Adolfo Zableh

“Sabía que de alguna manera algo me tenía que inventar para ser oído. Por eso escogí escribir”
Adolfo Zableh | La Lupa Revista Digital

Adolfo Zableh descubrió su habilidad para la escritura cuando en contraprestación a la ayuda que recibía con las matemáticas, empezó a escribir los ensayos para sus compañeros. La escritura no es solo su oficio, es la forma de explorarse a sí mismo, de enfrentar los miedos, la rabia, la amargura y la inconformidad. Es la manera de expresar un pensamiento siempre activo, siempre al borde del abismo. “El peor miedo que uno puede tener es a uno mismo, enfrentarse, darse la cara”, si esto no ocurre el alivio será pasajero y la sanación no llegará. Es una lucha continua, solitaria y sin tregua, pero a la vez, plena de descubrimientos y buenos momentos a la que no se le escapa nada. Amante del ejercicio, ahora quiere hacer stand up comedy e incursionar en la radio. La Lupa conoció a este columnista, honesto, claro y arrollador más allá de sus textos y sus palabras.


LL: Bueno, yo quería que nos devolviéramos un poco a ese momento en el que tú entiendes que lo que querías hacer era escribir.


A:
Ok, no es tan claro, fue por… Eso que dicen que las personas son recursivas y no se mueren de hambre, es más o menos eso. Yo entré a economía sabiendo que no quería ser economista, o sea, que no quería ejercer la economía, quería estar más enfocado en el tema de periodismo deportivo. Yo quería ser el próximo Hernán Peláez, ahora no quiero ser él porque claramente no es el perfil que terminé escogiendo, pero en economía me iba tan mal en el tema de matemáticas, estadística, econometría, una cantidad de materias que tenían que ver con números, que mis compañeros me ayudaban con esos asuntos y yo, en contraprestación, los ayudaba con todo lo que fuera humanidades. Yo hacía los ensayos, nunca en la vida había escrito antes. Hacía los ensayos de historia, los de filosofía y pues ahí me di cuenta, en el primer ensayo que entregué que les fue muy, muy bien y dije ok, lo mío es más lo escrito que lo hablado evidentemente (risa), por acá es la vuelta. Pero igual no quería estudiar comunicación porque pensaba, y lo confirmé cuando entré, que es una carrera para mediocres. No quiero decir que todo el que estudie comunicación sea mediocre, pero sí que es un refugio de mediocres porque entramos, y me incluyo, los que no estudiamos algo más, o sea hay gente que no le dio la cabeza, o el tiempo, o el Icfes, o lo que sea para entrar a una ingeniería o a una carrera más compleja. Comunicación es siempre un buen escampadero. Yo tenía la ventaja de que sabía que quería dedicarme a eso, entonces digamos que no fui infeliz en el asunto, ahí me di cuenta cada vez más que el tema de escribir se me facilitaba. Necesité que otra gente me dijera “oiga, usted escribe bien.”

LL: Pero en tu familia, digamos, ¿no había nadie que se hubiera dedicado a esto?

A: Mi mamá es nutricionista, mi papá hizo hasta cuarto de bachillerato pero se dedicó primero al tema de fincas y después a la ingeniería, estaba en el área de refrigeración industrial. Mis tíos son confeccionistas, finqueros, abogados, o sea, tenía un tío que era súper intelectual, sacó una serie de libros, escribía para El Espectador, para El Heraldo, pero la verdad nunca me senté con él pues como “óyeme es que a mí me encanta..” nunca, nunca. Yo iba a su casa que era repleta de libros, pero repleta, repleta, no le cabía un libro más, y de verdad era una persona muy culta, muy inteligente. Pero nunca me acerqué con el afán de que me enseñara o de que me explicara o de que me guiara.

LL: ¿Tú crees que escribir es un talento que uno tiene? ¿Es algo con lo que uno nace o de pronto es una necesidad que la vida te impone?

A: Sí, hay un asunto y es que por el hecho de ser tartamudo desde los seis años y pues los que no me conocen que son la gran mayoría, los que no me conocen de esa época, no saben, ahora soy súper fluido, antes (suspira) sufría, no me salía una sílaba, entonces esa impotencia a la hora de comunicarme y que no me oyeran, que no tuvieran en cuenta lo que yo pensaba, que la gente me dejara a la mitad de la frase porque se desesperaban y perdían la paciencia. Yo solo pensaba, “a mí algún día me van a oír, van a oír lo que yo tengo que decir”. Nunca lo pensé desde la escritura porque la verdad, como te digo, nunca hubo como alguien cercano que me guiara y me dijera: esto es por acá, pero sabía, de alguna manera, que algo me tenía que inventar para ser oído. ¿Qué pasa? Ya sea que uno escriba, sea arquitecto, sea un artista, que haga canciones, que diseñe muebles, lo que sea, es una forma de expresarse, o sea, la persona que diseñó esta mesa hace lo mismo que hago yo, él escogió para expresarse y para interpretar su mundo diseñar y construir esto, y yo escogí hacer un artículo. Pero la verdad es que si eres sensible y observas las cosas y observas lo que te rodea ya verás de qué manera resuelves eso que ves y que te afecta, entonces no se puede ser un atardecer; una persona escribe una canción, otra le toma una fotografía, otra lo pinta y otra escribe sobre él.

