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Conchita Ruiz

“Muchas de las cosas que he hecho han sido resultado del miedo. El miedo también moviliza.”
Conchita Ruiz - Revista La Lupa

De niña soñaba con ser oficinista y escribir a máquina si mirar el teclado a gran velocidad. Y lo fue, estudió secretariado bilingüe y por diez años escribió como la mejor. Pero también estudió periodismo, en dos etapas porque como ella misma lo dice, “salió de la universidad para casarse y del matrimonio para volver a la universidad”. Entro a la televisión por RTI, al departamento de cartera, en Cromos, vendió publicidad, montó su propia oficina de revistas institucionales, produjo programas de radio y gerenció noticieros, pero un día, por una propuesta de Mauricio Navas para montar una escuela de guionistas se acercó a la escritura, a la creativa, esa que toma tiempo, que desprecia la velocidad del teclado y obliga a profundizar universos ajenos a fuerza de dominar los propios. Lleva 15 años escribiendo guiones y ha sido autora y coautora de las más importantes producciones que se han hecho en Colombia. La Lupa estuvo con ella y con su inteligencia arrasadora, una historia digna del mejor guión y una destreza inusual para la conversación, descubrió a una mujer que sorprende en cada respuesta y nos confirma que las historias están ahí, listas para ser contadas.


LL: Conchita, empecemos por tu niñez, por los recuerdos de cuando eras niña.


CR:
Yo fui la menor de cinco hermanos. La menor después de que mis hermanos ya estaban grandes. Fui la gran sorpresa, con padres muy mayores. Eso no es raro, eso lo que hace es que tú te crías en un ambiente singular en donde todo el mundo es adulto. La menor de cinco. El que me sigue me lleva ocho años y de ahí en adelante… La chiquita con una gran diferencia. Y mis padres se casaron muy mayores, entonces yo nací cuando mis padres ya tenían edad de tener nietos. Entonces por eso te digo, uno se cría en un ambiente con unas características singulares, yo era la única chiquita rodeada de mucha gente mayor, de mucha gente grande. Todos muy ocupados de… supongo yo, de educarme. Porque ahora, claro, vieras la cantidad de clavos que me saco con mis hermanos, porque es que fueron amorosos y fueron generosos y fueron muy dedicados, pero también fueron muy cansones. Muy cuidada, muy protegida, pero yo crecí en un Bogotá… me crie en el barrio Teusaquillo, en un Bogotá de parque, de callejear, de bicicleta, de patines, y creo que fueron esos los únicos deportes que practiqué y que voy a practicar en el resto de la vida… Yo ya hice toda mi cuota de deportes en ese momento de la vida. Ahorita soy absoluta y totalmente sedentaria. Mi vida era muy grata. Me gustaba la costura, muy rápidamente adopté el hábito de cortarle ropa a las muñecas, de coser para las muñecas, eso me parecía fascinante. Y hay un detalle que creo que sí hace parte de la herencia genética: es que yo, desde que me conozco, vi a mi mamá escribiendo a máquina. Por allí tengo una de las máquinas de escribir que heredé de mi mamá.

LL: Ya te iba a preguntar que de dónde venía esa vena de escritora que tienes.

CR: Mi mamá escribía a máquina prodigiosamente bien. Ella no miraba el teclado. Ella fue huérfana de padre desde muy niña, fue hija única, y creció y rápidamente tuvo que salir a trabajar, y mi mamá se ganaba la vida como secretaria. Estoy hablando de épocas… Mi mamá se casó en el año 39, entonces pues estamos hablando de hace una buena cantidad de años. Mi mamá escribía a máquina, era una gran secretaria, ella dejó de trabajar cuando se casó con mi papá, pero en mi casa la máquina de escribir era un aparato muy activo, y yo me inventaba que escribía a máquina sin mirar el teclado, y mi mamá me prestaba uno de los estuches de la máquina de escribir, que era un maletín pesado, recio de cuero, y entonces yo me acuerdo que andaba por la casa con el maletín y decía: “yo soy oficinista”. Hay que tener cuidado con lo que uno se sueña porque entonces … yo me soñaba con que ser oficinista y escribir a máquina era lo más bonito que a mí me iba a pasar en la vida, y de verdad trabajé de oficinista y escribiendo a máquina… casi no logro salirme de ese universo.

LL: Entonces es cierto el dicho que dice “tenga cuidado con lo que sueña”…

CR: Sí, sí. Porque cuando yo salí del colegio, como te decía, tengo estos hermanos muy mayores que ya estaban muy de novios, muy para organizarse la vida. Además era un ambiente en donde todo el mundo era ingeniero civil. En mi casa todo el mundo es ingeniero civil de alguna u otra manera. O está casada con ingeniero civil, o mis hermanos son ingenieros. Cuando yo dije que quería estudiar lo que en ese momento se llamaba “periodismo”, hablo del año 70, mi papá, que ya era un hombre bastante mayor se cogió la cabeza a dos manos y dijo: “¡ay mija, no! Usted es una niña pobre. Usted no tiene de quién heredar. Tiene que estudiar algo que le permita ganarse la vida. Entonces, pues entre a hacer esa carrera, yo no sé eso para qué le vaya a servir. Hágala. Pero hágase también un secretariado bilingüe. Entonces yo hice un secretariado bilingüe. Aprendí a tomar dictado shorthand, taquigrafía. Aprendí a escribir a máquina como veía a mi mamá escribiendo a máquina, sin mirar el teclado, que eso era la prueba máxima, el “Suma Cum Laude” de la mecanografía.

LL: ¿Hoy en día usas la máquina de tu mamá?

