Alexandra Pumarejo

“Creo que la fe es inquebrantable. Yo sigo creyendo en el amor”
Alexandra Pumarejo | La Lupa Revista Digital

Estudió desde chiquita en Estados Unidos pero siempre ha llevado su alma de costeña a donde llega. Por pura coincidencia llegó a los medios y hoy transmite un mensaje que inspira, que invita a reflexionar. Conocimos en su espacio más íntimo lo que la vida le ha puesto en el camino. Esta es Alexandra Pumarejo, esta es su historia.



LL: Bueno Alexandra, eres una mezcla entre cachaca, costeña, gringa, ¿Qué tienes de cada uno?


AP:
Yo más que mezcla digo que soy un poco chiviada de cada una (risas). Soy barranquillera de sangre pero nunca he vivido allá. Tengo mucho de ellos, crecí barranquillerísima. Mi mamá es barranquillera de toda la vida. Pero nosotros vivimos mucho tiempo en Estados Unidos. Igual, yo viví todo lo que era barranquillero sin haber vivido allá. Bogotana porque nací en Bogotá. Y gringa porque desde muy chiquita hasta los 18 viví en Estados Unidos. Hice todo mi colegio allá. Entonces he vivido mitad de mi vida acá y la otra por fuera.

LL: ¿Y cómo te recuerdas de niña?

AP: Súper callada, muy diferente a lo que soy hoy en día.  Obviamente al principio era  difícil porque cuando llegué al colegio yo era la diferente. Me acuerdo que un día llegué y dije: yo sé hablar inglés y les canté “pollito, chicken, gallina…” y llegué llorando a mi casa porque nadie me había entendido. Yo vivía en una parte donde nadie era latino. Eso fue algo muy bueno porque ser diferente es chévere. En el colegio eran todos los niños perfecticos, callados y mi mamá de pronto llegaba y me gritaba “¡nena móntate al carro!”. Llegaba tarde a todas las fiestas, como buena barranquillera. Y yo de chiquita quería ser igual a los demás pero nunca era y eso es algo que le he inculcado a mi hija.

LL: ¿Qué tan buena alumna eras?

AP: Juiciosísima. Más hacia lo ñoña. Además demasiado recta. Puedo decir honestamente que nunca me tomé un trago hasta los 18 años, ni salí como loca. Nada. Era una niña muy tranquila.

LL: ¿Tus papás cómo eran?

AP: Yo crecí con mi mamá y mi padrastro, un argentino fantástico y maravilloso. Y mi mamá era súper estricta. No me dejaba dormir en la casa de nadie, no me dejaba maquillarme, no me dejaba nada. Y mi papá es supremamente estricto también y callado, se casó con mi madrastra, que es como mi segunda mamá.

LL: ¿Cuando eras chiquita qué soñabas ser?

AP: ¿Sabes? yo quería ser pediatra. A mí me encantaban los niñitos y me puse a estudiar biología y química. Iba encaminada a eso cuando nació mi hermana. Tengo un medio hermano, 8 años menor, y una media hermana, 16 años menor que yo. Soy hija única de mis papás. Cuando llevamos a mi hermana donde la pediatra y le pusieron las vacunas yo dije que no quería hacer eso. Ahí me convencí. 

LL: ¿Eras amiguera?

AP: Era amiguera. Aunque no creas, no parece, pero siempre he sido muy sola. Soy televidente a morir. Tú me preguntas cualquier programa de televisión gringa y me lo sé. Pero la verdad era introvertida.

LL: Hiciste después tu pregrado acá, como al revés…

AP: Sí, al revés. A mí me aceptaron en Boston College International Law, pero nunca había vivido en Colombia. Yo era muy gringa, mucho más de lo que soy hoy, venía todos los veranos a visitar a mi papá y a mi madrastra. Pasaba feliz acá, porque el pueblo en el que vivía (en Estados Unidos) era muy chiquito. Pero fue mi mamá la que me dijo que estudiara acá, que viviera acá, y así fue.

LL: ¿Qué características tienes de allá?


AP:
Muchas. La música, soy muy directa, la manera como escribo, la puntualidad. No quiero decir que los latinos no seamos directos, pero sí que le damos muchas vueltas a las cosas. Conmigo lo que ves es lo que hay y eso tiene algo de gringo. Ellos tienen una ingenuidad que me encanta.