LL: Claro. Recordando un poco, digamos, tus años de adolescencia o de infancia, ¿cómo podrías describirlas ahora que las ves más de lejos?

A: Es de extremos, fui muy feliz pero al mismo tiempo fue muy complicada, yo creo que es lo que le pasa a todo el mundo. A mí me pasaba algo en general, me pasó hasta hace año y medio o dos y es que pensaba ¿cuándo va a empezar mi vida? Y no me había dado cuenta de que mi vida había empezado ya desde que respiré por primera vez. Mi infancia es muy estándar, es muy normal, un papá, una mamá, una hermana, en Barranquilla, en la costa, acomodado, muy estrato cuatro. Yo siempre he tendido a intentar subir de estrato sin éxito pero pues (risas), entonces estudié en el Liceo Cervantes, que en esa época era el mejor colegio de Barranquilla, académicamente hablando, una familia gigante costeña y árabe, bastante machista, bien particular. Mi papá tenía siete-ocho hermanos una recua de tías, tíos, primos, primos segundos, además que son cuatro familias que se mezclaron entre sí.

LL: Se casaron unos con otros…

A: Sí y todos estaban relacionados con todos. Entonces yo me crié muy cercano a mi familia, pero también muy cercano a mis amigos de cuadra y de colegio, y pues la verdad es que en la costa uno tiene una libertad que entiende cuando se viene para acá, porque claro, uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde, como que no había problema en salir a la calle a montar en bicicleta. Yo no supe lo que era un apartamento hasta los treinta años. Entonces la verdad es que sí, es otra cosa, la playa estaba cerquita, yo vivía en una casa a dos minutos a pie del mar, entonces pues no sé, tengo momentos muy felices y al mismo tiempo pues por temas de conflictos familiares que los tiene creo que casi cualquier familia, también recuerdos no tan chéveres, pero es un proceso y con el tiempo uno va sanando.

LL: En tus columnas, en lo que escribes y en lo que yo he leído, digamos que tu mamá siempre es un tema que traes a colación de una u otra manera en referencia al amor, en referencia a ti, a lo que te ha pasado, a muchísimas cosas. Digamos, esa relación ha ido evolucionando con el tiempo, ha ido cambiando, ha ido mejorando, cuéntanos un poco de ella.


A:
Sí, es que la mamá es la matriz, pues de ahí su nombre, la mamá es la matriz y es en un momento la medida de todas las cosas y es la base de la forma en la que uno se relaciona con las otras mujeres, con las otras personas, con el mundo en general. Mi mamá es una gran persona, yo la odiaba, literalmente, quería que se muriera, no porque le deseara la muerte en sí, sino porque sentía si se moría yo me liberaba. Como que la única manera de poder sacarme esta rabia y hacer mi vida bien y feliz era… sí como espicharse un grano, suena horrible pero es eso, si me molesta esto me lo espicho y ya.

LL: Pero, ¿de qué te podías liberar?

A: De… nada… hay un tema, y es cuando un es niño y uno ve que los papás son imperfectos es un golpe.

LL: Es una gran desilusión, sí.

A: Entonces yo hablaba de eso con mi mamá y con mi hermana en diciembre del año pasado que hicimos un viaje, un día hablamos y yo le decía a mi mamá es que “ustedes a mi hermana y a mí como que nos dejaron a nuestra suerte, como que ustedes no estaban listos para tener hijos, ni siquiera para casarse el uno con el otro. Se casan, tienen hijos, hacen lo mejor que pueden con sus herramientas y sus limitaciones, y cuando no les dio más la cola simplemente nos abandonaron a la suerte y ya.” Entonces eso no era de un día para otro que todo era perfecto y un día nos dijeran “ya no más” no, eso fue un proceso que uno veía, aquí algo falla, aquí está cojo…

LL: Pero, ¿en términos económicos o un poco de todo?