Conchita: No soy capaz. No sé cómo hacíamos para escribir en las máquinas mecánicas. ¿En la universidad no les tocó aprender en las máquinas mecánicas? Cuando yo entré a la Universidad Javeriana, en enero del año 70, me eximieron de hacer mecanografía porque presenté el examen y obviamente me eximieron porque ya era una gran mecanógrafa en ese momento. Bueno, entonces hice mi secretariado bilingüe y empecé a estudiar periodismo, estuve tres años y cuando me faltaba un año para graduarme, yo estaba de novia de un arquitecto javeriano que se fue a vivir a Cali porque se fue a trabajar allá, y me dijo que nos casáramos y bueno, nos fuimos a vivir a Cali. Alberto era profesor de construcción en la Universidad del Valle, en este Cali tan distinto al Bogotá del barrio Teusaquillo en el que yo me había criado. Era un Caliwood. Con todos sus hábitos y estilo de vida. Pues por supuesto que yo no sabía que estaba destinada años después a trabajar con Mayolo y con toda esta gente… Para ese momento, los profesores de la Universidad del Valle eran gente, pues bohemia, y mariguaneros. Y me imagino que metían de todo lo que se pudieran meter, y Alberto y yo éramos un par de bogotanos ingenuos… Alberto usaba medias con los zapatos… esa era la cosa más ridícula que podía pasar viviendo en Cali.

LL: Y ¿cómo se acostumbraron a esa vida?

CR: No nos tuvimos que acostumbrar porque a los seis meses… el paso por Cali, como fracaso, fue un rotundo éxito. No estuvimos sino seis meses y nos devolvimos para Bogotá a ver qué íbamos a hacer con la vida, porque trabajar en la universidad era muy grato, muy estimulante, pero no pagaban. Entonces uno, pues sin el sueldo no podía vivir, entonces nos gastamos los ahorros que teníamos y nos devolvimos para Bogotá, porque pues es que aquí era donde estaban las familias y donde estaban nuestros contactos. Para ese momento yo ya estaba por fuera de la universidad, no me había graduado, me faltaba un año para graduarme, pero era secretaria bilingüe. Y las secretarias bilingües eran unos personajes muy, muy cotizados, porque los ejecutivos dictaban, no escribían a computador. Todo lo dictaban, y tenían secretarias que tomábamos dictado y que pasábamos todo a máquina, y que poníamos el papel carbón prodigiosamente bien puesto, y sabíamos corregir para que los errores no se notaran… eso era una destreza. Entonces yo empecé a trabajar al día siguiente, porque, te repito, ser secretaria bilingüe era una destreza muy bien cotizada y muy bien pagada.

LL: Y ¿de ahí cómo pasas al mundo de los números?

CR: Jaime Morales fue mi jefe durante diez años. Durante diez años de trabajo con él hice un posgrado, porque él es ingeniero mecánico, y en esta oficina hacíamos importaciones – el traía equipos para el tratamiento de secado de granos, construía, él manejaba muchas cosas – entonces yo adquirí habilidades para los números, para hacer actas de obra. Hice un posgrado, eso fue un posgrado. Yo había estudiado contabilidad, porque el secretariado incluía contabilidad. Entonces esto fueron diez años. Durante diez años que pasaron yo tuve tres hijos, yo era ama de casa y era secretaria. Mis hijos tienen 42, 38 y 34. Yo era secretaria bilingüe y mi mamá me ayudaba un montón con mis hijos y Alberto que era arquitecto… se esforzaba por tratar de trabajar. A mí a veces me iba y me venía la idea de que yo había dejado una carrera inconclusa, pero no había mucho tiempo para pensar en eso. Alguna vez dije que yo quería volver a la universidad y tanto Jaime Morales como mi marido se rieron y decían “tan bonita la niña.” Bueno, nadie es perfecto. Un día me fui con mi marido y con mis hijos a la piñata del hijo de una amiga compañera de colegio, el esposo de ella era el gerente financiero de RTI TV y a mí me pareció que eso era maravilloso. Le dije “Carlos, el día que tú sepas de un puesto para mí en RTI, por favor, cuenta conmigo.” Yo me imaginaba que me iban a llamar un día para ser la secretaria de Fernando Gómez Agudelo, o que me iban a llamar para ser la secretaria de alguna de las personas de RTI, y me llamaron para llenar una vacante en el departamento de Cartera. Ese es el departamento que se encarga de cobrar las facturas. Esta era una cobranza especializada (risas)… especial, porque eran las agencias de publicidad, los anunciantes, y tenías que cobrar sin perder el cliente. Este era un trabajo que implicaba una actividad comercial. Y para mí entrar a trabajar a RTI fue como si me hubieran dicho: “la vamos a invitar a trabajar en un parque de diversiones.” Eso me pareció la cosa más divina, más divertida… mi hija menor tenía un poco menos de un año cuando entré a trabajar a RTI, y ya estando allí hice muchas cosas. Muchas. Entre otras, acordarme de que yo había dejado una carrera inconclusa, y esto coincidió con que me separé. Yo hoy en día digo que yo me salí de la universidad para casarme, y que luego me salí del matrimonio para volver a la universidad, porque nadie me había explicado que no eran excluyentes. La verdad es que coincidió con mi separación, volví a la universidad, y me encontré con que, primero, la universidad no me quería recibir, me decía pues que para qué 15 años después. Me tocó prácticamente volver a hacer la carrera porque el pensum había cambiado completamente. El padre Joaquín, que era el decano en esa época, me dijo que por qué no me iba a otra parte a terminar, que es que en la Javeriana iba a ser difícil, y yo le dije: “padre, es que a mí me gusta el pergamino de los diplomas de la Universidad Javeriana. Yo me quiero graduar es de la Javeriana.” Y le dije que yo trabajaba en televisión, porque de verdad no me querían aceptar el reintegro. Me dijo que lo que yo hacía en televisión no era trabajo de televisión. Y yo le dije, “cómo le parece Padre Joaquín que no todo el que trabaja en Avianca maneja el Jumbo, no todo el que trabaja en Avianca es piloto, o azafata.” ¿Cierto? No todos los que trabajábamos en televisión, y los que trabajan hoy en día en televisión, son presentadores. Hay un montón de trabajo detrás. Pero bueno, terminé la carrera, me demoré cuatro años, pero me gradué, fue muy lindo, y sobretodo, fue quitarme de encima este lastre de “yo no me gradué.” Después de RTI me voy para Cromos. Estuve en Cromos como vendedora de publicidad. Muy exitosa. Me fue muy bien. Venía de cobrarles a los clientes a quienes ahora les vendía la pauta en la revista, entonces estaba conectada con la misma gente. Y además era una persona que tenía muchas destrezas para la comunicación con un entrenamiento administrativo y de números que había aprendido en los años que fui secretaria de Jaime Morales. Realmente fue una escuela muy conveniente. Estuve en Cromos varios años, tal vez unos 6 o 7, y allí aprendí a hacer revistas. Y me salí de Cromos, y me independicé: monté una oficina para hacer revistas institucionales.

