Emmanuel Esparza

“Para ser actor no es suficiente ser bueno. Hay que ser obsesivo.”
Emmanuel Esparza | La Lupa Revista Digital

Emmanuel dejó la comodidad de su vida en Valencia para ir a perseguir su sueño. La actuación lo ha hecho vibrar desde siempre y se ha empeñado, día tras día, de manera casi obsesiva, por llegar a la perfección en la interpretación. Actuar le ha permitido explorar, conocer, entender, crecer y llegar a lo más profundo, en todos los aspectos de su vida. Eso mismo hizo La Lupa. Conocimos esa otra cara de Emmanuel, esa tan profunda y tan real que es la que lo conforma.


LL: ¿Cómo era Emmanuel de niño?


EE
: Madre mía, ya casi ni me acuerdo (risas). Era súper travieso, súper soñador, muy inquieto. Recuerdo que me preguntaban qué quería ser de mayor y cada día respondía una cosa distinta. Me gustaba probar muchas cosas, todo lo que era un reto lo intentaba y esa es una de las cosas que más me enorgullece de mi carácter.

 LL: ¿Cómo fue crecer en Valencia, cómo fue el ambiente en tu familia?

EE: Una bendición. He tenido la suerte de criarme en una ciudad pequeña. Tengo unos padres maravillosos que me lo han dado todo. De hecho, buscando un punto flojo entre los padres y los hijos creo que la única cosa sería que hubo un momento en el que me sentí demasiado protegido, porque hacían que mi mundo fuera como una burbuja, y hubo un momento en el que yo tuve que romper esa burbuja e imponer lo que yo quería hacer, que era irme a Londres o a Estados Unidos a empezar un curso de interpretación y una vida que no sabía a dónde me iba a llevar. Yo, con 18 años, influenciado por la presión de mis padres de tener un título universitario estudié publicidad, pero me di cuenta de que tener una casa o una carrera no me hacía sentirme lleno.

LL: ¿Cuál crees que fue la enseñanza más grande que te dejaron tus papás?

EE: Ser una buena persona siempre. Da igual la religión o el pensamiento que tengas, o lo que quieras hacer, o cómo veas el mundo, lo más importante es tener un buen corazón, de ahí para adelante ya tienes todo lo demás.

LL: Ahorita hablabas del momento en el que tuviste que desligarte de tus papás, ¿cómo fue eso?

EE: Es el momento más importante de mi vida personal. Es el momento en el cual yo elijo qué es lo que quiero hacer con mi vida. Muchas veces la gente se conforma o se deja llevar por lo que les va pasando en la vida, entonces llega un momento en el que te levantas un día por la mañana y no sabes qué es lo que no funciona. Se supone que estás lleno de bendiciones, pero no eres feliz y es porque no te has preguntado qué es lo que quieres hacer con la vida. Hay que coger el toro por los cuernos y lanzarse a hacer lo que quieres hacer.

LL: ¿Pero siempre supiste que lo que querías era ser actor?

EE: No, yo siempre lo que quise fue ser parte de este mundo porque me encanta escribir, yo sabía que tenía los dotes suficientes para ser un buen actor. Pero pasaban los años y yo no era feliz del todo y ya con 24 años, después de haber terminado mi carrera y de haber trabajado un año en una agencia, lo dejé todo atrás. Tenía supuestamente una vida maravillosa montada en Valencia y lo dejé atrás para irme a Londres a levantarme a las cinco de la mañana a poner desayunos en un hotel y por la tarde estudiar mi curso de guion e interpretación.

LL: ¿Y ahí lograste ser entonces realmente feliz?

EE: Ahí era feliz. Me levantaba en Londres lloviendo con mi bicicleta que me había comprado en un mercado de segunda mano, me ponía mi música, y vivía en mi propia película. Todos los días eran maravillosos.

LL: ¿Por qué crees tú que actuar es lo que te hace verdaderamente feliz? ¿Qué encuentras ahí?


EE
: Creo que una de las cosas es la posibilidad de adentrarte en sitios desconocidos para una persona. Un actor de verdad, que lo lleva en el corazón, tiene que ser una persona compleja porque tiene que tener las ganas de adentrarse, de jugar seriamente. Hay personajes que te obligan a meterte en la cabeza de una persona bastante complicada. A mí eso me da mucha vida. Preparar un personaje para mí es la mejor parte de todo esto.

LL: ¿Qué has podido descubrir de ti mismo en la actuación?

