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Diana Alvarado

“Es duro saber que yo tuve que darle más de la mitad de mi vida a la guerra. Nunca me imaginé que habría más oportunidades para mí”
Diana Alvarado | La Lupa Revista Digital

Diana vivió la mitad de su vida en la guerra. Las carencias, la soledad y las dificultades la acompañaron desde que era niña. Llegó a las AUC sin opción, pero allí encontró la oportunidad de pertenecer a algo. Es una mujer inteligente, capaz, y decidida que entendió que tenía un lugar en la vida lejos de la guerra y la desesperanza. Se desmovilizó y se reinsertó en la sociedad; aprendió a sonreírle a la vida, y aunque no ha sido fácil, comprobó que eso que alguna vez soñó de niña, se podía alcanzar. La Lupa conoció su historia, la de antes y la de ahora, una historia a la que le falta mucho por contar.  



LL: Bueno Diana, yo quiero que empieces contándome un poquito cómo fueron esos primeros años en lo que empezaste hacer ser parte de las AUC:


D:
Bueno, era menor de edad, estaba muy pequeña y la verdad es que en la zona donde estaba era lo normal. Tocaba defenderse porque la guerrilla era muy dura en esa zona y el ejército también. Entonces eran como las cuotas familiares.

 LL: ¿Esto en qué año fue?

D: (Risas) Hace muchos años, como en los ochentas.

LL: ¿Y en ese momento vivías con tu familia?

D: Sí, con mis papás. Realmente con mis abuelos y mi mamá.

LL: ¿En qué parte vivían?

D: Vivíamos en una zona rural. La zona urbana quedaba retirada.

LL: ¿Y qué recuerdas de tu infancia?

D: Pues a mí de mi infancia casi no me gusta hablar porque no fue muy agradable. Fue muy dura, en medio de las necesidades, los castigos eran muy duros. 

LL: ¿Tenías hermanos?

D: Sí. Hermanos menores, yo soy la mayor. Y estábamos siempre lejos de muchas cosas que no podíamos tener.

LL: ¿Por qué tomas la decisión de entrar a las AUC?

D: No fue una decisión que yo tomé por mí misma. Lo que yo te decía, había unas cuotas familiares. Alguien tenía que ir en un momento determinado porque todos se apoyaban y mi hermano había sido víctima de secuestro y él era muy miedoso entonces, pues, yo fui porque era más fuerte que mi hermano.

LL: Más fuerte en qué sentido, ¿más valiente?

D: Nosotros nos quedábamos mucho tiempo solos entonces me tocaba ser la valiente.

LL: ¿Y a él lo secuestro la guerrilla?

D: Pues aún no se sabe, pero al parecer así fue.

LL: ¿Y al ser tu hermano secuestrado, eso te empuja a unirte a las AUC?

D: Sí, sí. Porque… era una creencia. Lo que había en la zona era la creencia de que esa era la solución para protegerse porque la guerrilla llegaba, se llevaba el ganado, se llevaba lo que quería, llegaban a la hora que fuera, violentaban a todo el mundo. Era una cosa en donde ellos eran la ley. Y ya la gente, los campesinos de la zona rural, estaban cansados.

LL: ¿En términos de percepción o de cómo se veía eso, tú me dices que se veía normal?

D: Sí, era defenderse.

LL: ¿Se pensaba que eso era lo que tocaba hacer y estaba bien? ¿No se veía ilegal?

D: No, mira que eso lo vengo a pensar después. Lo vengo a pensar ahora después de todo lo que ha pasado. En ese momento era lo que había, era el contexto. Cuando uno sale y empieza a vivir aquí en la ciudad ya todo cambia y empiezas a ver que nada estaba bien. Es un choque.

LL: Son muchas cosas…

D: Sí. Hay personas que dicen que cómo fue posible que entrara y otras cosas más, pero es diferente a cuando tu creces y vives con la familia que me tocó a mí. Es decir, si otro hubiera nacido en mi lugar, ¿qué hubiera pasado?

LL: ¿Qué pasó con tus otros hermanos?

D: Ellos siguen allá. Yo me desvinculé de ellos. Ya mi vida cambia totalmente. Después salgo un tiempo, voy a la ciudad, estudio algo de bachillerato y, pues, yo no sé, yo creo que el destino se cumple. Y vuelvo y ahí empiezo leyendo.

LL: ¿Cómo hiciste para estudiar el bachillerato por fuera si los recursos eran mínimos?

D: Era en un colegio distrital. Con todas las necesidades que te puedas imaginar, sin cuadernos, sin nada de cosas, era ir al colegio sin almuerzo, y siempre me iba bien. 

LL: ¿Te gustaba estudiar?

D: Sí, me gustaba mucho (risas). Es que mi mamá se quedaba sola con nosotros entonces no teníamos nada para el estudio, no podíamos tener muchas cosas.

LL: ¿Tu papá se fue?

D: Pues… se ausentaba mucho.

LL: ¿Y tus abuelos?

D: Mis abuelos estaban ahí, ellos fueron los que realmente nos dieron como lo mínimo dentro de sus recursos. Mi abuelo era un obrero, mi abuela lavaba ropa de personas.

LL: ¿Tu mamá que hacía?

D: Mi mamá trabajaba en lo que podía, como arreglando, ¿si? Todos esos oficios operativos a los que uno tiene acceso por lo que no tuvo la oportunidad de estudiar, no sé.

LL: Después de que haces el bachillerato y vuelves, ¿cómo fue ese acercamiento al grupo?

D: Yo me voy porque vivía por aquí cerca a Bogotá, ya tenía una pareja y teníamos un negocio y empezaron a cobrarnos vacuna y a amenazarnos, entonces decidimos volver.

LL: ¿Quién les cobraba vacunas?

D: Las Farc. Mi vida siempre ha estado marcada por la guerrilla, por sus abusos y por todo lo que han hecho. Entonces nos devolvemos y pues ahí empiezo. Es decir, sin querer vincularme, no quería nada de eso, hago un favor y termino metiéndome en el problema más grande que he tenido. 

LL: ¿Cuál era el lema o la creencia de las AUC?


D:
Hacer patria. El lema de las AUC siempre fue hacer patria en contra de la guerrilla porque el gobierno nacional no estaba, eran zonas apartadas. Ahora se han hecho cosas para comprender el conflicto y bueno, por lo menos ya no se ve que tenían perfiles de criminales, sino sencillamente que eran campesinos sin oportunidades. Entonces, ahí era defenderse de la guerrilla “no más, no nos vamos a dejar hacer más, no se van a llevar a nadie más, nos vamos a defender ahora nosotros”.