LL: ¿Qué tal fue ese reto? ¿Cómo te fue?

CR: Delicioso, pero trabajaba 24 horas continuas, 7 días a la semana. Porque de día yo era la gerente del negocio: conseguía a los clientes, los atendía, los visitaba, supervisaba el trabajo de los diseñadores gráficos en la oficina, contrataba la foto mecánica, la producción, bueno, todas estas cosas. Y de noche escribía, porque yo era el redactor de contenidos de las revistas de mis clientes.

LL: Conchita y ¿qué momento eras mamá? ¿Cómo lograbas hacer tanta cosa?

CR: Por los laditos. En esa época, mis hijos ahora cuentan muertos de la risa, que yo los llamaba de la oficina y les decía: “no estarán sentados haciendo tareas ¿no? Uno llega del colegio, no se quita el uniforme, sino que se sienta a ver televisión hasta las 8 o 9 de la noche y solo a esa hora, si y solo si no está muy cansado, se pone a hacer tareas. Es que si ustedes no ven televisión, y no ven Café… alguien me tiene que contar en qué va Café… Ellos decían: mi mamá de verdad está loca. Ese estímulo inverso, yo no sé en psicología cómo se llama, eso tiene un nombre. Se morían de la risa. Una mamá muy singular. Y ellos son unos personajes estupendos, porque no me dieron jamás, ni hoy en día, ninguno de los tres, me ha dado el menor dolor de cabeza. Son unos aliados, y fueron unos aliados, cuando hace 15 años me cambié dramáticamente de espacio de vida laboral. De ahí para acá produje un programa de radio para el convenio Andrés Bello, era un magazín cultural, el noticiero Noti8, que fue la experiencia que me ayudó a aprender a hacer noticieros, y bueno, estas revistas institucionales.

Un cliente que fue realmente punto de giro, fue con quien hice el noticiero, fue con quien hice el programa de radio… bueno, y en el año 97 paré. Estaba fundida. Estaba realmente fundida de cansancio. Paré. Y me quedé sin trabajo. No estaba haciendo nada. Duré unos 4 meses. Llamé a los amigos, en este caso específico llamé a Darío Restrepo, y le dije que quería trabajar, y que quería volver a la televisión. Y él me dijo: “no te afanes, que va a haber nueva licitación de televisión y seguramente va a haber trabajo para ti.” Entonces me tomé esos meses con calma, ah, y le dije (este dato es importante), le dije: “mira Darío, lo único que no quiero hacer es noticiero y mucho menos si es de fin de semana”. Me dijo, “bueno señora, tomo nota”. Entonces me llamó a mediados de noviembre y me dijo “mira, es que a la Chiva Cortés le adjudicaron un noticiero de fin de semana y necesita gerente.” Me dijo, mira, anda y hablas con la Chiva. Ese es un trabajo perfecto para ti, y tú eres la persona que él está necesitando. La historia es que terminé haciendo el noticiero Hora Cero con don Guillermo a la cabeza. Este noticiero tuvo una vida muy corta, porque fue la época en la que los canales privados comenzaron a operar, y los canales públicos se fueron para el piso y hasta ahí llegó. Tuve la ingrata responsabilidad de estar en el noticiero durante los meses que duró el secuestro de Don Guillermo, que fue una experiencia muy dolorosa, muy, muy dura, porque como te puedes imaginar, el secuestro es una avalancha de adversidad que cae sobre toda la familia y sobre todo lo que rodea al secuestrado, y por supuesto el noticiero no era ajeno a eso.

LL: Bueno, y ¿cómo caes en los brazos de los Mauricios?

CR: En los brazos de los Mauricios caí, porque en el año 2000, cuando hubo la fusión de los noticieros del Canal A, yo volví a trabajar en RTI. Y ellos estaban produciendo la novela: “La sombra del Arcoíris”. Esto ya es año 99, estábamos en víspera del nuevo milenio, y yo volví a RTI a lo que se suponía que yo era muy hábil, que era manejar números, y a manejar dinero, y a tratar de encontrar dinero donde no había dinero, y a manejar sobregiros, etc. Una labor muy ingrata y muy dolorosa. Ese regreso a RTI no funcionó. Yo estuve menos de un año en ese regreso, ni yo era la misma, ni RTI era el mismo. No funcionó. Doloroso. Fue triste, porque yo quería esa compañía y quería esa gente… Bueno. Y Mauricio Navas, que escribía con Mauricio Miranda, me propuso que hiciéramos una escuela para enseñar a escribir guiones. Yo era la parte ejecutiva de esa sociedad. Ellos enseñaban a escribir, y yo manejaba el negocio. Pero les dije que yo quería hacer el taller a ver si yo servía para ese oficio. Y ellos, con mucha indulgencia, yo creo que se miraron y dijeron: “pues toca que lo haga, porque qué hacemos.” Esa es la historia. Así. Ese fue el descubrimiento. Yo descubrí que servía para esto, y ellos descubrieron que yo servía para esto.

