Alejandra Azcárate

“Me gusta un estado de cordura no permanente. Creo que una alta dosis de irresponsabilidad es deliciosa en la vida.”
Alejandra Azcárate | La Lupa Revista Digital

Si algo define a Alejandra es que es una mujer libre.  Libre porque siempre ha dicho lo que siente, sin miedo y sin culpa. Tiene la facilidad natural de generar empatía con los demás, de comprender las historias, recrearlas, jugar con ellas, convertirlas en alegría que regala en cada una de sus funciones. Y es que para lograr esto ella logra un balance entre dos mundos, por un lado es pura racionalidad y estructura, pero por el otro, es emoción, sensibilidad y rebeldía. Alejandra es amante de la vida, del amor, de todo lo auténtico.  Inmersos en una conversación que nos permitió adentrarnos en su vida, La Lupa conoció a Alejandra más allá de su humor negro y su sonrisa infinita, una Alejandra que pocos conocen de cerca.


LL: Bueno Aleja, yo quería que empezáramos devolviéndonos un poco a tu infancia y que me contaras ¿qué de la Alejandra niña tienes todavía hoy en día?


A:
Yo creo que conservo de la infancia algo que para mí es vital y fundamental y que además me parece una lástima que la mayoría de adultos tendamos a perder, que es la capacidad de decir sin filtro lo que pensamos y sentimos. Tu invitas a un niño a comer y le preguntas ¿te gustó la comida? Y te dice ¡no, horrible! ¿A quién quiere más al papá o a la mamá? Al papá. ¿Quieres que vayamos a tal parte? No. Y siento que eso a medida que van pasando el tiempo y los años se pierde. Nos vamos metiendo como en unos esquemas de protocolo del deber ser y se pierde esa autenticidad de expresar lo que uno piensa y siente. Y yo creo que eso sí lo conservo, para bien y para mal. Porque no me guardo nada de lo que siento en el momento no me cuesta trabajo expresar mi afecto o mi rechazo frente a alguien y lo mismo hago con mis opiniones. Muchas veces he expresado cosas con las que la gente de repente no ha estado de acuerdo, pero no por eso he sentido temor de decirlo porque procuro tener argumentos que sean válidos por lo menos para mí, y que le den un sentido a lo que pienso. Entonces creo que eso lo conservo desde la niñez y me gusta, además, espero no perderlo nunca.

LL: De tu infancia, de tu mamá, de tu papá ¿qué fue lo más grande que ellos te dejaron? Como lo que más tienes marcado de ellos.

A: Yo les agradezco a mis papás todo y soy una hija aferrada, soy un tatuaje con ellos, yo soy como una niña chiquita en ese escenario frente a mi familia, y les agradezco y les valoro todo, con los errores que hayan podido tener porque uno no viene con manual de instrucciones. Creo que tal vez la enseñanza más valiosa o la dinámica de comportamiento más interesante para mí fue el poder debatir, el poder hablar con libertad, a mí de niña nunca se me censuro ningún tipo de conversación, nunca fui una niña aislada de determinados circuitos o temas. Yo a muy temprana edad oí el rollo del sexo, oí la palabra divorcio desde muy pequeña, traición, mentira, oía discusiones políticas, intelectuales; mi papá ha trabajado toda la vida vendiendo arte, entonces crecí entre pintores, entre marqueteros, entre anticuarios, leíamos juntos, ese tipo de cosas. Entonces a mí por ejemplo me castigaban y si yo no estaba de acuerdo con el castigo podía debatir, argumentarlo y casi convencerlos. Y si mi argumento era más poderoso que el error que había cometido, el castigo se me levantaba. Entonces eso me fascinó siempre, la dinámica de educación en mi casa, que nunca fueron impositivos sino muy abiertos a todo y en un lenguaje de mucha sátira. Siempre el código de mi casa siempre ha sido el sarcasmo.

LL: Hay ciertas cosas con las que uno nace, con las que uno llega al mundo, y otras cosas con las que la familia lo va guiando de cierta forma a uno. Esa forma de ser que tienes desde chiquita fue obviamente influenciada por tu familia, pero crees que también tu naciste un poco así, ¿es tu esencia?

A: Sin duda alguna, yo creo que uno nace con una personalidad determinada, y lo que se va moldeando es el criterio y el carácter. Si no cómo te explicas tú que uno crezca en su casa con uno, dos hermanos que están educados bajo los mismos parámetros, en las mismas condiciones, y a veces uno piensa y actúa tan distinto. Entonces claro, uno viene con su propia esencia. Yo creo que eso se ve desde muy temprana edad, los papás saben claramente cuándo un niño va a ser tímido y cuándo va a ser extrovertido, por ejemplo, o cuándo es simpático o más enconchado, entonces claro, hay una esencia y yo siento que ellos precisamente nunca me castraron ese deseo de libertad, de atrevimiento, de querer correr riesgos, y eso estuvo amparado en mi educación en el Liceo Francés. Es un colegio muy liberal, es un colegio muy interesante porque nunca nos enseñaron a memorizar porque sí, sino a pensar por que toca, y eso yo creo que fue fundamental. Ahora, con el tiempo y con las experiencias pues uno sí va como arcillando el muñeco.

LL: ¿Desde chiquita te imaginabas o pensaste algún día que ibas a llegar a ser lo que eres hoy en día?

A: Pues nunca quise ser nada distinto. Yo siempre fui muy novelera, fui súper novelera, yo no era tanto de películas. Entonces me sentaba en la casa y me quedaba frente a la televisión y recuerdo que no parpadeaba, yo me embrutecía con las novelas. Me encanta el romance, adoraba el drama y los conflictos de las relaciones en pareja, todo eso me apasionaba. Cuando llegaban mis papás siempre me regañaban y me decían ¿Por qué no coges un cuaderno? ¿Por qué no coges un libro? Y yo ni los oía, pero tampoco nunca me obligaron. Obviamente cumplía con mis responsabilidades, pero desde niña yo veía el televisor y decía eso es lo que yo quiero hacer, yo quiero estar ahí, no entendía muy bien qué era, pero yo quería estar ahí. Cuando fui creciendo cada vez lo tuve más claro, que eso era lo que quería hacer, estar en medios de comunicación, me encantaba escribir, siempre he sido buena para hacerlo, digo buena en cuanto a la acción, no sé si buena en cuanto al resultado porque eso lo evalúan casi siempre los demás, por eso soy muy pudorosa cuando alguien me lee porque soy tímida en eso. Pero sí, siempre tuve claro eso, nunca dudé con ser, qué se yo, veterinaria, médica, reina, no sé, las cosas que usualmente puede pensar una niña, no, siempre lo tuve muy claro y creo que la vida me terminó llevando a donde quería. Tampoco fue un sueño fijo ni una meta estática, pero la vida me fue poniendo ahí.

LL: Recuerdas algún momento puntual en el que hayas dicho bueno, ¿esta vida que yo escogí, a la que me estoy dedicando, está trayendo los resultados que quiero? Como algún instante donde hayas pensando, ¿sí soy buena para esto?