LL: Todo radica en la falta de oportunidades, ¿no? Pero ya haciendo parte de este grupo, había personas que sí tenían todas las oportunidades…

D: En donde yo estaba, por lo menos gente profesional no había, ni tampoco personas con dinero. Que uno encuentre como en el M19 que entraban ya sociólogos, en la guerrilla que uno también los encuentra formados, eso yo no sé, ni entro a juzgarlo ni a explicarlo. Pero donde yo estaba no había nadie con ninguna formación.

LL: ¿Y los mandos más altos, eran personas que de pronto sí habían tenido más oportunidades?

D: No. Ellos llegaron fue por el accionar armado a tener el poder, como por lo que hacían, cómo se imponían, fue más eso. ¿Pero, alguien preparado? No había.

LL: Mucha gente tiende a percibir el paramilitarismo como este grupo armado que se formó para defender sus tierras, para defenderse de las Farc. Entonces mucha gente dice que el paramilitarismo es el estrato alto o la clase alta de la violencia en Colombia…

D: Voy a decir una verdad, una verdad histórica: si uno quiere ver la verdad del país, tiene que salir. Una cosa fue la creación de las autodefensas campesinas y otra cosa es lo que denotaban algunas como paramilitarismo. En cuanto a todo lo que tiene que ver con acuerdos internacionales, los paramilitares son otra cosa que si tú miras no aplicarían en la etiqueta que les dieron. Aquí la defensa campesina, neta autodefensa, viene del Cauca y después del Magdalena Medio. Es duro saber que yo tuve que darle más de la mitad de mi vida a un conflicto armado. Yo jamás me hubiera imaginado haber ido a una universidad, nunca, ni siquiera poder entrar a la pública, nada. Y fue el proceso de reintegración el que me dio la oportunidad de hacerlo. Obviamente con todas de fallas que tiene el Icetex porque debo un montón de plata, por ellos es que estoy reportada. Pero, aun así, logré obtener una profesión.

LL: ¿Tú crees que de cierta forma si no hubieras vivido todo lo que viviste, no hubieras logrado esto?

D: Lo que yo te decía, uno está como condenado a vivir lo que está escrito para uno, ¿sí? Porque he estado en unas situaciones y en unos momentos que yo no me explico el porqué.

LL: ¿Y hoy en día?

D: Hoy en día es diferente porque tengo cómo sobrevivir, porque lo mismo, como en su momento no se negoció como lo están haciendo ahora, nadie se imaginó contratar a Tony Blair, nadie pensó en contratar a la ONU, negociaron fue con el gobierno colombiano, se creyó en el gobierno, diciéndonos que tenía las mismas implicaciones jurídicas y legales de la rebelión, después dicen que no, y ahora nos condenan. Los movilizados de las autodefensas tenemos un gran problema y son las condenas, a nosotros nos condenan. Esa condena nos quita los derechos políticos, a mí ya me condenaron, pero me ayudaron en la ACR y pude apelar, pero la mayoría están condenados.

LL: ¿Estuviste condenada por cuánto tiempo?

D: Sigo condenada. Estoy condenada por concierto para delinquir agravado, por porte ilegal de armas, después de haber pasado por un delito por una negociación de paz, y al país no le interesa. Las Farc están pidiendo un proceso especial para paramilitares, ojalá lo pidan y revisen lo que va a pasar con la ley. La condena nos quita los derechos políticos y civiles, entonces al estar condenados por la ley 86 de contratación, el Estado colombiano no nos puede contratar. Pero ese no es el problema, el problema sí es en la procuraduría, la personería, los antecedentes de la policía, y pues yo no sé quién nos vaya a dar trabajo, ¿cuántos empresarios se la van a jugar?

LL: Pero tú me dices que ya pudiste apelar a esa condena…

D: La mía está en apelación porque había que cambiar la Constitución. Nosotros esperamos que en el marco jurídico para la paz entráramos y nos dijeran que había la posibilidad, porque es que tuvimos el mismo accionar armado. Siempre se creyó que sólo las Farc reclutaban niños y tú encuentras niños de las AUC que no entregaron, en esas negociaciones no se entregaron niños. El M19 también tenía niños y no los entregó. Y lo digo porque conozco gente que está cerca de los cuarenta, cuarenta y uno, y fueron del M19, me dicen “nosotros también nos pudimos pagar el carro”. En las Farc las mujeres sí son tomadas como armadas, a nosotras nos etiquetan de otra cosa.

LL: ¿De qué las etiquetan?

D: Pues de que éramos para operaciones de inteligencia, ni siquiera de inteligencia, como para engañar, y nos desconocen que las mujeres de las autodefensas somos ex combatientes.

LL: ¿Qué trae de positivo que te etiqueten de ex combatiente?

D: Porque en algún momento nosotros creímos que esa era la manera de llegar a buscar la equidad, la igualdad para nosotros. Si tú miras en el país hay sitios donde han gobernado los grupos ilegales por la falta de presencia del Estado. Y fuimos de pronto personas que, sin distinguir en qué grupo estuvimos, pensamos en cambiar el acceso a las oportunidades. Yo no sé qué hubiera pasado si cuando yo era de las mejores del colegio hubiera tenido la oportunidad de haber ido a una universidad, fui mamá adolescente, es decir, pasaron muchas cosas que no…

LL: Ahora decías un poco que la ideología de ustedes era crear patria, generar patria, y siempre se ha creído que los que verdaderamente tenían una ideología eran las Farc.

D: Te voy a decir algo, cuando yo me desmovilizo, conozco al director del programa distrital de esa época y él me dice “vos qué hacías allá” y yo le dije que yo hacía la parte social. Él se sienta derecho y se queda mirándome y me dice “cómo así que la parte social” y le dije que yo era la encargada de la parte social, la que tenía que manejar la parte del colegio, desarrollar proyectos para lo rural y hacer la fiesta del campesino, y él seguía preguntándome que qué era la parte social, entonces el encargo de lo social siempre se le atribuye solo a las guerrillas, también por desconocer siempre qué es lo que estaba pasando. Yo, ¿a qué conclusión he llegado? Sin distingo de qué grupo era, el problema social que había en las regiones, lo asumió el grupo armado, en cierta medida, con financiación ilegal que no es lo correcto. Pero mira que siempre fue por la necesidad de aplicar a lo social, y del recurso, termina uno inmerso en una actividad ilegal pensando que es la solución. No era malo porque pues de ahí sacábamos para comprarle los uniformes a los del colegio, los cuadernos a todos, ¿sí? O gente que ya… mujeres a punto de parir que no tenían ni siquiera para ir a un hospital.

