distancia que recorrían.

Y en el 84 publiqué un artículo en El Espectador de cómo debía ser el sistema público de transporte, con temas como que debía funcionar en carril exclusivo y que el ingreso del conductor no podía depender del número de pasajeros que llevara. Llegué a la Alcaldía después en el 98, el tema de hacer una mejor ciudad era una pasión. Yo tenía que ser político para hacer lo que soñaba por la ciudad. Y milagrosamente logré llegar.


LL: Y su esposa no quería que se lanzara. ¿Cómo hizo para convencerla?

EP: Para mis hijos y mi esposa tantas derrotas eran algo loco. Le agradezco a la gente que ha sido súper peñalosista y me ve el alma. Yo me encontraba con gente que me decía láncese, voy a votar por usted así siga perdiendo. Ese grupo es el que le da a uno la fuerza. Después de perder tantas veces, yo quedé muy triste porque no podía influir de ninguna manera. Ahí dije bueno: primero, si uno va a jugar un partido de fútbol contra la selección Colombia pues tiene una posibilidad en cinco millones de ganar. Pero si no juega, tiene cero. Entonces si yo me lanzo, que eso en la política es literalmente tirarse de un trampolín y puede que a mitad de camino se dé cuenta del barrigazo tan espantoso que se va a dar, pero ya no hay vuelta atrás. Hay que decir que David Luna y Carlos Fernando Galán me ayudaron mucho. Obviamente mis hijos estaban muy en contra, mi esposa nunca me dijo que no, ni ha sido obsesiva con el tema, pero igual ha sido leal y firme. Sin ella no llego acá.

LL: ¿Cómo es como papá?

EP: Demasiado alcahueta. Mis hijos ya son grandes, tienen 29 y 19 años. Pero en general es un ambiente muy liberal. Mi esposa decía que si en mi casa tocara poner un letrero diría: “En esta casa hagan lo que les dé la gana”(risas).

LL: ¿Cómo son sus fines de semana?

EP: A veces yo subo a la montaña con mi hija, pero no mucho. Vamos a almorzar juntos, a cine con mi esposa, yo monto bicicleta, voy a patios. Entre semana es difícil pero, digamos hoy me vine a la Alcaldía en bicicleta.

LL: Una buena anécdota montando en bicicleta…

EP: Montar en bicicleta es una delicia. Las viejas eran un desastre, pesadas nunca les entraban los cambios, ahora son otra cosa y con el iPod, mucho mejor, uno oye música, es una delicia. Cuando voy a patios, voy a donde Rocío a comer arepa caleruna y jugo. Si es domingo y hay tiempo, huevos pericos y cuando uno llega bien muerto, tres o cuatro jugos.

LL: ¿Monta solo o en grupo?

EP: Solo. Entre semana sube gente que es muy buena. El domingo uno encuentra gente menos campeona, pero es una cosa muy agradable. Yo troté muchos años, comencé a montar en cicla porque la espalda se me dañó. Cuando trotaba y amanecía lloviendo decía que delicia, hoy no troto. Con la bicicleta me pasa al revés.

LL: ¿Un mal hábito que le gustaría cambiar?

EP: (risas) Tengo muchos. Me encantaría dormir más, duermo mal. Quedo profundo pero a las tres de la mañana me despierto. A veces pongo una colchoneta acá para dormir, hoy me quedé profundo media hora.

LL: ¿A qué defecto le huye?

EP: Al aplazamiento, hay que tener disciplina, hacer esfuerzos. Hay que hacer lo más aburrido primero, la llamada aburrida, salir de lo más difícil pronto. Yo creería que la única manera de lograr cosas es haciendo esfuerzo.

LL: ¿Qué hace a un buen gerente?

EP: Primero, entender que solo se logran cosas con esfuerzo, segundo, que hay un montón de gente más inteligente que uno, entonces hay que aprovechar las oportunidades. Lo bueno de ser gerente es poder apreciar las capacidades de los otros.

LL: ¿A qué le tiene miedo?

EP: A que a mis hijos les pase algo grave.

LL: Una ciudad ideal

EP: Yo creo que todas las ciudades están mal hechas. Vivimos en un ambiente donde nuestros niños viven permanente amenazados de muerte.


LL: ¿Pero alguna que le guste especialmente?