LL: Conchita, y a partir de ese momento… Llevas un recorrido importante escribiendo.

CR: Llevo 15 años escribiendo. Mira qué montón de años. Esta es la prueba de que uno sí tiene tiempo para todo en la vida. Punto de giro: no volví a desayunos de trabajo, no volví a usar media velada, me pude quedar trabajando en mi casa, me pasaron cosas tan maravillosas, me cambio por completo la vida, y fue un punto de giro que pude dar, como te dije hace un rato, gracias al apoyo de mis hijos. Que ya estaban grandes, que ya eran profesionales, y que pues, ya no dependían económicamente de mí. Yo ya no tenía que responder económicamente sino por mí misma.

LL: Me causa mucha curiosidad y me parece increíble tu vida, porque tú de alguna manera demuestras que no tienes miedo de probar cosas nuevas, de romper los paradigmas. De dónde viene esa fuerza tuya, de dónde sacas esa iniciativa para arriesgarte.

CR: Si yo me miro objetivamente, si yo me miro en perspectiva, yo digo: “Sí, yo he sido una persona audaz y valiente.” Si yo me miro a mí misma, hacia adentro, digo: “muchas de las acciones que yo he terminado enfrentando son el resultado del miedo”. El miedo también te moviliza. Hace un rato, antes de que comenzáramos la entrevista, te conté que ayer por unas horas tuve extraviada a mi perra, que es mi adoración. A mí me movió el miedo. Mauricio Navas me llamó por la noche y me dijo: “tratamos de alcanzarte, corriste tanto que no fuimos capaces de alcanzarte.” A mí, que soy una persona sedentaria que no hago deporte. No me pudieron alcanzar. Me les perdí. Esto es para ilustrarte: el miedo también es una gran fuerza. Cuando Mauricio Navas me invitó a escribir con él mi primera telenovela que es Pura Sangre, me movió el miedo. El miedo a “esta puede ser la última oportunidad que yo tenga en la vida de hacer lo que siempre quise hacer”, pero por estar haciendo un montón de cosas que también fueron deliciosas, estimulantes, convenientes, y sobretodo, muy lucrativas, no lo hacía. Yo no escribía porque siempre estaba haciendo otras cosas. El miedo, Michelle, el miedo a que yo terminara mis días y mirara y dijera: “no hice lo que de verdad quería hacer”. Fue el miedo lo que me movió. El miedo es una fuerza muy poderosa. O te paraliza o te mueve. Y ahora claro, ya tengo quince años de estar escribiendo, y por supuesto es el trabajo que no quiero dejar de hacer jamás. Quiero seguir escribiendo hasta el último día de mi vida. Los miedos siempre existen. Este es un trabajo muy competido. Siempre existe la posibilidad de que físicamente no puedas escribir por alguna razón. O porque te enfermes, porque pierdes la memoria. Todas esas cosas. Yo espanto mis miedos, pero vivo con ellos. En este apartamento ellos viven, aquí están de todas maneras, pero son un ingrediente que yo miro con atención, porque creo que el miedo también ayuda a reaccionar. Entonces no todo es audacia, no todo es valor. Seguramente hay mucho de eso, también mucho de responsabilidad ¿no? Yo era responsable de tres hijos a los que quería darles todo lo que necesitaba darles. Darles una vida, por lo menos, igual a la que yo había tenido.

LL: Y ellos entonces fueron ese apoyo porque eso fue lo que tú les enseñaste.

CR: Ninguno de los tres tiene interés, o tuvo, de trabajar en televisión. Les parece que es el trabajo más esclavizante que existe.

LL: Es de mucho amor. Es un trabajo que de verdad hay que amar. De todos los escritos que has hecho, de todos los guiones, de todos los canales por los que has pasado, RCN, E! Entertainment, premios, ¿cuáles han sido los que más has disfrutado o los que te han marcado más en tu vida?

CR: Uy, cada uno tiene su encanto. La telenovela Pura Sangre fue el espacio en el que yo dije: “yo puedo escribir un dramatizado”. Y amé esa historia y amé esos personajes, y cuando acabamos de escribirla sufrí tusa de pensar que no iba a volver a estar con esos personajes que yo amaba profundamente. Azúcar, la nueva versión de Azúcar que acaba de terminar la emisión al aire, fue… tal vez si tuviera que escoger entre lo que he hecho, tal vez es Azúcar. También fue una vara altísima. De aquí en adelante tengo un desafío grande porque Azúcar era una historia monumental que hicimos aún más monumental. Hablo sin pudores de esta historia, me parece que es de las grandes historias que se han escrito, sin faltar a la modestia, de verdad. Creo que es una gran historia. Fue bellamente producida, entonces sí, creo que es Azúcar. Pero obviamente cada historia tiene su gracia, y cada una tiene un lugar importante en mi corazón.

LL: Conchita, la gente sabe cómo es, digamos, lo que ve en la televisión. Uno prende, ve la novela, ve los capítulos, pero ¿cómo es la vida de la escritora detrás de eso? ¿Cómo te inspiras? ¿Cuál es ese secreto detrás de la escritora?