A: En términos de todo, pues, en términos de afecto de una unión de… eran como dos enemigos casados. Como que en vez de jalar al mismo lado era hacerse la vida imposible el uno al otro a ver quién se imponía sobre el otro, cuando la pareja debería ser un equipo. Entonces claro, se llevan por delante a los hijos y a todo lo que esté cercano. Igual eran súper amorosos, mi papá era una gran persona, mi mamá es una excelente persona también, pero pues juntos era un coctel súper explosivo y se sacaban lo peor del otro. Entonces se llevan por delante a los hijos y le generan a uno un sentimiento que tiene que pasar por llanto y sangre para, en mi caso concreto, y ya muy adulto, decir: ok, esto no es tan así, hay que sanar y hay que perdonar, hay que ver cómo se enfoca esto para que la cosa funcione. Yo a mi mamá la perdoné por todo lo malo que pudo haberme hecho y porque todo es una espiral de violencia que viene desde tiempos inmemorables, los tatarabuelos de mi abuelo en lo que hoy es Israel, pues seguramente eran personajes bien particulares. Mi abuelo era bien particular, una persona súper violenta también, entonces eso se va replicando de generación en generación.

LL: Casi genético.

A: Entonces en algún momento se tiene que quebrar eso. Creo que conmigo y con mi hermana de alguna manera se ha roto. Y ya, cuando se siente que la cosa ya fue uno no tiene ningún resentimiento de nada. Yo era una persona muy resentida con el mundo en general. No soportaba que la gente estuviera bien, ni que les fuera bien, ni feliz, ni exitosa, ni millonaria, ni querida, ni nada. Quería que estuvieran más a mi nivel de rabia, resentimiento y destrucción, que yo ver de qué manera…

LL: Eso te generaba tranquilidad…

A: Subía. Como que: ah ok, este man o esta mujer está igual de jodido que yo, ¡bien!

LL: Como feliz por comparación, sí.

A: Así es.

LL: Bueno hay un momento, puntual de tu vida del que decides hablar hace poco abiertamente en una columna de El Tiempo, que es también un momento de liberación muy grande para ti, cuando por fin confiesas que fuiste abusado de niño y que tu tartamudez viene de los miedos generados a partir de este episodio. Es un punto en el que puedes empezar a hacer un proceso que tal vez no habías hecho. ¿Por qué tomas la decisión de hacerlo?

A: Porque yo antes escribía para aliviarme y el alivio funcionaba pero era una cosa parcial. Ahora escribo porque entiendo que lo que escribo ya no hace parte de mí. Yo siempre digo, y lo repito una y otra vez, que escribir es como ir al baño; tú lo produjiste, está en ti, pero cuando sueltas el inodoro ya se fue, ya no es de ti. Para mi escribir ahora es eso. Antes lo hacía en medio de mi malestar, escribir me servía para medio exorcizar, pero estaba tan mal yo o era que lo hacía de formas que no correspondían, que no me aliviaban más allá de un rato.

LL: Es decir, no lo habías podido hacer porque no era algo que tuvieras resuelto o sanado.


A:
Claro porque, ahora, esa columna es la punta de iceberg o sea yo venía desde hacía año y medio antes de la columna haciendo un proceso con mi pareja, entonces, y yo solo por mi cuenta con mi mamá y mi hermana y con otra gente sanándome y recapacitando como diciendo ¿qué hacer para no estar así? Como me siento tatata… y si yo escribí la columna fue no para sanarme sino porque esa columna era la parte visible de todo lo que había pasado en ese año y medio, como diciendo: yo no habría escrito esa columna si no me hubiera sentido listo para escribirla. En un momento dije ya estoy listo ya pasé por todo lo que he pasado, ya estoy listo para decir: vea lo que me ha pasado a mí es esto y la razón de muchas de mis cosas es esta, y ya, ya lo conté, ya salió y ya fue y siempre es viendo a ver lo que sigue. Yo no me quedo en esa columna, me sirvió, fue liberadora pero sola por su cuenta no sirve de mucho.

LL: Claro, toca hacer un proceso conjunto muy grande. Digamos que tú descubres una verdad muy grande a los 25, si no estoy mal, sobre lo que había pasado. ¿Cómo hacías para tratar de entender qué te estaba pasando sin realmente conocer de dónde nacía esto o el núcleo donde había empezado?