LL: ¿Entraste a estudiar lo que querías?

AP: Lo más cercano a International Law era Finanzas y Relaciones Internacionales. No lo pensé mucho. Apliqué, hice el Icfes después, estando en la universidad y sí, me parece que fue una carrera que si hoy me preguntan, no escogería. Hubiera estudiado psicología. Pero aprendí mucho. Enrique Peñalosa fue mi profesor, estudié con Conchi Araújo, Felipe Muñoz, ex director del DAS, gente muy pila toda.

LL: Tu trayectoria es enorme. ¿Cuál dirías que es el trabajo que más te ha retado?

AP: Yo creo que todos han sido un reto. Yo estudié toda la carrera. Fui profesora de Berlitz porque quería aprender italiano y terminaron convenciéndome de dar clases de inglés. Hasta enseñé español (risas). Luego trabajé en Ecopetrol. Estaba en séptimo semestre y entré al departamento de financiamiento de proyectos. Después fui banquera de inversión y todo ha sido así. Me quería devolver a Estados Unidos y la mejor manera de vivir allá era que me trasladaran, pero yo siempre he trabajado. Me encanta tener mi plata y ser independiente. Siempre he sido de las que piensa que a donde me lleve el trabajo, voy. 

LL: ¿Y no había ni sombra de lo que haces ahora?

AP: No, cero. Después me fui a vivir a Washington DC, un muy buen amigo de mi esposo de ese momento era Gabriel Silva. Y ahí existía un proyecto en Florida de planes para pre-pagar la universidad de los niños. Me propuso traerlo a Colombia. Entonces allá lo diseñamos y después tocó llegar acá a vender. Sentarse en frente de un papá a decirle, convencerlo de que le estaba diciendo la verdad, que con este plan le garantizábamos la educación de sus hijos, no fue fácil. Después de eso diseñé ropa porque quería dedicarme a mi hija…

LL: ¿Cómo haces para reinventarte tanto?


AP:
Porque yo sí creo que uno tiene que acoplarse. Uno tiene que ser como el bambú que va con el viento. Si tú te quedas estática, te quiebras, entonces hay que hacer lo que hay que hacer. Yo quería estar con mi hija entonces busqué un trabajo que se acoplara eso. Después fui asesora de comunicaciones de Gabriel. ¿Qué paso ahí? Necesidad. Tengo una hija chiquita, estoy divorciada, así que me puse a trabajar en eso. Estuve en la Federación de Cafeteros y no hay palabras para describir ese trabajo. Uno se toma una taza de café y no sabe lo que hay detrás. En una ocasión tuve que hacer un proyecto de salir en cámaras y el jefe de prensa me dijo que lo hiciera y ahí me di cuenta de que me parecía chévere, que yo podía de alguna manera comunicar cosas. Siempre sentí que a la televisión colombiana  le faltaba positivismo. Cada vez que yo veía novelas, las mujeres quedaban embarazadas o se casaban. Y pensé ¿dónde están los valores? A las mujeres hay que decirles que sin un hombre al lado se puede. No tenemos que estar en strapless para ser capaces y bonitas. Yo tenía la percepción de que les estábamos dando mensajes equivocados a las mujeres. El mensaje de positivismo, de que no estás sola, de que sí puedes, eso era lo que yo quería transmitir. Quería un espacio donde pudiéramos decirle a las mujeres: tú eres única porque eres tú. Y ahí nació ‘De tu lado con Alex’ en televisión.

LL: ¿Crees que éste es tu mundo?

AP: Claro. Pues es que es un reto salir en televisión a los 38 años por primera vez, sin ninguna intención distinta de ayudar. Mi intención desde un principio fue: ¿cómo hago para que mi me mensaje llegue? Entonces saqué mi libro, hablé en radio. Y sigue siendo mi misión de hoy en día. Entonces el tema no es el medio, sino el fin. En este momento Dios me tiene en radio, en la revista. Pero si el día de mañana me tiene en otro medio para ese fin, lo hago.

LL: ¿La lección más grande que recibiste en el amor?

AP: Yo creo que la más importante es que si no me quiero a mí, no puedo pretender que me quieran. He pasado mucho tiempo buscando aprobación, sintiéndome menos yo. Entonces es la presión de ser más amorosa, más querida, más, más, más y esa ha sido una lección que, aunque la hablo y trato de predicarla, me cuesta.

