Marta Lucía Ramirez

Marta Lucía Ramirez

Marta Lucía Ramirez

“Soy una persona estricta, coherente, con mucho compromiso por Colombia, a veces demasiado cuadriculada.”
Marta Lucía Ramirez - Revista La Lupa

Marta Lucía ha estado cerca del poder desde muy niña. Pertenecer a la política nunca estuvo dentro de sus planes, pero el servicio, el aportarle a la sociedad siempre fue un pensamiento que la motivó. Trabajó desde muy joven en el sector privado pero la vida la fue acercando al sector público como Ministra de Comercio Exterior y luego, como la primera mujer en ser Ministra de Defensa de Colombia. Los que la conocen la describen como una mujer estricta, coherente, implacable y de convicciones claras. Es persistente con lo que se propone en la vida, amorosa y detallista. Le pusimos La Lupa a Marta Lucía para conocer esa mujer que ha luchado siempre por darles un espacio a las mujeres en el poder, que sueña con una Colombia mejor, y que aunque a veces siente frustración por su país, como ella dice, si la causa es Colombia, siempre todo valdrá la pena.


LL: Quería primero que empezaras devolviéndote a esos primeros años, a tu infancia cuando pensabas en lo que querías ser más adelante.

MLR: No, la política jamás estuvo dentro de mis sueños o dentro de mis planes. De hecho siempre he tenido una gran desconfianza hacia la política tradicional, hacia los políticos más bien. Siempre me molestaron mucho los operadores de la política. Siempre tuve claro que me gustaba el servicio público, el manejo del Estado, cómo uno puede ayudar a transformar una sociedad. Desde que estaba chiquita siempre oía las noticias, mi mamá era una mujer súper interesada por todo lo que estaba pasando en el país. Cuando yo estaba aprendiendo a leer, para practicar la lectura mi papá me ponía a leer el periódico y después me tocaba decirle qué había leído. Pero mi interés por lo púbico se manifestó cuando estaba en la universidad. Yo estudié derecho en la Javeriana y pues era una facultad donde teníamos un acercamiento permanente al Estado, al manejo del poder. En ese momento el decano era el Padre Giraldo, y él siempre nos decía que había que estar atentos al manejo del Estado porque ahí estaba la clave de cómo iba a evolucionar la sociedad. Después vinieron muchos años de experiencia en el sector privado, tuve la oportunidad de ser Ministra de Comercio Exterior, eso ya fue hace 18 años. ¡Yo estoy muy joven en el alma! Fui Ministra de Defensa con Álvaro Uribe hace 14 años, y después me cambió el chip porque me recorrí este país, porque vi lo que eran realmente los soldados, los policías, yo promoví el programa de desmovilización que tanto le ha servido a la fuerza pública. Ahí dije que quería aportar todo lo que sabía, mi capacidad de trabajo, mi experiencia adquirida, y tomé la decisión de pertenecer a la política.

LL: ¿Qué tanto miedo da enfrentarse a este mundo, pertenecer a él?

MLR: ¿Sabes qué pasa? Yo entré de una manera muy ingenua, pensando que si uno hacía las cosas bien, si uno era juicioso, si uno tenía un prestigio, porque venía de estar muchos años en el sector privado, fui asesora jurídica de Luis Carlos Sarmiento, fui presidenta de Anif, entonces dije bueno, tengo ya una carrera de créditos positivos, entonces pensé que iba a ser relativamente fácil. Fue muy difícil y sigue siendo difícil permanecer porque es que los operadores en los partidos políticos tienen un manejo de maquinaria que funciona a través de la clientela, es un monstro que se va alimentando de los beneficios que reciben del gobierno de turno. Entonces, cuando uno entra y no hace parte de ese sistema tratan de anularlo. Siento que eso me ha pasado a mí. Pero si uno tiene la vocación de servirle al país hay que tratar de hacer los cambios. Entonces, uno se bendice todos los días, saca fuerzas y dice estaremos hasta donde se pueda. Yo creo que lo importante, cuando uno está en la política, es que no se vuelva una obsesión el poder, sino que uno entienda que en el proceso mismo uno puede ir dejando un legado. No es solamente si uno llega a la presidencia, sino que el solo proceso tiene que dejar un legado y eso es lo que yo me he propuesto, y en esa medida pues se va también uno quitando aprensiones, temores.

LL: ¿Cómo hace uno para no dejarse embestir por el poder, los medios, el reconocimiento?

MLR: Yo tuve la fortuna de tener una mamá que fue una mujer sobresaliente, que siempre me guio muchísimo. Cuando yo estaba en la universidad muy jovencita, entré de 16, ella era la asistente de la presidencia de Seguros Tequendama, trabajó allá toda su vida, y pues mis papás me pagaban con esfuerzo una universidad tan importante como la Javeriana y yo empecé a trabajar a los 18 años de medio tiempo, haciendo una especie de pasantía en la superintendencia bancaria, entonces ahí empecé a conocer un montón de gente muy importante. Y mi mamá desde ahí me decía: nunca te dejes descrestar por el poder, nadie que está ahí tiene que descrestarte. Que te descresten las ideas, las acciones, el trabajo. Yo entonces hice la carrera rápido, me gradué y fui jefe de bancos a los 25 años, era una niña. Entonces citaba a mi oficina a los presidentes de todos los bancos, eran mayores, poderosísimos. Y mi mamá siempre me repetía que no me dejara sacar de mi sitio, que tuviera firmes mis convicciones, mi responsabilidad. Me recordaba que el cargo no era yo, que las arandelas no me pertenecían. No me pasa lo que sí veo que les pasa a muchos, que creen que si llegan a ser ministros, el ministerio son ellos. Cuando estuve en el Ministerio de Defensa me impresionó mucho, por ejemplo, que hubiera tantos desfiles militares, tanta cosa solemne, y yo he visto a los ministros hombres cómo sienten, como si todas estas tropas estuvieran haciendo un desfile para ellos. No se dan cuenta de que es parte de un rito, una solemnidad. Uno tiene siempre que tener clara la diferencia entre quién es uno y qué es el cargo. La misma que entró al cargo tiene que salir, ojalá creciendo interiormente, intelectualmente, pero no creyendo que se llevan los atributos del poder.

LL: Ser mujer y pertenecer a la política, me imagino, que no ha sido fácil. ¿Cómo hace uno para seguir siendo mujer, pero al mismo tiempo mostrar fortaleza en un mundo que sigue siendo machista?

MLR: Muy difícil, tengo muchas anécdotas. Por ejemplo, el día que me posesioné como Ministra de Defensa, la víspera y dos días antes me llamaba gente cercana a preguntarme que cómo me iba a vestir. Y yo les decía, yo nunca sé cómo me voy a vestir, yo lo sé cuando me levanto, abro la ventana y según el clima decido. La gente me recomendaba que me pusiera unos pantalones verdecitos que no desentonara con el uniforme de los militares y yo decía eso era absurdo. Yo soy una mujer, me encantan las faldas, y si una mujer llega a este cargo, yo era la primera, no puede llegar a parecerse a los hombres, tiene que marcar el contraste, cómo puede llevar lo femenino. Una cosa muy importante que hice fue incorporar un criterio que era la protección al ciudadano, es un concepto muy distinto, antes era la defensa de los grupos terroristas. Uno no puede cambiar su esencia. Entonces mantener la actitud femenina en ambientes de poder tan machistas, es muy difícil sobre todo porque si no te pueden atrapar entonces te tratan de destruir. Uno a veces oye mujeres que gritan, que se masculinizan, yo creo que eso es quitarle mucho al aporte que puede hacer una mujer en esta sociedad, yo creo que uno tiene que ser capaz de disputar escenarios con mucha firmeza, con carácter, siendo implacable, pero no saliéndose de su condición de mujer. Por ejemplo, hablando con gente de la academia, uno se pone a mirar y hay muy pocas rectoras mujeres de universidad. Entonces, claro que la mujer la tiene difícil en este país.

LL: ¿Y en el mundo en general no? Uno mira por ejemplo lo que paso ahorita en Estados Unidos. ¿Qué tan preparado está el mundo?

MLR: No está preparado pero tenemos que seguir dando la pelea porque las mujeres tenemos mucho que aportarle a la sociedad. Uno se pregunta qué le hace falta a esta civilización que hoy tiene supuestamente tanto, pero se ha olvidado lo más importante que es el ser humano. Y yo creo que el ser humano sigue siendo el mismo, yo creo que desde siempre, tenemos una parte afectiva, espiritual, familiar, de trabajo. Entonces creo que en eso las mujeres somos más cuidadosas que los hombres. En el mundo entero las mujeres que se enfrentan al poder, se enfrentan a una competencia dificilísima. Tu misma lo dijiste, en Estados Unidos por ejemplo, fueron tantos los mensajes descalificando a Hillary con por ejemplo que era una mujer corrupta, y bueno eso son puras estrategias, y no creo que ella sea una mujer corrupta. Pero entonces, hay que seguir dando la lucha. Nosotras que hemos llegado a cargos importantes tenemos la obligación de abrirles el camino a otras mujeres. Yo por ejemplo hice abrir la posibilidad de que las mujeres pudieran ser generales en la fuerza pública. Antes de mí eso no existía. Sentí que era mi obligación para que las mujeres que dieran buenos resultados, tuvieran esa posibilidad.

LL: Cuando uno está más expuesto al dolor o al sufrimiento también encuentra lo mejor de uno mismo. Qué es lo que más te ha sorprendido de ti misma.

MLR: Yo he tenido varios golpes pero también tengo que decir que he sido muy afortunada. Dios ha sido muy bueno conmigo, tengo una familia maravillosa, una capacidad de trabajo e intelectual y con eso me he abierto muchas puertas. Pero he tenido dos en particular, uno cuando estaba recién llegada al Ministerio de Defensa un día me dijo el comandante de las Fuerzas Militares; le quiero decir que su hija es un objetivo militar, ella en ese momento tenía 16 años, y estaba recién entrada a la universidad. Me dijo que no le podían dar seguridad y yo no entendía por qué, y me decían que en la Universidad de los Andes era difícil darle la seguridad necesaria. Entonces me dijeron que la sacara del país. Fue muy difícil porque no estábamos preparados para eso, es mi única hija, pero lo cierto es que uno no se iba a poner a jugar con su vida. Se fue entonces de Colombia, nos tocó buscar una universidad que no fuera costosa, porque aunque hemos hecho un esfuerzo no podíamos mandarla a la universidad de Yale por ejemplo. Entonces buscamos una universidad pública en España y le tocó irse sola. Yo realmente creo que todavía me estoy recuperando del trauma de sentir que en un momento determinado de mi vida me tocó pagar ese peso por hacer algo que creía que le servía al país. Después, más recientemente, la muerte de mi mamá, y cundo uno siente que se va uno de los seres más queridos se pregunta por el sentido de todo, uno está mucho más consciente de lo corto que es todo, de lo efímero, y eso me obligó a ser consiente de para qué es mi vida, cómo puedo ayudar a ser felices a otros. Uno con la muerte aprende, va desapegándose de muchas cosas.

LL: Has sido una mujer incansablemente trabajadora. ¿Ha habido algún momento en el que hayas querido escapar un poco de este mundo, salirte de él?

MLR: Sí, siente uno cansancio. En este momento siento eso, hay tantas luchas que hemos dado, y yo siento a veces que avanzamos dos pasos y retrocedemos uno y eso genera frustración. Ayer estuve en un foro por ejemplo, y se hablaba de las principales problemáticas del país, y yo pensaba, ¡son exactamente los mismos temas que tocamos hace 18 años, y eso ya debería estar hecho hace rato! Uno a veces siente, hombre, ¿vale la pena este esfuerzo? pero bueno hay que respirar profundo y saber que vale la pena, cuando la causa es Colombia vale la pena. Pienso que uno en la vida con su trabajo tiene que darle un sentido, que el trabajo de uno sirva a los demás, la sensación de que la vida es útil.

LL: ¿Una persona que te conozca, cercana a ti como te describiría?

MLR: Como una persona estricta, coherente, con mucho compromiso por Colombia, a veces demasiado cuadriculada.

LL: ¿Sufres con ser demasiado cuadriculada?

MLR: Sí, sufro, por ejemplo en el tema político, porque hay gente que me dice que no pelee tanto con los congresistas y yo digo no tengo la cintura para sentarme con alguien que veo que no ha hecho las cosas correctamente, que se ha quedado con recursos del Estado, que tiene gente contratada que son corbatas que le cuestan al país. Ahí soy cuadriculada. Soy muy solidaria, quiero mucho, me gusta servirle a la gente, darle a la gente, soy muy detallista. Me exijo mucho y exijo mucho a los que están conmigo.

LL: ¿Tienes alguna frase de cabecera?

MLR: No, realmente es como la reflexión de pensar que la vida es un ratico, que la vida hay que vivirla con coherencia. Tengo la suerte también de que mis papás me inculcaron la fe en Dios. Tengo mucha fe y eso me da mucha fuerza. Invoco mucho a Dios en mi cotidianidad.

LL: La característica que más admiras y a la que más le huyes

MLR: La que más admiro, la rectitud y la disciplina, y el servicio. Le huyo a la gente lagarta. Porque he visto mucho de eso en la vida, desde muy chiquita estuve cerca al poder por mi trabajo y mis méritos y aprendí a desconfiar de esa gente.

LL: ¿A qué le pones La Lupa en tu vida?

MLR: Yo creo que a las aptitudes, a las cualidades de la gente. Uno a veces ve gente que tiene cualidades y que las da por hecho, y yo quisiera ayudarle a la gente a agrandar sus fortalezas. Hay gente que le pone la lupa a los defectos de los demás, uno a veces es dado a exigir y a fijarse en el punto negro de la hoja blanca. Yo trato de ponerle la lupa a la cualidad.

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Marta Lucía Ramirez - Revista La Lupa
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Oscar Iván Zuluaga

Oscar Iván Zuluaga

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“A mi no me obsesiona el poder. Me obsesiona poder trabajar por los demás.”
Paulina Laponte - Revista La Lupa

Oscar Iván Zuluaga nació en Pensilvania, Caldas, en una familia numerosa y trabajadora. Su afinidad por la política fue creciendo con el pasar de los años. Desde niño jugaba a que era presidente y en 2014 estuvo cerca de serlo. Es una de las caras más importantes del Centro Democrático y su anhelo por ser presidente sigue vigente. Es amante del fútbol, de la naturaleza y del tiempo en familia. La Lupa estuvo con él, mas cerca del hombre, más allá de la figura pública.


LL: Bueno cuéntenos qué fue para usted haber nacido en Caldas

OIZ: Pues Laura, lo primero es que yo me siento muy orgulloso de haber nacido en un pueblo como Pensilvania. Yo estuve ahí hasta los seis años y eso marca lo que es el concepto de familia y de comunidad. Cuando uno vive y nace en un pueblo, pues es mucho más cercano a las personas, a las comunidades, porque un pueblo tiene unas realidades muy diferentes a una gran ciudad. Y el hecho de mantener siempre un contacto con Pensilvania, a pesar de haberme venido hace tantos años, pues es un arraigo de que uno siempre quiere el lugar donde nació, donde vivió y donde dio sus primeros pasos. Luego, eso ha marcado mucho mi estilo, mi personalidad, y por eso incluso, mi vida política la inicié como concejal de mi pueblo Pensilvania.

LL: ¿Qué extraña de Pensilvania?

OIZ: Pues todo, porque este es un lugar, digamos, de una riqueza de aguas, de bosques, es aire puro. Es el ciudadano sencillo, tranquilo, alejado de todo tipo de modernismos. Una vida muy auténtica, muy tradicional, donde las cosas valen, donde la vida es sencilla. Entonces es como volver a lo que debe ser la vida en sus pilares esenciales; la tranquilidad, la paz, en el sentido de que hay tiempo para todo, para pensar, es volver uno a lo que es una vida en medio de la naturaleza, sin los afanes, sin las afugias y eso lo hace reencontrar mucho con los valores de la vida.

LL: ¿Cómo era su familia? ¿Sus papás eran consentidores, estrictos? ¿Cómo fue educado usted en ese sentido?

OIZ: Pues digamos estrictos y son personas que vienen de otra generación. Mi papá y mi mamá no pudieron ir a la universidad. Eran de familias muy numerosas, con muchas limitaciones de recursos, y ellos no tuvieron la oportunidad de educarse en una universidad entonces muchas cosas son por la propia intuición de padres. Eran estrictos, pero en medio de sus exigencias eran muy abiertos, unos papás de una vida matrimonial excepcional, ya van para 60 años de matrimonio, y nunca los veía uno en una pelea, un irrespeto, una agresividad. Mi papá, por ejemplo, es una persona muy respetuosa de la mujer y eso nos lo inculcó desde niños, entonces ellos nos inculcaron unas normas de respeto, fundamentales, esenciales. Muy creyentes. Incluso ellos hoy todavía siguen muy vinculados, desde hace diez años hacen una obra social en la parroquia. Somos una familia muy católica, de convicciones católicas, y ellos siguen ayudando haciendo obras sociales. Siempre ha estado presente en el ambiente de la familia ayudar a personas pobres, ayudar a personas necesitadas, estar muy involucrados con las comunidades, y ellos, a pesar de su edad, todavía siguen haciendo una obra social muy importante con una venta de empanadas en la iglesia todos los domingos, y con eso han ayudado a construir obras sociales y demás.

LL: ¿Cómo fueron esos primeros años cuando usted trabajaba en el negocio de su papá?

OIZ: Mi padre tenía un negocio y yo empecé a acompañarlo. Siempre en vacaciones mi papá nos ponía a trabajar. Mi mamá decía que no nos podíamos quedar en la casa haciendo nada, y él nos llevaba a la oficina a mi hermano y a mí, los dos mayores, a trabajar. Y desde la edad de los doce años, yo recuerdo que yo le ayudaba y mi primera actividad fue vender licores en épocas de noviembre, diciembre, para regalos de navidad. Y después trabajábamos con él en labores básicas, de mensajería. Siempre estar activos, ocupados, pero conociendo cosas. Hubo una época en la que él construyó una bodega en el sector de Paloquemao y nos tomó a los tres hermanos, a mi hermano mayor, a mi hermano menor y a mí, y nos llevó un día y le dijo al maestro de obra: “aquí están mis hijos, ellos van a trabajar en estas vacaciones con usted sin ninguna consideración. Póngalos a hacer actividad.” Y nosotros trabajamos un mes en la obra, con los trabajadores, haciendo actividades obviamente que teníamos la capacidad de hacer, pero siempre como inculcar el sentido del trabajo, el sentido del esfuerzo, de la disciplina, y eso se aprendió con él. Ya luego terminé la universidad, yo no me vinculé directamente con mi papá, sino con los negocios de los tíos por el lado de mi madre, pero después volví en una circunstancia particular a uno de los negocios que tenía mi papá con un sobrino de él, entonces es como aprender el valor de lo que significa construir con tanto esfuerzo, esa lucha por tratar se surgir para poder financiar a una familia todos en proceso de educación, de lo difícil que es conseguir la plata. El trabajo nos sirvió mucho para aprender el valor de pagar las cosas a tiempo, de honrar los créditos. Uno veía que mi papá con su negocio los créditos siempre había que pagarlos el día antes. A los proveedores, a los bancos, hay que ser muy serio, cumplir la palabra. Y uno escuchar todo eso desde niño pues le da un gran sentido y son valores que le quedan para toda la vida. El valor de la palabra, pagar los créditos, la transparencia, las cuentas claras, cómo debe uno reportar todo gasto. Todo eso va inculcado desde esa formación de niño.

LL: ¿Y cuál diría usted que fue la enseñanza más grande que le dejó su mamá?

OIZ: Pues mi mamá… esa capacidad de lucha, esa visión. Viviendo en un pueblo, mi mamá fue la que arrastró a mi papá para podernos salir de Pensilvania y llegar a Bogotá y poder educar a los hijos, entonces ella siempre pensando hacia delante, que uno no puede tener simplemente una decisión midiendo las cosas hoy sino siempre pensando adelante. Siempre pensando. Inculcándonos mucho el sentido de la unión y la solidaridad entre los hermanos. Y de hecho hoy que somos todos ya adultos y tenemos hijos, hay una gran hermandad. Nos apoyamos mucho, en dificultades, en problemas, con los hijos, muy unidos. En eso hacía mucho énfasis mi mamá siempre.

LL: ¿Cómo fue usted como estudiante?

OIZ: Pues a mí me fue bien. En el colegio, en términos generales, tenía muy buenas notas, siempre estaba dentro de los primero lugares, era una persona bien activa, buen amigo. Siempre ejercí liderazgo con mis compañeros y liderazgo social. Tenía mucha personalidad porque yo era muy, muy bajito. Yo no vine a crecer sino casi en el último año del colegio, entrando a la universidad. Era muy bajito y tenía un problema, pero mi mamá y mi papá creían que yo era bajito porque mi mamá era bajita, mi abuelo era bajito, y nunca pensaron que yo debía ir a donde un médico. Bueno, eso fue ya una persona que me vio y les sugirió a ellos que yo debería hacerme un examen donde un médico, un endocrinólogo y él fue el que detectó que tenía un problema hormonal que podía ser tratado y podría crecer un poco más. Por eso tengo la estatura que tengo, si no, sería enano. Sería enano. Porque se detectó a tiempo y pude hacerme un tratamiento. Entonces en el colegio, por ejemplo, yo recuerdo estando en quinto de bachillerato, yo estudié en el Liceo Cervantes, y allá eran muy importantes las revistas que se hacían para Educación Física, para gimnasia, para ciertos eventos, pero en el colegio nos formaban no por grupos, sino por estatura, entonces yo en quinto de bachillerato terminaba con los de primaria por la estatura. Eso requería una personalidad muy fuerte para manejar a esa edad el hecho de ser tan bajito que lo priva a uno de muchas cosas. Íbamos a las fiestas y a las chicas sólo les gustaban a los grandes y lo veían a uno como a un niño. Entonces que eso no le fuera a crear a uno traumas. Y yo pues superaba todas esas cosas, y en eso ejercía un liderazgo propio fuerte.