A: Creo que un momento que sin duda fue un parteaguas en mi carrera, fue cuando escribí el monólogo que trabajo ahora, Descárate con la Azcárate. Nunca pensé que fuera a tener el éxito que ha tenido ni que se fuera a convertir en el monstruo que ha sido. Me demoré nueve meses haciéndolo, yo no escribo nunca en computador, jamás, ni en tableta ni nada. Yo escribo lapicero y libreta, a la vieja usanza, y me gusta tachar y corregir y arrugo la página y ahí me siento que estoy haciendo la tarea. Cuando terminé de escribir ese trabajo, soñé ese mismo día, soñé con poder llegar algún día a presentarme en un teatro en Buenos Aires. Dije, si esa obra a mí me para en un escenario argentino voy a ser profundamente feliz porque Argentina es sin duda la meca del teatro latinoamericano. La oportunidad se dio hace dos años, apareció un empresario y me dijo: “quiero traerla a Argentina”, y yo decía esto no puede ser verdad. Argentina era como el sueño total para mí con ese trabajo, y cuando llegué pasé unos días de mucha ansiedad porque cuando empecé hacer la prensa, obviamente uno atraviesa El Dorado y es un don nadie, entonces tienes que volver hacer una labor de cero y venderte y convencer, y me dicen en los medios de comunicación como “qué arriesgada sos de venir en este momento” y yo “¿por qué?” y me dicen, porque hay 623 espectáculos de teatro en simultánea. Bueno, dije “ya, voy a fracasar con total éxito, no va a ir nadie a verme”, entonces fue de mucha ansiedad y de mucha angustia porque decía tanto que añoré esto para que vaya a ser una frustración, me hubiera dolido mucho. El día de la función llegué a las tres de la tarde hacer la prueba de sonido paniqueada, iba con una amiga a la que le pedí que me acompañara y me estaba tomando un café y entró el empresario y me dijo: “te tengo una noticia,” pero yo le vi una cara que dije no, me va a decir que cancelemos. Me dijo: “está agotada la función.” Eran 930 sillas en el Teatro Sha de Buenos Aires, que es un teatro lindísimo, colonial, judío, hermoso. Yo no lo podía creer. Cuando me subí al escenario me pasó una cosa divina, había muchísimos colombianos que vivían ahí y la gente me empezó a aplaudir con tal euforia, porque claro cuando uno está lejos y ve a alguien de su país, la conexión es más fuerte. Empecé a llorar antes de arrancar y no podía hablar, ¡no podía hablar! Cuando intente decir hola con la voz entrecortada obviamente la gente se dio cuenta y fue aún más grande el apoyo y empezaron a aplaudir y a gritar como dándome ánimo… mira yo no podía arrancar. Fue la función más divina de todas las que he hecho, yo creo, la más especial por todo ese contexto que te digo. Casualmente ese día cumplía mi función numero mil, algo que hubiera sido inimaginable para mí tiempo atrás. Entonces ese día dije “la estoy logrando, la estoy logrando, por fin estoy donde quise.”

LL: ¿Qué tanto miedo da? Cuando empezaste a escribir, lanzarte y tomar la decisión de listo, lo voy hacer. ¿Qué tanto miedo da tomar esa decisión?

A: El monólogo lo hice básicamente por una necesidad de expresarme, no hay otra razón. No pensé que fuera a ser un gran negocio, no me imaginé que iba a convertirse en algo tan masivo, obviamente uno tiene expectativas y quiere triunfar, eso está clarísimo. Pero lo hice por la necesidad de transmitir lo que yo pensaba en todo el plano emocional, y lo que yo veía basada en mis historias y en lo que aprendí a oír y a ver dentro de mi entorno cercano, porque este material está basado tanto en cosas que a mí me pasaron como en situaciones que le he oído a gente que además le agradezco porque quizá jamás las vuelva a ver. Cuando ya lo tuve listo, por supuesto el miedo yo creo que es indescriptible porque es someterse directamente a un juicio. Cuando uno hace una novela o una serie depende de muchos factores hay un equipo, el rating, el horario, la promoción, el canal, qué sé yo, pero esto es una cosa muy brutal porque es subirte en un escenario a que te digan si está bien o mal, porque esa respuesta te la da la risa y el aplauso, no es una obra dramática, no es una obra experimental donde la gente sale y hace un análisis después, es una respuesta inmediata: funciona o no funciona. El Stand Up tiene un tempo muy matemático donde uno escribe una premisa, luego plantea un argumento, luego da un ejemplo, luego viene lo que se llama un punchline que es donde se presume que aparecen la risa o el aplauso. Si eso no conserva un tempo de cuatro todo el tiempo es cuando la gente sale y dice me reí en unas partes y en otras no, porque el público no comprende esa estructura, pero uno que está arriba sí lo sabe. Si hay unos espacios muy extensos de silencio uno sabe que la obra bajó y empieza esa angustia, entonces claro el temor el brutal porque no importa cuántas funciones haya hecho, para esa gente por lo general, es su primera función entonces lo tienes que hacer como la primera vez, debes entregar el material con la misma fuerza y el terror a mí no se me quita al día de hoy, o sea no hay una función que yo haga donde no me tiemblen las piernas, donde no me dé taquicardia, donde no tenga que respirar concentradamente antes, porque es terrible, incluso al inicio yo salía con el micrófono a la mano y como siempre tengo anillos, era tal el temblor que los anillos golpeaban contra el micrófono, y yo sentía que la gente en las primeras filas se estaba dando cuenta y percibía el sonido. Entonces me tocó trabajar al principio con un soporte, con una peaña, salgo saludo, hago la introducción de que se trata la obra mientras yo misma encuentro un centro y una tranquilidad para poder arrancar porque si no, no soy capaz.

LL: ¿Qué haces en los minutos previos a salir, algún ejercicio de respiración, no sé, algún agüero que tengas?


A:
Yo hago dos cosas siempre muy básicas: me tomo un café así de grande, nunca tomo licor ni en un camerino ni días antes de trabajar, hay artistas a los cuales el trago los desinhibe, a mí me pasa todo lo contrario, siento que de inmediato se me atrofia el cerebro y me produce inseguridad, entonces yo no tomo trago, me tomo un café enorme y siempre me pongo en una esquina, donde sea, le pido permiso a la gente que está ahí a los empresarios, al equipo de producción, les pido que se salgan, me pongo de rodillas en algún lugar y me encomiendo a mis cinco muertos, uno siempre tiene a sus muertos especiales (risas) que en algún momento creyó que hacían parte del combo de los inmortales porque uno nunca cree que la gente que uno quiere se va a morir. Son mi abuelo, mi abuela, mi tía, la hermana menor de mi mamá que se murió de una forma muy inesperada, muy joven, Lina que era mi mejor amiga y mi perra Magola (risas). La gente dirá que estoy loca que cómo le voy a pedir a una perra, yo sé que ella me oye y sobre todo sé que conoce mi temor, entonces yo me encomiendo a ella. A esos seres les pido siempre lo mismo: memoria, que nada se me olvide, porque no tengo a nadie a quien recurrir, pido hilo conductor, es decir que pueda tener una coherencia en todo el discurso y que no se me escape, digamos, una palabra que se me pegue a la otra porque eso es tan matemático, que es muy riesgoso, pido que tenga una actitud agradable frente a la gente porque sé que van a evaluarme desde lo físico, la voz, hasta lo que digo. Que la gente se reviente a mi favor, así lo pido, que se reviente a mi favor y a mi perra le digo que pueda trasmitir alegría desde el inicio, que desde el inicio se conecten y sientan esa alegría y logren olvidarse de las cargas con las que van porque yo no sé la gente que está sentada ahí qué lleva adentro. De hecho, hay funciones que las termino súper activa y puedo irme de fiesta, salir a comer y hay otras que llego al hotel y quedo como un canguro entre un locker, de allá para acá y no me puedo dormir, hay otras que llego y quedo como una piedra y eso tiene que ver mucho con la energía del público, tú le estás entregando todo lo que tienes y también te estás quedando con todo lo que te llevan. Me ha pasado dos veces que he tenido lapsus donde me he comido parte del texto y cuando voy en determinado lugar digo “¡mierda!, me comí 20 minutos y me toca regresar” pero el tiro está en que la gente no se dé cuenta, como no conocen el material, de mí depende volver a agarrar la rienda y volver a pegar, remallar la media, eso me ha sucedido dos veces. Afortunadamente jamás me ha pasado que se me haya quedado la mente en blanco, le tengo pavor a eso, o peor, que me dé un hipo, una cosa tan elemental ¿qué haces tú con hipo? O por ejemplo como me pasó una vez, se me metió una pestaña entre el ojo y fue la cosa más desesperante porque arde y ¿qué hago? No espérense venga y sóplenme, pues no, o sea tengo que seguir. Entonces que no se me presente ningún inconveniente, que no se me parta un tacón, tantas cosas a las que está uno expuesto ahí, que un pesado que te diga algo y te interrumpa, no sé, que suene una sirena en el teatro, lo que sea, uno está ahí como muy desnudo ante lo intempestivo, es muy angustioso.

LL: Para este mundo en el que estás, para esta profesión que tú escogiste, se necesita una fortaleza muy grande, un saber estar bien parado en la tierra, ¿de dónde crees tú que has sacado esa fortaleza en la vida?