LL: ¿Eso lo entendiste en tu primer matrimonio?

AP: No. Mi primer esposo es uno de mis mejores amigos. Lo aprendí hace muy poquito…

LL: ¿Hace cuánto?

AP: Hace como un año. Porque una cosa es decirlo y otra verlo en el espejo. Yo me veo muy distinta, me siento muy distinta de lo que me veía hace un año o hace seis meses. Antes yo vivía de dar mi luz y complacer y salvar; yo te puedo hacer una mejor persona, yo te puedo ayudar, pero nunca estaba yo. Siempre esperé que alguien me salvara a mí y después me di cuenta de que la única que me podía salvar era yo.

LL: ¿Cómo se hace eso?

AP: Trabajándole. Yo le trabajo mucho, mucho a mi parte espiritual. Aquí estamos en un espacio que es mío. En el ruido de la vida a uno se le olvida estar con uno mismo. Estoy leyendo un libro que se llama “Quiet”- un best seller del New York Times. Ahí entendí mucho más de mí porque es sobre los introvertidos. Entonces la gente me ve y piensa que soy la más simpática, la más bulliciosa pero no es verdad.

LL: ¿Te gusta estar sola?

AP: Es que es más que sola. Uno puede estar con mucha gente y estar solo, o estar con uno mismo y no estar solo. Introvertido es tener una vida interior; mucha gente vive del qué dirán y yo lo que hago es nutrir esa parte interna mía, entenderme mucho, aceptarme mucho. Por ejemplo, aceptar que soy introvertida. Y eso también viene con la edad. Con saber decir que no, cuando uno no quiere. Eso a los treinta es imposible porque uno no dice que no a nada, pero ahora tengo mi espacio, que es muy importante para mí.

LL: ¿Cómo fue tener a tu hija?

AP: Mi hija es la maestra más maravillosa que puedo tener en mi vida. Uno cuando no es mamá no se imagina el amor. Ella es tan inteligente, tan chévere, tan sagaz…

LL: ¿Cómo son ustedes dos juntas?

AP: Tenemos una relación cheverísima, ella es mucho más inteligente que yo,  mil veces más sagaz. Y le reclama a uno y no come entero, y es buena en lo que hace, entonces es increíble todo lo que le aprendo.

LL: Pero te tocó gran parte de su crianza sola…


AP:
Bueno, yo creo que todos los días son una oportunidad. Uno nunca llega a la cima y dice aquí fue. Todos los días hay que trabajarle a ser mejor persona. A ser más auténtica, más coherente, yo creo que eso me enseñó la crianza de mi hija. La coherencia es lo más importante. Cuando uno dice lo que hace, y hace lo que siente, yo la veo a ella y quiero ser una mejor persona no solo por mí, sino por ella. Yo le puedo decir que es divina por lo que tiene adentro, pero si yo no soy ejemplo pues de nada sirve. Y yo no quiero vivir su vida. Trato de ser lo más honesta del mundo. Ella sabe cuándo terminé con mi novio, cuándo fracaso. Yo quiero que ella diga: mi mamá se cae y se cae pero se para.

LL: Los peores momentos son los que sacan lo mejor de uno. ¿Qué te ha sorprendido de ti misma?

AP: Yo creo que mi infinita capacidad de amar. Me han roto el corazón muchas veces y no importa. Yo sigo creyendo en el amor. Yo creo que los hombres son maravillosos. El amor es fantástico. No hay bendición más grande que estar en una relación comprometida. Creo que la vida es linda, que Dios es maravilloso. Creo que la fe es inquebrantable como el agradecimiento. Nunca he perdido la capacidad de agradecer.

LL: ¿Qué buscas en el amor?

AP: Yo no busco nada, yo estoy siendo yo. Yo creo que si estoy bien conmigo, el resto está bien y llega, porque lo que quiero es un partner. No quiero a nadie que me resuelva nada ni que me complete. Yo soy completa. Con mis falencias, cosas buenas y malas, pero quiero un buen compañero, una buena persona y un buen ejemplo para mi hija, con buenos valores, espiritual, porque una persona que no entienda eso no me entiende a mí.

LL: La enseñanza más grande que te ha dado tu hija

AP: Reírme más, porque es que uno se preocupa demasiado por educarla y la enseñanza es gozármela porque no va ser niña toda la vida.