 LL: Digamos que el objetivo final siempre eran cosas positivas, pero tocaba acceder a eso que no era tan positivo para poder llegar al objetivo final.

D: Yo tuve la oportunidad ahorita de trabajar allá en Tierra Alta y era para poder hablar con víctimas, y a mí hay algo que me sorprende y es que llevamos en un conflicto de más de seis décadas y han pasado delitos graves contra las poblaciones, pero sólo cuando entra el accionar armado de las autodefensas es cuando marca. Es como si validáramos los delitos de unos y condenáramos más duro a otros, en lugar de, como sociedad, condenar cómo nos comportamos, ¿sí? Es como si yo me sentara frente al televisor con un niño de cuatro años al lado y digo “si, mátenlos a todos” y uno después cómo quiere que el hijo no sea violento si lo está aprobando. ¿Y de quién es la responsabilidad? De todos los colombianos, porque el hacerse el loco y el de la vista gorda frente a lo que estaba pasando también nos hace culpables. O sea aquí hay grados de responsabilidad de muchos niveles.

LL: ¿Eso de hacerse el loco, lo dices en cuanto a qué?

D: A la sociedad en general y ahora sí vienen a señalar. Ahorita en el taxi que venía, estaban hablando en la FM, o algo así, de si dejaría que un guerrillero estuviera con su hijo y él dijo que no. No, ¿por qué por prevalecer a las minorías afectamos a las mayorías? y yo ahí más bien callada y pensaba “bueno, pues es la opinión del señor”, ¿sí? Entonces primero pues como eran campesinos matándose con campesinos, entonces pues en las ciudades eso no importaba, pero cuando llegan a las ciudades, ahí sí: “no, aquí no deben estar”. Es lo mismo que pasa con las víctimas, son dos poblaciones estigmatizadas por muchas cosas.

LL: Dime una cosa, uno sabiendo lo difícil que es reinsertarse a la sociedad, ¿qué te hace tomar la decisión de hacerlo?

D: Lo que me hizo cambiar, lo que me ha hecho luchar contra todo lo que ha pasado, son mis hijos. Yo no quiero que ninguno de mis hijos llegue nunca a nada de esto. Puede sonar como una frase cliché, o de cajón, pero ¡uy no! ninguno de ellos tiene que vivir lo que yo he pasado. ¿Por qué no dar la cara? Porque la sociedad no está preparada, entonces no quiero que a ellos les digan en el colegio “claro, la mamá de fulanito era tal cosa”. La sociedad no está preparada. Nosotros no estamos preparados para dejar de etiquetar al ex. El ex de lo que sea, siempre será señalado. Nuestra sociedad es muy de doble moral.

LL: ¿Y cómo crees que se pueda cambiar eso?

D: Nosotros, más que dejar de reinsertar a personas que dejaron a los grupos armados, y más que tratar de reinsertar a las víctimas, queremos es llegar a la sociedad civil, al hecho de que tú te creas con más derechos, al hecho de decir “es que yo no he hecho tal, yo no soy como ellos”. Pero sí, de lo que yo me hice a un lado, y creí que eso era otro mundo, pude haber ayudado a alguien. Un problema grave es la corrupción, cuando no le ponen cara a lo que se roban, cuando se llevan los presupuestos de los hospitales y hay gente muriéndose y sienten que no hubo nada. Un campesino en Nariño nos decía en una de las charlas que tuvimos ahorita en el proyecto, “vea, aquí pueden venir los desmovilizados, porque yo creo que van a aportar, pero ¿sabe qué? a nosotros no nos ha hecho tanto daño ni las Farc, ni el ELN, ni las autodefensas, ni nadie más que la corrupción”.

LL: Es que sin eso nada de esto hubiera pasado…

D: Hacen unos acuerdos y lo último llega para nosotros. Eso sí es un gran problema y que deberíamos combatir.

LL: Ahorita hablabas de tus hijos que han sido tu mayor motor en la vida.


D:
Sí, es por ellos que yo me he mantenido viva. Cuando entré a la universidad yo decía “yo de verdad sí soy muy mala mamá”. Primero no estoy mucho tiempo con ellos y ahora me voy a dedicar a la universidad. Y a mi hija mayor le decía “no, yo creo que estoy haciendo mal las cosas, yo debería quedarme con ustedes” y ella me decía que no. Y mira que esa fue la oportunidad para que mis hijos tuvieran la opción de estudiar. ¿Por qué con créditos? Porque es muy pesado estudiar acá (risas), y pues yo no tengo ninguna estabilidad laboral, yo no tengo eso, pero me la juego para que puedan estudiar.

LL: Fuiste madre adolescente, tienes cuatro hijos, cuéntanos un poco acerca de la experiencia de ser mamá.

D: Pues bueno… no estuve con ellos mucho tiempo, no nos conocíamos bien.

LL: Pero, ¿tu primer hijo lo tuviste no siendo parte de las AUC?

D: No. Tuve una pésima relación. Sé lo que es la violencia contra las mujeres, el tipo era un loco, lo dejo y me voy (risas), y bueno ahí cambié muchísimo al entrar al grupo: a mí nadie me vuelve a pegar.

LL: ¿Con esa persona tuviste tus cuatro hijos?

D: Dos.

LL: ¿Y los otros dos?

D: Nacieron allá.

LL: ¿Nacieron allá?

D: Sí (risas).

LL: ¿Qué tan diferente es eso, tener dos hijos que han nacido dentro de un grupo armado y tener dos hijos que no?

D: La diferencia no es mucha porque la afectación es igual para todos. Mis hijos que estaban y que ya se daban cuenta de cosas, ellos no… pues no quieren saber más de eso. Fue duro, ha sido de las cosas más duras, comentarios muy dolorosos, pero pues esa soy yo, esta es la historia que les tocó a ellos y eso no lo puedo cambiar.

LL: Esa es la mamá que les tocó…

D: Sí, sí pues esa fue la mamá, e independientemente de lo que yo haya hecho creo que esta es una oportunidad para cambiar, para demostrarles a ellos que, uno, ese no es el camino para hacer las cosas, y dos, que no todos tenemos la misma estrella, ¿no? Pero sí fue muy duro, ha sido muy duro.