CR: Esto que voy a decir ya se ha oído muchas veces, pero siempre valdrá la pena repetirlo: escribir para televisión no es arte. Es artesanía. ¿Qué quiero decir con esto? Yo considero que la literatura, dentro de la escritura, es el género. Escribir para televisión es una destreza distinta, para la que seguramente conviene mucho leer y saber escribir, pero tienes que tener otras destrezas. Entonces, esto va a decirte que es 1% inspiración y 99% transpiración. Hay que trabajar mucho, hay que pedalear mucho para escribir. Mi vida es una rutina muy tranquila. Yo vivo hoy en día sola con mi perra. Vivo con mi perra, porque me fascina, y porque ella me presta un gran servicio: ella es la que me saca de la casa. Como yo no tengo obligación de ir a una oficina, podría pasarme encerrada indefinidamente y no quiero. Entonces tenerla a ella hace parte importante de mi rutina, porque eso significa que yo me levanto temprano, me arreglo temprano, y salgo con ella varias veces al día. Y trabajo todo el día. Trabajo todo el día. En mayor o menor medida. ¿Qué es trabajar? Te vas a reír: sentarme a ver televisión. Claro, yo veo mucha televisión. Mucha. Porque es el medio en el que yo estoy, entonces me importa ver qué se produce, cómo se produce. Veo televisión con la desviación profesional: cómo la hicieron, etc… sí, pero eso no quiere decir que no la disfrute, la disfruto mucho. Soy una gran televidente. Netflix me debe amar. Durante los seis meses que estuvimos haciendo La Sopa Colombia para E! Entertainment descubrí una gran cantidad de televisión hecha en Colombia. Muchos canales, mucha televisión hecha en Colombia, mucha televisión basura. La televisión basura también te enseña muchas cosas para el oficio. Cosas como por ejemplo: “yo eso no lo quiero hacer nunca.”

LL: Conchita te pregunto, de pura curiosidad, ¿tú crees que la televisión, que es una pregunta que algunos comunicadores nos hacemos, educa o entretiene?

CR: Yo creo que la televisión entretiene con una obligación de hacerlo aportando. Aportando educación. Cuando uno cree que la educación es ir al colegio, o ir a la universidad, o aprender trigonometría, o saber álgebra, o saber conjugar los verbos irregulares en tres idiomas, eso… la educación es mucho más que aprender información. La televisión, en ese sentido, sí tiene una obligación de educar, que lo que transmita esté hecho adecuadamente, decentemente, que lo que se hable esté en un idioma bien hablado, que en lo posible, esté hecha técnicamente de una manera decente, pero la educación como contenidos formales la adquieres en los sitios que están destinados para educarte: el colegio, la universidad, los libros. La misión fundamental de la televisión, a mí me parece, es entretener. Pero te repito, creo que tiene que entretener de una manera educada. Tiene que contribuir a que seamos mejores personas en muchas formas.

LL: De acuerdo. Estas escrituras que tú haces a diario, ¿qué enseñanzas te han dejado?

CR: Han sido un gran ejercicio para conocerme.

LL: ¿Qué has descubierto de ti que de pronto no sabías?

CR: Ah, mira, te voy a hablar sin pudor. Todos tenemos el demonio adentro. Voy a ilustrar esto que estoy diciendo con un ejemplo: mi yerno, el esposo de mi hija Catalina, vio Azúcar, donde hay gente sumamente mala. En Azúcar, los malos son decididamente malos. Entonces mi yerno dice que él procura portarse muy bien conmigo (risas) porque ya sabe la capacidad de maldad que tengo, y yo le digo: “sí, claro, a mí se me ocurren cosas horribles. Yo tengo el mal aquí adentro, claro”, pero yo soy un ser humano que tiene principios, que tiene moral, que tiene ética, entonces yo por eso no salgo a dar bala, ni soy traficante, ni se me ocurre cobrar venganza, pero ¿sabes qué? Descubrir que yo tengo por dentro toda la capacidad para la maldad me ha hecho ver que tengo toda la capacidad para la bondad también porque los personajes salen de aquí (señala su pecho). Los pensamientos de los personajes salen de aquí. Entonces he aprendido mucho de mí misma. Me he reconciliado como mamá también, porque pues, por mucho tiempo sentí que había sido una mamá pésima, que había abandonado a mis hijos, que no les dediqué todo el tiempo que tenía que haberles dedicado. Y me ha permitido reconciliarme como mamá, porque yo creo que hice la tarea a mi manera y me quedó muy bien hecha.

LL: ¿Qué te falta por hacer?

CR: ¡Ay, muchas telenovelas! Contar muchas historias.

LL: Y esas historias ¿dónde las buscas, de dónde las sacas?