A: Sí, yo siempre he sido muy inquieto, siempre. Una psicóloga cuando yo tenía diecisiete años me decía, es que tú eres como un insecto que tiene las antenas ahí siempre…

LL: Prendidas…

A: Yo no sabía, yo no era consciente de eso. Yo soy muy observador y trato de ser muy sensible a lo que me rodea, pero con eso no. Seguramente porque me daba… y nunca me lo cuestioné, nunca me cuestioné ¿por qué me intereso por una cantidad de cosas y no por mi tartamudez?, como “eso no lo veo, eso no lo miro, eso no lo investigo, no sé qué me pasa y no me interesa”. Era por un tema básicamente de miedo porque lo más difícil es enfrentarse a uno mismo y a sus defectos, entonces pues nunca me lo cuestioné, no me acuerdo por que llegamos al asunto pero llegamos y mi mamá me lo contó, pero yo casi ni se lo pregunté fue una cosa como si ella me lo quisiera contar más que yo preguntarle a ella. Entonces nada, pues me lo cuenta y dije: “ok, ya entiendo por qué es esto, nunca me lo había cuestionado. Ahora que lo pienso en serio, yo que me pregunto lo que sea, pues yo me hice periodista porque a mí me gusta preguntar y preguntarme, y eso nunca me lo cuestioné. Entonces sí, como que me lo cuenta y se quedó ahí. ¿Sabes cómo me sentía yo? Como un negro que llega a un sitio repleto de blancos y pretende que no se dan cuenta que es negro (risa), el diferente, pero bueno finjamos que no lo soy y escondamos el tartamudeo, forcémonos para hablar de corrido y claro, el efecto era el contrario, mientras uno más intenta esconder a la larga siempre se van a dar cuenta de que eso está ahí. Entonces me pasaba eso, ahora lo que hago es simplemente asumirlo y claro, también jugó a mi favor que yo siempre me reí de eso, o sea en el colegio me peleé con dos, tres, cuatro personas, cinco, seis, no me acuerdo, porque me la montaban por tartamudo. Ya después entendí que si yo me reía de eso antes que el resto no tenían manera de atacarme.

LL: Bueno digamos que en este momento tú decides empezar a hacer todo un proceso importantísimo que no habías hecho. En este momento, ¿qué tan lejos te sientes de eso?, ¿qué tanto sientes que has avanzado?

A: Yo creo que venía en un proceso acelerado, rápido porque es que lo mío, más allá de las herramientas que yo haya usado, lo mío era un deseo de “ya no más.” Muchas veces la gente usa infinidad de herramientas para mejorar su vida y no lo logra es porque a la larga todo lo de afuera son herramientas pero las respuestas están es en uno. Pero si uno no se da cuenta de eso y cree que el psicólogo o hacer un retiro, o irse de viaje le van a ayudar, y sí son herramientas que te pueden ayudar, pero a la larga si tú no decides, si no lo resuelves, puedes hacer lo que quieras que no te va a funcionar. Yo acudía a terceros pero dentro de mí había un deseo real y fuerte de “ya no más. Esto no más, quiero otra cosa para mí.”

LL: ¿Qué tan lejos te sientes después de esto?

A: Ah, sí. Yo soy muy acelerado y fue muy rápido y fue muy bien o sea yo lo que era, no sé, lo que yo era en abril del año pasado a lo que soy hoy es otra cosa, pero es otra cosa. Sí, ahora sigo en el proceso a veces siento que retrocedo, a veces que avanzo, en otras cosas siento que he desacelerado. Siento que hasta que yo no deje mis miedos completamente no voy a poder estar bien y es mi deseo hacerlo, estoy en otras cosas por las que voy a ir. Lo que pasa es que el trabajo no me ha permitido porque implica irme de Bogotá por un tiempo…

LL: ¿Cómo retiros o qué?

A: Sí, es más así como de actividad, pero estoy viendo a ver qué pasa con eso sabiendo que la respuesta está en mí y no en eso, pero siento que he desacelerado y necesito como buscar otra cosa porque ya es su momento, todo lo que hice me sirvió pero siento que necesito algo más. Siempre intento no olvidarme de mí y hacer cosas que me sirvan.

LL: En alguna de tus columnas que leía, nos dejas entender que no podías tener una relación sana o estable sin tener una relación con tu mamá, esa primera mujer en la vida o esa primera mujer que uno conoce y tiene contacto en la vida. Haber sanado con tu mamá, ¿te ha permitido establecer otro tipo de relaciones?

A: Claro, lo que pasa es que desde que terminé con mi última pareja no he estado con nadie más. A ver, a mí mujeres no me han faltado (risa).

LL: (risas) Te ha ido bien.