LL: ¿Te perdonaste a ti misma?

D: Eso es lo primero que hay que buscar porque uno se da mucho palo. Cuando yo llego a esta ciudad, ordinaria (risas), no yo no combinaba una cosa con la otra.

LL: ¿Por qué? (risas)

D: Pues uno estar en un medio donde pues uno necesita… y en la universidad era tenaz, porque yo las miraba a todas como diciendo que no entendía nada. Era empezar a sentarme hasta de una manera diferente, comportarme diferente, caminar diferente, a mirar diferente, no insultar, o sea, fue duro.

LL: Quiero que hablemos de eso. ¿Cómo era la vida dentro de las AUC?

D: Bueno… yo no creo que pueda generalizar esto. Depende de dónde uno estaba. Donde yo estaba era un muchacho más.

LL: ¿Dónde estabas tú?

D: En el Magdalena Medio. Y sí, yo era un muchacho más.

LL: O sea, allá las mujeres no eran…

D: No. Eso era debilidad.

LL: Era lo que tocaba hacer para pertenecer a este grupo.

D: Pues sí. Uno poco a poco va perdiendo esa identidad y se va haciendo un hombre más. Y volver acá cuando a ti te enfocan de esa manera es muy duro, esa ha sido siempre la pelea que yo he tenido con el proceso. ¿Y si yo no quiero aprender a cocinar, voy a ser una mala mujer? ¿Y si yo fui un actor político en el grupo armado y yo sé mover comunidades, a pesar de no tener el título, también sigo siendo mala mujer? ¿Y por qué me critican si no quiero ir a limpiar la casa? Si es que no me veo haciendo eso, ni tengo la habilidad de coger una escoba.

LL: ¿Y eso te ha pasado?

D: Bueno, yo soy ama de casa, pero a muchas les ha pasado. Ese desconocimiento, ese “¡ay no, eso está mal!”, es decir, qué está mal y qué está bien. Mi vida puede no ser un ejemplo para muchos, pero que todo el tiempo me estén diciendo, o que me estén pasando de una mala persona a una buena persona, no. Yo de mi grupo aprendí la disciplina, la honestidad y la lealtad. Es decir, nosotros no nos robábamos una cartera. Eran otras estructuras diferentes. Y sí, de pronto aprendí a ser puntual donde no debí haberlo aprendido, pero lo aprendí allá. Uno no sabe dónde le toca aprender hacer las cosas. Mi formación fue allá.

LL: ¿Qué tan solidarias eran entre ustedes las mujeres allá?

D: Mucho. Mucho. Y aquí en la vida civil fue una experiencia bien bonita porque cuando llegamos varias, aquí ya no había grupo. Éramos sencillamente mujeres con los mismos problemas, con nuestros hijos, sin empleo, sin oportunidad, sin apoyo de la red familiar, mirando qué hacíamos. Lo mismo con hombres, los hombres igual, ya no tenían ese grupo. Allá, por ejemplo, uno no podía reunir a una víctima con un desmovilizado, y hay muchos que ya son pareja, entonces son más los estereotipos que tenemos como sociedad, pero al final, todos somos personas. Cuando llegué acá ustedes hablaban del cabello, somos mujeres, somos mujeres, y donde nos reúnan vamos a ser mujeres. Entonces no hay por qué poner etiquetas.

LL: ¿Cómo era la diferencia entre hombre y mujer allá?

D: Bueno había unas mujeres que estaban directamente con los grupos de combate y otras en diferentes roles. También estaba, por ejemplo, la señora de la cocina.

LL: ¿Y tú siempre estuviste en la parte social, o también estuviste en combate?

D: (Risas). Eso es de lo que no hablo. En tantos años pues pasaron muchas cosas.

LL: ¿Cuántos años estuviste allá?

D: Muchos. Muchos años. Muchísimos.

LL: Ahorita decías que, en últimas, fue tu vida, fue donde tú te formaste, en el lugar equivocado quizás, pero fue donde aprendiste muchas cosas.

D: Es que se convierten como en la familia. Uno no encuentra esa apología en ningún otro grupo. Eso de ser mujer lo comprendí cuando trabajé en gestión de empleos. Hacía una caracterización y pues siempre tenía mis reservas con la guerrilla, pues fueron mis enemigos por muchos años. Pero empiezo a entrevistar mujeres y ellas no sabían nada de mí, de que yo estaba en la universidad, ¿cierto? Y eso era de doctora por aquí y doctora por allá, yo ahí ya estaba como en quinto o sexto semestre y pensaba “no soy doctora, soy sicóloga”. Y empiezo a ver los abortos, la desaparición de hijos, el no poder ser mamá, y empiezo a encontrarme con un poco de mujeres con cosas que a mí me pasaron, con cosas que yo ya había trabajado, y empezamos a encontrarnos como mujeres.

LL: Dos de tus hijos nacen allá, ¿cómo es esa crianza?

D: No. Allá hay unas prácticas y una de las prácticas es que lo hijos no crecen con uno. Eso es algo delicado, hablar este tema, que pues… no (risas). No se puede hablar.

LL: ¿Pero nacen y te toca devolverlos a que vivan con tu mamá?

D: No. Yo con mi mamá no. A ver, en las AUC, te vas a encontrar con historias de mujeres que parieron a sus hijos y hoy en día todavía los están buscando porque se los entregaron a alguna familia de alguna región.

LL: ¿Por qué pasaba eso?

D: Porque un hijo estorba, un hijo estorba, no son los dueños de sus vidas, pero sí son dueños de otras vidas, o sea, pasan muchas cosas.

LL: Digamos que así tuvieras la convicción de querer vivir con tu hijo, criarlo, ¿Por qué va a pesar más el hecho de pertenecer al grupo que estar con él?

D: No. Cuando estás en esos grupos es realmente importante lo que tú estás haciendo y pues ese no es el sitio para los niños. Uno no tiene niños. Ese puede ser un punto de vulnerabilidad. Por ejemplo, con un cólico menstrual no quieres decir nada, porque eso es debilidad. Entonces uno se aguantaba todos los cólicos.

LL: Es decir, tú tuviste tus hijos y fue como ver llover…

D: Sí. No pasa nada. Todo se bloquea. Todos esos sentimientos, uno no llora, nada. Al punto en que quedas como con un afecto plano. A mi acá la gente me dice “bueno pero alégrese” y yo “sí está chévere” pero pues…

LL: ¿Has podido recuperar un poco ese afecto?