EP: Bogotá es la que más amo, me gusta Ciudad de México. Pero como trabajo por el mundo es difícil. Si yo le contara lo que hago a un estudiante de universidad, se muere. Yo voy a todo el mundo, a los sitios más exóticos, no termino de agradecerle a Dios mi trabajo. A veces no es tan genial, pero es algo milagroso. Con las ciudades pasa como con las mujeres, a uno no necesariamente le gusta la más perfecta. A mí me encanta Nueva York que tiene muchos problemas. Tengo un hermano que vive en Toronto y le digo yo prefiero morir apuñalado en Bogotá que de aburrición en Toronto.

LL: ¿Lo más difícil de su trabajo?

EP: El cansancio. Esto es una democracia, aquí nadie es rey. Uno tiene que lograr promover un proyecto, pero dando concesiones, entonces, promover un sueño enfrentado a personas que tienen visiones distintas es difícil. Como decía Churchill, la democracia es el peor de todos los sistemas exceptuando a todos los demás.

LL: ¿Cuántos mapas de Bogotá tiene en su casa?

EP: (risas) No tantos. Los tengo en mi computador, mapas y fotos de ciudades, muchísimos. Tengo hasta carpetas de edificios interesantes. Creo que tengo una de las mejores bibliotecas urbanas que existen.

LL: ¿Un dato curioso que probablemente ningún bogotano sepa de usted?

EP: Muchas cosas (risas). En mis primeros años mi familia no tenía casa, entonces vivíamos donde mis abuelos en Chapinero. Me la pasaba en la plaza con mi abuela, una mujer maravillosa. Mi abuela fue clave para mí.

LL: ¿Hobbies que tenga?

EP: ¿Hobbies? Me encanta escribir. De las cosas que más me hizo pensar en no lanzarme es que tengo un libro prácticamente terminado, me faltan tres meses de trabajo. Si no hubiera sido político, me hubiera encantado escribir.

Estuve inscrito en una escuela de cine. Cuando llegué a Francia me clavé durísimo para que me aceptaran en una escuela de cine y en una escuela de administración pública, además trabajaba en un hotel. Creía que podía con las tres, pero me tocó salirme de la escuela de cine. Después escribí telenovelas y hasta hice periodismo. Yo no habría podido ser ingeniero ni médico. Pero sí creo que
habría podido escribir para cine o televisión (risas).

LL: ¿A qué le pone La Lupa en su vida?

EP: Yo le pongo la lupa a cada día. Tengo claro que cada día es un milagro, cada noche, el aire, el viento, aprender a disfrutar cada hora, cada minuto, cada flor, cada árbol. Cada vez que me asomo por la Plaza de Bolívar no me la creo. Tenemos muchos sueños y un equipo de gente espectacular. Yo creo que si logramos hacer la mitad de lo que queremos hacer, podremos lograr que la ciudad cambie de carácter.

La Lupa en frases

Directorio de entrevistas A – Z

Jaqueline Brandwayn

¨El arte me ha dado toda la fascinación, el entendimiento, el poder satisfacer mis inquietudes.¨

Adolfo Zableh

“Sabía que de alguna manera algo me tenía que inventar para ser oído. Por eso escogí escribir”

Alejandra Azcárate

“Me gusta un estado de cordura no permanente. Creo que una alta dosis de irresponsabilidad es deliciosa en la vida.”

Alejandro Cuellar

“En la cocina el criterio solo existe cuando ha habido experiencia.”

Alexandra Santos

“He sido muy terca en querer creer que la vida está llena de magia.”

Alejandro Riaño

“Este trabajo me ha dejado un amor por la vida y un amor por lo que hago que no puedo describir.”

Amalia Andrade

“He sido muy terca en querer creer que la vida está llena de magia.”

Ana Wills

“Actuar es un trabajo muy difícil y un estilo de vida complicado. Pero todo es una experiencia, hay papeles que te cambian la vida.”

Andy Gaitán

¨Siempre me he dejado llevar, hay que ser arriesgado¨

Andrea Novoa

“Tenía una voz interna que me decía que tenía que hacer esto como fuera”

Antonina Canal

“Hay que romper la rigidez y fluir. Soy una aventurera, una gitana”

Beatriz Fernández

“Soy una revolucionaria de las leyes. Mi ley es la ley del amor. Detesto la rigidez”

Beto Gaitán

¨Nunca me ha gustado comer cuento. Siempre me ha gustado indagar, ir más allá.”

Carlos Villa

“Con el violín se crea un vínculo muy fuerte. No es solo emocional sino físico y emocional.”

Catalina Escobar

“Yo tengo un motor adentro, yo trabajo en sintonía con mi hijo. Él y yo somos socios en esto.”