LL: Se fue preparando para lo que iba a hacer más adelante…

OIZ: Digamos que la familia siempre ha estado cerca a la política porque desde Pensilvania, mi abuelo y todos participaban en las campañas. A mi abuelo por el lado de mamá siempre le gustó mucho la política y mi mamá era muy activa en campañas políticas. Como activista. Haciendo trabajo, colaborando. Siempre lo fue. Yo creo que ahí hay como un gen…

LL: Pero ¿usted siempre soñó desde chiquito con estar en la política?

OIZ: Sí. Hay muchas anécdotas de pequeño en las que jugaba con el tema de hacer un gabinete siendo Presidente de la República. Estoy hablando de la edad de 12, 13 años. Y yo el gabinete lo armaba con las personas que conocía buscándoles una afinidad, entonces: “ah, esta persona es muy activa, entonces puede ser ministro de tal y tal.” Eso se volvió muy divertido y mi mamá siempre me lo recordaba que yo de niño decía: “yo voy a ser presidente, yo voy a ser presidente”.

LL: Bueno, y ya más adelante, ¿cuál es ese momento en el que usted decide saltar a la política? ¿Por qué decide hacerlo?

OIZ: Bueno son varios hechos. En Colombia se iba a dar la primera elección popular de alcaldes. Estamos hablando del año 1988. Yo ya había terminado la universidad, y en nuestro municipio se había dado una circunstancia política: habían asesinado, por motivos políticos, a varios líderes y dirigentes muy amigos nuestros. Entonces el municipio, cuando se iba a iniciar la elección popular de alcaldes, enfrentaba la oportunidad de poder empezar a recuperar lo que podría ser un buen ambiente político, y surgió, por diversas circunstancias, con quien ha sido mi compañero político: Luis Alfonso Hoyos. Él había regresado también de una especialización y se le acababa de morir su padre que había sido representante a la Cámara, y él decidió asumir ese liderazgo político. Estaba muy joven, 23 años. Yo tenía 24, 25 años. Entonces él me planteó que por qué no iniciábamos un proyecto político aprovechando que en Colombia se estaba generando la elección popular de alcaldes, y construíamos un proyecto que significara una renovación política, que éramos jóvenes, y que podíamos empezar a probar, entonces se dieron varias circunstancias, y yo le dije: “claro, yo lo acompaño. Yo estoy dedicado al sector privado, pero asuma usted el liderazgo político que yo lo acompaño.” Y ahí empezamos el ejercicio, yo me incluí en la lista al consejo. Me incluí de séptimo, u octavo renglón como para no salir, porque pues yo estaba en el sector privado y no tenía previsto que me fuera a dedicar a la política. Me gustaban la política y lo público, pero veía que mi vocación era estar en los negocios de la familia, entonces salí concejal. Y esa fue una época muy interesante porque los dos empezamos a trabajar y era como un sueño en un pueblo de Colombia. Porque los dos ser concejales… él tenía maestría, y yo había terminado también mi maestría en Inglaterra, entonces le dimos un altísimo nivel de discusión y de trabajo al Concejo. Hacíamos debates, y empezamos a generar una motivación en la ciudadanía que siempre iba a las sesiones del Concejo. Se llenaban las barras, porque era fascinante, de un nivel académico. Entonces ahí empezamos a hacer un trabajo, luego vino el tema de mi precandidatura a la alcaldía y bueno, yo pensé, es el momento de ayudarle a mi pueblo, de prestarle un servicio a la comunidad, renuncié a todo lo que tenía y me fui como candidato a la alcaldía, gané, y fui dos años alcalde. Yo estaba relativamente recién casado, mi mujer barranquillera, esa fue la primera prueba de amor fuerte. Yo me casé a los 28 años. En los planes jamás hablamos de que yo me iba a ir para Pensilvania, y de un momento a otro le dije: “mi amor, surgió esto” y ella me dijo: “yo me casé contigo, nos vamos para Pensilvania”. Entonces yo sentí que había un proyecto de vida al lado de ella, de ver esa prueba, y bueno, eso fue súper exitoso, ella se involucró en trabajos sociales, ella, sin conocer a nadie, se hizo al cariño y logramos armar un buen equipo. Eso fue fascinante. Yo tenía un hijo recién nacido, y ya mi señora estaba en embarazo del segundo. Cuando yo gané la alcaldía, a los pocos meses, nació mi segundo hijo, entonces tuvimos que empezar a educar una familia pero viviendo allá. Ese fue un momento muy interesante en la vida, porque digamos que rompía toda la lógica. Yo con un puesto bueno en el sector privado, después de haber regresado de una especialización, todos mis amigos me decían: “usted se va a ir a un pueblo a qué, ¿de qué va a vivir?, a atrasarse”. A todo el mundo le parecía una locura. Yo tenía un propósito de ayudarle a mi comunidad y decir: “bueno, yo tengo que hacer algo por otros. No a toda hora puedo estar pensando en mí.” Me fui, y eso marcó, pues obviamente fue una gestión súper exitosa, hicimos cosas maravillosas, entonces eso marcó una imagen, y la consolidó. Yo no pensaba seguir en la política. Yo ayudaba. Ayudaba a Luis Alfonso, él asumía los liderazgos y no estaba previsto que yo terminara en eso. Pero no como un actor directo aspirando a una gobernación, a un senado, a una cámara.

LL: O sea, usted nunca se imaginó que iba a estar a punto de llegar a la presidencia.

OIZ: No, no en ese recorrido. Yo no he sido nunca obsesionado con el poder, tal vez eso es una gran ventaja. Porque hay muchos que viven de la política porque tienen una obsesión por el poder, y muchos hacen lo que sea con tal de lograr el poder. Yo no. A mí me obsesiona el trabajar por la comunidad. El poderle servir a la ciudadanía, ayudarle a solucionar problemas. Entender que hay tantas diferencias, y se puede hacer tanto. Y la forma de hacerlo es ejerciendo el liderazgo público, porque esa es la naturaleza. Uno no logra impactar si uno no es un líder público, y la alcaldía en Pensilvania me enseñó que es posible: manejando bien los recursos del Estado, con transparencia, trabajando, es posible ayudar muchísimo a la comunidad.

LL: Y hoy en día va a Pensilvania y ¿cómo lo recibe la gente?

OIZ: No, con un gran cariño. Allá tenemos pues a toda la familia que se mantiene muy activa, muy vinculada. Vamos a vacaciones. La familia además es grandísima y ver la tercera y la cuarta generación, y ver esos niños que nacieron en Bogotá, que estudian con todas las comodidades, y verles esa felicidad de pasar sus vacaciones en Pensilvania, ese reencuentro, eso le da unos equilibrios a la vida muy interesantes y le da lecciones a todos y le permite uno a toda hora observar valores esenciales que no se pueden perder. Y esa tradición familiar, construida alrededor del amor al pueblo donde nació toda la primera generación, donde se aprendieron los primeros negocios, pues es bonito. Yo creo que eso da mucha sensibilidad. El ser humano tiene que tener apego a algo y tiene que tener fijación en cosas en la vida, que le representen gratitud, alegría, paz, paz interior, y eso es lo que representa ir uno a su pueblo, a Pensilvania. Todos vamos y somos felices.

LL: ¿Le da nostalgia?

OIZ: Me da nostalgia cuando uno se tiene que venir. Ahora, por ejemplo, en estas vacaciones de diciembre, por primera vez estaba solo con mi señora en la cabaña. Nosotros tenemos allá una cabaña. Porque los hijos estaban en el exterior y hacíamos esa reflexión: o sea, volver acá los dos, estar solos, ya los hijos grandes, ver esta belleza de naturaleza, ver uno cosas básicas, poder estar con esta tranquilidad… salimos de allá y nos dio una gran nostalgia. Uno dice: “qué rico poder quedarse allá un mes”. Qué bueno poder venir, dos, tres, cuatro veces en el año. Eso refleja cómo a uno se le arraigan ciertos sentimientos que le marcan en su vida.

LL: ¿Cómo fue ese acercamiento con Uribe por primera vez?

OIZ: Bueno, yo al presidente Uribe lo conocí cuando estaba en el sector privado, y fui a un congreso de Fedemetal en Medellín, y él era gobernador de Antioquia. Y yo recuerdo que él hizo una presentación sobre lo que estaba haciendo como gobernador de Antioquia. Entonces yo ahí quedé muy impactado. Luego tuve la oportunidad porque había una época de crisis en Pensilvania con las FARC. Pensilvania limita con Antioquia. Entonces fuimos a hablar con él como gobernador, nos recibió un lunes a las 7 de la mañana y nos invitó a uno de los consejos de seguridad que hacía semanalmente con muchas instituciones. Y yo decía, es increíble ver este liderazgo, esta forma de encarar los problemas, esta capacidad de integrar a tantos actores, y de ahí nació una admiración que se fue abonando en el tiempo. Y cuando él toma la decisión de lanzarse como presidente hacia el año 2001, pues con Luis Alfonso dijimos: “esta es la oportunidad, vamos a ayudarlo.” Y ahí fue cuando le ofrecimos que contara con nosotros y unos meses después la situación del país estaba muy crítica, el país estaba con unos problemas de seguridad perdidos, un problema económico muy serio, y por diferentes factores tomamos la decisión de que yo me lanzara al Senado para acompañar al presidente Uribe. Y ya significó estar con él desde el 2002. Primero como Senador, luego como Ministro de Hacienda. Los cuatro años anteriores estuvimos trabajando después de haber terminado el gobierno, y ahí nació la candidatura presidencial, entonces es una historia que tiene esas etapas.

LL: Hoy en día ¿cómo ve esa época de la campaña presidencial?

OIZ: Pues mira, eso fue una experiencia inolvidable porque yo empecé a hacer la campaña presidencial en el 2012 solo. Nadie creía que yo fuera a llegar a ser presidente. Incluso faltando 3 meses, yo recuerdo en el mes de febrero de 2014, las encuestas me daban que yo no tenía más del 5%. Entonces todo el mundo decía que no era viable, que era imposible, que cómo le iba a ganar a Santos, o a Peñalosa, o a Marta Lucía, que yo era un desconocido. Que era buena persona, que había sido un buen ministro de hacienda, pero yo era muy consciente del trabajo que había hecho, porque a lo largo de toda mi vida siempre he luchado contra esa lógica. Entonces yo era muy consciente del trabajo que había hecho y de lo que podía aportar. Mi primer paso fue haberme ganado ser el candidato al Uribismo, que lo había logrado. Y pasaron las elecciones del Congreso y yo empecé a ver que tenía posibilidades de recoger todo el trabajo que había construido y así se dio: gané la primera vuelta contra todos los pronósticos. Yo creo que fue una suma de muchas cosas bien hechas, y yo logré vincular a un equipo de brasileros que me dieron una gran fuerza en el mensaje, entendieron muy bien mi potencial, y construimos una campaña publicitaria súper exitosa. Súper exitosa. Una campaña alegre, una campaña de propuestas, una campaña que impactó. Siempre mi prioridad fue en el tema de la educación, el tema de los jóvenes, y logré enganchar propuestas que llamaron muchísimo la atención y yo sentía que crecía por todo el país.

 

LL: Pero usted siempre tuvo fe en que iba a lograrlo…

OIZ: Mi propósito era pasar a la segunda vuelta y demostrar… sabía que no era fácil derrotar al candidato presidente, pero lo derroté. Luego la segunda vuelta, y ver ese crecimiento de esa votación tan alta. A su vez quedan sentimientos de tristeza profundos. ¿Por qué? Por todo el montaje que me hicieron con el escándalo del hacker. Porque eso fue un montaje. Lamentablemente la justicia va muy lenta, pero nosotros sabemos cómo se dio ese montaje que tenía un propósito: dañarme. Luego, darme cuenta de la compra de votos tan descarada que hubo en la segunda vuelta, el uso indebido de los recursos públicos, a lo largo de estos dos años después de la campaña, pues ya las personas van hablando y le van contando a uno, y a mí me causa un inmenso dolor. Es un sentimiento humano muy fuerte porque sentir que realmente fueron otros factores los que no me permitieron ganar la presidencia, cuando uno lo evalúa en su soledad, pues eso genera tristeza, rabia interna, pero pues uno tiene que… la vida le enseña que uno tiene que seguir, porque si uno se encierra en eso, puede terminar atrapado por ese sentimiento, por esa tristeza, y ser una persona de odios, de rabias y no avanzar. Son lecciones muy duras, que pues yo las recibo, y el tiempo dirá por qué se dieron. En algún momento se tendrán que conocer muchos de esos hechos, espero que sea muy pronto. Y que eso me permita reestablecer también la verdad sobre lo que yo siempre dije alrededor de ese tema.

LL: ¿Usted tuvo alguna vez la oportunidad de sentarse con el Presidente Santos y decirle eso que usted me está diciendo a mí?

OIZ: No, nunca. Yo lo único que he tenido con él es comunicación telefónica. Lo llamé el día de la segunda vuelta, pues a felicitarlo. Me veía con él con los debates, pero ha sido de una gran decepción, o sea, el Presidente Santos… con él fundamos el Partido de la U, fuimos compañeros de gobierno, y después me di cuenta que él es capaz de hacer lo que sea con tal de ganar. Y en los debates, por ejemplo, él decirme a mí que yo había sido corrupto en el manejo de salud, simplemente como una estrategia de debate, eso me parece de una bajeza desde el punto de vista… porque él sabe, fuimos compañeros, yo en un debate nunca le planteaba cosas de esas porque sabía que no tenían ningún sentido. Yo esperaba un juego limpio, sin embargo, es una persona que es capaz de hacer lo que sea. La traición que nos hizo con el tema del gobierno, nosotros lo ayudamos a elegir y después él nos usó. Realmente es una persona con la cual uno quisiera tener es siempre distancia, porque es tan diferente a uno. Tiene una obsesión con el poder, es tan calculador, tan maquiavélico, tan distinto. Yo soy una persona buena. Probablemente esa es una limitación, porque en política, si uno es bueno, puede no ser tan atractivo para muchos. A veces la maldad es la que gana. La obsesión de poder, el ser arrogante, el parecer otras cosas. Yo tengo una concepción de la vida distinta, yo creo que uno debe ser una persona buena, tiene que tener creencia, tiene que tener valores, tiene que defender causas, uno tiene que actuar con respeto, uno no puede maltratar, uno no puede manipular.

LL: Pero dígame una cosa, ¿usted sueña con intentar volver otra vez a la casa de Nariño?

OIZ: Pues las circunstancias políticas van cambiando y yo no soy obsesivo con el poder. Uno tiene que saber leer los momentos de la política. La lógica diría que yo sí debería ser candidato: saqué 7 millones de votos, eso es un prestigio y es un volumen de apoyo de votantes muy grande, pero los momentos políticos hay que leerlos y todavía estamos muy lejos; faltan más de dos años y medio entonces no es el momento de tomar una decisión en ese sentido.

LL: ¿Cómo fue ese día usted viendo los resultados?

OIZ: Nosotros los estábamos viendo con toda la familia en el Tequendama porque teníamos el Centro de Convenciones con todos los seguidores y el equipo de trabajo. Arrancamos muy bien, rápidamente vi que Santos estaba subiendo, pero tal vez lo que marcó la diferencia fue cuando vi la votación de Bogotá. En Bogotá él me sacó casi 300.000 votos y eso es una diferencia muy grande. En las cuentas nuestras no estaba para que fuera de esa magnitud. Yo siempre me preparé para ganar o perder. Si Bogotá llegaba a tener una diferencia grande, y estaba muy reñido, eso abría la posibilidad de que Santos ganara. Pero fue sereno. La tristeza fue fuerte a nivel de los seguidores, de la familia, de todos modos, yo creo que lo duro para uno como candidato viene después, en el tiempo, como que ya enfrentar nuevamente esa realidad y empiezan a surgir todas estas cosas que te comento y es ahí donde uno dice “qué duro es esto”.

LL: ¿Cómo es usted como papá?

OIZ: Pues yo creo que soy muy aliado con los hijos. De un diálogo fácil. Muy respetuoso. Exigente, pero no de cosas imposibles. Me gusta que se diga la verdad. Esa es una premisa muy importante con los hijos y creo que han aprendido a hacerlo.

LL: ¿Y su esposa?

OIZ: Ah es una maravilla, o sea, es una relación espectacular. Ya son 28 años de casados. Hay un amor muy profundo, muy sincero. Hay una capacidad de diálogo… mi señora es barranquillera, tiene un espíritu alegre. Es una persona de una capacidad de interlocución, de ver cosas, de dialogar, de hablar, entonces eso nos complementa. Me ha acompañado, me ha respaldado en todas las decisiones.

LL: ¿Cómo la enamoró usted?

OIZ: Yo a ella la conocí en Barranquilla, yo era miembro de una organización de estudiantes que se llama IESEC, y fuimos a un congreso. Yo ya había terminado la universidad y ella estaba apenas en segundo semestre, y yo la vi, y la vi bailando y me pareció fascinante. Baila súper bien y me enseñó a bailar, y me encanta bailar, y salíamos a bailar de vez en cuando, ahora menos, pero nos íbamos a bailar. A ella le encanta. A veces la sorprendía. El costeño es fascinante. Para ellos, el baile es un lenguaje, y yo lo he aprendido a entender con mi señora, entonces ha sido una relación fascinante, estable.

LL: ¿Qué es lo más difícil del matrimonio para usted?

OIZ: Pues entender que uno tiene que ceder y que tiene que construir una relación, y que uno tiene que superar muchas cosas que no valen la pena. Pero no es lo que uno diga, ni lo que la otra persona diga, no, sino ¿cuál es ese punto de encuentro? Pero entender que uno tiene que ceder, porque si uno no está dispuesto a ceder, pues no forma una pareja, porque entonces la pareja no se adapta a uno. Es muy exigente sostener un matrimonio. Pero cuando uno tiene el amor, y cuando uno tiene esa capacidad de entender que hay que ceder, que hay que buscar puntos de encuentro, pues es fascinante.

LL: ¿Qué le gusta leer?

OIZ: Pues no leo lo que quisiera por esta agenda que es inmanejable. Me gusta mucho leer de historia, de líderes, biografías, novelas. A mi señora le gusta mucho leer y me pasa libros y libros. Pero disfruto mucho eso. He estado leyendo también literatura, García Márquez, me encanta leer autores colombianos. Mucho que tenga que ver con el país. Uno en la vida pública cada que lee entiende mejor muchas cosas que ocurren en el país. Realidades regionales.

LL: ¿Qué anda haciendo ahorita?

OIZ: Pues ahora he estado como director del partido. Ayudando a construir la base del partido. Viajando a todas las regiones, armando los equipos de trabajo en cada región. He estado dedicado a contribuir a construir el partido político.

LL: ¿Y preparándose para las próximas elecciones?

OIZ: Pues digamos que todo el mundo empieza a buscarlo a uno en la medida en que se acercan. Seguramente hay que ir avanzando en eso e ir mirando cómo se ven las regiones, cómo se ve el país, cómo se ve todo este panorama político, y mantenerse en eso, hablando de los problemas del país, opinando, visitando las regiones, contribuyendo a hacer propuestas, ejerciendo liderazgo público, y eso va a determinar en su momento qué hay que hacer, si volver a la candidatura, o cuál es el camino que hay que tomar.

LL: ¿Hace ejercicio?

OIZ: Sí, trato. Esta mañana hice elíptica. Yo hago dos deportes que son los que puedo porque soy operado de la columna, he tenido problemas de rodilla y de ligamentos, entonces los dos deportes que yo hago son elíptica y natación. Me encanta nadar, pero tengo que ir al club, entonces hay que disponer de más tiempo.

LL: ¿Un amigo o persona entrañable?

OIZ: Bueno, yo he tenido una amistad fuerte, como te decía, con Luis Alfonso porque con él hemos construido una relación que nace desde la política y de ahí he desarrollado una amistad muy franca, muy sincera. Tengo un compañero de universidad con quien hemos mantenido siempre una amistad: Fernando París. Tengo muchos amigos. Yo no soy de mucha intimidad, yo soy más bien respetuoso. Por ejemplo mi hijo Esteban, el segundo, es sorprendente la cantidad de amigos que tiene, mi señora también, yo soy más bien solitario.

LL: ¿Cómo es un sábado para usted?