D: Ahí vamos, ahí vamos. A mí me mueven muchas cosas. Para mí los animales son muy importantes, los niños son especiales, pero pues no soy la más afectiva, no.

LL: ¿Tuviste amigas o compañeras que no lograron demostrar esa fortaleza que tocaba demostrar?

D: Nosotras perdimos contacto, éramos muy poquitas. Había bloques que no tenían mujeres. Poquitas es que son setecientos hombres y cuatro mujeres.

LL: Nada…

D: Sí, muy pocas. Entonces sí, había unas muy fuertes, yo perdí contacto con muchas, no sé qué se hicieron, no sé qué pasó con ellas.

LL: ¿Había abusos?


D:
Mmm… sí. Pero pues, de eso tampoco se habla. Esa es otra cosa. Chévere que metan el enfoque de género y defiendan a las mujeres en el marco del conflicto armado, ¿y quién defiende las combatientes? Yo no he escuchado. Yo conocí unas mujeres en el Urabá muy afectadas por los abusos, muy afectadas y no se habló de ese tema. Pasaba el grupo y violaba campesinas civiles, gravísimo, eso era una forma de someter y que fueran más fuertes al interior del grupo, ¿por qué de eso no se habla? Bueno ya salió lo de los abortos, pero a los responsables, a los que les ordenaban hacerlo, pues no les pasó nada.

LL: Los abortos son una práctica común también dentro del grupo…

D: Sí. La planificación familiar sin querer.

LL: Mejor dicho, tú no sabías lo que era planificar.

D: Sí, eso era obligatorio.

LL: ¿Y tus dos bebés?

D: Se colaron (risas).

LL: Y una vez que quedabas embarazada, ¿no te obligaban a abortar?

D: No porque uno no se daba cuenta hasta después de varios meses.

LL: Tú no querías abortar…

D: No, no. Y en este momento si llegara a quedar embarazada tampoco lo haría.

LL: ¿Eres creyente?

D: Sí. Independientemente de que esté con una religión u otra, sí. Pero a mí el tema del aborto me parece duro. Es respetable, pero yo no lo haría.

LL: Pero tus compañeras sí lo vivieron…

D: Varias. Cuando no lo querían hacer. Y ahorita unas amigas de la vida civil lo han hecho (risas). Y yo siempre “vea, pero ténganlo” y ellas son “no, no”, entonces pues es la decisión de ellas pero pues yo no la comparto.

LL: ¿Y tú cómo lograste tener a tu bebé hasta el final?

D: Hay muchas formas. Además es que los niños no salen a la luz así tan fácil. Yo no sé, esos niños como que se esconden porque no se notan.

LL: ¿Y tus embarazos fueron normales?

D: Tuve muchas complicaciones con los embarazos. Me dio diabetes.

LL: ¿Y cómo manejaste esa enfermedad estando allá?

D: Pues bueno, contaba con que estaba en un caserío y la pude como controlar, pude salir hacer los controles y esas cosas.

LL: ¿Y la medicina?

D: A uno le daban los medicamentos.

LL: Es decir, ¿a ti te proporcionaban eso?

D: Hmm…

LL: Pero el embarazo con diabetes… difícil.

D: ¡Uy! Sí. Sobretodo porque en el campo hacer una dieta como tal, no, ¿verduras? No.

LL: ¿Qué comen?

D: Yo comía mucha carne y leche, y ya.

LL: ¿Nada de verduras?

D: Nunca.

LL: Cuando te desligas de tus hijos, ¿cómo logras echarle arena a las emociones?

D: Eso es muy difícil, muy difícil, pero… eso es más que todo supervivencia. Uno lo bloquea bastante, el sentir. Pero eso no quiere decir que uno no sienta.

LL: ¿Cuándo te diste el permiso de sentir?

D: Hasta hace muy poco. Hasta hace muy poco porque siempre era la fuerte, la valiente. Cuando empiezan a crecer, cuando se van, por ejemplo, la mía más grande ya no está conmigo, y pues, es difícil.

LL: ¿Cómo fue volver a reencontrarte con tus hijos?

D: No fue fácil porque llegar a poner normas cuando yo no había estado ahí, no es fácil. Pero fue como decirles quién soy, no la mamá, sino la mujer que era. Ahí empiezan ellos como a procesar, igual lo están haciendo todavía.

LL: ¿Qué tanto acompañamiento tienen tus hijos por parte de la ACR?

D: No, no. Los invitaron a algunas actividades como ir a recorrer la ciudad, cosas así, pero no más.

LL: Es decir que más bien no tuvieron ningún tipo de acompañamiento.

D: No tuvieron. No sé ahora cómo será en estos meses, pero cuando yo lo hice, no. Tampoco sentí un proceso específico para mujeres. Pues eran las reuniones con los hombres, igual que siempre. Pero así como tal tema de mujeres, no. Ojalá ahora como van a introducir el tema de género, sea bien diferente porque llegar a los roles tradicionales de cada género, no es nada fácil. Hay personas que no quieren ser mamá y si no quiere ser mamá pues que no sea mamá, que no la obliguen.

LL: Es que tiene que existir una libertad…

D: Pues sí, porque si yo ya sé que me da pereza tener un niño, o algo así, pues para qué voy a traer a un niño para que viva y sufra un poco de cosas que no se merece. Entonces para qué obligar.

LL: En el momento que tú empiezas tu proceso de desmovilización, yo quiero que me cuentes un poquito, más allá de las cosas legales y las cosas prácticas de lo que es el proceso, ¿cómo empieza a cambiar la forma de pensar?

D: Empieza a cambiar… bueno acá vivir en Bogotá es difícil. Aquí no hay nadie, es un desierto. Empiezo la universidad, empiezo a trabajar, tuve trabajos de todos los estilos, de todo, por todo pasé…

LL: ¿Por qué has pasado?

D: Arreglaba apartamentos, cuidaba niños, atendía en internet, me pagaban muy poquito, pero eso me servía. ¿Y cuándo empieza a cambiar? Bueno, la universidad, en definitiva, fue lo que cambió mi vida. Entrar a una universidad, y no es así cara ni nada de esas cosas, pero sí tiene un reconocimiento por su formación. Ahí las mujeres sí eran femeninas (risas).