A: Pues yo creo que no la he sacado y justamente el punto está en que nunca estoy parada en la tierra. No me gusta, me aburre todo lo normal. Me chocan la estabilidad y los modelos que sigue todo el mundo, esas refractarias mentales de que todo tiene que ser de determinada manera. Mi esposo a mí me dice que yo vivo en una fantasía, y me gusta, me gusta mucho. Porque soy mucho más sensible a cosas que para los demás resultan imperceptibles. Me gusta ese estado de no cordura permanente. Creo que una alta dosis de irresponsabilidad es deliciosa en la vida, entonces no soy tan común.

LL: Pero también eres muy racional en ciertas cosas.

A: En mis criterios y mis opiniones.

LL: Eso te iba a preguntar, porque tienes dos facetas tan marcadas, ¿no? ¿Toda esta racionalidad, una mujer tan estructurada en muchísimas cosas, combinadas con una sensibilidad inmensa y una rebeldía desbordada, en qué punto se unen?

A: Creo que en el trabajo, en los demás escenarios separo todo muy bien porque se me da muy naturalmente.

LL: ¿Eres racional en qué tipo de cosas?

A: Soy racional a la hora de asumir mi trabajo, me lo tomo con muchísima seriedad y ahí adopto una postura bastante rígida. Creo que, de las cosas negativas, si puede ser negativo eso porque lo veo es desde el lado de lo que se puede decir de mí, es que soy insoportable en el trabajo, es completamente cierto. Yo soy estricta, soy meticulosa, soy muy disciplinada, soy casi implacable, difícilmente acepto un error y no soporto las excusas insulsas. Que a mí alguien de mi equipo de trabajo me diga “no, se me sale de las manos” mira, yo me enchuquizo, yo quiero morir y matar.

LL: ¿Cómo es una Alejandra brava?

A: Yo soy furiosa. La gente piensa que yo soy muy brava por muchos factores, por mi manera de expresarme, mi voz es una voz templada, ruda, mi expresión de la cara no es muy dulce que digamos, mis facciones no son propiamente angelicales (risas), así que todo tiene ese empaque como de dureza. Y de hecho me pasa que le hablo a mucha gente y me dicen “¡Ay! Pero no se ponga así, no me regañe” “no, yo no te estoy regañando, yo hablo así.” He tratado con el tiempo de trabajar mucho ese tono digamos en la cotidianidad para no pisar cayos que son innecesarios. Contrario a eso, cuando me pongo brava no puedo hablar, no puedo hablar, yo me siento y la gente sabe que cuando yo estoy muda es porque eso es un volcán que va a salir en cinco, cuatro, tres… y cuando exploto no me sale un grito, no me sale una grosería, nada, yo miro a la persona fijamente y le digo tres palabras y no tengo nada más que abonar. Entonces eso por lo general genera mucho pavor, a mí me da miedo hasta de mí. Porque cuando me quedo callada yo digo ¡Dios mío! Yo ya me empiezo a acomodar, me talla la ropa, no sé para dónde agarrar, me toca respirar porque me descompongo y eso me pasa mucho en el trabajo porque soy alérgica a la mediocridad, detesto a las personas que, literal, muerden cheque, ¿me entiendes? Como que yo voy, tengo que poner esta silla aquí entonces yo pongo la silla ahí y ya, no aportan ideas, no fomentan la creatividad, no son recursivos, no resuelven. No tolero la mediocridad, me fascina trabajar en equipos que busquen un camino a la excelencia. Para mí siempre todo pudo haber salido mejor, eso tampoco está bien, porque me hago mucho daño y soy especialista en auto sabotearme, y eso psicológicamente tampoco es bueno, de hecho, he buscado ayuda para el tema. Me doy palo, me doy guayo, me doy bate, me doy todo, yo siempre siento que faltaron los cinco centavos para el peso, y no me doy el crédito suficiente y el valor, lo cual es cruel con uno mismo, pero es muy bueno dentro del resultado del trabajo porque no hay ese sentido de conformismo de sí, listo ya entregué lo que era. No, siempre corrijo cosas, y siempre encuentro otras tuercas que hay que ajustar, y no me resigno a que las cosas se queden de una misma manera.

LL: ¿Y eso en tu vida personal?

A: En mi vida personal es completamente diferente. Por eso te digo que ahí logro separar las cosas, porque ahí se condensan los tres aspectos que dices. Soy igualmente dulce y divertida cuando trabajo y si las cosas funcionan bien siempre mi equipo está feliz. Siempre hay carcajadas siempre nos divertimos y procuro que sea un ambiente maravilloso, excepto cuando pasan este otro tipo de situaciones que te acabo de mencionar. En mi vida personal es muy distinto porque yo siempre estoy alegre, cuando digo siempre no exagero, siempre estoy alegre. Es muy raro que algo me saque de casillas, a todo lo que es personal le encuentro solución, tengo una capacidad de reírme de las dificultades, he vivido situaciones muy complicadas en mi vida que me han enseñado a manejar no problemas sino tragedias, tu a mí me dices que no me puedo amarrar el zapato y yo no sé qué hacer, pero si me dices tengo un problema o sea una tragedia de un tamaño magno, yo le encuentro soluciones. Siempre a todo le veo como ese lado. Ahí siempre encuentro una atmosfera como mucho más fresca, estoy muy relajada, no me preocupo, llego tarde, no me angustio y soy muy dulce, soy muy amorosa en mis entornos.

LL: ¿Cuáles dirías tú que han sido los tres momentos o las tres situaciones que más te han marcado como persona en la vida? 

A: Hmm, creo que fue muy importante el nacimiento de mi hermano. Yo tenía cinco años cuando Andrés nació y era muy consentida, mi reacción fue muy extraña porque yo me aislé, me sentaba en las esquinas y no le hablaba a nadie, no fui al baño en dos semanas me tuvieron que llevar al médico y hacerme una cantidad de cosas, estaba poseída por todo lo malo (risas). Me dio muy duro la llegada de Andrés, me puse muy celosa. Mi papá tiene los ojos verdes, y esa fue una frustración enorme para mí, no haberle sacado los ojos a mi papá, siempre y hasta el día de hoy se lo digo y se lo recrimino, le digo ¿qué pasó con esa información genética? ¿qué pasó, te viniste muy rápido o qué? Y entonces me toma del pelo porque nosotros jodemos con todo. Siempre me frustró no tener los ojos verdes, en ese entonces recuerdo muy claramente que le dije a mi mamá, si es una niña y sale con los ojos verdes la voy a ahogar, punto. Y mi mamá me decía yo te ayudo, yo te ayudo porque es mi responsabilidad. Entonces creo que el nacimiento de mi hermano fue muy importante para mí porque me enseñó a compartir, y creo que es algo que ha sido una ley en mi vida, yo adoro compartir, soy mejor para dar que para recibir, soy malísima recibiendo. Ese es otro tema psicológico que he tratado con ayuda. Son unas ganas de entregar que me ha traído muchas frustraciones porque no me he arrepentido nunca de mis locuras, pero sí de mis actos racionales y racionalmente me he entregado mucho a personas que no han valido la pena. Me ha costado mucho aprender a recibir. Pero estoy como en el proceso, ahí voy ya he aprendido. Por lo menos tuve el gesto de expresar mi propia necesidad. El nacimiento de Andrés fue muy importante, somos muy unidos mi hermano y yo, él vive en México hablamos casi a diario, no dejamos que pasen más de cuatro meses sin vernos, nos ponemos un punto de encuentro, siempre nos reímos juntos, lo amo con toda mi alma.