A:
Ah sí, han sido mujeres maravillosas salvo un par que yo no sé en qué estaba pensando. No es asunto de ellas, es asunto mío (risa). El problema no han sido de ellas, el problema siempre fue mío. Porque a la larga las cosas salen bien o mal es por uno y no por los otros. Más allá de que uno dependa de los otros a veces en ciertas cosas, pero el resultado de la vida es más lo que uno hace de ella que cualquier otra cosa. Entonces claro yo tuve una serie de, yo miro a mis ex novias y han sido grandes personas, pero así, juemadre, como qué mujer tan… yo qué estaba pensando. En especial hay una y es con la que más tiempo he estado y es como que, al día de hoy, terminamos la relación en el 2000, yo hoy, aun hoy no le encuentro un solo defecto, como qué persona tan maravillosa en serio. Ahora no me arrepiento, de hecho hable con ella en enero larguísimo, un amor de persona es espectacular, no es que yo decía voy a ver si retomo con ella no nada de eso, es como entender que yo estaba tan mal que ni la mejor persona del mundo habría podido ayudarme si yo no hacía algo por mí mismo. Y así como con ella, se pudo replicar en otras personas hasta mi relación más reciente que se terminó hace tres o cuatro meses, ya con ella pude hacer, o sea empezamos muy, muy mal y todo eso fue lo que nos motivó a hacer ella por su lado y yo por el mío todo lo que hemos hecho. Volvimos y fue otro tipo de relación. Pero si yo no sanaba conmigo mismo y con mi madre una serie de cosas, ni la mejor mujer del mundo iba hacer que yo tuviera una relación sana y estable, porque yo solamente concebía el amor desde el conflicto, el desengaño, la confusión, la decepción. Cuando uno está vacío y está mal cree que la respuesta está en la otra persona. Entonces como que, llegó esta persona a ayudarme a mí porque yo solo no puedo y esta persona viene a compensar todo lo malo que me pasó y todo lo que sufrí. Y eso no es así, por que la misión de la otra persona no es salvarlo a uno, porque uno no necesita ser salvado y menos por otra persona. Pero como uno se mete muchas veces a una relación así como ugh es que sin ti no puedo estar, ¡mentira! (risa), uno puede estar solo fresco. Pero pues tiene esa concepción errada del amor y el amor no es recibir, el amor es dar. Que uno reciba a cambio por la ley de acción y reacción es otra cosa, pero el amor no es necesito que tú me des, sino yo te voy a dar lo que hay en mí y tú me das lo que hay en ti y las dos cosas coinciden. Ahí es cuando la relación funciona.

LL: ¿Hoy en día no crees que no serías el escritor que eres, o no podrías escribir lo que escribes si no te hubiera pasado todo eso? Porque leyendo todas tus cosas decía, siempre tienes un tinte de nostalgia, un tinte como de una desesperanza, una desesperanza que uno queda un poco melancólico.

A: Sí, porque igual la vida es difícil en el sentido en el que uno no sabe qué hace acá, o sea (risa) a la larga realmente la vida no tiene sentido en absoluto. O sea, ¿qué es esto? Si nosotros no existiéramos no pasa nada, me refiero a las personas, pero al planeta y al universo, podría no estar y créeme que no se pierde nada. Al mismo tiempo la vida es maravillosa y es un milagro que existan seres evolucionados y que el sol de la vuelta, y que los planetas den la vuelta, también las estaciones y el habla y la construcción de edificios, o sea es increíble que se hayan juntado tantas cosas para que hoy estemos acá. Entonces esa dualidad de lo más hermoso que tenemos y a la vez como esto ¿qué? ¿Quién lo puso a uno acá? Ya uno esta acá, hay dos opciones; o se suicida y dice “esto no es lo mío y me suicido” que de hecho es una opción yo creo que muy valiosa también, sin dramas (la vida es una mierda, no, la vida no es una mierda, la mierda eres tú, entonces has algo para solucionar eso). Pero si uno asume vivir la vida pues que sea de la mejor manera para encontrarle un sentido a esto. En lo que escribo se ve eso, que la vida es muy bacana pero no deja de ser una cosa complicada, hay que ponerle la mejor cara porque pues, no hay de otra. No hay otra opción, vivir amargado por lo menos para mí ya no es una opción. Yo miro lo que escribí antes y miro lo que escribo ahora y sí veo un cambio, muchas veces me gusta más lo que escribía antes. Me parece que tenía mucha más sangre, pero eso de poeta a mí ya no me va, qué desgaste. Tú ves muchos artistas geniales que hacen cine, que pintan, con una vida personal de mierda, de sufrimiento constante, se terminan suicidando, son depresivos. No, yo eso no, claro, a cuenta de eso las cosas son sencillamente brillantes, yo prefiero no ser brillante, hacer cosas decentes a cambio de no tener una vida tan difícil.

LL: ¿Es como pensar que para llegar a ser alguien que haya hecho algo realmente extraordinario tiene que haber una dosis de sufrimiento en alguna medida?