LL: Ahí te toco hasta aprender cómo peinarte…

D: Y a no mirar mal. ¡Uy sí! Es que yo miraba muy feo. Igual yo normalmente no hago buena cara, no me río todo el tiempo (risas). Después de dos semanas, uno buscando, tuve la fortuna de conocer y hacer un grupo con unas niñas y niños. Los aprecio mucho, son muy jóvenes, y con ellos logré hacer todo lo de la universidad. Yo no me lo podía creer, que yo me fuera a graduar y que iba a ser profesional, yo no me lo podía creer (risas). De mi familia, yo soy la única profesional.

LL: ¿Por qué hay personas, que teniendo el mismo proceso que tú, siguen sin poder avanzar?

D: Porque yo ya no quería nada de eso, no quería nada. Yo pienso que hay personas que también tiene afectaciones emocionales que no han sido trabajadas, que no han sido tenidas en cuenta. Yo nunca he tenido ninguna red de apoyo. Es que no sé, yo creo que yo soy como diferente, es que lo que se me mete lo cumplo. Mis hijos saben que lo que yo les diga se los cumplo tarde o temprano, sea bueno o sea malo. Pero hay personas que yo conozco, mujeres que ya salieron, pero las cosas no se les dan, sufren muchas cosas con sus hijos, no han podido estudiar porque no tienen una red de apoyo. El proceso como tal… lo que yo te decía al comienzo, el proceso que ha implementado el gobierno nacional, la cabeza de quien está en este momento, sí tiene fallas, pero es que han tenido un reto muy grande y es ir aprendiendo, prueba y error. También tienen un conflicto activo. Yo creo que han hecho los mejores esfuerzos. Hay personas que trabajan allá con el alma, como hay otros que lo hacen por hacer, allá hay de todo. Hay unas personas muy valiosas. Yo te podría hacer una lista de personas de las que yo he recibido apoyo, han sido personas que me han acogido. Cuando yo entro al nivel central, mi susto era ese, y no, me encontré con mujeres valiosas, y hombres también. El proceso de reintegración ha hecho mucho por muchas personas.

LL: Es decir, ha dado un balance positivo…

D: Sí porque ha sido duro. Que de pronto con la negociación que viene no implementen el mismo, pues… Yo esperaría que no sea el mismo porque las Farc tienen en diferentes porcentajes una cantidad de mujeres. Vienen los desvinculados, y con los desvinculados las normas tampoco han sido claras, con los niños que salen de la guerra tampoco han sido claras.

LL: ¿Qué opinas de este proceso que se está llevando a cabo?

D: Yo veo la negociación bien. Que estén pidiendo cosas que ¡Por Dios! Pero bueno están en todo el derecho de hacerlo, igual la guerrilla tiene su forma diferente. No sé cómo irá a ser la negociación, es un reto que tiene Frank muy grande y sé que lo va a sacar adelante porque confío en él como persona. Él tiene un gran reto porque si con las Farc ha sido así de difícil, con el ELN será aun más complicado.

LL: ¿Por qué?

D: Por la ideología que ellos tienen. Son más… no sé si decirlo así, pero yo siempre he dicho que ellos son como una guerrilla romántica. Es decir, el ideal está muy lejos de la realidad por lo que vive el país, por la misma topografía, por la misma estructura. Si aquí se hicieran cambios radicales, pues la estructura sería diferente.

LL: Las personas que ya han sido desmovilizadas de las Farc, con las que tú tienes contacto hoy en día, ¿qué opinan de este proceso?

D: La mayoría no dicen cómo lo ven. Yo les pregunto “¿y ustedes, qué piensan?” Y eso ni responden, no opinan mucho, de los que yo conozco, no sé qué opinen los demás. Sé que se siguen desmovilizando bastantes. Aquí, diariamente en el país, se están desmovilizando de a cuatro o cinco y ahorita el volumen como que aumentó. Porque hay otros que no, no es un secreto para nadie, pero hay otros que no lo van hacer, o sea va a quedar como la mutación de las Farc.

LL: ¿Tú crees que es algo que va a volver a resurgir?

D: Sí. No es fortalecer, no al ejército, ni a la policía, ni a nadie, es más como que si van a cambiar la ideología de sus grupos a la parte social y reconocer todos los territorios de Colombia.

LL: Me interesa mucho eso que acabas de decir, la solución no es fortalecer al ejército…

en armas, pero sí se deben fortalecer en otras cosas.

D: Exacto. Digamos que esa ideología de fortalezcamos al ejército con armas, que fue el pensamiento del ex presidente Álvaro Uribe que siempre ha sido cercano a una ideología paramilitar…

LL: ¿Por qué crees que la confrontación no es la solución? ¿Tú que formaste parte de las AUC?

D: ¿Por qué no es la solución entrar a la confrontación? Porque ya hemos tenido muchas bajas y muchas vidas perdidas. Yo creería más en un ejército fortalecido, un ejército capacitado, porque están capacitados para el combate, sí, y yo sí creo que es el mejor ejército capacitado para eso (risas), pero ellos tienen la plata, tienen los puentes del ejército en zonas que nadie se imagina que hacen puentes, los ingenieros del ejército son unos tesos, entonces en esa inversión social, tienen profesionales del ejército, que podrían llevar los equipos médicos, la formación para el campesino, a eso sí le apostaría yo, pero militarmente no.

LL: Dentro del grupo armado, ¿qué percepción tenían ustedes de Álvaro Uribe Vélez?

D: Pues no, yo no sé, en mi grupo no se nombraba a él para nada. Y ahora pues que es el papá de las AUC, pues ni idea.

LL: ¿De verdad?

D: Sí. A mi pueblo si llegaron las Convivir, por eso se formaron, pero directamente con él, no. De pronto en la costa sí sería diferente. Nos decía un profesional “los de derecha y los de izquierda” y yo le decía “cuál es la diferencia, explíqueme usted”. Y yo, para identificarme con Adolfo Hitler, no, jamás. Yo creo que aquí hay una seudo derecha y una seudo izquierda, pero realmente que haya como tal en el país, no. Las banderas de la izquierda colombiana las tiene la gente de la burguesía, que no sé si hayan sufrido las necesidades que muchos han sufrido en el país. Es gente formada. Yo decía, “pero pobres, pobres no han sido para que vengan hablar de la desigualdad”. Pues no sé, es mi opinión, yo no sé por ejemplo qué tanta formación haya tenido Ramón Isaza. Él era netamente un campesino paisa, y sus hijos, yo no sé, si serán profesionales o no. Pero sí lo dicen de Salvatore Mancuso, que es otro cuento de la costa norte, pues no sé.