OIZ: El sábado trato de hacer ejercicio. En la casa almorzamos ajiaco, sancocho, fríjoles, trato de ver partidos de fútbol. Digamos que el equipo de mi tierra es el Once Caldas, de niño, cuando empezó mi afición por el fútbol, el equipo de moda era el Deportivo Cali, y siempre le he tenido un gran afecto. Me encanta ver fútbol en la televisión, el fútbol internacional. Un programa de sentarme el sábado a las dos de la tarde en la reclinomática, ver un partido de la liga española, inglesa, francesa, me encanta. Partidos de todo tipo. Me fascina.

LL: ¿A quién extraña profundamente?

OIZ: Bueno mire, el año pasado se murió un gran compañero de la universidad y fue muy doloroso. Hay un hermano de mi papá a quien tuve gran afecto en la época en la que yo trabajé, muy cercano a él y se murió también siendo muy joven. Unas personas que siempre estuvieron muy cerca: los abuelos por parte de mamá. Mi abuelo… él siempre me iba a buscar para que le hablara de los problemas del país, y eran diálogos muy fuertes, y con mi abuela hablábamos mucho del tema social, porque ella siempre le ayudó a los pobres. Extraño mucho esas ausencias. Esos diálogos.

LL: ¿Qué lo pone bravo a usted?

OIZ: Poco. Una de mis grandes cualidades es que soy muy equilibrado. No soy un hombre de peleas, soy siempre muy positivo, muy respetuoso, no le grito a nadie, entonces el que viene no tiene con quien pelear. Entonces mi temperamento es muy constructivo, muy positivo y respetuoso.

LL: Un mal hábito que quisiera cambiar.

OIZ: Quisiera leer más. Tener una disciplina donde todos los días sepa que tengo que leer y poder ajustarme como más a esa disciplina.

LL: ¿Cuál diría usted que ha sido la enseñanza más grande que le ha dejado la vida?

OIZ: Uy, esa es una pregunta muy difícil. Yo creo que la enseñanza grande, después de todo este recorrido es sentirse muy orgulloso de lo que es uno mismo, y siempre entender que puede mejorar, pero depende de uno. O sea que finalmente en la vida uno puede lograr las cosas y uno es capaz de hacer lo que se proponga. Y yo creo que la vida me ha ido enseñando que es posible avanzando, construyendo en la interacción con los demás. Si uno se valora, si uno tiene estima puede lograr las cosas.

LL: Una persona que le haya cambiado la forma de ver la política.

OIZ: Bueno, el presidente Uribe. Por la relación que he tenido con él. Y hay una persona con la que tuve una relación, que no ha sido muy intensa ni muy estrecha, pero que cuando nos vemos me aporta muchos elementos: Gustavo Bell, quien fue vicepresidente de la República, ministro de defensa, barranquillero, fue gobernador. Por ejemplo ahora lo vi en diciembre, nos encontramos en un vuelo Bogotá-Barranquilla y hacía dos años que no lo veía, y es un diálogo muy enriquecedor. Es un hombre muy culto y tiene una visión muy precisa de las cosas. Es de esos diálogos que le ayudan a uno mucho, y cuando hablamos de cosas políticas dice ideas y dice cosas que son bien importantes y le quedan a uno sonando en la cabeza, lo marcan.

LL: ¿A qué característica de una persona usted le huye?

OIZ: A la mentira, a la manipulación. Personas que están dispuestas a hacer lo que sea por engañar. Ese tipo de personas me parecen… el presidente Santos. Es difícil parar eso. Una de mis motivaciones en la política es demostrar que cuando uno es bueno, cuando actúa con transparencia, cuando protege los valores… demostrar que la política tiene que hacerse con gente buena.

LL: ¿A qué le tiene miedo?

OIZ: Le tengo miedo digamos a que me ocurra algo… a morir sin haber disfrutado muchas cosas con los hijos y ver que ellos puedan ir por sus méritos, avanzando en el desarrollo profesional. Le tengo miedo a una enfermedad que lo deje a uno postrado y completamente incomunicado. Yo veo una persona que por ejemplo tiene Alzheimer. Le tengo miedo a que seguramente uno tenga que enfrentarse a una circunstancia de esas y que se le pueda acabar su ímpetu de vida por un factor de esos.

LL: ¿De qué se arrepiente usted?

OIZ: Pues uno en la vida, digamos que yo al final digo yo no me arrepiento de nada porque lo he tenido que vivir para llegar a donde estoy. Probablemente yo hubiera podido hacer un estudio más grande en el exterior, haber estado un poco más de tiempo. Hay algo que siempre quise hacer y no lo pude, prestar servicio militar. Hubiera querido, pero en esa época no podían los que tuvieran alguna limitación: yo tenía problemas de visión. Tenía astigmatismo hipermetrópico, entonces no califiqué en el examen, pero siempre quise prestarle un servicio a mi país. Eso siempre me dejó un déficit.

LL: ¿Tiene alguna frase de cabecera?

OIZ: No. Nada como fijo. No.

LL: ¿Algún agüero?

OIZ: Tampoco.

LL: Mejor dicho, no se ata a nada.

OIZ: No me ato a nada, soy muy de vivir las cosas en función de lo que uno puede hacer, no como expuesto a la suerte.

LL: Cuénteme algo que probablemente los colombianos no sepan de usted.

OIZ: Seguramente muchas cosas, los colombianos me conocieron fue a lo largo de la campaña política, pero por ejemplo soy muy estricto con los hijos. Yo detecté que uno de mis hijos adulteró la cédula como lo hacían todos los jóvenes con un permiso para poder ingresar a las discotecas. Cuando yo me di cuenta de eso, lo que le dije a mi hijo fue: “vamos a enfrentar esto ante las autoridades. Lo vamos a denunciar para poder descubrir quién es el que está haciendo esto.” Y eso lo hicimos, para él fue una lección y logramos encontrar que había un grupo que era el que hacía esto y se logró desmontar esa banda.

LL: ¿Cuál es el momento más duro que ha tenido que vivir?

OIZ: Uno de los más duros fue cuando se dio el tema en la campaña del hacker. Y sentir que eso fue usado como un argumento para poderme acabar en un proceso político, ese fue un momento muy complejo. Me desestabilizó porque yo era una persona que venía haciendo un trabajo bueno, serio, honesto, con todo este esfuerzo, y sentir que me lanzan una carga de esta magnitud para acabarme. Fue un momento muy duro.

LL: ¿Usted cree en los medios de comunicación?

OIZ: Claro, porque son los formadores de opinión. Lo que no creo es en la manipulación, y en que se perdió la independencia y la objetividad, y que los medios – y la campaña le deja eso a uno claro – tienen unos intereses. Entonces el medio, que es el cuarto poder, el formador de la opinión, al perder su independencia, genera una parcialidad.

LL: Bueno y ya para terminar, ¿a qué le pone usted La Lupa en su vida?

OIZ: A qué le pongo la lupa… pues a mí siempre me gusta, y lo que busco es que se diga la verdad, y a la honradez.

La Lupa en frases

Directorio de entrevistas A – Z

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¨Creo en el baile y en el movimiento como una herramienta potente y única para generar transformaciones.¨

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#LaLupa, con Laura Anzola y Canal Capital: Bombardeamos a Antonina Canal Davila directora de la academia Prem Shakti con 32 preguntas que contestó sin dudar. LL: Anto ¿A que hora te levantas? AC: A las seis.   LL: La primera actividad de tu día. AC: Darle un beso...

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#LaLupa con Laura Anzola y Canal Capital: Apenas Daniel Samper Ospina abre la puerta de su casa, preguntamos sin rodeos. ¡No se lo pierdan! DS: ¿Quién es? LL: Hola. DS: Hola Laura.   LL: Daniel ¿payaso o periodista? DS: Payaso.   LL:¿Pastrana o Uribe? DS:...

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¨El arte me ha dado toda la fascinación, el entendimiento, el poder satisfacer mis inquietudes.¨

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“Sabía que de alguna manera algo me tenía que inventar para ser oído. Por eso escogí escribir”

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“Me gusta un estado de cordura no permanente. Creo que una alta dosis de irresponsabilidad es deliciosa en la vida.”

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“En la cocina el criterio solo existe cuando ha habido experiencia.”

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“Entendí que tenía que aprender a soltar para dejarme sorprender un poco más por la vida.”

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“Este trabajo me ha dejado un amor por la vida y un amor por lo que hago que no puedo describir.”

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“He sido muy terca en querer creer que la vida está llena de magia.”

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“Actuar es un trabajo muy difícil y un estilo de vida complicado. Pero todo es una experiencia, hay papeles que te cambian la vida.”

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¨Siempre me he dejado llevar, hay que ser arriesgado¨

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“Tenía una voz interna que me decía que tenía que hacer esto como fuera”

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“Hay que romper la rigidez y fluir. Soy una aventurera, una gitana”

Beatriz Fernández

“Soy una revolucionaria de las leyes. Mi ley es la ley del amor. Detesto la rigidez”

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¨Nunca me ha gustado comer cuento. Siempre me ha gustado indagar, ir más allá.”

Carlos Villa

“Con el violín se crea un vínculo muy fuerte. No es solo emocional sino físico y emocional.”

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“Yo tengo un motor adentro, yo trabajo en sintonía con mi hijo. Él y yo somos socios en esto.”

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“Los sacrificios y la disciplina me han hecho alcanzar lo que siempre quiero”

Daniella Moscarella

“Siempre he sido diferente. Nunca me ha gustado ser una niña más del montón.”

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“Es duro saber que yo tuve que darle más de la mitad de mi vida a la guerra. Nunca me imaginé que habría más oportunidades para mí.”

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¨Uno se preocupa por qué hacer pero es mejor saber lo que no quieres hacer¨

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“Me desmovilicé buscando una oportunidad de mejorar mi vida, pero entré a una sociedad que señala, estigmatiza, rechaza y aisla.”

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¨El sufrimiento que he vivido, me hizo armarme de valor.¨

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“Para ser actor no es suficiente ser bueno. Hay que ser obsesivo.”

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“Las ideas me han nacido por necesidades y casualidades de la vida. Yo las he sabido leer.¨

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“El día que dejé de esconder quién era, dejé de pelear conmigo mismo”

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¨Seguir los sueños, con todo lo romanticón que suena, siempre va a ser válido, siempre va a ser lo más chévere¨

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“Si la vida me había dado tantas oportunidades era por algo. Me dediqué a luchar por este sueño”

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“Me lo propuse, lo soñé y lo luché y todo ha llegado en medidas que nunca imaginé”

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“Tengo un alma muy libre, pero también una cabeza que me pone todos los límites. Soy mi mayor juez.”

Marcelo Rozo

“No hay nada en la vida como levantar un trofeo. Es como tener el mundo en las manos”

María Del Rosario Guerra

“Mi disciplina, mi formación cristiana y mi preparación académica son lo que me ha permitido lograr todo en la vida.”

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“Pareciera que soy conservadora pero no. Todo lo que sea distinto a la costumbre me atrae mucho. Soy muy curiosa”

Marta Lucía Ramirez

“Soy una persona estricta, coherente, con mucho compromiso por Colombia, a veces demasiado cuadriculada.”

Natalia Espitia

“Entendí que la mejor manera de transformar y sanar mi vida era ayudando a las niñas a vencer el miedo”

Natalia Ponce de León

“Escogí el camino de levantarme y hacerme grande. Esto fue un renacer, reinventarme desde cero.”

Oscar Iván Zuluaga

“A mi no me obsesiona el poder. Me obsesiona poder trabajar por los demás.”

Paloma Valencia

“Siempre he querido cambiar el mundo. Me hace falta ver que sí se puede”

Paula López

“Aprendí a abrazar mi realidad y entendí que el perdón y la felicidad son una decisión.”

Paulina Laponte

“Entendí que hay que aprender a fluir con la vida. En el camino encontré muchos talentos y pasiones que no conocía.”

Pilar Schmitt

“Trabajo en una cosa completamente diferente a lo que yo soy”

Regis Ortiz

“El proceso de reinserción no fue fácil. Pero cuando veo a mi mamá y a mi hijo sé que todo ha valido la pena.”

Santiago Prieto

“El camino es infinito. Lo más difícil es persistir, perseverar y resistir”

Tata Gnecco

“Si a tu sueño le pones un poquito de disciplina y empuje, lo consigues ”

Tito Puccetti

¨En mi carrera he hecho muchos sacrificios. Y sí, he tenido suerte, pero ha sido una suerte buscada.”

Yaneth Waldman

¨Yo soy terca en buscar la felicidad todos los días de mi vida.”

Vladdo

“Soy inquieto, sarcástico, malpensado. Tengo cara de bravo pero soy una melcocha.”

Oscar Iván Zuluaga | La Lupa Revista Digital
Oscar Iván Zuluaga | La Lupa Revista Digital
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María Del Rosario Guerra

María Del Rosario Guerra

María del Rosario Guerra

“Mi disciplina, mi formación cristiana y mi preparación académica son lo que me ha permitido lograr todo en la vida”
María del Rosario Guerra | La Lupa Revista Digital

María del Rosario es una mujer de convicciones firmes, disciplinada, metódica y amante de los retos. Esta característica tan suya ha hecho posible que, sin dejar de ser esposa y madre, asuma una tras otra las tareas más difíciles. Con una agenda que no da respiro reserva momentos únicos para su familia y sus espacios. La Lupa conoció a María del Rosario, más allá de su trabajo, de sus convicciones políticas o de sus proyectos para descubrir una mujer alegre, espontánea y profundamente agradecida.


LL: Bueno María del Rosario, queremos conocer un poquito de cómo fue tu infancia.


MRG:
Yo tuve una feliz infancia porque somos una familia grande de nueve hijos, seis mujeres y tres hombres y unos padres exigentes pero cariñosísimos y además por el lado materno una familia de 75 primos y por el lado paterno cerca de veintipico primos, entonces todas las reuniones nuestras eran manifestaciones. La navidad siempre fue un recuerdo maravilloso, siempre una gran familia reunida, nuestro año nuevo era siempre, cuando estábamos grandes en el Club Campestre con las presentaciones en sociedad de Sincelejo, y cuando éramos niños pues no hacíamos en la casa, pero siempre rodeada de mucha gente. Entonces fue una infancia muy feliz de mucha protección por nuestros papás. Mi papá y mi mamá duraron 64 años de matrimonio, o sea que era un hogar bien bonito y siempre ellos trataban de que fuéramos unidos de que fuéramos adonde los abuelos, donde los primos, donde los tíos, entonces de esa infancia uno siempre se acuerda. Muy femenina también, era la infancia de jugar a las muñecas, de jugar al cocinado que decíamos, nos compraban los chocoritos, en mi casa eran gratis (risas). En mi casa había un patio, entonces hacer el sancochito de paloma, que hacer el cocinado, nosotros teníamos y siempre hemos tenido un grupo de personas que nos sirven en la casa y ellas hacían parte de nuestra familia, ellas y sus hijos, entonces digamos que fue una infancia sana, en familia de unas amigas especiales, mucho en fincas, y mucho alrededor de esos valores cristianos, esos valores del servicio de atender a los más necesitados, de ayudar, o sea que yo tuve una infancia maravillosa y siempre recuerdo a los primos y esas grandes amistades que todavía conservo y esas personas que trabajan con nosotros.

LL: ¿Qué tal tener seis hermanas, cómo es eso?

MRG: Mira son seis hermanas maravillosas para mí que he estado en la vida pública por muchos años ellas han sido mi gran apoyo y digamos como ese rato de alegría, para mí no hay nada más rico que sentarme a tomarme un café con alguna de mis hermanas y echar cuento. Por supuesto mucha pelea, la pelea porque me cogiste esa camisa, o porque me cogiste el moño. Cada una de nosotras tenía una niñera para que nos peinara porque teníamos los pelos largos y para que nos acompañara. Mi mamá siempre nos cuidó, entonces cada una tenía su niñera y ellas nos peinaban y nos organizaban, eso no faltaba la pelea “que me dijiste, que cogiste, que una cosa.” La delicia de tener una familia grande, de compartir en una familia grande, pero también la de aprender a aceptar al hermano, a ser paciente, a ser respetuoso. Mi papá y mi mamá eran supremamente exigentes en que no nos mal tratáramos, en que no dijéramos malas palabras, que nos tratáramos como hermanos entonces ahí aprendimos mucho a ser tolerantes y a ser respetuosos, fue un gran aprendizaje.

LL: Y en ese momento cuando niña, cuando chiquita, ¿qué te imaginabas ser, ¿qué querías ser tú?

MRG: Mira, lo primero que quería ser era profesora, porque yo de niña tenía un tablero y unas sillas y en el garaje de mi casa tenía mi escuela y le enseñé a leer y a escribir a dos de nuestros empleados, el celador y mi niñera, que no sabían leer ni escribir, entonces los sentaba ahí, no solo a ellos si no a un grupo más de gente, entonces yo siempre quise ser profesora y Dios me dio la dicha de que he sido profesora universitaria ya por más de veinte años, siempre lo soñé. Y lo segundo yo siempre me vi destacada en la vida pública.

LL: ¿De verdad? ¿Es algo con lo que naciste?

MRG: Sí, siempre. Siempre me vi como una persona que estaba para el servicio en lo público, pero en ese periodo también yo tuve una gran inclinación por la vida religiosa, yo fui educada en el colegio en Sincelejo por monjas, y luego llegamos a Bogotá y por monjas también españolas de la comunidad del Santo Ángel y yo tenía una inclinación especial por la vida religiosa. En algún momento quise ser religiosa hasta que conocí a mi único novio y hoy marido, y ya en ese momento el tocó mi corazón y mi vida, y la verdad es que le dije “ay Dios mío ayúdame, ilumíname” y bueno mi vida no era ser religiosa, pero si tener un hogar y dentro de ese hogar también dar testimonio de vida cristiana.

LL: ¿Cuántos años tenías cuando te enamoraste esa primera vez?

MRG: 17 años.

LL: ¡Chiquitica!

MGR: 17 años, fue mi primer novio y me casé a los 19 años estando en quinto semestre en la universidad. Duramos de novios dos años y siete meses, fue un noviazgo muy bonito porque fue un noviazgo donde yo todavía estaba en el colegio, en sexto de bachillerato, él ya estaba terminando universidad y fue siempre como una compenetración en la parte académica, entender él que yo todavía tenía restricciones de salir en mi casa porque era muy niña, pero a la vez comenzar a abrirme a la vida universitaria. Mis primeros dos años de universidad fueron de novia hasta que me casé en quinto semestre.

LL: ¿Cómo es casarse tan chiquita?

MRG: Hoy es increíble, hoy nadie lo puede pensar. Yo me acuerdo todavía cuando él le habló a mi papá que quería casarse, él me propuso matrimonio al mes de haberme conocido y mi papá le dijo “¡ni se le ocurra! Ella todavía ni se ha graduado de bachillerato.” Un hombre excepcional con el que Dios me bendijo, un hombre no solo respetuoso y amoroso sino también con una visión de familia y de hogar, entonces ese era su propósito y no tenía afán, mientras lo pudiera lograr no tenía afán, entonces me esperó hasta que ya a juicio de mis padres y de él ya yo tenía, digamos, toda la madurez suficiente para afrontar lo que era el matrimonio, ya lo podía hacer.

LL: Ahorita hablabas que, desde chiquita, desde niña, soñaste con pertenecer a la vida pública, con ayudar, te veías necesariamente en la política o cómo te veías tú, te soñabas allá más adelante, ¿cómo te imaginabas?


MRG:
Yo vengo de una familia donde por el lado materno han estado vinculados a la política desde mi bisabuelo y por el lado paterno, mi papá estaba en la política. Entonces yo lo que vi en mi casa, era el servicio a la comunidad, el estar permanentemente visitando a los municipios, en reuniones, hablando con la gente, haciendo brigadas de salud, acompañando al que necesitara, entonces eso lo vi y lo viví en mi casa y sentí un amor inmenso por esa labor de servirle a los demás. Segundo, mi abuelo, que era un inmigrante libanés llegó de 12 años huyendo precisamente de la guerra en el Líbano, se vino con su mamá y su única hermana. A pesar de que era un hombre con muy poca educación porque cuando llegó a los 12 años tenía una educación básica y no hablaba español, siempre estuvo muy preocupado por lo que se vivía en el Líbano y lo que fue la discriminación de ser inmigrante todavía, entonces con él también aprendí un poco de la importancia que era poder estar en las esferas de toma de decisión. Yo tenía claro que yo lo quería hacer siempre en instituciones ya fuesen académicas o públicas desde las cuales yo pudiera aportar a través del conocimiento. Entonces yo siempre me vi en el ejercicio de lo público, cuando hablo del ejercicio de lo público no significa necesariamente en un cargo público, porque fíjate, cuando tú estás como estuve yo, en una universidad de decana, de vicerrectora en la Universidad Del Rosario, ahí estaba yo en lo público, estaba proyectándome desde un campo de una institución privada sin ánimo de lucro, pero sirviendo a la comunidad.

LL: Y no en la política necesariamente…

MRG: Y eso no era política. Mis primeros cargos en Planeación Nacional, que fue un cargo maravilloso, planeación de rehabilitación, fueron cargos que estaban en lo público sin que estuvieran en la vida política. Hasta que ya Dios me fue llevando en este camino en el que estoy hoy. Pero lo que sí tenía claro era que yo no me había formado para ser mediocre, sino para servir, para aportar y para destacar. Porque yo sí creo que es importante que uno se destaque en lo que haga, y destacarse no quiere decir aparecer en los medios y los periódicos, sino en lo que tú piensas, lo que tú analizas, lo que tú opinas, que sirva y sea valorado y se proyecte, eso es. Para mí siempre es muy importante, era y hoy ha sido muy importante que mis opiniones tengan un peso un valor.