LL: ¿Qué hacen juntas?

AP: Vemos películas juntas, comemos juntas, nos encanta la moda, parchamos juntas. Creo que esta etapa es lo máximo. Cuando era bebé era chévere, pero es que ahora es una delicia porque nos entendemos mucho…

LL: ¿Cómo es un día a día tuyo?

AP: Me despierto, ella se va a estudiar temprano. Trato de estar un rato acá por la mañana,  me voy para la revista que es un trabajo que amo y luego a Blu, donde estoy con mis amigas,  después regreso con mi hija. Uno en la vida necesita tener tiempo. Y el año pasado estuve embolatadísima. La vida es corta, uno tiene que dedicarle tiempo a lo que ama.

LL: ¿Quién es la persona que más admiras?

AP: Yo admiro a muchas personas. Admiro muchísimo a Patri, siempre tiene un ingenio, una sonrisa, buen ánimo. La verdad yo te puedo decir que admiro los valores. Admiro a una persona por su carácter.

LL: Un imán para ti en una persona…

AP: La bondad. Yo estoy rodeada de gente tan linda, tan amorosa. Yo llego a mi revista y soy feliz porque es gente real. Lo que más admiro es la autenticidad.

LL: ¿Y algo que no soportes?

AP: El que dice una cosa y hace otra. No puedo con las personas que no son coherentes. Todo el mundo trata de ser perfecto. ¿Por qué? Eso es lo que nos hace maravillosos.

LL: ¿Cuál es la característica que más te define?

AP: Pensaría que la autenticidad. Yo soy exactamente igual aquí, en mi trabajo, en un acto social.

LL: Un olor

AP: La verbena.

LL: Un lugar

AP: Este espacio, mi terraza.

LL: Un plan

AP: Leer en la playa.

LL: ¿Una amiga?

AP: Conozco mucha gente, pero tengo un grupo de amigos ‘the usual suspects’ que son tres amigas y un amigo. Entonces me quedaría difícil escoger.

LL: Un talento que te hubiera gustado tener

AP: Quisiera cantar, tocar algún instrumento. A mi hija le hago pasar penas con eso (risas).

LL: Frases de cabecera


AP:
Muchas. La vida es 10 por ciento lo que te pasa y 90 por ciento como reaccionas; es mejor ser feliz que tener la razón; haz muchos amigos en la subida, porque los vas a necesitar en la bajada; mentes grandes hablan de ideas y mentes pequeñas de otras personas; las mujeres son como las bolsas de té, no sabes qué tan fuertes son hasta que las metes en una bolsa caliente. Otra es: no hay suficiente culpa que mejore el pasado ni suficiente preocupación que mejore el futuro.

LL: ¿Rezas?

AP: Sí. Todos los días. Sin Dios realmente no haría nada. Siempre digo que me tengo a mí misma, pero antes a Dios. Tengo mi fe muy marcada, pero no se la impongo a nadie. Las de Agenda Tacones son ateas y a mí no me importa. Es algo muy mío. Sin Dios no hay nada.

LL: Una rutina para verse bien

AP: Me quito el maquillaje siempre. Duré muchísimo sin maquillarme, pero ahora que salgo en televisión, siempre me lo quito por las noches.

LL: ¿Qué tal comes?

AP: Me gusta de todo. No he caído en nada de dietas. Como desde hamburguesa con papitas, hasta pan y pizza.

LL: ¿Ejercicio?

AP: Mal, muy mal. Es genética,  a veces salgo a caminar (risas).

LL: ¿Té o café?

AP: Café.

LL: ¿Tienes mascotas?

AP: Sí, una perrita chiquitica.

LL: Bueno y para terminar ¿A qué le pones La Lupa en tu vida?

A todo. Hay que darle importancia  a las pequeñas cosas. Y ante todo le pongo la lupa a mi familia, a mi hija, a mi corazón. El resto es paisaje. Los trabajos cambian, uno puede tener salud hoy y no mañana. La lupa tiene que estar puesta en uno mismo, en la felicidad, esa nadie te la puede dar y nadie te la puede quitar.

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“Soy inquieto, sarcástico, malpensado. Tengo cara de bravo pero soy una melcocha.”

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Alexandra Pumarejo, nos cuenta sobre su infancia, su entorno familiar, el trabajo que más la ha retado y la lección que recibió del amor.
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