LL: Es que no se puede generalizar nada…

D: En este momento, si tú estudias, si tú comparas un grupo con otro, más que diferencias, vas a encontrar similitudes. Los dos hicieron reclutamiento a menores, ¿mujeres en el conflicto? Los dos, ¿vacunas? Los dos, supuestamente una lucha en contra del Estado colombiano, los dos, así le duela a mucha gente reconocerlos de las autodefensas. Si tú miras, sus dirigentes son diferentes, bastante diferentes. De que yo vuelvo y te digo, yo no sé, si hablara Timochenco con Ramón Isaza en qué se basaría su conversación, no sé. Una cosa es la parapolítica. Una cosa es que gente se haya valido de eso para asumir unos cargos públicos, eso es diferente, que se hayan aprovechado de eso. Esos sí que son caciques políticos. Y por ellos pagamos la base de las autodefensas con la condenas, por fregar a los parapolíticos no pensaron nunca en el desmovilizado raso de las autodefensas que se está abriendo paso, que está tratando de hacer bien las cosas, y entonces ellos sí tienen como vivir.

 LL: Y estas personas que hacen parte de la parapolítica no son campesinos rasos sin falta de oportunidades…

D: No.

LL: Pero terminan pagando ustedes…

D: Terminamos pagando nosotros con la parapolítica.

LL: Qué complejo todo esto…

D: Es que no hay una verdad absoluta en todo esto. Ni yo tampoco pretendo nada, yo no pretendo “pobrecita yo que tuve pasar todo esto, más que otros”, no. Yo he escuchado aquí historias de vida terribles.

LL: ¿Qué te da miedo ahorita?

D: La condena. Que no pueda tener una oportunidad de trabajar.

LL: ¿Y de qué depende?

D: De que cambien la constitución (risas).

LL: Estás a la espera de eso…

D: Apelé y la apelación se puede demorar. Cuando vi la condena, yo tenía la esperanza de que no pasara. Eso es a discreción de los jueces y hay jueces que han condenado por menos tiempo, otros por más. A mí me quitó todo, el derecho a votar, el derecho a poder presentar una acción de tutela, me quitó todo. Y yo decía “pero cómo es posible que nos hagan esto en este momento”. Yo conocí un muchacho, él trabajaba en un hospital de acá de Bogotá, le renovaban el contrato cada nada porque era de los mejores enfermeros que se encontraban en ese hospital y perdió el trabajo por la condena. Y entonces él me decía “y ahora qué me pongo hacer, cómo me rebusco algo”.

LL: Claro, entonces una persona que ya ha logrado encarrilarse en una nueva vida y es condenada y sale y otra vez qué…


D:
Exacto, es, “qué va a pasar, qué voy hacer”. Cuando me notifiqué, bajé de los juzgados de Paloquemao, me paré en un puente peatonal, y bueno pues yo no me puse a llorar porque yo no lloro, pero yo decía, “bueno, y ahora qué”. Sí, yo podía tener ya una experiencia laboral, una experiencia muy importante porque he trabajado con unas entidades muy importantes, y decía “ahora qué, ahora en dónde voy a trabajar, si ni siquiera en lo privado”. No es fácil.

LL: ¿De dónde estás sacando la fuerza?

D: Pues es reponerme a lo que pasa. Cuando firmé este último contrato, yo sabía que se acababa el 30 de junio, yo decía “que no llegue la condena, que no llegue la condena”, pero en cualquier momento la esperaba. Hay bastantes condenados. Ahora, otra situación que tenemos es que hay muchos detenidos porque no hicieron el servicio social entonces están privados de la libertad. Otra cosa que pasa, hay jueces que, como no tienen domicilio, porque si hay algo que tienen los desmovilizados es que cada ocho días cambian el número celular, entonces tienen una orden de captura y son capturados para ir a leer su sentencia entonces lo que eso impacta, ser capturado delante de sus hijos, niños que no entienden que está pasando, sus parejas.

LL: ¿Tú ya has olvidado todo lo malo, todo lo que te marcó?

D: No. No porque yo no puedo creer en una terapia del olvido. Más bien yo resignifiqué. Esa es mi historia, y esa soy yo. Y lo que pasó antes, lo de la infancia, lo de la adolescencia, todo, eso es lo que hace “bueno yo pasé por eso y hoy en día puedo ser una persona diferente”. Ya me camuflé en la sociedad (risas). A mí me gustaría poder trabajar con lo que veo. Si yo pudiera trabajar en los campos en donde se van a estar, porque eso es fundamental ese primer, momento. De poder mostrarles a otras personas que sí se puede, sobre todo desde una realidad de que no espere que no le vayan a dar duro. Es decir, sí se puede, si la persona se compromete. Llegamos muchos, la primera en graduarme fui yo. Ahorita se graduó uno de médico, hay otros sicólogos, hay otros abogados, y nosotros solo nos mirábamos y pensar “a donde hubiéramos podido llegar”. Pero todas las historias son duras. Y yo creo que no solo las de nosotros, sino las de cualquier persona. Todos tenemos problemas, porque, al final de cuentas, todos somos personas.

LL: ¿Qué te han enseñado tus hijos?

D: Muchas cosas. Me han enseñado a reírme. Me han enseñado a cogerla suave, un poquito. Mi hija mayor, ella es muy juiciosa. Yo no hubiera podido ser la que soy si no hubiera contado con ella. Es decir, se lo debo a ella. Ella me presionaba todo el tiempo. El siguiente es un soñador, y sé que no hace muchas cosas que él quisiera hacer para que yo no me ponga brava. Los pequeños me recuerdan mucho las cosas, a los pequeños yo tuve que contarles. Entonces, tú hablas con ellos y son chicos muy diferentes a los dos mayores. Los dos grandes tuvieron que cargar con más cosas. El niño es jugador de fútbol, la chiquis es vegetariana, no come animales.

LL: ¿Y eso, por qué es vegetariana?

D: Porque le duele la tortura de los animales.

LL: Qué belleza…

D: (Risas) Hasta en eso he aprendido a ceder.

LL: Pudiste reencontrarte con una Diana que de pronto siempre había estado pero que no te habías dado el permiso de conocer.

D: Sí. Cuando yo estaba pequeña y miraba por la ventana, quería siempre llegar a ser muy importante, pero mi realidad fue diferente (risas). Y encontrarme con esa pequeñita que soñaba tanto, y hoy en día haber podido cumplir con esto ha sido ¡uff!