LL: Tu trayectoria ha sido larguísima, has trabajado en un montón de ámbitos como decías ahorita, no solo público sino académico, también de la política y has podido destacarte en un montón de cosas. ¿Qué características crees que tienes tú, María del Rosario, que son las que te han permitido lograr todo eso?

MRG: Lo primero, la disciplina yo soy supremamente disciplinada, esto quiere decir que tengo un método para hacer mis cosas, que soy una persona que a lo que me comprometo lo hago y lo trato de hacer con excelencia buscando siempre calidad, entonces la disciplina ha sido fundamental. El segundo tema, mis convicciones éticas y mi formación cristiana, uno no le da valor, pero yo en todo aspecto de mi vida trato de transmitir siempre esos valores, esos principios que son fundamentales. Tercero, la formación académica. Yo tengo claro que si yo no me formo con lo mejor desde el punto de vista académico difícilmente puedo contribuir y puedo destacarme, por eso en cada momento yo estoy leyendo, yo estoy preguntando, yo estoy tratando de hacer cursos y por eso yo he hecho unos esfuerzos. Yo terminé mi carrera casada, yo hice mi primera maestría en Universidad Cornell, casada, yo hice mi maestría en Harvard, casada gracias al gran apoyo de mi marido, yo siempre he tenido claro que tengo que ir combinando esos aspectos: la disciplina, los valores, los principios éticos y los valores cristianos. Voy a decir por qué el tema de los valores cristianos, porque en los valores cristianos está la honestidad, está el respeto, está el amor por los demás, está la verdad en lo que uno hace, entonces eso es lo que yo también les quiero transmitir en conocimiento, y está la formación de que definitivamente si las personas son mediocres, si las personas no estudian pues eso se ve en la vida pública, uno lo sabe, hablan bobadas. El cuarto aspecto que es fundamental es que lo que tú hagas lo hagas con cariño y transmitas ese cariño, que la gente sienta que a ti no te cuesta sino que lo haces con amor, eso es muy importante y eso es parte de dar, de poder dar de ti, de poder escuchar, de poder ser sencilla, ese es otro tema la sencillez, o sea uno en la vida pública tiene que ser sencillo porque es que tú estás compartiendo con tanta gente que pone en ti los ojos y pone en ti la esperanza, entonces lo que tienen que encontrar es una persona receptiva una persona amable, una persona dispuesta a escuchar.

LL: ¿Cómo hace uno para no deslumbrarse con el poder que le da la vida pública o la política o el Senado?, ¿cómo hace uno para mantenerse siempre con esos principios?


MRG:
Sabiendo que es efímero. Primero sabiendo que es efímero yo siempre me he puesto como un principio de que “que rico que a María del Rosario Guerra la saluden estando en el Senado, de ministra o caminando por la calle y lo hagan con cariño” siempre le digo a mi gente “que rico que el día de mañana cuando ya no esté en esto y vaya caminando digan: allá va María del Rosario, ¡Hola María del Rosario, ¿cómo estás?” y no que digan “allá va esa señora deshonesta, antipática, incompetente” yo siempre lo tuve claro y eso no es lo que yo quiero. Yo quiero que digan allá va María del Rosario, una persona que me atendió, que me trató bien, que estudió el tema, que fue correcta, que buscó siempre hacer las cosas honestamente, eso, eso lo tengo presente y como esto es efímero siempre lo tengo presente y fíjate que yo hoy, yo duré cuatro años que salí del ministerio y mucha gente me seguía tratando con el mismo cariño y el mismo respeto porque uno no puede usar los cargos para beneficio personal ni puede creer que los cargos son de uno, y mientras te den ese cuarto de hora aprovéchalo para hacer las cosas bien, para trascender y para dejar una huella, para que el día que tú salgas la gente te siga tratando igualita con el mismo respeto y con el mismo cariño.

LL: ¿Cuál dirías que es el cargo o el trabajo que más te ha retado, que más te ha obligado a aprender, a informarte más, que más te ha retado como persona?

MRG: El Senado.

LL: ¿Por qué?

MRG: El Senado ha sido un gran reto. Primero, porque en el caso mío, he tenido los medios de comunicación, me han llamado mucho me han invitado mucho a participar y siempre piensan que uno debe saber de todo entonces le toca a uno estudiar, si bien yo soy economista, a un periodista no le importa que tú seas economista, tú debes saber, si estás en el congreso, tú supuestamente debes saber de relaciones internacionales, debes saber de derecho, entonces ha sido un gran reto mantenerme actualizada dentro de las limitaciones que uno tiene, porque también hasta donde uno sabe que puede ir hay temas, por ejemplo, del derecho que yo no puedo hablar porque no tengo el suficiente bagaje ni profundidad para hacerlo y prefiero ahí reconocer y decir, “¿sabes qué? yo de ese tema no te puedo profundizar porque no lo conozco o no lo he estudiado.” El Senado en ese sentido ha sido un gran reto para mantener uno en esas respuestas permanente a las exigencias de la comunidad y de los medios de comunicación. Entonces ese para mí ha sido el más retador desde el punto de vista de la presencia pública.

 LL: ¿Qué ha sido lo que tú más has promovido desde el Senado a través de proyectos de ley de tu partido, lo que más has tratado de luchar dentro del Senado?

MRG: Hubo tres temas desde un principio que yo dije tengo que tratarlo, un primer tema es el tema de la clase media colombiana. Nosotros siempre en Colombia estamos acostumbrados a mirar a los muy pobres y ver cómo contribuimos a mejorarle las condiciones a los muy pobres o simplemente ver cómo están los que tienen unas condiciones socioeconómicas muy buenas que generan mucho ingreso, los que tienen unas condiciones sociales excepcionales, pero se nos olvida que Colombia ha comenzado a expandir su clase media. Y ese es un gran grupo de personas que está entre los que ganan de 10 a 50 dólares al día, y ahí es donde están las personas que están yendo a la universidad, ahí es donde están las personas que están tratando de adquirir su vivienda, su carro, comenzar a escalar en su nivel de vida, son esos jóvenes profesionales que se están abriendo, entonces una de mis grandes preocupaciones ha sido generar proyectos de ley que tomen consideración para que los beneficie o para que no los afecte. El segundo grupo, yo vengo de una región que es el caribe colombiano, de un departamento que es Sucre donde definitivamente hay una problemática compleja en temas como la corrupción, en temas de erosión y manejo de costas, en temas de carencia de acueducto y alcantarillado de calidad. Entonces también me he preocupado mucho de poder hacer y de traer a la esfera de la agenda pública esas carencias de esa región que es de todo mi corazón y mis afectos. El tercer tema digamos que siempre lo tuve como un tema prioritario, es un tema que le duele a todos los colombianos, los servicios públicos, entonces me ha preocupado mucho el tema no solo de acceso, sino del costo. He hecho debates y proyectos de ley en el tema de peaje porque es un servicio que pagan los usuarios de las carreteras, el tema de debates en el caso del costo de la energía el Electricaribe, el costo al acceso al gas domiciliario ahí también he estado muy atenta.

LL: ¿Qué ha sido lo que más gratitud te ha dado en toda tu trayectoria, lo que tu hayas dicho, de lo que más orgullosa te sientes de haber logrado?

MRG: Son muchos, porque yo diría que he tenido unas bendiciones maravillosas de Dios, y son muchos porque yo lo primero lo que he hecho me ha gustado y es lo que he querido y he sido feliz, yo no he tenido un solo trabajo que diga eso no era lo que yo quería. Mira, yo fui feliz en Planeación Nacional, fue una escuela para mi excepcional, el PNR fue un conocimiento de la realidad del país como ningún otro, luego de ahí pase al Fondo Financiero de Proyecto de Desarrollo que fue mirar lo que es la importancia de la pre inversión para los grandes proyectos de desarrollo, de ahí pase a Colciencias y ahí valore lo que es el conocimiento para el desarrollo y fuera de eso ese potencial de mentes que tiene Colombia, subutilizadas y que si pusiéramos a tantos colombianos que están investigando en el campo médico, en el campo de la física, de la química, de la matemática, de la educación y les pusiéramos atención, Colombia tendría un salto significativo, luego el ministerio para mí una manera de estar al frente de uno de los sectores de mayor futuro como es el sector de tecnología, de la información y de las comunicaciones. Ahora el Congreso, o sea que yo no tengo si no gratitud con la vida, gratitud con Dios de que me ha puesto siempre, ojo y digo esto, yo nunca lo he buscado siempre me lo ha puesto yo nunca he pedido que me nombren en nada, nunca, a mí me han escogido y gracias a Dios, yo siempre le he dicho Dios mío ponme donde tú quieras que yo esté porque esto no es para vanidad personal, esto es un servicio a mi patria y para darle gloria a Dios. Yo soy una persona que he tratado siempre de, en ese sentido, transmitir mi gratitud por lo que he tenido y lo digo. Inclusive en el Senado, yo nunca le pedí al presidente Uribe nómbreme, estando en Majagual, Sucre, en un taller programático de pronto se paró y dijo “María del Rosario va a estar en la lista del Senado, va a ser la candidata del Senado por Sucre” yo me quedé así, nunca se lo pedí ni nunca le pedí ser ministra, entonces también yo solo tengo gratitud de que todo lo que he tenido lo he disfrutado porque hay mucha gente que tiene los trabajos por necesidad no por gusto ni por placer, yo no, yo los he tenido los he disfrutado me han encantado y en muchos la remuneración económica es poquita, pero para mí no es que no la necesite, pero no ha sido lo fundamental, lo fundamental es todo el aprendizaje que he tenido y todo lo que puedo contribuir desde donde he estado.

LL: Por eso lo has disfrutado. ¿Cómo has hecho para sacar adelante a tres hijos con tanto trabajo?


MRG:
Bueno, son tres hijos varones y mi marido, y yo primero tengo que decirles que tengo mi red de apoyo como digo yo, ¿quiénes son mi red de apoyo? Mi red de apoyo son mi servicio doméstico, porque para que a uno le ayuden también a que su casa le funcione bien tiene que tener personas que le colaboren, las personas que yo he tenido en estos tantos años de mi vida profesional para mí han sido una ayuda invaluable, por eso las quiero mucho, les agradezco mucho, porque han sido un gran apoyo, yo he podido viajar, yo he podido trabajar, yo he podido llegar tarde y yo sé que mi casa la tienen bien, atienden a mi esposo, a mis hijos, en ese sentido he tenido una red de apoyo. Mi segunda red de apoyo son mis hermanas que sobre todo cuando mis hijos estaban chiquitos yo le decía a mi hermana mayor “ay muñe tu por qué no me ayudas con esto, por qué no me lo llevas con esto” siempre un apoyo. Mi hermana mayor ha sido la que me ha apoyado mucho yo por eso le tengo… a todas mis cinco hermanas mujeres las quiero profundamente, pero como las que han vivido aquí, tengo dos que viven en Santa Marta, han sido las que más me han apoyado, porque mi mamá vive en Sincelejo, entonces mi mamá no ha podido directamente acompañarme en este tema, ella ha sido apoyo espiritual y moral desde donde está. Y mi tercera red, definitivamente es mi marido, porque es que sin él yo no lo hubiera podido hacer, es que yo he hecho todo casada. Primero tiene su confianza en mí, su motivación a que yo haga las cosas, su comprensión y su paciencia, entonces yo creo que es un hombre que yo todos los días digo Dios mío bendícelo y gracias, porque realmente él ha sido mi gran soporte. Siempre dicen que detrás de un gran hombre hay una gran mujer, en mi caso yo tengo un gran hombre apoyándome a mí.

LL: ¿Cómo hace uno para mantener un matrimonio durante tantos años?

MRG: Lo primero es la ternura, para nosotros la ternura es fundamental, el diálogo, ese compinche que no puede uno perder de los temas, el respeto, el buen trato, yo nunca he sabido lo que es una levantada de voz ni del uno ni del otro, la fidelidad ha sido muy importante también, y saber que esto es un proyecto de vida y que es de largo plazo y que no es desechable, y que aquí nos une no solo una relación de pareja sino también un sacramento, que su nombre lo dice es sagrado y que tiene la bendición de Dios. Ese ha sido nuestro motor.

LL: ¿Qué te ha dado miedo en la vida?

MRG: Me ha dado por supuesto, echaría mentiras si no les digo que me ha dado miedo fracasar, no acertar y por eso siempre pido al Espíritu Santo discernimiento, yo no tomo una decisión sin invocar al Espíritu Santo, no tanto por el fracaso como tal, sino porque mi decisión afecte a otros, eso siempre ha sido una de mis preocupaciones, el fracaso el no acertar ha sido una preocupación y pues que todo este esfuerzo, todo este trabajo al final no deje una huella, no trascienda también eso me preocupa porque yo creo que uno en la vida tiene que trascender.

LL: ¿Cuál es el defecto al que tú más le huyes?

MRG: A la impaciencia, yo soy impaciente porque me gusta hacer las cosas ya, rápido, entonces ese es uno de mis grandes defectos, es la falta de paciencia. Y a la imprudencia, la prudencia hay que buscarla muchísimo porque a uno en la vida pública le pican mucho la lengua, entonces uno tiene que controlarse tiene que sopesar sus pensamientos y sus palabras y ahí la prudencia es fundamental. Esos son dos temas que yo trabajo mucho y pido mucho. ¡A veces se me sale la piedra, a veces llega un momento donde uno explota por eso es que pido la prudencia porque en esta vida pública a ti te pican, te puyan para que saques el mal genio, para que respondas, para que cometas una falta, y ahí es donde yo pido esa prudencia mucho!

LL: ¿No te cansas a veces de este ritmo de vida?

MRG: Sí, sí claro. Me canso y no hay mayor descanso que estar aquí en mi casa o en la finca, pero también tengo que decirles que trato de dejar los domingos para la familia y los momenticos que ya pueda uno sacar, pero también sé que esto es tan corto, o sea el Congreso son cuatro años, tengo que tratar de optimizar el tiempo vivirlo y al máximo servir en ese periodo. Sabía que el ministerio era un corto periodo, entonces como son periodos tan cortos no tengo mucho tiempo, si quiero dejar huella tengo que hacerlo intensamente, entonces yo soy intensa (risas) eso es un poquito lo que más mis hijos me critican, que su mamá es intensa, pero intensa es esa impaciencia ¿sabes? porque siento que no puedo darme el lujo de esperar mucho tiempo, entonces yo arranco muy temprano y es todo el día dándole y cuando termino, eso sí, termino y hago mi sueño profundo, mis 3-4 horas que duermo profundo porque termina uno físicamente, y sobre todo el cansancio intelectual.

LL: Eres una mujer, me imagino, muy organizada y muy metódica en tu casa también, no solamente en tu trabajo.

MRG: Sí, por eso decía lo de la disciplina, yo trato de ser muy disciplinada con horarios con tareas y actividades, yo trato también en lo que yo no puedo hacer de buscar quién me apoye, tengo un tema y es que yo trato de rodearme de gente muy buena y muchos jóvenes, entonces también los oriento mucho para que ellos se empoderen y me ayuden. La disciplina va asociada con el orden y ténganlo por seguro, yo no me creo la más inteligente, hay gente mucho más inteligente que yo, pero a mí me ayuda mucho esa disciplina que me hace ser persistente, insistente y resistente, como decía Churchill.

LL: ¿Qué te gusta hacer en los ratos libres?

MRG: Son pocos, hay unos ratos que me gusta dejar para mi embellecimiento personal, me fascina, me encanta que me den un masaje corporal, me fascina ir a mi peluquería porque cuando a uno lo peinan y le hacen sus uñas se siente como nuevo, entonces me encanta dar un ratico para mi embellecimiento personal, eso siempre lo saco, sagrado. El resto de tiempo me siento a leer aquí en mi casa, a oír música, me encanta compartir con mis hijos y mi marido en la finca, entonces camino, tenemos una siembra de feijoas, camino las matas, arreglo las flores, me encanta sentarme a conversar con mis amigas que han sido mis amigas de infancia y de universidad, entonces me encanta reunirme con ellas o hablar con mis hermanas cosas sencillas, es que la vida es de esas cosas sencillas. Yo soy de poca vida social, pero cuando tengo la posibilidad de hacer vida social la hago.

LL: ¿Qué es lo más duro que te ha tocado a ti en la vida en general, que te haya tocado sacar fuerzas, armarte de valor?

MRG: Dos momentos, cuando mi hijo menor casi se me muere cuando tenía 9 meses que le dio una neumonía severa típica y lo entraron a hacerle una broncoscopia y él estuvo muerto, fueron 22 días de atención y tensión permanente, y cuando a mi hijo mayor le dieron una apuñalada por robarle el celular. Fueron dos momentos porque es ver tus dos hijos de tus entrañas en peligro de muerte, pero en las dos tuve una fortaleza maravillosa de Dios y la protección de la virgen. Esos fueron dos momentos muy difíciles para mí.

LL: ¿Tienes alguna frase de cabecera o algún lema de vida que te acompañe?

MRG: Sí, digamos son dos: “es más feliz el que sirve” y “se gana más, se logra más con turrones de azúcar que con cucharas de sal”.

LL: ¿Cuál es tu talón de Aquiles?

MRG: Mi corazón, porque muchas veces le pongo demasiado el corazón a las cosas. A mí, por ejemplo, ver a una persona que pide mi ayuda un necesitado, a mí eso me da un golpe duro en mi corazón, entonces yo en eso siento un talón de Aquiles, ¿en qué sentido? En que yo es a darme y darme y eso no se puede dar siempre, si bien siempre hay que servir, pero hay que saberlo hacer. Entonces yo creo que un talón de Aquiles es que a veces soy muy generosa y el exceso tampoco es bueno.

LL: ¿Qué te falta por hacer?

MRG: Muchas cosas, todavía me faltan mucha cosa. En lo familiar, pues todavía en esta labor de ver a mis hijos consolidando sus relaciones si son de pareja, de pareja, me gustaría mucho también poder acompañarlos y motivarlos a hacerlo, ese es un tema. Siempre he querido impulsar una fundación que ayude de un lado a los adultos mayores, yo tengo una sensibilidad por los viejitos, y otra por los niños para ayudarlos a salir del vicio, de la vagancia eso lo tengo pendiente ahí, algún día podré hacer mi fundación para poder atender a estas poblaciones que son poblaciones vulnerables, y por supuesto en la vida pública yo sé que todavía me faltan cosas.

LL: ¿Te arrepientes de algo?

MRG: Muchas veces me he arrepentido de palabras o comentarios que he hecho sobre personas y que después digo Dios mío me equivoqué y he pedido excusas, pero siempre me quedo mortificada. Quedo mortificada porque si hay algo que uno tiene que cuidar es no lanzar juicios y en la vida pública la gente le trata de calentar mucho el oído a uno con comentarios que no son ciertos y uno no puede entonces con el primer comentario salir a juzgar. De eso sí me he arrepentido varias veces y por eso he estado también trabajando mucho de filtrar un poquito lo que la gente le dice porque la gente se aprovecha entonces el uno le dice una cosa, el otro tal, entonces tratar de depurar esa información.

LL: ¿A quién admiras?

MRG: A mi madre primero, porque es una mujer que concibió 11 hijos y tuvo 9 y a todos nos educó bajo a unos principios cristianos de amor, de respeto maravillosos, y por supuesto a mi padre que fue su compañero, o sea, ellos para mí son un ejemplo de admiración. A mi marido, porque es un hombre que siempre tiene la palabra correcta, la actitud que siempre debe ser, un hombre ponderado no se deja sacar de casillas fácilmente yo eso lo admiro mucho. Si ustedes me preguntan adicionalmente a personas cercanas a mí, yo admiro mucho al presidente Uribe porque tiene tres virtudes, primero su paciencia para escuchar a la gente, segundo, su sincera disposición a compartir con la gente, y tercero su capacidad de comprensión y análisis de los temas, realmente tiene una mente brillante.

LL: Bueno María del Rosario, ya para terminar, ¿a qué le pones La Lupa en tu vida?


MRG:
A que las cosas se hagan bien, una de mis mayores banderas es luchar en contra de la corrupción porque yo creo que ese es el cáncer de nuestra sociedad, entonces le pongo mucho La Lupa de que cuando las cosas se hagan se hagan correctamente respetando la ley y los principios. Pongo también mucho La Lupa a que no se afecte a nuestra niñez y juventud porque cuando tú le metes la droga, cuando le metes alcohol, abusos, maltrato, se están deteriorando, eso que yo viví que fue una infancia y una juventud feliz, con dificultades claro, a mí me regañaron y me pegaron, pero es que eso hace parte del tema, pero lo que no puede ser es que ya desde los ocho años nuestros niños ya no juegan, nuestros niños no comparten no socializan sino que ya están metidos en la droga, en el alcohol en la agresividad están metidos en pandillas. A eso le pongo yo mucho La Lupa. Y, por último, yo le pongo La Lupa al buen trato entre las personas, yo soy una enemiga de aquellas personas que verbalmente o que físicamente maltratan.