A: Yo no me permitía ser feliz, eso me lo decía una ex, me decía es que tú tienes vocación de poeta maldito (risas), y era como cuando las cosas estaban bien yo me inventaba algo para que estuvieran mal, o sea todo era perfecto un día con sol, nos íbamos de paseo, estábamos de fiesta yo me tenía que inventar una excusa para que las cosas salieran mal y era un desgaste. Eso de que la vida es una mierda es súper adictivo, créeme, porque además es muy fácil y muy cómodo ser la víctima y ser el incomprendido, es súper fácil y le da a uno una autoridad también.

LL: ¿De alguna manera le has sacado provecho a lo que te ha pasado?

A: Claro, y a las viejas les encanta no sé por qué.

LL: (Risas) Claro, porque uno quiere salvar, uno quiere ser la mamá.

A: Sí, y es un círculo vicioso horrible de los hombres pensar eso, es el reemplazo de mi mamá y esta mujer me va hacer lo bueno que mi mamá no me hizo. Y ustedes son como “ay, pobrecito, ay lo entiendo, pero yo con mi amor y mis virtudes voy a lograr que esta persona imperfecta he incompleta sea un ser de luz”. No, eso no es así. Puede ayudar, por supuesto que sí, pero si cada uno de su lado no da y en vez espera recibir siempre, eso no va a funcionar. Entonces sí, a veces me gustaría tener un poco más de fuego interno y escribir con un poco más de rabia pero entiendo que para hacer eso hay que pasar por una serie de asuntos personales que de golpe creo que no son tan chéveres.

LL: Claro, porque de alguna manera están en sintonía lo que vives y lo que escribes.

A: Ya he cambiado un poco, es que lo que me pasó fue eso, era un ser súper negativo, súper rebelde, lleno de odio, y es como estar en una represa y abrir la compuerta y sale esa vaina, ese chorro de amor pero con toda, entonces yo tuve cuatro meses que lloraba por lo que fuera. Me pasó, montándome a un avión se me escurrían las lágrimas, y decía ¡qué me está pasando! Hay que soltar lo que sea, soltar todo, soltar tu chaqueta favorita, el anillo que te dejó tu bisabuela, los hijos, hay que soltar, hay que soltar todo, todo, todo, desprendimiento total. Esa es la base de la plenitud espiritual, entender que uno es con o sin cosas y con o sin gente. A lo que voy es que volverme sensible me hizo cambiar la escritura, ya lo he ido controlando y aunque ya no soy la persona que era antes tampoco puedo ser el extremo de híper mega sensible porque es muy pesado. Y ahora creo que estoy en un centro, que a veces me voy a lo negativo o me voy a lo positivo. No puedo ni tan lo uno ni tan lo otro.

LL: ¿A qué le tienes miedo todavía?


A:
Al coco (risas), mi abuela me molestaba con el coco. Esta semana voy a escribir de ella. El peor miedo que uno puede tener es a uno mismo, enfrentarse, darse la cara a uno mismo. Uno le tiene miedo a la gente, a las situaciones, a lo desconocido, a lo extraño, a lo diferente le tiene miedo pero a la larga eso es un reflejo de lo que hay en uno. Si uno le tiene miedo a lo diferente es porque hay algo en uno que no se acepta, algo no sé qué es, queda mucho por explorar y hallar esos miedos, descubrir qué miedos hay ahí. Un tema es que yo vivía siempre con angustia en el estómago siempre había como un nudo ahí, yo podía estar en mi mejor plan, todo perfecto, no sé, echado en una hamaca enfrente a la playa y algo estaba mal. Yo decía aquí algo no funciona, un miedo en el estómago. Ya eso se fue, a veces vuelve pero ya soy muy consiente, entonces cuando regresa digo, por qué esta acá y hago algo para solucionarlo. Entonces ya corrijo. No sé si algún día lo logre pero básicamente es un tema de miedo y de angustia. Esa sensación de domingo seis de la tarde, es vivir así siempre todo el día todos los días. Yo al domingo no le tengo miedo, el domingo es el mejor día de la semana fútbol, cine, comida, locha, es el día perfecto, es el día en el que uno no existe, que uno no tiene que responderle a nada, a nadie. Uno se dedica, a lo que quiere, no se tiene que justificar. Ahora me da mucha angustia el viernes por la tarde y uno es como no, yo no tengo nada que hacer (risas), qué desparche. Yo siempre he sido una persona más diurna que nocturna, el día me encanta la luz me fascina, por la noche uno no ve nada, la gente es otra.

LL: Pero es raro porque los escritores casi siempre son nocturnos.