LL: ¿Confías en ti?

D: Sí, sí. Me temo también. Me temo mucho. Me he encontrado con personas muy valiosas que me han ayudado mucho a mi reinvención.

LL: Si tú pudieras mandar un mensaje a esas personas que pasan muchas dificultades, ¿qué les dirías?

D: ¿A los que vienen? Pues que no todo el mundo sale de lo que nosotros salimos, y si hoy tenemos esa oportunidad, es por algo. Con enseñarle algo cada día a alguien, eso ya es ganancia. ¿A la sociedad? Pues que no son jueces. Y el primero que diga que no ha tenido una equivocación, o que no ha tenido al menos que pedirse perdón a sí mismo, está mintiendo, porque somos humanos y todos cometemos errores. La cultura colombiana es especial en muchas cosas.

LL: Decías que no lloras mucho…

D: No, pero cuando lo hago, ¡Dios mío! Es porque ya estoy inundada. Lloro por mis hijos, ellos me mueven muchísimo.

LL: ¿Has podido volver a creer en el amor?

D: (Risas) No, de eso no me preguntes, de eso sí que menos hablo. Es decir, el papá de mis hijos es alguien especial y pues es chévere la relación, a pesar de todo. Es que con los hombres no es fácil. Mira que mis tíos son muchos y mi relación con los hombres y las mujeres son como iguales. Entonces yo no entiendo esas señales y a veces me dicen “oiga le están cayendo” y yo “¿ah?” (Risas). Y cuando tú eres mujer y los hombres hablan delante de ti entre hombres, ya no les crees nada.

LL: Claro, ya sabes cómo es la vuelta… (Risas)

D: Son fregados.

LL: ¿Alguna frase de cabecera?

D: Hay algo que siempre digo y es “algo va a pasar”, y algo siempre termina pasando. Yo creo mucho en Dios, soy muy rezandera.

LL: ¿Qué te falta por hacer?

D: Quiero estudiar más. Hay una maestría que me gustaría hacer. Quisiera tener estabilidad. Pero lo que yo más quiero, es poder graduar a mis hijos de la universidad. Por eso yo no he estudiado un posgrado, porque quiero que estudien ellos.

LL: ¿Cuántos faltan por universidad?

D: Están en curso dos. El tercero sale este año.

LL: ¿A qué le pones La Lupa en tu vida?

D: A mi deber ser como parte de una sociedad. Yo no puedo ser ajena a lo que no me pase a mí. Que si hay algo que yo pueda hacer, hacerlo, poder aportar.

 

La Lupa en frases

Directorio de entrevistas A – Z

Jaqueline Brandwayn

¨El arte me ha dado toda la fascinación, el entendimiento, el poder satisfacer mis inquietudes.¨

Adolfo Zableh

“Sabía que de alguna manera algo me tenía que inventar para ser oído. Por eso escogí escribir”

Alejandra Azcárate

“Me gusta un estado de cordura no permanente. Creo que una alta dosis de irresponsabilidad es deliciosa en la vida.”

Alejandro Cuellar

“En la cocina el criterio solo existe cuando ha habido experiencia.”

Alexandra Santos

“He sido muy terca en querer creer que la vida está llena de magia.”

Alejandro Riaño

“Este trabajo me ha dejado un amor por la vida y un amor por lo que hago que no puedo describir.”

Amalia Andrade

“He sido muy terca en querer creer que la vida está llena de magia.”

Ana Wills

“Actuar es un trabajo muy difícil y un estilo de vida complicado. Pero todo es una experiencia, hay papeles que te cambian la vida.”

Andy Gaitán

¨Siempre me he dejado llevar, hay que ser arriesgado¨

Andrea Novoa

“Tenía una voz interna que me decía que tenía que hacer esto como fuera”

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“Hay que romper la rigidez y fluir. Soy una aventurera, una gitana”

Beatriz Fernández

“Soy una revolucionaria de las leyes. Mi ley es la ley del amor. Detesto la rigidez”

Beto Gaitán

¨Nunca me ha gustado comer cuento. Siempre me ha gustado indagar, ir más allá.”

Carlos Villa

“Con el violín se crea un vínculo muy fuerte. No es solo emocional sino físico y emocional.”

Catalina Escobar

“Yo tengo un motor adentro, yo trabajo en sintonía con mi hijo. Él y yo somos socios en esto.”

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“Los sacrificios y la disciplina me han hecho alcanzar lo que siempre quiero”

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“Siempre he sido diferente. Nunca me ha gustado ser una niña más del montón.”

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¨Uno se preocupa por qué hacer pero es mejor saber lo que no quieres hacer¨

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“Me desmovilicé buscando una oportunidad de mejorar mi vida, pero entré a una sociedad que señala, estigmatiza, rechaza y aisla.”

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¨El sufrimiento que he vivido, me hizo armarme de valor.¨

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“Para ser actor no es suficiente ser bueno. Hay que ser obsesivo.”

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“Las ideas me han nacido por necesidades y casualidades de la vida. Yo las he sabido leer.¨

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“Cuando uno se salva de un secuestro de Pablo Escobar el miedo se acaba. Yo viví con la muerte ocho meses”

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“Soy una mujer obstinada, trabajo por lo que quiero hasta que lo logro. Con Wikimujeres fue así”

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“Pongo mi mente en blanco antes de poner el pie en el acelerador”

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“El día que dejé de esconder quién era, dejé de pelear conmigo mismo”

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¨Seguir los sueños, con todo lo romanticón que suena, siempre va a ser válido, siempre va a ser lo más chévere¨

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“Si la vida me había dado tantas oportunidades era por algo. Me dediqué a luchar por este sueño”

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“Entendí que hay que aprender a fluir con la vida. En el camino encontré muchos talentos y pasiones que no conocía.”

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“Si a tu sueño le pones un poquito de disciplina y empuje, lo consigues ”

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¨En mi carrera he hecho muchos sacrificios. Y sí, he tenido suerte, pero ha sido una suerte buscada.”

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¨Yo soy terca en buscar la felicidad todos los días de mi vida.”

Vladdo

“Soy inquieto, sarcástico, malpensado. Tengo cara de bravo pero soy una melcocha.”

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Diana Alvarado
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Diana Alvarado, nos cuenta sobre sus primeros años en las filas de las AUC, porque tomo esta decisión y su reintegración a la sociedad.
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