CR: Mirando la vida. Eso tiene una manera de… las historias a veces se cuentan solas, hay unas que te buscan. Ahora mismo tengo un proyecto en proceso de análisis en una productora, y esa es una historia que vino a buscarme, esa es una historia que vino a golpear a mi puerta. Y me dijo: “por favor cuenta esta historia”. Esta es una historia real, dramática, que de verdad lo único que había que hacer era sentarse a escribirla. Entonces ese es un caso. Las historias te buscan. Yo no soy un prodigio. Yo no soy como Mozart que se sentaba y a los cinco minutos quedaba construida la sinfonía. No. A mí me cuesta trabajo, yo me tengo que esforzar, pero lo que hago me queda muy bien hecho, y me queda divertido. ¿En qué me inspiro? Mirando. Miro a la gente. Soy una persona observadora. Seguramente el ejercicio del contrario, esto de que hablábamos de los estímulos negativos, eso también es una manera de inventar historias. Yo tengo por crianza… a que ya lo notaste, mi papá era un gran conversador. Los niños no hablaban ¿no? Los niños escuchaban. Son los niños de ahora los que hablan, en mi época los niños callábamos y oíamos, yo me crie observando. Entonces yo miro los personajes… estos personajes de Azúcar, por ejemplo la tía Raquel, tiene comportamientos que yo conozco en la vida real. Yo conozco esos personajes, los he visto. Ser mayor, ser una persona de mi edad – yo voy a cumplir 65 años en diciembre – pues ya he vivido mucho, he conocido mucha gente y los personajes de la ficción, pues, los tomamos de la realidad. Les subimos un poquito el volumen, tal vez. Eso es lo que hacemos en las historias. Pero todos los personajes de todas las historias tienen un referente. Me gustaría contar una historia que tengo desde hace años atravesada que es mi peor pesadilla (risas). Es puro humor negro: es morirme y reencarnar en mi perra. Y que mi perra quede al cuidado de personas que no la quieran. Esa es una pesadilla. De verdad que suena a ridiculez tal vez, para mí es humor negro, es una pesadilla. El hecho de que mi perra, ésta, y la que se me murió hace dos años (la cual tuve por quince años) el hecho de que alguien la tenga y la maltrate y no pueda defenderse, para mí eso es una pesadilla (se quiebra la voz). Mira, esto a mí me cuesta. Entonces, yo me imagino: ¿qué pasa si yo muero, y reencarno en mi perra, y mi perra queda en poder de las personas inadecuadas? (Suspiro).

LL: ¿Y nunca has pensado en escribir sobre esta pesadilla?

CR: Sí claro, esa es una historia que tengo por ahí. Las perras. Yo creo que las mujeres, te repito, como yo me descubrí todo lo mala y lo perversa que puedo llegar a ser, también he llegado a la fría conclusión de que las mujeres, todas, podemos ser la más mala. Todas.

LL: Es que tú has descubierto un lado de la humanidad que de pronto mucha gente, la mayoría, no conoce. Ese ejercicio que tú practicas a diario, te hace caer en conciencia de muchas cosas que de tanto observar ya lo sabes leer.

CR: Claro. Yo creo que las mujeres somos manipuladoras. Sí. No nos digamos más mentiras. Sí. Somos unas grandes, prodigiosas, expertas manipuladoras. Somos manipuladoras. Los hombres… no. Ese es un software que los hombres no tienen. ¡Aprenden! Yo no digo que no haya infinidad de hombres que sean malos y manipuladores. No digo que no. Lo que digo es que la mujer nace con eso. ¿Sabes por qué? Porque creemos que la maternidad nos da un podercito. Ay es que la madre… entonces ¡como es la madre! Como es la madre, hay que dejarla que se cuele en las filas, como es la madre, hay que permitirle que haga show, y como es la madre entonces que manipule a los hijos, y como es la madre entonces hay que tolerarle todas las barbaridades que se le ocurra hacer y las que no. ¿Pero sabes que no? Yo creo que la maternidad hay que bajarla un poquito del pedestal porque es una condición de la naturaleza. Alguien da a luz. Pero la crianza la hacen macho y hembra. La hacen hombre y mujer. Entonces yo siento un profundo desprecio por el día de la madre (risas), pero en serio lo digo: odio el día de la madre. Me parece la cosa más espantosa de la vida.

LL: Y ¿qué piensas del día del padre? ¿Igual?

CR: No… pues no tengo pensamiento al respecto con la vehemencia y con la pasión con la que desprecio al día de la madre. Me parece que ese está inventado como una natural consecuencia, si existía el día de la madre, los comerciantes dijeron: “hagamos el día del padre.” Es que el día de la madre no. El día de la madre es una cosa que penetra mucho. A los niños en el jardín infantil los ponen a hacer los dibujos para el día de la madre y les enseñan, cuando apenas están comenzando a escribir, a decir: “te adoro más que a nadie en el mundo, y eres la mejor mamá del mundo”. ¿Quién dijo? No. Eres mi mamá, y eres estupenda, pero no eres la mejor del mundo. La mejor del mundo no existe. A mí esta zalamería, esta melosería, esta cosa que se gesta alrededor del día de la madre me parece insufrible.

LL: Conchita, ¿tú nunca has pensado actuar?

CR: Sí, pero mejor no. (Risas). Yo escribí un monólogo y lo interpreté, y lo interpreté varias veces. Pero no… Yo lo que soy es desparpajada, pero la actuación es de verdad un trabajo que me inspira mucho respeto y para el que hay que capacitarse, y esas interpretaciones que yo hacía de mi stand-up me dejaban drenada quince días. No quedaba sirviendo para nada. Quedaba extenuada.

LL: Pero lo has intentado… es que la escritura también te ha hecho descubrir ciertas cosas que también un actor tiene que hacer internamente, pienso que se te facilitaría de alguna manera…

CR: Pero te repito, yo lo que soy es desparpajada. La actuación es mucho más que eso. Es mucho, mucho, mucho más que eso. Y no. Me daría… No, eso sí no. Por ahí ya pasé rápidamente y quedó chuleado. (Risas).

LL: Bueno. Conchita, un libro. ¿Cuál es tu libro favorito?