Luego un momento sin duda que me marco fue la muerte de mi abuela materna, muy, muy duro para mí porque es la persona a la que yo más he amado en mi vida y que sigo amando porque no he encontrado otra que ocupe ese mismo poder de amor y de sentimiento en mi corazón. Fue una persona que me marcó mucho, de hecho, mi psicólogo, mi terapeuta, me dijo en la última cita, ¿qué fue eso tan grande que hizo para que te haya dejado esa impronta tan fuerte? Y yo me quedé pensando y dije ¡TODO! Todo, o sea lo hizo todo, yo aprendí de ella absolutamente todo, la más genuina bondad, la alegría, la capacidad de entender al otro, un desprendimiento frente a lo material divino, la capacidad de transmitir amor, el humor, mi arraigo familiar, mis valores que son muy afianzados, muchas cosas. Entonces creo que eso fue muy duro para mí, y además sucedió el día de mi cumpleaños que es el 3 de marzo, nunca lo volví a celebrar por eso, porque por una extraña razón el 3 de marzo casi siempre que miro el reloj es cerca las dos de la tarde que fue cuando pasó eso, siempre me pasa lo mismo y cuando es el 3 de marzo digo hoy no voy hacer eso y termina sucediendo, es como que siempre ella está ahí. Ahora entiendo que no lo debo ver desde el punto del dolor, sino que quizás fue tan grande nuestra relación que lo dejo ahí, o sea justo ese día.


Otro momento que fue muy importante y clave para mi vida fue el día en que tome la decisión de irme a vivir con mi esposo. Habían pasado 4 días de haberlo conocido, habíamos ido una vez a comer, una vez a almorzar, una vez habíamos ido a tomar un café, y luego a una fiesta de cumpleaños que fue la primera noche algo así.
Y entonces yo estaba fumando en su carro, sin preguntar me prendí un cigarrillo, estábamos en el semáforo de la 94 con 11. Yo nunca cuento estas cosas porque no me gusta abrir mucho el tema de la relación en pareja, pero lo voy hablar desde el punto de vista del momento que fue muy importante para mí. Estábamos en ese semáforo, y este hombre se voltea y me dice “uy, ¿te puedo pedir un favor?” y yo dije mierda el cigarrillo, y entonces de una abrí la ventana y tiré ese cigarrillo y dije ¡uy no, quedé como una chancla! porque claro prendí el cigarrillo y para quien no fuma eso es muy desagradable. Y yo “qué pena, mira discúlpame” por qué claro cuando uno está levantando trata de mostrar sus buenas cartas y yo dije, qué pelada de cobre, y entonces el hombre se voltea y me dice en el semáforo “mira te quiero pedir el favor de que fumes lo menos posible en mi carro y que invadas lo antes posible mi espacio, yo no quiero conocer a nadie más, tu eres la persona que yo quiero para mí” y yo mire el semáforo… ¡no, no, no es que esto es una cosa muy divina! Y entonces yo veo el semáforo que estaba en rojo y cuando pasa a verde me volteé y le dije “bueno, dale, listo.” Y nos fuimos a vivir juntos y desde ese entonces hasta hoy ya han pasado doce años.

LL: Nunca te angustió o te atormentó la idea de me voy a quedar sola, ese miedo de…

A: Jamás. Creo que por eso me casé tan joven porque cuando uno menos busca las cosas se le aparecen. Ese poco de viejas que andan todas desesperadas con ese dedo entablillado esperando la argolla, ¡eso es muy mamón! A los tipos no les gusta esa presión, estas mujeres que están llegando a los treinta y les entra un afán ahí todo montañero porque no se han puesto el vestido de novia, es que no. Yo digo en vez de preocuparse, lean, viajen, conozcan el mundo, adquieran otros criterios para de verdad poder elegir con quién quieren compartir una vida. “No, es que ya llevamos cinco años y no me ha propuesto matrimonio, entonces yo le voy a dar hasta junio.” ¿Qué es eso? Eso es muy lobo, eso no se hace. Yo nunca lo tuve entre mis planes. Nunca pensé en casarme, nunca soñé el vestido blanco, no porque fuera en contravía de lo femenino, no, sino porque siempre me llamaron la atención otro tipo de cosas primero. Ahora, siempre quise tener a una pareja. Siempre soñé con encontrar el amor, por supuesto. A mí me parece que el amor es lo único que le da sentido a la vida, lo único, no hay más, es más importante que la misma salud, cuando uno tiene amor se sana. Pero cuando no tienes amor no tienes nada. Entonces sí quería encontrar a un hombre valioso, por supuesto, pero nunca manejé ese tipo de ansiedad. Y por eso me casé muy pelada o sea yo devuelvo el tiempo ahora y digo claro, era una bebé, pero en ese momento me sentí lista, tenía 26.

LL: Y antes de eso, ¿cómo fueron las experiencias?

A: Ah no, puercas como las de todo el mundo. Sí claro, tuzas, me pusieron los cachos, perseguí novios, ponía a llamar a las amigas de otros teléfonos, me iba con capucha a la salida de la discoteca, lloré, fui adonde brujas a que me leyeran el chocolate a ver si me iban a pedir cacao, o sea yo hice toda la tarea, toda la tarea que hacemos todas las mujeres, todo el curso. Me metí con hombres interesantes, con otros no tanto, pero la verdad siempre fui una mujer muy amada y me siento muy orgullosa de eso porque los hombres que pasaron por mi vida siempre me quisieron mucho. Yo nunca sufrí por falta de amor, jamás, y nunca me tocó mendigar amor que a veces pasa mucho entre las mujeres, como que “no me dejes” no. A mí eso nunca me pasó, los hombres que yo tuve siempre me quisieron de una forma muy bonita. Ahora que la dinámica de las relaciones se atrofiara, que ya no se volviera tan sana y se acabara pues es lo normal. Pero siempre he sido una mujer muy querida. Entonces dentro de todo creo que eso sí lo he aprendido a recibir.

LL: Tomaste la decisión de no tener hijos, es una decisión consciente, madura, que hiciste pública y que para algunos no fue tan bien vista. ¿No crees que de alguna forma le has dado un empujón a muchísimas mujeres para quienes es tan válido decidir ser mamá como decidir no serlo?

A: Mira que sí lo siento. Hace un tiempo me costaba un poquito de trabajo verbalizarlo porque siempre existe un temor al juicio más siendo mujer, a la gente no le resulta tan positivo que uno diga que no quiere ser mamá y te señalan de una manera muy dura y dicen debe ser desalmada o egoísta, o pensará que se le va a dañar el cuerpo, tonterías como esas, o no sé, no tiene capacidad de dar amor, o no sabe de lo que está hablando. Tantos señalamientos que terminan siendo absurdos porque finalmente no lo conocen a uno y no tendrían por qué evaluar las razones de ser. Entonces me costaba un poquito más de trabajo, pero ya cuando tuve la capacidad y la certeza de que verdaderamente eso era lo que yo quería, lo empecé a transmitir con absoluta naturalidad y bajo mis argumentos, que son igualmente validos que los de las mujeres que sí desean tenerlos. Así de sencillo. Yo no vivo preguntando y por qué quieren tener hijos, no entiendo por qué les genera tanta curiosidad que yo no quiera hacerlo. Entonces ahora no siento pudor al decirlo, al contrario, me siento muy tranquila porque sé que es una idea consciente, es una decisión responsable que he tomado sobre mi vida y mi manera de ser. Me he encontrado muchas mujeres últimamente que me dicen oiga yo pensaba lo mismo y no era capaz de afrontar mi decisión por ese juicio colectivo. Con esto no quiero promover una campaña de no a los niños, porque ahora se vienen asopapás, asoniños, asoenanos, asocolegios (risas), no, no es para que armen una controversia de esto que de verdad estoy como un poco harta. Decir lo que uno piensa en este país es un chicharrón, qué jartera, la gente siempre quiere que uno diga lo que quieren oír. Entonces me dicen, no, es que usted es muy controversial, usted es muy polémica, no. La controversia la arma la gente que no sabe respetar que existimos otros que pensamos distinto. Yo no digo las cosas para generar problema, yo digo las cosas por que las pienso y porque tengo unas facultades mentales que aún me permiten opinar por mí misma, juel diablo (risas). Entonces no quiero tener hijos porque amo mi libertad, no existe otra razón distinta a eso. No me interesa dar ejemplo de nada a nadie, me gusta vivir libre. Saber que tengo un marido que vive conmigo porque quiere, no porque le toca, no porque quiere jugar a la casita ni porque vamos a generar un hogar. Veo un mundo tan terrible últimamente que no entiendo para qué más. Y se reproducen y se reproducen y llueve y se siguen reproduciendo, y yo digo ¡Dios mío!, un hijo no puede ser una decisión a la ligera, un hijo no puede ser un error ni un descuido porque no planifiqué, ni un polvo detrás de una puerta en una discoteca, ni un elemento para creer que va a conservar una relación. Un hijo solo para mí se debe tener cuando se tiene el deseo absoluto y el acto de humildad más grande de la vida de saber que a partir de ese día tu dejas de existir, cambia tu sueño, cambian tus prioridades, cambia tu suerte, cambian tus deseos, cambia todo. Si existe esa capacidad consciente de entregar tu vida a otro yo lo aplaudo, y lo entiendo como un gesto de valentía y del más profundo amor. Yo no tengo esa capacidad. Entonces no lo quiero.