Daniella Álvarez

“Los sacrificios y la disciplina me han hecho alcanzar lo que siempre quiero”

Daniella Moscarella

“Siempre he sido diferente. Nunca me ha gustado ser una niña más del montón.”

Diana Alvarado

“Es duro saber que yo tuve que darle más de la mitad de mi vida a la guerra. Nunca me imaginé que habría más oportunidades para mí.”

Diego Sáenz

¨Uno se preocupa por qué hacer pero es mejor saber lo que no quieres hacer¨

Duván Barato

“Me desmovilicé buscando una oportunidad de mejorar mi vida, pero entré a una sociedad que señala, estigmatiza, rechaza y aisla.”

Elkin Serna

¨El sufrimiento que he vivido, me hizo armarme de valor.¨

Emmanuel Esparza

“Para ser actor no es suficiente ser bueno. Hay que ser obsesivo.”

Felipe Acosta

“Las ideas me han nacido por necesidades y casualidades de la vida. Yo las he sabido leer.¨

Francisco Santos

“Cuando uno se salva de un secuestro de Pablo Escobar el miedo se acaba. Yo viví con la muerte ocho meses”

Geraldine Pomato

“Soy una mujer obstinada, trabajo por lo que quiero hasta que lo logro. Con Wikimujeres fue así”

Gustavo Yacamán

“Pongo mi mente en blanco antes de poner el pie en el acelerador”

Jaime Lombana

“Yo presiento siempre lo que va a pasar. Sé cuándo voy a ganar y cuándo no”

Jorge Duque

“El día que dejé de esconder quién era, dejé de pelear conmigo mismo”

Juan Felipe Samper

¨Seguir los sueños, con todo lo romanticón que suena, siempre va a ser válido, siempre va a ser lo más chévere¨

Juan Pablo Socarrás

“Si la vida me había dado tantas oportunidades era por algo. Me dediqué a luchar por este sueño”

Laura Tobón

“Me lo propuse, lo soñé y lo luché y todo ha llegado en medidas que nunca imaginé”

Mabel Moreno

“Tengo un alma muy libre, pero también una cabeza que me pone todos los límites. Soy mi mayor juez.”

Marcelo Rozo

“No hay nada en la vida como levantar un trofeo. Es como tener el mundo en las manos”

María Del Rosario Guerra

“Mi disciplina, mi formación cristiana y mi preparación académica son lo que me ha permitido lograr todo en la vida.”

Marianela González

“Pareciera que soy conservadora pero no. Todo lo que sea distinto a la costumbre me atrae mucho. Soy muy curiosa”

Marta Lucía Ramirez

“Soy una persona estricta, coherente, con mucho compromiso por Colombia, a veces demasiado cuadriculada.”

Natalia Espitia

“Entendí que la mejor manera de transformar y sanar mi vida era ayudando a las niñas a vencer el miedo”

Natalia Ponce de León

“Escogí el camino de levantarme y hacerme grande. Esto fue un renacer, reinventarme desde cero.”

Oscar Iván Zuluaga

“A mi no me obsesiona el poder. Me obsesiona poder trabajar por los demás.”

Paloma Valencia

“Siempre he querido cambiar el mundo. Me hace falta ver que sí se puede”

Paula López

“Aprendí a abrazar mi realidad y entendí que el perdón y la felicidad son una decisión.”

Paulina Laponte

“Entendí que hay que aprender a fluir con la vida. En el camino encontré muchos talentos y pasiones que no conocía.”

Pilar Schmitt

“Trabajo en una cosa completamente diferente a lo que yo soy”

Regis Ortiz

“El proceso de reinserción no fue fácil. Pero cuando veo a mi mamá y a mi hijo sé que todo ha valido la pena.”

Santiago Prieto

“El camino es infinito. Lo más difícil es persistir, perseverar y resistir”

Tata Gnecco

“Si a tu sueño le pones un poquito de disciplina y empuje, lo consigues ”

Tito Puccetti

¨En mi carrera he hecho muchos sacrificios. Y sí, he tenido suerte, pero ha sido una suerte buscada.”

Yaneth Waldman

¨Yo soy terca en buscar la felicidad todos los días de mi vida.”

Vladdo

“Soy inquieto, sarcástico, malpensado. Tengo cara de bravo pero soy una melcocha.”

Enrique Peñalosa | La Lupa Revista Digital
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Enrique Peñalosa
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Enrique Peñalosa, nos cuenta sobre su infancia, su vida en los Estados Unidos, su interes por el urbanismo, la política y su vida de casado.
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