 

La Lupa en frases

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¨Creo en el baile y en el movimiento como una herramienta potente y única para generar transformaciones.¨

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#LaLupa, con Laura Anzola y Canal Capital: Bombardeamos a Antonina Canal Davila directora de la academia Prem Shakti con 32 preguntas que contestó sin dudar. LL: Anto ¿A que hora te levantas? AC: A las seis.   LL: La primera actividad de tu día. AC: Darle un beso...

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“He sido muy terca en querer creer que la vida está llena de magia.”

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¨Siempre me he dejado llevar, hay que ser arriesgado¨

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“Tenía una voz interna que me decía que tenía que hacer esto como fuera”

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¨Nunca me ha gustado comer cuento. Siempre me ha gustado indagar, ir más allá.”

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“Con el violín se crea un vínculo muy fuerte. No es solo emocional sino físico y emocional.”

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“Es duro saber que yo tuve que darle más de la mitad de mi vida a la guerra. Nunca me imaginé que habría más oportunidades para mí.”

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¨Uno se preocupa por qué hacer pero es mejor saber lo que no quieres hacer¨

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“El día que dejé de esconder quién era, dejé de pelear conmigo mismo”

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“Soy una persona estricta, coherente, con mucho compromiso por Colombia, a veces demasiado cuadriculada.”

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“Entendí que la mejor manera de transformar y sanar mi vida era ayudando a las niñas a vencer el miedo”

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“Escogí el camino de levantarme y hacerme grande. Esto fue un renacer, reinventarme desde cero.”

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“A mi no me obsesiona el poder. Me obsesiona poder trabajar por los demás.”

Paloma Valencia

“Siempre he querido cambiar el mundo. Me hace falta ver que sí se puede”

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“Aprendí a abrazar mi realidad y entendí que el perdón y la felicidad son una decisión.”

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“Entendí que hay que aprender a fluir con la vida. En el camino encontré muchos talentos y pasiones que no conocía.”

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“Trabajo en una cosa completamente diferente a lo que yo soy”

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“El proceso de reinserción no fue fácil. Pero cuando veo a mi mamá y a mi hijo sé que todo ha valido la pena.”

Santiago Prieto

“El camino es infinito. Lo más difícil es persistir, perseverar y resistir”

Tata Gnecco

“Si a tu sueño le pones un poquito de disciplina y empuje, lo consigues ”

Tito Puccetti

¨En mi carrera he hecho muchos sacrificios. Y sí, he tenido suerte, pero ha sido una suerte buscada.”

Yaneth Waldman

¨Yo soy terca en buscar la felicidad todos los días de mi vida.”

Vladdo

“Soy inquieto, sarcástico, malpensado. Tengo cara de bravo pero soy una melcocha.”

María del Rosario Guerra | La Lupa Revista Digital
María del Rosario Guerra | La Lupa Revista Digital
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Paloma Valencia

Paloma Valencia

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“Siempre he querido cambiar el mundo. Me hace falta ver que sí se puede”
Paloma Valencia | La Lupa Revista Digital

Detrás de esta senadora del Centro Democrático que se ha ganado las peores críticas y los más grandes elogios, hay una mujer sensible, que no debate cuando está con sus amigos, que le gusta estar tranquila cuando puede y que espera cambiar su país, como lo aprendió en su Popayán del alma. Esta es la historia de Paloma Valencia y lo que La Lupa descubrió de ella.


¿Cómo recuerdas tu niñez?

Bueno pues mi niñez la verdad yo creo que fue como cualquier otra. Bastante normal, no tuve nada específico, era muy cuidadosa, poco dañina, muy acoplada a las reglas de la casa, a las del colegio; unos hermanos sí más dañinos. ¿Ese es el drama de los mayores no?

¿Y a quién le sacaste el carácter, esa contundencia al hablar?


No, si en mi casa yo soy la más mansita (risas). Lo que pasa es que en mi casa sí hay una pasión por discutir
. Todo el mundo discute, todo el mundo tiene posiciones y todos las defendemos mucho. Y todos entendemos que cada quien tiene derecho a defender su posición y está bien que la defienda. De hecho eso incentiva que cada quien defienda lo que piensa y sea propositivo en sus ideas y tenga ideas sobre todos los temas.

¿Y fuiste consentida?

Mucho. Fui malcriada en ese sentido. Unos papás totalmente malcriadores. Además papás separados… yo creo que fui una de las primeras generaciones a las que les tocó papás separados. Entonces uno pedía un permiso y uno le decía que sí y el otro que no, entonces yo creo que nunca hubo como tanta capacidad de imposición de normas. Yo creo que fui criada muy en la anarquía (risas).

¿Quién te dio la enseñanza más grande, la que más apliques hoy, quién te la dio?

Yo creo que mi papá es una persona muy importante en mi vida. Siempre he sido una persona demasiado apegada a él y me enseñó muchas cosas sobre la preocupación por el país, sobre qué quisiera que tuviera este país, cómo hacer para que sea mejor. Y además desde muy chiquita. Yo le preguntaba que por qué había gente pobre, que cómo hacíamos para distribuir mejor la plata y él gastaba mucho tiempo contestándome y alimentándome mis preguntas existenciales sobre la política y el país. Pero en general yo creo que el entorno de mi familia, todo es totalmente… todo el tiempo es pensando en el país. Entonces mi abuela me decía y tú qué vas a hacer por este país, y a mis hermanos les preguntaba también y como solucionaríamos los problemas. Yo creo que es una familia muy dedicada a pensar en lo público.

¿Y te soñaste desde chiquita que ibas a hacer política

Cuando yo era chiquita sí, después no. Después me pareció que la política era espantosa y que yo no iba a llegar a la política, y después ya más grande me parecía imposible. Porque en la política electoral tradicional es imposible ganar elecciones. De no ser porque el presidente Álvaro Uribe me metió en una lista cerrada, difícilmente llego al Congreso.

Y para esos años una mujer en política era una cosa bastante difícil de pensar…

Pues yo no tanto porque tengo una tía abuela, que se llama Josefina Valencia, que fue la primera ministra mujer, la primera gobernadora mujer, que fue pionera en los derechos políticos de las mujeres con Esmeralda Arboleda, y creo que ella como constituyente que fue y como figura política, pues ha sido de una presencia muy grande en mi vida y en mi familia. En mi familia era muy claro que las mujeres podían hacer política. No había discusión sobre el tema.

 Bueno y después te fuiste a hacer una maestría en NYU en Escritura Creativa. ¿Cómo te nace hacer eso? ¿De dónde sale tu pasión por escribir?

Esa es una historia interesante porque yo sentía que lo que yo debía hacer era un doctorado y quería hacerlo en filosofía continental, que es la de los filósofos europeos, porque ahora la filosofía está dominada por la analítica, que a mí no me llama tanto la atención. Entonces apliqué al New School en Nueva York y me aceptaron y me dieron una beca y estaba feliz. No quería dejar de lado la escritura creativa, que era un tema que yo quería hacer. Pero me habían becado y entré en un debate muy grande frente a qué debía hacer y pensé que yo siempre había querido sacar más tiempo para escribir sobre literatura y no solo de política. Entonces me di ese gustico (risas).

 Pero te diste cuenta de que además eras buena…

Sí, pues me sorprendió que me dieran la beca y que lo que había enviado escrito hubiera impactado. Yo nunca le había mostrado nada de lo que había escrito a nadie, entonces fue divertido y pude sacar ahí un libro de cuentos y tengo material para, en algún momento, volver a eso.

Tres libros infaltables para el que quiera escribir bien

Es que yo no sé si uno aprende leyendo… pero bueno, si uno quiere como técnica de escritura yo diría que ‘Logoi’ de Fernando Vallejo, es el único libro sobre cómo escribir literatura porque hace un análisis de todas las técnicas que uno puede utilizar y que de hecho cuando uno lo lee, entiende cómo escribe Vallejo. En literatura yo diría que un libro infaltable es ‘El obsceno pájaro de la noche’ de José Donoso. Me parece que es la mejor novela. Yo recomendaría definitivamente ‘Los excluidos’ de Elfriede Jelinek. Me parece que también es una novela chiquitica e increíble. Y tal vez ‘Los errores’ de José Revueltas. Creo que nadie se habrá leído ninguno (risas) pero se los recomiendo.

¿Y tú crees que escribir es un talento innato?

Yo diría que uno escribe por necesidad. Si uno puede evitar escribir, pues no escribe. Pero mucha gente, incluyéndome, escribimos porque uno está a punto de explotar y necesita sacar un montón de cosas.

Qué es más difícil: ¿Escribir o hacer política?

Hacer política. Porque escribir es una cosa muy íntima, que depende de uno mismo, y está uno tranquilo frente a su texto y frente a su computador y su papel. Hacer política en cambio es un ejercicio que involucra mucha gente. Gente que está de acuerdo contigo, gente que está en desacuerdo contigo, gente que no sabe, que requiere una aproximación a las personas y que no depende de qué tanto te esfuerces tú, sino del sentimiento social que habita en una sociedad en un momento dado. Entonces esa complejidad de los dos lados me parece que la hace más dura.

Bueno, y estuviste también muy cerca de los medios de comunicación. ¿Qué crees que le hace falta al periodismo en Colombia?

Yo creo que le hace falta, y no lo digo por el último medio en el que estuve, aceptar que uno no es objetivo y que todos estamos hablando desde un punto de vista. Que todos estamos parados en un lugar, que tenemos unas creencias y unas visiones de las cosas y que entonces es importante componer los escenarios periodísticos con personas con visiones distintas para que la noticia no sea aparentemente objetiva, sino que uno pueda verla desde los diferentes puntos de vista, y que sea el receptor, el escucha, el televidente, el que tome la posición final. Yo creo que nos hace falta reconocer eso, porque todavía estamos en el positivismo donde creemos en la objetividad, y yo sí creo que objetividad no hay. Es imposible.

¿Cuándo te convenciste de las propuestas de Uribe?

Uy eso fue mucho tiempo atrás. Yo estaba en los Andes estudiando todavía y él fue a dar una conferencia y yo lo fui a ver y pensé, wow, increíble y creo que eso tenía que ver con que yo crecí e hice mi bachillerato en Popayán, en una época bastante dura que eran los noventas. Yo me gradué en el 94, digamos que ya habíamos vivido parte de lo que fue la violencia más dura de Colombia y lo que era interesante en esos momentos era que nadie hablaba de la violencia del país. Nadie decía nada de lo que estaba pasando. A la gente la estaban secuestrando, las carreteras se las estaban tomando, dinamitaban los puertos y nadie decía nada. Nadie hablaba de seguridad. Y cuando yo vi a Uribe y dijo que no estaba bien que los ciudadanos tuvieran que resistir eso, no estaba bien que los ciudadanos tuvieran que depender de grupos paramilitares para su defensa, no estaba bien que el Estado no cumpliera con su labor fundamental que es la seguridad, yo sentí que había alguien que estaba viendo lo que estaba pasando en el país, y me impactó mucho porque yo creo que era la ausencia de los problemas reales que yo había visto en el discurso político y una sola persona hablaba de esos temas. Entonces para mí fue totalmente sorprendente, me volví muy uribista. Me rompió el corazón cuando vino y apoyó a Serpa después de lo de Samper, que fue como para los que éramos uribistas, pero cómo así, yo pensé que este señor era otra cosa. Y efectivamente resultó siendo otra cosa y digamos, yo no lo conocía personalmente salvo un par de veces que lo vi por ahí, cuando le dio la cruz de Boyacá a mi abuelo, Mario Laserna, que lo vi por ahí y yo soy más bien tímida aunque no parezca (risas) y soy temerosa con la autoridad, entonces mi hermana le decía mire es que mi hermana es súper fan suya. Y él me decía bueno cuénteme algo y yo no pues, presidente…

¿Y ese fue el primer acercamiento entre ustedes?

Sí, y después de eso él no me reconocía. Pero claro, como ya después empecé a escribir para periódicos y en medios regionales, la gente le hablaba mucho de mí. Entonces él sabía quién era yo, aunque no me reconociera en la calle (risas).

¿Cuál ha sido la mejor enseñanza que has recibido de Uribe?

Yo creo que todo. Uno aprende de él muchísimo porque es una persona muy generosa. Y yo creo que él como líder es impresionante por su enorme conexión con la gente, por su capacidad de entender que no hay problemas insignificantes. Que uno puede tener un problema y que ese problema a uno le puede parecer súper grave y cuando se lo cuenta a alguien así de importante, él lo entiende. Da muchas lecciones a través del ejemplo, y en el diálogo del día a día es impresionante porque es muy generoso. Entonces digamos que cuando fuimos a Estados Unidos yo creí que le iba a llevar el maletín y conocer a los congresistas gringos y cuando llegamos a la reunión todos le decían que lo querían, y él decía sí, pero quiero que oigan a nuestra senadora Paloma. Él le abre a uno mucho los espacios, lo deja a uno intentar las cosas. Uno llega a una plaza enorme donde la gente quiere oírlo, él echa un pedazo de discurso y después lo suelta a uno. Y eso es muy motivante cuando eres un político joven. Tener esos espacios que en otros partidos no te dan.

Pues es que es lo que necesita uno en la vida. Que alguien le dé una oportunidad…

Exacto. Que crean en uno. Yo estoy totalmente de acuerdo con eso porque uno piensa que está listo para hacer todo. Pero a veces te dan oportunidades y uno no es capaz, pero él es una persona que cree en la gente. En general, cree en todo el mundo y es muy estimulante porque uno todos los días quiere hacerlo mejor. Quiere mostrarle que se preparó.

Y fíjate que en la generación de nosotros es tanta la competencia y tan difícil acceder a las cosas, que realmente que alguien le dé la oportunidad a uno no es tan fácil. Hoy en día para la gente joven hacer esos primeros pinitos se ha vuelto dificilísimo.

Dificilísimo. Yo estuve en medios de comunicación tratando de entrar y me tocaba regalar el trabajo para poderme financiar el gusto. Es duro que alguien te dé la oportunidad.

¿Qué le cambiarías a Uribe?

Yo creo que a la gente no hay que cambiarle nada. La gente es como es y parte de lo que es divertido es que la gente lo sorprende a uno. Que tiene facetas desconocidas y que tiene cosas que uno no comparte, porque o si no sería muy aburrido que toda la gente fuera idéntica a uno.

¿Qué te ha dado la política?

Ha sido un ejercicio intelectual duro porque te toca estudiar muchos temas, tener suficiencia, aunque sea media, en todos los temas. Que el Código de Policía, que la minería ilegal, que el proyecto de donación de órganos, que el proyecto del ácido. Eso implica sumergirte en esos temas, leer, estudiar, poder decir algo que valga la pena. No repetir lo que todo el mundo ha dicho. Me ha servido, digamos, para conocer Colombia, para hablar con mucha gente, para entender mejor el país. Yo creo que Colombia en muchos sentidos vive en una crisis de autoestima. Nosotros somos como un país adolescente, donde unos quieren que se parezca a Estados Unidos, otros que sea más europeo; pero siempre están pensando por qué no somos buenos como somos. Y parte de por qué no somos buenos como somos es porque no somos capaces de querernos como somos. Entonces la política sí le da a uno la ocasión de conocer a la gente, de querer a la gente como es, de aceptarla. No querer ser otra cosa sino entender qué somos y qué quisiéramos ser. Yo creo que eso ha sido maravilloso. Poder recorrer los pueblos de Colombia, conocer las comidas típicas de todas partes, tener ese contacto, ver las carreteras… eso ha sido maravilloso.

¿Y qué te ha impedido hacer la política?

Yo creo que acaba mucho la vida familiar, social. Los fines de semana te tienes que ir. Entre semana estás clavado toda la semana, pierdes mucho contacto con tus amigos, con el diario vivir que uno tenía antes, de ir a comer un domingo, todo eso se acaba.

¿Y te da duro o ya estás acostumbrada?

No pues uno se acostumbra, uno no se da cuenta qué tan rápido pasa el tiempo. Yo llevo como dos años y medio frenéticos y ahora en diciembre que vi a mis amigos todo el mundo decía que no me había vuelto a ver y pues sí. Uno cae en cuenta de eso y al tiempo hay un constante movimiento que te tiene muy ocupado. Son muchas cosas muy rápido y no tienes tiempo de pensar mucho. Yo creo que eso también es negativo y es que uno deja de tener perspectiva sobre uno mismo.

¿Qué crees que se necesita para ser un buen político?

Devoción. Se necesita un sentimiento muy potente de devoción porque es un esfuerzo muy grande. La gente no lo ve, la gente cree que la gente en el Congreso no trabaja, que se acuesta a dormir, que se quedan dormidos en las sesiones. Y sí se quedan algunos, pero no porque no hagan nada, sino porque el ritmo político en Colombia es muy competido. Hay un ejercicio duro. Claro, hay muchos móviles. Hay gente que está embebida con el poder y todo lo que eso significa, hay otros que están embebidos con la asignación presupuestal en las regiones y hay otros que quieren cambiar el mundo. Yo creo que todos son capaces y hábiles en lo que hacen. La política en Colombia es una competencia absurda, si tú piensas, hay más de mil candidatos para elegir cien. Es una competencia absurda. Es dura. No te puedes quedar dormido en una esquina y pensar que después vas a salir elegido. No.

¿Cómo ha sido el proceso de hacer política?

Pues la política tiene muchas cosas. Tienes gente adorándote, entonces el pecado más grande es la vanidad. Es que tú empiezas a creerte el cuento de que eres chévere y creo que el ejercicio que uno tiene que hacer es sentir que la política es un medio, no es un fin y que el día que se vuelva un fin, te comió. Porque la política tiene que ser un medio y tus fines tienen que ser lo que tú estás pensando que tienes que hacer. Y creo que eso hace muy difícil la política porque cuando tú estás haciendo algo, empiezas a ver lo que haces. En la política hay que tener mucho cuidado de no volverse un político. Yo todos los días pienso en que hay que tener claro que es un medio y que hay otros medios para esos mismos fines. Entonces, digamos, esa constante lucha, la veo bastante en estos años y sobre todo cada vez que me pregunto qué hago aquí. Es un tiempo muy intenso, de abandono de muchas cosas, de estar muy conectado con el país y dejar morir todo lo demás. No volví a escribir una línea de literatura, leo muy poquito de literatura, me la paso leyendo leyes y estudios, deja uno de lado muchas facetas.

¿Qué crees tú que ha sido lo mejor que has hecho en la política?

Yo creo que lo mejor es poder decir las cosas que pienso con mucha sinceridad. Y creo que eso es muy importante porque la política tiende a volverse un sitio donde no hay debate sobre nada porque todo el mundo tiende a decir lo que quieren que diga o lo que menor riesgo suponga. Entonces, no se pueden debatir los temas porque terminamos todos diciendo lo mismo sobre todo. Y yo pienso que a Colombia le falta dar debates sobre temas, tener menos tabús sobre los temas. Poder decir las cosas y sobre todo, la sinceridad. Uno debe en la política, y creo que uno se lo aprende a Uribe, de no ser tan estratégico, de estar ahí, sentir lo que está pasando y responder a lo que pasa responsablemente, por supuesto.

¿Y así como eres en la política eres en tu vida privada?

Sí, en la realidad soy más mansita (risas), menos dada a tener opiniones fuertes. Yo hago lo que me digan. Creo que el debate tiene sus escenarios y yo no soy una persona confrontativa todo el tiempo. El escenario político es un escenario para la confrontación Es precisamente eso: un lugar donde se ponen posturas para que la gente decida qué es mejor. Pero en la vida social no hay necesidad de discutir sobre nada. No es necesario así no estés de acuerdo, porque hay conversaciones que son para pasar el tiempo, sin necesidad de hacer claridad sobre las diferencias.

¿Cómo haces para manejar tanta ofensa y crítica? ¿Cómo haces para que no te importe?

No, claro que me importa. El bullyng es duro. Sobre todo porque uno no puede salir. La gracia del bullyng es que tú ofendes a alguien que no puede hacer nada. Y es duro. Cuando ves por ejemplo cómo malinterpretan lo que has dicho, cómo te ridiculizan… crean una persona que no eres tú, es duro.

¿Pero tratas de no leer mucho eso?

Sí, la gente que me insulta la bloqueo. De una. Porque uno queda golpeado. La gente cree que no importa, pero sí. Uno vive demasiado estresado, con mil cosas encima, como para además tener que recibir… yo no te digo críticas, porque la crítica es bienvenida, pero ofensas, insultos… yo no te puedo decir que no me importa, pero sí que trato de ignorarlo. El otro día vi una encuesta que decía que normalmente no se habla de mujeres en la política y yo creo que el 70 por ciento de lo que se habla nos lo repartimos entre María Fernanda Cabal y yo. Es significativo. Ahora, yo no me tomo muy en serio a mí misma. Yo veo todo esto como una etapa y mi vida no depende de eso. Ahora, el debate empobrecido de ridiculizar al otro para ganar es mediocre. Es un debate al que le faltan ideas, que muestra que en Colombia el debate es muy bajo todavía, no es un país que está listo para la paz, no en el sentido de firmar un papel, sino de tener respeto por el otro. De uno entender que podemos pensar distinto y ser amigos. Que uno puede tener una discusión ideológica dura sin tocar a la persona. Y yo creo que eso en redes y en muchos políticos uno lo ve, cuando sienten que están perdiendo, acuden al argumento personal.