LL: ¿Qué ha sido lo más doloroso o lo más difícil de superar en este mundo en el que vives de tantas cosas que se dicen, de tantas polémicas, de tantas críticas?


A:
Pienso que la injusticia frente a la opinión sin argumento. Es decir, gran parte de mi carrera ha estado basada en llevarle a la gente alegría, desde cualquier punto de vista, en radio, en una novela, en un escrito, en un monólogo, en teatro. Llevar alegría ha sido un propósito para mí porque me parece que es un don con el que se nace. Uno no nace alegre, a uno no le enseñan a ser alegre, a uno no le enseñan a reírse. Reírse es la acción más auténtica y más genuina del cuerpo humano y si tú tienes el don de poder transmitir y regalar eso a mí me parece divino. Yo no sé cantar, yo no sé tocar un instrumento, me frustra no haber aprendido a pintar, pero sé conectarme con la gente y dar alegría. La empatía. La identificación. Cuando uno ha tratado de sentar y darle un pilar a su trabajo a partir de esa premisa, y te das cuenta que de repente cometes un error o una equivocación que a cualquiera nos puede suceder, y que el mismo público que algún día te aplaudió te pase una guillotina es muy doloroso. Porque ahí me he dado cuenta en ciertos episodios, primero, que a todos nos cuesta mucho trabajo perdonar, que no sabemos entender al otro, que creemos que los errores siempre los cometen los demás y pasamos una cuenta de cobro implacable. Entonces eso es muy duro cuando tú dices no puede ser que este resbalón a mí me borre en cuestión de un par de horas 8, 10 o 12 años de esfuerzo, de lucha, de responsabilidad de esta manera. Eso es como encontrarte y decir, yo a quién le estoy hablando, me he cuestionado muchas veces qué tan leal es realmente el público que lo sigue a uno, o a lo mejor yo tengo un concepto de lealtad muy distinto porque para mí la lealtad es inquebrantable, en la amistad, en el amor, en el trabajo. A mí una persona me puede fallar en el trabajo, pero si yo entiendo por qué cometió esa equivocación, si no es una excusa insulsa, siempre volverá a trabajar conmigo y soy leal a mi gente. Yo muero con la mía y muero por los míos, ¿me entiendes? Entonces, cuando tú ves de repente que el público no es así, de verdad piensas, ¿valdrá la pena todo lo que yo estoy intentando hacer? Si a mí la vida y la gente no me permite meter la pata, ¿de qué estamos hablando? Es ingrato, es una carrera que no tiene despedida, uno no tiene entierro entonces esto es una cosa que cuando a ti no te vuelven a llamar tú debes deducir por tu sentido común que tu carrera llego a tu final. No es como que estás en una empresa y cumples un tiempo y te dicen chao, o te vas o te indemnizan, o sea hay un protocolo de finalización, aquí no. Aquí tu carrera puede terminar o por edad, o por falta de oportunidades, o por un resbalón, por millones de cosas a las que uno está expuesto, estas en la cuerda floja. Es una carrera violenta porque a pesar de que el medio se llame entretenimiento es todo menos entretenido en el fondo, uno se entretiene mientras lo hace, es como si tuvieras un pie en un precipicio y el otro en un jabón, todo el tiempo, estas ahí, entonces es muy complicado es una carrera muy inestable.

LL: ¿Cómo hace uno para permanecer, para tomar la decisión de seguir ahí y no desfallecer?

A: Ay mira, yo francamente te digo que estoy por pensar que eso es un acto de testarudez.

LL: (Risas) ¿Un acto de ego?

A: No, ni siquiera, porque el ego lo zapatean de tal manera, o sea te lo destruyen de tal manera que además es hasta positivo porque cuando le dan a uno esas zarandeadas y esas muendas te das cuenta que toca, vuelva y levántese, vuelva a pararse de ahí y pida perdón de rodillas y párese de ese fango donde usted misma está arando y nadando sin final. Entonces como que el renacer y volverte a parar de eso, y volver a sentir el aplauso del público después de una tormenta te da una energía medio adictiva para continuar, yo creo.

LL: ¿Qué tanta capacidad para el fracaso crees que tienes tú?

A: Ninguna. Yo no tengo capacidad para fracasar, yo tengo capacidad para perder, que es diferente. Yo sé perder y asumo las pérdidas con mucha entereza, con mucha humildad y sobretodo las entiendo como momentos de reflexión para corregir, pero yo no tengo capacidad para fracasar porque yo me exijo mucho. Te voy a poner un ejemplo, si yo hoy escribo una obra, y esa obra digamos colectivamente es un fracaso, no va nadie, para mí, nunca va a ser un fracaso si yo la hice bajo mi criterio. Va a ser un éxito el haber reflejado lo que yo sentía de esa manera. Si no funcionó, de malas, de malas para mí. Pero nunca lo voy a entender como un fracaso. Porque el fracaso es para fracasados y yo no soy una fracasada ni voy a fracasar jamás, me voy a caer ochenta veces, voy a perder cincuenta mil oportunidades de hecho me ha pasado, en mi carrera he escuchado infinidad de veces el no y muy escasas veces el sí. Entonces yo ya la pérdida la conozco, pero nunca seré una fracasada porque siempre hare lo que mi corazón y mi cabeza me digan, y creo que eso ya es un triunfo.

LL: ¿Qué te da miedo hoy en día?

A: Le tengo pavor a las enfermedades…

 LL: ¿Hipocondríaca un poquito?

A: No, no sé, (risas) tengo unas reacciones un poco raras, o sea, a mí me duele la cabeza y ya pienso que tengo un tumor en el cerebro, pero no hago nada al respecto, no voy al médico. Le tengo mucho miedo a las enfermedades, pavor a las físicas y a las mentales. Nosotros estamos educados para cuidar la salud del cuerpo, pero nunca nos educan para cuidar la salud de la mente y cuando a la mente se le corre la teja te quiero decir que eso es brutal.

LL: ¿Y para la parte mental que hacer?

A: Para la parte mental yo pienso que se debe buscar una ayuda sin duda, no sé si sea una amiga, no sé si sea la mamá, pero uno tiene que aprender a oír, la mente no se las sabe todas y le juega a uno muy duras pasadas. Saber pedir la ayuda. Sí, le tengo mucho miedo a las enfermedades y le tengo mucho miedo a la viudez.

LL: ¿Por qué? Si nunca en la vida te generó conflicto estar sola…

A: Es que ahora ya no veo mi vida sin él, no la veo sin él, me costaría mucho trabajo. Es un amor muy profundo y despertarme un día y ver que no está, yo no sé cómo podría reconstruir mi existencia sin él, no por una dependencia sino por neto amor, es ya como otro brazo.

LL: ¿Qué es lo que más rescatas de tu marido?

A: Que me aguanta (risas), eso es muy rescatable, es una labor muy loable (risas). A mí me encanta de él y me encantó siempre que nunca se preocupó por ocultar sus defectos, siempre se mostró como era y a mí eso me fascina. Porque no fue un personaje que fui descubriendo lo malo después que después uno dice, uy este no fue el producto que yo compré (risas), ¿pero qué paso? ¡Me salió una chanda después de que le aposté! Entonces nunca oculto sus defectos me ofrecía un mundo divertido, un tipo súper fresco, exitoso en lo que hace con la misma capacidad de lucha, muy desarraigado del que dirán, cero protocolario, le encantaba mi franqueza, muy sensible, con una gran sensibilidad artística y yo adoro eso. No quería tener hijos y nunca ha querido, y eso era fundamental para mí, entonces siempre hemos estado en la misma página y nunca hemos cambiado de opinión. Muchas cosas. Y ahora en la convivencia pues la alegría, la tranquilidad, el llegar a un terreno donde me siento feliz. Yo abro la puerta de mi casa y vivo plena, puede haber pasado un vendaval en el día en la calle, pero llego a mi casa y eso es un oasis. Lo veo y me cambia todo, me da toda la paz y toda la dicha, me siento una mujer muy querida y eso lo valoro enormemente.