CR: Mira, tengo particular interés en la literatura escrita por mujeres. Y es comprensible, a mí me interesa leer a las mujeres que a mí me parecen que escriben… rico. (Risita). Y en particular, Ángeles Mastreta, la mexicana. Es una mexicana prácticamente de mi edad, tal vez uno o dos años mayor que yo, a Ángeles Mastreta la descubrí cuando estaba escribiendo mi monólogo. Mi monólogo se llama ¿Quién me apagó este romance? y es todo un tratado sobre el despecho, sobre la tusa. Entonces yo me ilustré y leí. Y a Ángeles Mastreta la descubrí por un libro de ella que se llama Mal de Amores. Y Mal de Amores es un libro que, esto… seguro te ha pasado ¿que se te va a acabar el libro y tú no quieres? Y no quieres, y no quieres, y yo qué voy a hacer después de que este libro se me acabe. Y entonces comencé a buscar qué más tenía, qué más tenía, y creo que he leído todo lo que ella ha escrito. ¿Por qué me gusta? Tal vez por envidia. Sí, envidia. Yo digo: yo habría querido escribir eso. Yo habría querido escribir eso. Entonces eso te lo digo como en general, es la lectura que más disfruto. Y busco literatura escrita por mujeres, entonces ahora recuerdo, por ejemplo, a Rosa Montero, la española. Rosa Montero, también… por Dios, se me escapa el nombre de la chilena… Isabel Allende. Acabo de terminar de leer El Amante Japonés. El Amante Japonés es una historia que me maravilló porque es una historia de los sentimientos de la gente mayor. Es que, ¿sabes? escribiendo telenovelas, los protagonistas todos tienen 20 años, 25, vamos a ser generosos. Y los antagonistas, 40. Y entonces yo digo, ¿qué voy a hacer yo con todo este montón de experiencia, con todo este montón de cosas que yo quiero decir? Necesito escribir historias donde la gente sea mayor. Tal vez por eso Azúcar fue tan importante. Porque en Azúcar todo el mundo era muy adulto, y los adultos duraron 70 años. Y yo agarré a esos adultos a los 30 años y los envejecí parejo con la historia. Tal vez por eso me gustó tanto Azúcar. En la adaptación de Revenge había sobre todo un personaje joven, una muchacha que tal vez tenía 18 años, entonces yo, en las escenas donde ella tenía que hablar, yo escribía, pero era mi compañera de escritura la que traducía eso al lenguaje juvenil. Porque de verdad yo no sé hablar como habla la gente que tiene hoy en día 20 años, y no sé si quiera aprender. Eso es parte del oficio.

LL: Si tú tuvieras que describir la mente de un escritor en tres palabras. ¿Cuáles serían?

CR: Mucha vida interior. Mucha vida interior. Siento que hay mucho tormento… Esas ya son muchas más que tres palabras (risas). Cuando te digo tormento, es porque el escritor siempre tiene mucho ruido en su cabeza. Siempre hay algo en la cabeza que se está moviendo, nunca está quieta.

LL: ¿Una hora de inspiración?

CR: A mí me encanta la noche. Porque me gusta hacer vida cotidiana diurna. Me gusta levantarme, salir con mi perra, llevarla al parque, ir al banco a hacer cualquier vuelta, ir al supermercado a comprar las dos o tres cosas que necesito. ¿Ves? Me gusta hacer vida común y corriente. Yo estoy pensionada hace unos años, entonces la sensación de estar pensionada y de: “¡Ay, yo puedo no hacer nada un miércoles!” eso todavía me produce mucho placer. “Ay, yo no tengo que ir a la oficina un miércoles en la mañana, yo soy una mujer pensionada, ay qué maravilla.” Entonces el día lo utilizo para cosas de la vida cotidiana, corriente, a veces hago cosas como ir a té de señoras, que son una gran fuente de inspiración, son una cosa maravillosa. Mis compañeras de colegio, con quienes todavía me reúno, dicen que se mueren del terror de pensar que tarde o temprano van a terminar saliendo y yo les digo: “pero claro, ¿no han visto? Ya todas están protagonizando algo”. Entonces la noche se hace serena. Yo soy una persona de pocas horas de sueño, entonces normalmente puedo trabajar hasta la una o dos de la mañana, cómodamente. No es un gran sacrificio y levantarme otra vez muy temprano, porque me encanta la mañana.

LL: ¿Café o té?

CR: Café. Café. Sí. Tomo té, claro, y tomo otro tipo de bebidas aromáticas, pero café.

LL: Bueno Conchita, y ya para terminar, ¿a qué le pones La Lupa en tu vida?

CR: (Silencio largo). A diario me pregunto si lo estoy haciendo suficientemente bien. Porque el juez más severo soy yo misma. Vivir conmigo misma no es fácil. Cada mañana me levanto diciéndome: ¿Qué, se va a quedar en la cama? ¿Está pensando que se van a escribir las escenas solas? Entonces me pregunto si me estoy portando suficientemente bien porque no sé si eso cierra el ciclo de que como me crie con adultos, siendo muy observada, tengo en el corazón todavía un poquito de Golden Retriever; yo necesito estímulo permanente. Yo necesito que me digan: “muy bien. Lo hiciste muy bien. Good girl.” Sí, qué pena, pero sí, así es.

LL: ¿Tú crees en ese dicho de que el peor enemigo de uno es uno mismo?

CR: Sí, estoy convencida. Eso no es un dicho, eso es real. Y sabes por qué ¿no? Porque como adentro tienes toda la capacidad para obrar mal, puede ser o tu peor enemigo, o tu mejor aliado. Tú escoges. Tú escoges a cuál de las dos personas vas a invitar a ser el que de verdad protagonice tu vida. Por eso puede ser tu peor enemigo.

La Lupa en frases

Directorio de entrevistas A – Z

Jaqueline Brandwayn

¨El arte me ha dado toda la fascinación, el entendimiento, el poder satisfacer mis inquietudes.¨

Adolfo Zableh

“Sabía que de alguna manera algo me tenía que inventar para ser oído. Por eso escogí escribir”

Alejandra Azcárate

“Me gusta un estado de cordura no permanente. Creo que una alta dosis de irresponsabilidad es deliciosa en la vida.”

Alejandro Cuellar

“En la cocina el criterio solo existe cuando ha habido experiencia.”

Alexandra Santos

“He sido muy terca en querer creer que la vida está llena de magia.”