Hace poquito en un programa de radio me decían que Uribe y sus amigos los paras que querían refundar la patria… yo le dije, no. No me falte al respeto. Y creo que el debate es otro. No hay que meterse con las personas y pasa mucho, sobre todo con los uribistas, que los insultan.

¿Sueñas con tener una familia?

Sí, claro. Yo creo que todos soñamos. Hay que ver si se le da a uno y uno debe aceptar las cosas como lleguen. Si se puede bien y si no, habrá tiempo después. Es difícil empatarlo todo (risas).

¿Cómo es un día de Paloma Valencia?

Uy es duro. Me levanto, hago medios de comunicación, hago medios de provincia. Si es un día de Congreso, salgo para allá o normalmente tengo desayunos con alguien que me quiere hablar de algún tema. Llego a la oficina, me entero de qué hay preparado para las comisiones, porque a veces cambian los órdenes del día, y si hay un tema nuevo investigarlo. Nos vamos para comisión, da uno de los debates, se mete de lleno en cada tema. De ahí normalmente se almuerza en comisión, luego plenaria con el mismo ejercicio, y de ahí salimos a las doce de la noche. Llegas y mientras te organizas te da la una, te acuestas. Y al día siguiente estás parado viendo a ver qué hay para responder. Los fines de semana trato de ir a las regiones, si es en avión vas a un aeropuerto, llegas tarde, la gente quiere invitarte a comer y al otro día arrancas temprano.

¿Y cuál es la mejor forma de descansar?

Trato de ver a la gente que no he visto. A mi familia, a mis amigos, a mis sobrinos. El otro día dicen que si yo no voy a ir y mi sobrino se voltea y dice que no me van a volver a ver hasta que deje de ser senadora.

Un mal hábito que te gustaría cambiar.

Comer tan mal. Como pésimo. No almuerzo, después pico. Yo quisiera y me gustaría hacer más ejercicio (risas).

¿Crees en el destino?

No, yo creo que uno se hace su destino. Si uno está listo cuando le llegan las oportunidades construye su destino. Creo en el esfuerzo, en la dedicación y en que no hay nada imposible. Que uno puede hacer muchas cosas. Y creo que Dios le ayuda a uno de cuando en cuando (risas).

¿Cuál es el defecto al que más le huyes?

Mi mayor defecto es mi mayor virtud. Es no ser estratégica. No meterme en problemas sin haberlos pensado. Pero también creo que es bueno no planificar, no jugar ajedrez, sino vivir la vida día tras día.

¿A quién le pides consejos?

Uy a mis papás, a mis hermanos, a mis amigos, al presidente Uribe. Yo le pido consejos a todo el mundo. Me gusta que la gente opine y al final termino aplicando pedacitos. No me gustan los secretos ni soy dada a tomar decisiones sola.

Un político santista que pase tu prueba.

Hay varios que me parece que tienen cosas interesantes… Carlos Fernando Galán me parece inteligente, preparado. Viviane Morales me parece que es una mujer… Sofía Gaviria me encanta, nos hemos hecho amigas y me parece que es una mujer increíble. Es que uno en el Congreso aprende a entender qué está haciendo cada uno, cuáles son las virtudes. Toda la gente te puede encantar si le gastas un poco de tiempo. Y uno aprende a quererlos. Digamos políticos que no son santistas y me encantan como Jorge Enrique Robledo, el mismo Alexander López. Uno aprende a quererlos a todos así políticamente no comparta cosas.

¿Cuál es la mujer más capaz en la política?

Uy es que ha habido tantas. Hay muchas. Uno tiene que mencionar a Noemí Sanín, que abrió muchos espacios para las mujeres. A las candidatas presidenciales, a Marta Lucía Ramírez, a Clara López, a Sofía Gaviria, a Claudia López, a Angélica Lozano. Angélica me parece un hit. Las mujeres del Centro Democrático, Doña Thania, Paola Holguín, Susana Correa, es que la que mires. Es que las mujeres tienen una virtud y es que como no han tenido mucho espacio en la política, nos están dando la oportunidad y nos estamos moliendo para mostrar que somos capaces. María del Rosario Guerra también. Todas tienen algo increíble.

¿Cuál es el colmo de un político?

Ay hombre… creer que no es corrupción poner los contratistas para que se gasten la plata y después que ellos te financien la campaña.

¿Cuál es la mejor forma de matar el tiempo?

Pues yo no mato mucho el tiempo (risas)…. pero creo que una película.

¿Cuál es tu mayor fortaleza?

Mi mayor fortaleza es la sinceridad. La gente percibe que no tengo una agenda por detrás, y mi debilidad, meterme en mil peleas que no busqué por decir las cosas como son.

¿Rezas?

Sí, creo mucho en Dios. No soy de ir a misa, pero sí creo que uno no debería pedir cosas porque es que te den a ti y no a otros. Pero cuando ya es el último empujón siento que ayuda en momentos clave.

¿Un lugar en Colombia?

Ahora estoy enamorada del Vichada. Puerto Carreño con ese Orinoco corriendo me parece increíble.

¿Dónde y cuándo fuiste más feliz?

En Popayán en el colegio, en mi adolescencia.

¿Qué te falta por hacer?

Todo. Hay que impactar en la vida de otra gente. Yo siempre he querido cambiar el mundo. Me hace falta ver que si se puede.

¿A qué le pones La Lupa en tu vida?

A todo. Soy bastante perfeccionista. Le pongo La Lupa al país, a que las decisiones no sean equivocadas, que no privilegien el corto plazo. Hay que ponerle La Lupa a la plata de los colombianos, a la corrupción. Hay que ponerle La Lupa a mejorar el sector agropecuario porque todo el mundo se echa el discurso y nadie lo mira cuando es la base de los colombianos que han vivido la violencia.

La Lupa en frases

Directorio de entrevistas A – Z

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¨Creo en el baile y en el movimiento como una herramienta potente y única para generar transformaciones.¨

Antonio Sanint

Antonio Sanint nos dio a conocer una faceta muy personal que no muchos conocíamos, en la cual nos cuenta cuales son sus inspiraciones, quienes lo apoyaron desde un principio, como se ha mantenido en el medio, como supera sus miedos día a día y como hace reír a cientos...

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#LaLupa, con Laura Anzola y Canal Capital: Bombardeamos a Antonina Canal Davila directora de la academia Prem Shakti con 32 preguntas que contestó sin dudar. LL: Anto ¿A que hora te levantas? AC: A las seis.   LL: La primera actividad de tu día. AC: Darle un beso...

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¨El arte me ha dado toda la fascinación, el entendimiento, el poder satisfacer mis inquietudes.¨

Adolfo Zableh

“Sabía que de alguna manera algo me tenía que inventar para ser oído. Por eso escogí escribir”

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“Me gusta un estado de cordura no permanente. Creo que una alta dosis de irresponsabilidad es deliciosa en la vida.”

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“En la cocina el criterio solo existe cuando ha habido experiencia.”

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“Entendí que tenía que aprender a soltar para dejarme sorprender un poco más por la vida.”

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“Este trabajo me ha dejado un amor por la vida y un amor por lo que hago que no puedo describir.”

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“He sido muy terca en querer creer que la vida está llena de magia.”

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“Actuar es un trabajo muy difícil y un estilo de vida complicado. Pero todo es una experiencia, hay papeles que te cambian la vida.”

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¨Siempre me he dejado llevar, hay que ser arriesgado¨

Andrea Novoa

“Tenía una voz interna que me decía que tenía que hacer esto como fuera”

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“Hay que romper la rigidez y fluir. Soy una aventurera, una gitana”

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“Soy una revolucionaria de las leyes. Mi ley es la ley del amor. Detesto la rigidez”

Beto Gaitán

¨Nunca me ha gustado comer cuento. Siempre me ha gustado indagar, ir más allá.”

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“Con el violín se crea un vínculo muy fuerte. No es solo emocional sino físico y emocional.”

Catalina Escobar

“Yo tengo un motor adentro, yo trabajo en sintonía con mi hijo. Él y yo somos socios en esto.”

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“Los sacrificios y la disciplina me han hecho alcanzar lo que siempre quiero”

Daniella Moscarella

“Siempre he sido diferente. Nunca me ha gustado ser una niña más del montón.”

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“Es duro saber que yo tuve que darle más de la mitad de mi vida a la guerra. Nunca me imaginé que habría más oportunidades para mí.”

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¨Uno se preocupa por qué hacer pero es mejor saber lo que no quieres hacer¨

Duván Barato

“Me desmovilicé buscando una oportunidad de mejorar mi vida, pero entré a una sociedad que señala, estigmatiza, rechaza y aisla.”

Elkin Serna

¨El sufrimiento que he vivido, me hizo armarme de valor.¨

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“Para ser actor no es suficiente ser bueno. Hay que ser obsesivo.”

Felipe Acosta

“Las ideas me han nacido por necesidades y casualidades de la vida. Yo las he sabido leer.¨

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“Cuando uno se salva de un secuestro de Pablo Escobar el miedo se acaba. Yo viví con la muerte ocho meses”

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“Soy una mujer obstinada, trabajo por lo que quiero hasta que lo logro. Con Wikimujeres fue así”

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“Pongo mi mente en blanco antes de poner el pie en el acelerador”

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“Yo presiento siempre lo que va a pasar. Sé cuándo voy a ganar y cuándo no”

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“El día que dejé de esconder quién era, dejé de pelear conmigo mismo”

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¨Seguir los sueños, con todo lo romanticón que suena, siempre va a ser válido, siempre va a ser lo más chévere¨

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“Si la vida me había dado tantas oportunidades era por algo. Me dediqué a luchar por este sueño”

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“Me lo propuse, lo soñé y lo luché y todo ha llegado en medidas que nunca imaginé”

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“Tengo un alma muy libre, pero también una cabeza que me pone todos los límites. Soy mi mayor juez.”

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“No hay nada en la vida como levantar un trofeo. Es como tener el mundo en las manos”

María Del Rosario Guerra

“Mi disciplina, mi formación cristiana y mi preparación académica son lo que me ha permitido lograr todo en la vida.”

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“Pareciera que soy conservadora pero no. Todo lo que sea distinto a la costumbre me atrae mucho. Soy muy curiosa”

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“Soy una persona estricta, coherente, con mucho compromiso por Colombia, a veces demasiado cuadriculada.”

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“Entendí que la mejor manera de transformar y sanar mi vida era ayudando a las niñas a vencer el miedo”

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“Escogí el camino de levantarme y hacerme grande. Esto fue un renacer, reinventarme desde cero.”

Oscar Iván Zuluaga

“A mi no me obsesiona el poder. Me obsesiona poder trabajar por los demás.”

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“Siempre he querido cambiar el mundo. Me hace falta ver que sí se puede”

Paula López

“Aprendí a abrazar mi realidad y entendí que el perdón y la felicidad son una decisión.”

Paulina Laponte

“Entendí que hay que aprender a fluir con la vida. En el camino encontré muchos talentos y pasiones que no conocía.”

Pilar Schmitt

“Trabajo en una cosa completamente diferente a lo que yo soy”

Regis Ortiz

“El proceso de reinserción no fue fácil. Pero cuando veo a mi mamá y a mi hijo sé que todo ha valido la pena.”

Santiago Prieto

“El camino es infinito. Lo más difícil es persistir, perseverar y resistir”

Tata Gnecco

“Si a tu sueño le pones un poquito de disciplina y empuje, lo consigues ”

Tito Puccetti

¨En mi carrera he hecho muchos sacrificios. Y sí, he tenido suerte, pero ha sido una suerte buscada.”

Yaneth Waldman

¨Yo soy terca en buscar la felicidad todos los días de mi vida.”

Vladdo

“Soy inquieto, sarcástico, malpensado. Tengo cara de bravo pero soy una melcocha.”

Paloma Valencia | La Lupa Revista Digital
Paloma Valencia | La Lupa Revista Digital
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Francisco Santos

Francisco Santos

Francisco Santos

“CUANDO UNO SE SALVA DE UN SECUESTRO DE PABLO ESCOBAR EL MIEDO SE ACABA. YO VIVÍ CON LA MUERTE OCHO MESES”
Francisco Santos | La Lupa Revista Digital

Estuvo secuestrado por el Cartel de Medellín y duró ocho meses sin ver a su familia. Es un adicto a los libros. El único que nunca se va leer es el que escribió Gabo sobre su secuestro. Dice que no le dolió perder la alcaldía y que le hubiera gustado ser músico. La Lupa habló profundo, muy profundo con Francisco Santos. Éste es el hombre detrás de “Pacho”.


La Lupa: Bueno Francisco, cuéntenos, ¿cómo era cuando chiquito?

Francisco Santos: Muy inquieto, hiperactivo, me habrían clavado inmensas dosis de ritalina, me habrían llevado donde todo tipo de terapistas. Duré la mitad de mi infancia con mi cuarto como cárcel. Vivía como en una cárcel y de ahí sale mi amor por la lectura. Uno encerrado en su cuarto no puede hacer más. Entendí que la soledad es una gran compañía, leía enciclopedias, a Julio Verne, desde ahí soy un lector voraz.

LL: ¿Cómo era en el colegio?

FS: Era un vago. Cogía media hora antes al mejor de mi curso como German Varón, miraba los cuadernos y sacaba 4 sobre 5. Todos mis amigos se clavaban y sacaban 3.8, es que yo tengo una memoria fotográfica. Me la pasaba jugando fútbol, leyendo lo que me gustaba y mamando gallo. En la universidad fui muy pilo, me gradué suma cum laude. Ahí si me la pasaba estudiando, y fue pasar de la obligación a hacer lo que quería, lo que yo creo que hizo que me fuera tan bien.

LL: ¿Con qué soñaba ser?

FS: Yo quería ser futbolista, le dije a mi papá y todo. Él me dijo: bueno. Me fui hasta Santa Fe. Y le dicen a mi papá que no fui al colegio en tres días y me pegó un regaño…y hasta ahí llegó mi carrera como futbolista. La verdad es que nunca supe qué quería ser. Me dediqué a leer, a soñar, nunca pensé qué quería ser. Nunca he hecho planes en mi vida. He dejado más bien que la vida me diga qué hacer. Iba a estudiar medicina. Mi hermano estaba haciendo la especialización y me llevó a hacer turnos. Estudié historia, producción y dirección de televisión, y un día entré al periódico y me enamoré. Empecé cortando cables, llegaban por un télex. Se los entregaba al jefe y me enamoré.

LL: ¿Cómo eran las cosas en su casa?

FS: Yo era el sexto de siete. Entonces era un poco como la mayonesa de los sánduches, que todo el mundo sabe que está pero a nadie le importa. Era invisible. En mi casa cuando comíamos yo era el último. Eso me sirvió para ser paciente y aguantar y aguantar y no dejarme. Entonces mi vida fue muy solitaria, con mi hermana pequeña, que somos muy unidos. Fue una infancia solitaria. Después me volví el consentido de mi papá. Me acuerdo que él era muy bohemio, pero no trasnochaba. Yo llegaba del colegio por la tarde y estaban Fernando Botero, Julio Mario Santo Domingo, Gabo, y yo me metía a oír. Era tan inquieto que Alejandro Obregón me puso “la rata mecánica”, y oía y me metía en las conversaciones. Entonces sí me acuerdo de ese mundo de cultura, de intelectualidad.

LL: ¿Pero no era tímido?

FS: ¿Yo? Yo soy lo más fresco. No soy para nada tímido. Me encanta la gente, pero me encanta la soledad también. Me gusta ir a cine solo. Herencia de mi papá también, que era un cineasta nato. Entonces no me preocupa ni estar solo, ni acompañado.

LL: ¿Qué le dejó su mamá?

FS: La disciplina. Ella era la que cascaba. A mí me dieron rejo. Yo me merecí cada juetazo. Lo único que no me merecí, que es por creer en la gente, nace de una experiencia de chiquito: cuando yo estaba en el kínder, llevaba una leche condensada y un niño me dio cinco pesos por la lechera. Cuando llegué a la casa se los di a mi hermano. Él llegó con una bolsa llena de dulces y mi papá le preguntó de dónde había sacado la plata. Por supuesto le dijo que yo se la había dado. Yo le conté que había vendido la lechera pero no me creyó.

Me dio una cueriza y me hizo pedirle perdón a la profesora por robar plata. Y me acuerdo chiquitico diciéndole, yo no sé cómo decirle que yo me robé una plata que no me robé. Y eso me produjo algo y es que yo le creo a todo el mundo. Eso generó tal impacto en mí que prefiero creerle a la gente que hacer lo que me hicieron a mí. Mi mamá era la de la disciplina y conmigo, que era muy indisciplinado, lo necesitaba.

LL: ¿La enseñanza más grande que le dejó su papá?

FS: No odiar. Mi papá nunca odió y es tan fácil odiar. El odio le hace más daño a la persona que odia que al odiado porque eso le carcome a uno el alma. Yo me acuerdo que una vez escribieron un libro que se llamaba “El tío” y decía que mi mamá era una prostituta y lo había escrito alguien de la familia que terminó en la cárcel. Mi papá lo ayudó a salir. Esa lección de mi padre la tengo acá. Y otra cosa, fue un hombre poderosísimo, pero frente al gamín, frente al conductor, frente al presidente, era igualito. No se comportaba de manera distinta. Yo soy así.

LL: De sus hermanos, ¿con cuál es con el que más se entiende?

FS: Mi hermana menor. Cada uno tiene unas particularidades y nos llevamos muy bien. Diría que con mi hermana menor y con mi hermano el médico tengo una gran relación. Pero con todos hay una buena relación de familia, estamos ahí cuando se necesita. Ojalá fuéramos más cercanos…

LL: Ya cuando entra a hacer parte de la redacción de El Tiempo, ¿cuál fue la mayor lección?

FS: Mi tío Enrique, el papá del presidente Juan Manuel Santos. Un periodista brutal. Ese señor cogía una cuartilla y en dos segundos le quitaba todo lo que sobraba. Y el periodismo es eso: directo, al grano, sin matices. El periodismo me enseñó una cosa muy bonita y es que el débil puede tener una voz. Me encantaba ir a las zonas donde no iba nadie. Cuando mataban policías yo iba a recorrer las comunas, una vez llegó la policía, me tiraron al piso hasta que les dije que era periodista. Meterse en los zapatos del otro es muy importante. Eso y no creerse ahora que porque soy periodista de El Tiempo o de Semana ya me siento más. Todos los periodistas de la vieja guardia le dejan a uno la lección de que uno no es un juez, que uno tiene un poder inmenso para arruinarle la vida a alguien. Una lección magistral me la dio Germán Santamaría. Nos fuimos con él cuando vino lo de Armero y Germán vio a Omaira, la niña que murió enterrada. Estaba Jorge, el fotógrafo y Germán duró una hora haciendo la entrevista y él me dijo: ésta niña le va a dar la vuelta al mundo. Y efectivamente. Porque en el rostro de la niña se vio el drama de 23 mil muertos. Otra lección, un pedacito de la realidad muestra más que un mega titular. Tuve el privilegio de conocer a grandes periodistas.

LL: ¿Qué se necesita para ser un buen periodista? ¿Hay que estudiar periodismo para ser un buen periodista?

FS: El peor error que puede cometer un periodista es estudiar periodismo. Los periodistas tienen que estudiar diseño, fotografía, historia y sobretodo leer. El criterio que debe tener un periodista nace de la lectura, de la comprensión de la realidad, no de las cinco preguntas de cuándo, dónde, cómo, por qué y qué. El buen periodista se hace, es puro criterio, lectura, conocimiento y curiosidad. Yo me leo hasta las fórmulas médicas.

LL: ¿Qué le gusta leer?

FS: Biografías, historia.

LL: ¿Cuál recuerda mucho?

FS: De literatura “Los Hermanos Karamazov” de Dostoiewski, “El filo de la navaja” de W. Somerset Maugham. Y de biografías me encantó una de Abraham Lincoln que se llama “Team of Rivals” de Doris Kearns Goodwin.

LL: ¿Cuál ha sido su peor error como periodista?

FS: Mire yo soy el único periodista en Colombia que por un error, y grande, así de grande, no ha salido. Teníamos tres fuentes de una reunión del gobierno en La Habana y una era una monja y lo que me dijo era falso. Yo les dije en la redacción: ustedes me tienen que echar. Y no me echaron. Aprendí de lo bueno y de lo malo. La rectificación fue de la misma manera y tamaño que la equivocación. Hoy sale un frasecita chiquitica en la última página, por allá abajo y la honra de la gente destruida.

LL: ¿Qué tanta independencia había en ese momento?

FS: Toda, toda, absolutamente toda. Jamás había censura. Eso se ha perdido porque los medios están tan amarrados al poder y al rating que hay unos límites muchísimo mayores. Se ha perdido por un lado, pero se ha ganado en redes para darle voz a la gente.

LL: Hablemos de su secuestro. ¿Cuál es la escena que más recuerda?


FS
: Ush…Tantas. Yo casi nunca hablo de mi secuestro. A mí me gusta pasar la página. El libro de Gabo, “Noticia de un secuestro” no me lo voy a leer. El secuestro me demostró lo fuerte que es el ser humano. Estuve metido y encadenado en una cama ocho meses, en un cubículo chiquitico en una casa en Bogotá y jamás me dio una gripa cuando yo vivo con gripas y alergias. Entonces, la fuerza del ser humano, su capacidad de resistencia es tan grande que allá me di cuenta por qué el homo sapiens es el que domina el mundo.