LL: ¿Qué te hace llorar hoy en día?

A: ¡Uy yo soy súper chilletas, lloro por todo! Yo soy piscis y dicen los que saben que como es el último signo del zodíaco carga todo lo de los demás, dicen por ahí. Soy una persona muy sensible, ante todo, ante la desgracia, ante la alegría, lloro por los recuerdos, lloro con la música, lloro cuando alguien me está contando algo y me conmueve, lloro porque me da rabia, lloro por todo. Yo soy muy llorona y no me choca, ni me lo retraigo tampoco porque es mi manera de expresarme. Yo estoy en un almuerzo alguien empieza a contar algo, hacen un brindis y yo lloro y todo el mundo me mira como una desadaptada (risas), “¿pero y qué le paso?” Y yo, “no sé, me pareció un momento muy especial”. Me pasa eso, lloro de destiemple, lloro en momentos fuera de lugar, soy así muy sensible y susceptible a las cosas.

LL: Si yo te pregunto del 1 al 10, ¿qué tan liberal eres?

A: 9.

LL: ¿Porque no 10, qué hace falta para el 10?

A: Pensé inmediatamente por qué no el 10 cuando me hiciste la pregunta, en temas de pareja por ejemplo no soy tan liberal, no soy de experiencias de tríos, no soy muy de esas aperturas eróticas que están como tan de moda ahora en estas recientes generaciones, entre las cuales me incluyo, no soy como de experiencias de swingers. A mí me parece tan jarto ver tirar a la gente, como tan anti estético, además, o sea, como que no, uno solamente ve el escenario bonito cuando es uno y eso porque uno ni se ve por allá, menos mal. Pero soy muy desinhibida en esa parte, en el erotismo, en la sensualidad, en todo eso. Utilizo una comunicación muy abierta, pero no soy abierta a ese tipo de espacios en mi relación de pareja soy mucho más arraigada a la vieja usanza, al modelo de antaño del respeto en pareja, del amor entre dos, ese tipo de cosas, no con eso quiero incluir la infidelidad, no soy de las que digo que jamás perdonaría una infidelidad, son de esos temas que uno no puede determinar hasta que eso te toca la puerta, es como cuando te atracan, uno no sabe si le va a gritar al ladrón, si va a salir corriendo, si le va a rapar la mochila o qué va a hacer, ahí pasa lo mismo y empiezan a jugar factores y una cantidad de cosas, entonces no soy cerrada frente a ese tema. Por eso creo que 9, en relaciones de pareja no tengo esa apertura mental me gustan más las relaciones basadas en el romance entre dos.

LL: ¿Y en qué eres tremendamente liberal?

A: En todo lo demás, políticamente, intelectualmente, familiarmente, psicológicamente, en todo creo que soy muy liberal. Muy liberal porque he aprendido con el tiempo a pararme en los zapatos del otro y a comprender que es algo que a uno le hace mucha falta. Entonces uno siempre juzga o no juzga, critica o evalúa los comportamientos de los otros de acuerdo con los propios. Cuando uno empieza a entender que la gente piensa y siente diferente no solamente se abre su mundo, sino que permite que se abra el de los demás. Genero mucha confianza en las personas así sean desconocidas y me cuentan cosas muy íntimas que quizás no le han dicho a nadie porque encuentran justamente el no juicio y eso me encanta.

LL: Pero eso es clave para tu trabajo, ¿no? Ahí es donde logras hacer verdaderamente un buen trabajo de campo…

A: Pues sí porque está basado en la verdad, en la verdad que yo vivo, en la verdad que veo que viven, que oigo que existe, está basado en la verdad y creo que ese es el gran éxito de la obra, más allá de que sea una actuación con un personaje un poco contestatario, una mujer fuerte que quizás para muchas es un reflejo de lo que quisieran decir o ser y no han podido, que para mí también es de alguna manera un escudo de lo que soy, sino porque está basado en la verdad. Nada de lo que yo digo ahí, así este trasmitido en la sátira o el sarcasmo, es una mentira, si no eso no hubiera funcionado.

LL: ¿Cuál es la característica que más admiras en una persona? Es decir, conoces a una persona y qué es eso que te atrae o te repele.

A: Amo la valentía, es mi virtud favorita, me encanta la gente con coraje. Cuando conozco a alguien que me dice estoy haciendo esto y esto, y construí esto, y me mandé en esto y no tengo un peso, pero estoy montando esto, y todo el mundo se fue en contra de este man pero me voy a casar con él, o sea, así sea ante lo errores admiro la capacidad de riesgo, me encanta además porque la he trabajado y la tengo y la defiendo a muerte. Es la virtud que más me gusta en mí misma, entonces cuando uno encuentra identificación o empatía, es precisamente porque hace esa labor de espejo, como yo siento que tengo eso tan arraigado eso me seduce mucho en las personas, me fascina. Me aterra la mediocridad, me molesta mucho la lentitud, me chifla, no, yo me desquicio. La hipocresía me enferma y en este mundo es lo que hay, no me gusta la gente que tiene amistades basadas en la conveniencia, que tiene amigos por que los necesita o es que está casada porque la sostienen, o que está con ella porque le da un estatus social, odio eso. Odio las personas que no establecen relaciones de forma genuina. Me molesta la falta de originalidad, detesto a la gente que imita, ojo, no a los imitadores, los imitadores son unos artistas muy serios y muy profesionales, estoy hablando del común la gente que imita a los demás para lograr determinado éxito o relevancia, me choca terriblemente la falta de autenticidad.

LL: ¿Tu talón de Aquiles cuál es?

A: Mi familia. Cuando digo mi familia me refiero papás, hermano, esposo, núcleo cercano, mi familia total. A mí me tocan a mi familia y es la yugular.

LL: ¿Qué te falta por hacer?

A: Morirme. No me falta nada.

LL: Hoy en día, ¿puedes morirte tranquila?

A: Sin ningún problema.

LL: ¿En qué reencarnarías?

A: Hmm, ¡qué pereza! Otra vez esta misma vuelta, no. Ay no yo ya no quisiera reencarnar más, yo ya he hecho en esta vida mucho (risas).

LL: ¿Tú crees que eres un alma vieja?

A: Yo creo. Yo creo que sí. Yo he sido vieja siempre, desde niña he sido vieja, he hablado como vieja, como adulta, he pensado como grande, no asocio mi niñez a la etapa usual de la niñez. Mi niñez fue de una mujer en un cuerpo de una chiquita. Es más, aprendí a hablar primero que a gatear, que no es lo usual. Cuando mi mamá me llevaba a las visitas yo decía “quiero tetero” y gateaba y la gente decía ¿qué es esto? Como un espécimen rarísimo por que los niños gatean perfecto y dicen tete, mamá, yo no, “quiero tetero” y gateaba por las casas de las visitas. Entonces a la gente eso le parecía rarísimo, seguramente debo ser un espíritu viejo uno aprende lo que oye. Como crecí entre grandes, entre mi mamá, mi abuela, las amigas etc., mujeres adultas, yo creo que sí. Yo no quisiera reencarnar, no, yo creo que uno se muere y no pasa nada. Yo creo que es como el sueño eterno, literal, uno se duerme y ya. Pienso que la energía es otra cosa, no es el cielo, no es el infierno, sé que es la premisa de la religión católica, la respeto obviamente, pero yo creo que uno se muere y es un sueño eterno del cuerpo, pienso que la energía sí queda por ahí porque si no sería muy difícil explicar por qué cuando alguien se muere a veces uno lo siente. O incluso cuando uno dice uy me asustaron, que sientes que alguien se te sentó en la cama, que seguramente a mucha gente le ha pasado (no me ha pasado y espero que no me pase, y si alguien muerto me está viendo que por favor no regrese). Pero los parapsicólogos y la gente que ha estudiado mucho esto tienen evidencias científicas de que algo sucede. Algo tiene que pasar, no sé ese lugar en dónde esté, pero si la energía queda por ahí yo esperaría que fuera un lugar divertido donde me pueda burlar de los demás (risas) ¡por fin! pero ahora enterarme de verdad de todo lo que dicen cuando uno no está, sería genial, ser invisible es el súper poder con el que uno sueña en la vida.