A: Yo escribía por la noche y me encantaba pero era cuestión de flojera, ahora me gusta escribir en el día. Otra cosa, el cuerpo siempre sabe, nunca, nunca se equivoca, el cuerpo es infalible, eso que sientes de primerazo mas allá de que con el proceso vayas madurando o cambiando, o estructurando bien la idea, eso que sientes de primerazo, eso es. Ese sentimiento primario que tienes cuando te enfrentas a algo.

LL: ¿De qué te arrepientes?

A: Uno no se debe arrepentir de nada, pero creo que me voy a arrepentir si no empiezo a hacer ya las cosas que quiero hacer.

LL: ¿Como qué?

A: Sin dejar de escribir, asentarme en la expresión oral, yo quiero hacer cuatro cosas con el tema oral; hacer un show de stand up comedy que ya lo he hecho un par de veces, de hecho mi reunión de ahora es de eso, hacer competencias porque a mí hablar mierda me encanta pues como buen costeño no hay un plan mejor, salir a emborracharse lo he hecho como todos, pero a mí el plan de sentarse hablar mierda es como wow, entonces hacer un stand up comedy, hacer conferencias, quiero hablar en radio que lo estoy haciendo como invitado y no como de planta, y hacer canciones. No sé nada de música más allá de que me gusta mucho y creo que tengo un oído decente. Compuse un par de canciones hace unos meses para otra persona, no tengo ningún tipo de expectativa con eso la verdad, pero sí quisiera en algún momento hacer canciones, y sé que me voy a arrepentir si no hago esas cuatro cosas. Me da un poco de tranquilidad saber que las cosas que yo quiero hacer las hago, si no las hago me voy a sentir un poco incompleto.

LL: ¿Eres de té o de café?

A: Ni de lo uno ni de lo otro, el café lo tomaba de muy chiquito como hasta lo once años pero relaciono el olor del café con una serie de cosas que no me gustan, y el olor del café para un tercero no es tan agradable a veces, y el té es como muy aguado para mí. Me gustan más el jugo y la gaseosa.

LL: ¿Ejercicio?

A: Muchísimo ejercicio, yo juego de tres a cuatro partidos de fútbol a la semana, salgo a correr los domingos y subo la montaña los sábados a las seis de la mañana. Ser activo físicamente es clave, yo no tengo ni carro ni bicicleta, todo lo hago a pie. Rara vez me monto en un carro o taxi o bus, todo lo hago a pie.

LL: ¿Cuál es la persona que te sigue en twitter que más te gusta?

A: Que me sigan me da pena, me da pena que me lean. Igual yo a twitter le he bajado bastante, manejaba un voltaje muy alto porque me daba la licencia para decir lo que no digo en persona o en mis artículos, entonces eso eran %$#&* por acá, @%$#&* por allá… cuando me di cuenta de que me seguía gente que es famosa o que es interesante o es importante, o que tiene rasgos positivos de personalidad fue como “yo tengo que estar a la altura de esta gente”, y además que no me conviene, mira uno puede estar en contra del sistema y ser contestatario y no estar conforme, pero también tiene que ser estratégico, saber qué te conviene y qué no. A algunos les parece que eso es meterse al sistema, sí lo es, pero entendí que uno no se puede ir de frente contra el planeta porque se va a dar y va a sangrar y se va a volver una nada, además yo ya lo hice yo no soy un adolescente, ya lo hice y está bien. No voy a cambiar mis posturas que son bien particulares, entiendo, pero por mi edad, mi estado de vida y mi recorrido es como hacerlo de forma más inteligente y no tan a la loca. Entonces, ¿quién me gusta que me siga? No, más bien me preocupa quién me siga, y entiendo que el que lo hace es libre de no seguirme más y pues allá si me sigue o no.

LL: ¿A qué le pones La Lupa en tu vida?

A: Me estás matando (risas), yo soy muy detallista con las cosas que me gustan. Yo me miro mucho el cuerpo: me miro lo que no me gusta, yo me miro mucho a mí, afuera y adentro, claro el cuerpo es fácil mirarlo enfrente de un espejo cuando te levantas por la mañana. Le pongo mucho La Lupa a lo que hay adentro porque no es fácil de entender hay gente que se muere y no entiende qué es ni qué tiene, ni quién es, ni qué hace, ni qué le gusta. Entre uno más se mire y más se examine sin asco, sin miedo, sin temor a los resultados creo que puede llevar una vida mucho más fluida.

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“Con el violín se crea un vínculo muy fuerte. No es solo emocional sino físico y emocional.”

Catalina Escobar

“Yo tengo un motor adentro, yo trabajo en sintonía con mi hijo. Él y yo somos socios en esto.”