LL: ¿Y en términos emocionales, qué es lo que más recuerda?

FS: Pues mire, una de las cosas que me pasó fue que como al mes de estar secuestrado, publicaron una foto de un periódico con la foto de mis dos hijos, ahora son cuatro. Duré llorando una semana y ahí creé una barrera emocional tan grande…hice un castillo emocional inmenso. Ocho meses después, que era el día de la madre, veo la primera página y estaban mi esposa y mis dos hijos y yo no me había dado cuenta. Pasé la página sin darme cuenta. Ese castillo me duró 30 años y vine a derrumbarlo hace dos.

LL: ¿Cómo lo hizo?

FS: Con terapia, entendiéndolo, donde un amigo que se llama Jorge Llano. Y pues salí adelante. Pero eso le deja a uno unas cicatrices emocionales brutales. El secuestro es el gran dinamizador de la violencia en Colombia. Cuando las Farc y el ELN comienzan a secuestrar, generan toda la dinámica de los paramilitares. Lo paramilitares son hijos del secuestro.

Eso acabó armando todo el desorden de los ochentas y noventas hasta casi la década pasada, este país todavía no ha entendido que es un trauma que no hemos sanado. Ojalá pueda algún día hacer un museo sobre el secuestro. Parecido al museo judío que hay en Berlín, donde usted arranca y el diseño del museo lo mueve.

LL: ¿Cómo hace uno para olvidar?

FS: Yo duré con estrés postraumático como tres o cuatro años. Fui a donde una terapista en Boston. Cuando estaba secuestrado me dormía y me veía de pronto en mi casa y me despertaba y lo primero que veía era un chicle pegado al techo. Y decía: otra vez estoy acá. Muchos meses después estaba soñando que estaba viendo el chicle y veía que era el techo de mi casa. Eso me duró un tiempo y eso que yo considero que no me fue mal en el secuestro y que sobreviví. Yo no odio a mis secuestradores.

LL: ¿Esas caras las ha podido borrar?

FS: Ellos tenían pasamontañas todo el tiempo. Había uno al que le decían ‘Tiberio’. Me levantó el primero de noviembre, el tipo me estaba mirando con los ojos inyectados de droga y me dice: “usted no sabe lo malo que soy yo”. Unos compañeros suyos me contaron que cuando iba de descanso volvía con seis, siete muertos encima. La señora que me daba la comida, me contó que le disparó y no la mató. Conocer la entraña del cartel de Medellín es una cosa aterradora y tuve la oportunidad de conocerla.

LL: ¿Logró comprender en algún momento por qué estaban en lo que estaban? ¿Logró, de alguna manera, empatizarse con ellos?

FS: Totalmente. A uno le enseñé a leer y me contaba su vida y era terriblemente difícil. La mamá de uno de ellos me escribía cartas y en un momento le dijo: o lo suelta o lo echo de la casa y él me regañó y todo, al tipo lo echaron de la casa. Me tocó escribirle que no lo echara. Yo poco he hablado de mi secuestro, muy poco. Hablarlo es un poco de catarsis…ese era un buen muchacho…si hubiera tenido oportunidades… Me faltó hacerle las pregunta de cómo hace uno para matar a un ser humano. A mí me pasó que uno de ellos un día dejó la ametralladora encima de la cama y se fue al baño. Y yo acostado tuve como diez minutos, y pensé: “cojo la ametralladora y arranco a disparar, mato dos de ellos”. Pero me di cuenta que no podía matar a un ser humano y le dije: “venga por esa ametralladora, no sea pendejo.” Esa línea ética de no matarás ya no la tenían, pero se lo digo, no era gente mala.

LL: ¿Usted cree que hay gente mala?

FS: Yo sí creo que hay maldad en el mundo. Hay gente intrínsecamente mala. Pero varios de ellos, por falta de oportunidades, sin justificar jamás la muerte, llegaron a ser sicarios. Como Popeye, pagó muchos años en la cárcel. Uno veía que era gente que cuidaba a su mamá pero que tenía unos desequilibrios emocionales tenaces.

LL: ¿Qué tan lejos ve esa época ahora?

FS: Yo ya la dejé atrás. Trato de no volver a entrar en ese mundo. Esa experiencia me llevó a crear País Libre, a meterme en marchas contra el secuestro, a liderar el “No más”, a tener que irme de Colombia, a ser vicepresidente. Pero no me paro ahí, no me quedo a mirar atrás. Prefiero mirar hacia delante porque o si no, acaba uno empantanado, inmovilizado y yo con esta inquietud que he tenido en la vida prefiero levantarme y aprovechar el sol, un día lluvioso o esta mañana que estuve en la Calera. Eso es más importante que el pasado.

LL: ¿En qué momento toma la decisión de saltar a la política?

FS: Fue tan rápido. Fue tan loco. Yo venía a otra cosa y entré a una reunión con el entonces candidato Álvaro Uribe y salí como candidato a la vicepresidencia. Jamás he hecho nada por decir mire, es que si hago esto, pasa esto. Yo no soy ajedrecista. Dejo que la vida me lleve. Por eso quizás no me ha ido tan bien en la política, pero no importa porque yo pienso que el poder es para servir, no para mí. Entonces, no es un tema de ambición ni de ego, jamás lo ha sido, es de servirles a los demás. Esa es una herencia que recibí de mi papá y que me dejó el trabajo con País Libre.

LL: ¿Qué lo convenció de Uribe?

FS: Yo no lo conocí mucho. Le cuento una cosa: estuvimos juntos en una comida en Boston y no me acuerdo. Sí me acuerdo cuando era gobernador, fui a Antioquia a ver lo que hacía porque me decían que era muy bueno. Sus secretarios no paraban de hablar de él y después un día en España me puse a investigar sobre los candidatos presidenciales de ese momento. Abrí la página de Noemí Sanín y no me gustó; la de Horacio Serpa, tampoco. Y vi la de Uribe y dije: este es el tipo. Escribí una columna diciendo que ojalá él fuera presidente, luego Peñalosa y después Mockus. Gente que de verdad puede transformar este país y ahí tomé la decisión de apoyarlo, pero desde mi columna, que era mi único enlace con Colombia, estaba en España, me había tocado salir con mis hijos y mi esposa porque me iban a matar.

LL: ¿Cómo hace uno para no vivir con miedo?

FS: Cuando uno se salva de un secuestro de Pablo Escobar el miedo se acaba. Yo viví con la muerte ocho meses. A mí me pasó en el secuestro algo muy lindo, me iba a dormir y se me aparecía una mujer y tenía unas conversaciones que me calmaban. Yo no sé si era la Virgen o mi mamá y de pronto se desapareció y a la semana me dijeron que me iba. Cuando me iba a matar las Farc, que el general Naranjo me dijo porque tenían un infiltrado de la CIA en la guerrilla, se volvió a aparecer la señora. Y pues no sé, yo creo mucho en Dios y cuando uno ha vivido lo que ha vivido, se pierde el miedo.

LL: Ha sido un sobreviviente usted…

FS: Sí. Volvemos al tema del principio. El niño invisible que no se dejaba. Hoy eso está presente. Yo no me dejo, no me doblego, no me dejo vencer. Esas cosas que pasan cuando chiquito se ven ahora. Soy un sobreviviente pero también soy una persona que cree que la vida hay que vivirla cada segundo. Si aquí me da un infarto y me muero, me muero feliz porque dejo una familia divina, un servicio increíble.

LL: ¿Qué siente que le quito la política en su vida?

FS: Me quitó tiempo con mis hijos.

LL: ¿Se lo cobran?

FS: Hoy ya no, pero los dos más chiquitos que tenían de 7 y 6 años cuando yo era vicepresidente, la pasaban muy difícil y yo les decía que cuando llegaran del colegio, entraran a mis reuniones así fueran con quien fuera. El matrimonio sufrió mucho, todo el tema familiar sufre demasiado con la política. Es un desgaste.

LL: ¿Cómo describiría a su esposa?

FS: Es la fuerza de esta familia. Es la roca. Anticipa, no se equivoca, lo aterriza uno, no se obnubila con el poder, sabe manejar los hijos, sin ella no sabría qué hacer. El día que la conocí le dije: me voy a casar con usted.

LL: ¿Dónde la conoció?

FS: Por una cita a ciegas. Juan Gabriel Uribe nos presentó. Y él me dijo: le tengo la china y no me pasaba al teléfono y un día pasó y le dije, salgamos. Ese día la fui a recoger, me bajé del carro y alguien gritó desde la ventana: “uy es chiquitico”. Los dos novios anteriores de ella, los conozco, son altísimos. Ese día la dejé a las 6 de la mañana en la casa, nos fuimos de rumba y ahí le dije me voy a casar con usted. A los quince días le dije casémonos. Convencimos al cura Llano de que nos casara pero después entre mi papá y mi suegro nos convencieron de no hacerlo.

LL: ¿Qué es lo más difícil de mantener un matrimonio tan vigente?

FS: Vea, para mí lo más difícil es el diálogo. Me cuesta mucho trabajo todavía.

LL: Pero si usted es un buen conversador…

FS: Sí pero de libros y esas cosas. Lo demás me cuesta pero ¿sabe de qué se da uno cuenta? De que el matrimonio es pura inteligencia. Saber qué es lo importante, tomar decisiones que no son equivocadas, arrepentirse, arreglar las cosas. El amor dura cinco años, el sexo cuatro (risas). Estoy caricaturizando. Lo que queda es compañía, hijos, visión común, familia, una cosa poderosísima que se construye con los años. Yo hoy les puedo decir que estoy tan enamorado como hace veinte años. Agradezco todos los días por eso.

LL: ¿Cómo es como papá?

FS: Demasiado consentidor, poca disciplina. Me dieron tanto fuete que trato de ser un papá que dialoga. Yo creo que a mis hijos les habré pegado una bofetada una vez y después lloré y todo. Pero muy consentidor, muy hablador, mamador de gallo. A veces soy más amigo que papá y eso es un error. A veces un papá confunde esa relación y eso es malo.

LL: ¿Por qué?

FS: Porque a veces ser papá es dificilísimo. A nadie le enseñan a ser papá y los hijos son hijos, no amigos.

LL: ¿Quién es su consentido?

FS: La niña, porque es la niña. Pero todos. Soy muy consentidor. Los agarro de la mano si estamos en cine. Soy muy consentidor.

LL: ¿Qué fue lo más aburrido de ser vicepresidente?

FS: Ver el alma del ser humano político, que es un poco turbia. A mí no me tocó tener tanta relación con los senadores, pero eso de que en la política todo vale es terrible. Tengo amigos periodistas que me conocen de toda la vida, pero cuando Mancuso dice que yo creé un bloque, una periodista, por hacer oposición, dice que es cierto. Entonces eso es un tema que lo deja a uno asqueado. Ahí no hay agüeros. Y yo soy muy sensible, aunque he cogido cuero.

LL: ¿Qué le hace falta a Bogotá?

FS: Pensar en la ciudad del siglo XXI, la Bogotá con sistemas inteligentes, la Bogotá virtual. Hay que hacer las avenidas Alos, hacer parques. Pero la Bogotá del siglo XXI tiene que ser distinta y la competitividad de una sociedad es lo que le va permitir a la gente ser feliz. Se va a transformar todo tanto que si no pensamos en eso pues nos vamos a quedar atrás. Medellín lo está haciendo mejor.

LL: Su pelea más recordada con Uribe

FS: Mire, yo nunca tuve una pelea con Uribe. Peleas públicas nos inventaban. Hasta ahora nada. Quizás la conversación más difícil fue cuando cambiaron las reglas de juego para la elección del candidato presidencial del Centro Democrático. Eso fue una conversación de dos horas muy dura.

LL: ¿Escribir o hacer radio?

FS: Escribir. Me encanta, pero hay momentos en la radio donde a través de una conversación le llega al alma a un ser humano.

LL: ¿Qué se necesita para perdonar?

FS: No odiar

LL: ¿Un político no uribista que admire?

FS: Yo creo que unos momentos de Mockus. Sus dos gobiernos fueron fantásticos. Yo creo que Peñalosa es un político de trayectoria, pero no está entendiendo que esta ciudad es distinta a la de hace 20 años. Y de afuera una persona maravillosa con la que tuve una conversación larguísima y la mataron apuñaleada, Anna Lindh. Un ángel y me advirtió todo lo que iba a pasar antes de mi llegada a la vicepresidencia, duramos hablando mucho.

LL: ¿Le dolió perder la alcaldía?

FS: No. No porque lo hice con cariño y afecto. Estoy hasta el cuello de deudas, vendiendo de todo. Lo mío no es la ambición por el poder, hice una buena campaña, con buenas propuestas y de eso se trataba.

LL: Un hoobie

FS: Me gusta ver televisión y ver deportes. Me gusta leer. Me gusta mucho la comida criolla, morcilla, bofe, empanadas, y me gusta el golf.

LL: ¿Cómo descansa?

FS: Veo deportes, voy al estadio y pago mi boleta.

LL: Una virtud de su primo Juan Manuel Santos

FS: La ambición. No sé si es una virtud, pero la capacidad de reinventarse para lograr lo que quiere es impresionante.

LL: ¿Qué talento le hubiera gustado tener?

FS: Me hubiera encantado ser músico.

LL: ¿Qué característica no soporta de una persona?

FS: La mentira. Como creo tanto en la gente eso me derrumba.

LL: ¿Lo que más admira?

FS: La coherencia.

LL: ¿El mejor consejo que le han dado?

FS: Uno que me decía mi papá cuando había las grandes crisis: “Tranquilo mijito, no pasa nada.” Uno a veces se toma tan a pecho todo y nada es tan grave como parece.

LL: El peor regaño a sus hijos…

FS: Yo creo que los regaño cuando pelean. Detesto que peleen. Cuando chiquitos se daban en la jeta y eso me sacaba de quicio.

LL: ¿Este año a qué le apunta?

FS: A reinventarme. A ver qué voy a hacer. A ver qué me depara la vida. A estudiar mucho porque estoy tomando unos cursos. El corazón me va a decir a dónde ir.

LL: ¿A qué le pone La Lupa en su vida?

FS: Ahorita, después de 54 años, a mantener los pies en la tierra, a no creer en las vanidades porque ahí es donde uno se equivoca.

La Lupa en frases

Directorio de entrevistas A – Z

Clemencia Vargas

¨Creo en el baile y en el movimiento como una herramienta potente y única para generar transformaciones.¨

Antonio Sanint

Antonio Sanint nos dio a conocer una faceta muy personal que no muchos conocíamos, en la cual nos cuenta cuales son sus inspiraciones, quienes lo apoyaron desde un principio, como se ha mantenido en el medio, como supera sus miedos día a día y como hace reír a cientos...

Antonina Canal

#LaLupa, con Laura Anzola y Canal Capital: Bombardeamos a Antonina Canal Davila directora de la academia Prem Shakti con 32 preguntas que contestó sin dudar. LL: Anto ¿A que hora te levantas? AC: A las seis.   LL: La primera actividad de tu día. AC: Darle un beso...

Daniel Samper

#LaLupa con Laura Anzola y Canal Capital: Apenas Daniel Samper Ospina abre la puerta de su casa, preguntamos sin rodeos. ¡No se lo pierdan! DS: ¿Quién es? LL: Hola. DS: Hola Laura.   LL: Daniel ¿payaso o periodista? DS: Payaso.   LL:¿Pastrana o Uribe? DS:...

Jaqueline Brandwayn

¨El arte me ha dado toda la fascinación, el entendimiento, el poder satisfacer mis inquietudes.¨

Adolfo Zableh

“Sabía que de alguna manera algo me tenía que inventar para ser oído. Por eso escogí escribir”

Alejandra Azcárate

“Me gusta un estado de cordura no permanente. Creo que una alta dosis de irresponsabilidad es deliciosa en la vida.”

Alejandro Cuellar

“En la cocina el criterio solo existe cuando ha habido experiencia.”

Alexandra Santos

“Entendí que tenía que aprender a soltar para dejarme sorprender un poco más por la vida.”

Alejandro Riaño

“Este trabajo me ha dejado un amor por la vida y un amor por lo que hago que no puedo describir.”

Amalia Andrade

“He sido muy terca en querer creer que la vida está llena de magia.”

Ana Wills

“Actuar es un trabajo muy difícil y un estilo de vida complicado. Pero todo es una experiencia, hay papeles que te cambian la vida.”

Andy Gaitán

¨Siempre me he dejado llevar, hay que ser arriesgado¨

Andrea Novoa

“Tenía una voz interna que me decía que tenía que hacer esto como fuera”

Antonina Canal

“Hay que romper la rigidez y fluir. Soy una aventurera, una gitana”

Beatriz Fernández

“Soy una revolucionaria de las leyes. Mi ley es la ley del amor. Detesto la rigidez”

Beto Gaitán

¨Nunca me ha gustado comer cuento. Siempre me ha gustado indagar, ir más allá.”

Carlos Villa

“Con el violín se crea un vínculo muy fuerte. No es solo emocional sino físico y emocional.”

Catalina Escobar

“Yo tengo un motor adentro, yo trabajo en sintonía con mi hijo. Él y yo somos socios en esto.”

Daniella Álvarez

“Los sacrificios y la disciplina me han hecho alcanzar lo que siempre quiero”

Daniella Moscarella

“Siempre he sido diferente. Nunca me ha gustado ser una niña más del montón.”

Diana Alvarado

“Es duro saber que yo tuve que darle más de la mitad de mi vida a la guerra. Nunca me imaginé que habría más oportunidades para mí.”

Diego Sáenz

¨Uno se preocupa por qué hacer pero es mejor saber lo que no quieres hacer¨

Duván Barato

“Me desmovilicé buscando una oportunidad de mejorar mi vida, pero entré a una sociedad que señala, estigmatiza, rechaza y aisla.”

Elkin Serna

¨El sufrimiento que he vivido, me hizo armarme de valor.¨

Emmanuel Esparza

“Para ser actor no es suficiente ser bueno. Hay que ser obsesivo.”

Felipe Acosta

“Las ideas me han nacido por necesidades y casualidades de la vida. Yo las he sabido leer.¨

Francisco Santos

“Cuando uno se salva de un secuestro de Pablo Escobar el miedo se acaba. Yo viví con la muerte ocho meses”

Geraldine Pomato

“Soy una mujer obstinada, trabajo por lo que quiero hasta que lo logro. Con Wikimujeres fue así”

Gustavo Yacamán

“Pongo mi mente en blanco antes de poner el pie en el acelerador”

Jaime Lombana

“Yo presiento siempre lo que va a pasar. Sé cuándo voy a ganar y cuándo no”

Jorge Duque

“El día que dejé de esconder quién era, dejé de pelear conmigo mismo”

Juan Felipe Samper

¨Seguir los sueños, con todo lo romanticón que suena, siempre va a ser válido, siempre va a ser lo más chévere¨

Juan Pablo Socarrás

“Si la vida me había dado tantas oportunidades era por algo. Me dediqué a luchar por este sueño”

Laura Tobón

“Me lo propuse, lo soñé y lo luché y todo ha llegado en medidas que nunca imaginé”

Mabel Moreno

“Tengo un alma muy libre, pero también una cabeza que me pone todos los límites. Soy mi mayor juez.”

Marcelo Rozo

“No hay nada en la vida como levantar un trofeo. Es como tener el mundo en las manos”

María Del Rosario Guerra

“Mi disciplina, mi formación cristiana y mi preparación académica son lo que me ha permitido lograr todo en la vida.”

Marianela González

“Pareciera que soy conservadora pero no. Todo lo que sea distinto a la costumbre me atrae mucho. Soy muy curiosa”

Marta Lucía Ramirez

“Soy una persona estricta, coherente, con mucho compromiso por Colombia, a veces demasiado cuadriculada.”

Natalia Espitia

“Entendí que la mejor manera de transformar y sanar mi vida era ayudando a las niñas a vencer el miedo”

Natalia Ponce de León

“Escogí el camino de levantarme y hacerme grande. Esto fue un renacer, reinventarme desde cero.”

Oscar Iván Zuluaga

“A mi no me obsesiona el poder. Me obsesiona poder trabajar por los demás.”

Paloma Valencia

“Siempre he querido cambiar el mundo. Me hace falta ver que sí se puede”

Paula López

“Aprendí a abrazar mi realidad y entendí que el perdón y la felicidad son una decisión.”

Paulina Laponte

“Entendí que hay que aprender a fluir con la vida. En el camino encontré muchos talentos y pasiones que no conocía.”

Pilar Schmitt

“Trabajo en una cosa completamente diferente a lo que yo soy”

Regis Ortiz

“El proceso de reinserción no fue fácil. Pero cuando veo a mi mamá y a mi hijo sé que todo ha valido la pena.”

Santiago Prieto

“El camino es infinito. Lo más difícil es persistir, perseverar y resistir”

Tata Gnecco

“Si a tu sueño le pones un poquito de disciplina y empuje, lo consigues ”

Tito Puccetti

¨En mi carrera he hecho muchos sacrificios. Y sí, he tenido suerte, pero ha sido una suerte buscada.”

Yaneth Waldman

¨Yo soy terca en buscar la felicidad todos los días de mi vida.”