Alejandro Riaño

“Este trabajo me ha dejado un amor por la vida y un amor por lo que hago que no puedo describir.”

Amalia Andrade

“He sido muy terca en querer creer que la vida está llena de magia.”

Ana Wills

“Actuar es un trabajo muy difícil y un estilo de vida complicado. Pero todo es una experiencia, hay papeles que te cambian la vida.”

Andy Gaitán

¨Siempre me he dejado llevar, hay que ser arriesgado¨

Andrea Novoa

“Tenía una voz interna que me decía que tenía que hacer esto como fuera”

Antonina Canal

“Hay que romper la rigidez y fluir. Soy una aventurera, una gitana”

Beatriz Fernández

“Soy una revolucionaria de las leyes. Mi ley es la ley del amor. Detesto la rigidez”

Beto Gaitán

¨Nunca me ha gustado comer cuento. Siempre me ha gustado indagar, ir más allá.”

Carlos Villa

“Con el violín se crea un vínculo muy fuerte. No es solo emocional sino físico y emocional.”

Catalina Escobar

“Yo tengo un motor adentro, yo trabajo en sintonía con mi hijo. Él y yo somos socios en esto.”

Daniella Álvarez

“Los sacrificios y la disciplina me han hecho alcanzar lo que siempre quiero”

Daniella Moscarella

“Siempre he sido diferente. Nunca me ha gustado ser una niña más del montón.”

Diana Alvarado

“Es duro saber que yo tuve que darle más de la mitad de mi vida a la guerra. Nunca me imaginé que habría más oportunidades para mí.”

Diego Sáenz

¨Uno se preocupa por qué hacer pero es mejor saber lo que no quieres hacer¨

Duván Barato

“Me desmovilicé buscando una oportunidad de mejorar mi vida, pero entré a una sociedad que señala, estigmatiza, rechaza y aisla.”

Elkin Serna

¨El sufrimiento que he vivido, me hizo armarme de valor.¨

Emmanuel Esparza

“Para ser actor no es suficiente ser bueno. Hay que ser obsesivo.”

Felipe Acosta

“Las ideas me han nacido por necesidades y casualidades de la vida. Yo las he sabido leer.¨

Francisco Santos

“Cuando uno se salva de un secuestro de Pablo Escobar el miedo se acaba. Yo viví con la muerte ocho meses”

Geraldine Pomato

“Soy una mujer obstinada, trabajo por lo que quiero hasta que lo logro. Con Wikimujeres fue así”

Gustavo Yacamán

“Pongo mi mente en blanco antes de poner el pie en el acelerador”

Jaime Lombana

“Yo presiento siempre lo que va a pasar. Sé cuándo voy a ganar y cuándo no”

Jorge Duque

“El día que dejé de esconder quién era, dejé de pelear conmigo mismo”

Juan Felipe Samper

¨Seguir los sueños, con todo lo romanticón que suena, siempre va a ser válido, siempre va a ser lo más chévere¨

Juan Pablo Socarrás

“Si la vida me había dado tantas oportunidades era por algo. Me dediqué a luchar por este sueño”

Laura Tobón

“Me lo propuse, lo soñé y lo luché y todo ha llegado en medidas que nunca imaginé”

Mabel Moreno

“Tengo un alma muy libre, pero también una cabeza que me pone todos los límites. Soy mi mayor juez.”

Marcelo Rozo

“No hay nada en la vida como levantar un trofeo. Es como tener el mundo en las manos”

María Del Rosario Guerra

“Mi disciplina, mi formación cristiana y mi preparación académica son lo que me ha permitido lograr todo en la vida.”

Marianela González

“Pareciera que soy conservadora pero no. Todo lo que sea distinto a la costumbre me atrae mucho. Soy muy curiosa”

Marta Lucía Ramirez

“Soy una persona estricta, coherente, con mucho compromiso por Colombia, a veces demasiado cuadriculada.”

Natalia Espitia

“Entendí que la mejor manera de transformar y sanar mi vida era ayudando a las niñas a vencer el miedo”

Natalia Ponce de León

“Escogí el camino de levantarme y hacerme grande. Esto fue un renacer, reinventarme desde cero.”

Oscar Iván Zuluaga

“A mi no me obsesiona el poder. Me obsesiona poder trabajar por los demás.”

Paloma Valencia

“Siempre he querido cambiar el mundo. Me hace falta ver que sí se puede”

Paula López

“Aprendí a abrazar mi realidad y entendí que el perdón y la felicidad son una decisión.”

Paulina Laponte

“Entendí que hay que aprender a fluir con la vida. En el camino encontré muchos talentos y pasiones que no conocía.”

Pilar Schmitt

“Trabajo en una cosa completamente diferente a lo que yo soy”

Regis Ortiz

“El proceso de reinserción no fue fácil. Pero cuando veo a mi mamá y a mi hijo sé que todo ha valido la pena.”

Santiago Prieto

“El camino es infinito. Lo más difícil es persistir, perseverar y resistir”

Tata Gnecco

“Si a tu sueño le pones un poquito de disciplina y empuje, lo consigues ”

Tito Puccetti

¨En mi carrera he hecho muchos sacrificios. Y sí, he tenido suerte, pero ha sido una suerte buscada.”

Yaneth Waldman

¨Yo soy terca en buscar la felicidad todos los días de mi vida.”

Vladdo

“Soy inquieto, sarcástico, malpensado. Tengo cara de bravo pero soy una melcocha.”

Conchita Ruiz - La Lupa Revista Digital
Conchita Ruiz - La Lupa Revista Digital
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Conchita Ruiz
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Conchita Ruiz
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Conchita Ruiz, nos cuenta sobre su niñez, su vena de escritora, el reto diario de su trabajo y sobre su vida en general.
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