LL: ¿Pero tú no crees que de alguna forma uno ya sabe lo que dicen de uno?

A: ¡No! Uno se imagina lo que dicen de uno, pero casi siempre es peor. La gente que habla bien de uno es muy escasa. No importa lo que uno haga, en la vida en general la gente que de verdad habla bien de ti y te defiende a muerte es porque está basada en un afecto muy arraigado y por lo general ese núcleo lo ejercen muy contadas personas. Pero si tú estas en un escenario de trabajo, de universidad, qué se yo, siempre hay gente que habla mal de uno, entonces yo digo, si cuando uno se muere van hablar bien, porque ahí es cuando le sacan a uno todas las virtudes, y todas las cosas buenas que hizo y te dan todos los reconocimientos y te aplauden por tu enorme valor…

LL: ¿Y quién iría al entierro? (risas)

A: Yo me lo imagino, quién iría y quién me lloraría de verdad, ¿quién me lloraría de verdad? Eso me da mucha curiosidad, ¿quién me extrañará? Después del tiempo, o sea, más allá del impacto de ¡uy se murió qué pesar!, pasa el tiempo y quién dirá “oiga, Aleja me hace falta” ¿quién será? Pues no sé, no sé quién.

LL: ¿Quiénes son tus mejores amigos?


A:
Yo tengo grandes amigos, es de las fortunas más grandes que tengo en mi vida, mis amistades. Tengo amigos que conservo desde el colegio, que los adoro, tenemos un mismo código de comunicación, tenemos un chat incluso del colegio, somos como 83 y sabemos lo que hacen todos. Y de ese tengo desprendido un sub chat con las amigas más cercanas. Pero todo está basado en el bullying, ojo, no estoy promoviendo el bullying, para que ahora no digan que es que le estoy haciendo campaña al bullying (risas), me refiero al bullying desde el punto de vista positivo del sarcasmo, de la sátira, de burlarnos de lo que estamos haciendo todos, de cuando cometemos errores etc. Tengo amigos que me los he encontrado en la vida, tengo amigos que me han aparecido por accidente, tengo buenos amigos de trabajo, no soy muy amiguera, no, son pocos, pero son muy buenos. No sé si son los mejores, pero para mí son los adecuados.

LL: ¿Cómo es un día tuyo?

A: Me cuesta mucho trabajo levantarme. Soy malísima y odio madrugar, soy trasnochadora, mi mente funciona mucho mejor de noche por eso yo siento que en el día estoy en una película por que no funciono muy bien. Entonces me cuesta trabajo despertar, pongo como tres alarmas, mi esposo ya se acostumbró, ya le bajo a la histeria porque a él le suena el despertador y se levanta como un resorte, y yo no puedo entonces me despierto con dificultad, doy gracias Dios que amanecí, que eso me sigue pareciendo un extraño milagro, todavía como que despertarse y poder caminar, por ejemplo, y ver, me parece que eso a uno no se le puede volver paisaje. Mi dinámica diaria está casi siempre basada en viajes, viajo por lo menos tres o cuatro veces a la semana, entonces empaco, no soy de las sistemáticas que ya tiene sus cosas de aseo, que ya sé que me voy a llevar, no. Agarro tres cremas, pienso qué clima es, la foto para Instagram, empaco, al aeropuerto, me llevo a mi perra. Siempre que me levanto ya he hablado con mi mamá y con mi papá, todos los días, no salgo de mi casa sin hablar con los viejos a ver cómo amanecieron, cómo están, hablo con amigos, tomo mucho café, soy muy acelerada, leo bastante, leo a diario cosas que me interesan desde un libro hasta noticias, cosas frívolas, me encanta leer los chismes de la gente porque además es muy gracioso, me río de mis propios chismes porque soy la última en enterarme… ve tan raro yo no sabía que estaba embarazada, cosas así, o ve… no sabía que me había separado, tan chistoso, bueno esas cosas. Ahora leo esos chismes de gente que hace parte de la farándula y que cada vez conozco menos porque hay mucha gente nueva y no conozco a muchos.

LL: ¿Ejercicio?

A: No, no, no, gracias.

LL: ¿No mueves ni un dedo? ¿Entonces cómo haces para estar así?

A: Es genético y el ajetreo. Mi mamá usa mi misma ropa, somos la misma talla, somos hasta el mismo número de zapatos, usamos exactamente lo mismo. Eventualmente cuando tengo tiempo y disposición tomo clases de flamenco. Me gusta mucho, es un baile así súper elegante, además exige mucho carácter y le hace botar a uno bastante energía. Pero por lo demás no, yo no alzo una pesa, me parece una mamera el plan del gimnasio. Me pasaba antes haciendo donaciones por que iba al gimnasio y pagaba un año para ir dos semanas. Eso sí, me compraba la trusa, toda la pinta, los tenis y a las dos semanas… uy qué mamera, no vuelvo me aburre terriblemente, no monto en bicicleta desde que tengo once años, me parece un artefacto súper peligroso, no patino porque tengo cero coordinación, bailo salsa súper bien el resto no. No me gusta hacer ejercicio y además me gusta mi cuerpo como es, me gusta mucho la delgadez me gusta mucho como me veo, no me gustan los cuerpos musculosos, sé que ahora hay una onda súper fit, que lo respeto un montón porque exige una enorme disciplina, la cual evidentemente no tengo, ni tendré. Pero a mí no me gustan los cuerpos femeninos musculosos me parece que son poco elegantes para mi concepto de estética. Entonces pienso que el cuerpo perfecto es el que se mira en el espejo y se siente cómodo y a mí me gusta gusta cómo me veo, huesuda, langaruta, ahí sin gracia para muchos, pero a mí me gusta.

LL: Algún dato tuyo que la gente no sepa.

A: Tantas cosas que a la hora de la verdad creo que no saben nada. Ah bueno, como en la ducha (risas), me encanta picar fruta, el mango biche me gusta mucho, entonces me lo llevo y me lo como en la ducha, me siento en la ducha con agua caliente.

LL: Pero, ¿cómo así? ¿No le cae toda el agua caliente…?

A: Sí, no me importa. Como fruta en la ducha y paleta, la paleta me encanta en la ducha porque se empieza a derretir más rápido, entonces entre que cae el agua caliente…

LL: ¡Qué pegote!

A: Como uno ahí mismo se está lavando, no es tan grave, para eso está el agua. Entonces como paleta y como fruta en la ducha, me gusta mucho.

LL: ¿Tienes tatuajes?

A: Sí, tengo esta estrella y tengo esta otra estrella.

LL: ¿Hace cuánto te las hiciste?

A: Este del cuello, el de la nuca lo tengo hace 12 años, ese me lo hice cuando empecé con Miguel para hacer un ejercicio mental de saber que podía tolerar algo permanente. Y este me lo hice en un momento en el que coincidió la muerte de una gran amiga mía con mi aniversario, entonces cada cinco años que cumpla con Miguel me voy hacer un tatuaje. Espero quedar llena.

LL: ¿Y falta cuanto para el siguiente?

A: Faltan tres para el que viene, pero siempre van a ser estrellas me gustan mucho las estrellitas, no soy así como de figuras más exóticas, me gustan las estrellas, me quiero hacer la próxima aquí detrás, una morada, cerca al talón. Me gustan los tatuajes que uno no ve fácilmente, este, por ejemplo, a veces se me olvida que lo tengo, este me lo veo más seguido, pero es de paso, no estoy pendiente de él y así me parecen más interesantes, no tan evidente todo.

LL: ¿Coleccionas anillos?