EE: La confianza. Creo que un actor tiene que tener una confianza en sí mismo apabullante. Tiene que gustarle el riesgo, pero tiene que tener control sobre su ego para no convertirse en un completo imbécil. Tienes que guardarlo y sacarlo, por ejemplo, en un casting, ahí es donde hay que convencerse del todo de uno mismo. Es un momento de autoconfianza muy importante, eso me encanta.

LL: ¿Cuál crees que ha sido la lección más grande que te ha dejado la actuación?

EE: Es curioso que me preguntes eso porque mi madre siempre recuerda eso mucho. El consejo más grande me lo dieron cuando yo no era más que un aprendiz empezando mi carrera en Valencia después de mi viaje a Londres, y estaba haciendo un personaje casi protagonista en una de las series que se hicieron en Valencia cuando yo volví. El universo conspiró porque llegue de Londres y a los seis meses se hizo la primera producción en Valencia e hice mi primer casting. Me escogieron pero tenía mucho que aprender. Yo he aprendido trabajando, lo que es una gran ventaja. En una de esas series un actor consagrado valenciano me dijo algo así como Emmanuel, tú vas a ser el mismo actor te hagan caso o no te hagan caso. Que vayas a un casting y te digan que sí o que no, no significa nada porque tú eres la misma persona y el mismo actor. No dejes que otra persona te quite esa confianza en ti mismo. Yo me quedé pensando y dije es cierto.

 LL: ¿Es de cierta forma una lección de humildad?

EE: Total. Tienes que ser consciente que, para bien o para mal, tú eres el mismo actor. No le puedes dar el poder a otra persona para que destruya tus sueños o te haga sentir menos actor o menos importante.

LL: ¿Qué fue lo más difícil que viviste en esa etapa de formarte?

EE: Cuando me di cuenta de que para llegar al momento en el que estoy no hacía falta solo tener habilidades, o un físico que puede ayudar con ciertos papeles, o que yendo preparado ya te consideraras actor. Eso no era suficiente. Es muy importante darse cuenta de que esta profesión es un continuo aprendizaje, es infinito.

LL: ¿Qué hacía falta, por qué no era suficiente?

EE: Hacía falta trabajo. A un nivel obsesivo. No hace falta que seas bueno. Ser actor es un estilo de vida, yo estoy todo el día pensando en mi papel, es casi enfermizo. No dejo de pensar en las escenas. Mi mujer se reía mucho porque cuando empezamos a salir me veía hablando solo repitiendo los textos. Y si esto no se convierte en obsesivo, no lo vas a conseguir.

 LL: ¿Cómo haces para que esa obsesión paralela a la realidad no te consuma?


EE:
Ahí está el truco. Los mejores maestros me han enseñado a manejar esas dos cosas. La realidad es que no hay nada más importante que tu vida como persona. Pero si quieres llegar a ser serio en esta profesión, tienes que trabajar mucho. No es lo mismo estudiar una escena e ir a presentarla y hacerlo bien, a tirarte en tu casa tres horas repitiendo el texto, escribirlo doscientas mil veces, imaginarte cómo puedes mejorar la escena, crear el personaje de verdad.

LL: ¿Cuál ha sido el papel que más te ha exigido?

EE: Uff… el de Cristóbal en Mentiras Perfectas.

LL: ¿Por qué?

EE: Porque era un personaje con el que tenía que hacer mucho esfuerzo mental para poder meterme en él. Me tocó hablarlo mucho con mi mujer para dejarle claro que yo era un fan del personaje australiano que lo hizo en la serie americana y que quería hacer el papel. Es muy difícil saber que te vas a enfrentar a todas estas escenas fuertes durante siete meses. La gente pensaba que yo estaba con el abdomen así de marcado todo ese tiempo, pero eso no era por arte de magia, me tocaba levantarme a hacer ejercicio después de doce horas de rodaje y con escenas muy complicadas. Mis amigos saben lo difícil que fue, porque había momentos muy complicados en el set, porque no es tan gracioso como parece.

LL: ¿Cambiando un poquito de tema, qué le ha dado Cristina a tu vida?

EE: Estabilidad. Sin ella era imposible hacer todo lo que he hecho. Para el nivel de personajes que he hecho. Un actor, para poder exigirse tanto a sí mismo tiene que tener una estabilidad, de lo contrario es muy fácil estar desconcentrado.

LL: ¿Siempre quisiste ser papá?

EE: No. Hay que ver la evolución que hemos tenido como pareja Cristina y yo. En las mujeres es distinto. Pero un hombre no creo que pueda decir quiero ser papá y punto. Uno dice eso cuando encuentra la persona con quien quiere serlo.