Daniella Álvarez

“Los sacrificios y la disciplina me han hecho alcanzar lo que siempre quiero”

Daniella Moscarella

“Siempre he sido diferente. Nunca me ha gustado ser una niña más del montón.”

Diana Alvarado

“Es duro saber que yo tuve que darle más de la mitad de mi vida a la guerra. Nunca me imaginé que habría más oportunidades para mí.”

Diego Sáenz

¨Uno se preocupa por qué hacer pero es mejor saber lo que no quieres hacer¨

Duván Barato

“Me desmovilicé buscando una oportunidad de mejorar mi vida, pero entré a una sociedad que señala, estigmatiza, rechaza y aisla.”

Elkin Serna

¨El sufrimiento que he vivido, me hizo armarme de valor.¨

Emmanuel Esparza

“Para ser actor no es suficiente ser bueno. Hay que ser obsesivo.”

Felipe Acosta

“Las ideas me han nacido por necesidades y casualidades de la vida. Yo las he sabido leer.¨

Francisco Santos

“Cuando uno se salva de un secuestro de Pablo Escobar el miedo se acaba. Yo viví con la muerte ocho meses”

Geraldine Pomato

“Soy una mujer obstinada, trabajo por lo que quiero hasta que lo logro. Con Wikimujeres fue así”

Gustavo Yacamán

“Pongo mi mente en blanco antes de poner el pie en el acelerador”

Jaime Lombana

“Yo presiento siempre lo que va a pasar. Sé cuándo voy a ganar y cuándo no”

Jorge Duque

“El día que dejé de esconder quién era, dejé de pelear conmigo mismo”

Juan Felipe Samper

¨Seguir los sueños, con todo lo romanticón que suena, siempre va a ser válido, siempre va a ser lo más chévere¨

Juan Pablo Socarrás

“Si la vida me había dado tantas oportunidades era por algo. Me dediqué a luchar por este sueño”

Laura Tobón

“Me lo propuse, lo soñé y lo luché y todo ha llegado en medidas que nunca imaginé”

Mabel Moreno

“Tengo un alma muy libre, pero también una cabeza que me pone todos los límites. Soy mi mayor juez.”

Marcelo Rozo

“No hay nada en la vida como levantar un trofeo. Es como tener el mundo en las manos”

María Del Rosario Guerra

“Mi disciplina, mi formación cristiana y mi preparación académica son lo que me ha permitido lograr todo en la vida.”

Marianela González

“Pareciera que soy conservadora pero no. Todo lo que sea distinto a la costumbre me atrae mucho. Soy muy curiosa”

Marta Lucía Ramirez

“Soy una persona estricta, coherente, con mucho compromiso por Colombia, a veces demasiado cuadriculada.”

Natalia Espitia

“Entendí que la mejor manera de transformar y sanar mi vida era ayudando a las niñas a vencer el miedo”

Natalia Ponce de León

“Escogí el camino de levantarme y hacerme grande. Esto fue un renacer, reinventarme desde cero.”

Oscar Iván Zuluaga

“A mi no me obsesiona el poder. Me obsesiona poder trabajar por los demás.”

Paloma Valencia

“Siempre he querido cambiar el mundo. Me hace falta ver que sí se puede”

Paula López

“Aprendí a abrazar mi realidad y entendí que el perdón y la felicidad son una decisión.”

Paulina Laponte

“Entendí que hay que aprender a fluir con la vida. En el camino encontré muchos talentos y pasiones que no conocía.”

Pilar Schmitt

“Trabajo en una cosa completamente diferente a lo que yo soy”

Regis Ortiz

“El proceso de reinserción no fue fácil. Pero cuando veo a mi mamá y a mi hijo sé que todo ha valido la pena.”

Santiago Prieto

“El camino es infinito. Lo más difícil es persistir, perseverar y resistir”

Tata Gnecco

“Si a tu sueño le pones un poquito de disciplina y empuje, lo consigues ”

Tito Puccetti

¨En mi carrera he hecho muchos sacrificios. Y sí, he tenido suerte, pero ha sido una suerte buscada.”

Yaneth Waldman

¨Yo soy terca en buscar la felicidad todos los días de mi vida.”

Vladdo

“Soy inquieto, sarcástico, malpensado. Tengo cara de bravo pero soy una melcocha.”

Adolfo Zableh | La Lupa Revista Digital
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ADOLFO ZABLEH
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ADOLFO ZABLEH
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Adolfo Zableh, nos cuenta sobre el momento en que decidió ser escritor y columnista, sobre su infancia y referencia de su madre como símbolo del amor.
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