A: Mas que coleccionarlos porque yo no colecciono nada, creo que cuando uno empieza a coleccionar cosas se apega mucho y estoy en un ejercicio en mi vida en los últimos tiempos de buscar el desapego justamente, me cuesta mucho trabajo porque soy muy aprehendida en mis relaciones y en mis cosas, no con las cosas sino en mis cosas. Entonces no colecciono, pero sí compro muchos anillos, me gusta, yo hablo mucho moviendo las manos y entonces no salgo de mi casa sin anillo porque me siento empelota. Siento que realmente me hace falta algo muy importante. Puedo salir sin celular hasta sin la cartera, pero no sin anillo, como que me atrofia el hablar, no hablo igual cuando no tengo anillo, es como si me apagaran un micrófono. No puedo.

LL: ¿Pero en tus presentaciones ya lograste manejar lo del anillo temblando?

A: Si ya.

LL: ¿Tienes alguna frase que te acompañe siempre, como algún mantra que te repitas todos los días?

A: Hay una frase en particular que me gusta mucho, súper sencilla que uno diría ugh que obviedad, no, es cero obvia es de León Tolstoi y es muy básica, pero creo que lo encierra todo: “quieres ser feliz, sé.” Para mí encierra el sentido total que tiene mi vida, “quieres ser feliz, sé”, porque todo el tiempo estamos buscando el conflicto o el obstáculo o nos concentramos en el impedimento y le paramos más bolas a lo que no tenemos en vez de valorar lo que sí nos sobra, entonces esa es la única obligación que uno tiene, ser feliz, eso es.

LL: Bueno y ya para terminar, ¿a qué le pones La Lupa en tu vida?

A: A mi corazón. A mi corazón, es lo que le da la base a todo, es lo que le da movimiento a lo que creo, a lo que se me ocurre, lo que me hace sentir un ser humano valioso, y lo que creo que muy poca gente conoce y por eso me gusta tanto. Por eso a lo mejor me moriré de un infarto, porque la gente dice que uno se muere del órgano que más usa, mi abuela me decía mucho eso. Mi abuela me decía “mija, uno se muere del órgano que más usa” y ella irónicamente se murió del corazón y de una manera muy bonita, además, fue una cosa casi poética por que a ella le empezó a crecer tanto el corazón, que ya a lo último, a sus 89 años le abarcaba casi todo el tórax. Uno veía una radiografía de ella y los mismos médicos se aterraban, le agarraba todo el pecho era literalmente solo corazón, y eso era ella para mí y para los que la tuvimos en la vida. Entonces el cuerpo empezó a producir más Co2 de lo normal y se fue apagando como una velita hasta que se quedó dormida. Esa es la vida, de aquí nos toca irnos.

LL: Bueno, pues si se muere de corazón, acá queda registrado.

A: (Risas) ¡Dios mío!

LL: ¡Aleja gracias! ¡Qué linda entrevista!

A: No, al contrario, gracias a ti, agradezco mucho los espacios donde la gente puede conocer algo verdadero de uno y donde no le hacen a uno esas preguntas que se me vuelven tan aburridas porque uno sabe de memoria cómo responder. Por eso casi no me gusta hacer entrevistas me parecen tediosas me gusta esto, las conversaciones.

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Apenas Daniel Samper Ospina abre la puerta de su casa, preguntamos…

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“Sabía que de alguna manera algo me tenía que inventar para ser oído. Por eso escogí escribir”

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“En la cocina el criterio solo existe cuando ha habido experiencia.”

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“Entendí que tenía que aprender a soltar para dejarme sorprender un poco más por la vida.”

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“Este trabajo me ha dejado un amor por la vida y un amor por lo que hago que no puedo describir.”

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“He sido muy terca en querer creer que la vida está llena de magia.”

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“Actuar es un trabajo muy difícil y un estilo de vida complicado. Pero todo es una experiencia, hay papeles que te cambian la vida.”

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¨Siempre me he dejado llevar, hay que ser arriesgado¨

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“Tenía una voz interna que me decía que tenía que hacer esto como fuera”

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“Hay que romper la rigidez y fluir. Soy una aventurera, una gitana”

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“Soy una revolucionaria de las leyes. Mi ley es la ley del amor. Detesto la rigidez”

Beto Gaitán

¨Nunca me ha gustado comer cuento. Siempre me ha gustado indagar, ir más allá.”

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“Con el violín se crea un vínculo muy fuerte. No es solo emocional sino físico y emocional.”

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“Yo tengo un motor adentro, yo trabajo en sintonía con mi hijo. Él y yo somos socios en esto.”

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“Los sacrificios y la disciplina me han hecho alcanzar lo que siempre quiero”

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“Siempre he sido diferente. Nunca me ha gustado ser una niña más del montón.”

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“Es duro saber que yo tuve que darle más de la mitad de mi vida a la guerra. Nunca me imaginé que habría más oportunidades para mí.”

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¨Uno se preocupa por qué hacer pero es mejor saber lo que no quieres hacer¨

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“Me desmovilicé buscando una oportunidad de mejorar mi vida, pero entré a una sociedad que señala, estigmatiza, rechaza y aisla.”

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¨El sufrimiento que he vivido, me hizo armarme de valor.¨

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“Para ser actor no es suficiente ser bueno. Hay que ser obsesivo.”

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“Cuando uno se salva de un secuestro de Pablo Escobar el miedo se acaba. Yo viví con la muerte ocho meses”

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“Soy una mujer obstinada, trabajo por lo que quiero hasta que lo logro. Con Wikimujeres fue así”

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“Yo presiento siempre lo que va a pasar. Sé cuándo voy a ganar y cuándo no”

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“El día que dejé de esconder quién era, dejé de pelear conmigo mismo”

Juan Felipe Samper

¨Seguir los sueños, con todo lo romanticón que suena, siempre va a ser válido, siempre va a ser lo más chévere¨

Juan Pablo Socarrás

“Si la vida me había dado tantas oportunidades era por algo. Me dediqué a luchar por este sueño”

Laura Tobón

“Me lo propuse, lo soñé y lo luché y todo ha llegado en medidas que nunca imaginé”

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“Tengo un alma muy libre, pero también una cabeza que me pone todos los límites. Soy mi mayor juez.”

Marcelo Rozo

“No hay nada en la vida como levantar un trofeo. Es como tener el mundo en las manos”

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“Mi disciplina, mi formación cristiana y mi preparación académica son lo que me ha permitido lograr todo en la vida.”

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“Pareciera que soy conservadora pero no. Todo lo que sea distinto a la costumbre me atrae mucho. Soy muy curiosa”

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“Soy una persona estricta, coherente, con mucho compromiso por Colombia, a veces demasiado cuadriculada.”

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“Entendí que la mejor manera de transformar y sanar mi vida era ayudando a las niñas a vencer el miedo”

Natalia Ponce de León

“Escogí el camino de levantarme y hacerme grande. Esto fue un renacer, reinventarme desde cero.”

Oscar Iván Zuluaga

“A mi no me obsesiona el poder. Me obsesiona poder trabajar por los demás.”

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“Siempre he querido cambiar el mundo. Me hace falta ver que sí se puede”

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“Aprendí a abrazar mi realidad y entendí que el perdón y la felicidad son una decisión.”

Paulina Laponte

“Entendí que hay que aprender a fluir con la vida. En el camino encontré muchos talentos y pasiones que no conocía.”

Pilar Schmitt

“Trabajo en una cosa completamente diferente a lo que yo soy”

Regis Ortiz

“El proceso de reinserción no fue fácil. Pero cuando veo a mi mamá y a mi hijo sé que todo ha valido la pena.”

Santiago Prieto

“El camino es infinito. Lo más difícil es persistir, perseverar y resistir”

Tata Gnecco

“Si a tu sueño le pones un poquito de disciplina y empuje, lo consigues ”

Tito Puccetti

¨En mi carrera he hecho muchos sacrificios. Y sí, he tenido suerte, pero ha sido una suerte buscada.”

Yaneth Waldman

¨Yo soy terca en buscar la felicidad todos los días de mi vida.”

Vladdo

“Soy inquieto, sarcástico, malpensado. Tengo cara de bravo pero soy una melcocha.”

Alejandra Azcárate | La Lupa Revista Digital
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Alejandra Azcárate
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Alejandra Azcárate
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Alejandra Azcárate, nos cuenta sobre su infancia, lo mas valioso que aportaron sus padres en su vida y su desempeño como comediante.
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