 LL: ¿Cuando conociste a Cristina supiste que querías ser papá?

EE: Yo sabía que lo que iba a iniciar con Cristina iba a ser muy especial. Pero de ahí a ser padres todavía quedaba un trecho largo.

LL: ¿Que le ha dado Zoe a tu vida?

EE: Me ha enseñado a ser mejor persona.

LL: ¿Por qué?


EE:
Todos tenemos un punto de egoísmo y a veces no nos damos cuenta de eso. Tú a veces crees que el mundo gira en torno a ti, es una cosa como de lógica aplastante (risas). De repente, por arte de magia, porque no tiene otro nombre, aparece una persona y tu cabeza ya no está centrada en ti todo el rato, ya no estás centrado solamente en ti. Y eso creo que es la evolución más bonita de una persona. Yo a veces pienso que lo de los padres no es solamente el hecho de ser papá, es la capacidad de aprender a no pensar en ti solamente.

LL: ¿Te hacía falta lograr esto?

EE: Sí, por supuesto.

LL: Ya hablando un poco de lo que ha sido vivir en Colombia, ¿cómo fue adaptarse a este país?

EE: Fue duro. Tengo la suerte de venir de una ciudad pequeña, con un clima maravilloso, sin trancones, y llegué a hacer un proyecto de quince meses de duración a Bogotá. Pero el cariño con el que me recibió la gente fue increíble, yo alucinaba. Yo no entendía. En la serie estaba Sergio Cabrera que era un seguro de vida pero no me di cuenta hasta que me puse a preparar el personaje, la importancia de la historia que estábamos contando. Yo terminé la serie pero volví a España. Pero lo que pasó fue que yo quería estar en Madrid con mis cosas y el universo dijo no, por ahí no es. Me propusieron el casting de Mentiras Perfectas. Sí, hubo cariño con lo de Alejo en la Pola, pero con lo de Cristóbal, ahí la cosa se fue de madre (risas).

 LL: ¿En este momento sientes que estás donde quieres estar?

EE: Digamos que ya no rijo mi vida con en dónde quiero estar. Puede que quieras una cosa pero el universo te dice otra. Hay un momento en el que hay que confiar, que la cosa tiene que fluir. Esa frase lo único que hace a veces es estamparte contra una pared. Tienes que relajarte y ver por dónde fluye la cosa.

LL: Que no se vuelva una obsesión…

EE: Exacto. Entonces pensé, cómo voy a negar todo lo bonito que me está pasando aquí. A partir de ahí me relajé, y me relajé tanto que hemos acabado teniendo a nuestra hija. Lo que jamás pensé, es alucinante.

LL: ¿En diez años cómo te ves?

EE: Habiendo cumplido más sueños, como haber escrito alguna serie de televisión y haber probado el mercado americano.

LL ¿Qué viene ahora?

EE: Algo que había esperado mucho… la segunda temporada de Sala de Urgencias. Estoy muy contento.

LL: ¿Qué te saca el mal genio?

EE: La injusticia, la mentira, la gente que pasa por encima de los demás simplemente por un estatus social o laboral.

LL: ¿Tu talón de Aquiles?

EE: La paciencia. Pero con el tiempo uno se vuelve más sabio, y ahora reacciono de otra manera, mucho más tranquilo.

 LL: La persona a la que más admiras

EE: A mi mujer, a mis padres, a mi hermano. Y espero admirar mucho a mi hija.

 LL: A qué le tienes miedo…

EE: A que le pasen cosas malas a mis seres queridos.

LL: De qué te arrepientes…

EE: De nada.

LL: La felicidad para ti qué es…

EE: Estar tranquilo y ser consecuente conmigo mismo.

 LL: ¿Qué es lo más importante que debe tener una mujer?

EE: Una mirada. No los ojos, sino la mirada.

LL: Un hobbie

EE: Ahora el hobbie principal es quedarme en mi casa con mi familia.

LL: ¿Rezas?

EE: Hablo conmigo mismo.

LL: ¿En qué reencarnarías?

EE: En otra persona que tuviera las mismas ganas de vivir que yo tengo.

LL: ¿A qué le pones la Lupa en tu vida?


EE
: A intentar ser buena persona, a rodearme de gente que sea buena persona. Vas cumpliendo años y cada vez intentas perder menos el tiempo con gente que no te aporta. Antes quería estar bien con todo el mundo, ahora ya no me hace falta.

 

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Emmanuel Esparza, nos cuenta sobre su infancia, el ambiente familiar, las enseñanzas de sus padres y la lección más grande que le ha dejado la actuación.
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