Vladdo

“Soy inquieto, sarcástico, malpensado. Tengo cara de bravo pero soy una melcocha.”

Francisco Santos | La Lupa Revista Digital
Francisco Santos | La Lupa Revista Digital
Francisco Santos | La Lupa Revista Digital

Enrique Peñalosa

Enrique Peñalosa

Enrique Peñalosa

“Yo tenía que ser político para poder hacer lo que soñaba”
Enrique Peñalosa | La Lupa Revista Digital

Peñalosa se asoma todos los días a ver la Plaza de Bolívar y todavía no se la cree. En su oficina en el Palacio de Liévano tiene una colchoneta para dormir cuando su agenda se lo permite. Los domingos se toma tres jugos de naranja en Patios, y desde su bicicleta se conoce calle a calle Bogotá. Se ve serio, pero la Lupa se dio cuenta de que detrás de este gerente hay un hombre que se ríe mucho.


Peñalosa se asoma todos los días a ver la Plaza de Bolívar y todavía no se la cree. En su oficina en el Palacio de Liévano tiene una colchoneta para dormir cuando su agenda se lo permite. Los domingos se toma tres jugos de naranja en Patios, y desde su bicicleta se conoce calle a calle Bogotá. Se ve serio, pero la Lupa se dio cuenta de que detrás de este gerente hay un hombre que se ríe mucho.

LL: Vamos a devolvernos a su infancia. ¿Qué quería ser cuando niño?

EP: Cuando estaba en la preparación de la primera comunión, como a los siete años, yo quería ser santo (risas). Leía muchas cosas de santos. Después, en un momento dado me volé los dedos de las manos y quería ser cirujano plástico. Tenía una colección de insectos, me gustaba escribir, escribía cuentos que leía el profesor en clase, y después escribí telenovelas. Siempre me gustaron las montañas, las selvas. Me la pasaba cogiendo mariposas, tenía lagartijas con formol. Entonces me gustaba eso de ser biólogo o algo por el estilo. Mi mamá tuvo un vivero toda la vida entonces crecí en medio de las flores y los árboles nativos. Sabía mucho de plantas y flores… ese tema también me gustaba mucho.

LL: ¿Cómo recuerda su juventud?

EP: Yo nací en Washington porque mi papá fue un joven profesional del Banco Mundial, pero solo estuve dos meses porque mi familia se regresó a Colombia. Después volví a los 15 y regresé a los 25. Yo nunca había salido de Colombia, que en ese entonces era un país muy pobre. Mi familia era de clase media o alta, o algo así, mi papá fue ministro, pero digamos que nunca fuimos socios de un club, ni teníamos finca. Conocí el mar cuando tenía 12. El paseo el domingo era con mi abuelo, íbamos a comprar carne y papas en el camino, y nos metíamos en los potreros a hacer paseo de olla.

LL: ¿Cómo fue vivir en Estados Unidos?

EP: A los 15 años mi familia se fue a vivir a Estados Unidos, estuve en un colegio público, gigante, los tres últimos años de bachillerato… jugué fútbol, baloncesto, era un colegio enorme, como de 3500 personas. Cuando llegué no tenía idea de hablar inglés, además yo soy pésimo para hablarlo, tiene más ritmo un eucalipto sabanero. Tengo mal acento, pero buen vocabulario. Para mí el inglés y el español son iguales, los domino igual, pero hablo inglés con acento totalmente colombiano.

LL: ¿Era buen estudiante?

EP: No. Yo me tiré un año por perder álgebra y geometría. Estaba en el Campestre, mi papá se había graduado de ahí. Mis papás me pasaron a otro colegio, no era buen estudiante en ese entonces, en los últimos años sí y en la universidad también. Estuve en una de las mejores universidades en Estados Unidos pero no entré por inteligente, sino porque jugaba fútbol. Después me volví más o menos bueno, sin ser la estrella.


LL: ¿Cuándo se interesa por el urbanismo?

EP: Esa es una historia larguísima. Por mi familia, mi padre siempre estuvo dedicado al sector público. Mi papá era empresario cuando no podía ser servidor público. Le apasionaba el país y como fue gerente de la reforma agraria la pelea fue durísima, en esa época se expropiaban las fincas para darles tierras a campesinos, y muchos de mis amigos eran dueños de esas fincas expropiadas. Me tocó tomar conciencia rápidamente. Era un país distinto, sesenta por ciento era rural y no ochenta por ciento urbano, como ahora. Y los ricos no eran ni empresarios ni banqueros, sino latifundistas. Era una pelea política dura.

Pero en resumen, a mí me obsesionó desde muy niño el tema de la igualdad. Y como todas las personas jóvenes de la época, yo era un convencido del socialismo. Recuerdo las primeras fiestas a las que fui, no solo bailaba mal sino que hablaba de socialismo. Las niñas no me aguantaban ni diez minutos.

LL: ¿Por qué dejó de creer en el socialismo?

EP: Pero en el camino me di cuenta de que el socialismo era un fracaso porque no producía ni igualdad ni desarrollo económico. Y como estudié economía e historia, vi también que el desarrollo económico iba a llegar tarde o temprano. Mi padre fue un apasionado del tema urbano, fue concejal, y después fue subsecretario general de la ONU, encargado del tema urbano, y secretario general de la primera conferencia mundial del hábitat. En esa época yo estaba en la universidad. Y empecé a darme cuenta de que el tema urbano era más interesante que el desarrollo económico. Y que las ciudades que se estaban haciendo, si las hacíamos bien, iban a resolver la calidad de vida de miles de personas por muchísimos años. Comencé a pensar que el tema urbano era más importante para la felicidad y para la igualdad de la gente.

LL: ¿Cuándo empezó a trabajar?

EP: Como a los 15 o 16 años. Limpié pisos, baños, saqué canecas en un Mc Donald’s, fui mesero, obrero raso por dos años. En Europa trabajé en Francia y éramos vaciados, vivía con un amigo, compartíamos el baño, pero yo era feliz. Nunca me sentí pobre. Y entendí el poder que puede tener una ciudad para hacer feliz a la gente. No tenía plata ni para comprarme un ponqué, pero tenía a París. Sus parques, su transporte público, las aceras, las universidades. Entonces todo eso llevó a que me obsesionara con ese tema en función de la igualdad y la felicidad. La ciudad tiene un poder infinito para lograr que nadie se sienta excluido e inferior.

LL: ¿Y ahí ya montaba en bicicleta?

EP: Curiosamente no. De hecho, nosotros fuimos los primeros en construir ciclorutas en Latinoamérica. A mí me tocó inventarme esa palabra porque no existía. Bogotá es la ciudad que tiene el mayor porcentaje de gente movilizándose en bicicleta, pero curiosamente en París no había eso. Cuando estuve de director de planeación de Cundinamarca como en el 81, propuse hacer una red de ciclorutas por toda la sabana. Como en el 83 publiqué un artículo para un congreso donde decía que debía haber ciclorutas por toda la ciudad. En ese entonces decir eso era rarísimo. Yo era el bobo de las bicicletas. Era como si a alguien le diera por decir que anduviéramos en globo. El plan con mi esposa, recién casados, era levantarnos a las cuatro de la mañana a contar bicicletas en una cicloruta que quedaba entre Funza y Mosquera, y ver qué tanto servía, cuánta gente pasaba, la distancia que recorrían.

Y en el 84 publiqué un artículo en El Espectador de cómo debía ser el sistema público de transporte, con temas como que debía funcionar en carril exclusivo y que el ingreso del conductor no podía depender del número de pasajeros que llevara. Llegué a la Alcaldía después en el 98, el tema de hacer una mejor ciudad era una pasión. Yo tenía que ser político para hacer lo que soñaba por la ciudad. Y milagrosamente logré llegar.


LL: Y su esposa no quería que se lanzara. ¿Cómo hizo para convencerla?

EP: Para mis hijos y mi esposa tantas derrotas eran algo loco. Le agradezco a la gente que ha sido súper peñalosista y me ve el alma. Yo me encontraba con gente que me decía láncese, voy a votar por usted así siga perdiendo. Ese grupo es el que le da a uno la fuerza. Después de perder tantas veces, yo quedé muy triste porque no podía influir de ninguna manera. Ahí dije bueno: primero, si uno va a jugar un partido de fútbol contra la selección Colombia pues tiene una posibilidad en cinco millones de ganar. Pero si no juega, tiene cero. Entonces si yo me lanzo, que eso en la política es literalmente tirarse de un trampolín y puede que a mitad de camino se dé cuenta del barrigazo tan espantoso que se va a dar, pero ya no hay vuelta atrás. Hay que decir que David Luna y Carlos Fernando Galán me ayudaron mucho. Obviamente mis hijos estaban muy en contra, mi esposa nunca me dijo que no, ni ha sido obsesiva con el tema, pero igual ha sido leal y firme. Sin ella no llego acá.

LL: ¿Cómo es como papá?

EP: Demasiado alcahueta. Mis hijos ya son grandes, tienen 29 y 19 años. Pero en general es un ambiente muy liberal. Mi esposa decía que si en mi casa tocara poner un letrero diría: “En esta casa hagan lo que les dé la gana”(risas).

LL: ¿Cómo son sus fines de semana?

EP: A veces yo subo a la montaña con mi hija, pero no mucho. Vamos a almorzar juntos, a cine con mi esposa, yo monto bicicleta, voy a patios. Entre semana es difícil pero, digamos hoy me vine a la Alcaldía en bicicleta.

LL: Una buena anécdota montando en bicicleta…

EP: Montar en bicicleta es una delicia. Las viejas eran un desastre, pesadas nunca les entraban los cambios, ahora son otra cosa y con el iPod, mucho mejor, uno oye música, es una delicia. Cuando voy a patios, voy a donde Rocío a comer arepa caleruna y jugo. Si es domingo y hay tiempo, huevos pericos y cuando uno llega bien muerto, tres o cuatro jugos.

LL: ¿Monta solo o en grupo?

EP: Solo. Entre semana sube gente que es muy buena. El domingo uno encuentra gente menos campeona, pero es una cosa muy agradable. Yo troté muchos años, comencé a montar en cicla porque la espalda se me dañó. Cuando trotaba y amanecía lloviendo decía que delicia, hoy no troto. Con la bicicleta me pasa al revés.

LL: ¿Un mal hábito que le gustaría cambiar?

EP: (risas) Tengo muchos. Me encantaría dormir más, duermo mal. Quedo profundo pero a las tres de la mañana me despierto. A veces pongo una colchoneta acá para dormir, hoy me quedé profundo media hora.

LL: ¿A qué defecto le huye?

EP: Al aplazamiento, hay que tener disciplina, hacer esfuerzos. Hay que hacer lo más aburrido primero, la llamada aburrida, salir de lo más difícil pronto. Yo creería que la única manera de lograr cosas es haciendo esfuerzo.

LL: ¿Qué hace a un buen gerente?

EP: Primero, entender que solo se logran cosas con esfuerzo, segundo, que hay un montón de gente más inteligente que uno, entonces hay que aprovechar las oportunidades. Lo bueno de ser gerente es poder apreciar las capacidades de los otros.

LL: ¿A qué le tiene miedo?

EP: A que a mis hijos les pase algo grave.

LL: Una ciudad ideal

EP: Yo creo que todas las ciudades están mal hechas. Vivimos en un ambiente donde nuestros niños viven permanente amenazados de muerte.


LL: ¿Pero alguna que le guste especialmente?

EP: Bogotá es la que más amo, me gusta Ciudad de México. Pero como trabajo por el mundo es difícil. Si yo le contara lo que hago a un estudiante de universidad, se muere. Yo voy a todo el mundo, a los sitios más exóticos, no termino de agradecerle a Dios mi trabajo. A veces no es tan genial, pero es algo milagroso. Con las ciudades pasa como con las mujeres, a uno no necesariamente le gusta la más perfecta. A mí me encanta Nueva York que tiene muchos problemas. Tengo un hermano que vive en Toronto y le digo yo prefiero morir apuñalado en Bogotá que de aburrición en Toronto.

LL: ¿Lo más difícil de su trabajo?

EP: El cansancio. Esto es una democracia, aquí nadie es rey. Uno tiene que lograr promover un proyecto, pero dando concesiones, entonces, promover un sueño enfrentado a personas que tienen visiones distintas es difícil. Como decía Churchill, la democracia es el peor de todos los sistemas exceptuando a todos los demás.

LL: ¿Cuántos mapas de Bogotá tiene en su casa?

EP: (risas) No tantos. Los tengo en mi computador, mapas y fotos de ciudades, muchísimos. Tengo hasta carpetas de edificios interesantes. Creo que tengo una de las mejores bibliotecas urbanas que existen.

LL: ¿Un dato curioso que probablemente ningún bogotano sepa de usted?

EP: Muchas cosas (risas). En mis primeros años mi familia no tenía casa, entonces vivíamos donde mis abuelos en Chapinero. Me la pasaba en la plaza con mi abuela, una mujer maravillosa. Mi abuela fue clave para mí.

LL: ¿Hobbies que tenga?

EP: ¿Hobbies? Me encanta escribir. De las cosas que más me hizo pensar en no lanzarme es que tengo un libro prácticamente terminado, me faltan tres meses de trabajo. Si no hubiera sido político, me hubiera encantado escribir.

Estuve inscrito en una escuela de cine. Cuando llegué a Francia me clavé durísimo para que me aceptaran en una escuela de cine y en una escuela de administración pública, además trabajaba en un hotel. Creía que podía con las tres, pero me tocó salirme de la escuela de cine. Después escribí telenovelas y hasta hice periodismo. Yo no habría podido ser ingeniero ni médico. Pero sí creo que
habría podido escribir para cine o televisión (risas).

LL: ¿A qué le pone La Lupa en su vida?

EP: Yo le pongo la lupa a cada día. Tengo claro que cada día es un milagro, cada noche, el aire, el viento, aprender a disfrutar cada hora, cada minuto, cada flor, cada árbol. Cada vez que me asomo por la Plaza de Bolívar no me la creo. Tenemos muchos sueños y un equipo de gente espectacular. Yo creo que si logramos hacer la mitad de lo que queremos hacer, podremos lograr que la ciudad cambie de carácter.

La Lupa en frases

Directorio de entrevistas A – Z

Clemencia Vargas

¨Creo en el baile y en el movimiento como una herramienta potente y única para generar transformaciones.¨

Antonio Sanint

Antonio Sanint nos dio a conocer una faceta muy personal que no muchos conocíamos, en la cual nos cuenta cuales son sus inspiraciones, quienes lo apoyaron desde un principio, como se ha mantenido en el medio, como supera sus miedos día a día y como hace reír a cientos...

Antonina Canal

#LaLupa, con Laura Anzola y Canal Capital: Bombardeamos a Antonina Canal Davila directora de la academia Prem Shakti con 32 preguntas que contestó sin dudar. LL: Anto ¿A que hora te levantas? AC: A las seis.   LL: La primera actividad de tu día. AC: Darle un beso...

Daniel Samper

#LaLupa con Laura Anzola y Canal Capital: Apenas Daniel Samper Ospina abre la puerta de su casa, preguntamos sin rodeos. ¡No se lo pierdan! DS: ¿Quién es? LL: Hola. DS: Hola Laura.   LL: Daniel ¿payaso o periodista? DS: Payaso.   LL:¿Pastrana o Uribe? DS:...

Jaqueline Brandwayn

¨El arte me ha dado toda la fascinación, el entendimiento, el poder satisfacer mis inquietudes.¨

Adolfo Zableh

“Sabía que de alguna manera algo me tenía que inventar para ser oído. Por eso escogí escribir”

Alejandra Azcárate

“Me gusta un estado de cordura no permanente. Creo que una alta dosis de irresponsabilidad es deliciosa en la vida.”

Alejandro Cuellar

“En la cocina el criterio solo existe cuando ha habido experiencia.”

Alexandra Santos

“Entendí que tenía que aprender a soltar para dejarme sorprender un poco más por la vida.”

Alejandro Riaño

“Este trabajo me ha dejado un amor por la vida y un amor por lo que hago que no puedo describir.”

Amalia Andrade

“He sido muy terca en querer creer que la vida está llena de magia.”

Ana Wills

“Actuar es un trabajo muy difícil y un estilo de vida complicado. Pero todo es una experiencia, hay papeles que te cambian la vida.”

Andy Gaitán

¨Siempre me he dejado llevar, hay que ser arriesgado¨

Andrea Novoa

“Tenía una voz interna que me decía que tenía que hacer esto como fuera”

Antonina Canal

“Hay que romper la rigidez y fluir. Soy una aventurera, una gitana”

Beatriz Fernández

“Soy una revolucionaria de las leyes. Mi ley es la ley del amor. Detesto la rigidez”

Beto Gaitán

¨Nunca me ha gustado comer cuento. Siempre me ha gustado indagar, ir más allá.”

Carlos Villa

“Con el violín se crea un vínculo muy fuerte. No es solo emocional sino físico y emocional.”

Catalina Escobar

“Yo tengo un motor adentro, yo trabajo en sintonía con mi hijo. Él y yo somos socios en esto.”

Daniella Álvarez

“Los sacrificios y la disciplina me han hecho alcanzar lo que siempre quiero”

Daniella Moscarella

“Siempre he sido diferente. Nunca me ha gustado ser una niña más del montón.”

Diana Alvarado

“Es duro saber que yo tuve que darle más de la mitad de mi vida a la guerra. Nunca me imaginé que habría más oportunidades para mí.”

Diego Sáenz

¨Uno se preocupa por qué hacer pero es mejor saber lo que no quieres hacer¨

Duván Barato

“Me desmovilicé buscando una oportunidad de mejorar mi vida, pero entré a una sociedad que señala, estigmatiza, rechaza y aisla.”

Elkin Serna

¨El sufrimiento que he vivido, me hizo armarme de valor.¨

Emmanuel Esparza

“Para ser actor no es suficiente ser bueno. Hay que ser obsesivo.”

Felipe Acosta

“Las ideas me han nacido por necesidades y casualidades de la vida. Yo las he sabido leer.¨

Francisco Santos

“Cuando uno se salva de un secuestro de Pablo Escobar el miedo se acaba. Yo viví con la muerte ocho meses”

Geraldine Pomato

“Soy una mujer obstinada, trabajo por lo que quiero hasta que lo logro. Con Wikimujeres fue así”

Gustavo Yacamán

“Pongo mi mente en blanco antes de poner el pie en el acelerador”

Jaime Lombana

“Yo presiento siempre lo que va a pasar. Sé cuándo voy a ganar y cuándo no”

Jorge Duque

“El día que dejé de esconder quién era, dejé de pelear conmigo mismo”

Juan Felipe Samper

¨Seguir los sueños, con todo lo romanticón que suena, siempre va a ser válido, siempre va a ser lo más chévere¨

Juan Pablo Socarrás

“Si la vida me había dado tantas oportunidades era por algo. Me dediqué a luchar por este sueño”

Laura Tobón

“Me lo propuse, lo soñé y lo luché y todo ha llegado en medidas que nunca imaginé”

Mabel Moreno

“Tengo un alma muy libre, pero también una cabeza que me pone todos los límites. Soy mi mayor juez.”

Marcelo Rozo

“No hay nada en la vida como levantar un trofeo. Es como tener el mundo en las manos”

María Del Rosario Guerra

“Mi disciplina, mi formación cristiana y mi preparación académica son lo que me ha permitido lograr todo en la vida.”

Marianela González

“Pareciera que soy conservadora pero no. Todo lo que sea distinto a la costumbre me atrae mucho. Soy muy curiosa”

Marta Lucía Ramirez

“Soy una persona estricta, coherente, con mucho compromiso por Colombia, a veces demasiado cuadriculada.”

Natalia Espitia

“Entendí que la mejor manera de transformar y sanar mi vida era ayudando a las niñas a vencer el miedo”

Natalia Ponce de León

“Escogí el camino de levantarme y hacerme grande. Esto fue un renacer, reinventarme desde cero.”

Oscar Iván Zuluaga

“A mi no me obsesiona el poder. Me obsesiona poder trabajar por los demás.”

Paloma Valencia

“Siempre he querido cambiar el mundo. Me hace falta ver que sí se puede”

Paula López

“Aprendí a abrazar mi realidad y entendí que el perdón y la felicidad son una decisión.”

Paulina Laponte

“Entendí que hay que aprender a fluir con la vida. En el camino encontré muchos talentos y pasiones que no conocía.”

Pilar Schmitt

“Trabajo en una cosa completamente diferente a lo que yo soy”

Regis Ortiz

“El proceso de reinserción no fue fácil. Pero cuando veo a mi mamá y a mi hijo sé que todo ha valido la pena.”

Santiago Prieto

“El camino es infinito. Lo más difícil es persistir, perseverar y resistir”

Tata Gnecco

“Si a tu sueño le pones un poquito de disciplina y empuje, lo consigues ”

Tito Puccetti

¨En mi carrera he hecho muchos sacrificios. Y sí, he tenido suerte, pero ha sido una suerte buscada.”

Yaneth Waldman

¨Yo soy terca en buscar la felicidad todos los días de mi vida.”

Vladdo

“Soy inquieto, sarcástico, malpensado. Tengo cara de bravo pero soy una melcocha.”

Enrique Peñalosa | La Lupa Revista Digital